Las minas lindas no tienen nombre

Redescubrí , viendo de pasada (es de verdad “de pasada” no es que presumo de intelectual sino que mi hijo hace que todo lo haga “de pasada”) Despertate de una vez (el magazine deportivo para adolescentes vagos que duermen el lunes hasta las diez de la mañana, digo de pura envidia, nomás) que los hombres, a las mujeres bonitas, no las llaman por su nombre. Por empezar, está perdidísimo en el staf el nombre de la única presencia femenina en el programa. Pero el caso es que Bonadeo le comentó que en un evento X le había preguntado por ella: “¿No trajiste a tu secretaria?”. Claro que no respondió “No es MÍA, no es secretaría, y se llama Verónica.” Es evidente que en el programa, da igual como se llame.
No creerán que hago teoría de un caso único. Si bien todo número es insuficiente para probar la verdad de una teoría, cuanto más mejor. La otra vez me preguntaron por “tu compañera la que salió en la tele”. He escuchado hablar de “la chica de la promoción X”. “La hija de fulanito”. “La que atiende en el bar menganito”. y algunos, alguna vez, no se interesaron en recordar mi nombre. O aún más, por menospreciar mi lugar, obviaron decirlo. Huelga decir que fue hace mucho, y que no es el centro de la cuestión.
El cuerpo sin nombre, más fácil de tocar con los pensamientos y con las palabras, tal vez. Y tal vez justamente porque el cuerpo sin nombre no tiene pensmientos ni palabras.
No llamar a la mujer por su nombre, atentado contra la individualidad que recuerda una sociedad en que el nombre sólo se consigue tomándolo prestado del marido. ¿Realmente la hemos superado?

Madre Y mujer (como para empezar)

Pocos pondrían en duda el gran salto que significó para el desarrollo de la mujer como individuo la posibilidad de elegir la “no maternidad”. La sexualidad separada de la maternidad favoreció el desarrollo profesional, la participación laboral, la salud y la autonomía afectiva de las mujeres que han tenido acceso a la información y los recursos para decidir -que están muy lejos de ser todas-.

Sin embargo otra tendencia en el discurso feminista de café llama bastante mi atención. Seguramente habrán oído afirmaciones del tipo “Dejás de ser mujer para pasar a ser madre”, “Madre, pero también mujer”, “Necesito un espacio para mí”, y otras similares. Todas dichas un año después que la autora del discurso moría por “embarazarse” cuando ya había pasado los treinta, y todos los parientes y amigos bienintencionados preguntaban “para cuándo” el primer niño -nadie parece evaluar la posibilidad de una familia de tres-.

La sexualidad separada de la maternidad ha permitido a las mujeres -repito, a las que pueden elegir, que no son todas- vivir relaciones de pareja más libres de ataduras y afianzar otros aspectos de su vida antes de llegar a ser madres. Esto las haría más felices, uno supone. Por lo tanto, las haría mejores madres. Porque QUIEREN serlo.

Pero la panacea parece durar nueve meses. Con el advenimiento del exigente individuo de tres kilos y medio, que necesita alimentación, higiene, abrigo y abrazos las 24hs, la libertad se derrumba como un castillo de naipes.

Allí empiezan a circular las frases de añoranza a la libertad perdida. “Dejás de ser mujer para ser sólo una teta”, es la más célebre de la categoría. La más increíble. Empezando porque los senos son un atributo sexual secundario distintivo del género femenino, y que la capacidad de dar de mamar es PROPIA de la mujer. ¿Cómo que dejás de ser mujer al hacer algo que sólo una mujer puede hacer? La desvalorización de “la teta” aparece más risible al venir de más de una atormentada que bien aportaría la suma necesaria para agregar volumen al mismo atributo que presuntamente las degrada.

Lo más llamativo del caso es que la mar de lamentos proviene justamente de las mismas que buscaron “embarazarse” -las comillas no son casuales, por definición el citado verbo no puede ser autoreferencial, pero así es usado, como si fuera asunto de una sola-. Sufren por una identidad perdida cuando buscaron aquello que les faltaba para estar “completas”.

No puedo ir a cenar afuera. Nunca más pude salir sola con mis amigas. Dejé de ir al gimnasio. ¿Así que eso era ser mujer? No parece tanto más que “una teta”.

Publicado originalmente el 1/9/08 en http://blogsdelagente.com/hayunasola/2008/9/2/madre-y-mujer


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