Aprendido desde la cuna…
Una intervención de la amiga Marce en el post anterior me trajo una de aquellas palabras que me suenan a Mamá. Será quizás porque mi vieja siempre usaba palabras que no eran las que solían usar las mamás de mis amigos de infancia. Habrá sido, tal vez, porque mamá era de una zona de Córdoba más cercana a La Rioja, con sus propios modismos, no lo sé, pero muchas veces me pasó que al replicar yo esas palabras con otros, la gente se me reía, me miraba extraño.
Uno puede necesitar a lo mejor algunas sesiones de terapia para entender que su madre le repita muchisimas veces en la niñez que es una turula, o una “caída de la pichonera“ o “cabeza de chorlito“, a veces una “babieca“, cuando por distraída cometía alguna torpeza o descuido. Pero cuando se supera la cuestión del embole con los calificativos, ya se puede comenzar a disfrutar del sabor de esas palabras que, como sean, tienen que ver con nuestra crianza. Y al menos a mí, me producen mucha risa. O no tiene mucho de gracioso que mi madre me dijera cosas como “nena, dejá ya de pensar en las musarañas y hacé tal o cual cosa” Y no sé hasta el dia de hoy que cornos tenía que ver ese animalito con mi personalida tímida y medio retraída de aquellas épocas.
En la adolescencia, me gustaba mucho leer, y tenía que ser sin parar: cuando un libro me capturaba, andaba todo el dia, haciendo las cosas de la casa que me encargaban pero siempre con tal libro cerca, intentando seguir leyendo cuando no me controlaban en la tarea encomendada. Claro, todo salía mas lento y entonces la vieja se ponía densa. Entonces, el refugio era el baño, único lugar privado de mi casa. Yo iba al baño a leer. O sea, me bañaba o cualquier otra necesidad propia del lugar, pero llevaba además el libro y no salía más. Y casi siempre tuvimos un único baño para todos ! Ya vaaaaaaa, decía indolentemente y mami entonces, tiraba otra frase matadora: “¿Pero que te crees que sos, Popea??” Y de grande me encontré diciendole lo mismo a mis hijas adolescentes en cuantito se demoraron más de la cuenta en la ducha! Y todo me suena como a antiguo, que ya no se usa. Alguno de uds reta a un hijo diciendole que no sea tan “zanguango” o que deje de “andar papando moscas“?? No, mi vieja es un ser pintoresco, definitivamente! (además de que supo mantener mi autoestima muy a raya, no?
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Hay frases que se aprenden para siempre, que se nos graban, que son parte de nosotros. Como que mi padre desde muy chiquitas nos nominó a sus tres hijas como sus “bichitos de luz”, y ése es para mí hasta hoy uno de los apelativos más dulces que encuentro para nombrar a los que quiero.
Sé que también están los gestos, claro.Acuden al recuerdo junto con las palabras, las risas, los llantos, los olores. Como el gesto de mamá de llevarnos siempre la leche a la cama, hasta grande, en esas cosas nos re malcriaba. Que maravilla ese gesto, cuanto cuidado sentí en él! Sobre todo sabiendo que para ella el amor era más facil de expresar en gestos que en palabras. O el arroparte a la noche. El calentar trapitos para ponermos en el pecho cuando teníamos tos.
Esa palabrita que trajo Marce -turula- me llevó de repente como de viaje a lugares y momentos que ya no están, salvo dentro mío. Menos mal que aunque sigo siendo bastante ” cabeza de alcornoque“, como bien me decía mamá, todavía puedo hacer esos viajes maravillosos.
A uds, ¿hay palabras que ya no se escuchan tanto que los vuelan a otros tiempos, otros lugares?

(aviso para los caídos del catre: donde la letra cambia de color y al posarse la flexhita del mouse se transforma en manito, es porque la pánfila de Sugus puso un link para seguir e ilustrar/se)

hola amiga, me sorprende ver a mujeres como tu, tan inteligentes, tan hermosas, y cada vez mas con un alma, por que los hombres ya la perdimos hace rato, te saludo desde peru, me considero admirador de aquellos que saben interpretar muy bien lo que quieren transmitir. un abrazo amiga, suerte. espero aprender mucho de ti.