Archivo para la categoría ‘Las historias de Curiosa’

PAZ, SALUD, AMOR Y SOLIDARIDAD: para estos días y para todos los del 2010

Felices Fiestas y un 2010 más Justo y Solidario para todos

¿el arbolito se ha ido a la izquierda?

Gracias a los amigos que han enviado y me envían mensajes y no olvidan mi correo y que, sin justificación ninguna no suelo responder (un mal hábito que en el próximo año hago el propósito de evitarlo -queda escrito en el propio blog-).
Decirles con gran cariño que están en mi corazón y desearles unas fiestas navideñas en armonía, paz y con la alegría del encuentro de los seres queridos.
También gracias a quienes me han comentado a lo largo de este año que se va, y a aquellos que siguen o visitan este blog aunque no comenten. Para ellos también unas muy felices fiestas.

No he escrito la carta a los Reyes Magos porque ya me entregaron con anticipación la alegría de poder entrar en contacto con tantos amigos que me han regalado lo mejor de ellos: su amistad. Me siento muy halagada al poder considerarme amigos de tan bellas personas que hasta me han hecho más “llevadero” este año … ¡les quiero, les quiero!… y ya, ya, amiga Deli (que ya sé que “son palabras mayores”), pero ¡es lo que puedo decir y aún me parece poco!.

¡Bueno!, me he limpiado las lagrimillas y ahora se queda atrás la Curiosa sentimental y da paso a la Curiosa algo revolucionaria

El hecho de considerarme una agnóstica no me impide creer en el llamado “espíritu navideño”. Lo he podido vivir y palpar en muchas ocasiones. Mi gran deseo es el de que ese espíritu no se de sólo unos días al año.


Que la salud (del “cuerpo” y de la “mente”, y por su relación enlazo también la “salud espiritual y moral”) nos permita amarnos más para amar y dar más amor a los próximos y a los prójimos.
Que cada uno de nosotros podamos dar lo mejor (y “eso” no lo incluye una tarjeta bancaria ).
Que nos haga aceptarnos con nuestras cualidades y defectos y aceptar los de los demás.
Que trabajemos por la solidaridad y la fraternidad que devuelva nuestra naturaleza humana.
Que esa tarea nos permita conocer la realidad de quienes en estos días, ni en los previos ni en los posteriores podrán llevar ni tan siquiera un bocado de pan a sus boca.
Pues aún siendo una cuestión de hacer cumplir a políticos y organizaciones internacionales sus promesas, al pueblo nos corresponde el recordarles que así lo hagan y el que aunamos cada “grano de arena” y cada voz para conseguir que la utopía de un mundo mejor llegue a ser una realidad. Y que con nuestro ejemplo las futuras generaciones reconozcan el verdadero valor de las cosas y con un simple o pequeño gesto puedan apreciar un gran tesoro.
Que los más desprotegidos puedan ser arropados y tenidos en cuenta. Que los niños tienen el derecho a una infancia sin hambre ni sed, con un techo, sanidad y con la protección de los adultos y de las instituciones. Que los ancianos sigan ocupando el lugar de aquellos que con la experiencia vivida vuelvan a ser la mejor memoria (no virtual) que transmitan a los jóvenes el conocimiento y la sabiduría que sólo la vida nos puede dar.

(Todo lo escrito anteriormente es una serie de deseos que Curiosa propone y que Marisa tendrá que apuntar también -junto a lo de ser “más sociable en la red”- en su listado de propósitos para el nuevo año)


Aprovecho la ocasión para indicar que este blog no está “abandonado”, motivos de fuerza mayor me impiden el poder disponer del tiempo preciso para subir los post que “están”, pero en espera, y el no poder visitar y disfrutar de las obras que los amigos agregan en sus respectivos blogs.


Un gran saludo con besotes añadidos, ¡y lo mejor
de lo mejor para el
Año
Nuevo!

PD: estas Navidades -pese a que los matemáticos me lleven la contraria- tendré más invitados… no ocuparán sitio alrededor de la mesa, ¡pero sí un gran espacio en el corazón!

Mientras Llovía (Poesía de Autor – 5º Concurso Literario)

Foto de Pedro J. Pacheco “Tango en sepia”

Mientras Llovía

Amaneció con lluvia
De ida al trabajo
Y a la vuelta.

Compañeros de tiempo
Que por hábito
A casa regresan.

Otro día cualquiera terminado
En el que como siempre
Íbamos charlando.

Empezamos pisoteando entre bromas
Los charcos de las aceras
Por las
calles estrechas.

En un instante resbalé y antes de que cayera
Algo hizo que acabara recogida
Entre tus cálidos brazos.

Se detuvo el tiempo entre aquel inesperado abrazo
De amigos que ahora se miraban
Con ojos de enamorados.

Las nubes no mojaban, acompasaban con un tango sentido
La música que puso a nuestros cuerpos
Bailar al ritmo de un único latido.

Lágrimas de San Lorenzo: lluvia de estrellas

Con este artículo, publicado en mi blog “de terapia” (algo que sin pretenderlo, parece que este también podría llegar a serlo…, ¡y no me gustaría, no!, no es la idea para la que ha sido creado, no), quisiera intentar explicar el porqué de mi ausencia durante este tiempo. La vida no es fácil, no. Para muchos, para casi nadie, para todos en un momento dado. Y aunque sepas lo que puede acontecerte si se te ha confirmado (como es mi caso), aún así, siempre te sigue dando sorpresas.
Las sorpresas buenas te hacen subir hasta el pico más alto de Gredos (lugar en el que está tomada la fotografía del post dedicado a mi querida amiga Caro). Pero cuando no son buenas, y tan sorpresivas, y tan reiterativas y próximas en el tiempo… , cuando “el entorno” no favorece para que, aún conociendo tu situación y tus limitaciones, puedas hacer frente a esa realidad a la que ya te has habituado y que terminas por no sólo aceptarla, sino hacerla frente…, cuando eso ocurre, cuando la vida te sigue golpeando con excesiva frecuencia…, Curiosa se derriba y cae precipitándose desde ese pico, sin encontrar el mullido valle. Sólo hay angustia y, a veces, algunas veces, puede agarrarse a algún hermoso sueño. Porque sólo el arnés de los sueños pueden suavizar esa caída.
Os leo, cuando puedo comprender una frase detrás de otra, os leo, aunque no haga comentario alguno en vuestros blogs…, y os agradezco enormemente las muestras de cariño que siempre me estáis regalando. Yo sólo puedo daros las gracias y la promesa de que seguiré, seguiré y remontaré por mí y por los que me quieren, entre los que ya os incluyo.
Besos, ¡me gusta tanto leer vuestros post!…

Pasa el día 13, ya pasa, y todo empezó el día 10, o casi todo. Caen las últimas “Lágrimas de San Lorenzo”, símbolo de felicidad, de amor compartido viendo al unísono bajo el manto estelar la caída casi interminable de tantas estrellas fugaces como sueños e ilusiones de enamorados. En otras civilizaciones representan mal augurio. En cualquier caso se trata de una belleza de la naturaleza, de la naturaleza que no podemos controlar, que derriba montañas con la fuerza del agua, que destruye bosques enteros con la fuerza de un rayo, que parece queramos destruir con nuestro dominio infundado, que hace que un año y otro más se nos brinde tal espectáculo de hechizo.
No me he asomado a la terraza. Desde mi casa no se ven. La luz artificial de Madrid y la ubicación de las ventanas, me impiden poder apreciar la magia de lo desconocido aunque explicado por científicos, sin que con ello pierda su encanto. Tendría que tener mi ventana orientada al este, hacia el mar Mediterráneo; pero desde mi ventana, no se ve.

“Háblame del mar marinero” (Pepa Flores)

Y casi todo empezó el día 10, pero no todo. Porque empezó tanto, tanto tiempo atrás, aunque rechazara una y otra vez esa posibilidad, como si de un “terreno vedado” se tratara. Casi desde que tengo uso de razón, soy quizás la última en darme cuenta de lo que ocurre, de lo que me ocurre, de lo que siento, o igual lo niego, me niego una realidad que no niego para otros.
Mi corazón late, late con un ritmo disparejo. Y siempre ha sido así. Pero me niego a aceptarlo; o no quiero, ¡qué más da!. Me niego a mí misma lo que a otros concedo, ¿por qué?. Dicen que soy fuerte, no, no es así, quien lo dice no me conoce; la vida me ha hecho fuerte, pero tengo miedos; miedos que han cambiado, pero tengo miedos. Miedo a sentir… miedo a no sentir.

Lunes, 10 de agosto de 2009. Era tarde, casi las nueve de la noche, ella me distrae, lo ha estado haciendo durante todo el día, cuando se presentó de improviso. Casi pareciera que tenía necesidad de distraerme. Me agarra suavemente la pierna, sentadas las dos en la sala de espera. Cambia de tema y siempre es el mismo: el distraerme. Evita decir lo que ya me han advertido. Nada serio, pero había que cerciorarse. Me comenta la llamada de casa, ¡no quería cenar!; tampoco eso es nuevo, sabía que iba a suceder, y sólo esperaba llegar a la hora conveniente.
En todos los temas de conversación entre sala y sala de espera, en los momentos en los que habíamos estado juntas, siempre imperaba un cierto optimismo. De cualquier cosa se podía hablar, menos de aquellos momentos; parecía un pacto secreto que no llegaba a entender, o no quería ni me importaba entender. Sí, demasiado tarde, miro mi reloj, no podía llegar tan tarde, no cenaría, sería demasiado tarde para los medicamentos, pero… tampoco era algo que extraordinariamente me preocupara en esos momentos.

Había empezado, por fin, en los días previos, a considerar lo importante, lo realmente importante. Al principio me asusté. Mucho, sobre todo la primera vez, me asusté mucho, pensé que era demasiado pronto, ¡que todo estaba pasando demasiado deprisa!, que aún no estaba preparada. Fue una mirada furtiva, en la que me crucé con la suya; me miraba de una manera extraña, como si no me mirara, como si no me reconociera. Días previos había notado de nuevo cierto comportamiento obsesivo; no me escuchaba, lo intentaba, con abrazos y besos, susurrándola para tranquilizarla, de rodillas ante su sillón: “no, no, no es así, verás como no es así, volverás a recuperar las fuerzas… pero… escucha, es que no me escuchas… escucha, por favor, ¿no te he dicho que has de confiar en lo que te han dicho, que yo estoy segura que va a ser así?… ¡no, no llores, no por eso, no!… ¡bueno, va!, díme de nuevo lo que me quieres preguntar… sí, si es lo que te decía, ¡confía, volverás a recuperar las fuerzas!… no, ¡no, venga, va, no llores por eso!…”; interminables conversaciones sin diálogo, sin principio ni final, repeticiones de frases ya dichas a preguntas realizadas; una, dos, tres, ¡tantas, tantas veces a lo largo del mismo día!.
Aquella mañana no pude evitarlo, ¡tuve que bajar a la calle!, después de haber quedado ese domingo en tomar un aperitivo con mi amiga, ¡sentía que me asfixiaba!, bajé aunque no hacía falta, ni tan siquiera iba a salir del portal, ¡sólo quería escapar unos minutos de casa!, la esperaba, de nuevo como buena amiga traía medicinas de la farmacia. Se sorprendió al verme allí y lo peor: que estaba siendo atendida por el vecino, preocupada por el maldito móvil, por si se había roto. Por suerte, no, estaba intacto, pese al golpe. Ella me regañó: “¿pero por qué has bajado con el calor que hace?, no, no te levantes aún, si te iba a subir yo… ¿pero qué te pasa?…”. Me ahogaba, se lo tuve que decir, esas preguntas, esas miradas,… no, no me gustaban nada. “Tranquila, será por la medicación, ya sabes, funcionan así, ¡no le des importancia!, en cuanto se las compensen, pasará..”. “Me estoy preparando, ¡pero aún no, que aún no sea, aún no!…”. “Tranquila, te acompaño en el ascensor y…”. “No, deja, prefiero subir sola, le he dicho que bajaba para no entretenerte”. Llegaron otros vecinos, las dos estábamos abrazadas y dándonos besos y más de un “te quiero…”, entonces dije: “no, no es lo que parece, ¡es amiga, buena amiga y se lo estoy agradeciendo!”, ella me siguió: “¡síiii, jajaaaaa!, que no haya malentendidos”. Los vecinos se echaron a reír y siguieron la broma. Ella me dijo: “ahora sí, veo que te has recuperado, me has convencido, sube a casa”. Le pregunté si se notaba que había llorado, me dijo que no.
Lo peor había llegado al domingo siguiente. Ella no se enteró. Llegaron con las llaves el sábado de noche, vieron mi estado, quisieron llevarme al hospital para un revisión. Me negué, no podía dejarla sola. Entonces me indicaron que en un máximo de 48 horas si los dolores de cabeza no remitían tendría que ir. Y el domingo mis nervios ante tantas cosas ocurridas y vividas en tan poco plazo de tiempo, me jugaron una mala pasada. Lloraba, esta vez parecía que considerara que era yo la que no le pasaba las llamadas. Lo intenté con diplomacia, con la habitual dulzura que venía usando en la voz y en intentar que reaccionara volviendo a la realidad. Pero no pude; mi tono iba subiendo, la increpé: “no, yo se lo he prometido, no le llamaré más, si quieres hablar, saber porqué no llama, házlo tú”. Se echó a llorar: “¿es que no sabes que quiero hablar con él?, ¿tan difícil te resulta de entender?, necesito hablar con él”. Lloraba, lloraba y me derrumbé. Marqué el número en el móvil, saltó un contestador, la puse al habla: “mira, escucha, no responde, di lo que quieras en el contestador”. “¡No, no, ahora no quiero hablar, no, no quiero hablar!”, yo la insistía y ella llorando decía que no. Se cortó el contestador, me eché a reír fuera de toda coherencia: “¿ves, has visto?, pues bien ahora ha quedado un mensaje en el que parece que te estuviera forzando a hablar”. “Pero, ¿por qué lo has hecho, si has dicho que mejor que no?”. “Llorabas, llorabas, ¡quién soy yo para imponerme!, tú quieres, me lo has dicho”. “No, no, si seguro que no quiere nada, si seguro que no llamará”. Y entonces fui más cruel, si cabe: “sí, seguramente, y eso te dolerá aún más”.
Y no llamó, en toda la semana no llamó. Ni un mensaje, nada. Y eso me hizo que pensar. Tenía que estar preparada para todo eso: tarde o temprano yo podría ser una extraña, o peor aún una enemiga para ella. Me dolía, lloré por la noche. No, no estaba preparada aún. De nuevo, tengo que jugar el papel de “fuerte”. Porque sólo siendo fuerte, no volveré a hacer daño. Como a una niña, llegará el momento que como a una niña la tendré que tratar; sus pataletas, sus lagunas, sus miedos, ¡todo!, todo puede ser posible, y para todo tengo que estar preparada y “ser algo pasota”, me han dicho. Algo pasota, sí, aparcar los sentimientos para que no me hagan daño y así ayudarla.

Lunes, 10 de agosto de 2009. Llueve. Alguien lo confirma con cierta rudeza: “¡y ahora se pone a llover con algo de granizo!, ¡yo no sé a qué hora vendrán a recogernos!, ¿es que no hay suficiente servicio, se han ido todos de vacaciones?”. Miro hacia los cristales de los grandes ventanales de la sala. Ella me dice tímidamente: “tampoco pasa nada, total es mejor que lo confirmen, ¿verdad?”. Respondo como ausente, al igual que en las últimas horas -dias quizás- he estado: “no, claro, es mejor”. Suspira, sigue comentando sobre temas livianos, creo que me mira un tanto extrañada; quizás estoy demasiado tranquila. Veo las hileras de agua recorriendo los cristales, sus formas variadas… por fin llegan a por nosotras, pronto estaremos de vuelta en casa.
Llegamos justo a tiempo. Le doy la cena. Me mira y me interroga, algo presiente, pero la sonrío, sonrío y le hago alguna broma. Le doy los masajes en la cama, se extraña que no haya ayudado a acostarla, me mira, pero calla. La muñeca me imposibilita hacer movimientos bruscos, la hinchazón del lado derecho también es un problema, todo ello impide escribir convenientemente, pero quiero hacerlo, lo necesito, escribo algo a las amigas del foro, ¡me veo en la necesidad, quizás las asusté!. Todos en casa parecen más nerviosos que yo. De nuevo mañana, martes, pruebas a repetir y otras nuevas; con suerte, ya resultados concretos.

Duermo tranquila, sigo durmiendo con 0,5 mgs. menos, siento algo que nunca antes sentí: encontré un alma gemela y una paz interior. Soy consciente de las limitaciones, de no poder jugar ni mover ficha, no, no me corresponde a mí, no soy quien para hacerlo, pero sé que puede recurrir a mí, que va a hacerlo cuando lo necesite; esa es mi gran fortuna, mi esperanza. Eso es lo que más me importa, es lo que hace sentirme acompañada. No hay ni un sólo minuto en el que me encuentre sola. Los amigos, la familia, los vecinos están a mi lado; pero me faltaba algo. Eso ya lo tengo; me ha costado tiempo el aceptarlo, el dejar de negar lo que sentía. ¡Qué bobada!: negar algo tan, tan especial; ya no estoy sola. Cada vez que un olor me llega, que un sonido o una imagen llega, sé que no estoy sola. Disfruto cada minuto como si de una porción de tiempo nueva fuera; eso es algo que no me había pasado yantes; el saber que existe quien te conoce mejor que lo que tú crees conocerte cambia tus prioridades. Confiar que te tiene, que tu vida tiene algo más de sentido porque puede confiar en ti. Aunque, al preguntarme: “¿por qué?, ¿por qué lo haces?”, sólo respondí: “¿y qué más da el por qué?”. Sólo puedo responder eso. No puedo permitirme más y, sin embargo, eso ¡es tanto para mí!. No he visto la lluvia de estrellas, pero soy feliz sabiendo que otros las han podido ver. No he pensado ningún deseo por no verlas; pero basta con cerrar los ojos e imaginarlas o abrirlos y contemplar lo que cada instante me rodea y las puedo ver y mi deseo sigue conmigo en cada minuto en el que me siento acompañada.

Para caro: amiga de “fatigas”


Mira Caro, ¿ves cómo sí estaba en tu fotografía de “Así me siento“?, lo que sucede es que me equivoqué. Soy tan despistada que me coloqué en diferente enfoque y además, se me olvidó llevar el equipamiento adecuado. ¡Ah, no!, ahora me doy cuenta. Tu verano es cuando hace frío, el mío es cuando hace calor. Aunque, si te soy sincera, a pesar de los 35 grados que hoy alcanzaremos yo llevo siempre, hasta en verano y para dormir, calcetines. ¡Me río!, recuerdo aquel compañero que tenía, un chico inglés que enseñaba idiomas en el centro donde trabajaba; me llamaba “la chica sin medias y de color rojo”. Lo decía porque al llegar febrero, en cuanto subía la temperatura a 18 grados, ¡ya no soportaba llevar los pies encerrados!, jajaaaa, y me quitaba las medias y me ponía sandalias. Además tenía un abrigo rojo y le gustaba, me decía, como me quedaba con un: “una española y de rojo, ummmmmm” y me hacía reír… ¡No importa que lleve calcetines!, es muy cómodo a la hora de andar por casa si no quiero ir calzada y evito al pisar alguna piedrecita de la arena que usan los dos gatos que tengo, la molestia correspondiente. Lo que importa es que las dos estamos en la misma fotografía: en tu enfoque todo es plano, en el mío hay muchos picos. Ya te contaré qué sitio es. Y veremos que ambos paisajes tienen su porqué, pero son paisajes por los que pasamos en nuestra vida. Y otros muchos más, seguirán llegando y los comentaremos. Un beso, Caro. Me ha hecho mucha ilusión que me enviaras el escrito. Seguimos en contacto, amiga.

PD: amigos todos, os debo ¡tanto, tanto!, pero me es todavía complejo salir del “paradón, paradón”. Estoy en ello. Pronto será, seguro, poco a poco, como Fatiga, llegará el momento de poder seguir visitando y leyendo tanto bueno que escriben (forma verbal argentina, ¿ehhh?, jejeee, ¡me encantás!). Por cierto, Sebas, ¡qué alegría que le gustara a la dulce Abril, con tan hermoso nombre y tan estupendo padre, el pequeño obsequio!, lo busqué con mucho amor, porque me gusta tanto esa canción que la tarareo sin darme cuenta y pensé que podría gustarle a ella también. Gracias, tu mensaje me hace muy feliz en este día; dale un besito con apapachos, como dice el gran amigo Jorgeluis.

Un momento, una excepción: el compromiso para mí misma y para mis amigos de Clarín

¿Dónde estás, alegría?

Con este título, ¿Dónde estás, alegría?, que recupero -ya que me es díficil el tan siquiera podeer tecleear-, pongo un paréntesis en el tema en sí del blog “a modo de explicación”, de respuesta a tanto, a tanto cariño e interés que por parte de todos los amigos de este maravilloso mundo de Clarín he encontrado y a los que (sin duda) les iré respondiendo uno a uno cuando, en el menor tiempo posible es mi gran deseo, pueda hacerlo. Y pueda visitar cada “casita” y llorar, reír, sentir con cada palabra, con cada gesto y cada comentario que se hace. Por ahora, sólo puedo copiar lo que en su momento escribí, pues ahora las palabras y las fuerzas me fallan. Nunca ha sido, ni es mi intención dejar este espacio. Lo retomaré, ¡tengo tanto por escribir, tantas ideas en mi cabeza, tantos borradores, tantas cosas que reflejar y que compartir con los amigos!. Ahora sólo puede pedir un momento. Un momento para que sepan entender que no es desinterés, sino imposibilidad lo que hace el que no pueda atenderles como se merecen y como espero hacerlo… ¡ya!
Un recuerdo muy especial a San e Ivo, a Ingrid (y a sus papás), que ya me han contado sigue en mejoría, ¡lo mejor que puede pasar para darnos un respiro de alegría a muchos!. Me dejo mucha gente más, todos son importantes, de ninguno me olvido. Un beso.

¿Dónde estás alegría, por qué te escondes?, te busco, quiero encontrarte, no juegues al escondite, ¡ya no más!, quiero jugar, pero a este juego no. Intento una y otra vez encontrarte. Miro de nuevo lo que me rodea, cada mínimo detalle que se cruza en mi vista, en mi andar. Quiero, lo intento, encontrarte. Busco una y otra vez y en ocasiones me ofreces un amago de tu esencia y se me escapa una sonrisa, porque parece que ya puedo alcanzarte. Aunque sea un momento, un momento sólo es más valioso cada día. ¿Por qué tanto esfuerzo?, ¿por qué me lo pones tan difícil?. De verdad, lo intento, ¡no sigas escondiéndote, no juegues ya más ese juego!. Pongo todo de mi parte, ¡me empeño en cualquier detalle que me haga sentirte!, pero eres austera, considero que conmigo demasiado. Me lastimas al ponerme tantas trabas. ¡Acabas con mis fuerzas, acabas con todas estas ganas que tengo de encontrarte!. Te perdiste, te perdí. ¿Por qué me haces esto?. Quiero de nuevo saber que al menos podré seguir teniéndote a momentos. Sólo te pido cosas pequeñas, o no, quizás te quiero entera. Aunque soy consciente que es complejo y creía que te tenía de mi lado. Pero te has vuelto demasiado severa, te sigues escondiendo. Juegas dañando. Me das unas bocanadas de esperanza, te entreveo y después … ¡te pierdo!; déjame al menos un respiro, ¡sólo unos trazos de tu figura!, no juegues conmigo más, ¡deja de esconderte, alegría!.

Joaquín Sabina “Calle melancolía”

IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog