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En cualquier lugar del mundo, de cuyo nombre no quiero acordarme…

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El mundo había cambiado más dramáticamente que su piel, pero la fecha de nacimiento en su DNI sumada al aciago y antiguo invento del yuppismo y el desempleo  del veintiuno convirtió a Santiago en un ‘joven-viejo-frustrado’, el nuevo combo de una sociedad deprimida y con poca imaginación.­­­.. Intentó hacer todo lo correcto, se dio de alta como demandante de empleo, repartió CV formales, virtuales, hablados y espontáneos.  Después de dos años de ‘trabajar buscando empleo` consiguió  un trabajo temporal en el que requerían una formación con diplomatura en administración. Él y su tesón la tenían clara, no importaría nada de lo sucedido hasta ahora, comenzaría nuevamente desde abajo, con un sueldo mínimo y ya se darían cuenta de su valía y no sin esfuerzo llegaría al puesto de encargado, jefe y finalmente la dirección que era su fuerte, su norte y su objetivo.  Se presentó cinco minutos antes, pensó que para lo que había visto en las entrevistas la corbata hubiera sido mucho, por eso opto por lo que él denominaba ‘elegante sport’,  la agencia aún permanecía cerrada… Hubo de esperar aún quince minutos más hasta que apareció Silvia, una treintona  de sonrisa fácil y entendimiento corto que era la prima de la hija de la tía de un amigo del dueño y poseedora de las llaves. Santiago entró y creyó oportuno sentarse en la recepción a la espera de aquel hombre que al final de la larga y concienzuda entrevista le había tendido su mano mientras prometía que se comunicarían con él ‘en caso de ser usted  elegido, ya que debemos seguir evaluando postulantes durante dos días más’…  Y aquí estaba, esperando comenzar a demostrar quién era en su… La voz de Silvia lo sacó de su voluntarioso, asertivo y empático ensimismamiento casi de un sopetón

-        ¿Santiago verdad? Le preguntaba en tanto se iba acercando a él con una de sus magníficas sonrisas iluminándole la cara maquillada.

-        Sí. Dijo él atento, al tiempo que se ponía en pie mientras pensaba si el motivo de esta interrupción  iba a ser para ofrecerle un café.

-        Por favor ven conmigo. Dijo de manera suave y señalándole el pasillo a su izquierda.

Él obedeció en tanto creía asimilar que ella no podría ser quien le iba a indicar lo que debía hacer, seguramente le llevaría a un departamento en el que esperar al gerente de recursos humanos o algún jefe de sección… Iba tan convencido de sus pensamientos que cuando Silvia, siempre sonriente, le mostró una pila de folletos no pudo menos que sorprenderse,  ella siguió como si tal cosa, él comenzó a escuchar como un zumbido en tanto ella le explicaba

-        Esta es nuestra lista de clientes…  Decía mientras le entregaba un cuadernillo de varias hojas. – Se trata como te ha comentado Don Saturnino de hacer contacto directo con ellos, ver sus necesidades…

Ella continuó salmodiando el MMB del CC, mínimo manual básico del cutre comercial.  Santiago ya no la oía, había comenzado, resignadamente, a guardar los folletos y listados en la suerte de maletín de tela de avión color azul brillante que ostentaba el logo de la agencia por ambos lados – No hay modo de esconderlo, pensó el aturdido, desasosegado y anonadado Santiago que habían dejado los ‘efectos de la causa’.  Durante quince minutos, mal parado en la cabina del bus 176 con un maletín horrible lleno de folletos, un bono para llegar y volver del Polígono Industrial, estudió el orden de las direcciones que debía visitar … Así y todo aguanto casi siete meses cobrando unos seiscientos  y poco arriba, seiscientos y poco abajo… Y volvió a la actividad más común por esas épocas ‘demandante de empleo’, pero con menos dinero a cobrar…

(Continuará)

El hijo del carcelero

La indiferencia del mundo que es sordo y que es mudo

Cinco de junio de 1989, a doscientos metros de la Plaza de Tiananmen. Sobre la gran avenida Cháng An Dà Jie o “Gran  Avenida de la Paz Eterna”… La que lleva a la Ciudad Prohibida…  Allí, un joven desconocido que dicen se podría haber llamado Wang Weiling, también dicen que dicen que lo fusilaron a los pocos días, o bien que aún sigue viviendo escondido en la China continental… Nos conmovió a todos, armado con dos bolsas del supermercado, magro, joven, con pantalón oscuro y una camisa blanca se paró y detuvo, no a uno, ni a dos, ni a tres… Detuvo a cuatro tanques de guerra. Las imágenes dieron la vuelta al mundo en los años siguientes, dejándonos alternativamente mudos, emocionados, estupefactos, sumidos en la más absoluta de las ignorancias, impresionados…

…Recién sentirás.

Verás que todo es mentira

Verás que nada es amor

Luego, lo de todos los días: la labor para que los niños aprendan a pedir por favor y a dar las gracias y el bus que se retrasa. Suben y bajan las democracias como en un frenético caballito de tiovivo; algún tirano somete a millares. Cae el Nikkei, el coche que no arranca, baja el Ibex, el atasco nuestro de cada día, se reúne el Bilderberg. Hay un Tsunami, se derrumba Haití. O tiembla Japón…

 Al mundo lo vapulean axiales sombras largas.

Que al mundo nada le importa.

Once de marzo de 2011 14:46:23 horas. Un terremoto  con epicentro en el mar crea olas de maremoto de hasta 10 m.5. La Agencia Meteorológica de Japón lo denomina oficialmente: 東北地方太平洋沖地震, Tōhoku Chihō Taiheiyō-oki Jishin[4] ? =  el terremoto de la costa del Pacífico en la región de Töhoku de 2011…

Yira, yira.

A causa de que la tierra se ha movido  se incendia una refinería petrolífera en Ichihara, al este de Tokio. Se apagan las cincuenta y un  plantas nucleares en el país.

Pero también el mar se desborda y todo lo arrasa:   “Se observó una ola de 10 metros de altura en el aeropuerto de Sendai, en la Prefectura de Miyagi, que quedó inundado, con olas que barrieron coches y edificios a medida que se adentraban en tierra”.

Y yo sin saber que voy a hacer para cenar, o si nos vamos de tapas, o que pasa y si hay o no partido el domingo.

Estás desorientado y no sabés

Que trole hay que tomar para seguir

“Más de 1.5 millones de hogares han perdido el acceso a suministros de agua”.

Y en ese desencuentro con la fe

Querés cruzar el mar y no podés

Un oficial de la ciudad más dañada, Kurihara en la prefectura de Miyagi:

Fuimos sacudidos tan fuertemente que tuvimos que sujetarnos para no caer. No podíamos escapar de los edificios inmediatamente porque los temblores no paraban… La policía ahora está en la calle, recogiendo información del daño

Más o menos el doce de marzo, una imagen de  un  anónimo Nipón. Que un poco a tientas, a medias hundido en el fango que antes ocupaba su casa, su familia, su perro, sus plantas.  Mira, nada más mira.

¡Qué desencuentro!

¡Si hasta Dios está lejano!

No  se lamenta, no grita, no impreca… Llora para adentro, como solo se hace ante un gran y cierto dolor.  Como solo atinamos a hacer ante esa terrible circunstancia que nos pone ante el vacío y la impotencia que nos deja una situación definitivamente acabada. Aquello  por lo que ya no tenemos nada más que hacer.  Aquello por lo que no podemos hacer otra cosa más que aceptarlo… Aunque nos cueste.

Y todos nosotros, el resto del mundo, “notífago” anoréxico. Nosotros, nosotros “los otros”… Culpables de puerilidad seguimos preguntándonos por quién doblan las campanas. Y sucumbimos, víctimas de nuestra propia pusilanimidad. Egoístamente vemos  las noticias, las improntas de  los reactores, el plutonio derramado en un mar que no es el nuestro y recibimos mails indicándonos que tomemos la precaución de usar paraguas, chubasquero, protección…

Todavía no hemos registrado que el mundo ya cambió y que todos “mutaremos” con él.

…todo es cuento, todo es vil.

 Y como si fueran  unos primos lejanos, pobres o apestados, nos olvidamos de los personajes anónimos.  Del desconocido que nos enseñó de libertad. O el otro que nos muestra la lucha “in situ”, sin ambages, ni  eufemismos. Sin diatribas, ni ruegos. Sin lágrimas, y con una esperanza reducida a lo que puedan hacer sus manos…

En el corso a contramano

                                    un  crupier trampeo a Jesús…

                                     No te fíes ni de tu hermano,    

                                       Se te cuelgan de la Cruz…

Pero cierto es también que la vida no solo es un tango. Y que su filosofía de vida no es única… Por eso escribo esto. Para abrir mis ojos, aunque alguien me mire con vergüenza ajena

Ya sé, muchos callaron

Cuando yo fui detenido

Para convocar al resto del mundo que no sienta vergüenza. Para los que no tengan sordo el corazón ni la cabeza. Para los que no enmudezcan …

Vaya con la diferencia

Yo preso ellos sometidos…

Para susurrar al oído de los que estamos distraídos, para tocar el hombro de los que estamos de espalda, para que sepamos transformarnos en esos “otros hombres”. Para que aprendamos a ser “el hijo del carcelero”

A dónde vas que no vienes

Conmigo a voltear la puerta

No hay campanario que suene

Como el río de allá afuera

En los hombres que paran los tanques o que vuelven a empezar “aunque sea con gastados instrumentos”. Que el mundo ya ha cambiado para bien y mal de todos y a pesar de eso hemos y habremos de seguir adelante… Pero no sin espíritu, no con olvido, no sin corazón y solidaridad.

Le regalé una paloma

Al hijo del carcelero

Cuentan que la dejó ir

¡Tan solo por verle el vuelo!

¡Qué hermoso va a ser el mundo

del hijo del carcelero!

Del hijo del carcelero

Convivencias

Vivir en familia. No es fácil. No siempre coinciden los humores, las decisiones, las necesidades. Generalmente en una familia hay personas de distintas edades, tiempos, etapas. Y esto, hace a los destiempos. Luego suceden las discusiones, los cambios de palabras, las mandadas al más recóndito y pestilente lugar de la tierra donde recurrentemente enviamos a aquel que nos estorba… Que,  por lo poco que he aprendido, no hay cultura ni idioma que no tenga su equivalente…

Yo, trato, no siempre me sale, que son pocas veces. Y menos veces aún, las que me sale bien, ser espectadora. Escuchar desde la cocina, reírme desde mi habitación y disfrutar de la convivencia de mis hijos. Eso me ha proporcionado más de una vez momentos tan hermosos como indescriptibles… El último sucedió ayer.

En esto de la oportunidad mi hija mayor y yo no hemos sido muy efectivas en cuanto a fecha de nacimiento, ya que las dos (con veintiocho años de diferencia) elegimos hacerlo el treinta de diciembre. Tarde para temprano y temprano para tarde… Ahora bien, siendo dos las que cumplimos años en tan entrometida fecha, en casa hay una suerte de confusión que se repite año a año. Festejamos en medio de las fiestas, comemos y tomamos mas de lo necesario y como estamos a caballo de Papá Nole, como solía decir Lucía, y de los Reyes, compactamos los presentes en uno solo… En medio de estos prolongados festejos nunca falta un día en que debamos comprar o buscar algo. Este fue el caso ayer…

¡Había que ir al super!

Nico se levantó, se bañó, se cambió, no sin antes decirle a Leonel que se preparara…

Leo por el contrario tenía uno de esos días en los que va a la retranca, frenando cada impulso de los demás como de taquito. Él estaba muy orondo disfrutando de su juego en red y ni en sus mas lejanas intenciones estaba ir al super… A las dos horas de esperarlo, a Nico se le insuflaron los cataplines, se le desbordaron los causes y se le rebasaron las tolerancias. (¿A quien no?) Y anunció que se iba solo, y que si no compraban las cosas para mañana (por hoy) él no cocinaba y que cocine otro, y que no puede ser pendejo de m…. (léase: recóndito y pestilente lugar de la tierra donde recurrentemente enviamos a aquel que nos estorba… )…

Acá debo hacer un alto para hacerle justicia a mi hijo el menor de los varones.

 Para eso me voy a retrotraer al tiempo en que contaba con tiernos y bellos siete añitos y estaba jugando afuera con sus amigos, tanto o más salvajes que él, y yo necesitaba que fuera al almacén de la esquina a por harina y huevos. Llevaba fácil una hora pidiéndole que fuera. Hora durante la que mi tono de voz fue increscendo, mi paciencia disminuyendo y su instinto de conservación desarrollándose… Tiró de todo aquello hasta ese punto de no inflexión, o no reflexión, en las que uno comienza a usar frases como: ¡Me vas a hacer caso de una puñetera vez! O ¡Vení para acá o te reviento! (Que evidentemente no recomienda Piaget).

Recuerdo que, con ese genio que siempre le he admirado, entró a casa como si hiciera cinco minutos que se le había llamado y fuera él quien hubiera sido interrumpido. Todo a las ligeras y a la voz de ¡Ya voy mamá! Tomó el dinero de arriba de la mesa, pero no la nota, salió tan veloz como entró y tras él la caterva de muchachitos que formaban la banda de sus amigos (aunque para mí eran sus secuaces). Atrás de ellos salí yo, nota en mano, pero como era de esperar no los alcancé…

A los diez minutos entró y como un comentario al pasar me dijo “-¡Ah, má! ¿Qué te tenía que comprar?” Yo reprimí mi carcajada y de la manera mas solemne, y todo lo seria-hierática, que pude, le entregué la nota. En realidad fue mi escudo para no aflojar…

Ahora bien, retomamos el día de ayer cuando Nico no pudo reprimir el portazo y se fue solo al super… Momento en que haciendo uso de mi maternidad apelé al buen tino de Leo con un “¿Qué te cuesta ir, Leo, si hoy y mañana es para que comamos todos?”. Habrá sido el tono conciliatorio, la frase breve o mi ángel de la guarda, no se. Pero Leo decidió que iba a ir al super… “Bueno, pero primero me voy a cambiar”. En realidad estaba en pijama. Cuando terminó se fue rumbo al super, solo unos minutos antes de que volviera Nico, a quien Lucía informó que Leo había ido a por vituallas. Entonces Nico, no sin algo de razón comenzó su diatriba: “¿Pero este pibe es tonto? ¿Por qué no quiso ir conmigo? Y se va ahora él solo ¡Si no sabe comprar! ¡Si él no cocina! ¿Qué va a traer?” Yo no podía dejar de coincidir con él en que no sabía muy bien que era lo que Leo había salido a comprar ¿?. Estaba pensando en eso cuando Leo llama por teléfono: “ A ver, ¿que hay que comprar?” Lucía, en ese momento improvisado contramaestre. Comienza a repetir: “Má, que dice Leo que qué compra”. “Harina, huevos, ají, cebolla”(léase: morrones, pimientos). “Y todo para brindar”(léase: cava, gaseosas, turrones, pan dulce)…

Llegó Leoncio mío hermoso, contento y feliz con su carga y la dejó en la mesada de la cocina, como hacemos todos. Nico fue a guardar cada cosa en su lugar, yo seguía escuchando desde mi pieza… Cuando escucho el manido grito de guerra Colantonio: ¡Máaaaaaa!

Voy hasta la cocina… Leo efectivamente, había comprado harina, huevos, no había una mísera cebolla ni por casualidad y Nicolás mío hermoso, blandía y balanceaba un atado de tres puerros en su mano mientras me preguntaba ¿Me querés decir para qué – recóndito y pestilente lugar de la tierra…- este pibe compró pu-e-rros?

En situaciones como esta me cuesta mucho contener la risa. Haciendo un esfuerzo, que no exagero en decir “sobrehumano” voy hasta donde estaba Leo, nuevamente instalado ante el ordenador y jugando en red… Lo abrazo, le digo que lo quiero mucho y dándole un beso le pregunto ¿Para qué – recóndito y pestilente lugar de la tierra…- compraste puerros? Me contesta ¿Cómo? ¡Que yo compré todo lo que me dijeron! Me dice no sin cierto enfado, todo el que le permitía el estar prestando atención a otra cosa. ¿Y los puerros? ¿Qué es eso? ¡La verdura blanca y verde! ¡Ah! ¿Pero eso no son ajíes?

Fue demasiado, no pude reprimir mi carcajada, ni ellos tampoco. No, si está visto esto de comprar ajíes, pimientos, morrones, no es para él. Sin embargo a “nosotros” nos ha proporcionado una suculenta alegría.

¡Ah! El cava, los turrones, los polvorones, las gaseosas y la sidra las compramos mas tarde Lara, Nico y yo.

Recuento

Acabar un año ¿qué es?

Cerrar una puerta, derribar un muro, abrir claraboyas, lucarnas y lucernas, cruzar una linea, dejar atrás un fardo, atesorar recuerdos, rasgar un hilo del tiempo…

Y todo junto, por separado. Cerremos entonces pues la puerta después de todo lo que se ha ido, de irse para no volver, tanto bueno como malo, preciado como no querido, necesario como inútil. Pero cerremos la puerta para que no haya corriente que nos resfríe, nos hiera, o nos maltrate. Derribemos los muros de los imposibles que no pudimos concretar y empecemos con imposibles nuevos. Abramos la “lucarna de entrada” a las tormentas, por que no hay vida sin ellas y debemos estar preparados, desarrollar el instinto para ver cuando están por llegar y no lo podremos hacer si las tenemos cerradas, digo, a las lucarnas. Crucemos la línea que nos separa, la del stop interno que nos limita al juicio, la crítica, el desprecio. Calcemos los zapatos de nuestros enemigos. Pongámonos la piel del odio para poder desprendernos de él, aprendamos a ver detrás del espejo. Sepamos que no podremos ser buenos todos los días, que es humanamente imposible, ya que saberlo nos dará nuestro propio límite. No nos quedemos a medias tintas ¡echemos todos los fardos fuera! O dejemos que se queden al costado del camino. Son pesados, están húmedos, huelen mal, poniéndoles el nombre que sea, cobardías, culpas, rencores, silencios. Y seamos conscientes que todos los hemos cometido… Atesoremos esas cuentas preciosas que como una gota de fino orvalho nos han alimentado el alma, la carta de un amigo, el recuerdo de uno que no lo es tanto, ver crecer las plantas o a los nietos, o a los hijos, la voz de alguien al otro lado de la linea, los ojos de los perros… Seamos felices como dice el dicho “como chico con zapatos nuevos”. Rasguemos de a uno, hilo a hilo el tiempo nuevo, como hacen las bordadoras con la batista, para ir descubriendo de a poco las raíces del pasto, las flores y las malezas, las arideces, las rocas, los ríos y el smog, los árboles y las ciudades, las depresiones y las alturas de lo que está por venir…

Yo sé que desear no es dar, yo sé que desear no es garantía… Pero también sé que desear es construir, aunque luego la obra tenga otro resultado. Desear, también es una forma de respirar. Pues entonces, les deseo que respiren a todo pulmón. Y recibamos el año cada uno a nuestro modo. Yo por mi parte ya empecé a llamarlo: ¿2011? ¡Vení! ¡Acá te estoy esperando! ¡Skål!

 

Va de nuevo.

Es tiempo de salutaciones, festejos y buenos augurios… Es tiempo de mandar a tiempo el buen mensaje, la palabra amiga… Es tiempo de abrazar la distancia y saltarnos los mares. Y cumpliendo con ese tiempo, entre tanto mi hijo decide que para Noche Buena va a cocinar sorrentinos con un buen “tuco” que arremeta contra todos los fríos; mientras los otros tres juegan con un tal Mario Bross; y mi gata, oculta entre los edredones reclama mi compañía; después de chatear con un amigo que desborda abuelazgo y orgullo de cosa bien hecha, de su tiempo de cosecha; tras leer las tarjetas virtuales de aquellos que han tenido el calor de enviármelas; después de leer los mensajes en el Face; antes de terminar el último libro… Antes de quemar las naves del año… Saludo. A todos, a los que me quieren, y a los que no. A los que me recuerdan, y a los que no. A los que todavía están… y a los que no… Porque creo que este tiempo se trata de eso, de balance y renovación. “De abrir las manos y sacar el alma”, tiempo de tregua en frío o en estío, tiempo de proximidad y empatía… Tiempo de comprender al que lleva puestos otros zapatos y al que va descalzo.

Tiempo de por lo menos tener la intención, de alimentar a nuestros lobos buenos. Tiempo de haber encendido las luces de Januca, o de pensar que quizá el año que viene veremos la Gran Quibla, o preparar el sushi para la no salutación de medianoche… Porque este tiempo es tiempo de todos, aunque no se festeje… Nosotros, los que ponemos la imagen del niño a las doce, y brindamos con cava, y partimos el turrón no somos muy distintos que todos los demás que quizá no lo festejan, por qué no quieren, por qué no saben, por qué no pueden… Pero si es nuestra fiesta, y tan luego el por qué… En este tiempo deberíamos comprender… “los” y “nos”… Por eso saludo y pido, para que en este tiempo de compartir en familia, todos, los que estamos solos o rodeados de gente, los que estamos eufóricos por la lotería y a los que no se nos cae un céntimo, los que estamos cortando nuestros primeros dientes y los que los estamos perdiendo, desde el mas peludo hasta el mas calvo, desde el mas gordo al mas flaco, desde los hobbits a los titanes, desde los valientes a los cobardes, desde los místicos a los nihilistas, desde los feroces a los calmos, desde los creyentes a los ateos, desde  los blandos y los impuros a los condenados… Todos, podamos sentir la semilla del calor en el pecho. La fecundidad de sentirse humano, la bonhomía de querer el bien, el propósito de compartir, la voluntad de no hacer mal, la esperanza de hacer… Que todos podamos sentir, y a pesar, de la parte del todo, del león que nos haya tocado… que lo andado ha valido la pena. Ojalá que podamos crear entre todos la horda que avance pensando que mañana podrá ser un día mejor. Y que todos sigamos luchando, aunque lo creamos una inalcanzable utopía,  por cambiar el mundo… Les deseo a todos, a aquellos de los que me acuerdo y de los que no, a los que amo y a los que amo menos. A los que están, a los que estuvieron… También a los que ya no están… Que coman lo que sea que les alimente, que sufran todo lo que les duela, que bailen todas las danzas, que lloren todas las penas, que transpiren todos los sudores, que sientan los fríos de todos los hielos, que huelan las rosas y las pestilencias de la sabiduría, que les duela el corazón y los enarbole la euforia, que abran las manos y muestren el alma… Que seamos personas, iguales a todos los demás, con nuestros triunfos y nuestros fracasos y que como me enseñó Adrián, aprendamos a vivir “el triunfo sin orgullo y la derrota sin amargura”. Y que como me enseñó mi padre “respiren, respiren, respiren”.  Ah! También y por supuesto, Feliz Navidad y que entren a todo vapor en el nuevo año sin nada que se les resista… Y si se resiste no importa, va de nuevo.

Ganar y perder.

Después de escuchar la alarma del móvil, a las seis me levante, cansina y desorientada. Como todos los días, casi convertida en un autómata, a prepararme el mate con limón mío de todos los días (será por eso que no me resfrío?)… me volví a la cama para ver las noticias… Se levanto la huelga de controladores ¡Tá que los tiró! Con lo que cobran estos tíos, y yo sin laburo… Me vuelvo con el mate, me pongo la ruana y me zambullo entre las sábanas del Cisne Rojo, mi gata solicita su refugio bajo el primer edredón que acolcha mi cama, hace un frío que pela… A la altura del informe meteorológico, otra vez lluvia, caigo en la cuenta que es domingo. Con resignación y sorbiendo el tercer ‘cebado’, que me salió bastante bueno, hago el pequeño recuento de las horitas de sueño que me perdí por otro de mis habituales despistes, quien me manda a tener habilitadas las alarmas un domingo… Pero bueno, que importa, vale la pena repetir desde las noticias el triunfo de ayer del Barça y los goles de la pulga, Leo, Lío, el Messias que me arrancan la primer sonrisa de triunfo del día… Termina la cumbre en Mar del Plata, mi ciudad, mi húmeda y chúcara ciudad nombrada en el informativo, los reyes caminando por el Sheraton; las Ramblas desde la que los periodistas rematan sus comentarios mientras nuestra inefable brisa los despeina, las baldosas encharcadas por la lluvia de nuestro tan pampa y tan húmedo territorio; la panorámica de todos los presidentes de espaldas a La Bristol, el Casino, el Provincial, Cabo Corrientes… Ya están puestas las carpas, veo el techo acanalado y rojo de la ‘pileta’, en frente del Hermitage… Mi Mar del Plata, tan interna, tan mía. Recuerdo haberla mirado hasta el hartazgo durante todo mi ultimo año allí, mas de una vez con los ojos empañados y el corazón en un puño, año durante el cual estábamos preparando nuestra emigración… Mi Mardel, ahora tan lejana… Desde la pantalla de mi tv, se resuelve en gris de mangas cortas. La cumbre se acuerda en planes conjuntos, a fin de conseguir 11 metas para la educación en Iberoamérica… Pensar que en la década del sesenta no había analfabetos en mi país y que la escuela pública era un valuarte y baluarte invencible, y Mar del Plata estaba entre los tres primeros puestos de las ciudades del mundo en las que más se construía… Como dijo Fontanarrosa, que había dicho un amigo de él cuando le preguntaron ¿Qué es para vos el paraíso? Argentina en los años sesenta, contestó sin más trámite. Y yo adhiero.

Un profesor joven y enérgico, como buen treintañero, titular de introducción al turismo en el ultimo curso que tomé, dijo en una de sus clases una frase que me prendió como una garrapata, como una sanguijuela, sangonera y sanguja… Quizá por que me enrostra una perdida, no, sin quizá… Bueno, que dijo “somos de donde hicimos la secundaria”… ¡La pucha!.. Y Mardel tan lejos… Pensé yo que para ese entonces no tenía demasiado contacto con mi ciudad, salvo tres o cuatro de esas personas importantes que amén de mi familia, supe cosechar como lo son Cris, ‘el Fegue’, Clau, Mabela y Richard, ‘la Mastrolia’, el Gory, Willie, Mirtis, la Negra Paz y Grace… y otro montón que no nombro pero que me los llevo siempre conmigo. Otros, también de mi bandada, andan por acá, por la península, por las islas, Y nos llamamos, nos escribimos, pero poco nos vemos… Entonces, como una oleada que me confirma las pertenencias empezaron a aparecer y gracias al mentado y para mí no tan querido Face, ‘faisbuk’ para los amigos (como me enseñó Ceci). Primero Rubén, por Ru Mary que se vino dos días a casa y nos tomamos una cerveza en un colmao del Sacromonte. Para cuando Mary volvió, apareció Pichy, al poco Coca que también se pasó por Graná y con ella, su marido y su niña… Y por estos, ahora mis lares, anduvimos los cuatro caminando por la Alhambra; por ella Marcela, y por último Ceci y Marta… Todas ellas junto a todos mis recuerdos de nuestro tiempo de ‘la secundaria’, allá por los finales de los sesenta. Ellas y mis repetitivas conexiones sinápticas, mis diástoles y mis sístoles totalmente aceleradas, mis lacrimales en una exhibición de su capacidad de profusión, y la memoria, atenta en tiempo y forma estaban ahí, vívidos, diáfanos y dispuestos… Están en las fotos con sus hijos, con sus nietos, igual de bellas, o más. Las contacto, y ahí están, me contestan como cuando tomábamos juntas el colectivo, o nos bajábamos en Constitución e íbamos cantando por las zigzagueantes calles del barrio del ‘cole’, como cuando me bochaban en historia, y practicábamos taquigrafía… Como cuando íbamos al Piso de los Deportes y pertenecíamos al equipo de voley y basket, o nos quedábamos a practicar con los Del Industrial. O nos íbamos a Los Gallegos a comer ‘panchos’… Aquel tiempo al que pertenecimos todas juntas, donde nuestros maridos, hijos, nietos y destinos eran todavía un misterio sin resolver.

Aquel tiempo de pieles tersas y deseos perfumados. Un tiempo que ya pasó pero al que, por lo que veo puedo acudir, puedo llamar a la puerta, por que ahí están. Me contestan, me escriben y tienden ese puente indescriptible que se construye cuando uno ‘pertenece’… Entonces uno gana, aunque haya perdido.

Al tiempo de pensar que una vez que la enfermedad de mi madre cumpla su cometido y la pierda, perdiendo también con ella mi gran motivo, mi definitiva unión con Mardel, que no con la familia, que eso es otra cosa, pero si con la ciudad donde una vez supe ganar… Justo en el momento de ver todas las puertas cerradas, mis tiempos y mis gentes aparecen en la arena como fantásticos gladiadores a gritarme el presente, a avisarme que están ahí. Ave Cesar, los que vamos a vivir, te saludan. Blandiendo con espadas del presente los miedos de haberme perdido todo lo pasado… Y han aparecido para decirme que sí, que también yo soy de ustedes. Gracias, gracias, gracias, por confirmarme que yo también pertenezco al lugar donde hicimos la secundaria.

Lucía y sus iguales…

Etapas son etapas…

Como dijo un poeta amigo… “La sensación que todo termino. Aunque haya una próxima vez”.

El camino cumplido, la noche de San Juan, Midsommar, el día que nunca acaba…

Así parados en la vida un día que nunca termina hacemos una hoguera y quemamos lo malo o no tan bueno de ayer para mañana comenzar nuevos y renovados.

Así hemos celebrado esta noche de San Juan…

Yo, lo he hecho en honor a mi hija Lucía y en el de todos sus compañeros de los noveles años de la primaria…

Ellos, tan niños y niñas, que a través de estos años han ido ganando conocimientos, curvas, enamoramientos, experiencias, peso, saber, espinillas, habilidades académicas, sociabilidad, altura… Ellos, nuestros niños, han dado otra vuelta a la tuerca, han subido un peldaño, han cruzado una frontera en la que nosotros debemos poner un mojón. Nos han dado un boletín con notas, una foto donde quedaron grabadas para siempre sus caritas de tronos, querubines o jovencitos en ciernes, y un diploma que pasará a ocupar un lugar en algún cajón de recuerdos…

Pero los que somos un poco mas ‘grandecitos’ sabemos que han andado más, mucho más. Hemos podido compartir con ellos el éxito del que avanza… Y avanzar, en la más de las veces, es dejar algo atrás. Y estamos dejando atrás la absoluta niñez para entrar en la adolescencia, para ingresar al tiempo común e ineludible de “la edad del pavo”, esa en la que todo se nos permite, y si no se nos permite igual lo damos por hecho. Edad de revolucionadas mareas, atormentados deseos y empleo indiscriminado de toda la estupidez de la que somos capaces. Dejan atrás la compinchería con papá o mamá, ciertos pedidos de auxilio tan comunes en la infancia, que solo la sabiduría materna o paterna podían resolverles y comienzan a transitar el camino de las independencias, las aseveraciones sin opción, y la seguridad de que sus progenitores son idiotas, o antiguos, o desactualizados, o tontos, o la mayor parte de las veces no saben nada…

Como padres nos toca el tiempo de mirar lejos y de lejos, de no tener muy en cuenta todo lo que nos dirán, o no nos dirán, o nos gritaran, recordando que solo serán adultos cuando dejen de pegar el portazo. En tanto deberemos estar atentos y dispuestos… Debemos ser anuentes a su rebeldía y encausarla sin oponernos, haciendo gala de nuestras dotes de tolerancia…

Om, prestidigitación, filosofía… Omm, carácter y entendimiento, Ommmmm…

Mas que nada, por que a pesar de esquivar nuestros mimos, de alejarse un poco, de atacar con su rebeldía sin causa, o de poder ser hirientes… Aún así, el día que sufran, que algo se les rompa dentro, cuando no sepan muy bien que hacer, o las dudas les hayan invadido el alma; casualmente, como si no quisieran, o sin darse cuenta vendrán en busca del refugio acostumbrado, de la caricia menuda, del comentario a tiempo. Acudirán incluso, y si es que no estamos, como hace Lucía con su papá, hasta en busca del recuerdo… Vendrán, no para quedarse, pero sí arribaran a puerto en busca de los seres que saben, los van a amar siempre, acá y más allá.

Si, noche de San Juan. Noche de alquimias…

Esta vez para mí, noche de niños crecidos, de juventud haciendo sus pininos, de lágrimas de despedida, de cambios, de nuevos brindis y de otras vigilias.

Por eso amojono el camino, me guardo las fotos de los primeros actos, de cuando hizo de bailarina, las fiestas de los primeros cumpleaños, enjugar sus lágrimas, la importancia de los cuentos a la hora de dormir, las charlas y las explicaciones a los porqué. Acepto compartir un poco más su tutela con la vida, y por que no decirlo un poco me resigno al escribirlo. Doblo su vestido sobre la cama, acomodo sus sandalias al costado de la mesa de luz, acaricio su cabello, doy enter para publicar esto y me quedo velando su sueño.

… Esperando las golondrinas.

Un día de hace un par de veranos atrás, del que felizmente no recuerdo más guarismo que cuarenta grados a la sombra: mirando al cielo desde mi balcón en el intento de encontrar alguna señal para bien elegir una indumentaria decorosa, con la que enfrentar mi inminente  salida al bochorno estival de las calles granaínas; me sorprendió ver contra ese azul prístino, diáfano, de ígneo añil  cielo, un moteado oscuro…  Primero me quite las gafas y las limpié, a medida que se ampliaba la mancha, con ella se ampliaban mis dudas, me vinieron a la memoria palabras como átomo, glaucoma, y por qué no, Ovni, Ufo, expedientes equis…  Y así, durante algunos segundos seguí enumerando con toda  celeridad,  en tanto estas vivaces motitas se iban individualizando,  corporizando, asperjándose contra el cielo como salivación divina de petróleo puro, como vivas cuentas de ébano, como eficaces auguradoras de que había llegado el verano y para quedarse… Estuve mirándolas hasta que se desplegaron sobre mi cabeza en un vuelo arrebatador  y desprolijo, de raudos lances cruzados y febril actividad acrobática que duró todo aquel verano, durante el cual y a partir del que, salgo diariamente al balcón de mi casa en espera de su presencia vívida, audaz, reconfortante y única…

Así como fui sorprendida en mi balcón, la pasada semana se abrió una ventana en mi face que me traía augurios de nuevos veranos…

Dice Javier, en su bienaventurada juventud, que “somos de donde hemos hecho la secundaria”. Si bien no adhiero a esta frase al cien por cien, si debo reconocer que no está muy errado.

Así que de un wind-manotazo, de una face-mailización, o una ciber-conexión  apareció en la primera  window, en primera plana mi tiempo de secundaria, amistad, crianza, parte de mi vida. Su nombre es Rubén y me contactaba por el”facebook”, entre otros encuentros para decirme que nuestra común amiga Mary se venía de visita. Mi amiga Mary cruzaba el charco, venía a empapar sus ojos de nuevos paisajes, colores, olores y vida.

Como si fuera una diligente ama de casa revolviendo en polvorientos arcones llenos de fotos, vestidos y sombreros del pasado los busque y los encontré,  ahí estaban, los tenía guardados allí en ese lugar del que soy por que viví allí y con ellos mi adolescencia, ahí estaban  los dos: Rubén y  Mary, intactos y como siempre. 

Aveces, igual hay, o se nos plantean  situaciones y personas con las que no nos podemos encon trar,  con las que no podemos juntar de a cuatro manos las puntas del pasado y del presente que tenemos y generar esa corriente de ida y vuelta que nos mantiene vivos.

Pero felizmente este no fue el caso.

El caso fue que tras una semana de mails de roundtrip, orfebrería compartida, filigrana de sentimientos y frases como: “… que tanto tiempo, que cuando venís, que fin de mayo, te venís a casa, no pensaba en el sur, no lo pienses voy preparando el mate,  y ya saque el pasaje”, el treinta de abril me puse guapa, avise a todos y cada uno de mis cuatro hijos que no contaran conmigo y después de mi actividad diaria de ocho horas, cinco días a la semana, me fui a la estación de buses a esperar.

Siempre fiel a la frase “el que avisa no es traidor” la había puesto al tanto de que el paso del tiempo no obraba en mí como en Doryan, más bien lo hacía como en su cuadro, pero aún así no dejó de asaltarme la duda ¿lograría reconocerme?.. Yo sabía que yo si podría hacerlo porque había visto una foto suya y estába mejor que cuando íbamos a la secundaria, cuando cantábamos canciones de los Beatles, practicábamos atletismo, soñábamos con Alain Delón, nos reíamos con Jerry Lewis, y… “éramos todos iguales”…

En eso pensaba mientras el bus de las quince treinta procedente de Madrid entraba en la plataforma 21 y mis ojos ávidos de encontrar a la muchacha de metro setenta y pico, de abultada melena, y sonrisa franca, indagaban sin éxito entre las siluetas de los pasajeros que bajaban y recuperaban sus equipajes de los buches del bus…

Me puse a leer, me pare frente al cartel de los horarios, los corroboré con las pantallas de los andenes y me senté al lado de un nene  que hablaba con su abu… El próximo era a las dieciséis treinta. Intenté sentarme a leer, me levanté, fui al bar a pedir un vaso de agua para tomarme un analgésico, me fumé un “pucho”. Caminé desde la plataforma 15 a la 21. Consulté los horarios… Cuando la voz de los megáfonos anunció: …llegando el  bus procedente de Madrid, hará su ingreso en la plataforma veinte, en unos  minutos…  Me puse en pié, me estiré  la blusa, me acomodé el bolso, guarde el libro y me encamine a la plataforma, luego de intentar reconocerla en todos los que bajaron, nuevamente sin éxito, hube de esperar hasta que el chofer se apeara, y  no dispuesta a pensar que seguramente había pasado al lado mío y no nos habíamos reconocido, me acerqué a preguntarle si venía algún otro bus, me dijo que sí, en unos cinco minutos. Me confirmé a mí misma, ¿Viste? A la tercera va la vencida, me estiré la camisa, descubrí una manchita en mi pantalón a la altura de la rodilla, gracias a mi miopía decreté que no era importante, y comenzaron a batearme el cerebro unas preguntas que volaban desordenadas ¿me reconocerá con las gafas de sol? Es que son recetadas y veo tan bien sin que me moleste el gran astro, bueno, que saque las otras y me las colgué del collar, no bien vea el bus me quito las oscuras  y me pongo las tradicionales. Ah! Pero con estos reflejos no la voy a ver…  En eso vi un bus blanco que avanzaba con pasaje dentro, no era de línea, pero de algún lugar venía pues estaba lleno de gente, iba hacia la plataforma veintidós ¡y yo por la catorce!, apresuré el paso, tenía una B grande pegada al parabrisas y un cartel de origen y destino caído hacia abajo que no me permitía ver si venía de Madrid. Permiso, ay, disculpe,  otra valija que me llevé por delante, perdone, gracias, permiso. Así medio a empujones y tropiezos llegué a pararme al costado del andén donde estaba entrando el bus. Yo miraba y miraba pero sin ver más que sombras gracias a los vidrios oscuros de las ventanillas, el pasaje comenzó a bajar, otra vez mis ojos recorriendo las siluetas de los desconocidos pasajeros, hasta que allá entre los últimos la vi, me asistió un fugaz pensamiento ¿Cómo pude sospechar que no la reconocería? Ella, apenas parada en el estribo de la puerta trasera me saludaba con su brazo en alto… En un segundo estábamos abrazadas en medio de un andén atestado de gente “Que te reconocí no bien te vi” me decía mientras algo húmedo y caliente me llenaba las cuencas de los ojos, cosa que eficazmente ocultaban mis anteojos de sol.

 Hacia mas de quince años, mucha vida de la buena y de la no tanto que no nos veíamos, pero ahí estábamos… A mucha distancia de muchos lugares y muchas cosas, pero juntas.

Luego desarrollamos una actividad febril de lugares, sensaciones, pensamientos y silencios que íbamos a compartir en la vorágine de un día y medio.  No solo yo le quería mostrar todo, lo que me rodeaba, esta ciudad que amo, mis hijos, mi vida, la ausencia, mis cuadrúpedos, si no que ella tuvo oídos, atención y compartió y vertió de igual manera todo lo que tenía en su haber, hijos, vida, ausencias, sin resquicios ni resabios… En un vuelo desprolijo, de raudos lances cruzados surcamos la ciudad de sur a norte y de este a oeste. Granada, bellezón gitano si los hay no se nos resistió, El Triunfo, San Juan de Dios, el parque y la casa de Federico, Albaicín, teterías, Alcaicería, Reyes Católicos, Gran Vía, gitanas con romero, Plaza nueva Paseo de los Tristes, Alhambra, Sacromonte, y tapeo…

Y tan rápido como llego la golondrina de mi pasado se ha ido…

Me dejó plumas en su nido de verano y la algarabía de un cielo azul surcado de vivencias y promesas de regreso.  Pero por sobre todas las cosas me ha transformado lo que fue en lo que aún es, lo que comenzó a suceder hace cuarenta y dos años sigue sucediendo como una gigante roja, las galaxias no sucumbieron a ningún agujero negro, y todo volverá a ser, y a suceder como cada nuevo año, como cada nuevo día…

Quizá sea eso lo que me tiene aquí sonriente, tomando mate, parada en mi balcón… Esperando las golondrinas.

Mañana también es otro día.

Dicen que allá por las cavernas estábamos atentas a las criás, los predadores, la comida, las criás, los bienestares que supimos atender, y las criás… allá por el tiempo en que supimos alzarnos sobre nuestras dos piernas y desarrollar nuestra aptitud prensalodactilea… Y que estas actividades han desarrollado a lo largo de las eras nuestra capacidad de atención a mas de una cosa a la vez.

Lo muy cierto es que a pesar de la vejaciones, vituperios, machismos, totalitarismos, exclusiones y desaprobaciones hemos llegado hasta aquí andando sobre nuestras dos piernas. Hemos perdido pelos pero no instintos, nos hemos acicalado y perfeccionado instructiva y academicamente, pero no hemos dejado de proveer el bienestar de una flor en un jarrón ni procurar lo mejor para nuestra descendencia, nuestra guarida, para nuestro nido. Hemos zurcido, bailado la danza de la lluvia, bordado, practicado vudú, confeccionado, teñido nuestras prendas, cocido abrigos, colgado aros en nuestros labios y lóbulos, atemperado humores, cocinado nuestros alimentos, armado hogares, cegado centeno y llenado tiestos de cuanto tipo de yerbas, bayas o cereal hemos sabido cosechar, durante siglos. Hemos levantado pasiones y saciado carpantas. Hemos alzado los frutos de la tierra con nuestras espaldas encorvadas sobre nuestras maletas, extraído perlas de sus ostras con anfibios pulmones… Hemos andado el camino del descubrimiento del radio hasta el de cargar el fusil, el de la seda y el de Ho Chi Minh.  El otrora masculino de cultivar cuerpo y pensamientos, y nos hemos levantado cada vez que hemos fracasado al dar nuestras cabezas contra las paredes de las injusticias con la solidaridad de haber aprendido a dar una mano. Desde alguna vez calzamos nuestros pantalones, amasado nuestra independencia, y sostenido la resistencia. Hemos estudiado sin clepsidras, y hemos bebido la alquimia con nuestras primeras leches. Siempre con la identidad de la tribu, el clan o la “famulus” hemos bregado y levantado estandartes por nuestros derechos y por los derechos de los nuestros. Y desde antes de la mítica Medea hasta mucho mas allá de aquí seguiremos enterrando a nuestros muertos contra viento y marea…

Mujeres. Hemos nacido mujer. Todo un estandarte que no sabe de días señalados… Tan mujer la santa y abnegada como la prostituta, la estoica como la histérica, la banal como la científica, la actriz como la monja,la reina como la mendiga… Por que ser mujer es hacerse cargo.

Es que ser mujer, es ser un ser completo y complejo, quizá por esa herencia impuesta de estar atentas. Atentas a si los niños están un poco pálidos, a si me pongo los tacos mas altos o mas bajos según lo que tenga por andar en el día que tengo por delante, o a como he de ordeñar la cabra, a si mi jefe me relega o me acosa, atenta a si la dueña de la casa está de buen humor o si otra vez le tengo que sacar lustre a las bisagras de la puerta, a que ha subido el precio de la leche, a atender a aquel integrante de la familia que no está bien sin dejar de hacer todo lo que hicimos siempre, o a llevar el cantaro con agua sobre la cabeza, y a si el color de moda sera el coral, a que mi madre me ha reconocido y le he podido cortar las uñas. A si nos siguen amando o si somos nosotras la que hemos dejado de amar. Mujer para no acomodarnos a las circunstancias del solo bienestar, mujer cuando denunciamos y el que dice que me ama me mata y me muere, mujer cuando peleamos, mujer cuando cocinamos, mujer cuando hablamos… Mujer la chilena que con lágrimas en los ojos, después del 8,8 de richter, pelea por un saco de harina, mujer la que vuelve y limpia después de la inundación. Mujer las victimas del maltrato. Mujer la que escarba con sus manos en el escombro de Haití, mujer la que ulula el zaghareet de la alegría y el del desgarro, mujer la que cultiva en China… Mujer la musa y la vestal, mujer la sibila y el hada, mujer Perséfone y Proserpina. Mujer María y Mesalina. Mujer principio y final de la humanidad. Mujer de todos los días que como fénix amanece, se levanta y anda sin que ningún dios la haya convocado, sabiendo sin soberbia que por ella y su esfuerzo, el mundo también se mueve… “Eppur si muove”. Se mueve por todas y cada una, por la centenaria sin dientes, por la recién nacida, por las magnificas exponentes nuevas y por las ancianas que apenas pueden con sus huesos, por las anorexicas y las entradisimas en carnes, por las que paren y las que no quieren tener hijos propios, por las que usan Armani y por las que viven en chanclas, por la mujer heroica y la mujer vencida. Por la mujer que ha tenido el don y por la mujer por opción. Por que si el mundo ha puesto un día ha de ser por todas nosotras sin distinción, sin arquetipos ni prototipos, ha de ser para las que son mejores y para las que somos peores. Hoy le digo a mis congéneres que mañana será un día igual al de hoy, en el que muchas de nosotras morirán y muchas nacerán y las demás seguiremos con nuestras rutinas buenas o peores, mas o menos exitosas, mas o menos fulgurantes, mas o menos ignotas… No perdamos la luz, la guía ni el norte nunca, ningún día. Sigamos atentas en la labor de lo mínimo, conservando este escaño ganado a fuerza de ser mujeres los trescientos sesenta y cinco días de cada año de las vidas que hemos vivido desde el principio de los tiempos cuando todavía no contábamos las horas “con pequeñas maquinas en nuestros bolsillos”, pero ya teníamos el instinto que aún conservamos y por eso nuestra mayor atención estaba dedicada a cuidar de las criás, de los nuevos, de los que van a seguir…

Sigamos así, cuidando por lo que va a seguir, estemos o no estemos nosotras. Sigamos mujeres, al frente, siendo la resistencia… Vengan los días que vengan.

 

Ojos de mi perro en esquina con el banco de la plaza del Barrio Figares… Salvado

Hoy, como todos los días por la mañana he salido a llevar a Lucía al colegio.

También como todos los días nos acompañaba Rocco… nuestro perro. Cruza de

Rottwailer y Doberman pero que en realidad parece cruza de mamut con

sasquatch doméstico… Resultado que, atento a las urgencias que Lu cumpla

con su horario de entrada él sumisamente intenta acompañarnos para luego

dar unas volteretas por el parque a fin depositar entre la hojarasca el resultado

de su digestión nocturna, que civilizadamente recolecto en tres bolsas, ejem…

Llevar a Rocco a dar sus paseos es una experiencia tragicómica, él en realidad

es muy obediente, lo que no le obedece ni a él ni a mi es su fuerza y sus

impulsos. Es por esto que yo voy flameando o a los sacudones, según su olfato

le demanda…

Es sabido que en Granada, y en particular en el corazón de la ciudad las calles

son angostas, igual que sus aceras, así que con Rocco parecemos un par de

equilibristas por mantenernos encima de ellas, mal congeniando la mayoría de

las veces, sus impulsos con el tacón de mis zapatos. Mas de una vez, y ante la

bravura manifestada en ladridos de otros cánidos, su impulso-tirón-ladrido me

ha obligado a adherirme, de una manera nada elegante dicho sea de paso,

como una lapa al primer poste que en el veloz y violento derrotero he atinado

a abrazar… Dicho lo dicho, se comprende que si bien voy bastante confiada en

cuanto a su obediencia el tema equilibrio me tiene bastante en alerta. Ahora

bien, a eso de las ocho y media de la mañana en Granada y para estas fechas

suele estar el clima, como diré, bastante fresco; esto nos obliga a andar

embutidos y embuchados en camperas y chales y con nuestras testas

inclinadas hacia el suelo. Así iba yo y así venía alguien de frente, que por su

sombra y atuendo intuí era una fémina. Atenta a no invadir la seguridad del

otro, cumpliendo con el precepto de que su libertad empieza donde termina la

mía, acorte la cadena de Rocco y lo obligue a caminar a mi mismo paso, junto

a mí y pegado a la pared. La persona que venía de frente se aparto de la pared

como para que pudiéramos pasar los tres, tanto como se lo permitió la angosta

acera que si bien no era de las mas angostas a ojo de buen cubero no

superaba el metro veinte… Pasó a mi lado y yo descansé pues no fue victima

de alguno de las olisqueadas de mi sociable perro. Pero, no bien supero mi

espalda la señora me largó la siguiente advertencia – ¡Que yo vengo por mi

derecha! ¡Que lo sepa!.. El desconcierto que me provocó hizo que girara en

redondo no pudiendo evitar preguntarle ¿Y eso que significa? Cosa que la

señora, a la que a la ligera le calcule unos veinte años mas que yo, se negó a

responder y cuan embuchada paso a mi lado continuo con su el transito por su

diestra sobre la acera común. Nunca sabrá la intriga que despertó en mí ¿Es

que habrá alguna norma vigente, alguna ordenanza municipal respecto a la

circulación por las aceras? Es que esto de ser extranjero te cobra muchos

saldos y quizá no lo sepa yo… Para cuando llegué a la esquina mi crisis era de

identidad futura. Llegaré un día al punto de reclamar la circulación por la

derecha en la acera que me toque recorrer? Rocco por su parte muy contento

por haber llegado a la plaza estaba abocado a la tarea de olisqueodemarcación

“orinica” de terreno y evacuación intestinal. Yo por mi parte seguí

enfrascada en repetir la imagen una y otra vez no pudiendo evitar

preguntarme si dentro de veinte años yo también caminaré sola. embuchada y

circulando por la derecha, y debo reconocer que un escalofrío me surco la

testa, también mi pregunte si no será el frío el responsable de avinagrarnos,

y por último me pregunte cuanto le habrá servido a esta señora la rectitud y

rigidez manifestada respecto a su circulación… Rocco había desarrollado todo

su trabajo matutino, había ya levantado dos bolsas del producto de sus

movimientos de vientre y los había depositado en los cestos dispuestos a tales

efectos…

Luego me he sentado en uno de los bancos a disfrutar de los primeros rayos

que acercan cierta tibieza, mi gran perro negro me mira con sus ojos únicos,

como de costumbre espera mis caricias y los cierra por el placer y por el sol.

Entonces pienso antes de levantarme para volver a tomar la orilla del Genil, de

aquel llamado “Los cien Nilos”, que yo no soy demasiado suave ni organizada,

que soy obediente a mi misma y a quienes amo, que me gusta

endiabladamente disfrutar del sol y del frío de la ciudad que me toque.

También recuerdo que cuando era guía turística siempre confundía la izquierda

con la derecha… Siento una especie de recompensa, si, decidida y felizmente:

me parezco bastante a mi perro.


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