Posts etiquetados como ‘aprender’

Domingo murguero

Empecé con tango y ahora sigo viviendo este domingo de llovizna intimista de la mano de una letra muy hermosa, con musica de murga uruguaya. Una belleza, imperdible, realmente.

Canario Luna – Tabaré Cardozo / El tiempo me enseñó

El tiempo me enseño que con los años
se aprende menos de lo que se ignora
El tiempo que es un viejo traicionero
te enseña cuando ya llegó la hora
El tiempo me enseño como se pudo
en la universidad arrabalera
con la verdad prendida en una esquina
igual que un farolito en la vereda

El tiempo me enseño que los amigos
se cuentan con los dedos de la mano
por eso debe ser que no los cuento
para pensar que tengo mil hermanos
El tiempo me enseño que los traidores
se sientan en la mesa a tu costado
y el hombre que te da la puñalada
comparte el pan con esas mismas manos

Porqué no tengo nada que me sobre
por eso es que yo digo que soy rico
porque prefiero ser un tipo pobre
a ser alguna vez un pobre tipo
El tiempo me enseño que las banderas
son palos con jirones que flamean
y el mapa es un papel que se reparte
los reyes mientras los hombres se pelean

El tiempo me enseño que la miseria
es culpa de los hombres miserables
Que la justicia tarda y nunca llega
pero es la pesadilla del culpable
El tiempo me enseñó que la memoria
no es menos poderosa que el olvido
que solo el tiempo y la victoria
se encargan de olvidar a los vencidos

El tiempo me enseño que los valientes
escribirán la historia con su sangre
pero la historia escrita de los libros
se escribe con la pluma del cobarde
El tiempo me enseño que desconfiara
de lo que el tiempo mismo me ha enseñado
por eso a veces tengo la esperanza
que el tiempo pueda estar equivocado

Cuento para tejer sueños y destejer pesadillas

Supe escuchar este cuento en un lugar de cuenta cuentos de Cordoba . Contado hermosamente, con las pausas y los énfasis y suspensos necesarios, claro. Intenté hace un tiempo grabarlo y subirlo para compartirlo, pero la técnica no me alcanzó.< ?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" />

Pero es tan hermoso y significativo que finalmente decidì que irá sin mayor adorno que las mismas palabras que lo forman. Cuando lo escuché, aquella noche, sentí que me tocaba de cerca y luego pensé que en realidad, no sólo en cuanto a la historia de pareja que cuenta, sino a tantos otros aspectos donde queremos construir algo que luego cuandos sentimos que es una realidad, no tiene que ver con la forma de nuestros sueños.

A ver si les gusta.

< ?xml:namespace prefix = st1 ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:smarttags" />< ?xml:namespace prefix = u1 />La Moza Tejedora (María Colasanti)

Se despertaba cuando todavía estaba oscuro, como si pudiera oír al sol llegando por detrás de los márgenes de la noche. Luego, se sentaba al telar.
Comenzaba el día con una hebra clara. Era un trazo delicado del color de la luz que iba pasando entre los hilos extendidos, mientras afuera la claridad de la mañana dibujaba el horizonte.
Después, lanas más vivaces, lanas calientes iban tejiendo hora tras hora un largo tapiz que no acababa nunca.
Si el sol era demasiado fuerte y los pétalos se desvanecían en el jardín, la joven mujer ponía en la lanzadera gruesos hilos grisáceos del algodón más peludo. De la penumbra que traían las nubes, elegía rápidamente un hilo de plata que bordaba sobre el tejido con gruesos puntos. Entonces, la lluvia suave llegaba hasta la ventana a saludarla.
Pero si durante muchos días el viento y el frío peleaban con las hojas y espantaban los pájaros, bastaba con que la joven tejiera con sus bellos hilos dorados para que el sol volviera a apaciguar a la naturaleza.
De esa manera, la muchacha pasaba sus días cruzando la lanzadera de un lado para el otro y llevando los grandes peines del telar para adelante y para atrás.
No le faltaba nada. Cuando tenía hambre, tejía un lindo pescado poniendo especial cuidado en las escamas. Y rápidamente el pescado estaba en la mesa esperando que lo comiese. Si tenía sed, entremezclaba en el tapiz una lana suave del color de la leche. Por la noche dormía tranquila después de pasar su hilo de oscuridad.
Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer.
Pero tejiendo y tejiendo ella misma trajo el tiempo en que se sintió sola. Y por primera vez pensó que sería bueno tener al Iado un marido.
No esperó al día siguiente. Con el antojo de quien intenta hacer algo nuevo, comenzó a entremezclar en el tapiz las lanas y los colores que le darían compañía. Poco a poco, su deseo fue apareciendo. Sombrero con plumas, rostro barbado, cuerpo armonioso, zapatos lustrados. Estaba justamente a punto de tramar el último hilo de la punta de los zapatos cuando llamaron a la puerta.
Ni siquiera fue preciso que abriera. El joven puso la mano en el picaporte, se quitó el sombrero y fue entrando en su vida.
Aquella noche, recostada sobre su hombro, pensó en los lindos hijos que tendría para que su felicidad fuera aún mayor y fue feliz por algún tiempo. Pero si el hombre había pensado en hijos, pronto lo olvidó. Una vez que descubrió el poder del telar, sólo pensó en todas las cosas que éste podía darle.
—Necesitamos una casa mejor— le dijo a su mujer. Y a ella le pareció justo, porque ahora eran dos. Le exigió que escogiera las más bellas lanas color ladrillo, hilos verdes para las puertas y las ventanas, y prisa para que la casa estuviera lista lo antes posible.
Pero una vez que la casa estuvo terminada, no le pareció suficiente.
—¿Por qué tener una casa si podemos tener un palacio? —preguntó. Sin esperar respuesta, ordenó inmediatamente que fuera de piedra con terminaciones de plata.
Días y días, semanas y meses trabajó la joven tejiendo techos y puertas, patios y escaleras y salones y pozos. Afuera caía la nieve, pero ella no tenía tiempo para llamar al sol. Cuando llegaba la noche, ella no tenía tiempo para rematar el día. Tejía y entristecía, mientras los peines batían sin parar al ritmo de la lanzadera.
Finalmente el palacio quedó listo. Y entre tantos ambientes, el marido escogió para ella y su telar el cuarto más alto, en la torre más alta.
—Es para que nadie sepa lo del tapiz —dijo. Y antes de poner llave a la puerta le advirtió: —Faltan los establos. ¡Y no olvides los caballos!
La mujer tejía sin descanso los caprichos de su marido, llenando el palacio de lujos, los cofres de monedas, las salas de criados. Tejer era todo lo que hacía. Tejer era todo lo que quería hacer y tejiendo y tejiendo, ella misma trajo el tiempo en que su tristeza le pareció más grande que el palacio, con riquezas y todo. Y por primera vez pensó que sería bueno estar sola nuevamente.
Sólo esperó a que llegara el anochecer. Se levantó mientras su marido dormía soñando con nuevas exigencias. Descalza, para no hacer ruido, subió la larga escalera de la torre y se sentó al telar.
Esta vez no necesitó elegir ningún hilo. Tomó la lanzadera del revés y. pasando velozmente de un lado para otro comenzó a destejer su tela. Destejió los caballos, los carruajes, los establos, los jardines. Luego destejió a los criados y al palacio con todas las maravillas que contenía. Y nuevamente se vio en su pequeña casa y sonrió mirando el jardín a través de la ventana.
La noche estaba terminando cuando el marido se despertó extrañado por la dureza de la cama. Espantado miró a su alrededor. No tuvo tiempo de levantarse. Ella ya había comenzado a deshacer el oscuro dibujo de sus zapatos y él vio desaparecer sus pies esfumarse sus piernas. Rápidamente la nada subió por el cuerpo. Tomó el pecho armonioso, el sombrero con plumas.
Entonces como si hubiese percibido la llegada del sol, la muchacha eligió una hebra clara. Y fue pasándola lentamente entre los hilos como un delicado trazo de luz que la mañana repitió en la línea del horizonte.

Ser mujer : armar la valija

Me gusta viajar, aunque el viaje sea cortito, o por pocos días. Quizás sea porque tengo pocas chances de hacerlo por mis obligaciones, pero me agrada mucho conocer otros escenarios. El tema es ….armar la valija.
La ultima vez que fui a Buenos Aires (tengo testigos), llevé una valijita que me habían regalado mis amigos para mi último cumple.Iba sólo por dos días. No hice la valija apurada por dejar todo para ultimo momento como suele ser mi costumbre, sino que increiblemente pude organizarme y tener toda la ropa lista con un dia de anticipacion. Sin embargo, igual, rebalsaba, estaba pesadísima.

¿Cual es la razón por la cual para estar dos días (una sola noche) yo necesitaba llevar unas 7 remeras o blusas, unos 5 pantalones, abrigo, ropa interior como para una semana, pollera, y tres o cuatro pares de zapatos? ¿Qué extraña inseguridad me hizo llevar un bolsito con cosméticos en cantidad tal que no uso siquiera cuando voy a una fiesta formal, a lo que se suma shampoo y crema enjuague y crema para los rulos y brillo para despues de secar el pelo? Ese era mi equipaje para ese pequeño finde. Más lo que llevaba en la cartera, obvio, que en si misma es un pequeño bolso. Y eso que juro que saqué varias cosas, porque estaba con dolor de cuello y pensé que me haría mal ¡cargar con peso!!. Ni hablar por supuesto de prever que hubiera para comprar algo minimo. Y encima recibí regalos!

En cambio el flaco – mi flaco- llevó su mochilita de siempre. En ella se encontraba una remera para cambiarse, un buzito, una campera liviana, ropa interior (1), su cepillo de dientes, pasta dental, termo, mate, yerba. No creo que haya tenido algo más. Livianito… priorizando estar cómodo, estar conmigo, pasear. Sin cuestionarse si esto pegaba con aquello o adonde iríamos y que ropa para qué salida. Nada de eso.

Me pregunto: ¿Porqué me siento insegura si no llevo de todo? Porqué, si ya he probado infinidad de veces que me siento muy ridícula después, cuando terminado el finde, guardo toda la ropa que saqué, ¡sin haberla usado!! ¿Porqué además cuando él se ofrece a ayudarme con el bolso yo digo, haciendome la omnipotente, no, dejá, si yo puedo perfectamente, aun cuando es obvio que no puedooooo más? Todavía me recuerdo, absurda, otro fin de semana hara dos años en julio cuando nevó , arrastrando por y bajo la nieve en las calles de Los Reartes, un valijón imposible que me habían prestado y se terminó medio rompiendo, con ropa como para semana y media!!

¿Somos todas iguales? ¿Otras se sienten tan ridículas como yo por no saber ser más racionales con estas cosas? ¿Qué tenemos miedo que nos falte?

Creo que ando queriendo aprender a ir por la vida con menos equipaje….