Archivo para la categoría ‘Reflexiones mías’

Un escritor siempre está vivo

Dije siempre y debería borrarlo, el escritor resucita en sus palabras actualizadas y recreadas cuando lo vuelven a leer. Y, encima, con el valor agregado de ser vida multiplicada en los lectores. Cada ser humano que lee le regala su propia impronta desde sus ojos y desde su experiencia. La misma frase, la mismas palabras que la construyen se visten de otro color cuando se lee por otro ser. Una novela nunca es la misma. ¡Qué decepción! dijo alguien terminando la misma lectura que otros miles habían calificado como deliciosa. Tiene que ver con los ojos que miran, la experiencia que han vivido y el modo en que la transitaron.

Tomás Eloy Martínez

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La muerte de Tomás Eloy, la falta de su columna de los sábados de la cual fui fanática lectora me ha conducido a indagar entre las novelas sustanciosas y variadas que nos ha dejado.

Como no tengo ninguna en casa he corrido a la biblioteca del barrio y encontré dos: “Santa Evita” y “El cantor de tango”.

En cuanto las termine, proyecto comprar otras dos: “El vuelo de la reina” y “Purgatorio”.

Les transcribo el primer párrafo de la primera novela que cité, por ahí, mientras lo copio, por un sistema de ósmosis, adquiero una parte del talento que tenía Tomás Eloy para narrar.

«Al despertar de un desmayo que duró tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían disipado ya las atroces punzadas en el vientre y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar: Sólo la idea de la muerte no le dejaba de doler. Lo peor de la muerte no era que sucediera. Lo peor de la muerte era la blancura, el vacío, la soledad del otro lado: el cuerpo huyendo como un caballo al galope.»

Haití 2

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 Esta mañana, por problemas personales, la vida en mi casa comenzó a desarrollarse más temprano. Acostumbro a leer los comentarios mientras preparo el desayuno de la familia: nosotros cinco y nuestra perra Chiara.

 Los leí a todos y me quedé sin tiempo para responder. Después, mientras esperaba en la farmacia, cuando uno se detiene los pensamientos golpean y buscan repuestas, empecé a elaborar mentalmente lo que contestaría en cuanto volviera a mi PC.  Estaba comprando medicamentos para mi suegro, un antibiótico, un protector gástrico y un calmante. El farmaceútico me trajo a la realidad: faltaba la receta rosa que debe ser archivada. ¡Ay! Se podía ir a un comercio de la capital, o al médico nuevamente. Como tan sólo era cuestión de cruzar la General Paz, la primera opción era la más rápida para solucionar el inconveniente.

Por el camino atrapé una idea.

Mañana, aunque duerma una hora menos, esa idea será un relato para Jorge Luis,  Billy, Cacho y los que comentaron.

Nuevamente gracias por leer.

Haití

nene

 

  Hace semanas que intento escribir un relato acorde a tamaña tragedia. Escribir sobre el día en que la tierra tembló en Haití no es fácil y yo no sé hacerlo. Vivimos en épocas en que lo que pasa muy lejos de nuestra casa se actualiza en ella. Nos invaden las fotografías del horror y no podemos estar ajenos.

Por suerte siempre existe la esperanza. No hay duda de que la ayuda humanitaria inmensa es una muestra de ello. Los aviones de diferentes países haciendo cola en el cielo haitiano buscando la manera de aterrizar a pesar de la torre de control destruída hablan por sí solos.

El mundo globalizado nos coloca a cada uno al lado del  ser humano que sufre al otro lado del planeta. Nos estremece y nos invita a hacer algo, cada cual sabe sus posibilidades.

Algunos, como el bombero español, lograron milagros concretos. “Cariño, que te vienes conmigo” le dijo al niño haitiano extrayéndolo de los escombros.

Intento escribir pero la cara de ese niño y la expresión de sus ojos oscuros habla de modo contundente.

Cuaderno nuevo

Comenzar el año es tener delante una sucesión de días sin estrenar, como cuando de chicos empezábamos las clases con el cuaderno nuevo. ¡Qué bien! Estaba blanco, limpio, forrado de azul. Nosotros teníamos dos: el borrador y el de clase. Buena idea sería tener un año de borrador y ensayo más otro año para vivr sin tachaduras. La vida, sin embargo, se escribe sin ensayos.

Y faltan noventa

Sí, son noventa relatos los que me faltan, inspirados en el decime de ustedes para cumplir mi objetivo. En los últimos días me han llegado muchos saludos, muchas felicidades y alientos de todo estilo ¡pero ninguna idea!
Espero que durante el mes de enero no se las lleven todas de vacaciones sino que me las envíen.
De todas formas tengo algunas que me han entregado de manera encubierta. Sí, sí, porque a veces escucho cuentos escondidos en una conversación. Cuando eso ocurre los atrapo, escribo un par de renglones en papel, servilleta, procesador o mano. Anotaciones hay varias, falta el milagro de la conversión en palabras ordenadas y prolijas.
Por ahora, parafraseo la típica frase de abuela que todos conocen cuando finaliza un cuento: “fui por un caminito y fui por otro, espero tu idea para contarte otro”
Que el año finalice como en los cuentos de hadas “fueron felices y comieron perdices”
Y que el próximo ¡lo supere en felicidad con perdices más gordas y sabrosas!

No nos cruzamos pero nos tocamos

Mientras preparo mi próximo cuento y le hago unas modificaciones al blog, le pido prestadas unas palabras a Gabriela, las que usé para el título del post.
Ilustra muy bien lo que sucede a menudo en esta comunidad.

No sé, pero me han venido ganas de escribir sobre eso, sobre el misterio nuevo que crea la tecnología con estas maneras diferentes de acercarse a los otros. Antes las comunidades las formaban los vecinos cercanos, ahora se han extendido los límites. Se forman nuevas comunidades con gente que vive lejos, ¡o muy lejos! pero se hace cercana por compartir inquietudes, proyectos, sueños o deseos.
Con algunos no nos conocemos pero nos regalan su experiencia de vida y enriquecen la nuestra de tal modo que, aún sin cruzarnos, nos sacuden el alma.

Una mentira que hechiza

Decía Vargas LLosa que la literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse del infortunio. Yo me adhiero, no sé explicar el modo pero lo he comprobado en muchas ocasiones. Leer es casi salvífico. Los mejores frutos se nos brindan cuando nos entregamos a la mentira que se nos relata. Pero para eso el escritor tiene que tener el talento del brujo y dosificar bien la pócima, sólo cuenta con la palabra pero es ella la que le aporta luces y sombras, colores y negros, perfumes y melodías. Todo en literatura es combinación de palabras. Nada más, nada más sencillo.

El relato de ficción es una mentira que hechiza.

Reflexión de domingo

Ayer me decidí a contar que estaba escribiendo un blog. Comencé por allí y luego di algunos detalles. Luego de alguna sonrisa tuve que explicar que no lo hago porque no tengo nada que hacer, muy por el contrario: debo hacerme el tiempo para lograrlo, organizarme. ¡Pero vale la pena! ¡Además me encanta! Y tiene una ventaja adicional: los cuentos son poderosos. La escritura en sí misma, ordena el pensamiento y alivia. No trae las soluciones a los problemas pero aclara bastante.
Prueben, por ejemplo, narrar por escrito alguna situación que les duele. Después hagan una relectura, le encontrarán otros matices a la realidad y se les encenderán algunas luces.
Prueben también relatar hechos lejanos, ficciones, algo que no los toque (siempre los tocará un poco, claro) y verán el modo en que le quitan la máscara a muchos fantasmas.

No olvido a la rubia que está en el armario.