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La guerrera

Imagen: La voz de la sangre – Magritte

De repente, hace un tiempo, la máquina de las pesadillas ha cobrado vida una vez más y los fantasmas más temidos la rodean, la acechan, variando solo la ferocidad de su apariencia, mutando para sorprenderla y acosarla aún más. 

Aquellos pensamientos obsesivos de fatalidad, dolor, miedos, culpas nuevamente giran y giran espiralados en su cabeza como compitiendo entre sí para tomar el centro y el comando de la escena, amplificándose, distorsionándose, deleitándose en detenerse para ser mejor registrados por su maltrecha mente.

Ella, conociendo los síntomas, intenta relajarse, poder pensar, racionalizar, pero de antemano sabe que el primer round seguro estará perdido. Los fantasmas la conocen de sobra, saben dónde duele, y cuanto.  Se abandona a sentir ese dolor por unos días, aunque quizás muchos ni lo adviertan. Y no culpa a nadie, ojo,  bien que ha aprendido a caminar sus días intentando que no todo esté contaminado. No es que disimule, no, no es eso. Es sólo como que su existencia tuviera varios planos y algunos, no sólo ese que duele tanto sino varios más, no saltan a la vista para el común de los mortales. Además ya sabe, no es la única, tantas veces ha sido testigo o confidente de heridas de esas a las que cuesta asomarse en otras personas. Muchas veces, curiosamente, de  las personas más íntegras y más solidarias que ha conocido.

Pero la cuestión  es que esta vez la crisis está siendo más fuerte y va aflorando a los planos más superficiales, contaminando todo, dejandola sin energías para la cuestión cotidiana. Ya comienza a sentir que la han derrotado, que esta vez no podrá, que la melancolía la traga… 

Así llega otra vez ahi , a ese sexto piso ascensor mediante, a ese lugar donde a veces, por misteriosa alquimia de palabras y escuchas y silencios, algo pesado de su carga se modifica, algo puede ser significado de otra manera, un lugar donde se le han ocurrido hasta pactos secretos con los monstruos para circunscribir el ataque  y liberar en parte sus fuerzas. Pero claro, como no pensarlo, si hasta sus monstruos la necesitan… o ¿que sería de ellos si un dia lograran agotarla?  Se sonrie al salir mientras va teniendo estos pensamientos absurdos, piensa que ha logrado salvar de los naufragios el humor, aun cuando sea tan negro que a veces parezca sarcasmo. Ella sabe que ese humor, como sea y aunque no guste a nadie, es algo que debe salvar porque a su vez la rescatará.

Sale a caminar por la rivera de La Cañada, una vez más, los ojos aun ardiendo , pero el alma más ligera. Respira hondo, guarda para sí esta sensación tan profunda y sanadora que resurge en su interior de ser una guerrera cansada pero valiente . Y sonríe  nuevamente, dejando que el aire puro la colme, la calme.

La guerrera vuelve al camino esa tarde, juntando lo que queda de sus fuerzas, sus razones y su luz. Y sale volando a buscar la buena gente querida, esa que siempre  ilumina, para compartir la buena noticia.

Pa que no canten los funestos

Anillos de ceniza

Son mis voces cantando
para que no canten ellos,
los amordazados grismente en el alba,
los vestidos de pájaro desolado en la lluvia.

Hay, en la espera,
un rumor a lila rompiéndose.
Y hay, cuando viene el día,
una partición de sol en pequeños soles negros.
Y cuando es de noche, siempre,
una tribu de palabras mutiladas
busca asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio.

(Alejandra Pizarnik)

Juanito Laguna ciruja, de Antonio Berni

El tiempo que se nos va

Es difícil entender que la enfermedad te irá poniendo cada día más lejos nuestro. Que te irás ausentando. Que tus respuestas serán cada día más tristes, aún cuando ahora ya me parecen tristísimas.
Duele aceptar que te cueste tanto sentir nuestro calor y nosotras tengamos tanta dificultad para sentirte cerca, queriéndonos. Ahora, pero también antes, ahora como otras veces.
Es triste saber que esta ausencia progresiva impedirá para siempre que sepas cuánto, de qué modo, te hemos necesitado. Y creo que nunca pudiste comprenderlo, además. No podías sentir nuestro calor. No podíamos sentir el tuyo.
Siempre ese muro tuyo fue difìcil de atravesar. Siempre nosotras siendo pequeñas asustadas por tu alto muro.
Aún ahora, no nos animamos a sortearlo de una buena vez. Ni siquiera ahora, ni siquiera en esta hora.
Nos estamos perdiendo el milagro del encuentro, definitivamente. El tiempo se nos va.

Antes de la pausa ….

El pasado no es tanto lo que fue sino la reconstruccion que hacemos de él, la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre él. Podemos elegir, me parece, hasta cómo ver nuestro pasado y por tanto también nuestro presente.

Podemos encontrar muchos modos de ver y sentir lo que nos sucede o sucedió. Y el modo que elijamos tiene que ver con lo que estamos siendo.

Este post me nació nomás, sin mayor sentido, ahora que de repente recordé unos sueños que tuve anoche.

Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
Se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria,
se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan
a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada
y a pesar de todo
hay que sobrevivir.

Recuerdos que volaron lejos
o que los armarios encierran;
cuando está por cambiar el tiempo,
como las heridas de guerra,
vuelven a dolernos de nuevo.

Los recuerdos tienen
un perfume frágil
que les acompaña
por toda la vida
y tatuado a fuego
llevan en la frente
un día cualquiera,
un nombre corriente
con el que caminan
con paso doliente,
arriba y abajo,
húmedas aceras
canturreando siempre
la misma canción.

Y por más que tiempos felices
saquen a pasear de la mano,
los recuerdos suelen ser tristes
hijos, como son, del pasado,
de aquello que fue y ya no existe.

Pero los recuerdos
desnudos de adornos,
limpios de nostalgias,
cuando solo queda
la memoria pura,
el olor sin rostro,
el color sin nombre,
sin encarnadura,
son el esqueleto
sobre el que construimos
todo lo que somos,
aquello que fuimos
y lo que quisimos
y no pudo ser.

Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos
de sus vidas.

La mano

Ella quiso estudiar Psicología y por eso fue a vivir a la ciudad. Pero los militares decidieron cerrar esa carrera, justo aquel año . Claro, era el 76.

Su madre le propuso seguir Medicina que total, estaba dentro de lo mismo, algo así le dijo. Y ella aceptó supongo que sobre todo porque no quería volver a vivir a su casa. Había soñado mucho con esta independencia y ya no podía con tantas situaciones difíciles que se vivían en su hogar. Había soñado conque allí, lejos de la rigidez de su casa podría ser un poquito más feliz.

Medicina no le gustaba para nada. Ella que siempre había sido tan estudiosa y de repente no podía retener bien los contenidos ni bancarse el sistema de enseñanza y la presencia militar en la facu; no se sentía cómoda con sus compañeros ni con sus docentes. Había vivido más que protegida pero podía advertir que algo muy oscuro estaba pasando alrededor. Además, los que venían del interior como ella, eran muy resistidos por los de la capital, tanto era el miedo que se palpaba.

En la pensión donde vivía, adonde llegó aquel marzo del 76, la dueña gustaba mucho de contarles historias de terror antes de que se fueran a dormir. Que a la noche se habían llevado dos o tres de acá a la vuelta, que los tiros que se habían escuchado eran de tal lugar, que ella conocía, que era una familia subversiva y que se habían llevado a todos, siempre con ánimo totalmente favorable a la represión, claro. Los huéspedes de la pensión no tenían privacidad alguna. La dueña entraba cuando quería y revisaba, cuestionaba la limpieza de las sábanas, o si algún libro no era de la carrera, decía que la comprometía.

Sus compañeras de habitación no compartían ningún interés con ella, no había afinidad alguna, la miraban como bicho raro.

Ella había soñado con la independencia de las reglas tan rígidas de su casa, pero estaba ahí, en una ciudad desconocida, repleta de tanques, donde después de las 9 no podía circular y sin saber bien donde ubicar sus posibles nuevos amigos.

Pasaban otras cosas, además. Alguna vez le tocó ir por una calle y descubrir de golpe que le gritaban y apuntaban, a cuadras de llegar a la pension. Esa vez le hicieron un largo interrogatorio y tuvo mucho miedo, aunque no pasó de eso. Ella no entendía por qué tanta historia con ella (despues hubo otras situaciones): eso lo supo mucho tiempo después, cuando conoció detalles de su familia extendida que hasta ese momento nadie le había contado. Pero esa es otra parte de la misma historia. < ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

El asunto que hoy recordé es que ella se comenzó a sentir profundamente escindida. No podía hacer casi nada de lo que quería y todo el tiempo además había que parecer más normal y común de lo que ella se sentía.

Estaba muy para adentro, no lograba relacionarse bien con la ciudad y sus habitantes. Tenía además cierto mal de amores adolescentes demasiado prolongado, las que en el secundario habían sido sus amigas estaban en otra y no lograba encajar en ninguna parte. Ella se sentía todo el tiempo como afligida y siempre estaba como “ida” de la realidad.

Y para esa época le comenzó a suceder, entre otras cosas, aquello de la mano. Si ella conversaba con alguien de algo que le interesaba, o quizás de algo ligero o amable o si intentaba ver television o cualquier cosa digamos agradable, su mano comenzaba a moverse sola, sin poder controlarla y ella notó como su mano por ejemplo escribía alguna lección que ella pensaba que debería estar repasando. O escribía su mano en el aire, a nadie, contando el miedo que tenía a los tanques. Y todo se desarrollaba al mismo tiempo, exasperantemente. Si cometía algún error al “escribir” su mano comandada por alguna parte de su cabeza “borraba” y volvía atrás, mientras ella seguía hablando procurando ser muy normal.

Su mano escribía en el aire, disimuladamente, sin que nadie lo notara pero con total precisión, todo lo que en realidad le preocupaba, lo que sentia como temor o como falta. A veces ni siquiera podía acostarse a dormir sin hacerlo “escribiendo”.

El síntoma se impuso y ella convivió con él hasta el día aquel en que estalló y se atrevió a hablar con su padre y decirle que le y se estaba mintiendo sobre su vida y su elección de carrera, que se sentía muy mal, muy triste y muy presionada. Y fue también hasta ese mismo día en que pudo hablar con su viejo alguna tristeza demasiado pesada para llevarla sola. Y pudo hablar con él de esto que estaba pasando en la ciudad además, y entonces su padre supo que no podría protegerla callando sino que era necesario por el contrario hablar.

Recién ahí, ella supo de verdad que tenía un padre y que había valido la pena y siempre lo valdría, confiar en él.

Y recién ahí su mano pudo volver a ser sólo una mano y no aquel inclemente recordatorio del dolor, las mentiras y la presión que procuraba ocultar.

La pasión

Escucharla es sentir su pasión, su desgarro, su fuerza, su sentimiento.

Ella es unica, completamente perfecta a mi juicio.

Ella es un exceso deslumbrante de talento y sensibilidad. Ella cantando nos duele, nos mueve, nos sacude, nos muestra lo que lleva adentro.

Es rock, es blues. Janis Joplin.

PD para M: (seguimos en asociacion libre, todo tiene que ver con todo y a su vez, con nada) Ud no es la unica enigmatica!!

Terapias: ecos de David Cooper

David Cooper fue uno de los fundadores de la antipsiquiatría, como Laing, como Foucault.

Alguien me prestó un libro de Cooper allá por los ochenta, demasiado joven quizás, me resultó sin embargo una lectura muy movilizadora. Yo venía de una familia con muchos afectos pero bastante loca, entonces leer “La muerte de la familia” fue algo que me produjo ecos fuertes.

Nada es casual, estos días he estado pensando mucho en Cooper. Quizás porque de ese hombre sabio y algo loco fue de quien primero tuve alguna referencia sobre la influencia de una sociedad (y su célula, la familia) enferma en la locura o psicosis individual.

Quizás porque siempre me ayudó lo de la mirada de lo colectivo, de lo social, en el análisis de la crisis individual, o de pareja o de familia.

Bueno, por lo que sea, me vino tanto a la mente en estos días, que busqué algo de él, un pequeño texto para que las palabras de Cooper revoloteen también por este blog.

Las imágenes y la música, en esta ocasión, serán aquellas que en cada uno evoquen estas palabras, si es que eso sucediera.

Ropas Negras

¿Por qué estoy de duelo, vestido de negro?
Duelo por las familias que tuve
por la locura que no tuve nunca
y ahora me permito
por la pérdida del amor en el mundo
por los destinos respectivos de mis padres
por el más pleno amor que conocí
y he destruido.
Pero por sobre todo estoy de duelo por
mi propia muerte
precisamente la misma muerte que vivo tenazmente.
Y estoy de duelo por la muerte del
amor en el mundo.
Y por la no-distinción entre la muerte y el amor
estoy de duelo por la no-distinción pero también
por el exceso de distinciones
estoy de duelo por mi propia incapacidad de
abrirme paso a través de todas las diferenciaciones del mundo
y hacer así del cosmos una sola actividad
estoy de duelo por la distancia aparente
de las estrellas y las galaxias porque no puedo encontrarlas
reunidas en un lugar que es mi corazón
que es el corazón del mundo.
Estoy de duelo porque los años luz que hay entre
nosotros y Andrómeda son un mito
en que la gente cree. Andrómeda está en nosotros y nosotros en ella.
Estoy de duelo por la escasez de una violencia
auténtica que nos libere asesinando
a la muerte, una violencia que amorosamente instale una bomba en
el corazón de la muerte.
Pero por encima de todo estoy de duelo por mi
propia muerte.
Aunque quizá sea esa otra mentira.
Quizá yo esté sólo de duelo.
Quizá yo solo esté.
Quizá yo pueda ser un ser que puede ser.
Pero quizás es sólo que estoy de duelo.

(De La muerte de la familia, 1971)< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Soy

Soy
una piedra
que lava el río:
pequeña,
cambiante,
de filosa
a redonda,
moviéndome
al ritmo de oleajes
secretos
de mareas propias
y ajenas.

Sueño
ser un pájaro
extraño y azul
y vuelo muy alto
a un cielo lejano
buscando
el árbol deseado
para descansar
del viaje.

Despierto
y soy la piedra
que lava este río
mirando
alucinada
los árboles de la orilla
poblados de pájaros
tan azules y extraños< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

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y va la musica que siento dice tambien de mi, de lo que soy….después de que escribió Maia, pude pensar cual era…..


Y la canción dice:

KILLING ME SOFTLY
Roberta Flack

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly with his song,
Killing me softly with his song,
Telling my whole life with his words,
Killing me softly, with his song.

I heard he sang a good song.
I heard he had a style.
And so I came to see him,
To listen for a while.
And there he was, this young boy,
A stranger to my eyes.

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly with his song,
Killing me softly with his song,
Telling my whole life with his words,
Killing me softly, with his song.

I felt all flushed with fever,
Embarrassed by the crowd.
I felt he found my letters,
And read each one out loud.
I prayed that he would finish,
But he just kept right on.

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly with his song,
Killing me softly with his song,
Telling my whole life with his words,
Killing me softly, with his song.

He sang as if he knew me
In all my dark despair.
And then he looked right through me
As if I wasn’t there.
And he just kept on singing,
Singing clear and strong.

Strumming my pain with his fingers,
Singing my life with his words,
Killing me softly with his song,
Killing me softly with his song,
Telling my whole life with his words,
Killing me softly, with his song.

Dictadura y Guerra de Malvinas: 2/4/82


Dictadura y Malvinas:

Una de las ultimas atrocidades de la dictadura fue poner al país en estado de guerra con Inglaterra por la recuperación de las Islas Malvinas para el territorio argentino. De la noche a la mañana, como algún modo de aprovechar en un período donde ya se venía resquebrajando la fortaleza del régimen, cierta estupidez nacionalista que con mis propios ojos puede comprobar en aquel momento que como país pareciera que tenemos. Esa mañana del 2/4 vi,  al bajarme del colectivo,  los titulares en los diarios de la declaración de guerra. Quedé perpleja, casi sin aire, como cualquier persona normal que ama la paz y que ya venía sintiendo suficiente temor y violencia con la dictadura para necesitar este plus de horror a nuestras vidas.  Llegué al que era en ese entonces mi trabajo y me sorprendieron varios enfervorizados compañeros que ya a esa hora estaban repartiendo escarapelas, sin la menor reflexión, como si de un partido de futbol se tratara. Fueron para mí y otras pocas personas poco belicistas tiempos muy difíciles para compartir con los restantes ciudadanos y compañeros de trabajo. Lo que uno vivía con angustia y tristeza y como un sinsentido violento más de la Dictadura, fue vitoreado y aplaudido por muchos, pero muchos argentinos. Había que medir las palabras que se pronunciaban, para no quedar en la más completa soledad. Los años de propaganda de la dictadura parecían dar resultado o tener una base sociológicamente firme en nuestro ser nacional. Incluso vi ese tipo de entusiasmo en personas cuyos hijos fueron reclutados para la guerra. Y, en verdad me cuesta mucho comprender eso. La guerra se declaró, vivimos el tiempo en que duró en la más permanente desinformación y angustia – siempre intentábamos captar otras radios de fuera del país, para saber algo cierto – y más allá de haber perdido el objetivo teórico de la misma (Malvinas), se perdieron muchas valiosas vidas de civiles que sólo estaban haciendo el servicio militar obligatorio. Más muertes, más tormentos para jóvenes, gracias a las decisiones de la más trágica dictadura que hayamos vivido y a todos sus cómplices. La guerra se perdió y aquellas personas tan enfervorizadas no demostraron la misma solidaridad con los soldados que volvían y por ahí ni trabajo conseguían. El propio Estado está lejos de tener saldado su rol de reparación histórica con estos soldados. En verdad, Malvinas es una muestra más de que somos un pueblo bastante triunfalista y de convicciones muchas veces superficiales, sin el debido sustento y reflexión. Mi respeto absoluto a todos aquellos jóvenes que debido a leyes que los obligaron a ir a la guerra, perdieron su vida o fueron heridos en una guerra que además de nefasta en sí misma, fue decidida por quienes no tenían autoridad y legitimidad para decidir nada, salvo por fuerza y tormentos. También por cierto a quienes sobrevivieron y nos permitieron conocer verdades incómodas de la guerra de Malvinas.

Mentiras y mentirosos: