Pascua de la Tierra crucificada

por Leonardo Boff

(teólogo brasileño)

La pascua es una fiesta común a judíos y cristianos y encierra una metáfora de la actual situación de la Tierra, nuestra devastada morada común. Etimológicamente, pascua significa paso de la esclavitud a la libertad y de la muerte a la vida. El Planeta como un todo está pasando por una severa pascua. Estamos dentro de un proceso acelerado de pérdida: de aire, de suelos, de agua, de bosques, de hielos, de océanos, de biodiversidad y de sostenibilidad del propio sistema-Tierra. Asistimos aterrados a los terremotos de Haití y de Chile, seguidos de tsunamis.

¿Cómo se relaciona todo eso con la Tierra? ¿Cuándo van a terminar las pérdidas o hacia donde nos podrán conducir? ¿Podemos esperar, como en la Pascua, que después del Viernes santo de pasión y muerte, irrumpa siempre nueva vida y resurrección?

Necesitamos una mirada retrospectiva sobre la historia de la Tierra para que nos arroje alguna luz sobre la crisis actual. En primer lugar, hay que reconocer que terremotos y devastaciones son recurrentes en la historia geológica del Planeta. Existe una «tasa de extinción de fondo» que se da en el proceso normal de la evolución. Las especies existen durante millones y millones de años y luego desparecen. Es como un individuo que nace, vive durante un cierto tiempo y muere. La extinción es el destino de los individuos y de las especies, también de la nuestra.

Pero más allá de este proceso natural, existen las extinciones en masa. La Tierra, según los geólogos, habría pasado por 15 grandes extinciones de esta naturaleza. Hubo dos especialmente graves. La primera ocurrida hace 245 millones de años con ocasión de la ruptura de Pangea, aquel continente único que se fragmentó y dio origen a los actuales continentes. El evento fue tan devastador que habría diezmado entre el 75% y el 95% de las especies de vida entonces existentes. Por debajo de los continentes continúan activas las placas tectónicas, chocándose unas con otras, superponiéndose o alejándose, en un movimiento llamado de deriva continental, responsable de los terremotos.

La segunda ocurrió hace 65 millones de años, causada por alteraciones climáticas, subida del nivel del mar y calentamiento, eventos provocados por un asteroide de 9,6 km que cayó en América Central, provocando incendios infernales, maremotos, gases venenosos y un largo oscurecimiento del sol. Los dinosaurios que durante 133 millones de años dominaron, soberanos, sobre la Tierra, desaparecieron totalmente así como el 50% de las especies vivas. La Tierra necesitó diez millones de años para rehacerse totalmente. Pero permitió un abanico de biodiversidad como nunca antes en la historia. Nuestros antepasados que vivían en las copas de los árboles, alimentándose de flores, temblando de miedo a los dinosaurios, pudieron bajar a la tierra y hacer su camino, que culminó en lo que nosotros somos hoy.

Científicos como Ward, Ehrlich, Lovelock, Myers y otros sostienen que está en curso otra gran extinción, que se inició hace unos 2,5 millones de años, cuando extensos glaciares empezaron a cubrir parte del Planeta, alterando los climas y el nivel del mar. Se aceleró enormemente con la aparición de un verdadero meteoro rasante, que es el ser humano a través de su sistemática intervención en el sistema-Tierra, particularmente en los últimos siglos. Peter Ward (O fim da evolução, 1977, p. 268) refiere que esta extinción en masa se nota claramente en Brasil, en donde en los últimos 35 años se están extinguiendo definitivamente cuatro especies por día. Y termina advirtiendo: «un gigantesco desastre ecológico nos aguarda».

Lo que nos causa crisis de sentido es la existencia de los terremotos que destruyen todo y matan a miles y miles de personas como en Haití y en Chile. Y aquí humildemente tenemos que aceptar la Tierra tal como es, ya sea madre generosa o madrastra cruel. Ella sigue los mecanismos ciegos de sus fuerzas geológicas y nos ignora, por eso los tsunamis y cataclismos son aterradores. Pero nos pasa informaciones. Nuestra misión de seres inteligentes es descodificarlas para evitar daños o usarlas en nuestro beneficio. Los animales captan tales informaciones y antes de un tsunami huyen hacia lugares altos. Tal vez hace tiempo nosotros sabíamos captarlas y nos defendíamos. Hoy hemos perdido esa capacidad, pero para suplir nuestra insuficiencia, ahí está la ciencia. Ella puede descodificar las informaciones que previamente nos pasa la Tierra y sugerirnos estrategias de autodefensa y de salvación.

Somos la propia Tierra que tiene conciencia e inteligencia, pero todavía estamos en la fase juvenil, con un aprendizaje escaso. Estamos entrando en la fase adulta, aprendiendo cómo manejar mejor las energías de la Tierra y del cosmos. Entonces, los mecanismos de la Tierra, a través de nuestro saber, dejarán de ser destructivos. Todos tenemos todavía que crecer, aprender y madurar.

La Tierra pende de la cruz. Tenemos que quitarla de ahí y resucitarla. Entonces celebraremos una pascua verdadera, y nos será permitido desear: Feliz Pascua.

18- La fiesta de Malvinas

A 28 años de la guerra, he seleccionado este relato que va dedicado a todos los soldados que participaron, a los caídos y a los que siguen en lucha.

También a Mónica, que me pidió un relato narrado desde la perspectiva de un hombre, en este caso: excombatiente.

Amanece el 2 de abril de 1992 en mi pueblo del sur y hoy se realiza el homenaje a los caídos y veteranos de guerra de Malvinas. Carmen me ha ayudado a vestirme con la mayor elegancia posible. Dice que debo lucir bien, ¡si se pudiera cuando te faltan las piernas! A mí no me agradan este tipo de eventos, yo fui a  combatir  sin saber a qué iba. Me alisté como voluntario para viajar y conocer las islas, una simple aventura, un paseo, nada de instrucción militar, comer chocolates, fumar cigarrillos regalados. ¿Guerra? No, diversión, aprender palabras en inglés. ¿Frío? ¿Qué va? Si el ejército te dará lo necesario. Me engañaba como tantos. Ahora no tengo ganas de asistir a la fiesta pero Carmen insistió en que conoceremos Buenos Aires, que me aplaudirán, que comeremos bien, que es nuestra oportunidad para pasear. La ha tentado, además, que luego nos harán entrega de un premio monetario, una ayuda que cubrirá varias necesidades.

Apenas bajamos del avión nos recibe una banda militar y, luego de los honores, nos conducen a los micros. Somos una multitud. Hemos venido de todas las provincias y cada grupo tiene asignada una escuela. Nuestro micro viaja media hora más. Al fin se detiene, debemos llegar a pie porque falta sitio. Todo el barrio ha salido a la calle con banderas celestes y blancas. Muchos me felicitan al reconocerme excombatiente mientras un miembro del comité organizador nos abre paso. Carmen continúa entusiasmada, no necesito voltear la cabeza para saber que empuja mi silla con orgullo. ¿Viste, mi amor, nadie se quiere perder la fiesta?

Por fin nos detenemos frente a una escuela grande y embanderada, un pasacalle nos da la bienvenida y acusa la fecha, ¡diez años han pasado! ¿Por eso celebran? Yo prefiero olvidar, a veces creo que quisiera ver a Silvia. Nos queríamos, eso pensaba. Me pidió que no fuera a luchar, que me extrañaría, sólo le falté unos meses, la rápida instrucción, el viaje y algunos días en las islas en el frente de batalla. Acabó bien rápido la contienda. Parece que Silvia era de memoria frágil puesto que me había olvidado. Cuando volví me dijeron que se había ido a trabajar a Buenos Aires pero nadie supo o quiso decirme algo más.

Ingresamos a la escuela especialmente engalanada, nos acompaña, a ambos lados,  un interminable cordón de prolijos alumnos de blanco que agitan banderitas. Ocupamos la primera fila frente al escenario reservada especialmente para los homenajeados. Recibimos aplaudiendo las banderas de ceremonia, cantamos el Himno Nacional, y la Marcha a las Malvinas. Las voces infantiles cantan con orgullo desafinado, <<Tras su manto de neblinas, no las hemos de olvidar, ¡las Malvinas, Argentinas!, brama el viento y ruge el mar…>> El colonialismo inglés no piensa lo mismo.  Terminamos la canción con un aplauso cerrado y comienzan los discursos.

<<Señor Intendente Municipal, señor Inspector de Escuelas, señora Directora, señoras, señores, alumnos: nos encontramos reunidos para rendir homenaje a nuestros soldados>> comienza a decir una maestra, yo me preparo para dejar divagar la mente durante la lectura pero reconozco inmediatamente la voz idéntica al archivo que guarda mi alma. Es Silvia, no tengo dudas.

<<La verdadera historia sólo la pueden contar los protagonistas>> claro Silvia, siempre la palabra justa, seguro que te mandaron a escribir el discurso, siempre me gustó como decís las cosas.

<<Los que hoy nos acompañan y entonces no sabían lo que era una guerra>> vos tampoco, pero lo intuiste bastante más que yo, Silvia, me querías, ¿lo recordás?

<<Costó mucho asumirla>> ni te imaginás en la trinchera, el frío húmedo calándote los huesos. Sacaba tu foto y te miraba, recordaba tu piel y tus caricias, memorizaba tus facciones.

<<Se fueron entre vivas, los despedimos con vítores>> más que eso, Silvia, nunca hicimos el amor con tantas ganas, con tanta fuerza como la última  noche.

<<Volvieron con la noticia del fracaso, recibidos por el silencio>> peor Silvia, te busqué por todas partes y habías desaparecido. ¿Sabías que había perdido las dos piernas? ¿Qué casi me volví loco?

Silvia levanta la vista antes de seguir, recorre la primera fila, me ve, sé que me reconoce, se sorprende, es una casualidad demasiado grande que yo esté sentado aquí habiendo tantos soldados, le entrega el papel a otra maestra que continúa con el discurso. Se retira del escenario mientras mis ojos la persiguen.

No, mi cielo, por favor, no vuelvas a escaparte. Jamás imaginé que volvería a verte, debemos hablarnos. La sigo con la vista, observo que se sienta. Decido actuar sin provocar alboroto. Un niño de aproximadamente diez años sale de su fila y se le acerca, le aparta el cabello de la cara, le toma la mano. Una colega le hace aire con una pantalla de papel improvisada. Carmen está sentada más atrás, mezclada entre el público. No hay sitio para moverse allí, le hago señas pero no me ve. Silvia, te ves hermosa, de lejos me parece tocarte, por favor no te vayas, ni una nota me dejaste, por favor.

Silvia, frágil y pequeña, se apoya en el niño. Los veo salir de la escuela. Comienzo a abrirme paso, la gente se aparta, me mira con asombro, los choco con la silla en el apuro. Logro alcanzar la vereda pero Silvia y el niño corren muy adelante. Nervioso hago girar las ruedas de la silla, mis brazos responden, son fuertes y musculosos, te gustaba abandonarte en ellos, Silvia, te dormías desnuda entre ellos y yo me sentía el dueño feliz del universo. Te alcanzaré, todavía puedo. No escapes.

La silla se inclina, pierdo el equilibrio y caigo contra el pavimento. ¡Mierda! ¡No lo logro! Gracias al ruido que hace la silla al caer,  el niño se da vuelta y corre hacia mí. Silvia intenta detenerlo.

<< ¡Ariel, obedecé a tu madre, vamos a casa!>> grita desesperada. Reconozco el tono con          el que me pidió que me cuidara luego del último beso en el puerto.

<<Ariel ¿no me oís?>>. La misma voz, la misma pregunta que me hizo a mí hace diez años luego de exponerme los motivos para que no me alistara en el ejército. El niño, igual que yo, tampoco la oye.   Ya está aquí y me está acercando la silla. Tiene mis ojos, mi cabello, la forma de mis manos y ¡lleva mi nombre!

Ella llega detrás, con la respiración entrecortada, pálida, más blanca aún que los malditos ingleses. El niño es igual al que yo mismo era cuando tenía diez años, no puede ser más parecido. Se cruzan nuestros ojos, observo sus cejas juntas, sus pestañas oscuras y pobladas. Y siento el frío. Y cae una lluvia de misiles mientras estoy refugiado en la trinchera. Aprieto la foto de Silvia junto a la de mi madre. Pero debajo no está el barro húmedo  y la llovizna penetrante calando los huesos. Es el pavimento seco, el cielo celeste, el sol brillante y un niño me ofrece su ayuda para levantarme.

Un hilo de voz entrecortada emerge desde mis entrañas cuando la cara de ella se acerca a la mía: <<Silvia, ¿es mi hijo?>>