“Razones para la esperanza”
Estimados amigos, siguiendo con nuestro espíritu de aporte de elementos conceptuales novedosos, y a la vez afines a nuestra concepción sobre el mundo, en esta oportunidad nuestro blog les ofrece la conferencia de Jane Goodall, recientemente galardonada con el Doctorado Honoris Causa de nuestra Universidad de Córdoba.
Su tema, “los animales y la condición humana” . Una aleccionadora exposición sobre el significado de la conservación de las especies del mundo animal. Creo es importante para usted, para su empresa y mas aún para su familia.
Cordialmente
Eduardo Dalmasso
Director
Por: Jane Goodall
Conferencia pronunciada en oportunidad de la entrega del título Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba
Qué hermosa ceremonia, muchísimas gracias por este honor, me siento muy honrada de estar acá y ser parte de esta maravillosa y antigua Universidad. Tengo la sensación de que hay mucha sabiduría antigua en esta Universidad, muchas gracias Señora Rectora.
Creo que ahora, después de escuchar dos himnos nacionales, el de Argentina y Gran Bretaña, es apropiado que yo les dé lo que sería el himno nacional de un chimpancé, si lo tuvieran.
Hay dos llamadas que para mí son maravillosas de África. La primera llamada es un saludo fuerte que se escucha en todo el valle: (onomatopeya del chimpancé); la otra es la llamada que hacen los chimpancé a la noche, cuando están contentos, tienen la panza llena y han tenido un buen día; antes de irse a dormir hacen esta llamada, que es lo más cercano que llegan a cantar: (onomatopeya del chimpancé). Esa es la forma de cantar de los chimpancés a la noche cuando están contentos.
Quiero hacer tres cosas, primero contarles un poco cómo sucedió todo esto, por eso estoy acá; segundo, quiero contarles cómo es que dejé los bosques que amo llenos de chimpancés para viajar por todo mundo 300 días al año, y tercero, quiero hablar de los problemas que enfrenta el planeta y cómo podemos hacer algo cada uno de nosotros.
Les contaré un cuento que mucho de ustedes habrán escuchado y que es muy popular en el Reino Unido; habla sobre cómo se juntaron todos los pájaros en una competencia para ver cuál volaba más alto. La poderosa águila, con sus grandes alas que la llevaban más y más alto, estaba segura de ganar; poco a poco los demás pájaros se cansaron, incluso el águila no podía remontar más, estaba cansada también. Ella pensó que había ganado, pero escondido en su plumaje había un pequeño pájaro que salió y voló por encima del águila.
Eso para mí es muy simbólico. Pensemos en nuestra vida como un esfuerzo por volar un poquito más alto y llegar a una meta que está fuera de nuestro alcance, ¿hasta dónde podemos llegar sin la ayuda de un águila? Cuando pienso en mi vida y en la gente que me ayudó en mi vuelo, es como si yo estuviera remontada en la espalda de estas personas.
Algunas de ellas trabajan hasta el día de hoy en el Instituto Jane Goodall; quiero presentarlos: Susana Name, que es argentina y nos ayuda y me ayuda muchísimo a mí en particular en la Oficina del Instituto Jane Goodall en Estados Unidos, y Federico Bogdanowicz, que también es argentino y es el Director Ejecutivo del Instituto Jane Goodall en España. Estas son dos de la muchísima gente increíble de todo el mundo que está con nosotros hoy. También quisiera agradecer a la Rectora Carolina Scotto por todo el trabajo que se tomó para traerme acá. Además, tenemos todos estos amigos extraordinarios en todo el mundo y, por supuesto, toda esta gente que mencioné son los que han ayudado más en esta ocasión.
Pero quisiera mencionar a una persona en especial, sin la cual quizás no estaría acá: mi increíble mamá.
Cuando yo era niña amaba los animales, como muchos niños, y mi mamá apoyó siempre mi amor por los animales, sin enojarse nunca. Un día, recuerdo, ella llegó a mi dormitorio; yo tenía un año y medio y había llevado conmigo un manojo de lombrices a la cama, muchas madres se hubiesen enojado y las hubiesen tirado a la basura, pero ella me dijo con voz muy tranquila: –Si las dejas acá pueden morir, así que lo mejor es que las llevemos al jardín donde pueden vivir cómodamente. Fue mi primera lección sobre compasión hacia otras formas de vida.
Cuando empecé a leer libros sobre África, ustedes conocen los libros de Tarzán de los monos –porque pregunté a una niña argentina ayer de once años que amaba a los animales y se enamoró enseguida de Tarzán–, y qué hizo Tarzán, se casó con la otra Jane tan estúpida!
Sentí muchos celos y pensé que yo hubiera sido una Juana mucho mejor.
De todos modos, empecé a soñar en convertirme en adulta, viajar al África, escribir libros, vivir con animales y aprender de ellos; quería ser naturalista. Todo el mundo se reía de mí, mi familia tenía muy poco dinero, ni siquiera para comprar una bicicleta; ciertamente, no tenía dinero para ir al África.
En ese momento se pensaba en África como el continente negro, lleno de peligros y de seres feroces y salvajes, pero era adonde yo quería ir. La única persona que no se rió de mí y que nunca me dejó creer que no lo podía hacer fue mi mamá. Ella me decía: –Jane, si realmente quieres algo y trabajas fuerte para ello, y si tomas ventaja de las oportunidades y nunca te rindes, encontrarás el camino para lograrlo.
Eventualmente llegué al África, no fui a la Universidad porque no podía pagarla. Mi mamá me dijo: –Has un curso de secretaria y tal vez puedas conseguir empleo en África. Trabajé en Londres como secretaria, me invitaron a Kenia, tuve que trabajar como camarera para ahorrar dinero para este viaje.
Finalmente, quiero hablar sobre mi mentor, el finado Louis Leakey. Él pasó su vida buscando los restos de nuestros ancestros en África, fue el curador del Museo de Historia Natural. Me hizo muchas preguntas que puede responder porque había leído mucho sobre África y los animales, y eso me dio la extraordinaria oportunidad de estudiar no cualquier animal, sino el animal más parecido al ser humano de todas las criaturas vivientes.
¿De dónde saldría el dinero? ¡Qué idea loca! Una joven chica recién salida de Inglaterra, sin estudios universitarios, que fuese a un bosque con criaturas potencialmente peligrosas.
Pero, al final, un hombre rico de negocios de Estados Unidos dijo: –Bueno Louis, yo financio la estadía de esta señorita. Entonces, me fui al Parque Nacional de Gombe, en aquellos días era el protectorado británico de Tanganyika. Las autoridades británicas no estaban preparadas para tomar responsabilidad de mi presencia, entonces, quien se hizo voluntaria para acompañarme durante seis meses fue mi increíble mamá. Éramos dos mujeres británicas en el medio de la nada, pero qué suerte que la tuve ahí. Compartimos una vieja carpa del ejército, comíamos de latas, teníamos un solo cocinero y no se nos permitía ir al bosque solas.
En esos días, los chimpancés eran muy conservadores, miedosos y se escapaban. En mi mundo de sueños estaba este bosque increíble y sabía que si no podía hacer contacto con estos simios en los primeros seis meses, no habría más fondos para mis estudios. Tuve la gran suerte de que justo después de que se fuera mi mamá hice mi primera observación importante. En los meses siguientes, cuando todavía se me escapaban los chimpancés, ella me reforzaba la moral y me decía: –Piensa en lo que estás aprendiendo, todos estos grupos cambiantes se reúnen en un gran grupo, entonces estás aprendiendo sobre lo que comen, cómo hacen sus nidos tejiendo ramas. Ella realmente fue un gran apoyo para mí y una apersona maravillosa, me dio coraje antes de que yo hiciera mi primera observación.
Fue David Greybeard quien por primera vez me mostró que un chimpancé en la selva podía utilizar una herramienta usando pasto y pequeñas ramitas para sacar hormigas de sus nidos. En esa época se pensaba que solamente los seres humanos utilizaban herramientas; esa primera observación fue lo que nos posibilitó obtener los fondos para seguir con los estudios.
Eso sucedió hace unos 50 años, en julio del próximo año es nuestro aniversario: se cumple medio siglo de aprender sobre estos seres extraordinarios. Y cuando pienso en estos 50 años creo que lo más impactante es la semejanza que hay entre ellos y nosotros; ustedes ya lo saben, pero es realmente increíble que mucha gente que no conoce sobre los chimpancés pueda ver el comportamiento de estos seres y entender qué es lo que está pasando entre ellos, porque su comportamiento es muy similar al humano.
Hay semejanzas en la estructura del cerebro y de los nervios. Dos machos que se saludan después de una separación, se besan, se abrazan y se golpean la espalda; si quieren reforzar su jerarquía, a veces agitan el puño y otras, se golpean.
En todos estos gestos, nosotros reconocemos contenido humano; podría ofrecer una lista muy larga de semejanzas, por ejemplo, pedir comida con la mano, reconfortar con pequeños golpecitos o poner una mano sobre el hombro.
Lo triste después de unos diez años fue descubrir que los chimpancés, como nosotros, tienen un lado oscuro en su naturaleza. Yo pensaba que eran similares a nosotros, un poquito más simpáticos, pero vi la primera de una serie de ataques brutales que desembocaron en una especie de guerra primitiva. Sin embargo, hemos observado muchos ejemplos de compasión, cuidado y preocupación.
Al contarles esta historia, quiero que ustedes se imaginen conmigo en el bosque de Gombe: estamos siguiendo a un macho joven que se llama Zetten. Delante de él, sobre el camino, hay buena comida, llega a un árbol enorme, una higuera, que está lleno de chimpancés comiendo y él toma una rama de higos. Hay un joven macho que está comiendo de esos higos y Zetten comienza a comer también, sin saber que el hermano de ese macho está comiendo más arriba, quien escuchando los gritos de su hermano baja y los dos hermanos comienzan a atacar a Zetten. Para mi sorpresa, una hembra muy vieja, que tenía 50 años o quizás más, había estado comiendo y bajó por las ramas, se puso por encima de los tres machos que se estaban peleando y empezó a golpearlos con sus manos. Ellos estaban tan sorprendidos que se acabó la pelea. Era la madre de Zetten la que intervino. Ésta es sólo una muestra de las uniones de afecto y apoyo que tienen los chimpancés, que pueden llegar a más de 65 años de edad.
Hay otro ejemplo o varios de altruismo verdadero, por ejemplo, una infante, Mell, perdió a su madre alrededor de los tres años, cuando más o menos estaba en la edad de poder sobrevivir sin su madre. Si hubiera tenido un hermano o hermana mayor, habría sido adoptado. Nuestra sorpresa fue que un joven adolescente de 12 años, que no estaba emparentado con Mell, la adoptó y dejó que se montara sobre su espalda, la llevó a un lugar seguro en el nido a la noche y la protegió, le salvó la vida en un acto de altruismo.
Es sorprendente, estos chimpancés nos han demostrado que, en ningún sentido, hay líneas divisorias nítidas que nos separen de estos animales.
Es triste que están enfrentado la extinción junto con los demás simios y las criaturas asombrosas con las cuales deberíamos compartir el planeta.
Esta extinción de especies está tendiendo lugar en todo el mundo; había un millón de chimpancés cuando yo empecé mi investigación en Gombe, actualmente no hay más de 300 mil y están diseminados en varios países africanos, muchos de estos chimpancés viven en pequeños lugares en la selva, rodeados de poblaciones.
¿Por qué están desapareciendo? Por las mismas razones que existen en otros países en desarrollo. Por el número cada vez mayor de población humana, la necesidad de más tierra para cultivar alimentos, el hecho de que la cuenca del Congo –que es muy parecida al Amazonas por su vegetación y población de grades animales– incluya a los grandes simios de África.
En la cuenca del Congo, los simios están desapareciendo muy rápidamente debido al comercio de carne selvática. Este comercio es muy distinto a la cacería realizada por las poblaciones cercanas, que ha permitido que esta gente viviera en armonía con su mundo durante cientos de años.
Este comercio de carne selvática ha sido posible a través de las empresas madereras, que matan todo lo que está a la visa, no sólo a los animales que son adecuados para la cacería. Hace años, ningún cazador hubiese matado a una madre con cría, pero estos cazadores comerciales no tienen miramientos y asesinan a chimpancés, incluyendo a las madres con cría, a los antílopes y a todo lo que puede secarse al sol o ahumarse y ser vendido en las ciudades como carne selvática.
Tristemente, a medida que crecen las poblaciones humanas, los cazadores con sus armas más eficientes entran a la zona y se produce la extinción. Algunos madereros solamente sacan los árboles más grandes, pero dejan otros para que puedan seguir viviendo los animales.
¿Qué pasa con los aborígenes que viven en esta selva? Su futuro también está amenazado. El famoso chimpancé de Gombe está en una situación muy difícil, y no me dí cuenta de esto hasta principio de los años ’90, cuando volé sobre esa área en un pequeño avión y noté la deforestación total fuera del Parque Nacional de Gombe.
Este territorio no ocupa más que 30 millas cuadradas; cuando llegué hasta ahí, en 1960, se podía ir desde allá hasta Tanganica pasando por una selva espesa, se veían agua y árboles por todos lados, con algunas pequeñas aldeas. A principio de los ‘90, fuera del parque protegido, parecía un desierto, obviamente había más gente y más aldeas, pero casi no había vegetación.
Esta gente era más pobre porque, en su desesperación por sobrevivir, utilizaban la madera de grandes árboles y trataban de sembrar cultivos en un suelo que ya estaba infértil.
La pobreza es uno de los grandes destructores del medio ambiente, cuando la gente necesita sobrevivir no tiene otra solución más que convertir todo lo que encuentra en dinero, y eso significa eliminar hasta el último arbusto y árbol para cultivar sus cosechas.
Cuando volaba sobre Gombe me hacía preguntas. ¿Cómo podemos siquiera intentar salvar estos chimpancés si la gente de alrededor está luchando por sobrevivir? Y fue cuando vi por primera vez claramente que no podemos conservar un área silvestre si la gente de esa área vive en la pobreza extrema.
Entonces inicié el Programa Take Care, nacido hace 24 años, que mejora la vida de las poblaciones de manera sostenible. Es un programa que ha tenido muchísimo éxito; no tenía gente blanca que marchaba por la aldea de los aborígenes y les decía qué debían hacer, sino que armamos equipos en cada una de las aldeas. Y lo hicimos de la manera africana, hablando con la gente y preguntándoles qué era lo que ellos creían que mejoraría sus vidas, y nos respondían que nos les importaba la conservación, sino la educación, la salud y aumentar los cultivos. Y empezamos por eso; después introdujimos otras ideas que fueron todas abrazadas por ellos, así que pudimos ayudarlos cada vez más con el tiempo.
Una de las modalidades que ha resultado espectacular son los microemprendimientos con grupos mayoritarios de mujeres, quienes realizan trabajos que son ambientalmente sostenibles, reciben préstamos para crear estos microemprendimientos y, cuando los han pagado, son independientes y tienen proyectos propios que son fuente de orgullo para ellas.
De esta forma, sus niños pueden educarse en la escuela. Se ha demostrado en todo el mundo que, a medida que mejora la ecuación de las mujeres, mejora también el nivel de vida en general.
También brindamos información sobre Sida y su prevención, e información sobre planificación familiar.
Ésa es una pequeña contribución, vamos a sostenes el Programa Take Care mientras nos embarcamos en otros proyectos.
Los seres humanos están destruyendo el planeta. He hablado sobre muchas semejanzas entre nosotros y los chimpancés. Hay diferencias: los chimpancés no se reúnen en lugares como éste, no tienen universidades; si nosotros quisiéramos y tuviésemos la tecnología, podríamos enviar esta charla a todo el mundo en tiempo real, y la gente en África, China y otros lugares podrían escuchar y beneficiarse de ello.
Como dije, el cerebro del chimpancé es sorprendentemente similar al nuestro, pero no tiene sentido comparar el intelecto entre ambos. En cautiverio, los chimpancés pueden ser muy inteligentes, entienden perfectamente el leguaje de señas utilizado por las personas sordas, pero no se puede comparar un chimpancé con un (Albert) Einstein, por ejemplo. No tiene sentido hacer comparaciones entre un chimpancé inteligente y cualquiera de nosotros. Nuestro intelecto se ha desarrollado de forma explosiva. ¿Por qué? Lo que hace que seamos más distintos a los chimpancés y otros animales es la forma sofisticada de comunicarnos utilizando palabras, palabras habladas, palabras escritas y palabras trasmitidas electrónicamente. Lo que significa que nosotros podemos enseñar a nuestros hijos sobre cosas que no están presentes, podemos hablar sobre el pasado y planificar el futuro, podemos charlar e invitar a nuestras charlas a gente con distintas experiencias de vida para compartir ideas y producir soluciones. Pero los chimpancés actúan de forma muy instintiva; nosotros nos comprendemos con los chimpancés, pero este lenguaje que tenemos los seres humanos nos permite comunicarnos de una forma muy distinta.
La pregunta que emerge es: dado que somos los seres más intelectuales que jamás han caminado en este planeta, ¿por qué estamos destruyendo nuestro medio ambiente?
Ustedes saben que lo estamos haciendo; hemos hablado de deforestación, que aumenta los desiertos en África y crea la falta de biodiversidad y la falta de agua potable no sólo en África sino también en otros países. Sabemos que estamos polucionando al mundo. Hay lugares donde nuestros hijos nacen en un medio ambiente donde el aire que respiran, el agua que toman y la comida que comen realmente los va a enfermar, y esto se debe a los químicos que utilizamos en la agricultura y nuestras industrias. Estos productos están contaminado el suelo y los ríos, realmente estamos depresionando a los animales al comerlos y destruir las especies.
En estos días la gente está pensando sobre el cambio climático, todo el mundo habla sobre el cambio climático. Hace tres meses fui a Groenlandia, me invitaron los esquimales, y me paré con los viejos de la tribu sobre la capa de hielo que cubre Groenlandia. Nosotros miramos y escuchamos mientras grandes trozos de hielo se rompían y caían de este precipicio. Había un gran río que se estaba creando, años anteriores ni siquiera había pequeños arroyos. Ahora, en Groenlandia, estos lugares altos que han estado cubiertos de hielo desde la última época glaciar ya están fértiles y están creciendo pequeñas plantas en el lugar. Se ha pronosticado que el nivel de las aguas de los océanos puede subir hasta siete metros; piensen en las consecuencias de esa suba de los océanos.
Después de Groenlandia estuve en Panamá y me encontré con algunos viejos de la tribu Ticuna, quienes han hecho planes para evacuar su gente que ha vivido durante cientos de años fuera de la costa de Panamá, en islas muy bajas y, a medida que esas islas desparecen bajo el agua, hacen planes para mudar a esa gente al continente.
Esto está pasando por los gases invernaderos, no sólo por el combustible fósil sino también por la industria de los frigoríficos, que contamina más que los combustibles fósiles producidos por todos los autos del mundo.
Todo esto los asusta muchísimo.
Me fui de Groenlandia y Panamá con una sensación muy importante: que cada uno de nosotros haga todo lo que está en nuestro poder para permitir que este cambio sea más lento, quizás no pueda detenerse, pero es posible que podamos hacerlo más pausado.
No es sorprendente que en mis viajes por todo el mundo me encuentre con mucha gente joven; acá tenemos gente de la universidad, del colegio secundario y también más jóvenes.
Muchos de los chicos habían perdido la esperanza, estaban enojados o casi violentos y algunos eran un poco patéticos. Empecé a hablar con ellos y todos dijeron lo mismo: –Estamos así porque sentimos que ustedes, los mayores, nos han comprometido el futuro.
Es una realidad, hemos comprometido su futuro y, si se sienten así, tienen toda la razón. Cuando pienso en el daño que hemos hecho en todo el planeta desde que tuve la edad de mis hijos y mis nietos, me doy cuenta de que es verdad.
Por eso empezamos el proyecto Roots and Shoots (Raíces y Brotes). La cuestión es que no estamos solos, en todo el mundo hay gente que se preocupa pero que no saben qué hacer. Así que Rots and Shoots, que comenzó con 16 estudiantes del secundario, ahora está en 112 países, tiene más de 10 mil grupos activos, con miembros de edades que van desde el jardín de infantes hasta la universidad, donde hay mucha presencia. Estos grupos están haciendo una gran diferencia y tenemos cada vez más grupos adultos.
Quiero explicar por qué se llama así, a través de otro cuento simbólico.
Piensen en su árbol favorito, el árbol más bello que puedan imaginarse, yo me imagino un roble inglés. Cuando ese árbol comenzó a crecer era un plantín pequeño; pequeñas raíces blancas aparecieron y pequeños brotes blancos también. La magia es que hay muchísima fuerza vital en esa semilla, porque cuando esas raíces llegan al agua, absorben nutrientes, y cuando esos brotes buscan el sol pueden derribar paredes de ladrillos.
Piensen en todas las cosas terribles que han sucedido en este plantea. Los problemas sociales, la distribución desigual de la riqueza, la pobreza, el hambre, la violencia étnica; todas estas formas en que nosotros violamos el planeta. Y por supuesto, nuestra crueldad.
Así que Raíces y Brotes nos da esperanzas porque cientos de miles de jóvenes en todo el mundo pueden lograr un gran avance y hacer que este mundo sea mejor.
Lo importante es que cada uno de nosotros hace la diferencia todos los días. Ustedes no pueden vivir un solo día sin provocar algún impacto. Hay gente que no puede hacer esto porque vive en tal pobreza que sólo puede sobrevivir, pero nosotros tenemos la opción de qué comprar, qué ropa usar, qué decir a los demás y cómo influir en el medio ambiente.
En su esencia, Raíces y Brotes es un programa impulsado por la juventud. Piensen –les estoy hablando a todos los estudiantes universitarios y de la secundaria– en los problemas ambientales que tienen en su alrededor, uno de ellos acá es la deforestación.
Creo que hay nada más que el tres por ciento del bosque original que queda en pie; entones, júntense con sus amigos y hablen sobre este problema y utilicen este poder del lenguaje que tenemos. Si hay algún problema que realmente les molesta y tienen ganas de hacer algo al respecto, piensen en cómo lo haría, hagan un plan; luego enrollen las mangas de sus camisas y pónganse a trabajar. Puede ser restaurar un arrollo, por ejemplo, sacar la basura, aprender sobre contaminación y sobre cómo los metales contaminan el agua, redactar cartas o hacer lobby.
En tres continentes distintos he estado con grupos de Raíces y Brotes que, después de una ausencia de treinta años, han revivido estos arroyos colocándoles nuevos peces. Con esto, la gente joven en todo el mundo me está queriendo decir qué cosas han hecho para mejorar el ambiente, y eso me da energía para seguir.
Raíces y Brotes tiene tres tipos de proyectos. Uno, para mejorar el medio ambiente a través de la limpieza de arroyos y el aprender sobre deforestación y reforestación, y hacer trabajo voluntario. El segundo proyecto puede ser hecho por alguno de los miembros del grupo y busca ayudar a la comunidad humana para erradicar la pobreza, pueden hacer una especie de alcance comunitario. Yo sé que este trabajo se hace; en Argentina, por ejemplo, los estudiantes reúnen fondos o ayudan a construir un colegio; también pueden ir a las escuelas ubicadas en áreas pobres y colaborar con la educación- Éste es un trabajo que hacen los estudiantes universitarios y algunos del secundario en todo el mundo.
El tercer proyecto es ayudar a los animales. Siempre hay gente joven dispuesta a hacerlo, y esto puede ser ayudar a los perros de la calle o a los monos.
Mañana voy a visitar el Proyecto Carayá, que son los monos aulladores locales; algunos han sido confiscados por el Gobierno y otros vendidos como mascotas. Éste es el primer trabajo de Raíces y Brotes en Argentina, quiero saber si hay más voluntarios para colaborar en este proyecto. Es el tipo de proyecto que hacen los grupos Raíces y Brotes en todo el mundo y que hacen la diferencia todos lo días. Mi mayor razón de esperanza es el compromiso, la decisión y la energía que les da poder a los jóvenes para actuar.
Tengo también otras razones de esperanza. Una es el cerebro extraordinario que tenemos, que puede inventar tecnologías asombrosas. ¿Por qué estos seres intelectuales están destruyendo el planeta? Creo que hemos perdido algo que se llama sabiduría, la sabiduría de los indígenas, que toman decisiones basadas en cómo éstas pueden afectar a su pueblo luego de varias generaciones. Nosotros pensamos en cómo me afectará ahora a mí o mi familia, o cómo afectará mi situación en tres meses, o a mi próxima campaña política.
Me parece que ha habido algún tipo de desconexión entre este cerebro inteligente y el cerebro humano, no pensando en el corazón biológico sino en sentido poético.
Realmente creo que esta gente joven de Raíces y Brotes que se encuentra conmigo en todos lados, en China, Europa, Norteamérica y en Sudamérica ahora, va a ser los próximos tomadores de decisiones, la próxima tanda de médicos, políticos y padres.
Y todos entienden una cosa: la vida se trata de algo más que simplemente ganar dinero, obviamente tenemos que ganar dinero para vivir, pero necesitamos de otros valores.
Tenemos que escapar de este estilo de vida materialista, que está patrocinado por las grandes corporaciones que luego tienen poder sobre los gobiernos.
Pero muchas de estas decisiones no son tomadas porque se trate de ganar dinero para obtener mayor riqueza. Y esa es mi segunda razón. El cerebro humano es capaz de tomar decisiones sabias; si empezamos a tomarlas, podremos vivir en mucha mayor armonía con el resto de la naturaleza.
Mi tercera razón de esperanza: ya hemos hablado de restaurar los ríos, podemos hacer lo mismo con los bosques húmedos y devolver la belleza de la naturaleza. Especies animales que están al borde de la extinción pueden tener una segunda oportunidad.
Acabo de escribir un libro, una colección de cuentos inspiradores sobre gente increíble que toma la decisión de no permitir la extinción de una especie. Por ejemplo, un hombre que decidió que el Ruiseñor de Nueva Zelanda, que es como un petirrojo negro, no debía morir. En ese momento había solamente dos pájaros: un macho y una hembra, ¿cuál es el punto de salvar una especie teniendo una sola pareja? Si consideramos el escenario de Adán y Eva, parece que hemos sobrepoblado el planeta, pero estos pequeños pájaros han mejorado su situación actual y ya hay más de 300.
Hay cuentos de este tipo que son muy importantes para que la gente joven sepa lo que puede hacer a través de la decisión, la pasión y la compasión. La gente está comprando este libro porque nos muestra lo que se puede hacer con determinación y pasión.
Ésa es la última razón de esperanza: el espíritu indomable del ser humano, gente que acepta una tarea imposible y no se da por vencida, que puede hacer una senda que puede ser seguida por otros.
Esta mascota que está aquí conmigo se llama Señor H. Fue un regalo de un hombre llamado Gary Horn que vive en Estados Unidos, quedó ciego a los 21 años y decidió convertirse en mago. Sus amigos lo ridiculizaban diciéndole: –Gary, cómo puedes ser mago si no puedes ver.
Él dijo. –Puedo intentarlo. Al final, llegó a ser tan buen mago que los chicos ni siquiera se daban cuenta de que estaba ciego. Él decía que las cosas malas que pasan en nuestras vidas no deben ser motivo para que nos rindamos. Si uno tiene un objetivo, siempre es alcanzable.
Él me dio esto para mi cumpleaños hace 14 años, pensaba que era un chimpancé de juguete.
Le hice sostener la cola para que notara que no era un chimpancé; él dijo: –No importa, llévatelo igual como mascota de la suerte y mi espíritu estará contigo donde quieras que vayas.
Mi mascota y yo hemos estado en 63 países en 14 años; le dije a la gente que, si lo tocan, pueden recibir algo de la inspiración de este espíritu indomable. Ya ha sido tocado por unos 4 millones de personas hasta ahora.
Quiero darles un cuento final. Es una historia de un chimpancé que nació en África, su madre fue muerta a tiros cuando él tenía un año y medio, luego fue llevado a Estados Unidos donde vivió solo en un pequeño zoológico antiguo y sin compañía de ningún chimpancé, no tenía forma de aprender sobre el comportamiento de sus pares. Se llamaba Yoyo. Luego el zoo mejoró y decidió crear un gran recinto para los chimpancés, hubo 19 nuevos que tuvieron que ser presentados unos a otros y se decidió su jerarquía de dominancia.
Al principio todo anduvo bien, pero luego uno de los machos nuevos desafió al macho más viejo. Hizo un despliegue de dominancia con un montón de gestos que lo hacen ver lo más grande y peligroso posible para intimidar a su rival. Yoyo estaba aterrorizado, no sabía nada sobre esta ceremonia, se asustó tanto que se escapó al agua sin saber sobre los peligros que tiene, porque los chimpancés no saben nadar. Trató de nadar pero no pudo, tres veces salió del agua buscando bocanadas de aire y finalmente desapareció.
Había un hombre ahí que vio lo que estaba sucediendo, se llamaba Rick. El cuidador de la jaula le dijo que los chimpancés machos pueden ser peligrosos porque son mucho más fuertes que nosotros. Pero igualmente se metió bajo el agua, tomó a Yoyo y colocó a este peso de 70 kilos sobre sus hombros; pudo empujar a Yoyo por encima de la barra protectora; después se dio vuelta porque su mujer le estaba gritando que regresara.
Había otra mujer que estaba grabando todo esto en una película, en la que se puede ver lo que ocurre. La gente del otro lado de la zanja le está gritando a Rick que vuelva porque ven a otros tres machos que están bajando con los pelos erizados hacia la zanja.
Rick está parado con una mano sobre la barra, mira a su familia, mira a los machos y mira a Yoyo, que estaba desapareciendo otra vez porque se había patinado.
Durante un tiempo Rick se quedó inmóvil, luego volvió al agua y nuevamente empujó a Yoyo hacia arriba; esta vez lo sostuvo, ignorando a su familia que gritaba e ignorando a los chimpancés amenazadores. Yoyo estaba vivo, en el momento justo el chimpancé se aferró al pasto y Rick se escapó justo a tiempo.
Esa película se vio en todo los Estados Unidos esa noche. La vio la directora del Instituto Jane Goodall, llamó a Rick por teléfono y le dijo que había sido muy valiente por lo que hizo, preguntándole qué lo impulsó a hacerlo. Rick dijo: –Lo miré a los ojos y era como mirar a los ojos de un hombre diciendo, ¿no hay nadie que me pueda ayudar?
Esa es la mirada que hemos visto en los ojos de los bebés chimpancés que están al lado de sus madres muertas, y es la mirada que he visto en los ojos de los chimpancés en laboratorios de investigación médica, y es también la mirada de los chimpancés que utilizan para el entretenimiento.
Por eso estamos luchando, para cambiar todas estas cosas. Pero también he visto esta mirada en los ojos de los perros que están en la calle, en los ojos de los niños que están en los campamentos de refugiados, y en los ojos de los sin hogar, de la gente que vive en la calle.
Si ustedes han visto esta mirada y lo sienten en el corazón tienen que dar ese salto y ofrecer ayuda. En todo el mundo hay grandes problemas, pero no he encontrado ningún problema donde no hubiese un grupo de gente apasionada y dedicada que trabajara sin dinero, arriesgando su vida para hacer las cosas.
Así que esa es mi principal razón de esperanza.
Realmente creo que estamos comenzando a escapar de esta obsesión por los objetos materiales, estamos empezando a pensar en valores y, de esa forma, vamos a evolucionar hacia el camino de la humanidad, más aun que en el sentido intelectual.
Quiero agradecerles nuevamente por el gran honor que me han dado hoy, sé que algunos de ustedes han estado sentados y esperando mucho tiempo. Aprecio el hecho de que estén acá y que me den la oportunidad de compartir un mensaje que, creo, es tremendamente importante.
Espero que ustedes, la gente joven, puedan unirse a nosotros en nuestro esfuerzo por cambiar el mundo a través de Raíces y Brotes.
Hay una sucursal en España que tiene un sitio web: es www.janegoodall.es
Una vez más, gracias por el honor, estoy muy orgullosa de estar asociada con esta sede del conocimiento antigua y maravillosa.
Muchas gracias.
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Fidel Castro Ruz

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