Fuerzas invisibles

Hoy me sentía melancólico. Quizá se debía a las palabras de Vanesa, quizá a que el día está gris, o tal vez a que hace tiempo que no encuentro ningún ángel en mi camino. No lo sé, simplemente me sentía triste, casi diría desesperanzado. Salí a caminar tratando de mejorar mi ánimo. Sin embargo fui empeorando a medida que caminaba, agregando a la tristeza una gran debilidad y sensación de náuseas. Traté de mantenerme en pie pero trastabillé y caí hacia atrás. Quedé inmóvil notando que ahora no sólo mis alas sino todo mi cuerpo se había vuelto invisible. ¿Qué estaba pasando? No podía moverme, estaba paralizado incapaz de ver otra cosa que el cielo, azul hermoso pero ahora aterrador, como si de pronto me gritara que regresara.
Pero no podía regresar. No sabía cómo hacerlo. Mi amnesia volvía a recordarme su presencia. Irritado intenté moverme pero fue inútil. Empecé a pensar lo frustrante que era no poder salir de esta situación de estancamiento, de parálisis. Entonces imaginé que había muchos humanos que también se sentían así, estancados, atrapados por alguna fuerza que les impedía moverse y avanzar hasta sus objetivos, incluso sus sueños.
¿De dónde provenía esa fuerza que me imposibilita moverme, levantarme, avanzar?
¿Acaso era miedo? Imaginé que sí.
Tuve que admitir que sí, era miedo lo que me impedía moverme. Empecé a repasar todos los miedos que sentía, tal vez pudiera encontrar la forma de levantarme. Vi que mis temores eran muchos.
Temía… no poder levantarme del suelo y quedarme así, invisible, sin que nadie volviera a verme.
…poder levantarme pero igual seguir sintiéndome invisible, porque nadie quería realmente notar mi presencia.
… que al no poder comprender o ayudar a las personas, los pocos poderes de ángel que aún poseía desaparecerían o simplemente olvidaría cómo usarlos.
… dejar de pensar o sentir como ángel, o sea, permitiendo que el miedo, la duda o el dolor acabaran apoderándose de mí hasta hacerme olvidar totalmente lo que significa ser un ángel.
Entonces tuve que admitirlo… me aterraba hasta la parálisis la idea de completar mi proceso de humanización y acabar convertido en un humano, sin memoria siquiera de haber sido ángel alguna vez.
¿Por qué me daba tanto miedo volverme humano? ¿Acaso temía no poder tener las respuestas para aquellos que me pedían ayuda (incluso yo mismo)? ¿Tenía miedo de volverme una especie de máquina, preso de la rutina y los problemas cotidianos? ¿O simplemente temía volverme débil, necesitado de ayuda y afecto porque me era imposible sobrevivir sin ellos? ¿Temía perder mi capacidad de amar y comprender tanto a otros como a mí mismo y sentirme inútil, sin poder ayudar?
Permanecí largo tiempo inmóvil pensando posibles respuestas a todas mis preguntas.
Entonces una voz me preguntó:
-¿Estás bien? ¿Te tropezaste? Permitime ayudarte. Dame la mano, así, muy bien.
Miré por un momento a los ojos de quien me había “descubierto” y ayudado.
-Gracias, dije, me tropecé y, por un momento no supe si podía levantarme… o si valía la pena.
-Cuando ya no valga la pena volver a levantarse entonces va a ser cuando estés muerto. Mientras hay vida, hay que seguir levantándose. Bueno, ya me voy, hasta luego.
-Adiós… y gracias… por todo.
Permanecí observando un largo rato a quien se marchaba. Creí encontrar mi respuesta, al menos una parte….
Volverme humano sólo será malo si no tengo la capacidad de sentir como ellos, que saben dar una mano a quien la necesita, aún sin que la pidan. Ayudan a quien sea, sin poderes sobrenaturales, sin plumas, sin alas invisibles… sólo se limitan a sentir… conectados.
- Sin Comentarios
- Sin votos
- Reportar este Posteo


