¿HAY QUE COMPETIR ?

Cuatro creencias generalizadas –verdades inamovibles para muchos- sobre un tema que no podemos ignorar, ofrecen en sí mismas otras posibilidades.

“El día comienza con un intercambio verbal áspero entre usted y su esposa durante el desayuno, parte de un inagotable debate sobre quién es el que da más en la relación. Pocas horas más tarde, en la oficina, usted se pregunta si su compañero de trabajo no terminará robándole el ascenso que estaba esperando. En el gimnasio, luego de trabajar, vuelve a sorprender a comprobar que su amigo más cercano haría cualquier cosa por ganarle un partido de tenis. Finalmente esa noche, su hijo le trae la noticia que ha sido eliminado en un examen de la escuela.

Dado que estos acontecimientos ocurren en diferentes área de nuestras vidas, es fácil pasar por alto su común denominador: la competencia. Por todas partes, nuestra obsesión por vencer. La competencia es tan omnipresente –afectando estudios, trabajos, juegos, relaciones- que muchos la toman como algo natural, sin advertir sus consecuencias destructivas.

Podemos definir a la competencia como “una obtención de logros mutuamente excluyentes”; o sea, mi éxito quiere tu fracaso. Nuestros destinos estarían conectados en forma negativa. Diciéndolo de otro modo: se compite cuando dos o más personas tratan de adquirir un objetivo que no puede ser alcanzado por ambos o por todos ellos. En este juego emerge la presión del ser el número uno. Nos hemos acostumbrado a vivir con él y por eso estamos tontos a defenderlo. Hemos sido enseñados no sólo para competir sino también para creer que hay un valor en la competencia.

En estos último años he examinado acerca de los argumentos utilizados para vender la competencia, y llegué a la conclusión de que son sólo mitos. Es decir la competencia no es necesaria ni deseable. En orden de popularidad, le presentamos los cuatro mitos centrales de la competencia.

MITO 1

COMPETIR ES INEVITABLE.

Así como nacemos con una serie de conductas indeseables, nos gusta atribuir la competencia a algo que llamamos “naturaleza humana”. Esta creencia está tan difundida que ni siquiera nos preguntamos si existe una evidencia que la sustente. De hecho, es difícil encontrar una sola defensa seria de este mito. Lo que no es difícil es encontrar razones para dudar que la competencia sea inevitable.

Los occidentales tendemos a creer que nuestro ímpetu desesperado por dominar a otras culturas es necesariamente universal. Medio siglo atrás, Margaret Mead descubrió que la competencia era prácticamente desconocida entre los Zuni y los Iroquíes, de América del Norte, y entre los Bathonga, de Sudáfrica. Desde entonces, los antropólogos han confirmado que la sociedad occidental es más la excepción que la regla.

Desde los esquimales de Canadá hasta los Tangu de Nueva Guinea, desde los Kibbutzim de Israel hasta los campesino mexicanos, la cooperación es más bien premiada y la competencia evitada en diferentes culturas.

En realidad, la competencia es un problema de entrenamiento social más que un aspecto innato de la personalidad. Los psicólogos Spencer Kagan y Millar Madsen, estudiando grupos de niños mexicanos y estadounidenses de siete a nueve años descubrieron que los mexicanos aprendían más rápido que los estadounidenses como cooperar en un juego experimental, mientras que estos últimos tendían a despojar a otros niños de sus juguetes con mayor frecuencia. Gerald Sagotsky, de la Universidad de Adelphi, condujo un estudio en el que se entrenó a 118 pares de estudiantes para trabajar juntos en una variedad de tareas. Semanas más tarde, otro investigador introdujo un nuevo juego entre esos estudiantes y observo que la lección había quedado en sus memorias. En verdad, los niños suelen expresar una fuerte preferencia por las tareas cooperativas una vez que aprenden en forma directa lo que significa trabajar o jugar en un contexto que no requiere la existencia de perdedores o ganadores.

MITO 2

COMPETIR NOS VUELVE MÁS PRODUCTIVOS

Suele pensarse que la competencia alimenta mayor productividad y un deseo de perfeccionamiento; o que sin ella la vida sería demasiado “blanda” y sin exigencias. Sin embargo, esta creencia se basa en la confusión entre competir y tener éxito, en tejer una bufanda o escribir un libro sin haberme preocupado en absoluto si el producto iba a ser mejor que el suyo. O también puedo trabajar con usted –digamos para escribir un informe o construir una casa. ¿Cuál de los dos métodos es el más productivo: competir o cooperar?. La respuesta tomará a muchos por sorpresa. David y Roger Johnson; educadores de la Universidad de Minnesota, analizaron recientemente 122 estudios de logros académicos realizados entre 1924 y 1980. En el 65% de los casos hallaron que la cooperación había promovido mayores éxitos que la competencia; sólo en un 8% hallaron lo contrario, y en el resto no descubrieron mayores diferencias. Del mismo modo, Robert Helmreich, de la Universidad de Texas, condujo 103 test de personalidad entre los miembros de la comunidad científica y descubrió que los científicos cuyos trabajos eran citados con mayor frecuencia por sus colegas eran los científicos menos competitivos. Una tras otra diferentes investigaciones llegaron a la misma conclusión: estudiantes graduados no tienen necesariamente más éxito en sus carreras cuando éstas se transforman en guerras de competencia.

Si reflexionamos un poco, tales resultados tienen su lógica. En primer término, tratar de hacer las cosa bien y tratar de derrotar a los demás son dos problemas diferentes. Un niño se sienta en la clase y agita su brazo para atraer la atención de su maestro. Cuando finalmente éste le pide que se incorpore y exprese qué quiere, el niño se pone colorado y murmura: “Esteee… ¿qué quería preguntarme?”. Su mente ahora observa de reojo a sus compañeros de clase, perdiendo concentración en el tema que lo preocupa. Ambos objetivos suelen empujarnos en diferentes direcciones.

Más allá, competir es muy estresante. La posibilidad del fracaso crea por lo menos agitación –si no genera una insoportable ansiedad. Ello interfiere con la capacidad de realizar la tarea. La competencia también obstaculiza el compartir nuestras experiencias, habilidades y recursos, al revés de los que ocurre con la cooperación. Todo esto debe conducirnos a plantear preguntas no sólo acerca de cómo estimamos –o subestimamos- a compañeros de clase o del trabajo, sino también a cuestionar el sistema de competencia que está basada nuestra estructura legal y económica.

MITO 3

TODO JUEGO ES COMPETITIVO

Es interesante observar que el modo fundamental de pasarla bien en nuestra sociedad se basa en participar o ser espectador de juegos altamente estructurados en los cuales un individuo o un equipo debe triunfar sobre otro. Atletas serios y determinados practican hasta quedar exhaustos con el solo objetivo de derrotar a sus contrincantes. Esto es lo que nuestra cultura denomina jugar.

La competitividad deportiva entre niños de edad escolar suele dejar profundas marcas de personalidad. El psicólogo deportivo Terry Orlick ha observado que tales actividades operan como una “fábrica de fracasos” entre los niños, no sólo por eliminar a los “malos”, sino también por desalentar a algunos de los “buenos”. Las investigaciones realizadas en contexto no creativos prueban que aquellos niños no exitosos en deportes competitivos también pueden continuar con una baja performance en otras actividades y desalentarse a la primera oportunidad en que se les presenta un desafío.

Aún los más pequeños son influenciados por el mensaje de la competencia. Un viejo juego donde esto es obvio es el de las sillas musicales, donde un número X de niños trata de sentarse en un número menor de sillas. Cada round elimina a un jugar, hasta que emerge un ganador único. El resto es excluido del juego por diversos períodos de tiempo o debe pagar alguna que otra “prenda”. Orlick reflexiona sobre este juego y propone una alternativa: “¿Qué ocurriría si los participantes –en lugar de eliminarse- trataran de apretarse para caber en un número cada vez menor de sillas, hasta terminar arracimados en una sola silla?. Aquí emergería un nuevo juego, sin vencedores ni vencidos.

Todo juego requiere la obtención de algún objetivo y la superación de algún obstáculo. En ningún lugar está escrito que el obstáculo deba ser siempre otra persona; podría ser un límite de tiempo, de espacio o cualquier otra cosa intrínseca a la tarea. De ese modo, ninguna polaridad vencedor –perdedor necesita ser restablecida a priori. Incluso podríamos disponer tareas en la que todos se esfuercen por alcanzar un objetivo, en cuyo caso los oponentes se vuelven compañeros.

MITO 4

COMPETIR REFUERZA EL CARÁCTER

Alguno defienden el combate contra los demás como una manera de hacerse más “fuertes”. Suponen que aprender a perder o ganar es un prerrequisito para endurecernos o darnos autoconfianza. Pero la mayoría de la gente intuye que las consecuencias de la lucha permanente contra los otros son generalmente insalubres. Como lo dijera el antropólogo Jules Henry, “una cultura competitiva perdura a costa de escindir a las personas que la componen”.

En gran medida competimos para reafirmar que somos capaces, valiosos, “buenos”. Lo trágico es que la competencia no refuerza la frágil autoestima que la hizo posible. El potencial de ser humillados y expuestos a vernos como seres inadecuados sigue latente en cada encuentro competitivo. Siempre es dañino tratar de vencer sobre los demás porque, en primer lugar, la mayoría de las veces todos somos perdedores.

Cuando nuestra autoestima depende del resultado de un torneo, ni siquiera vencer cada tanto sirve de ayuda. La salud psicológica implica una confianza incondicional en nosotros mismos. La victoria nunca es permanente. La euforia suele desvanecerse rápidamente y tanto vencedores como perdedores sienten que necesitan aún más, como un adicto que ha desarrollado cierta tolerancia a la droga.

Otros dos psicólogos deportivos, Thomas Tuke y Bruce Ogilvie, luego de estudiar a unos 15.000 atletas, no pudieron encontrar sustento para la creencia que los deportes refuerzan el carácter. “La evidencia sugiere que la competencia atlética limita el crecimiento en ciertas áreas” fue su conclusión luego de estudiar depresiones, períodos de estrés y frágiles relaciones entre atletas. En cambio, “alguno jugadores con defensas firmes de carácter evitan los deportes más competitivos”. Otros estudios señalan que la competencia conduce a que busquemos fuera de nosotros mismos la evidencia de que valemos. La cooperación, por otro lado, esta ligada a la madurez emocional y una identidad personal fuerte.

Tal vez el aspecto más perturbador de la competencia sea el modo en que envenena las relaciones interpersonales. En el trabajo podemos ser punitosos con nuestros colegas, pero existe un cierto “estar en guardia”, una reserva, una parte de la identidad que permanece a la defensiva porque quizás seamos rivales en el mañana. La competencia fisura a las familias, haciendo que la necesidad de la aprobación se vuelva una carrera, y convierte al amor en una especie de trofeo. En el campo de juego se hace difícil mantener sentimientos positivos hacia alguien que trata de hacernos perder. Y en la escuela se nos enseña a vernos mutuamente como rivales u obstáculos para el progreso individual. No debemos sorprendernos de que la hostilidad inherente en la competencia cada tanto explote como agresión directa.

También es fácil sacarnos de adentro los efectos de la rivalidad; no es suficiente eliminar la “competencia excesiva” –la fanforronería, el “hacer trampas”-, porque el problema está en el corazón de la competencia. En vez de perpetuar un arreglo que nos permita tener éxito solo a costa del fracaso de otros, debemos escoger una sesión radicalmente nueva de nuestra sociedad, una visión basada en el trabajo y el juego cooperativo.

Para ello hace falta dejar de lado los mitos sobre la competencia. Recién entonces podremos ocuparnos de cambiar las instituciones que nos definen como rivales y descubrir alternativas más saludables y productivas”.

ALFIE KOHN. Año 1987.


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Patricio Gallego Calderón

Hola, hago mi comentario desde Chile, pero desde hace un buen tiempo que conozco y comparto la metodología y el deporte del Sr. Pablo Esper di Cesare. Soy profesor de Educación Física y entrenador de Básquetbol en mi país.Leí con mucha atención el artículo publicado y lamentablemente debo decir que el tema me sigue dando vueltas en la cabeza. Hace un tiempo atrás publiqué en el blog de mi página un artículo que titulé: Minibásquetbol ¿Formativo o Competitivo? ( http://basquetbolchileno.blogspot.com/2007/10/minibsquetbol-formativo-o-competitivo.html), el porque de citarlo es basicamente por una cuestión de que va ligado,creo, al artículo publicado en este Blog.

Ahora bien, a juicio personal soy de lo que piensa que la competitividad en la vida es algo que va ligado con la esencia mismadel ser humano y del reino animal en general, el punto está en saber diferenciar y humanizar las competencias propiamente tales.

En fin, la discución queda abierta. Un saludo grande para el Licenciado Pablo Esper.

Patricio Gallego Calderón.
Profesor de Educación Física.

Santiago de Chile.

esperdicesare

Hola Patricio, creo que estamos de acuerdo en el papel formativo de la competencia, lo ideal es usar la competencia como medio de evaluar los aprendizajes y no como fin de la formación.
Debemos los entrenadores cambiar nuestras pedagogías dándole mayor importancia a la participación activida de los niños en las clases y juegos, para de esa forma hacer plena su participación en el juego, un abrazo a vos y a todo ese hermoso país en el cual estaremos nuevamente en Mayo en Copiapó.

vale
Abril 30, 2008, 11:19 pm, Reportar este Comentario vale dijo

desde que estaba en el profesorado de ed fisica cambié mi opinion sobre la competencia y solamente trato de camuflarlas en torneos con juegos recreativos o en mis clases con juegos cooperativos donde no existen eliminados y donde el trabajo es en grupo sin desantender los contenidos. pero es muy dificil el cambio,ademas de tener a los niños solamente hasta los 12 años. cuando pasan a la secundaria el cambio es muy brusco y fracazan o chocan con la competencia. me estoy replanteando como hacer para que eo no suceda?saludos

Septiembre 22, 2008, 11:37 pm, Reportar este Comentario mymarecos dijo

Aprovecho este espacio para invitarlos a la 2º Jornada de valores y deporte
20 de octubre de 2008
en Bartolome Mitre 1869 Ciudad Autonoma de Buenos Aires
Inscripcion: (11) 4637-0706
para mas informacion: http://www.fedeba.org.ar/valoresydeporte

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