Esperando a Pepyton por el título

Cuando Hilda salió al escenario con su vestido negro, caminando con sus tacos agujas y luciendo una impecable capelina no imaginó que el hombre de quien se había enamorado en su juventud estaba entre el público.

Roberto siempre se había interesado en las actividades de sus cinco nietos, los iba a ver y tenía fotografías de todas sus actuaciones en las típicas fiestas escolares. Mucho más desde que había enviudado. Pero esta vez era especial, desde que leyó el nombre de ella impreso en el programa se quedó temblando. Sentado, mientras esperaba el comienzo de la obra en la que debutaría el nieto, se ponía los lentes una y otra vez para asegurarse: Hilda Bengolea. Los minutos que lo separaban de verla, de sacarse la duda, de confirmar si sólo era otra mujer que se llamara igual, se le hacían eternidades. Podría empezar, se repetía, y volvía a convencerse con diversos argumentos. Nunca había sido impaciente pero acaba de descubrirse mirando la hora a cada instante desde que el acomodador le entregó el programa.

Finalmente se apagaron las luces, se levantó el telón, se encendió un potente foco y salió Hilda a escena con su caminar seguro, con la gracia inconfundible de otros años, seguida por la luz y por un aplauso cerrado. A Roberto se le estremecieron hasta los huesos, le parecía irreal, ¿Hilda allí? Encantadora en su vestido negro, luciendo con elegancia altos zapatos y sombrero, se la veía más espigada y atractiva aún, no le cabía duda de que era ella, los cuarenta años que habían pasado le habían sumado encanto.

Hacía el papel de una viuda distinguida y estafadora, lo hacía con maestría y gracia, Roberto disfrutó de la obra embobado. Su nieto tenía un pequeño papel que le pasó casi inadvertido. Sus ojos estaban en la mirada de ella, algo disimulada por el tul negro que le otorgaba cierto misterio. Sus ojos estaban en esas manos, enfundadas en guantes ahora, que se movían gráciles y que hablaban en el gesto. Sus ojos recorrían la delgadez del cuerpo de ella.

A la primera caída del telón se puso de pie y aplaudió hasta que le dolieron las palmas. No sabía que hacer, quería gritarle, le salió un bravo que se perdió entre otros del público. Cuando cayó el telón definitivamente, corrió hasta el primer puesto de flores y le solicitó al vendedor que uniera todos los ramos de fresias que tenía en uno grande, único, inmenso para ella. Después retornó al teatro, buscó preguntando por los pasillos hasta que dio con su camarín en cuya puerta se quedó esperando.

Se sentía con todas las inseguridades del joven que fue, ensayaba la manera en que la encararía, mentalmente armaba frases y volvía a desarmarlas hasta que ella salió y casi casi la chocó. Fue entonces que terminó diciendo solamente perdón.

Quedaron frente a frente, solos en el pasillo. Se miraron por dentro y por fuera, atontados entre el perfume de los años y de las fresias.

—Hilda, estuviste exquisita, tan encantadora como te había conocido.

—Roberto, sos increíble ¡todavía recordás nuestras flores!, ¿cómo te enteraste que actuaría?—le dijo entre asombrada y nerviosa, acercando el ramo a la cara, entrecerrando los ojos como si así pudiera apreciar mejor el color y el aroma de sus flores preferidas.

—Casualidad, mi nieto está en el grupo—se limitó a decir mientras no paraba de contemplarla.

— ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Cuántos años han pasado? Ayudame a contar—decía mientras intentaba en vano ayudarse con los dedos y le resultaban pocos.

— ¡Ni que uniéramos nuestras cuatro manos y pies!—rió él con ganas y se animó—¿Puedo invitarte a cenar?

—Claro que sí, muero de hambre, vamos— dijo ella espontáneamente y lo tomó del brazo.

(continuará, se aceptan sugerencias)


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog