Día Mundial de la Salud Mental: La Colifata
Hoy es el Día Internacional de la Salud Mental. Acabo de ver un documental sobre la labor de “La Colifata”. Me ha maravillado. Las experiencias vividas por los integrantes de tan hermoso proyecto argentino, ya hecho realidad desde hace años, y extendido por países diversos por ser ejemplo de no sólo la integración social de los enfermos mentales, sino la propia valoración y autoestima de dichos enfermos me ha causado sonrisas, risas, llantos,… emociones fuertes ante tan bella muestra de solidaridad y de humanización de la sociedad. Además, he tenido el gusto de recorrer a través del reportaje las calles bonaerenses, conocer sus parques, sus gentes, y eso me ha llenado de una gran emoción.
Tres enfermedades de la salud mental muy extendidas en la actualidad son el estrés, la depresión y la ansiedad. En muchas ocasiones la falta de diagnóstico y el tratamiento correspondiente de una de ellas ya en factor crónico conlleva el poder padecer otra enfermedad más agravada (como sería el caso de pacientes con un estrés crónico no diagnóstico que pueden derivar en una depresión clínica o crónica). Un diagnóstico rápido y un tratamiento efectivo (aunque cada paciente puede responder de forma muy variada ante un mismo fármaco) son, por tanto, vitales para evitar males mayores, entre los de las crisis nerviosas o las autolesiones en el caso de casos clínicos agudos.
La medicación no siempre es la única solución. Y, a su vez, podemos encontrar personas que sin control médico se automedican por sentirse estresado o con una cierta angustia. Sin embargo se ha llegado a la conclusión que ante una situación crítica, el tratamiento con medicamentos puede durar años. La psicoterapia es otra opción, pero siempre ligada a la medicación. Existen otros tipos de tratamientos, aún en estudio. Se dice que solo el paciente es el que puede comprobar la efectividad del tratamiento o la terapia que recibe. No ha de conformarse con seguir con ese tratamiento o terapia, sino buscar el mejorar. Es difícil, pero la principal base para combatir la enfermedad mental (como en el caso de la enfermedad física, aunque no olvidemos que un estrés o una depresión causan efectos físicos tales como cansancio, no poder levantarse, no dormir pese a estar médicamente sedados… y, que, en ocasiones ambos tipos de enfermedad se dan: el cuerpo y la mente están intrínsicamente ligados, si uno falla, el otro lado puede responder con otros problemas de salud) es reconocer la enfermedad y saber convivir con ella. Por supuesto existen terapias muy variadas, pero se consideran paliativas. Muchas veces se hace uso de la terapia de relajación. Según el momento en el que el enfermo haga uso de los ejercicios de relajación, puede ser efectiva o no, pues no es fácil que en casos de crisis la mente pueda disuadirse; aún así, cualquier terapia que el enfermo compruebe le es válida debe ser utilizada. Hasta la fecha de hoy, la medicación es el único tratamiento que produce un resultado completo. Eso sí, siguiendo unas pautas de equilibrio ante la progresiva recuperación del paciente, hasta conseguir la retira absoluta del medicamento o, en su defecto, la cantidad mínima necesaria para poder realizar una vida normal.
El estrés en general es una herramienta útil para el hombre. Ante una situación de riesgo, el estrés, el poder responder con rapidez es de gran utilidad. De igual forma en un trabajo o actividad un grado de estrés suficiente es también un potencial ante las expectativas que la tarea requiere.
Ahora bien, no siempre todos estamos preparados para afrontar un período prolongado de estrés o de depresión, no todos respondemos ante una misma situación traumática o fuera de nuestro control. Según los estudios realizados se puede apreciar que hay quienes puede poner una barrera de autodefensa separando su trabajo, o evitando sobrecargarse del mismo (a veces con autoexigencias impuestas) y otro grupo de personas que, tras un tiempo de sobresaturación de casos límite no pueden hacerlos frente. De hecho, biológica, fisiológica y hasta genéticamente, existen factores para determinar que hay individuos que pueden padecer este tipo de enfermedades. Es decir, que su estructura vital le define como una persona con riesgo de padecer este tipo de enfermedades. Los estudios realizados hasta el momento indican que entre un 80 y un 90% de los enfermos diagnosticados que siguen un tratamiento adecuado pueden superar una u otra (en ocasiones, ambas) la enfermedad.
La ansiedad es otro tipo de enfermedad salud muy común. Nos encontramos con personas que sufren miedos y fobias. Los ataques de pánico pueden ser tan severos que se suele comparar con un ataque de infarto. La ansiedad es un síntoma normal, pues es una respuesta ante un ataque y la respuesta ante el mismo. Ahora bien, cuando la ansiedad genera como respuesta la huída extrema, el llamado ataque de pánico, nos encontramos ante un trastorno de ansiedad. La agorafobia, relacionada en ocasiones con enfermedades de salud física (el caso de personas que no pueden soportar el sentirse mal al ir a un lugar en el que ya han sufrido algún ataque de pánico -un supermercado, ir al cine-), puede llegar a ocasionar un aislamiento durante períodos demasiados prolongados al intentar evitar el volver a sufrir ese ataque de pánico. Dependiendo del grado de ansiedad se van dejando de hacer cosas. Una de cada cuatro personas sufrirá un ataque de pánico en su vida. Ahora bien, cuando el ataque de pánico crea una sensación de fatalidad eminente y una serie de síntomas físicos y esto conlleva una distorsión de la realidad (fobia a la altura, fobia a los ratones, a las arañas, a un objeto concreto agujas, hospitales,…-), la ansiedad llega a controlar a la persona, produciendo estados catatónicos, inmovilizaciones incontroladas.
De nuevo el tratamiento médico eficiente ante un diagnóstico preciso, permiten el que la enfermedad no se agrave y que el paciente no sólo pueda llevar una vida normal, sino, además, una curación definitiva; a veces se emplean terapias de exposición, es decir el exponer a tiempos concretos a un doble o un símil del elemento causante de la fobia (como hacer que el paciente confeccione ratones o arañas, salga en compañía de un grupo de personas con una misma fobia -hacia la multitud-…). En muchas ocasiones es el mismo paciente el que sobrelleva su preocupación o miedo crónico, ocultándolo e intentando evitar incluso el comentarlo con sus seres cercanos o con el mismo médico. No duermen y suelen ser personas irritables y a menudo insociables, poco efectivas en su trabajo, difíciles de tratar. Por ello, su aislamiento llega a ser la única solución que encuentran y esto causa mayor incomprensión en su entorno. No son personas tímidas, sino personas angustiadas. No se sabe el porqué el cerebro desarrolla este tipo de enfermedad, a diferencia de las dos anteriores en las que sí hay una serie de fallos o de problemas en el funcionamiento cerebral que son los que las causan.
En estos tres tipos de enfermedades mentales, como en el resto de las enfermedades de cualquier índole -mental o física-, es importante un diagnóstico temprano, la valoración adecuada de la enfermedad y un tratamiento en correspondencia a cada paciente. A su vez, el ambiente (el rechazo o la aceptación familiar, también la aceptación o el rechazo social o la indiferencia ante una situación producida en una vía pública o en el lugar de trabajo) es vital para la recuperación. Por último, es fundamental reiterar el que el paciente conozca y tenga información de su enfermedad y los recursos que puede utilizar ante una situación de recaída. Según las estadísticas, con un tratamiento adecuado, entre un 60 o 70% de los casos diagnosticados.
Las terapias cognitivas son necesarias si un buen terapeuta descubre al paciente el cómo se siente y el cómo puede ayudarse a través de un control de la manera de pensar. No debemos olvidar que las tres enfermedades consideradas en este caso, son respuestas extremas, incontrolables por los sujetos que las sufren, ante situaciones para ellos límite y que, sin embargo,
En la mayoría de los casos, estas enfermedades pueden ser controladas y permiten llevar una vida normal, al igual que el caso de otras de tipo mental o de tipo físico.
Quedan otras muchas enfermedades mentales que enumerar… ojalá la sociedad entienda que una enfermedad mental no es el equivalente de estar loco. La locura es un concepto más amplio y, en según las ocasiones, puede ser usado como término romántico o denigrante.
Día Mundial de la Salud Mental
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Hola Curiosa! Es un buen ejemplo de trabajo con enfermos mentales en un proyecto de integración y divertimento.
Muy buen tema. Muy buen post.
Te mando un besote
glo