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Una letra

La y.

30/10/90: El día que la Argentina entró al primer mundo

La sirena de la alarma corrió como un rayo por la cubierta del destructor Almirante Brown. Los doscientos efectivos a bordo, que llegaban al Golfo para sumarse a la misión de paz de las Naciones Unidas en Medio Oriente, se desplegaron a toda velocidad ante la inconfundible señal de alerta. Los radares del buque argentino habían detectado peligrosos desplazamientos navales en la zona de exclusión.

_¡Atención! -retumbó la voz del Capitán por los altoparlantes- ¡Todos a sus puestos! ¡Prepárense para entrar en combate!

La señal era fuerte y clara. Dentro de las doscientas millas marinas que demarcaban el área prohibida, avanzaban formaciones de naves enemigas en lo que parecían ser evidentes maniobras de Guerra. La embarcación argentina, que vigilaba el cumplimiento del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, era el primer testigo de aquella flagrante provocación iraquí al nuevo orden internacional.

_¡Capitán! – alertó el operador de los radares en la cabina de control – Tenemos en pantalla a dos buques no identificados, pero parecen ser transportes de carga…

_¡Fenicios saboteadores! – masculló amenazantes el Capitán – ¡Están violando el embargo comercial! ¡Dé la orden al oficial de la torpedera para que en treinta segundo abra fuego!

_Pero Capitán… – titubeó por un instante el joven oficial, ante la proximidad de aquellos dos enormes barcos indefensos.

_¡¿No me oyó?! ¡¿Qué espera?! – gritó enfurecido el Capitán – ¡Fuego dije!

Los torpedos surcaron el océano con despiadada velocidad. Dos puntos luminosos siguieron el trayecto de los proyectiles en los monitores de la cabina de control, hasta su fatal impacto contra los blancos programados. Apenas décimas de segundos después, un par de explosiones, casi simultáneas, retumbaron sordas mar adentro. Dos espesas columnas de humo negro se recortaron fantasmales sobre el horizonte y parecieron precipitar el atardecer en las aguas del Golfo.

¡Alerta roja Capitán! – se sobresaltó el operador – ¡Una lancha pesquera viene ahora a toda máquina en nuestra dirección!

_¡Es una lancha-bomba! – gritó el Capitán, advertido de los ataques suicidas del enemigo – ¡Vamos a interceptarla! – ordenó sin perder tiempo – ¡Active los misiles! ¡Ahora van a ver, turcos de mierda!

_Es que… – volvió a titubear el oficial – es de bandera rusa, capitán…

_¡Ahh!!! – enardeció aún más el Capitán – ¡El sucio trapo rojo! Mucho mejor… -masculló – ¡Dispare los misiles ya!

_Negativo Capitán – tomó aire el operador – hay un pequeño crucero que nos impide el ángulo de disparo…

_¡A la mierda con ellos también! – volvió a gritar Capitán, ya desencajado.

_¡Es que es de una compañía turística argentina, Capitán! – se atrevió a levantar la voz el oficial – y están agitando una sábana blanca!

_¡¿Usted es boludo o se hace?! – se paró el Capitán de su asiento, hasta mirar cara a cara al operador – ¡En algo andarán, oficial! ¡Obedezca mis órdenes y dispare contra todo aquello que se mueva en doscientas millas a la redonda! ¡¿Me entendió?!

En poco menos de dos horas, las mansas aguas que bañaban la plataforma continental del Golfo, se convirtieron en el dantesco escenario de la más contundente acción militar y de la Armada Argentina, quizá en toda su historia.
Las naves enemigas habían huido alocadas en todas las direcciones, claramente sorprendidas por la feroz ofensiva del buque argentino.

Poco después, la noche se cerraba sobre el océano y cubría, con un provisorio manto de tregua, lo que sin dudas podía considerarse a esa altura como el irreversible comienzo de un tercera Guerra mundial.

Una larga y tensa calma invadió la cabina de control del buque argentino durante los minutos siguientes, hasta que por fin volvió hablar el operador:
_Capitán – dijo esta vez en voz baja – hay una llamada urgente para usted en el radio de seguridad.

El Capitán ni se inmutó. Permaneció reclinado hacia atrás sobre su sillón, con la visera de la gorra apenas cubriéndole los ojos, mientras revolvía lentamente con la punta de sus dedos el par de hielos de su vaso de whisky.

_No es momento para protocolos – dijo con voz ronca, sin moverse de su asiento – Que esperen hasta mañana si quieren tener el primer parte de Guerra.

Por su mente, en tanto, desfilaban las imágenes de los principales diarios del mundo, con su fotografía imponente en primera plana, y enormes titulares que hablaban del heroísmo, la valentía y la rudeza de aquel viejo lobo de mar argentino. El hombre que con su valor patriótico y su mano firme, había dejado a salvo nada menos que la honra y el honor del mundo occidental.

_Es el presidente, Capitán – insistió el operador, antes de retirarse respetuosamente de la cabina.

El Capitán saltó de su asiento. Se calzó la gorra de su uniforme, hizo la venia y se aferró con las dos manos de micrófono del radiotransmisor.

_¡Jaque Mate Rey Dos, aquí Torre Blanca! – disparó eufórico sin esperar respuesta – ¡Estalló la Guerra, presidente! ¡La batalla fue durísima, pero vamos ganando señor! ¡Huyeron como ratas y…

De golpe, un abrupto silencio se instaló en al sala de mandos del destructor Almirante Brown, aquella madrugada del 30 de octubre de 1990. El rostro del Capitán pareció palidecer.

_¡Qué?! ¡¿Cómo dice señor?! ¿Pérsico…? ¡¿Qué Pérsico?!

Aún hoy, los principales servicios de inteligencia de todo el mundo intentan encontrar las explicaciones de aquel indiscriminado ataque argentino en aguas mexicanas.

Fiestas en infinitivo

Vamos a correr, a apurarnos, a salir, a entrar, a buscar, a encargar, a reservar, a pedir, a comprar, a organizar, a invitar, a negociar, a viajar, a recibir, a cocinar, a freezar, a descongelar, a calentar, a enfriar, a llevar, a traer, a poner, a sacar, a repartir, a armar, a servir, a esperar, a comer, a destapar, a tomar, a descorchar, a brindar, a desear, a rezar, a hablar mal, a reir, a llorar, a mirar, a escuchar, a regalar, a desembolver, a explotar…

Felices fiestas para todos…

PD: Agreguen todos los que quieran a ver a cuántos llegamos si?

La negociación

_Hasta acá llegamos muchachos, listo, lo resolvemos en la cancha, nosotros para atrás no vamos – dijo firme el de bigotes, retirando su silla hacia atrás con las dos manos apoyadas en la gran mesa de roble.

_Perá, hay otra – lo frenó el negociador, que a esa altura de la madrugada era el único que hablaba. El Gordo, el viejo y el pelado hacía rato que no abrían la boca -
_Llegamos empatados y sobre la hora define el dos para nosotros.

_El dos? – repitió por lo bajo el de bigotes, como si no entendiera – Pero si el dos es nuestro…

Un ruido atronador que llegaba desde la otra punta del pasillo rompió el oscuro silencio del edificio.

_Alvarez – levantó la voz el de bigotes – me cerrás la puerta por favor.

El mozo tardó un par de segundos en aparecer. Levantó los pocillos, cerró la puerta y se quedó esperando del otro lado, haciendo que repasaba la bandeja plateada con el trapo rejilla. Ahí ya no tuvo dudas.

La cuarentona de la aspiradora estaba bárbara.


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