La guerrera
De repente, hace un tiempo, la máquina de las pesadillas ha cobrado vida una vez más y los fantasmas más temidos la rodean, la acechan, variando solo la ferocidad de su apariencia, mutando para sorprenderla y acosarla aún más.
Aquellos pensamientos obsesivos de fatalidad, dolor, miedos, culpas nuevamente giran y giran espiralados en su cabeza como compitiendo entre sí para tomar el centro y el comando de la escena, amplificándose, distorsionándose, deleitándose en detenerse para ser mejor registrados por su maltrecha mente.
Ella, conociendo los síntomas, intenta relajarse, poder pensar, racionalizar, pero de antemano sabe que el primer round seguro estará perdido. Los fantasmas la conocen de sobra, saben dónde duele, y cuanto. Se abandona a sentir ese dolor por unos días, aunque quizás muchos ni lo adviertan. Y no culpa a nadie, ojo, bien que ha aprendido a caminar sus días intentando que no todo esté contaminado. No es que disimule, no, no es eso. Es sólo como que su existencia tuviera varios planos y algunos, no sólo ese que duele tanto sino varios más, no saltan a la vista para el común de los mortales. Además ya sabe, no es la única, tantas veces ha sido testigo o confidente de heridas de esas a las que cuesta asomarse en otras personas. Muchas veces, curiosamente, de las personas más íntegras y más solidarias que ha conocido.
Pero la cuestión es que esta vez la crisis está siendo más fuerte y va aflorando a los planos más superficiales, contaminando todo, dejandola sin energías para la cuestión cotidiana. Ya comienza a sentir que la han derrotado, que esta vez no podrá, que la melancolía la traga…
Así llega otra vez ahi , a ese sexto piso ascensor mediante, a ese lugar donde a veces, por misteriosa alquimia de palabras y escuchas y silencios, algo pesado de su carga se modifica, algo puede ser significado de otra manera, un lugar donde se le han ocurrido hasta pactos secretos con los monstruos para circunscribir el ataque y liberar en parte sus fuerzas. Pero claro, como no pensarlo, si hasta sus monstruos la necesitan… o ¿que sería de ellos si un dia lograran agotarla? Se sonrie al salir mientras va teniendo estos pensamientos absurdos, piensa que ha logrado salvar de los naufragios el humor, aun cuando sea tan negro que a veces parezca sarcasmo. Ella sabe que ese humor, como sea y aunque no guste a nadie, es algo que debe salvar porque a su vez la rescatará.
Sale a caminar por la rivera de La Cañada, una vez más, los ojos aun ardiendo , pero el alma más ligera. Respira hondo, guarda para sí esta sensación tan profunda y sanadora que resurge en su interior de ser una guerrera cansada pero valiente . Y sonríe nuevamente, dejando que el aire puro la colme, la calme.
La guerrera vuelve al camino esa tarde, juntando lo que queda de sus fuerzas, sus razones y su luz. Y sale volando a buscar la buena gente querida, esa que siempre ilumina, para compartir la buena noticia.

