El cuerpo y las preguntas (o los años no vienen solos)

(Imagen “robada” de Arte y Psicoanalisis)
El cuerpo suele aparecer como tema de conversación y también como elemento para catalogar. Crecemos acostumbrándonos a esa realidad de la cultura, parece que es natural que seamos tal o cual cosa en función de nuestro cuerpo.
El “envase” nuestro. Aquello con lo cual somos y estamos por aquí.
A veces el cuerpo es al mismo tiempo un desconocido y un viejo y querido amigo. A veces es barrera. Otras, puente. A veces playa solitaria, otras, nido, cueva, guarida.
Pero aún cuando al crecer solemos vivir menos pendientes de estas cuestiones, el tema de como nos ven, como nos vemos, como nos sentimos, como nos manifestamos, siempre vuelve. Es parte de la cultura. Y del malestar, claro. ¿Nosotros estamos presos del cuerpo? ¿El cuerpo me separa o me conecta de los demás? ¿Es más difícil conectarse con el cuerpo del afecto o con el del trabajo?
¿Porqué si tengo tanto para reclamarle al cuerpo sin embargo me angustia mucho la idea de perderlo?
¿Porqué a veces quisiera perderlo o cambiarlo para de verdad ser quien siento ser? De loca nomás, claro, porque seguramente andaría por ahi buscando este cuerpo mío, que también soy yo, que me permite estar con todo lo que quiero. Y me permite amar y ser amada. O al menos intentarlo, no?
“Anda, deja que descubra los montes de tu mapa….”
