40- Uva de marzo

Este relato está dedicado a mi amiga Lina que pintó el cuadro

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 Yo solía decir, en mi convicción más plena, que no había uva más sabrosa que la de Cafayate. Eso fue antes de la maduración de la pintura de Lina.
  Mi amiga pinta unos cuadros realistas exquisitos. En la pared más importante de nuestra casa tenemos una muestra de ello. Son unas tinajas de barro que nacieron a mi pedido. Toda la composición es de colores tierras a excepción de un racimo esmeraldino que ella agregó por su cuenta. La luz de esa pintura siempre me hechizó y suelo contemplarla por tiempos prolongados.
  Fue en marzo, noté que las uvas pintadas habían adquirido volumen, brillo y fragancia. Sin pensar estiré la mano, tomé una y la llevé a la boca. Después fue una segunda. Más tarde ya no sé. Permanecí  enajenada por la delicia de sensaciones que se producía en mi paladar mientras saboreaba sin apuro. Al mismo tiempo, sorprendida, me encontraba que otras uvas ocupaban el lugar de las que yo comía.
  “Dulces como uva de marzo”, como establece el dicho popular, y más,  el valle de Cafayate y un torrontés en cada una.