EL silencio del Genocidio de los Mbya Guaraní en Argentina. (O la lucha de la cadenas alimentarias cortas contra las cadenas alimentarias largas).
Por Dr. Raúl A. Montenegro, Biólogo.
Presidente de FUNAM y Profesor Titular de Biología Evolutiva en la Universidad Nacional de Córdoba. Premio Nobel Alternativo 2004. “No necesitan amenazarnos para que
dejemos este lugar. Saben que
si nos sacan el monte nos vamos,
y es eso lo que están haciendo”. (Artemio Benitez, Cacique de Tekoa Yma). Los Mbya Guaraní son un pueblo antiguo y selvático de raíces amazónicas. En Misiones, una provincia del nordeste de Argentina, tienen 74 comunidades y una población total, aproximada, de 3.000 personas. Su cultura es tan rica como la biodiversidad de la selva Paranaense que siempre utilizaron y protegieron. En el 2003, el 73% de las comunidades entonces registradas (52) no poseía el título de propiedad de sus tierras. De algún modo el blanco, asumido como propietario y como gobernante, les achicó su territorio y su selva para expandir los cultivos y los buenos negocios de quienes se dicen “civilizados”. En este trabajo no hablaremos de todas las comunidades sino de dos aldeas que resumen la lucha y la tragedia Mbya, la de saber demasiado de la selva y de la vida. Porque esto es lo absurdo. Quienes hoy ganan con sus malas leyes, sus funcionarios blancos y su insensibilidad representan la estrategia de vida que no funciona, la que depreda, y los Mbya, irónicamente, la más sostenible y exitosa, la que les permitió a ellos (y a nuestros antepasados preurbanos) vivir como cazadores, pescadores y agricultores de subsistencia. Duele saber que la mala estrategia, la de las cadenas alimentarias cortas, la misma que expande los cultivos de soja y pinos a fuerza de topadoras, triunfe hoy sobre la buena estrategia, la de cadenas alimentarias largas, que hace convivir selva y personas. Lo que sigue es un resumen del trabajo que realizamos conjuntamente con las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate (Montenegro, 2004). Fue posible gracias al invalorable apoyo del Cacique de Tekoa Yma, Artemio Benítez, del cacique de Tekoa Kapi’i Yvate, Martín Fernández, de su gente, de Kiki Ramírez, de Raquel Zoppi y de dos instituciones, ENDEPA y FUNAM. Las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate Las comunidades Mbya Guaraní de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate viven dentro de la Reserva de la Biosfera de Yabotí, en terrenos que son considerados “propiedad privada” por los tenedores (Empresa “Moconá Forestal S.A.” sobre Lote 8; Marta Harriet sobre Lote 7). Conforme a los resultados de nuestro trabajo, ambas comunidades, con unas 20 familias, viven gracias a los recursos que obtienen de un mosaico de ambientes de selva Paranaense. 1. Las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate forman parte de la Reserva de la Biosfera de Yabotí. Los Lotes 7 y 8 son parte de los 119 Lotes que conforman la Reserva Provincial de Yabotí creada el 26 de agosto de 1993 por ley n° 3041. En 1995 la UNESCO reconoció a Yabotí como Reserva de la Biosfera.Yabotí posee una superficie total de 253.773 Ha, en su mayor parte de propiedad privada. Comprende un Área Núcleo de 20.685 Ha, coincidente con la Reserva de Esmeralda (Ley n° 2939 de 1992), un Área de Amortiguamiento de 21.921 Ha, y un Área de Transición de 194.034 Ha. En esta última se ubica el Parque Provincial Moconá, con más de 999 Ha de superficie, creado inicialmente por Decreto n° 1.434 el 4 de julio de 1988, y luego por Ley n° 2.854 el 27 de junio de 1991. Los graves hechos que se describen en este trabajo y que afectan a las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate son un producto directo de la creciente destrucción ambiental que sufre la selva paranaense en Lote 7 y Lote 8. Esto podría comprometer la continuidad del “status” de Reserva de la Biosfera. Es necesario asumir que peligra la biodiversidad y continuidad de la Selva Paranaense, uno de los ecosistemas más amenazados de la Tierra. De la superficie total original que ocupaban las selvas de la Mata Atlántica y Paranaense solo queda actualmente un 5%. Esta pérdida de biodiversidad y continuidad es particularmente crítica en los ambientes donde se encuentran las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate. La falta de medicamentos y alimentos naturales producida por la desenfrenada extracción de árboles amenaza su salud y supervivencia. Este hecho es de inusitada gravedad no solo en términos de derechos humanos, sino también de criticidad demográfica. Las amenazas que se ciernen sobre estas dos comunidades agravan la ya crítica situación demográfica de los Mbya, cuya población total en Misiones no supera las 3.000 personas. 2. La empresa Moconá Forestal S.A. pretende arrinconar a las dos comunidades Mbya en una superficie de 200 a 350 Ha. Según consta en distintos documentos públicos la empresa Moconá Forestal S.A. habría ofrecido entre 200 y 350 hectáreas del Lote 8, que considera de su propiedad, para que las habiten las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate. Esto representa menos del 5% del territorio de aprovisionamiento que hoy utilizan ambas comunidades. 3. Las dos comunidades Mbya viven gracias a los recursos que obtienen en un territorio muy amplio. El pretendido arrinconamiento de las dos comunidades Mbya atenta contra dos realidades innegables: (1) Que para vivir de acuerdo a sus costumbres, y como cualquier otro grupo cazador, recolector y pescador, necesitan áreas importantes de selva para abastecerse. Estas superficies, como veremos luego, no son distintas de las reconocidas en Argentina como unidad económica para explotaciones agropecuarias, y (2) Que la noción de tierra en los Mbya no se asocia al concepto europeo de propiedad privada, sino a la noción de territorio, donde permanecen por tiempos relativamente prolongados. En ese territorio usualmente extenso obtienen sus alimentos, medicinas y materiales de construcción. 4. Los ciclos de vida de los Mbya son diferentes a los ciclos de vida que impusieron las comunidades blancas de origen europeo. Las comunidades Mbya de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate son el resultado contemporáneo de un largo proceso de ciclos sedentarios precedidos por episodios puntuales de migración. Estos movimientos tienen siglos de ocurrencia. Mientras la selva subtropical evolucionaba, con sus propias fluctuaciones por causas internas y externas, una de sus especies, los Mbya, iba estableciendo sucesivos territorios transitorios. Si los recursos disponibles y su uso establecían un buen balance, y los sueños de sus caciques no aconsejaban lo contrario, se radicaban en el mismo sitio durante mucho tiempo. Si alguna crisis rompía esa relación, o los sueños sugerían un cambio, la comunidad migraba, pero solo para volver a instalarse con rasgos sedentarios en otros sitio más propicio. La extensión de la cultura Mbya hacia la cuenca media y baja del río Paraná muestra el éxito expansivo que tuvieron en el pasado. Puede asumirse sin margen de error que la totalidad de la selva Paranaense de Misiones fue su “territorio total”. 5. La estrategia productiva de los Mbya es totalmente distinta a la estrategia productiva de las culturas de origen europeo. Los grupos Mbya no tienen excedentes agrícolas ni grandes sistemas de almacenamiento, mientras que las ciudades actuales son mantenidas por estrategias agropecuarias de cadena corta que generan enormes excedentes, y disponen de avanzadas tecnologías para conservar alimentos. La ocupación Mbya de la selva Misionera ha sido una ocupación móvil, tan genuina como la ocupación sedentaria y persistente que tuvieron en Europa los primeros asentamientos de raza Mediterránea. Una cadena alimentaria larga es característica de ambientes naturales con gran cantidad de especies (=biodiversidad), como la selva misionera. Hay productores (las plantas verdes), consumidores herbívoros que viven de los productores, consumidores carnívoros que viven de los herbívoros (o carnívoros de primer orden) y consumidores carnívoros que viven de los anteriores (llamados carnívoros de segundo orden). Esta “cadena del pasto” es complementada con una “cadena de los detritos”, donde los descomponedores procesan los restos y lo reingresan al ecosistema para que puedan ser utilizados por las plantas verdes. Se cierra así este ciclo, donde la materia circula y la energía fluye unidireccionalmente. Cada uno de los niveles tróficos (o funciones) que tiene la red alimentaria de la selva es ocupado por muchas especies vivas y sus poblaciones. Todas las plantas verdes de la selva, por ejemplo, integran el nivel trófico de los productores. Como hay tantas especies interrelacionadas, la cantidad de energía disponible para cualquiera de ellas es bastante reducida. más de 32 siglos. Los Mbya son ocupantes ancestrales de la selva subtropical. Su presencia y estrecha relación con la selva es anterior en varios siglos al ingreso de las comunidades blancas. Mediante datación radiocarbónica se ha estimado que las comunidades Guaraní pueblan la actual provincia de Misiones desde hace unos 3.200 años (Keller, 2001; Poujade, 2000). Estos grupos originales arribaron desde la gran cuenca amazónica, donde todavía viven en las nacientes del río Amazonas los grupos Tembé y Ka’apor, que hablan Guaraní (Keller, 2001; Poujade, 2000). La larga relación de las comunidades Mbya con la selva subtropical de la actual Reserva de la Biosfera de Yabotí, de decenas de siglos, queda demostrada por la existencia de diez antiguos asentamientos: Tekoa Pora (Pueblo lindo), Tekoa Guachu (Pueblo grande), Tekoa Gue (Pueblo viejo), Tekoa Narra (Pueblo naranja), Tekoa Narandy (Pueblo del naranjal), Tekoa Takua Ovy (Pueblo tacuara verde o azul), Tekoa Vy’a (Pueblo alegre), Tekoa Chatta Ryapy (Pueblo de la naciente del arroyo Chata), Tekoa Karape’i Rogue (El viejo pueblo de una persona que llamaban petizo) y Tekoa Yvate Katy Gua. (El pueblo de los de arriba). Además de estas antiguas comunidades, que marcamos en el mapa territorial de los Mbya, también obran como prueba los movimientos recientes que tuvo la comunidad de Tekoa Yma, reconstruidos en este trabajo. La selva Paranaense es el “territorio total” de los Guaraní desde hace más de 3.000 años. Lo que ocurrió objetivamente es que su “territorio total” fue invadido a partir del siglo XVI por grupos blancos, en su mayoría de origen europeo, que tenían estrategias de apropiación de la tierra y de producción totalmente distintas. Esto explica la rápida desaparición de la selva subtropical, el establecimiento de sistemas agroproductivos de cadena corta y la multiplicación de asentamientos urbanos persistentes (las actuales ciudades de Misiones). Al tiempo que los blancos se apropiaban del espacio “fijando” territorios de propiedad privada, la expulsión de los Mbya fue generando su incorporación marginal a los asentamientos blancos, y menores posibilidades de vida tradicional para aquellos que todavía viven en la selva Paranaense. 7. La rica cultura de los Mbya y su conocimiento de la selva Paranaense son el resultado de siglos de convivencia. Los Mbya son la selva, y las selvas son los Mbya Las poblaciones Mbya que existen dentro de la actual Reserva de la Biosfera de Yabotí ocupan una parte de su antiguo y extenso “territorio total”. Debe quedar claro que el modo de vida y la salud de ambas comunidades depende de la existencia de territorio amplio, indispensable para pueblos cazadores y recolectores como los Mbya. Lamentablemente su territorio actual y en general la reserva de la Biosfera de Yabotí está siendo saqueada en forma legal e ilegal, lo que ha disminuido en forma grave y en algunos casos irreversible la biodiversidad local y las posibilidades de automantenimiento que tenía la selva. Si empresas y personas destruyen la biodiversidad y los pulsos naturales de la selva, también destruyen indirectamente a los Mbya que viven como parte de esa selva y sus pulsos. El profundo conocimiento que tienen los Mbya de la selva subtropical y de sus frágiles suelos rojos (Oxisoles) es el resultado de 32 siglos de convivencia. Tres hechos se combinaron entre los Mbya para impedir la generación de grandes excedentes: (a) La fluctuación en la disponibilidad de los recursos naturales que utilizaban, sobre todo alimentos y medicinas; (b) El uso de varias fuentes alternativas, resultado en parte de esas fluctuaciones, y (c) La inexistencia de técnicas y objetos para almacenar bastante alimento durante mucho tiempo. Esta falta de excedentes es la característica esencial de los grupos cazadores-recolectores, incluso de aquellos que como los Mbya practican agricultura de subsistencia. El precio que pagan los Mbya por estar muy integrados al ambiente son crisis y sufrimientos que no se postergan. En otras palabras, al sufrimiento lo paga cada generación mientras vive. Los blancos y sus estrategias de cadena alimentaria corta, en cambio, destrozan las bases de sustentación ecológica, y trasladan las crisis y el sufrimiento a sus futuros descendientes. Este es tal vez uno de los mecanismos más perversos de egoísmo transgeneracional. Su supervivencia depende de la habilidad que tengan para obtener un gran número de recursos muy distribuidos en la selva, pero también de que esa suma de disponibilidades no deje “agujeros” sin cubrir durante el año (cf. Lavallee, 2002). Solo siglos de interacción con la selva Paranaense pueden explicar el éxito de los Mbya para sobrevivir en un medio tan difícil. Cada vez que se rompía el delicado balance entre población y provisión de alimentos, o escaseaba algún recurso por causas externas, como el agua, la comunidad debía buscar un nuevo territorio. Debemos señalar que la adopción y mantenimiento de esta estrategia fue una decisión de las sucesivas generaciones de Mbya, y que sus características y modalidades no pueden ser calificadas por otros grupos (los blancos por ejemplo) como primitivas ni evolucionadas. Son simplemente una estrategia de vida, una forma de adaptación al medio decidida por un pueblo en su propio territorio. Para muchos blancos el éxito de una cultura se mide por la grandiosidad de los edificios y objetos que se producen, y por el tiempo que perduran. Para la naturaleza el éxito se mide por la cantidad de tiempo que ha vivido una población como la Mbya en la selva sin que la selva y los propios Mbya desapareciesen. Hay pueblos cuya herencia es casi inmaterial, y no por ello son “menos evolucionados” o “menos desarrollados”. Son pueblos y culturas que han logrado lo que muchas de nuestras civilizaciones intentan y no alcanzan, esto es, adaptarse al ambiente y a sí mismas. El etnólogo Alain Testard describe correctamente las condiciones en que esta estrategia suele dar origen a casos de sedentarismo. Indica que los cazadores recolectores pueden ser sedentarios cuando el territorio utilizado en un sitio contiene gran variedad de recursos bióticos en tanto puedan ser explotados todo el año, y no queden “agujeros” (Testart, 1982). La supervivencia de los Mbya, sin embargo, está condicionada a que la extensión y continuidad de la selva nativa no se interrumpa ni destruya. Por esta razón sostenemos que cualquier intento de concentrar las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate en un terreno reducido y rígido ignora su pertenencia ancestral a la selva, desconoce la estrategia esencial de los pueblos cazadores-recolectores y olvida, peligrosamente, que la selva ya no tiene continuidad. Las Misiones Jesuíticas fueron parte de este prolongado período de invasión. Al tiempo que los ambientes de selva disminuían en superficie y biodiversidad, sobre todo a partir de 1940-1950, los antiguos territorios Mbya pasaron a ser territorio ocupado. Gobiernos, empresas y particulares se transformaron, por decisión propia o estatal en propietarios de tierras donde aún vivían pueblos y culturas indígenas. En este genocidio silencioso los nuevos territorios (o territorios ocupados) se construyeron sobre los antiguos territorios móviles de los Mbya. Aquellos que viven en ciudades y se benefician con la estrategia agrícola y ganadera de cadena alimentaria corta no suelen comprender a los que viven con una estrategia diferente, como los Mbya, que por ser cazadores, pescadores, recolectores y agricultores de subsistencia son parte, en cambio, de cadenas alimentarias largas y complejas. Un ciudadano de Buenos Aires o Posadas, por ejemplo, percibe que su territorio es fundamentalmente la propiedad en que vive, donde no necesita de una selva próxima para proveerse de alimentos, medicinas y materiales de construcción. Ese ciudadano forma parte de una población que optó por esta forma de vida. Para que la ciudad funcione, millones de hectáreas de suelo deben producir diariamente carne, cereales, leche y otros alimentos, y la industria, además de procesarlos, también tiene que generar medicamentos, tecnologías y una infinidad de objetos. Los Mbya dependen de las plantas medicinales de la selva para curar sus enfermedades, y los pobladores urbanos de la industria farmacéutica y de los complejos sistemas urbanos de salud. Ellos no necesitan millones de hectáreas de cultivo y de campos ganaderos, ni pozos de petróleo, ni minas de oro. Pero por ser cazadores, recolectores y agricultores de subsistencia los Mbya sí necesitan de 80 a 100 hectáreas de selva por persona. El problema es que la mayor parte de las superficies remanentes de selva, que durante siglos fueron territorio Mbya, hoy son reivindicadas como propias por empresas, gobiernos y particulares. 8. El impacto ambiental que producen las empresas madereras y los cazadores furtivos. Actualmente las dos comunidades están siendo afectadas por las operaciones legales e ilegales que practican empresas y personas dentro de sus territorios de vida. La explotación legal incluye: (a) Apertura de caminos, senderos y “claros” que actúan como cuñas longitudinales y focos de erosión potencial, ya que la falta de vegetación y la presencia de un suelo frágil y erosionable (Oxisoles) facilita su degradación. (b) La extracción selectiva de maderas de valor comercial desconoce las necesidades de las comunidades Mbya en materia de plantas medicinales, fundamentales para su salud. Los árboles extraídos por la empresa maderera incluye ejemplares que por su edad y dimensiones son únicos para la provisión de medicamentos naturales. Mocona S.A. ha estado extrayendo árboles vitales para el mantenimiento de la salud y la cultura Mbya, un aspecto que no considera específicamente el gobierno de Misiones al autorizar explotaciones en la Reserva de la Biosfera de Yaboti (ver abajo). Este saqueo de la farmacopea nativa es de extrema gravedad, y puede ser responsable de que aumente la morbilidad y la mortalidad en las comunidades Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate. Dada la gravedad de este hecho, consideramos que el gobierno de Misiones debe impedir la extracción de toda especie forestal con propiedades medicinales. Requerimos además se deslinden las responsabilidades que pudieran haber tenido los particulares y el Estado en esta extracción, y en sus posibles efectos negativos sobre la salud de los Mbya. (c) La extracción selectiva de maderas nativas de valor comercial ignora la ecología de la selva, Al revisar las normas vigentes y las publicaciones disponibles advertimos que no existen estudios ecológicos para cada una de las especies utilizadas, y que por lo tanto no se han establecido los valores “K” y “K/2″ para cada una de ellas en función del sistema de selva. Pese a ello, el gobierno de Misiones ha estado autorizando su extracción con legislación que beneficia a las madereras, y perjudica a los Mbya y la selva. (d) La destrucción de la vegetación nativa Muchas de las especies destruidas por tumbada, o que vivían en las ramas y corteza de los árboles extraídos, no podrán ser empleadas como medicina ni elementos constructivos por las dos comunidades Mbya. (e) La actividades de explotación, que incluyen trabajo de grandes máquinas, uso de motosierras, tumbada de árboles y remoción de suelo generan ruidos molestos que ahuyentan a la fauna nativa. Se generan así islas de ruido e impacto negativo que provocan la migración de biota. La fauna desplazada genera a su vez trastornos territoriales al invadir espacios que están ocupados por otros ejemplares de la misma especie. (f) Existe finalmente un impacto ambiental negativo por suma y potenciación de todos los impactos anteriores, lo que explica el grave e irreversible deterioro que está sufriendo la selva Paranaense en todo el territorio de vida de las comunidades Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate. Nosotros pudimos comprobar la degradación sufrida en todo el Lote 8, donde solo queda una reducida porción de ambiente menos alterado, la disminución del número de ejemplares de árboles que detectamos es alarmante. Comparando los resultados que obtuvimos al censar el número total de árboles de una parcela con los datos que registró Tortorelli en 1956, ambos referidos a una hectárea de superficie, el guatambú (Balfourodendron riedelianum) se redujo en un 89,48 %; la grapia (Apuleia leiocarpa) en un 81,82 %; la canjerana (Cabralea canjerana) en un 75,00 %; la canela (Ocotea acutifolia) en un 73,80 %; el cedro (Cederla fissilis) en un 57,15 %, y el anchico colorado (Piptadenia rigida) disminuyó en un 33,34 %. Cabe anotar que la mayor parte de estas especies es utilizada por los Mbya como plantas medicinales. 9. Las dos comunidades Mbya no pueden ser encerradas en superficies que no coinciden con el territorio real que ambas utilizan. Por su cultura cazadora, pescadora, recolectora y de agricultura de subsistencia los Mbya no pueden ser encerrados en territorios fijos y diminutos pues no podrían obtener de ellos los alimentos, medicinas y materiales que necesitan para vivir. Si la comunidad blanca los obligase a abandonar su territorio natural, y los indujese a adoptar nuevos modos de vida, los Mbya perderían su manera de ser (Ñande Reco). Esta pérdida es para ellos lo más cercano a la muerte, obligarlos a vivir en menos del 5% de su territorio natural es un atentado contra su cultura, pero también contra su salud y su calidad de vida. 10. Según el Convenio 169 de la OIT la noción de tierra debe asociarse a la de territorio. Debemos recordar aquí que conforme a la parte II del Artículo 13 del Convenio 169 de la OIT “La utilización del término tierras deberá incluir el concepto de territorios, lo que cubre la totalidad del hábitat de las regiones que los pueblos indígenas ocupan o utilizan de alguna u otra manera”. Siendo este Convenio de jerarquía jurídica superior a las leyes de la Nación, reconoce la absoluta validez argumental del “territorio” que necesitan los Mbya para vivir, ello en desmedro del criterio de propiedad privada esgrimido por la empresa Moconá Forestal S.A. Mientras los Guaraní viven en estas selva Paranaenses desde hace 32 siglos, la empresa, en cambio, solo ingresó recientemente y como es obvio, sin disponer del conocimiento que los Mbya tienen de la selva. Esto explica la degradación ambiental que ha venido produciendo la empresa Moconá Forestal S.A. desde su radicación. Nuestro estudio ha demostrado cualitativa y cuantitativamente su impacto sobre el territorio de las dos comunidades en la Reserva de la Biosfera de Yabotí. 11. Campaña internacional en defensa de los Mbya y de la selva. Mientras se desarrollaba el trabajo conjunto con las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate FUNAM organizó una activa campaña nacional e internacional en defensa de los Mbya y de la selva Paranaense. Esta campaña continúa, y puede verse en la página Web de FUNAM (www.funam.org.ar). Como parte de la campaña se denunció en la propia sede de la UNESCO el desmanejo de la Reserva de la Biosfera de Yabotí, y se elaboró un corto documental de 17 minutos para denunciar el genocidio silencioso. El documental y las denuncias públicas siguen teniendo un gran impacto en los medios de comunicación social. Gracias a la presión nacional e internacional que se concentró sobre el Ministerio de Ecología de Misiones se lograron cambios menores en las normas sobre manejo, y el Ministerio dispuso que no se extrajeran árboles durante un año en el territorio que utilizan las comunidades (9.000 hectáreas). El objetivo final es que las empresas y el estado devuelvan a los Mbya Guaraní las tierras y los territorios que ellos siempre utilizaron Por todo lo anterior y la información técnica contenida en este trabajo, advertimos que las comunidades de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate están amenazadas de dos genocidios. . El primer genocidio, del cual ya hay indicios, estaría siendo provocado por las actividades legales de las compañías madereras, y por las actividades ilegales de las madereras y los cazadores, y eventualmente, por las autorizaciones de explotación que otorga el gobierno de Misiones (ver arriba). Tanto las actividades legales, de mayor envergadura, como las ilegales, están saqueando la selva de recursos que los Mbya utilizan para alimento, medicinas y materiales de construcción. Esto los condena al hambre, las enfermedades y una mayor morbi-mortalidad, y la destrucción de su cultura. En este contexto, la destrucción sistemática de árboles con propiedades medicinales tiene graves consecuencias en la salud de la comunidad Mbya. El segundo genocidio puede ocurrir si las empresas madereras, otros sectores de interés y el gobierno obligaran a las comunidades Mbya de Tekoa Yma y Tekoa Kapi’i Yvate a vivir en un terreno reducido, ya que esta decisión les impediría obtener las plantas medicinales, los alimentos y los materiales de construcción que ellos necesitan. Además de sus efectos sobre la salud y sus formas de vida, este achicamiento de sus territorios les impondría un cruel castigo psicológico, pues perderían, injustamente, su manera de ser. Los pueblos que más derecho tienen a la “propiedad” de la selva son aquellos que durante siglos vivieron como parte de ella sin necesidad de ser sus dueños. BIBLIOGRAFÍA. Cebolla, M. 2000. El conocimiento Mbya-Guaraní de las aves. Nomenclatura y clasificación. Suplemento Antropológicos, Revista del Centro de Estudios Antropológicos, Asunción, Paraguay, vol. 35, n° 2, pp. 9-187. Keller, H.A. 2001. 1996. Etnobotánica de los guaraníes que habitan la selva misionera. Jornadas Argentinas de Botánica, Mendoza, 17 al 22 de noviembre de 1996, 465, 6 p. Montenegro, R. A. 1999. Introducción a la ecología. Ed. Universidad Nacional del Comahue, Neuquen, 190 p. Montenegro, R.A. 2003. Protocolos y apuntes de la Primer, Segunda y Tercer Campaña a las comunidades Mbya de Tekoa Yma y Tekoa Kaí’i Yvate en la selva del Pepirí, en Misiones. Ed. FUNAM, Córdoba, mimeo, 110 p. Montenegro, R.A. 2004. Determinación del territorio que necesitan dos comunidades Mbya Guarani para satisfacer sus necesidades vitales y evaluación del impacto ambiental producido en la zona por empresas madereras (Reserva de la Biosfera de Yabotí en Misiones, Argentina). Ed. ENDEPA y FUNAM, Resistencia, 192 p. Poujade, R. 2000. Entrevista sobre arqueología misionera. Diario El Territorio, Sección “Sed de cultura”, Posadas, Misiones, 2 de julio de 2000, pp. 1-2. Lavallée, D. 2000. Les premiers producteurs de l’Amerique du Sud. En: “”Premiers paysans du monde. Naisance des agricultures”, Direction J. Guilaine, Ed. Errance, Paris, pp. 191-211. Testart, A. 1982. Les chasseurs-cueilleurs ou l’origine des inegalités. Societé d’Etnographie, Paris.
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