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25 Abril 2012 | Por monica-mabel | # Enlace permanente

Algunas piedras pequeñas tienen destinos grandes.
Esta es la historia de un guijarro redondo negro que realizó millones de giros entre la espuma del mar y la arena. No se sabe a ciencia cierta si lo modeló el tiempo o la corriente pero cuando arribó a la playa, y se convirtió en adorno de castillo de arena, sonrió su suavidad de piedra zarandeada.
Un niño lo levantó y lo colocó en su balde plástico que estaba lleno del agua cristalina del mar. Con extrema delicadeza lo situó en la parte más alta de la frágil torre que acababa de levantar. Allí, se posaron las miradas de los ocasionales caminantes.
Cayó la tarde con su misterio de brillos que mueren y la playa quedó solitaria. Mirta guardó la piedra entre las palas y los moldes plásticos de su hijo.
Al día siguiente, mientras hacía su caminata por el pinar, supo del proyecto: el mural de Malvinas.
Y ahí está, el guijarro pequeño en una obra enorme, representando un trozo de tierra que emerge del magnífico Mar Argentino.
Esto no es cuento, es una obra que se emplazará en la Avda 10, en el partido de Villa Gesell(Pcia de Buenos Aires), y que se ha realizado con el aporte de muchas personas.
Ahí va otra fotografía:

Fuente de la fotografía: el facebook del Taller Municipal de Cerámica de Villa Gesell (hay un montón)
3 Abril 2012 | Por monica-mabel | # Enlace permanente
Hoy ha fallecido Gustavo,
pero sus dragones y todos los personajes de sus preciosos relatos
están vivitos y coleando,
¡gracias a Dios!

Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano.
Y los dragones creen que el mundo queda en calma. pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo.
O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera.
Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen.
Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.
12 Marzo 2012 | Por monica-mabel | Claves: cuento, imaginación, memoria, sueños | # Enlace permanente

“En sus manos… ¡el primer periódico perfumado del mundo! Gentileza de Casa GOOBI.” Anuncia la tapa. Me pregunto si será verdad u otra exageración argentina de las tantas.
Es el diario de mi barrio, el mismo que cada mes me trae los principales acontecimientos y bastante de nostalgia del pasado que brota en fotografía y palabras.
“Siempre hay proyectos e ilusiones para seguir bregando” Leo la editorial y la comparto, frase a frase.
“Amigos, vecinos, instituciones y comerciantes se suman al compromiso de estar al servicio de la comunidad” Es cierto, ahí nomás, en la misma página, cirugía de cataratas, clases de batería, grafología y yoga vital.
“La gente, los vecinos, esperan cada mes, la llegada de nuestro periódico, que es hoy por hoy, patrimonio de cada habitante de Villa Martelli” y también es cierto.
La editorial es breve, una simple bienvenida al nuevo año periodístico, cálida y con fotografía acorde al tono: una mano que empuña antigua pluma, de las que se bañaban en el tintero para que pudieran regalar una letra.
La fotografía me da la sensación de haberla visto otra vez, vuelvo a la portada para buscar la fecha: Marzo 2020. Leo y releo. Sonrío, error de imprenta debe ser.
Me levanto, camino hacia la cocina para prepararme el desayuno y no encuentro mi tazón verde. ¿Cómo voy a hallarlo si estos no son mis antiguos muebles? Una nota escrita con caligrafía infantil descansa sobre la mesa: “Abuela, te quiero, 12 de marzo de 2020”
Estoy repasando las cifras cuando me sobresalta el teléfono. Un aparato pequeño que yo no sabía que poseía, pura pantalla que está cerca del dibujo con la nota. Aparece en el telefono la cara de una niña pequeña, igualita a mi hija mayor. Atiendo sin comprender.
“Abuela, dice mi mamá que esta noche vamos a comer pizza, ¿me hacés con jamón y huevo para mí?” “Abuela, contéstame” “¿Me oís?”
No puedo responder, soy un tsunami de interrogantes que dan vuelta en mi cabeza.
Teléfono en mano salgo al patio. Mis plantas, mi jardín, son diferentes.
“Abuela, con el huevo picado, ¿me oís?”
Y me miro las manos con manchas claras ¿desde cuándo?, y releo la portada del diario, “Marzo 2020” y aparece mi hija en la pantalla, cambiada, aún más linda que antes. No es la chiquita, ni la adolescente rebelde, ni la recién graduada con crisis de vocación. El tsunami se aplaca mirando sus ojos serenos.
“Mamá ¿te pasa algo? Pensábamos ir a tu casa, si te sentís mal cocino yo”
Le respondo que no, que fue seguramente, porque todavía estoy algo dormida, ya sabe que me encanta que vengan.
Recorro la casa y las muestras del cambio son cuantiosas, debo haber pasado por el túnel del tiempo, la tele fina como un papel adherido a la pared, me muestra imágenes de aero-autos semejantes a los que veía en la serie animada “Los supersónicos” durante mi niñez, allá por los sesenta donde aquello parecía irreal.
Veo sobre mi escritorio una computadora tan delgada como la tele, está abierta la versión online de “El Martelliano”. ¡Qué gracia! Ayer nomás me parece que estuve hablando con su director sobre la importancia de aparecer en la red. Con unos leves toques en la pantalla táctil recorro las páginas colmadas de historias de emprendedores exitosos de nuestro barrio. Miro detenidamente la fotografía de mi último libro publicado. Yo pensaba que, en un futuro cercano, sólo los textos muy valiosos se editarían en papel, ¡y ahí estaban mis ejemplares en la biblioteca!
Finalmente me preparo un té y termino de leer la editorial del diario.
“Donde soñar e ir cumpliendo de a poco esos sueños es un privilegio para todos nosotros.” Lo doblo con cuidado y me voy a amasar la pizza para mis nietos.
Dedicado a Hugo Daniel Pane
5 Enero 2012 | Por monica-mabel | # Enlace permanente

La mujer preparó el desayuno para la familia como cada mañana, hizo la caminata con sus amigas, calentó agua para el mate y encendió la radio.
-No debo olvidarme de llamar por teléfono y ganar las viandas, no cocinaré por una semana, bueno no tanto, catorce viandas no alcanzan ni para tres días, Maxi las pedirá para llevárselas al banco, podría pedir que me manden quince, múlt …iplo de cinco, las repartiremos equitativamente. No, no, si las gano yo iré a la nutricionista, me las quedaré para mí, quizá no vuelvan a hablar más de mi panza. Que mamá tiene que adelgazar, que no, que mamá está grande y ya no necesita, que sí, que no puede tener esa panza, debe hacer abdominales, eso tiene que hacer…
La mujer escuchó que anunciaban a un médico que hablaría sobre las adicciones.
- ¿Seré adicta a la radio? No, no es mi caso, puedo renunciar en cualquier momento, puedo sobrevivir perfectamente, no es el caso del tabaco, ni del juego, ¿lo mío no es un juego? ¿Qué haría si no gano las viandas? ¿Te acordás de la mujer que se suicidó en el baño del casino de Tigre?
Jaja, la mujer sonrió interiormente, amaba la vida y era optimista. Salió a hacer unas compras con la radio encendida en la cartera, eligió un pollo y algunos vegetales. Pagó rápidamente, cargó todo en su bicicleta al tiempo que intentaba sacarle la cadena de seguridad, ¡no se acordaba la clave!
-Lo mío no son los números, siempre lo dije, ¿por qué no le pondrán letras a estos adminículos? Los convertiría en palabras y podría recordarlos. ¡Ay! ¡Qué manera de transpirar esta mañana de enero! Y ahora voy a encender el horno, debí seleccionar otra forma de cocción, a la cacerola por ejemplo, no, que me dará más trabajo. ¿Por qué no le pondrán letras?
La mujer escuchó al locutor hacer las preguntas, ¿las polillas se comen la ropa? ¿cuál es el número de la camiseta de Ginobili?
-Números, ¿para qué se habrán creado los números?, por suerte no me han tocado preguntas con números. Ay! Pero esta chica puede ganarme,,,, No, no sería justo, ya me sucedió en el anterior concurso por la botella de chocolate,,,, y que la cerveza tiene las mismas calorías que un plato de ravioles, ¿y los dos juntos? Porque ella no comería ravioles con agua, y este médico hablando de la adicción a la cerveza…. Bueno, al menos no estoy en esa categoría, prefiero el vino, sí, en la mesa no puede faltar el pan y el vino, por más viandas de Miriam Mazzei que me gane. Pero si no las gano, alguna medida deberé tomar.
La mujer logró liberar su bicicleta y volvió a la casa tramando un plan, y es muy astuta.
Este relato se lo dedico a Miriam, excelente chef y mejor persona.
13 Diciembre 2011 | Por monica-mabel | Claves: alegría, cuento, surrealismo infancia | # Enlace permanente

Nada es lo que parece a simple vista, conviene detenerse, mirar dos veces, escuchar y, en ocasiones: oler.
El domingo una fotografía me habló desde la pantalla de la computadora y pude oír su voz sin interferencias a pesar de que el sonido lo tenía anulado porque toda la familia dormía. De manera inmediata escribí:
“Increíble, Papá Noel de juguetería Thelmus me ha contado una cosa. No sé si decirla…”
Enseguida intenté distraerme leyendo el diario, una dosis de realidad te pone de nuevo en tierra para que no te tientes de relatar fantasías. Pronto comprobé que era una solución pasajera porque una frase chiquita reclamaba desde el facebook: “Decila, Moni”. ¿Es que Daniel se lo había creído?
Decila, decila, decila, decila; allí bien adentro, en las entretelas del alma, se repetía un eco igual al del recurso sonoro de varias emisoras radiales que había escuchado en el sur. Mucha radio más paisajes, demasiada magia tuviste, Moni.
Pasó el domingo y llegó el lunes. Trabajé todo el día en actividades concretas y necesarias hasta que, poco más de las seis de la tarde, por fin, apurando el paso con nerviosismo, estuve parada frente a la juguetería, mis ojos en los ojos de Papá Noel.
Entrá, entrá, entrá, entrá, ¡de vuelta con el eco! Esa resonancia que en lo íntimo se multiplica, mejor obedecés para que calle.
-¡Hola!-saludé a la dueña de la juguetería que respondió mientras buscaba un hula hula para la cliente que estaba primero- seguí atendiendo, voy a mirar.
Disimulé, como que le daba una ojeada a los lindos juquetes de todo color, precio y tamaño. Iba oliendo el papel, sí, que llegaba desde el fondo. Me topé con una puerta sencilla, con cinco vidrios esmerilados en la parte superior. Para mi sopresa, al acercarme, el vidrio se volvió transparente, mejor dicho, desapareció para que yo viera con absoluta claridad aquello: la imprenta de Papá Noel.
Justo me sorprendió Ares, no se confundan, ni el dios griego de la guerra ni el programa para bajar música, el hijo de Thelma. Ares me explicó que Papá Noel es su madre, que los Reyes Magos sí existen, él ha de pensar que ese Papá Noel que está afuera es un artilugio para que niños más pequeños dejen sus cartas y dibujos. Juntos miramos a varios dejándolas.
-¿Qué harás con todas esas cartas?- le pregunté a Thelma.
-No sé- intimidada, casi, frente a los ojos enormes de Ares.
¿Era posible que ella no supiera de la imprenta en el fondo de su local? ¿Es que de tanto trabajar allí no le fue posible ver? ¿Ni Ares?
-Yo le escribí, -dijo el niño-si me contesta, podría creer.
La mueca y el gesto de Ares son indescriptibles, pura espontaneidad, todo frescura.
De mi parte, estoy también a la espera de que Papá Noel responda. ¿Lo hará?
Este relato sencillo está dedicado a Ares, es la primera ocasión en que lo leo por radio aún antes de subirlo al blog.
Fue estrenado el día de hoy en FM Puler, la radio de mi barrio.
¡Y a continuar con la trilogía interrumpida!
3 Noviembre 2011 | Por monica-mabel | Claves: escritura fiesta aniversario amistad | # Enlace permanente

Claro que no, esto es una fiesta de cumpleaños, nuestra querida Terraza de Arequipa cumple dos años de trabajo y disfrute.
Los que empezamos nos conocíamos de antes, ¿les dice algo el nombre de Jorge Eduardo Benavides? Su taller de escritura creativa online en el diario “El País” fue semilla. Los integrantes éramos muchos y diversos, el punto de unión era la misma lengua y la pasión por la escritura. ¿Misma lengua? ¡Si habremos tenido que traducir localismos!
Pasaron semanas y con ellas cuentos de asesinos, de magos, de amores, con pañuelos de seda, con estrinina, en Alejandría o en Miami. Las consignas de Jorge abrían el mundo de la imaginación y cada cual le ponía lo suyo. Farmaceútico, médico, empleada administrativa, vendedora de libros, informático, maestra, jubilada, cada cual con su trabajo y su equipaje vital perfeccionando lo que le gustaba: narrar.
Nos reíamos y hasta cantaaaaaaaábamos. Seguro se acuerdan del tango aquel.
Nos pasábamos recetas de creatividad mezcladas con la cocina. ¿Quién me recomendó que escribiera un libro de recetas? Luego no pude sacarme jamás la duda si era por lo bien que las escribía o por lo malos que le resultaban mis cuentos. O tal vez habría sido por mi magistral clase: “escribir un cuento es como preparar un buena pizza, hay que disponer los ingredientes, amasar, esperar, ta,ta, tá…”
Jorge, sin embargo, hablaba de ebanistería, de limar, de pulir.
¡Hubo uno que para ser creativo imprimía sus relatos y luego mezclaba las páginas!
Algunos quedamos otros se fueron, ahora se sientan en nuestra terraza compañeros nuevos que nos enriquecen, otros van y vienen con la independencia que proporciona la virtualidad.
Pasen a la fiesta y cuenten lo suyo mientras comen torta de chocolate, les aseguro que no engorda ni eleva el colesterol.
Brindo por nuestro encuentro, de manera especial por el camarero que lleva sobre sus hombros la mayor carga del trabajo.
Estoy agradecida y los quiero a todos.
4 Octubre 2011 | Por monica-mabel | Claves: escritura resiliencia cuento terapia | # Enlace permanente

“El escribir ayuda a mantener nuestra brújula psicológica bien dirigida” James Pennebaker
La escritura mejora la calidad de vida.
Escribir evita que el estrés y la agresión acaparen la vida.
Los estudios científicos señalan, además, que al escribir acerca de los pensamientos y sentimientos más íntimos en relación a hechos traumáticos, se produce un aumento de la actividad inmunológica y, por lo tanto, se reducen las visitas a los médicos.
Los conceptos anteriores los copié del libro “Escritura y cuento terapéutico” de Mónica Bruder.
Mañana Carlos Lima Coimbra y yo estaremos hablando sobre estos temas precisamente con ella, con la Dra. Mónica Bruder, que se hará un lugarcito para contarnos su experiencia.
No te lo pierdas, la cita es a las doce del mediodía, en la Puler, la radio de mi barrio: www.fmpuler.com.ar
27 Septiembre 2011 | Por monica-mabel | # Enlace permanente

Cualquiera sabe, o por lo menos intuye, que las historias tienen un enorme caudal de poder, pero otra cosa es constatarlo en las afirmaciones de científicos, pedagogos, psicólogos y quienquiera haya estudiado con seriedad el tema. Esta tarde, mientras planificaba el programa radial de mañana aprendí eso y algo muy curioso sobre los cuentos de elefantes.
Mañana a las doce del mediodía por la Puler, la radio de mi barrio.
www.fmpuler.com.ar
19 Septiembre 2011 | Por monica-mabel | Claves: alegría, amor, solidaridad | # Enlace permanente


Era el día del niño en el hospital y, como cada año, las señoras de rosa hicieron la felicidad de cada nene internado.
Fueron portadoras de regalos, de sonrisas y de cuentos que, alentando la fantasía, hicieron más llevadero el día de internación.
Cada una es una historia que camina y, mientras lo hace, se va perfeccionando en la tarea de contener a los enfermos que acuden al hospital del municipio.
Por eso son hermosas sus miradas, por eso sus sonrisas brillan y, aunque ese día se pusieron adornos llamativos que hicieron el asombro de los chicos, normalmente no necesitan más que su disfraz de cariño multiplicado.
La abuela rosada repartió juguetes, subió y bajó escaleras, dio caricias por acá y unas cucharadas de sopa por acá hasta que llegó la hora de volver a su casa.
Caminó entonces hasta la estación del tren, subió para recorrer las cuatro estaciones que la separaban de su hogar. Llegó, se sacó con alegría los zapatos al tiempo que calentaba su comida.
En eso estaba cuando sonó el teléfono, la vecina la llamaba angustiada, el marido de ochenta y dos años se había caído del techo mientras mientras limpiaba de hojas el desagüe.
La abuela rosada cruzó la calle y se quedó con ellos hasta que llegó la ambulancia.
Esto no es cuento sino un hecho que, con diferentes matices, se repite siempre.
Me han inspirado las Damas rosadas del Hospital de Vicente López
7 Septiembre 2011 | Por monica-mabel | Claves: sueños música cielo | # Enlace permanente

Villa Martelli, 30 de enero de 2051
Anoche miré una antigua película. La saqué de la caja de compactos que me regaló mi abuela y la he disfrutado mucho. La elegí por el nombre “Todos los perros van al cielo”, es infantil, no para mí, pero no tenía ganas de pensar, venía de vibrar con la música. Y Joch me había inspirado a ver algo sobre perros. Llegaba cansada del tránsito y del calor de la calle ansiando el microclima que es mi hogar. Cuando mi abuela me cuenta que hace cincuenta años no todas las viviendas tenían aire acondicionado no se lo puedo creer. La abuela ha cumplido noventa. No sé si es poco o es mucho, lo que sí sé es que el mundo está muy cambiado y se vive más. No sé si mejor o peor sólo que algunas cosas se han perdido. Por ejemplo, los niños de este siglo no se imaginan lo que es tener un perro en la casa. Yo sí me acuerdo, mis abuelos tenía una perra bretona que se llamaba Chiara. Mi padre me contó que el abuelo lo llevaba a cazar perdices a un campo de Rauch, que él no sabía tirar así que se dedicó a sacar fotografías de la perra, debería encontrarlas y cambiarlas de formato para volver a verlas. El calentamiento global y la falta de agua nos ha quitado la vista de los campos, de las flores, de las vacas pastando libres, de los lagos que eran como espejos, de las cataratas ruidosas y del placer de una zambullida en un arroyo transparente.
En aquella época, cuando mi abuela me dio la caja, yo me imaginaba el cielo que ella me contaba, decía que la eternidad debería ser algo semejante a nadar deslizándose con lentitud exagerada por el agua. ¿Habrá un cielo para los perros? ¿Cómo será? ¿Tendrán agua, caricias y huesos para morder? ¿Será el mismo cielo que habitaremos los humanos? ¿Volveremos a ver animales? ¿Joch se encontrará con sus dueños? ¿Podrá escuchar el éxito musical que lleva su nombre? Porque para mí el cielo es como un recital de rock.
Mi abuela me contó que conoció la banda “Eterno Joch” cuando ella trabajaba en la radio. Un día entró al estudio y estaba Jonathan que había ido para una entrevista a un programa de la mañana. Yo le he preguntado y así me enteré de lo más increíble. En aquella época Jonathan caminaba por la calle sin asedios periodísticos y nadie imaginaba en la leyenda en que se transformaría. Me contó mi abuela que cuando se quedaron solos le preguntó por el nombre de su banda, a ella no le sonaba, le gustaban nombres más grandilocuentes que apelaran a algo bien importante. Fue así que Jonathan le explicó sobre Joch, el perro que no se moría. Mi abuela cambió de idea, le pareció tan interesante que, luego de la pausa, cuando los chicos de la escuela del barrio lo entrevistaron, ella codeó a la chica que estaba a su lado para que le hiciera esa pregunta y volver a escuchar la significación del nombre.
Cada vez que la banda ofrece sus conciertos online desde cualquier parte del mundo, la abuela vuelve a contar aquel reportaje que le hicieron los alumnos de la escuela del barrio. Ella fantasea a veces, mucho más ahora que se la pasa imaginando en pasado, pero a mí me gusta creerle y pensar que es cierto.
Va dedicado a los chicos de Eterno Joch