Salida



“Es el amanecer del día domingo Voy a contar lo que me pasó anoche, hace apenas unas horas. Decidí ver qué ocurre en la ciudad los saábados cuando anochece. Se dice que es el día en que todos salen a divertirse. Yo también salí, pero no me pareció muy divertido. Decidan ustedes.


Eran las diez de la noche, pero los sábados esa hora es como decir las tres de la tarde, muy temprano para hacer cualquier cosa que no sea caminar. Apenas salí del edificio, me llamó la atención un grupo de cinco adolescentes que estaban a pocos metros. Hacían planes para ir a bailar. Me acerqué y pregunté la hora. Un tanto irritados, me la dijeron. Miré a los ojos al muchachito que me había hablado, y sentí todas sus emociones en mi interior. Una oleada de confusión, desconfianza, aburrimiento y sensación de vacío me abrumó. Me tambaleé ligeramente y luego volví a mirar al grupo. Parecían pertenecer a una de las llamadas “tribus urbanas”. No me parecieron ridículos ni malvados, pero la expresión de sus rostros era tremenda, irritados e incómodos con mi presencia. Le agradecí la información y me fui. Pero no me di por vencido. Sin saber muy bien qué esperaba lograr, cambie mi color de pelo, mi estatura, mi peinado y mi ropa. Luego volví a acercarme al grupo. Les pregunté si conocían algún lugar para salir a divertirse. Mi mirando examinado mi ropa y luego de algunos murmullos me invitaron a ir con ellos. Sin dudarlo, me uní al grupo. Las conversaciones no eran muy interesantes para un ángel que intenta encontrar su misión, pero al menos me enteraba de cuáles eran los grupos musicales y la ropa que estaba de moda.

Luego de una caminata corta llegamos una discoteca (un boliche le llaman ellos). Lo primero que me llamó la atención fue que no parecía haber nadie que controlara quien entraba. Pero como mis ocasionales compañeros empezaban a alejarse no tuve mucho tiempo para meditar sobre esto. Al entrar me sorprendí de la cantidad de gente que había en tan poco espacio, de la música tan fuerte, tanto que debían gritarse si querían hablar (aunque suene contradictorio). Respecto al baile no puedo opinar porque soy un ángel y no tengo ni idea de cómo debe bailarse determinada música, de hecho, recuerdo que antes de ser ángel, cuando estaba en la tierra, nunca fui rey de la pista. Pero me estoy alejando del relato. Vuelvo.

Aún no había pasado media hora desde nuestra llegada cuando surgió una discusión. Era entre uno de los jóvenes que yo había acompañado y otro que era dos veces más alto y parecía pertenecer a una especie de tribu diferente, rival. Luego de un breve intercambio de insultos ambos dieron un paso adelante. “Vamos Samuel”, gritaban algunos al muchacho de mi grupo.
Entonces le coloqué la mano en el hombro a Samuel y susurré un “No” en voz baja. Él se dio vuelta, me miro a los ojos y luego se volvió hacia el otro muchacho.
-No voy a pelear-dijo con calma-, no voy a darte el gusto.
Se dio la vuelta y se alejó, seguido de sus compañeros. El otro muchacho sólo gritaba insultos.
Las cosas parecían haber terminado bien. Pero las apariencias engañan…

Apenas salimos, después de algunas palabras entre el grupo, los integrantes comenzaron a despedirse. Pero antes de que acabaran, se oyó un grito ofensivo. La voz era conocida, el muchacho con el cual Samuel no quiso pelear. Se dirigió hacia nosotros con resolución. Por un instante él y yo nos miramos directamente a los ojos. Sin saber muy bien porqué, esa mirada hizo que las plumas de mis invisibles alas se erizaran. De pronto el muchacho se dio vuelta comenzó a caminar. Apenas había hecho unos pasos, cuando hizo una especie de voltereta y se lanzó hacia Samuel. Vi un destello y luego, instintivamente, saqué a Samuel del camino. Un instante después sentí que el tiempo se detenía. ¿O era un dolor creciente lo que lo hacía interminable? Sí, era el dolor. Bajé la mirada y vi un destello brillante en mi pecho. Luego alguien lo sacó. Levanté un poco más la vista. El muchacho atacante estaba frente a mí y una de sus manos sostenía una navaja manchada con sangre. Me tambaleé ligeramente y luego di un paso hacia el muchacho. La navaja se le cayó de la mano como si le quemara. Luego le puse la mano en la frente. “No vas a vivir recordando esta maldad”, dije en voz baja. Luego el muchacho y yo caímos al suelo. Cuando él se puso de pie, me preguntó qué hora era. Se lo dije y luego se marcho, diciendo que era tarde y lo esperaban en su casa. No quedaba ni rastro de su mirada maligna.

Samuel se me acercó y murmuró frases que entendí pero comprendí que estaba sorprendido y agradecido. M e ofreció quedarme en su casa. Acepté acompañarlo hasta allí. Luego dije que debía marcharme. Le aseguré, sin faltar a la verdad , que la herida ya no me dolía, que me las arreglaba para llegar a mi casa. Volvió a agradecerme la ayuda.

-Cuidado con las amistades que elijas y con las decisiones que tomes-dije mirándolo con seriedad-. Esta noche elegiste no pelear aunque todos te decían lo contrario. Eso fue muy valiente y sensato. Cuando elijas, asegurate de ser fiel a vos mismo, a tus creencias. Y no te sientas tan decepcionado del mundo. Es cierto que da muchas cosas malas pero también da cosas muy buenas, como los amigos… y los milagros.
-Sí, bueno, gracias igual. La verdad que me gustó conocerte, fue… mágico, muy bueno. ¿Vamos a volver a vernos, no?

-Estoy seguro. Hasta pronto, Samuel.

-Sam-dijo él.

-Sam-accedí yo.

Me di la vuelta y me marche hacia el edificio que era mi hogar ahora. Acababa de descubrir que las acciones de una persona influyen en muchas vidas, que los milagros pasan muy seguido… y que si los ángeles toman un contacto muy estrecho con un humano en muy poco tiempo, comienzan a “humanizarse”, incluso, si los hieren… sangran.

Sam entró en su casa con una pequeña pluma blanca en la mano. La había encontrado en la puerta de su casa. Cuando se fijo más de cerca vio que la pluma tenía tintes rojizos. Nunca logró saber si sus sospechas eran reales, pero siempre guardó esa pluma, pensando que a veces los milagros pasan cuando y donde menos los esperamos.”

“Todo pasa por algo”


“Hoy me sucedió algo mucho más agradable que los dolores de hace algunos días (Vuelvo a tener problemas para llevar la cuenta de los días, así que sólo voy a limitarme a escribir lo que suceda): Me encontré con otro ángel. Por supuesto que él no llevaba las alas visibles, pero así como los humanos se reconocen en cualquier lugar, lo mismo ocurre con los ángeles. Lo más distintivo es la mirada. Al principio puede resultar intimidante por la seriedad pero luego se siente una sensación de confianza inmediata. Cuando uno se encuentra con una persona por primera vez y de inmediato confía en ella, es muy probable que se trate de una persona excepcional o de un ángel. A veces, ambos.

Volviendo a mi encuentro digo que se trataba de un ángel de la guarda, o sea, tenía la tarea de proteger a una persona, en este caso a un hombre. Se presentó como Rafael, pero no era el que todos conocían, porque éste era sólo un ángel (como si eso fuera poco) y el “otro” Rafael era un arcángel, una “categoría” un poco más alta, por así decir, aunque en el cielo somos todos iguales, sólo que con diferentes misiones, algunas más complicadas que otras. Sin embargo pronto me enteré que el Rafael que tenía frente a mis ojos tenía algo en común con el arcángel: ambos eran guardianes de la salud y de los viajes. De hecho, él me contó que estaba acompañando a un hombre que viajaba al sur para encontrarse con su familia, pero que tenía que transportarse en colectivo sólo cuando le alcanzaba el dinero, sino caminaba hasta encontrar un lugar dónde pasar la noche. Una tarea realmente difícil y larga. Antes de que yo pudiera contarle algo de mí, Rafael preguntó mi nombre. Un tanto incómodo, le dije que no lo recordaba, que desde mi llegada tenía unas enormes lagunas mentales. Noté que se sorprendió muchísimo por eso. No era para menos, pensé yo, no se escucha nunca de un ángel que sufra de amnesia. Le dije que no se preocupara, que al menos ahora tenía muchas cosas para hacer.

-Debe ser muy duro no recordar nada.-dijo Rafael.

-No es para tanto, no recuerdo nada de mi vida en la tierra, antes de ser ángel, pero mientras recuerde cómo ser un buen ángel, no me preocupo tanto.

-Buena actitud-dijo él-. Él hombre que acompaño, cuyo nombre es Oscar, también tiene una actitud positiva en su vida, si las cosas no salen como espera siempre dice que todo pasa por algo, aunque él no lo entienda en el momento. Recuerdo que en una ocasión se torció el pie y cayó al suelo, y cuando lo estaba curando, llegó un muchacho y le dijo que se hospedara en el hotel del padre, que estaba cerca, hasta que su pie se curara. Él me preguntó que me parecía y le dije que era buena idea, además faltaba poco para que oscurezca (era invierno) y no me pareció seguro seguir caminando. Así que aceptamos la propuesta del muchacho. Al día siguiente nos enteramos de que un hombre había sido asesinado en la ruta que nosotros llevábamos.

Yo lo observé con sorpresa unos instantes y luego pregunté si había posibilidad de que el muchacho que había aparecido en el momento exacto fuera un ángel.

-No, no lo era-dijo-, no tenía ni la mirada ni las alas. Era una buena persona nada más.

-Eso es más que suficiente ahora-contesté-. Será por eso que a las personas buenas les dicen siempre que son ángeles.

-Sí, supongo que sí.

Se dio vuelta y observó el parque. Luego dijo:

-Es hora de que me vaya. Creo que ya pasó lo que debía pasar, la razón de éste encuentro.

-¿Cual era?

-Mostrarte que no sos el único ángel por estos lugares. Llevarte algo de consuelo.

-El problema es que cuando continúes tu viaje voy a volver a estar solo.

-Cuando descubras tu misión en este lugar vas dejar de sentirte solo, porque vas a tener una razón para estar acá, como yo tenía una razón para encontrarte. Es totalmente cierto lo que dicen “Todo pasa por algo”.

Me quedé meditando unos instantes. Luego me despedí de Rafael.

-Presiento que vamos a volver a vernos.-dijo.

-Seguramente por una buena razón.-contesté.

-Por supuesto. Adiós- dijo agitando la mano y las alas.

Le respondí con el mismo saludo.

Mientras me marchaba escuché la voz de un niño que le decía a su madre que había encontrado dos pequeñas plumas en el suelo, una blanca brillante y otra marrón claro, igual de brillante. El niño saltaba feliz alrededor de su madre, mientras el sol caía lentamente sobre el horizonte.”

Suceso extraño

“4 y 5 de Noviembre de 2008

Hace dos días que no salgo del edificio, no si quiera de la oficina donde ahora vivo. He estado sintiendo un dolor agudo en el pecho, tanto en sentido físico como emocional. Parece que el enfrentamiento con el demonio tuvo tardías consecuencias. No cabe duda de que este suceso es extraño, principalmente porque los ángeles somos personas que ya estamos muertas, pero que cambiamos nuestra forma, de mortales a ángeles. En teoría, no deberíamos sentir ningún tipo de dolor físico, ni emocional porque estamos en el cielo. Muy extraño es estar ahora en la tierra sintiendo dolores y falta de aire, como si yo fuera nuevamente mortal. Creo que todo lo que me sucedió desde que regresé bajó mis defensas, físicas y espirituales. Me siento triste. No sentía tristeza desde que estaba entre los vivos y ahora, que volví a mezclarme con ellos, vuelvo a sentirla. No me lo explico… Empiezo a sentir sueño. Tal vez mañana me sienta mejor. Tal vez…”

Una sonrisa puede hacer mucho.

“Hoy continué observando las conductas humanas. Son realmente extraordinarias. Pero lo más extraordinario son las cosas que dicen o piensan sobre temas sencillos a y la vez complejos. Voy contarles sobre una charla que tuve esta tarde en el banco de la plaza donde me había gustado tanto sentarme.
Estaba caminando por esa plaza cuando escuché a un hombre que hablaba, aparentemente solo. No tenía apariencia de alguien loco, sino que parecía la persona más normal del mundo. Pero se quejaba en voz alta que las cosas estaban cada día peor y nadie hacía nada. Me acerqué y le pregunté si podía sentarme junto a él. Me dijo que sí y me hizo lugar en el banco.
-Discúlpeme usted-dije-, pero lo escuché muy alterado. ¿Qué le pasa?
-El país está cayéndose a pedazos y nadie hace nada, eso pasa.-contestó, aún enojado.
-¿Y qué cree usted que se debería hacer? ¿Y quiénes?-pregunté.
-No sé, los políticos.-dijo con resignación.
-¿No sería mejor que cada persona, desde su lugar, intentara ayudar a los políticos, porque una sola persona jamás puede hacer todo?
-¿Qué diferencia puede hacer lo que yo o cualquier otro haga si de todos modos nada sirve? No se pueden cambiar las cosas en un día.
-Tal vez no se pueda cambiar todo, pero cambiando algunos aspectos de su vida, usted puede sentirse mejor y expandir ese bienestar hacia los demás, ¿no le parece?
-¿Qué cosas podría cambiar?
-Podría empezar por sonreír más.
El hombre me miró sonrió lentamente. Le devolví la sonrisa y él soltó una ligera carcajada.
-No era tan difícil-dijo-, pero resulta raro estar hablando con alguien que no conozco y encima me hace reír.
-Hay una frase que dice “La sonrisa es una línea curva que endereza la vida.” Además, la sonrisa no cuesta nada y es muy reconfortante.
-Bueno, ya sonreí, pero eso no alcanza para cambiar las cosas.
-A usted le cambió el humor, ¿eso no es algo importante?
-Sí, pero tenía en mente algo más… palpable.
-Ah, ya entiendo. Usted quiere actuar. Me parece bien. Puede empezar sonriéndole a todos los que se crucen en su camino hacia el trabajo.
- No, van a pensar que estoy loco.-se atajó el hombre.
-¿Y qué? ¿Prefiere que lo crean un loco peligroso o uno contento?
-Ni uno ni otro, la verdad. ¿Alguna otra sugerencia?
-Aprenda pedir ayuda cuando lo necesite.
-¿Es un chiste? Si pido ayuda en mi trabajo, mi jefe va a pensar que no soy tan bueno y me va mandar a servir café.
-¿Acaso es malo servir café? ¿No es lo mismo que repartir algo reconfortante y estimulante para ayudar a pensar un poco más claramente? Todo esperan tener un momento libre para ir a tomarse un café, solo o con un amigo.
El hombre se quedó callado un momento.
-Nunca había pensado eso-confesó-. Tal vez servir café no sea tan malo.
-No lo es… y pedir ayuda cuando la necesitamos tampoco es malo.
-Bueno, voy a probar. ¿Algo más?
- Decir la verdad siempre que sea posible.
-No, esos sí que no, es imposible.
-Imposible no, difícil más bien.
-¿Querés que ande por ahí diciéndole la verdad a las personas? ¿Qué si me caen mal o si creo que se ven gordas que se los diga? Me tiran por un puente.
-No se trata sólo de decir la verdad, sino de decirla sin herir a nadie, de ser sutil, de tener tacto, para que no parezca una crítica o una imposición, sino un elemento de conocimiento y aceptación mutuo. Las verdades a veces duelen, decirlas o recibirlas, pero es más dañino guardase una verdad que curar las cicatrices de la mentira.
-Intentar decir la verdad sin herir a nadie… Es complicado, pero lo voy a intentar.
-Muy bien. ¿Quiere otra sugerencia? Tenga amigos leales y crea en milagros.
-Ni le caigo bien a nadie, no los milagros existen.
-Vamos, siempre hay alguien a quien le caemos bien aunque no nos lo diga.
-Bueno…, supongo que el portero del edificio donde trabajo. Siempre me avisa sobre el clima o los paros de transporte, o cosas importantes. A veces me quedo conversando con él, es un hombre agradable.
-Es un muy buen comienzo, usted podría llevarle algo, un presente y quedarse largo tiempo charlando, así lo conocería y, antes de darse cuenta, ya tendría un buen amigo. ¿Qué puede ser mejor que llegar tarde al trabajo por quedarnos charlando con nuestro mejor amigo?
-Bueno, gracias. ¿Y sobre lo milagros qué pasa?
-Los milagros existen. Sino, ¿qué nombre le da al hecho que despierte cada día para vivir a pleno?
-La vida es un milagro…-reflexionó en voz baja-. Sí es verdad, pero ¿y los milagros…grandes?
-¿Se refiere a curaciones milagrosas, personas que se salvan de heridas mortales o enfermedades? Ésos también son milagros, pero no menos importantes que el despertar diario. Algunas veces, los milagros se dan sin que nadie se de cuenta, esto es muy frecuente, se lo aseguro. Si una persona decide asumir la responsabilidad adoptar un niño, eso ya es un milagro diario que nadie reconoce como tal. Pero sigue siendo un milagro, uno muy, muy importante. Otras veces, los milagros se nos presentan en la forma de personas que nos dan una mano en el momento justo. Encuentros milagrosos que suceden siempre. Hay que saber reconocerlos para apreciarlos. Éste podría ser uno.
-Sí, podría ser…-el hombre miró su reloj-. Es tarde, me tengo que ir a trabajar.
Se puso de pie. Yo lo imité. Luego nos despedimos.
Cuando el hombre se marchaba notó algo a sus pies. Se inclinó, y recogió una pequeña y suave pluma de color blanco brillante. Se incorporó y miró hacia todos lados. No había ni rastro de la persona con la que había conversado en la última media hora. Permaneció unos segundos inmóvil con expresión pensativa. Luego guardó la pluma en su bolsillo y echó a andar.
Mientras tanto, un ángel totalmente invisible leía el diario que el hombre había dejado sobre el banco. Nunca supe si lo había olvidado o lo había abandonado.
Permanecí un rato en la plaza y luego me marché a mi nuevo hogar. Mi refugio en la tierra. Mientras me preparaba para dormir tuve una visión, un hombre de traje charlando con el portero de un edificio. Se despidieron con un abrazo y luego el hombre de traje se marchó. Mientras caminaba, su mano jugueteaba con una pequeña pluma blanca.”

Nueva misión

“2 de Noviembre de 2008


Está anocheciendo. La fecha de diario que compré ayer indica que casi han pasado tres días desde que llegué a la tierra con la misión de ayudar a un hombre a cambiar su vida y salvar su alma. Sin embargo, como ya saben ustedes los resultados de esa misión, no voy repetir los hechos. Mejor hablo de lo que me sucedió luego de comparar ese diario y de sentarme en un banco de plaza a leer.

Las noticias que leía no eran muy alentadoras para un ángel que viene del cielo y fracasa en su misión. Por lo que leía, me daba cuenta de que las personas vivían en un clima de miedo e inquietud constante, al punto de que muchas preferían no salir del encierro de sus hogares. Asesinatos, robos y secuestros se sucedían en las páginas del diario. Las pocas noticias que no se ocupaban de la llamada “ola de inseguridad” no eran muy interesantes ni extensas. Pero en la penúltima página un pequeño recuadro me llamó la atención. Se titulaba “¿Milagro o fraude?” y en él se hacía referencia a varias personas que juraban haber visto un ángel en una conocida avenida: una aseguraba que lo atropelló con su automóvil, un policía dijo que le disparó y lo mató pero que el cuerpo desapareció. La noticia no podía tomarse en serio, principalmente porque también tenía el testimonio de personas que juraban haber visto dos ángeles y un demonio en menos de una hora. En definitiva, el artículo eliminaba su propia credibilidad y aseguraba que el “ángel” no era más que un invento de gente que buscaba un poco de fama.

Cerré el diario y me apoyé en el respaldo del banco, teniendo cuidado de no aplastarme las invisibles alas. Empecé pensar en lo mucho que habían cambiado las cosas desde que yo me transformara en ángel, hace… bueno, no puedo precisarlo, pero sé que no hace tanto tiempo porque el diario que tenía en mis manos había comenzado a editarse unos meses antes de mi partida, por así llamarla. Debo admitir que a veces me preocupa no recordar casi nada de mi pasado, de mi vida en la tierra, pero asumo que los recuerdos aparecerán cuando sea el momento. Volviendo a mis reflexiones, no cabe duda de que estaba conociendo mucho de las actitudes humanas. Vi que algunos era decididamente incrédulos de ángeles y similares, que otros no creían pero fingían ver ángeles para obtener fama, pero lo peor era que algunos humanos estaban dispuestos a cualquier cosa por alcanzar sus objetivos, incluso a matar.

Era un panorama desolador, descorazonador y deprimente para un ángel que viene de un lugar de felicidad eterna. Los humanos se dirigían inexorablemente a su propia destrucción. Mi misión había fallado, pero no por eso iba a dejar de ayudar a quienes necesitaran de un ángel. Decidí que no iba a quedarme con los brazos cruzados y las alas invisibles mientras las personas sufrían sin poder defenderse. Ahora tenía una nueva misión, y esta vez no iba a fracasar.

Me incorporé y empecé a caminar pensando cómo empezar mi tarea. El destino me puso frente a mi primer desafío.

Un hombre le gritaba furiosamente a un niño. Aparentemente, el niño había salido mal en un examen. Mientras me acercaba podía oír las crueles palabras de hombre, quien le daba al niño los peores calificativos, mientras éste no hacía más que bajar la cabeza y temblar. Todo el mundo sabe que los ángeles sentimos debilidad por los niños, que preferimos ser ángeles de la guarda antes que arcángeles (ellos se ocupan de los demonios). Quizá fue por eso que sentí una tremenda indignación ante lo que estaba viendo. En un determinado momento, el niño levantó la cabeza y sus ojos se clavaron en mí. Durante un instante no hicimos más que mirarnos. Entonces el hombre gritó algo sobre prestar atención y descargó un violento golpe en la cabeza del niño. Volvió a levantar la mano pero el golpe nuca cayó. Alguien lo sujetaba. Yo. Durante unos segundos nada sucedió, sólo nos miramos directamente a los ojos. Y fue cuando lo miré con mayor dureza que pude advertir un resplandor rojizo en los ojos del hombre. No pude evitar estremecerme y lo solté. Solo había una explicación a la crueldad y el color de ojos del hombre. Tenía un demonio en su interior.

Al hombre le dije que se calmara, que no le gritara al niño por una tontería, que no lo humillara. Al demonio le dije, mediante telepatía, que saliera de ése hombre, que lo liberara del dolor y la crueldad que estaba causándole. El demonio sonrió en el rostro del hombre y luego se sintió aun violenta ráfaga que sacudió al hombre. Alcancé a sujetarlo antes de que cayera. Una vez que se recuperó me miró y luego se acercó al niño, quien seguía sentado en el suelo, temblando. El hombre susurró unas palabras de disculpa, levantó al niño, lo beso, me agradeció por evitar que él hiciera otro locura, dijo que había perdido la cabeza por una estupidez, prometió controlarse la próxima vez y se marchó. El niño me saludó sonriente desde los brazos de su padre.

Me di vuelta y volví a caminar hacia el puesto de diarios. Entonces noté que alguien me miraba. Era el demonio que acaba de abandonar el cuerpo del hombre. Sus ojos era rojos y sus brazos y piernas terminaban en garras. Por el modo en que las personas pasaban a nuestro lado lado, me di cuenta que no podían vernos, lo cula me pareció muy prudente. El demonio se acercó y me dijo que no me tenía miedo, que sólo había abandonado el cuerpo del hombre porque quería darme una paliza frente a frente. Le dije que no valía la pena luchar porque él no tenía motivos para vencer y yo sí tenía muchos motivos para no perder. Era la eterna lucha del mal contra el bien. Él aseguró que ya había ganado el mal, porque había logrado que un padre golpeara a su hijo. No era necesario mayor maldad que esa. Admití que era terrible lo que había logrado, pero también le recordé que el amor y el perdón salvaron, al padre de un sufrimiento eterno, y al hijo de vivir con miedo. No me contestó nada. La mirada que me dirigió fue asesina. Entonces, de repente saltó hacia mí y hundió su garra en mi pecho. Sentí un dolor agudo y una debilidad terrible, no podía sostenerme en pie y sentí que me faltaba el aire. Estaba casi de rodillas, y ahí me di cuenta de que no era tan fuerte como creía. Entendí que no era fuerte porque le tenía miedo, mi terror le daba fuerza. Eso me enfureció. Sin casi pensarlo, me incorporé y lo aferré de la nuca y lo arroje a un lado. Normalmente los ángeles no recurrimos jamás a la violencia, pero cuando se trata de demonios de mal carácter nos permitimos darles un sacudón para ver si reacciona. Y éste reacciono, se levantó, me miró aterrorizado y desapareció en una voluta de humo.

***


Pasé el resto del día reflexionando sobre maldad y demonios. Pensé que, si a los demonios les gustaba tanto guiar muchas acciones humanas, yo iba a tener mucho trabajo. Los demonios tentaban a las personas ofreciéndoles atajos y oportunidades de mejorar sus vidas. Y, como generalmente las personas siempre creen que su vida puede ser mejor, en lugar de disfrutar sus logros, se dejan convencer por demonios vendedores de ilusiones falsas, sin contar que, generalmente, todo forma parte de una trampa de sufrimiento por tener metas que no se cumplen ni son reales. Los demonios saben mejor que nadie que las personas son débiles ante la tentación. Además, como los demonios son expertos en disfrazarse, nadie puede reconocerlos, incluso a los ángeles se no hace difícil esto y esa es la causa de que a veces no lleguemos a tiempo para actuar. Pero ahora yo no iba a quedarme de brazos cruzados. Además, ya había descubierto que el miedo y la desesperación eran la fuerza del demonio y no debía ceder ante ninguna. Era muy largo el trabajo que me esperaba, pero igual sentía que las cosas empezaban a mejorar

***
Al atardecer sentí ganas de descansar, así que me concentré en el pensamiento de hallar un lugar tranquilo pero que al mismo tiempo no me alejara de la ciudad y sus problemas. Una imagen apreció en mi mente y supe de inmediato dónde estaba. Me dirigí hacia una construcción abandonada. Era un edificio de los llamados “torres de oficina”, estaba casi terminado pero nadie abandonado la construcción por motivos económicos. Me instalé en la habitación más alta, que incluso tenía muebles, todos de oficina, y un aparato sobre la mesa (ahora recuerdo que se llama computadora). Sin tener mucha seguridad, lo encendí. Entonces, aunque no sabía si iba a funcionar, forcé mi memoria hasta una época antes convertirme en ángel, cuando todavía vivía en la tierra. Recordé de pronto y con ligeras lagunas el funcionamiento de la computadora, su programas y la herramienta llamada internet. Recordé que ésta herramienta permitía comunicarse con culaquier persona del mundo y además se podía publicar información. Luego de un largo rato de reflexionar, decidí crear un diario, un diario que todos pudieran leer, para que todos tuvieran la oprtunidad de aprovechar mis experiencias en la tierra. Además, mi memoria es muy mala, y no quisiera perder recuerdos importantes por no tener dónde dejarlos asentados. Me tomó más de dos horas escribir estas dós páginas pero sentí que era necesario. Alguien iba a leerlas, o no. Me pareció importante que estuvieran allí, así como los ángeles de la guarda protegen sin que las personas los vean.

***


Es casi medianoche. Un cansancio abrumador se apodera de mí. Apagaré la computadora. Voy a acomodarme en un sillón y esperar a que llegue mañana.”

Adaptándose



“1º de Noviembre de 2008

La fecha que aparece encabezando este texto es la primera referencia temporal que encontré, y gracias a ella puedo mantener cierta cronología tanto en mi vida en la tierra como en mi diario.

Obtuve la fecha de un diario matutino. Ya sé, se preguntan cómo es posible que un ángel consiga leer un diario sin volverse noticia y sin hacer que los vendedores salgan corriendo despavoridos. Para no dejar confusos a mis amables y pacientes lectores, voy a relatarles cómo llegué a conseguir leer un diario, en pleno día y en una avenida importante.

Veamos, ya conté el desastroso inicio y fin de mi misión de ayudar a un hombre a cambiar su vida. El pobre no estaba listo y me arrojó por la ventana. Luego tuve un desagradable incidente con un hombre de uniforme que me disparó con su arma. Afortunadamente sólo quedó una pequeña cicatriz en mi brazo derecho como única consecuencia. Luego me quedé dormido.

Cuando desperté era de día pero yo no sabía qué fecha era. Lo primero que pensé fue en bajar de la terraza donde me había dormido , pero mi experiencia con el hombre uniformado me había dejado un sentimiento extraño y no me atrevía a mostrarme en mi forma original. Decidí optar por lo más sencillo y baje de la terraza por una escalera lateral, ubicada en una de las paredes exteriores. Mientras descendía, muchos sentimientos y pensamiento cruzaron por mi mente.

El tiempo había cambiado muchas cosas desde yo me transformara en ángel, pero lo más sorprendente era el modo en que las personas había cambiado. Aparentemente, ver ángeles con alas incluidas no es tan bueno como hace algún tiempo, cuando las personas resolvían muchos problemas pidiendo ayuda a los ángeles. Sin embargo, pienso que tal vez ahora los problemas se han complicado y es más difícil para los ángeles intervenir y que las personas noten que alguien las está ayudando. Supongo que es más fácil para las personas creer que resuelven los problemas sin ayuda antes que admitir que existen los ángeles. Algo era bastante seguro: el encuentro con ángeles era terrible para quien no creía en ellos o no estaba preparado para aceptar su ayuda. Lo ocurrido con mi misión era la prueba de ello.

Decidí que no podía dejarme ver como ángel, no era prudente. Entonces, como primer paso para evitar confusiones y ataques, debía mantener ocultas mis alas, lo que requería un poco de esfuerzo y concentración, porque nunca lo había intentado. Después de algunos intentos logré que mis alas se volvieran semi-invisbles, ya que los contornos de ellas no habían desparecido. Pero con eso bastaba por el momento, sólo debía evitar perder plumas, que al desprenderse volvía a ser blancas y hubieran delatado mis alas. También abandoné el brillo que emitía cuando hablaba con alguien. Finalmente cambié el color de mi ropa, en lugar de ser totalmente blanca, sólo la parte superior lo era, de modo que tenía lo que se llama una remera blanca y un pantalón negro, con calzado blanco. Mi color de cabello y de mis ojos cambiaron automáticamente. Mi apariencia era humana, muy humana, pero pronto iba a aprender que no alcanzaba con parecer humano, debía actuar como uno.


Cuando llegue a la planta baja, me dirigí hacia un hombre que atendía un puesto de revistas y diarios. Le pregunté qué fecha era y él, extrañado, me entregó un diario que acababa de recibir. Primero leí la fecha y luego las noticias. El hombre me pidió que pagara el diario. un tanto confuso metí la mano en mi bolsillo y saqué la cantidad justa dinero. Luego me dirigí hacia una plaza, me senté en un banco y continué leyendo las noticias.

No imaginaba que antes de cumplir tres días en la tierra, iba a vivir de cerca una de las peores actitudes humanas… ni del miedo que iba a experimentar.”

Comienzo


“Comenzar a hablar de mí es extraño, pero sinceramente creo que ya es muy extraño que un diario personal se publique en internet, más aún si quien lo publica es alguien tan irreal como un ángel invisible. Pero a veces las historias más reales son las que más fantásticas parecen, por lo tanto yo voy a contar la mía, para que todos la conozcan y saquen sus propias conclusiones.

Lo primero que quiero decir es que a veces sufro de lagunas mentales, aunque no por la edad, porque en edades humanas puedo decir que soy muy joven, pero sin precisar mucho, ya que lo ángeles tenemos vida eterna y perdemos la noción del tiempo después de dejar de ser humanos. Supongo que será por eso que no recuerdo mucho de mi vida antes de ser un ángel invisible. Sólo puedo decir que después de convertirme en ángel, se me encomendó una misión y tuve que regresar al mundo humano. Creo que mi misión era salvar el alma de un hombre, pero, desgraciadamente, he pasado tantas cosas en tan poco tiempo que olvidé cual era, con exactitud, mi misión. Ahora puedo decir que me dedico a ser un espectador de las vidas de otros hasta encontrar el sentido de mi estadía en este lugar, en esta ciudad. Ni siquiera recuerdo mi nombre…

Volviendo a mi historia, y forzando un poco mi memoria, digo que tenía una misión. Recuerdo que para cumplirla tenía que presentarme ante un hombre e intentar convencerlo de vivir su vida y no la los otros. Utilicé diversos medios de transmitirle el mensaje: sueños, señales, encuentros casuales conmigo en mi forma humana (debo admitir que, físicamente, no soy tan diferente al resto de quienes leen este diario, sin las alas sólo me diferencio por mi color de ojos, de cabello y por el hecho de que mi ropa es blanca de día y negra de noche). Ninguno de mis intentos dio resultado, el hombre simplemente me ignoraba, así que decidí presentarme en mi forma original de ángel y decirle cómo podía salvar su alma.

Esperé a que el hombre se durmiera y luego me aparecí ante él. La luz brillante que todos los ángeles emitimos en tales situaciones lo despertó. Fue un terrible error.

El pobre hombre, una vez despierto, se convenció de que no veía a una persona normal sino a un ángel. Pero, por ese miedo que hace enloquecer a las personas más sensatas, creyó que yo estaba ahí porque su hora había llegado. Empezó a gritar despavorido, a pedir perdón por muchas cosas y, víctima de la desesperación, saltó hacia mí. Admito que no tuve tiempo de reaccionar. El hombre me sujetó de las alas y, sacando fuerza de su miedo, me arrojó por la ventana.

Aterricé de lleno en medio de la calle. Inmediatamente sentí un estruendo metálico a mis espaldas y vi un objeto grande y brillante, con personas en su interior que había chocado con otro similar (ahora recuerdo que se llaman automóviles). Luego oí un grito de miedo y vi varias personas que salían corriendo en dirección contraria.

Entonces me di cuenta: no era normal para las personas ver a un ángel de alas blancas cayendo inesperadamente en medio de la calle. Pero antes de que pudiera ocultar mis alas o reponerme de la sorpresa, un hombre con uniforme vino corriendo hacia mí. Vi que portaba un arma. Sin pensarlo mucho, extendí mis alas y me elevé para alejarme. Mientras subía escuché un sonido y luego sentí un dolor en el brazo. Sin darle importancia, seguí volando hasta llegar a un edificio alto. Me posé en la terraza temblando ligeramente  y luego examiné mi brazo, una pequeña mancha de color rojizo indicó el lugar alcanzado por la bala. Se había curado pero dejando una pequeña cicatriz.

Me apoyé contra una de las paredes de la terraza y me quedé dormido de inmediato.”


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