34-Viajes

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Algunas piedras pequeñas tienen destinos grandes.

Esta es la historia de un guijarro redondo negro que realizó millones de giros entre la espuma del mar y la arena. No se sabe a ciencia cierta si lo modeló el tiempo o la corriente pero cuando arribó a la playa, y se convirtió en adorno de castillo de arena, sonrió su suavidad de piedra zarandeada.

Un niño lo levantó y lo colocó en su balde plástico que estaba lleno del agua cristalina del mar. Con extrema delicadeza lo situó en la parte más alta de la frágil torre que acababa de levantar. Allí, se posaron las miradas de los ocasionales caminantes.

Cayó la tarde con su misterio de brillos que mueren y la playa quedó solitaria.  Mirta guardó la piedra entre las palas y los moldes plásticos de su hijo.

Al día siguiente, mientras hacía su caminata por el pinar,  supo del proyecto: el  mural de Malvinas.

Y ahí está, el guijarro pequeño en una obra enorme, representando un trozo de tierra que emerge del magnífico Mar Argentino.

 

Esto no es cuento, es una obra que se emplazará en la Avda 10, en el partido de Villa Gesell(Pcia de Buenos Aires), y que se ha realizado con el aporte de muchas personas.

Ahí va otra fotografía:

 

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Fuente de la fotografía: el facebook del Taller Municipal de Cerámica de Villa Gesell (hay un montón)

Amor de dragón (Gustavo Roldán)

Hoy ha fallecido Gustavo,

pero sus dragones y todos los personajes de sus preciosos relatos

están vivitos y coleando,

¡gracias a Dios!

 

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Cuando los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo más alto, donde las estrellas casi están al alcance de la mano.

Y los dragones creen que el mundo queda en calma. pero se equivocan. Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo.

O la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna o la luna delante del sol y etcétera etcétera.

Vanas explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen bien verían claramente la figura de dos dragones que se aman y que van tapando la luz de los astros según se acerquen o se alejen.

Cada vez que alguien piense que está llegando el fin del mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien. Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero eso no es nada fácil.