Fuerzas invisibles

Hoy me sentía melancólico. Quizá se debía a las palabras de Vanesa, quizá a que el día está gris, o tal vez a que hace tiempo que no encuentro ningún ángel en mi camino. No lo sé, simplemente me sentía triste, casi diría desesperanzado. Salí a caminar tratando de mejorar mi ánimo. Sin embargo fui empeorando a medida que caminaba, agregando a la tristeza una gran debilidad y sensación de náuseas. Traté de mantenerme en pie pero trastabillé y caí hacia atrás. Quedé inmóvil notando que ahora no sólo mis alas sino todo mi cuerpo se había vuelto invisible. ¿Qué estaba pasando? No podía moverme, estaba paralizado incapaz de ver otra cosa que el cielo, azul hermoso pero ahora aterrador, como si de pronto me gritara que regresara.

Pero no podía regresar. No sabía cómo hacerlo. Mi amnesia volvía a recordarme su presencia. Irritado intenté moverme pero fue inútil.  Empecé a pensar lo frustrante que era no poder salir de esta situación de estancamiento, de parálisis. Entonces imaginé que había muchos humanos que también se sentían así, estancados, atrapados por alguna fuerza que les impedía moverse y avanzar hasta sus objetivos, incluso sus sueños.

¿De dónde provenía esa fuerza que me imposibilita moverme, levantarme, avanzar?

¿Acaso era miedo? Imaginé que sí.

Tuve que admitir que sí, era miedo lo que me impedía moverme. Empecé a repasar todos los miedos que sentía, tal vez pudiera encontrar la forma de levantarme. Vi que mis temores eran muchos.

Temía… no poder levantarme del suelo y quedarme así, invisible, sin que nadie volviera a verme.

…poder levantarme pero igual seguir sintiéndome invisible, porque nadie quería realmente notar mi presencia.

… que al no poder comprender o ayudar a las personas, los pocos poderes de ángel que aún poseía desaparecerían o simplemente olvidaría cómo usarlos.

… dejar de pensar o sentir como ángel, o sea, permitiendo que el miedo, la duda o el dolor acabaran apoderándose de mí hasta hacerme olvidar totalmente lo que significa ser un ángel.

Entonces tuve que admitirlo… me aterraba hasta la parálisis la idea de completar mi proceso de humanización y acabar convertido en un humano, sin memoria siquiera de haber sido ángel alguna vez.

¿Por qué me daba tanto miedo volverme humano? ¿Acaso temía no poder tener las respuestas para aquellos que me pedían ayuda (incluso yo mismo)? ¿Tenía miedo de volverme una especie de máquina, preso de la rutina y los problemas cotidianos? ¿O simplemente temía volverme débil, necesitado de ayuda y afecto porque me era imposible sobrevivir sin ellos? ¿Temía perder mi capacidad de amar y comprender tanto a otros como a mí mismo y sentirme inútil, sin poder ayudar?

Permanecí largo tiempo inmóvil pensando posibles respuestas a todas mis preguntas.

Entonces una voz me preguntó:

-¿Estás bien? ¿Te tropezaste? Permitime ayudarte. Dame la mano, así, muy bien.

Miré por un momento a los ojos de quien me había “descubierto” y ayudado.

-Gracias, dije, me tropecé y, por un momento no supe si podía levantarme… o si valía la pena.

-Cuando ya no valga la pena volver a levantarse entonces va a ser cuando estés muerto. Mientras hay vida, hay que seguir levantándose. Bueno, ya me voy, hasta luego.

-Adiós… y gracias… por todo.

Permanecí observando un largo rato a quien se marchaba. Creí encontrar mi respuesta, al menos una parte….

Volverme humano sólo será malo si no tengo la capacidad de sentir como ellos, que saben dar una mano a quien la necesita, aún sin que la pidan. Ayudan a quien sea, sin poderes sobrenaturales, sin plumas, sin alas invisibles… sólo se limitan a sentir… conectados.

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Libertad

angelesperando

Una semana ha pasado desde que viera por última vez a Vanesa. Pero esta maña sentí que me llamaba. Lo escuché en mi corazón. Miré hacia ambos lados y, al no ver a nadie, extendí mis alas, ya no invisibles y dejé que el llamado me guiara. Cuando finalmente aterricé ella estaba apoyada contra la pared, con los brazos cruzados. Me acerqué, previo volver invisibles las alas, y la saludé. Pero la mirada que me devolvió distaba mucho de ser amable. Era fría y dolorosa.

-¿Porqué tardaste tanto? -dijo con acento helado- Se supone que los ángeles siempre aparecen apenas los llaman.

-Perdón, prometo volar más rápido la próxima vez.

-No te molestes, no va a haber próxima vez.

-¿…?

-Estuve pensando y llegué a la conclusión de que me engañaste. Me dijiste cosa que yo quería escuchar y me hiciste creer que eran frases nuevas, que yo misma te había inspirado. Ja, todo fue mentira. Seguro te memorizaste toda esa sarta de pavadas que dijiste y te creíste con eso ibas a conseguir que te hablara. Bien, te hablé. Y ahora te digo que no creo en nada ni de lo que dijiste ni eso de que sos un ángel de verdad. No creo en nada y sólo quería decirte que no vas a volver a molestarme.

Yo permanecí inmóvil, silencioso. Ninguna expresión en mi rostro revelaba el cruel dolor que sentía en el corazón. Simplemente la miraba. No entendía su cambio de actitud. No podía comprender ni imaginar porqué de pronto parecía odiarme. Decidí preguntarle.

-¿Porqué me decís todo esto?

-¿Cómo porqué? Porque estoy harta de que todos sean unos crédulos, porque me harta ver cómo las personas se dejan llevar por esas modas de creer en ángeles y cosas que curan mágicamente, toda esa basura que la gente crédula acepta. Pero yo no soy así. Yo soy mejor, más inteligente y no caigo en esas pavadas. Yo no ando pidiendo cosas a dioses o cosas así, porqué es una estupidez pedir favores a cosas que no existen. Y no existen los ángeles ni los milagros ni nada de eso. Sólo existe lo que se puede ver, tocar y destruir. Así que no vuelvas a molestarme porque jamás voy a creerte. Y agradecé que no llame a la policía y te acuse de estar vigilándome. No vuelvas a hablarme. ¡Nunca!

Yo hice un movimiento afirmativo con la cabeza y me di la vuelta para irme.

-¿Cómo? ¿Te vas así nada más sin contestarme?-exclamó ella visiblemente ofendida.

La miré fijamente. No enojado sino con una mezcla de dolor y fracaso.

-Los humanos son seres que nacen libres y nadie debe quitarles esa libertad.-respondí con serenidad- Me pediste que no te hablara, que me marchara., pero acabás de hacerme una pregunta y sería descortés no responderte, además sé que no te quedarías tranquila sin una respuesta. Cumplo con tu pedido porque no soy ningún tirano cruel que impone a otros su compañía y sus ideas. Yo sólo quise ayudarte porque sentía cariño… no, sentía amor sincero por vos. Estaba enamorado y me pareció que me necesitabas tanto como yo a vos, y que mis palabras te iban a hacer bien. Pero veo que tu corazón no corresponde mis sentimientos, y yo no puedo actuar en un corazón que trunca amor por temor. Porque, lamentablemente, el miedo a creer que yo fuera real, te llevó a crear una coraza de escepticismo. Y tu miedo nace de la desesperanza, al no creer que alguien pueda ayudarte e incluso amarte. Quien teme ser amado es porque no se valora a sí mismo, no se piensa merecedor del amor de nadie, y eso va alimentando sus miedos y desesperanzas. Ahora, tu corazón está acorazado y eso impide que yo u otros se acerquen a vos, aunque sea con la más sincera y noble intención. No tiene sentido que intente forzarte a quererme, ni siquiera a soportar mi presencia. Tampoco es sensato quedarme aquí esperando un amor que quizás jamás sientas, sería caminar en círculos entre espinas de desconcierto, duda y miedo. Sería sufrir inútilmente. No puedo quedarme encerrado en mi propio dolor cuando hay otros que sufren aún más que yo y me necesitan. Porque mi dolor, aunque a veces se me olvide, no es único ni tampoco el más importante. Por eso me marcho. Respeto tu libertad porque me importas. Ahora debo irme. Adiós.

Ella no respondió nada, sólo me miró un segundo y luego se alejó.

Una ráfaga de viento la despeino, pero cuando se dio vuelta lo único que encontró fue una pluma blanca, una pluma… con grandes desgarrones.

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Gracias otra vez!!!

Muchas gracias a Anilorak por tu premio. Un motivo más para seguir adelante, aún con amnesia. Gracias
Otorgo este premio a:
No olviden pasarlo a 5 blogs más.
Mil gracias!!!
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Palabras que hieren, palabras que sanan.

Han pasado sólo cinco días desde que la ví, aunque yo siento como si fueran cinco siglos. Sigo enamorado, pero ahora ya no tengo esperanza. Después de lo que me sucedió no tengo fuerzas para alimentar esperanzas vanas. Será mejor explicarme.

Esta mañana realizaba mi acostumbrado paseo por la plaza que está cerca del edificio que es ahora mi hogar, cuando de pronto la vi acercarse caminando.

Decidido a hablarle, me concentré en ser totalmente visible. Funcionó, porque ella me miró y sonrió. Le devolví la sonrisa, el saludo y le pregunté si estaba apurada, pues deseaba hablarle. Naturalmente se sorprendió de que un extraño quisiera hablar con ella, pero tras un momento de vacilación aceptó sentarse en un banco de la plaza. Nos sentamos (yo cuidando de no aplastar mis invisibles alas de ángel) y luego le dije:

-Yo ya te conocía. (¿Quién me autorizó a tratarla con tanta familiaridad si ni nos conocíamos?)

-¿En serio?-se sorprendió ella- Yo no te recuerdo… Ah, un momento, creo que sí… te pregunté la hora hace tres días, ¿no?

-Sí, exactamente…y desde entonces no puedo dejar de pensar en vos. Estoy… enamorado de vos.

Ella quedó inmóvil mirándome fijamente.

-Vos estás loco.-dijo al fin. Y se levantó de golpe del banco. Dio un paso y yo le tomé la mano con rapidez, como si con eso me aferrara fuertemente a la vida.

-No… por favor. Sé que es una locura, pero antes dejame decirte sólo dos cosas importantes.

-Soltame-ordenó-. Hablá lo que tengas que hablar y dejame en paz.

-Perdón, pero gracias por dejarme hablar. Sólo dos cosas te voy a decir: Primero, que estoy inexplicable y totalmente enamorado de vos. Segundo: soy muy diferente a los demás, pero puedo sentir con tanta fuerza como ellos. Yo… no soy humano (al menos aún no). Yo soy un ángel. Vine a la tierra a cumplir una misión, pero fracasé y además perdí casi toda mi memoria, no recuerdo nada que haya pasado antes de mi llegada a la tierra. Ni siquiera mi nombre…

Ella me miró fijamente y luego soltó una carcajada que por alguna razón me traspasó como una daga de hielo.

-Realmente estás loco, completamente loco. ¿Te pensás que voy a creerte toda esa sarta de pavadas que dijiste?

-¡Pero es verdad todo lo que dije! Soy un ángel, tengo amnesia, estoy pasando por un proceso de humanización, hasta pierdo plumas de mis alas.

-¡No seas ridículo! Estás diciendo estupideces. Los ángeles no tienen amnesia ni se vuelven humanos. ¿Y sabés porqué? ¡¡Porque los ángeles no existen!!

Me quedé helado, paralizado de dolor e incredulidad. Sentía que mis alas se crispaban de dolor. Todo mi cuerpo se estremeció, y con una violenta sacudida me desplomé.

Ella me miró con una leve expresión de sorpresa. Luego me dijo:

-No seas exagerado, no es para tanto. Levantante, estás haciendo un papelón.

Me levanté con un ligero temblor. La miré seriamente y le dije.

-Por favor, jamás vuelvas a decir que los ángeles no existen. Es muy doloroso.

-Si existieran ayudarían a las personas cuando éstas los llaman. Nunca ayudan a nadie así que no exist…

Le tapé la boca con la mano.

-No lo digas. Los ángeles existen y ayudan a las personas sólo que a veces ellas son orgullosas y creen que todo lo solucionan solas, aún cuando sospechen que la solución fue una “inspiración divina”. Además-retiré suavemente mi mano de su boca, con un gran esfuerzo debo admitir- no es bueno para los humanos recibir ayuda angelical cáda vez que la piden, porque se vuelven débiles, sin ingenio, pierden su capacidad de resolver problemas, no se esfuerzan porque saben que si piden ayuda se les dará de inmediato y sin pedir nada a cambio, porque ningún ángel que aprecie de tal exige favores a quien lo invoca. Quiero que lo pienses: Si un humano pide ayuda todo el tiempo, ¿cómo espera desarrollar sus propias capacidades, las que lo definen e identifican como único e irrepetible? ¿Cómo esperan aprender si cuando se les da la oportunidad de demostrar su valía, lo primero que hacen es invocar una ayuda divina que tal vez ni necesiten? Deben aprender a reconocer las oportunidades que se les presentan y enfrentarlas sin temor, porque, como muchos dicen pero nadie recuerda: Dios no da ningún problema que uno no pueda soportar y resolver.

Ella me miró fijamente, sin decir palabra. Luego bajó la mirada. Su rostro se ensombreció a pesar del día radiante que no rodeaba.

-Perdón-dijo con hilo de voz-. No sabía todo eso, nunca lo había pensado. Perdoname por lo que dije de los ángeles. Ahora quisiera creer que realmente sos un ángel, pero no puedo, no me pidas tanto… todavía no.

-Acepto tus disculpas. Me alegra que aceptes mis palabras, gracias. A mí también me gustaría que creyeras que soy un ángel, porque lo soy, pero no voy a presionarte. Quiero que creas por vos misma, sin imponerte nada.

Ella levantó la mirada. Al principio estaba sorprendida, pero hubo gran ternura en esos ojos sinceros.

-Nunca te dije mi nombre. Soy Vanesa.

-Un placer, Vanesa, yo no recuerdo mi nombre, así que soy simplemente Ángel Invisible.

-Ángel, aunque ya es hora de que me vaya, realmente fue increíble conocerte. Gracias por abrirme la mente y darme una lección. De ahora en más voy a tener mas cuidado con lo que digo y trataré de no pedir tanta ayuda divina, de trabajar mis habilidades para resolver mis problemas.

-Bien. De todos modos, si alguna vez necesitás un ángel, llamame.

-Sí-dijo ella con un leve dejo de duda en la voz- Bueno, gracias otra vez. Hasta luego.

-Adiós.-dije yo, con el corazón oprimido.

Mientras la veía marcharse entendí que ella nunca iba a creer que yo era un ángel real. Algo en mi interior me aseguró eso. Por lo tanto no era posible que ella se enamorara de mí, no mientras se negara a creer en mi condición de ángel. Entonces recordé que estaba en pleno proceso de humanización, así que tal vez, si alguna vez se completaba tal proceso… Pero había un gran problema, aunque no tuviera alas ni poderes aún sería un ángel, por mi naturaleza, y seguiría cumpliendo misiones de ángeles en tanto pudiera. Si yo continuaba siendo ángel y ella seguía si creerme no habría futuro para nosotros, siempre y cuando ella se enamorara de mí.

¡Cuántas posibilidades y dudas! Estoy confundido, dolorido.

Estoy… enamorado. Tal vez aún no deba perder la esperanza. No lo haré. Aún no.



Luis Fonsi y otros- Aqui estoy yo

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Gracias!!!


Gracias a quien me otorgó este hermoso reconocimiento.

Como se me ha pedido, yo lo otorgo a blogs que realmente lo merecen. Gracias!!!

Su cariño me impulsa a seguir, aún cuando siga perdiendo plumas y tenga lagunas mentales. Siempre adelente! Gracias!

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El examen


Han pasado tres días desde que la vi. Y sigo enamorado. Un ángel que lleva tres días enamorado de una chica que sólo vio diez segundos no debe ser muy frecuente. Aún me siento dolido por no haber podido comunicarme con ella. También me siento cansado por no haber dormido bien desde entonces.

Hmmm… Cansancio físico y dolor en el alma son estados muy… humanos. No hay duda de que mi proceso de humanización continúa. Me pregunto cuándo terminará…

Para tratar de distraerme un poco de mi pena decidí salir a caminar.

Eran aproximadamente las cinco de la tarde cuando llegué hasta un instituto terciario. Entré y recorrí los pasillos. Era una fortuna que yo no aparentara más de treinta años, y eso exagerando. Observé a través de una ventana. Estaban tomando un examen. Los alumnos exponían su tema de forma oral y luego esperaban el resultado fuera del aula. Había un pequeño grupo de estudiantes que comentaban algo nerviosos sus respectivos exámenes y si aprobarían o no. Uno de ellos, un muchacho de unos veinticinco comentaba que se sentía confiado, había dado un buen examen, pero esperaba que la suerte lo ayudara porque ese profesor le tenía rabia por haberlo contradicho en una opinión durante una clase. Pensé en acercarme para animarlo, pero en ese momento el profesor lo llamó.

Siguiendo un impulso repentino, me concentré, me volví totalmente invisible y entré detrás del chico al aula.

El profesor estaba sentado en el escritorio, de frente al vacío salón. Le ordenó al alumno sentarse y permaneció inmóvil, aunque no tanto como el joven, que parecía no respirar. Me acerqué a éste último y le coloqué la mano en el hombro. Pude sentir que se relajaba y respiraba mejor. Luego me acerqué hasta el maestro y me coloqué a su espalda. Podía oír sus pensamientos.

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La confusión más hermosa.

Estoy frito.
Mi problema no tiene solución. Ni si quiera tiene sentido. Debe ser un caso único.

O tal vez no.

Aunque escuché de casos así, nunca lo había experimentado personalmente. Ahora me tocó mi turno de experimentarlo.

Debo decir que, si es algo frecuente, debieron avisarme que era tan complicado y difícil.

No estaba listo. Nadie lo estaría.

Mi problema es simple de describir pero imposible de explicar.

Estoy enamorado.

¿Estoy frito, no?

Soy un ángel amnésico, invisible, en pleno proceso de humanización y, ahora, enamorado.

Cartón lleno.

Lo grave es que ella no puede verme.

Ocurrió así.

Esta tarde caminaba de regreso a mi casa en la torre, cuando alguien me preguntó la hora. Me di la vuelta. Un par de ojos oscuros y dulces, acompañados con una sonrisa amable de expectación, me devolvieron la mirada. Verifiqué la hora en un reloj que no tenía hasta ese momento y se la dije. Luego ella me agradeció con una sincera sonrisa y siguió su camino.

Yo me quedé inmóvil un momento. Luego salí casi corriendo tras ella. Traté de llamarla pero no sabía su nombre, ni siquiera aparecía de la nada como había ocurrido con el reloj. Nada.

Ella no se dio vuelta. No me escuchaba. Traté de colocarme a su lado y hablarle, pero ni reparó en mí. Me desesperé. Quise colocar mi mano en su hombro. Pero mi manó pasó de largo como ella fuera de agua o como si yo fuera inmaterial. Y lo era.

Me había vuelto totalmente invisible para ella.

Ella dobló la esquina y desapareció de mi vista.

No supe que hacer. Jamás habías sentido una emoción así desde que regresé a la tierra. Fue aterrador… y agradable. Creo que lo llaman enamorarse a primera vista. Había escuchado que era una fuerza poderosa, pero nunca imaginé que tanto. No podía quitarme la imagen de su rostro. Pero no tenía sentido. Apenas si me había hablado. Sin embargo no podía dejar de oír su voz. Realmente no tenía sentido ni explicación.

Esta vez no sé qué hacer, no tengo respuesta.

Yo supongo que esto será parte del proceso de humanización. Sí, esa es una buena explicación. Ahora, si me pongo a recordar el dolor de aquel disparo que me hizo el policía cuando llegué, o el miedo que sentí cuando me atacó el demonio, o la tristeza del poco significado de las fiestas de Navidad para algunas personas, ahora, recordando todo eso, pienso que ninguna de esas emociones me impactaron tan fuerte como éste enamoramiento.

Yo siempre he sentido amor, pero un amor divino, hacia alguien divino. Pero desde que regresé nunca había sentido amor en el sentido humano. Mejor dicho, sentía amor hacia todos los seres, en especial hacia los humanos, porque era parte de mi naturaleza de ángel. Lo que nunca había sentido era esa sensación de cariño intenso hacia una sola persona, era como estar ciego, no poder ver a nadie más que a esa chica de hermosa sonrisa que se acercó a preguntarme la hora. Me sentía preso, encadenado a esa mirada, sin poder ni querer escapar. Estaba hipnotizado, ahogado en una mezcla de felicidad y dolor.

Valía la pena todo lo que me había sucedido desde mi regreso a la tierra, incluso la amnesia, todo cobraba sentido en ese breve e inmortal encuentro con esa chica. Rafael tenía razón “Todo pasa por algo.”

Pero, haberla perdido tan pronto, sin poder saber si quiera su nombre, era un dolor insoportable, superior a cualquier herida física que sufriera hasta ahora.

No sé que hacer.

Me costó mucho regresar a mi casa, venciendo la tentación de volver hasta esa calle y ver si ella estaba ahí.

Pasé varias horas inmóvil, pensando en todo esto, y finalmente decidí que, si no volcaba mis emociones de alegría y dolor en palabras, iba a volverme loco, sin poder entender lo que sentía.

Por eso escribí estas líneas, para poder volver a respirar.

Me siento más aliviado, aunque sigo bastante confuso. Pero lo agradezco.

Agradezco haber tenido la oportunidad de ver, al menos por diez segundos, el hermoso e inolvidable rostro del amor humano, y también agradezco sentir esa maravillosa confusión que genera estar real y felizmente enamorado.

Me voy a dormir, con la seguridad de que, al menos en mis sueños, ella va estar esperándome, como yo la espero a ella en la vigilia. Estoy enamorado.

Y es increíble.


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Empleo oscuro.

“Estoy a fines de enero. La fiebre de las fiestas de fin de año parece haberse esfumado, pero ahora pienso que prefiero seguir contemplando esa fiebre antes que ver dos veces lo que vi esta mañana. Puedo decir que vi el desarrollo de una de las peores tareas que un ángel puede desarrollar. Van a entenderlo cuando lo cuente.

Esta mañana salí, como es mi costumbre ahora, a dar un paseo con la intención de seguir aprendiendo sobre los humanos y tal vez encontrarme con otro ángel. Cerca del mediodía estaba a punto de cruzar una calle cuando un hombre me apartó de un empujón y cruzó a toda velocidad … O al menos lo intentó. Lo hubiera logrado si un automóvil no hubiera aparecido y luego frenado de golpe intentando evitar el choque. Pero fue inevitable. Todo sucedió en un segundo, un segundo q resultó ser fatal para el desafortunado hombre atropellado. Sin embargo, no era un accidente, porque pudo haberse evitado, pero no me corresponde a mí cargar culpas a nadie, sólo hacer notar que pudo evitarse, es todo, aunque mi amigo, el ángel Rafael, diría que “todo pasa por algo“. Y tiene razón. Volviendo a lo ocurrido, me disponía a ir a auxiliar al hombre atropellado cuando alguien me sujetó por el hombro, y, por segunda vez en menos de diez segundos, me apartaron aun lado de un empujón.

La persona que me había empujado era un hombre joven de cabello oscuro hasta los hombros y ojos grises y profundos. Parecía no pasar los treinta años, pero algo en su modo de moverse y en su mirada me hizo pensar que podía tener más de cien años, y que lo conocía de algún lado. Tenía la mirada de alguien que está por hacer algo desagradable o doloroso pero no puede evitarlo. Se dirigió directamente al hombre que estaba tendido en la calle, malherido y sin duda alguna, agonizante. Apartó a algunas personas que rodeaban al hombre y se inclinó sobre él. Yo me acerqué sintiéndome impulsado por una especie de llamado. Ambos estaban ahí. El hombre moribundo murmuró algo y el otro le contestó sonriente. En ese momento vi que de la espalda del joven surgían un par de alas de plumas de color gris oscuro…

El hombre herido sonrió y luego cerró los ojos. Todo su cuerpo se relajó y quedó inmóvil. El ángel de alas oscuras se levantó, y junto con el, lo hizo el espíritu del hombre fallecido, sólo que ahora su rostro sonriente irradiaba paz, aunque los demás no pudieran verlo. El ángel dijo a las personas que estaban allí que pidieran una ambulancia pero que el hombre había muerto. Luego se abrió paso entre la multitud y se alejó, con el espíritu del hombre a su lado. Nadie se volvió a fijar en ellos. Tal vez por eso no notaron que ambos desaparecieron en un destello de luz blanca.

Unos minutos pasaron, durante los cuales llegó una ambulancia y se llevó el cuerpo del hombre, que ahora me parecía una simple cáscara vacía, un policía interrogaba al dueño del automóvil, el cual parecía confuso y terriblemente desgraciado. Quise acercarme a él pero la policía no me dejaría hablarle, así que, aprovechando la confusión, volví mi cuerpo tan invisible como lo eran mis alas y me acerqué con cuidado para no asustar a nadie. Cuando finalmente llegué junto al hombre, le coloqué la mano en el hombro y murmuré, sólo para él: “No te angusties tanto, no fue tu culpa, de hecho intentaste evitarlo. Esto ya estaba destinado a suceder y un amigo mío dice que todo pasa por algo. No sufras más de lo que necesites. No te mueras con tus muertos. Viví”. El hombre miró por encima de su hombro y no vio nada, luego descubrió una pequeña pluma blanca a sus pies y se la guardó en el bolsillo. Cuando volvió a dirigirse al policía, estaba más sereno.

Sentí que alguien me miraba, lo cual era extraño porque aún era invisible. Entonces vi a unos metros más allá de la multitud al ángel de alas grises. Sin dudar, me acerqué a él, pero antes que pudiera saludarlo me dijo:

-Debo decir que me sorprende encontrarte en este lugar, tenía entendido que estabas cumpliendo una misión. Parece que no soy el único ocupado en estos días. ¿Porqué esa cara de sorpresa? Diría que no sabés quien soy.

Su voz era profunda pero reconfortante. No pude evitar encogerme de hombros y responder:

-No, la verdad, no sé quien sos. Tuve unos cuantos problemas al llegar a la tierra y no sólo no pude cumplir mi misión sino que además perdí la memoria. Ni siquiera recuerdo mi nombre. Si lo sabés, agradeceré que me lo digas.

-Lo que sepa, no voy a decirtelo. Podría influir en tus acciones o decisiones. Tu nombre, tu identidad es algo que te concierne sólo a vos y a nadie más le importa si lo descubría o no, sólo a vos y de vos depende.

Luego agregó:

-Lamento ser tan duro, pero es lo mejor en tu caso.

-No esperaba menos de un ángel de la muerte.-Sonreí ligeramente.

-Gracias. Imagino que te fue fácil reconocerme con lo que acaba de suceder. De todos modos, yo te reconocí al instante.

-¿Cómo? ¿Ya me conocías?-me extrañé.

-Supongo que no te acordás… Yo fui quien se llevó tu alma al cielo cuando moriste.

Durante unos momentos no pude hacer nada más que sorprenderme y esforzarme por reconocerlo. Fue inútil, mi memoria tenía una de sus habituales e inoportunas lagunas.

-No deberías preocuparte tanto-dijo él al notar mis esfuerzos-. La memoria se modifica bastante cuando se va al cielo, se recuerdan sólo a las personas queridas o que significaron importante algo en la vida terrena.

-¿No es lo mismo una persona querida que una que significó “algo” en la vida?

-No, un amigo es una persona querida, pero ese compañero de trabajo que siempre hacía mejor su tarea que vos fue una persona significativa, porque te impulsó a querer ser mejor, a esforzarte por una buena causa: el conocer tus propios límites o la ausencia de ellos.

-Ah, creo que ya entiendo… ¿Entonces, tu trabajo es llevarte las almas de las personas que mueren?

-Sí, básicamente es eso.

-¿Todas las llevas al cielo?

-No, algunas deben pasar un tiempo en el purgatorio para “revisar” su estado al momento de morir.

Ah, ¿y lleva mucho tiempo?

-No, menos de lo que se cree, se revisa si la persona había cumplidos sus metas y sueños y cómo lo había, hecho, porque no es lo mismo cumplir un sueño esforzándose todos los días que cumplirlo de la noche a la mañana pisoteando los sueños de otros, buscando atajos, o lastimando a los demás y a uno mismo. No importa sólo el resultado sino los medios, ambos son igual de importantes para saber si una persona merece o no lo que va a recibir por llegar a la meta, ya sea la una medalla, un agradecimiento, o la entrada al cielo.

-Los medios importan tanto como el camino y la meta.

-Buena síntesis.

-Gracias. Entonces, ¿yo fui al cielo directamente o tuvieron que “ revisar” mi alma?

-No puedo contestarte eso, es algo que sólo se guarda en la memoria de cada uno y se borra de la memoria del ángel de la muerte encargado de transportar a esa alama.

-¿Entonces cómo podes recordarme?

-Recuerdo que transporté tu alama, pero no hasta donde ni si fue revisada o no. Lo que haya pasado después de que llevarme tu alma y hasta encontrarte luego convertido en ángel no puedo recordarlo, imaginate que si recordara los pormenores de cada alma, mi memoria tendría tantas lagunas como la tuya ahora.

-En definitiva, ni mi nombre, ni si fui directamente al cielo o pase antes por el purgatorio, nada. No podés ayudarme a recordar.

-Tu alma es tuya, así como tu memoria, si vos no encontrás el modo de recuperarla, nadie va a poder.

-De todos modos, sé que hay una razón para habernos encontrado. Estoy seguro.

-Tal vez era para que, al ver lo que sucede al morir, conocieras un poco más y pudieras entender el misterio de la muerte, que no es el fin, sino el inicio. Además sirvió para ver que los ángeles a veces tiene tareas tan duras y difíciles como muchos humanos, que no es sólo volar de un lado a otro, es vivir, ver morir y aprender.

-No sabía que los ángeles de la muerte acumulaban sabiduría con los años. Es muy buena.

-No es necesario ser ángel de la muerte ni tener muchos años (al menos en tiempos humanos) para tener sabiduría, basta con aprender a observar con atentamente las pequeñas cosas, escuchar todo y a todos y hablar un poco menos. De todos modos la sabiduría no es mía, viene de Dios, pero nos la transmite mediante ángeles o humanos, sólo hay que saber escuchar.

Yo lo observé durante unos segundos y tuve que admitir que tenía razón.

-Es hora de que me vaya- dijo él de pronto-. La personas mueren mucho más seguido de lo que nos gustaría. Pero es nuestra tarea darles un poco de paz y siempre una esperanza. Mientras puedas dar esperanza, vas a seguir siendo ángel, aún cuando no recuerdes ni tu nombre. Hasta pronto.

Volví a observarlo y pensé que cualquiera fuera la razón de que me encontrara con él, había sido una buena experiencia y una buena “charla de ángeles”.

-Nos vemos. Y gracias por todo… Sitael.*

-Sabía que lo ibas a descubrir-sonrió-. Hasta pronto.

Lo vi alejarse y luego me dirigí hacia el centro de la ciudad, quería pasear y pensar un poco en todo lo que me había dicho.

“Mientras puedas dar esperanza, vas a seguir siendo ángel…”. Tenía razón.

Instintivamente metí la mano en el bolsillo de la campera. Saqué una pluma de color gris oscuro brillante. Sonreí. A varios kilómetros de distancia, un ángel de la muerte llamado Sitael descubría una pluma blanca y brillante en su bolsillo. Y sonrió. Sonrió… a pesar de que acaba de presenciar la muerte de su siguiente “misión”.

Él sabía que estaba a punto de brindar una esperanza. Y eso es suficiente motivo para sonreír.


*Sitael, el nombre de éste ángel significa “Dios esperanza de todas las criaturas”. No hace falta agregar más.

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Una extraña costumbre


“Estoy a mediados de enero. Han pasado poco más de dos meses desde mi regreso a la tierra. El tiempo tuvo altibajos, se aceleró por momentos y se detuvo en otros, siempre dependiendo de mi estado de ánimo o situación. Por ejemplo, apenas llegué, me ocurrieron tantas cosas en tan poco tiempo que no alcanzaba a comprender una que me ocurría otra, pero, por fortuna, últimamente las horas pasan muy lentas, ya sea porque estoy acostumbrándome a vivir nuevamente en la tierra o porque sigo pensando en muchas cosas que aún trato de entender, y el tiempo casi siempre pasa más lento cuando uno piensa en algo tratando de entenderlo.

Voy a compartir un fenómeno un tanto extraño que he observado pero no alcanzo a comprender, una especie de “fiebre” en torno a las llamadas fiestas de fin de año. Mejor, me explico, o al lo describo para ver si así logro comprenderlo.

A fines de noviembre e inicio de diciembre comencé a notar que muchos locales comerciales decoraban sus vidrieras con cintas rojas, árboles de pino y un extraña figura de un hombre gordo vestido de rojo con una bolsa de regalos al hombro. Debo admitir que me sorprendió muchísimo que ese hombre estuviera tan abrigado con ese traje rojo y blanco y las personas que cruzaba por la calle no pararan de comentar el sofocante calor que hacía. Francamente, me pareció contradictorio y bastante incompresible.

Continuando con mis observaciones, debo decir que solamente entendí el motivo de tantas decoraciones cuando vi carteles que decía “Feliz Navidad” y “Felices Fiestas”. Así y todo, tuve que esforzarme mucho para recordar el significado que tenían esas fechas para gran cantidad de gente. Había sido un ángel tanto tiempo que la fiesta de Navidad (junto con la de Pascua) había adquirido un significado diferente, porque había comprendido su esencial, su sentido real (sentido que cada uno debe descubrir para poder vivir la fiesta como lo que es, una fiesta, aunque esto no es sencillo, cada uno lo vive diferente y eso también es enriquecedor).

Volviendo a lo que estaba hablando antes, las fiestas de fin de año parecían tener un efecto de aceleración en las personas: caminaban mucho más apuradas de lo normal (si eso es posible), como si trataran de ser las primeras en llegar a determinado lugar o en terminar algo difícil. Además, gastaban mucho dinero en regalos, tratando tal vez de congraciarse con sus destinatarios o de disculparse. Muchos comentaban en voz alta lo mucho que habían gastado en determinado regalo, esperando que les elogiaran su generosidad. También oía que hacía planes para reunirse en determinada casa y prometía una comida muy abundante.

Respecto a la comida debo mencionar que no era abundante sino excesiva. Además eran costosas y como, eran comidas navideñas típicas de países fríos, tenían muchas calorías, razón por la cual los comensales sufrían el calor del verano y el que les ocasionaba la comida adoptada para la ocasión.

Recuerdo que, de esas comidas, mi favorita eran las barras de chocolate con maní, no me importaban ni las calorías ni el hecho de que me diera sed inmediatamente después. Era un momento mágico. Me alegra poder recordar algo tan simple pero tan especial, es bueno saber que mi memoria no tiene tantas lagunas el día de hoy.

Haciendo resumen de mis observaciones, acabé pensando que las fiestas de fin de año se habían vuelto una cuestión muy comercial y un tanto egoísta: los negocio aumentaban al doble sus precios, las personas hacían actos de “generosidad” cuando sabían que iban a recibir elogios por ello, se comía como si fuera la última vez, se cuidaban de saludar a los conocidos para luego pasarse el resto del tiempo recordando que ahora les correspondía a los demás saludar, se brindaba por la familia y luego se discutía por quien organizaba la fiesta el próximo año.

Ya adivinarán que todas estas observaciones acabaron deprimiéndome terriblemente. Y al sentirme así, me di cuenta de que esa emoción era resultado del extraño proceso de “humanización” que venía afectándome desde poco después de mi regreso a la tierra. Me pregunté cuando acabaría ese proceso, y si el resultado sería, como imaginaba, que , dejaría de ser un ángel, visible o no, y me convertiría en un humano normal, bueno, tan normal como puede esperarse de alguien que era un ángel antes. Entre este proceso y lo que veía eran las fiestas de fin de año, empecé a pensar que sería muy difícil seguir actuando como ángel o sintiendo como tal si me volvía humano. No es que fuera malo ser humano, pero no quería cometer los mismos errores que cuando era uno, esperaba que ser ángel me volviera un poco más sabio. Creo que no lo conseguí. Me siento como si hubiera perdido una oportunidad que me daban de aprender de mis errores. Es muy deprimente.

Mientras caminaba de regreso a mi departamento, ubicado en un edificio de oficinas abandonado recientemente, tanto que hasta el servicio de teléfono e internet funcionaban, un niño se me acercó. Antes de que pudiera saludarlo siquiera me tendió una pequeña estampa y me deseó feliz navidad. Inmediatamente busqué mis bolsillos y encontré un puñado de monedas y unos caramelos que sabía no estaban allí antes. Se lo di devolviendo el saludo. Continuó su camino y apenas había dado algunos pasos cuando escuche que gritaba de sorpresa y alegría. Me volví y él me mostró una pequeña pluma blanca que agitaba en su mano. Riendo de pura felicidad siguió su camino y yo el mío.

“Si sigo así, me voy a quedar sin plumas antes de un año”, pensé con una mezcla de alegría e inquietud. Luego decidí que no me importaba tanto perder las plumas, a pesar de que no lograba descubrir la causa de que se fueran cayendo. Seguramente tenía que ver con el proceso de “humanización” pero sin embargo sentía que no estaba del todo claro. Decidí esperar un poco más a ver si descubría la causa del “desplume” por así decir.

Miré la pequeña estampa y sonreí. Era una imagen de un pesebre con una frase: “Que tus esperanzas para esta nueva etapa se cumplan, que los desafíos no te detengan, que no pierdas nunca tu fe y que siempre te guíe el amor. ¡Feliz Navidad!”

Me reí sin saber muy bien porqué, sintiendo una oleada de esperanza, guardé la estampa en el bolsillo y continué mi camino a casa, sonriendo.

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Proceso peligroso

“Es lunes por la noche. Hoy fui a visitar, como si ya hubiera estado programado anteriormente, a un anciano de edad indefinida que en otro tiempo fue un ángel, pero sufrió los efectos de la “humanización” (al menos así lo llamo él). La causa de tal visita fue que después del incidente con el adolescente y la navaja me rondaba una duda muy evidente en la mente: El chico me había herido con la navaja y ya había sangrado. Cabe aclarar ahora que los ángeles no tenemos sangre-al menos, no en el sentido humano-, lo que corre por nuestras venas es amor, esperanza, o la fuerza o razón que nos impulse a seguir. En teoría, tampoco sentimos dolores físicos. Pero la realidad desmiente la teoría.

Confuso por estas sensaciones, empecé a preguntarme quien podría ayudarme a aclarar mis dudas.

El refrán que dice “Cuando el alumno está listo, el maestro aparece” tuvo en mi caso una pequeña variación, yo no era exactamente un alumno, pero igualmente necesitaba una guía, sino un maestro, al menos alguien que hubiera pasado por la misma situación. Y lo encontré.

Esta mañana pasaba por un negocio cuando oí a un hombre anciano decir: “Era más fácil ser un ángel, no tenía que lidiar con nada más peligroso que un demonio.”

Me quedé unos segundos inmóvil, observando al hombre y luego entré al negocio.

-Tus alas lleven esperanza y ayuda allí donde te llamen.-saludé yo.

Él me miró unos momentos, sonrió y dijo:

-Que la esperanza sea tu viento y el amor tu dirección.

Me abrazó como a un viejo amigo y dijo:

-¿Cómo supiste que era un ángel?

-Lo ví en tus ojos. Además, hay muchas imágenes de ángeles, como ese calendario de la pared.

-Es verdad, ambas cosas. En fin, ¿pasabas por acá de casualidad?

-El destino a veces se disfraza de casualidades que deben ser interpretadas.

-Es verdad-sonríe él-. Ahora, imagino que no viniste a comprar tomates, sino que hay algo más.

-Sí… quiero zanahorias también- Reí. Luego me puse más serio-. Usted dijo recién que era mejor cuando era un ángel. ¿Lo fue hace mucho? ¿Qué le pasó?

El hombre me miró un largo rato, como decidiendo qué decir o cuando. Al fin dijo con voz suave:

-Sí, yo fui un ángel hace mucho tiempo. Vine a la tierra con una misión: salvar la vida de una niña… Pero no pude lograrlo, un ángel de la muerte fue más rápido que yo.

-Creí que los ángeles no podíamos intervenir en las misiones de otros ángeles.

-Es así, pero éste ángel no fue enviado por Dios sino por el Demonio, y cumplió su tarea usando la fuerza del mal, cambio el modo en que iban a suceder las cosas y la niña resultó muerta, porque yo no supe prever que ése ángel haría lo imposible para obtener el alma de la niña. Actué de una forma que ya conocía, aún cuando sabía que todo había sido cambiado y mi actuar no iba a servir de nada. Fue un error de mi parte, un error que le costó la vida y el alma a esa niñita. Jamás pude repararlo ni perdonármelo. Lentamente, casi sin darme cuenta, me dejé vencer por la pena y el remordimiento, fui deprimiéndome y experimentando todo tipo de dolores, hasta que llegó un día en que sentí que el cuerpo no me respondía, que el corazón iba a estallarme, lo que se considera una “descompensación cardíaca”. Fue un momento aterrador, por la sorpresa de sentirme tan vulnerable… tan humano. Me vi obligado a visitar a un médico, algo que no hacía desde que estaba vivo, desde que era un humano común. Me recomendó reposo y unos medicamentos cuyo efecto no recuerdo bien. Cuando regresé a mi casa (imagino que sabrás que mientras cumplimos nuestras misiones en la tierra ya tenemos preparado un lugar para quedarnos hasta acabar nuestra tarea), me acosté en mi cama y comencé a pensar sobre lo que sucedía. Me resultó muy extraño, en primer lugar porque yo era un ángel, y se supone que no sentimos dolores físicos ni espirituales porque tenemos una fuerza que nos guía, una fuerza única en cada ángel. Estuve mucho tiempo pensando sobre el posible significado de todo lo que me sucedía, hasta que entendí que al dejarme llevar por el remordimiento y el dolor había terminado por consumir mi fuerza, de hecho, yo estaba tan cegado por el dolor que no había notado que mis alas habían ido desapareciendo lentamente, lo mismo que los dones de curación, de sabiduría, de consejos, todos, hasta que ya era tarde… nunca supe cómo recuperarlos.

-¿No intentó pedirlos…? ya sabe, rezar-dije algo inquieto, como si supiera lo inútil de mis palabras.

-No, porque no perdí mis dones por ayudar a alguien o cumplir mi misión, los perdí porque no supe mantenerlos o valorarlos. Olvidé que eran regalos para compartir, me encerré en mi propio y egoísta dolor y descuidé mis regalos, los dejé oxidarse cuando debí usarlos con más fuerza para ayudar a otros. Pero no pude ni ayudarme a mi mismo. Con el tiempo fui olvidando muchas cosas de mi vida de ángel, tratando de amoldarme de nuevo a la vida en la tierra. El proceso de “humanización” había terminado. Desde entonces, vivo en este lugar y atiendo esta verdulería.

Nadie dijo nada por un momento. Noté que estaba melancólico. Quería decirle algo para animarlo pero nada me parecía lo suficientemente adecuado. Finalmente le dije:

-Creo que yo también estoy pasando por ese proceso.

-¿Cómo? Explicame, por favor.

Le conté todo lo que me había sucedido desde mi llegada hasta el incidente de la noche anterior en el boliche.

-¿Se da cuenta?-concluí con un ligero tono de nerviosismo- Ahora estoy confundido, y hasta puedo ser herido y sangrar como cualquier persona. ¿Qué puedo hacer?

-No desesperarte, no rendirte, no revolver el dolor en la herida porque se va apoderar de tu mente y tu corazón y al final sólo vas sentir dolor, nada más, vas a estar tan encerrado en tu propio sufrimiento que no vas a advertir los regalos de la vida que podés llegar a perder. Yo era un ángel pero me rendí al dolor egoísta y me volví humano, pero humano en el sentido de importarme sólo yo mismo, de no ver las oportunidades de ayudar a otros. Preferí sentir lástima por mi mismo que enfrentarme al dolor y de superarlo para salvarme a mí y luego estar listo para salvar a otros. No cometas los mismos errores que yo. No es malo ser humano, pero volverse humano solo por abandonarse al sufrimiento en lugar de ser el humano que lucha contra si mismo si es necesario, eso es ser un humano cobarde. El humano que lucha aún contra el dolor más grande es también un ángel, un vencedor.

Lo miré por un momento. Nunca había visto tanta determinación y sabiduría en los ojos de nadie, excepto Dios. Parecía sentir como una obligación de ayudarme a que yo no repitiera los errores de él. Sentí que se preocupaba. Lo miré a los ojos.

-Gracias, por todo.-dije sonriendo.

-Por nada, realmente soy yo quien agradece que hayas aparecido. Siento como si tuviera otra oportunidad de ayudar a alguien.

-Siempre hay segundas oportunidades para ayudar, más si uno las busca intensamente como usted lo hizo, aún sin darse cuenta de que lo hacía.

Él me tendió la mano y yo se la estreché. Cuando lo solté, algo blanco y brillante quedó en su mano. Una pluma blanca. Él la contemplo, luego me sonrío y la guardó en su bolsillo.

-Antes de irme quiero pedirle algo.-dije.

-Lo que quieras.

-¿Puede darme un kilo de zanahorias y otro de tomates? Tengo ganas de comer ensalada.”







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