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Nostalgias: el mundo de Mafalda

Como tantos otros crecí leyendo Mafalda. Y mis chicas también lo hicieron : a pesar de los saltos generacionales, cada una de ellas tiene su coleccion de libros de Mafalda.

Para los que quieran recordar, van dos animaciones de la tira, la primera sobre el ser mamá, y la segunda quizás explique porqué a algunos nos surgió desde pequeños la conciencia gremial.

Ecos de un poeta en mi vida

Para despedir a don Mario Benedetti, devenido amigo y compañero de tantas horas de muchos de nosotros , quisiera postear dos poemas suyos que quiero entrañablemente, uno llamado “Preguntas al azar” y el otro ” Nunca la mirada”.

Son esos dos poemas los que encontre marcaditos con un papel , un afiche de propaganda rasgado unos meses después de que muriera mi padre, en uno de los libros Inventario que yo tenía.

Al abrir el libro y encontrar esas marcas, recordé la imagen: mi viejo en su última visita, poquitos días antes de morir, había estado sentado en el sillón leyendo justo ese libro.

Supe entonces que las marcas eran suyas y que no se había ido tan sin decirme nada como yo pensaba. Y supe que esas palabras eran parte de la despedida. Igual que hoy.

Preguntas al azar


¿Cuánto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?
¿le pregunto al azar
acaso porque sé
que el azar no responde?

y así y todo
el azar
¿es realmente un azar?

aún no he movido el rey
y la torre está quieta
o sea que hasta aquí
puedo enrocar mis riesgos

no instruí a mi reloj
para mañana
no hay por lo tanto garantía
de despertar a tiempo

por otra parte
sé proteger el sueño
con mis gastados párpados
de manera que puedo arrimarme soñando
a esa espléndida nada
nada prometedora

la misma nada en que se despeñaron
mis hermanos de siempre
también los bienvenidos
que un día se malfueron

entre otros mi padre con su asfixia
y su postrer mirada
de candoroso pánico

¿qué diferencia podrá haber
ahí en tan hueco enigma
entre las vidas transparentes
y las compactas de asco
entre los tiernos pechos
de la hermosa lujuria
y los verdugos con medallas?
¿habrá acabado la noticia?
¿terminado el pronóstico?
¿borrada la memoria?
¿degollado el futuro?
la sobornable amnesia
del imposible dios
¿será infinita?

¿tal vez la única igualdad posible
entre yo mismo y la inminente
carava de prójimos
será el no ser
el no existir?

¿nadie será ni más ni menos
inexistente que otros?
¿o por ventura o desventura
habrá tal vez un colmo
de oscura inexistencia?
¿una nada más nada
que las otras?

ante tan humillante incertidumbre
¿no sería mejor
confiar tan sólo en nuestras huellas
nuestro jadeo nuestro limo
en el amor que desentrañan
dos vértices de musgo
en los odios y los mitos que inventamos
en las palabras como norias
en las palabras como sueños?

antes que el indecente
rasero igualitario
del no pensar
el no existir
no amar
no disfrutar
no padecer
¿no será preferible
la sideral distancia
que separa
lo justo de lo injusto?

francamente me asquea
la rara vecindad de mi no ser
con el canalla ahora inexistente
mi próximo no prójimo
en el amplio vacío

¿cúanto me queda?
¿siete? ¿diez? ¿quince setiembres?

¿y qué es después de todo
eso que espera?

¿la noche interminable?
¿un sol sin atenuantes ni crepúsculos?
¿la calima tediosa?
¿la noche? ¿alguna noche?
¿la noche como muro?

lo cierto es que no tengo
con respecto a esa noche sin murciélagos
ninguna expectativa o esperanza

¿o será que la muerte
no es realmente mi noche predilecta?

le pregunto al azar
al mudo
sordo
ciego

le pregunto al azar
le pregunto al azar

desalentadamente
le pregunto al azar
que no responde

¿estará mudo sordo ciego?

¿o
para nuestro escarnio
habrá muerto
el azar?

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Nunca la mirada

Hace tanto que pasé mi ecuador

los años bajan como rompehielos

traen edictos nada promisorios

el pellejo es conciso y elocuente

tiene arrugas y manchas desgarbadas

lunares sospechosos y en capilla

es archivo de tactos y contactos

registra las caricias

dadas y recibidas

fue tieso y joven

eso dicen

la luna asoma

la creciente

la de los locos y murciélagos

creciente sólo para recordármelo

hace ya tantas lunas

que pasé mi ecuador

los ojos cambian

nunca la mirada.