2-Negra bienvenida

Cuando la rubia se despertó, el otro lado de la cama ya estaba frío, al estirar la pierna y no encontrar a nadie se preguntó: ¿a qué hora habrá salido?

En la cocina vio las migas desparramadas, la taza con restos de café, la leche fuera de la heladera, sabía que le reventaba que la dejara así. ¡¿Tan difícil era lavar y volver todo a su lugar?!

Encima, este gato tan feo con el hocico aplastado, tan negro, y clavándome esos ojos anaranjados, si por lo menos fuera perro, uno lo llevaría a correr por las mañanas, pero no, él tuvo que heredar el gato de su madre…pobre santa, que Dios la tenga en la gloria…
La rubia, pisó al gato al mismo tiempo que accionaba la pava eléctrica así que simultáneamente con el MIAUUUUUU saltó de susto creyendo que había sido una descarga eléctrica por sus manos húmedas, tendría que estar acostumbrada, pero no, siempre detestó a los gatos y ahora los aborrecía con el alma , con la carne y con los huesos.
¿Si yo no estuviera qué harías? le dijo una vez y él contestó riendo “sería libre”.
Libertad, una gran palabra, pensó la rubia, eso era lo que necesitaba ella, basta de encontrar la cocina desordenada, la tapa del inodoro manchada, ropa sucia tirada en la puerta del baño, basta de esperar con la cena caliente luego de correr todo el día, basta de escribir el blog mientras las letras se le teñían de la mirada anaranjada del gato inmundo.
La rubia se ponía las medias mientras imaginaba los beneficios de la libertad, fue entonces que sintió cómo le rozaban produciendo escozor en el último arañón que el gato le había hecho. Se miró las piernas llenas de rayas, como cebraicas, sí, horrorosamente rojizas de tanto arañazo. Hacían juego con sus zapatos rojos, pensó entre irónica y apurada, pero las tapó poniéndose un jean, mientras llenaba la valija de ropa, compacts, libros y algunos recuerdos.
Verificó los mensajes del celu y consultó la hora, no quería llegar tarde a la radio, mucho menos esta vez que le dedicaría a él su programa como homenaje de despedida, a él y al adorable gato negro de su mamita.
Sintonizó la radio en la fm102 y la programó para que iniciara a las 19 hs. No quería que el pequeño felino se la perdiese, mejor dicho: no quería que Marcelo se olvidara de encenderla, necesitaba que escuchara su despedida, se le ocurrió que llamaría para hacer su descargo cuando ella lanzara al aire todo lo que pensaba y nunca le había dicho.
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Ha pasado un mes, Marcelo no ha respondido, nunca llamó. La rubia decide ir a buscar la ropa que le quedaba, cuando abre la puerta, mientras aparta la correspondencia acumulada, su mirada se cruza con un adorable y delgadísimo gato negro que ha muerto de inanición encerrado en el departamento.

(Este relato es para Marka, pura ficción, para reírse.)


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