30- Instrucciones para trabajar de Ratón Pérez
Dedicado a Luca, Martina y Patricia
No será indispensable disfrazarse de ratón, claro está, porque además, los disfraces siempre vienen en talles pequeños. ¿No se han fijado que existen trajes que sólo se piensan para los niños? Las personas adultas sólo pueden disfrazarse de árabes, de payasos, de médicos, de curas y monjas con todas sus variaciones: abadesa, obispo, papa, cardenal, monje franciscano u otra orden. No olvidemos el archi acostumbrado disfraz de linyera. Sí, porque si mañana te invitan a una fiesta de disfraces, no te disfrazarás de ratón Pérez, ni mucho menos de flor de jacarandá. Conozco a una persona que tuvo que confeccionar los dos últimos trajes citados el pasado fin de semana. ¡Vaya tarea! La única manera de realizarlo es con una alta dosis de creatividad, ella la tiene y la empleó.
Simular una flor de jacarandá no es tan difícil, un poco de tules azul violáceo, una costurita por acá y por allá harán la magia de recrear esa belleza. Pero, para parecer ratón, la cosa se complica.
Cualquiera diría que una malla adherente marrón y algunos accesorios bastarían para hacer el prodigio. Lo mismo pensó ella y tiñó su equipo, el mismo que usaba para bailar ritmo remix. Una vez seco se lo puso, se miró al espejo y comenzó a ensayar. No estaba conforme, en realidad no estaba segura porque se le mezclaban los personajes. El ratón Pérez debería ser diferente de Mickey, seguro, ¿se parecería al de los famosos dibujos de la infancia de Tom y Jerry? Mientras más se miraba y lo intentaba, más se entusiasmaba, dejó todas las actividades de lado.
Las horas son veloces cuando tenemos que preparar algo, se apuran, las agujas del reloj corren más rápido cuando queremos construir una ilusión. ¡Y eso lleva tiempo! Las madres lo saben pero, algunas veces, son todopoderosas.
Llegó la noche, el instante fatídico en que el diente caído es puesto bajo la almohada. La madre besó al niño y, en ese instante olvidó lo que dijimos al principio del relato: que no es imprescindible disfrazarse de ratón y que sólo es cuestión de dejar unas monedas o billetes en el mismo sitio en que el niño puso su pequeña perla.
A la mañana siguiente, Luca se despertó temprano, encontró lo que esperaba y corrió a contarlo en la radio, en su programa favorito porque a su mamá no la podía encontrar.
Por eso escribo estas instrucciones, para alertar madres y padres, el trabajo del ratón Pérez es simple: sólo es cuestión de dejar la recompensa, todo intento de perfección es peligroso. A la mujer que bailaba remix no se la ha vuelto a ver, su familia se asoma a las bocas de los desagües y la llama: ¡Patriciaaaaaaaaaaaaa!
Este relato está inspirado en un comentario de facebook e integrará
una trilogía que intenta emular las instrucciones de Cortázar en su libro “Historias de cronopios y de famas” .
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¡Que bueno, Mónica!
Me pregunto qué fue de esa mamá.
Tengo ganas de leer las próximas dos entregas ya.
Un abrazo,