De príncipes y princesas
Bella sucumbió al encanto de los cuentos de hadas. Después de algunos romances con seres de carne y hueso, conoció a su príncipe azul. Sucedió una noche de verano. Él la tomó por detrás de la cintura, y Bella se estremeció tanto, que supo en ese instante que era el hombre de su vida.
Se dejó seducir. Ese juego de seducción no se parecía en nada a los anteriores. Bella se enamoró con locura, lo digo sin miedo a exagerar, porque esta historia de príncipe y princesa, pasó a formar parte de la estructura literaria de un cuento y como tal, fue perdiendo la noción de realidad.
Para Bella, todo salvo estar con el príncipe carecía de sentido. Y dejó de desear cualquier cosa que no estuviera relacionada con su presencia, hasta que se convirtió en el único objeto de su deseo. Bella se definió mujer por y para su mirada, y exploró esa pasión hasta tocar el cielo con las manos. Por esos días Bella, se llevaba el mundo por delante.
Pero todo cuento de hadas tiene un castillo, y un misterio encerrado en la torre. Bella lo presentía, pero el juego la atraía cada vez más. Presa de la duda, había llegado varias veces hasta la puerta de la torre de su propio cuento, sin animarse a abrirla. En el fondo sabía que si lo hacía todo cambiaría irremediablemente y su historia de amor se desvanecería en el aire. Estaba convencida que no podría vivir sin su príncipe, ahora que lo había encontrado. Así que optó por morder la manzana de su mano y perderse en esos besos bebiendo de su veneno mientras el destino le deparara, una muerte a su lado. Poco a poco fue perdiendo su esencia y se convirtió en una desconocida. Entonces, comenzó a sentir una desazón tanto o más fuerte que la pasión que la dominaba y así fue, que llegó a realizar acciones que nada tenían que ver con ella y de las que más tarde, se arrepentiría profundamente.
El impacto más fuerte lo tuvo un día en el que buscó su imagen frente al espejo y no la encontró. En su lugar había una desconocida. A pesar de verse más linda y con más brillo que nunca, ese brillo que transforma a las personas cuando están enamoradas, algo hubo en sus ojos, que la hizo estremecerse. Se dirigió entonces, a la torre del castillo de su cuento. Esta vez llegó a la puerta como tantas otras en la que desistió de su idea, pero avanzó un poco más. Colocó la llave en la cerradura y abrió. Y en ese acto, la realidad se le vino encima con todo su peso de certezas, y su cuento se modificó drásticamente. Bella descubrió que su cuento era uno y el del príncipe otro muy distinto. Y éste, con su propio cuento también desmembrado, sin tener incluido hasta ese momento la posibilidad de que la princesa descubriera los misterios de la torre, ensayó promesas de amor eterno y propuso iniciar una nueva historia. Pero ya era tarde, ni el príncipe ni Bella, tenían resto para hacerlo.
Fueron muy altos para Bella, los costos de esta historia de amor. El dolor le caló literalmente hasta los huesos. Bella se dio cuenta tarde, de que había sacrificado su talón para que le quedara bien ese zapatito de cristal, y se sintió morir. Tuvo que tolerar el hecho de despertar cada mañana con la opresión de la angustia en su garganta, e iniciar lentamente un camino de reapropiación de su propia vida, la que había perdido gracias al hechizo de su príncipe, y reinventarse motivos para disfrutarla ahora que él ya no estaba.
Bella pudo revisar la trama de su cuento de hadas, una vez que se bajó de él. Y pudo ver que le había dado a sus sentimientos una significación equivocada. Que no estaba enamorada sino presa de un juego perverso, que su príncipe no conocía otra forma de amarla que no implicara dejarla pendiente, y que para eso era necesario sembrar indicios: un castillo, una torre, una llave y un misterio. Una escena montada, que mostraba y ocultaba al mismo tiempo, tendiendo a que Bella perdiera la razón ensañada con que esos ojos la miren solo a ella. Descubrió que la pasión que sentía, poco tenía que ver con el amor, sino más bien con la propia literatura del cuento, y que no había habido un encuentro real entre su alma y la de él.
Hoy, Bella se enfrenta a la tentación de sucumbir a los encantos de otros príncipes azules, a veces entra en el marco de algún que otro cuento pensando que esta vez va a ser diferente, pero a poco andar vuelve a aparecer el castillo, la torre y todos sus misterios. Entonces desiste del intento.
Es que en el fondo, Bella no se resigna a que la trama de los cuentos de hadas, difiera tanto de la realidad. Sin embargo, lucha a diario contra la literatura de estos cuentos, que definen las características de las relaciones entre las personas, en términos ideales. Bella desearía poder vencer sus propios prejuicios y miedos, y animarse a una historia de amor real y concreta, con todo lo que eso implica: vencer las circunstancias de la realidad, conocer al otro tal cual es sin acertijos ni adivinanzas, aunque no llegue a explorar límites insospechados o a tocar el cielo con las manos.
Y es que a lo que Bella apuesta, es a ser feliz aunque no coma perdices, aunque el hombre dispuesto a intentarlo, ande todavía un poco perdido por el mundo creyendo en princesas y probando zapatitos de cristal.
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