Y mi comunidad???

Ey! No hace muchos años (o sí?) había por acá una nutrida comunidad blogueril muy talentosa y activa. Por razones de índole laboral (me pagaron para que no escriba) dejé de postear paparruchadas y otras menudencias durante un tiempo y ahora que regreso, oh sorpresa, no encuentro a nadie de esas almas inquietas que me habían honrado con su amistad.

Será que ya no tengo ni idea de cómo funciona esto?

Será que todos me eliminaron?

Será?

Año sabático…

Y por qué no domingático? Quién lo sabe? Las ruinas del Matupichu y el Parthenón? Caminito y el mundo soñado, son parte de esta sociedad…

Enter. 2011. El morto qui parla. Ay. Un año para esto? Ves la luz. Es láser o 3 D? Sólo los HIJOS, tan sólo los HIJOS… Sin hielo, te va?

Redescubrí el descubrimiento. Te cubro? ACV de ningna parte. Y dónde estás? Sólo los HIJOS, tan sólo los HIJOS…

Dejá dos espacios. Y dos tiempos. Que nadie quede afuera. Lo Twitiaste? Va por vos…

No te creo lo increible. Pasame la botella. Cambiá de canal, hablame despacito. Cómo salió Racing? Viví tu vida.

Nhaaaaaaaa Me morí de risa. Y hasta dónde se escuchó? Ya pasó en Brasil? Aguante Calamaro!!! No atrasa lo nuevo? Mejor esperá.

Talento o de pedo? Márketing o Lucas? Verdad o consecuencia? Siempre hacés el bien.

Y dónde está el bien, debajo de quién? A dónde hay un ejemplo que nos sirva de ley?

Muy muy muy feliz 2011!!! 2011 de qué?  Ahí vá!!!

Para los tomates

Ese año, un norteamericano asesinaba de un tiro a su presidente, un tal John Fitgerald Kennedy, mientras el político demócrata desfilaba en un auto largo y descapotable. En ese entonces no pude preguntar por qué, porque apenas gateaba. Más adelante sí, me pregunté por qué gateamos y no perreamos o vaqueamos o…

Al año siguiente un hombre de color (de color negro), llamado Martín Luther King, ganaba el premio Nóbel de la Paz, por conseguir que pararan de moler a palos a los hombres de color. Y ese mismo año, otro hombre de color, llamado Cassius Clay, empezaba a ser admirado en todo el mundo por moler a palos rivales de todos los colores.

Recién comenzaba a ser conocida de forma masiva una banda de rock inglesa llamada The Beatles, integrada por cuatro muchachos que usaban flequillo y pelo largo. A uno de ellos, además de canciones geniales, se le ocurrió convertirse en un símbolo de la Paz mundial. Dieciséis años más tarde lo mató de un tiro un admirador psicópata norteamericano. Y no entendí nada, pero ya no necesité preguntar por qué.

Cuando recién empezaba a comprender algunas cosas y había descubierto unos dibujos a escalas de grises que se movían en la pantalla de TV, giraron la perilla del sintonizador dos canales y apareció un señor de bigotes diciendo que se había muerto el Ratón Mickey o algo así. “A este por lo menos no lo mataron”, pensé.

La vida recién tuvo sentido al año siguiente. El Chango la puso al ángulo desde veinticinco metros y se acabó la historia. El mundo empezó a saber que existía un país que se llamaba Argentina y que se jugaba al fútbol. Dí la vuelta a upa de mi Tío Fernando, que hoy mira el Cilindro desde el cielo, sentado al lado de su hijo, de mi vieja y de Dios.

Las cosas ya estaban mejor. Un año más tarde, salía campeón del mundo el único boxeador de la historia que ganaba porque evitaba que lo molieran a palos.

El gran embole del año siguiente fue un programa de TV con imágenes borrosas y astronautas que apenas se movían. No pregunté nada. Aguanté diez minutos en el piso del comedor y me fui a jugar.

En la década siguiente se hizo de noche mal. Vinieron los Montoneros, López Rega, Robledo Puch, Pinochet, Videla, Viola y Massera; y se fueron Bernardo Hussay, Pablo Picasso, Pablo Neruda, “Pichuco”, Quinquela Martín, Elvis Presley y Charles Chaplin. El cambio no nos favoreció tampoco esta vez. El silencio fue la única respuesta a lo que nadie preguntaba. El resto, memoria, verdad y justicia.

Llegaron los ochenta y tener deficiencias en aptitudes físicas me salvó de ir una guerra declarada por militares deficientes en aptitudes mentales. Al toque, la democracia y optar entre un radical bueno, que recitaba el Preámbulo y hablaba de la Vida y la Paz; y un peronista malo, que quemaba un ataúd en el Obelisco. Como siempre, no había mucho para elegir.

Poco más tarde, un amigo que había leido a Marx me abrió los ojos y me cerró los oídos. Hasta que me invitaron gentilmente a renunciar por “revolucionario” en un Banco comunista (a mis conocidos de esa época, “no vale reírse”).

Entonces dejé los números y me pasé a las letras, que eran menos exactas pero más justas. Docentes de puta madre de la Escuela de Periodismo del Círculo de Periodistas Deportivos me demostraron que la Propedéutica Relacional era mucho más que una materia con nombre raro. Y al tiempo empezaron a pagarme por preguntar por qué.

Ya por entonces, todos nos hacíamos adictos a Diego y Borges se iba del otro lado del espejo. Se pagaban sueldos de millones de pesos, que cada vez alcanzaban para menos. Conocimos arbolitos que crecían en mesas de dinero y máquinas remarcadoras de precios a repetición. Los diarios criticaban al Gobierno porque no hacía lo que los diarios decían que había que hacer.

Otra vez no entendí nada y las chicas, lo único que importaba en aquellas “copadas” noches ochentosas, te cambiaban todas las preguntas cuando creías que tenías todas las respuestas.

Lo de los noventa ya todos lo conocen. Fue cuando la mitad del país pactó con la otra mitad del país, para vender todo el país. Hasta nos mutilaron dos bombas sin razas ni credos.

Conocí el humo, las bebidas, la Vuena Bida y las luces del centro. De un rincón oscuro de un monoambiente alquilado, rescaté a un escritor gordo que amaba a los gatos. Y una sombra ya pronto fui.

El sol no tardó en salir. Dos ojazos celestes iluminaron mi vida para siempre y me regalaron mi primer hijo. Dios y el amor me dieron el segundo, esta vez delante de mis propios anteojos. Y conseguí el laburo que siempre busqué.

Qué decir del 2001 que ya no haya sido dicho. ¿O pasó algo más que esas dos canchas llenas?

El cierre de esta década es bien distinto a su comienzo. Dejamos atrás los clubes de truque, los Lecop y los Patacones afanados a la dinastía Patoruzek para convertirnos en los Monos Tributistas de la selva capitalista.

Ahora los diarios critican al Gobierno porque hace lo que los diarios decían que había que hacer. Y sigo sin entender nada. Aunque me asusta la idea de tenerle miedo a un pibe de 12 años.

Por fin, el futuro llegó y descubrimos en Google que la filosofía es algo que se estudiaba en la antigüedad, que la tecnología es la madre de todas las ciencias y el marketing el padre.

Aunque me tranquiliza saber que, al llegar al Bicentenario, rompimos con el colonialismo y ya no somos Diaguitas sedentarios que se conformaban con espejitos de colores. Tenemos teclado y mouse.

Contamos 200 años en 2000 mil que nos contaron. Un hombre de color es presidente de los Estados Unidos y ganó el Premio Nobel de la Paz. “A veces la guerra es necesaria”, dijo cuando lo recibió. Y Lenonn se cagó de risa en un video de Peter Capusotto.

Me pregunto cómo es posible que sepa cada día un montón de cosas menos que mis hijos. “Pero sabés más de otro montón de cosas importantes”, me consuela otro viejo choto como yo, que piensa que Twitter es el canario de los dibujitos.

Se va el año para los tomates. Entre copas, brindis y noches buenas, los quinieleros sabrán entender. Y no es que con esto quiera despedirme. Pero uno nunca sabe…

“Son la mitad más uno…”

Dedicado a ♥ ALE SWEET ♥

El árbitro Carlos Maglio paró el partido entre Racing y Boca, en el Coliseo de Avellaneda, porque los hinchas de La Academia cantaban canciones discriminatorias. “Son la mitad más uno, son de Bolivia y de Paraguay…”, decía el coro tribunero.

_¿Y qué pasa si les cantamos “son de Alemania y de Pakistán?” – preguntó en voz alta un narigón de gorra, parado al lado del paravalanchas, siguiendo el ritmo de la canción.

_Y no, ahí no pasa nada. Pero dicen que les decimos bolivianos y paraguayos como una ofensa, ¿entendés?, cortemoslá con eso… – contestó fastidiado un gordo de remera corta, sentado dos escalones más arriba.

_¿Y cuando les gritamos que La Boca está de luto, que son todos negros y todos putos? ¿Eso no es una ofensa? ¿Cómo es la cosa? Si eso no es una ofensa cantemos otra cosa entonces… – insistió el narigón, mientras le hacía ademanes con las palmas de las manos a los que tenían las banderas, para que pararan con la canción.

_Sí, negro – levantó la voz el gordo – Pero el tema es si le decimos bolitas como si fueran inferiores, ¿entendés? No rompamos más las bolas con eso…

_Ah!!! ¿Le podemos cantar que “vamo’ a matar a todos los bosteros” y no le podemos decir bolitas? – se calentó el narigón – Andá a cagar gordo! ¿Qué tiene de malo ser bolita?, a ver, ¿qué tiene de malo? ¿O al Cali no le decimos Bolita siempre? ¿Y qué? ¿Se enoja el Cali? Ni en pedo ¿Y el Turco, y el Yorugua? ¿Se calientan acaso? ¿Qué tiene de malo ser bolita?

_Perdón, si me permiten – intervino un flaco de barbita y anteojos, con gorro Piluso y una camiseta gastada, con la publicidad de Nashua – Creo que lo que quiere decir el Narigón es que al parar el partido, el árbitro avala el contenido peyorativo y discriminatorio del gentilicio, de algún modo lo legitima, ¿se entiende?

_¡¡¡Caruso mandá el equipo adelante y la reputísima madre que te paríó!!! – interrumpió el diálogo un joven de pelo largo y flequillo stones.

La hinchada ya cantaba otra cosa y Maglio pitó el pique que reanudó el partido.

30/10/90: El día que la Argentina entró al primer mundo

La sirena de la alarma corrió como un rayo por la cubierta del destructor Almirante Brown. Los doscientos efectivos a bordo, que llegaban al Golfo para sumarse a la misión de paz de las Naciones Unidas en Medio Oriente, se desplegaron a toda velocidad ante la inconfundible señal de alerta. Los radares del buque argentino habían detectado peligrosos desplazamientos navales en la zona de exclusión.

_¡Atención! -retumbó la voz del Capitán por los altoparlantes- ¡Todos a sus puestos! ¡Prepárense para entrar en combate!

La señal era fuerte y clara. Dentro de las doscientas millas marinas que demarcaban el área prohibida, avanzaban formaciones de naves enemigas en lo que parecían ser evidentes maniobras de Guerra. La embarcación argentina, que vigilaba el cumplimiento del bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, era el primer testigo de aquella flagrante provocación iraquí al nuevo orden internacional.

_¡Capitán! – alertó el operador de los radares en la cabina de control – Tenemos en pantalla a dos buques no identificados, pero parecen ser transportes de carga…

_¡Fenicios saboteadores! – masculló amenazantes el Capitán – ¡Están violando el embargo comercial! ¡Dé la orden al oficial de la torpedera para que en treinta segundo abra fuego!

_Pero Capitán… – titubeó por un instante el joven oficial, ante la proximidad de aquellos dos enormes barcos indefensos.

_¡¿No me oyó?! ¡¿Qué espera?! – gritó enfurecido el Capitán – ¡Fuego dije!

Los torpedos surcaron el océano con despiadada velocidad. Dos puntos luminosos siguieron el trayecto de los proyectiles en los monitores de la cabina de control, hasta su fatal impacto contra los blancos programados. Apenas décimas de segundos después, un par de explosiones, casi simultáneas, retumbaron sordas mar adentro. Dos espesas columnas de humo negro se recortaron fantasmales sobre el horizonte y parecieron precipitar el atardecer en las aguas del Golfo.

¡Alerta roja Capitán! – se sobresaltó el operador – ¡Una lancha pesquera viene ahora a toda máquina en nuestra dirección!

_¡Es una lancha-bomba! – gritó el Capitán, advertido de los ataques suicidas del enemigo – ¡Vamos a interceptarla! – ordenó sin perder tiempo – ¡Active los misiles! ¡Ahora van a ver, turcos de mierda!

_Es que… – volvió a titubear el oficial – es de bandera rusa, capitán…

_¡Ahh!!! – enardeció aún más el Capitán – ¡El sucio trapo rojo! Mucho mejor… -masculló – ¡Dispare los misiles ya!

_Negativo Capitán – tomó aire el operador – hay un pequeño crucero que nos impide el ángulo de disparo…

_¡A la mierda con ellos también! – volvió a gritar Capitán, ya desencajado.

_¡Es que es de una compañía turística argentina, Capitán! – se atrevió a levantar la voz el oficial – y están agitando una sábana blanca!

_¡¿Usted es boludo o se hace?! – se paró el Capitán de su asiento, hasta mirar cara a cara al operador – ¡En algo andarán, oficial! ¡Obedezca mis órdenes y dispare contra todo aquello que se mueva en doscientas millas a la redonda! ¡¿Me entendió?!

En poco menos de dos horas, las mansas aguas que bañaban la plataforma continental del Golfo, se convirtieron en el dantesco escenario de la más contundente acción militar y de la Armada Argentina, quizá en toda su historia.
Las naves enemigas habían huido alocadas en todas las direcciones, claramente sorprendidas por la feroz ofensiva del buque argentino.

Poco después, la noche se cerraba sobre el océano y cubría, con un provisorio manto de tregua, lo que sin dudas podía considerarse a esa altura como el irreversible comienzo de un tercera Guerra mundial.

Una larga y tensa calma invadió la cabina de control del buque argentino durante los minutos siguientes, hasta que por fin volvió hablar el operador:
_Capitán – dijo esta vez en voz baja – hay una llamada urgente para usted en el radio de seguridad.

El Capitán ni se inmutó. Permaneció reclinado hacia atrás sobre su sillón, con la visera de la gorra apenas cubriéndole los ojos, mientras revolvía lentamente con la punta de sus dedos el par de hielos de su vaso de whisky.

_No es momento para protocolos – dijo con voz ronca, sin moverse de su asiento – Que esperen hasta mañana si quieren tener el primer parte de Guerra.

Por su mente, en tanto, desfilaban las imágenes de los principales diarios del mundo, con su fotografía imponente en primera plana, y enormes titulares que hablaban del heroísmo, la valentía y la rudeza de aquel viejo lobo de mar argentino. El hombre que con su valor patriótico y su mano firme, había dejado a salvo nada menos que la honra y el honor del mundo occidental.

_Es el presidente, Capitán – insistió el operador, antes de retirarse respetuosamente de la cabina.

El Capitán saltó de su asiento. Se calzó la gorra de su uniforme, hizo la venia y se aferró con las dos manos de micrófono del radiotransmisor.

_¡Jaque Mate Rey Dos, aquí Torre Blanca! – disparó eufórico sin esperar respuesta – ¡Estalló la Guerra, presidente! ¡La batalla fue durísima, pero vamos ganando señor! ¡Huyeron como ratas y…

De golpe, un abrupto silencio se instaló en al sala de mandos del destructor Almirante Brown, aquella madrugada del 30 de octubre de 1990. El rostro del Capitán pareció palidecer.

_¡Qué?! ¡¿Cómo dice señor?! ¿Pérsico…? ¡¿Qué Pérsico?!

Aún hoy, los principales servicios de inteligencia de todo el mundo intentan encontrar las explicaciones de aquel indiscriminado ataque argentino en aguas mexicanas.

Primicia Exclusiva: Los estrenos de la TV 2010

(Dedicado a Geraldinho: No te vayas, estúpido)

Bailando por un culo. (Ideas del Norte) Una nueva vuelta de tuerca al éxito televisivo de la década. Cuarenta chabones en sunga compiten por pasar una noche con Jessica Cirio. Jurados: Zulma Lobato, Jorge Rial, Karina Jelinek y Ernesto Tenembaum. Ojo, va después de las diez de la noche.

Pare de Sufrir. (Racing TV) Un programa espiritual para almas apasionadas. Aunque ganes o pierdas no me importa una mierda. Conduce: Miguel Angel Colombatti.

Todo Noticias Volver. La fusión de dos clásicos del cable. 24 horas seguidas de noticias que informan con objetividad y profesionalismo lo jodida que es la nueva ley de medios y lo bien que estábamos antes. Esto con la dictadura no pasaba.

Mesa ChiK. (Canal 7 y todas sus repetidoras, repetidoras, repetidoras…) Programa de debates ideológicos amplios, democráticos y pluralistas. Participantes: Néstor Kirchner.

La tierra es Mía. (Canal Rural) Paisanos, campesinos, chacareros y pequeños productores revelan cómo llegaron a ser los legítimos propietarios de millones de hectáreas de tierra.

Docentes en Acción. (El Canal de la CETERA) Ficción. Las increíbles aventuras de un grupo de maestras que conviven todos los días de su vida con 35 especímenes de diversas escuelas de Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Hablan las sobrevivientes.

Cómo ser marginal y salir en la tele. (Micro de Sprayette para América Latina) Un espacio de autoayuda, con múltiples ventajas y beneficios, dirigido al segmento del mercado integrado por villeros, jóvenes delincuentes, travestis y prostitutas. Llame ya!!!

¿Cuánto Midió? (Entretenimiento para productores de TV). Un Reality Show simultáneo de todos los canales en Prime Time. Escenografías espectaculares con tribunas repletas de gente gritando histérica que pongas su canal. Todos al pedo, pero en vivo, con la medición del minuto a minuto del rating permantemente en pantalla. El poder lo tenés vos!!!

Troskóvery Channel. Documentales filmados en asambleas, marchas, sentadas, piquetes y cortes de rutas a capitalistas y burgueses que se vendieron al sistema. El audio sale por megáfono. Cordón, compañeros, cordón!!!

Fútbol de Cuarta. TyC (Tenemos y Compramos) Señal de Deportes. La televisación exclusiva del torneo de la mayor de las Divisiones Inferiores del Fútbol Argentino. Sólo para fanáticos. Veintidós pibes a los que nadie les dijo que la pelota es redonda; que es cuestión de dársela a un compañero; que no hay nada mejor que el toque y la devolución; que si la perdés, correla; que juegues de lo que juegues hay que pasarse la vida aprendiendo a patear al arco; que vale amagar y gambetear, y que simular es de cagones. Videos didácticos de fútbol brasileño en los entretiempos. “No importa en qué cancha juguemos, yo a la cuarta la sigo donde va…”, canta la hinchada en la apertura del programa.

Pacientes. (Drama) La nueva tira de Pol Ké? Tres jóvenes galanes pasan días esperando que los atiendan en los pasillos de los hospitales públicos, después de haber viajado dos horas en el Sarmiento a las 8 de la mañana. La historia relata cómo se ponen de novios con las enfermeras y se reciben de médicos mientras esperan.

A quién carajo le importa! (América TV) Las intimidades, secretos y escándalos de los famosos que sólo son famosos por salir en “A quién carajo le importa”. Más de lo mismo, bah. Otro espacio destinado a la cultura y la educación nacional, auspiciado por Casa Tía.

Tomando café con Mariano Grondona después de almorzar con Mirtha Legrand. (Otra fusión de dos clásicos del ex canal 9) Programa con invitados y con Lilita Carrió como panelista. Lo peor está por venir.

Jurasik Luna Park. (C5N) Ciclo de recitales del Negro González Oro y monólogos del Baby Echecopar. En duplex con Radio 10.

Vamos a un corte. (Canal de la Mujer) Programa de cirugías espantosas para verte siempre joven y hermosa.

Talento Argentino II. (Clarín Blogs) Un montón de gente que piensa que Internet es mucho más que boludeo, que crea verdaderas obras de arte sin que nadie le pague un mango y que encima laburan, estudian y crian a sus hijos. (Ver amigos).

Dudas testimoniales

Tuve que quedarme un día en cama y me invadieron algunas dudas:

¿Por qué me anda un sólo canal de televisión?

¿Si voté a De Narváez, tengo que usar barbijo?

¿Qué barbijo, el Chipi Barbijo?

¿Cómo hago para cubrirme la boca con el codo?

¿Gripe A será porque después se viene el resto del abecedario?

¿Puedo ir a bailar esta noche si no apreto en los lentos?

¿Sirve ponerle alcohol a la gelatina sin sabor para lavarse las manos?

¿Oseltamivir no era el 9 de Yugoslavia?

¿No son soberbios los que hablan de soberbia?

¿Por qué me dicen que no vaya al cine, mientras estrenan La Era del Hielo 3 y anuncian la nueva de Harry Potter?

¿Para quién canto yo entonces?

¿Para tomar el té con limón, me puedo sacar el barbijo?

¿Cómo hago para sacudir las migas de las sábanas sin levantarme?

¿Encontraron la caja negra del Air Bus?

¿Al final fue el Padre Grassi o Carrascosa el que mató a Nora Dal Maso?

¿Será que sueño con ese beso al regresar?

¿O me estará subiendo la fiebre?

¿El mapa de la inseguridad es físico o político?

¿Influenza no juega en la B de la liga italiana?


¿Alguien vio el control remoto?

Reaparición obligada

Me siento en la obligación de volver a postear, pese a mi autoimpuesta reclusión y mi ostracismo en las Islas Galápagos, ante la inmerecida distinción – léase una insoportable cadena llamada “Olha que blog Maneiro” (que vaya a saber qué mierda quiere decir…) – que me otorgara mi querida y genial amiga Crislp2008 del blog: “Mi vida conmigo”, la cual no puedo menos que agradecer produndamente y respetar al pie de la letra lo que se me ha indicado.

Las reglas para los premiados son:

Exhibir la imagen del premio Olha que blog Maneiro.
(cumplido)

  • Poner el nombre del blog que te lo otorgó (cumplido).
  • Hacer una lista con los 10 blogs preferidos (ver abajo).
  • Avisar a los indicados (Ni bien pueda).
  • Publicar las reglas (O sea, esto mismo).
  • Ahora, mis 10 premiados:

    Geraldinho, de “No te vayas estúpida”: Sencillamente por el ser el mejor blog de la comunidad. Habría que hacer una vaca (y dejá de hacer muuu, bobo) para garparle a este pibe.

    Ale Sweet: (ya sé que está recontrapremiada, pero qué carajo me importa) Porque es una genia la Boga, talentosísima, ratonera como pocas y encima de Racing, una especie de Bo Derek de la comunidad blogueril, vea.

    Sabrivar, de “Secuencias”: (Otra que ya tiene como veinte de estos Maneiros) Una granDiosa, con una imaginación deslumbrante y una forma de relatar encantadora.

    Valucha, de “Cosas de Chicas”: Es divina la Burbuja, te canta la posta te guste o no. Habla de ella y de todos.

    La Doc Claudy, de “Con ojos de Mujer”: (ya no sabe dónde meterse los olha…) Una enciclopedia la mina. La sabe lunga y la bate re clara. Encima te pone una fotito que te la comés…

    Celi, de Sentidos en alerta: Porque escribe, pinta, diseña, retrata, y todo con una sensibilidad increible. Es arte en estado puro. Y además porque la quiero.

    Annie, de “Para los que aman escribir, para los que quieran leer”: Un hallazgo Sub 17 (y la descubrí yo, ojo). Un canto al amor la peque.

    Don Checho, de “Cosas de Viejos”: Un cago de risa el chabón. Y mi pareja frustrada de dobles. Ya se dará.

    Zen Chishiki, de “Puteada de chino”: De lo más talentoso que hay por acá. Un stand up escrito, con contraindicaciones varias y prescripción obligatoria. Un capo el Zen.

    “MI” Fiorella, de “Sincericidio”: Lo más de lo más. Un lomo impresionante y una voz de reputísima madre. Y encima tiene letras buenísimas. Una especie de Patricia Sosa de la época de La Torre, pero mucho más fuerte.

    Listo, cumplido mi deber, vuelvo a enclaustrarme hasta que tenga algo que decir. Besos para todos.

    Ella y él (Capítulo VI bis)

    Él le rogó que lo perdonara, la tomó de las manos y le juró que aquello no iba a volver a pasar. Ella se apartó de un salto enfurecida y le gritó: salí de acá y no me toques!

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él, desesperado, trató de darle explicaciones: le habló de una aventura, de un momento de inconciencia, de algo que en realidad no tenía la menor importancia para su vida. Ella, desencajada, sólo escuchó algo sobre el peor de los engaños, sobre la más cruel de las mentiras y sobre las estúpidas excusas de una traición imperdonable.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él intentó detenerla con ruegos y súplicas, mientras la perseguía por cada una de las habitaciones de su departamento. Ella no dejó de insultarlo en ningún momento, mientras guardaba todas sus cosas dentro de su cartera.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él, en un último intento, le prometió que se casarían, que harían un viaje, que tendrían un hijo y que no iría más los domingos a la cancha a ver a Racing. Ella, sin detener su marcha, le preguntó que por qué no se iba un poquito bien a la mierda.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él le imploró de rodillas que no lo deje, y le pidió por favor que hablaran otro día, un poco más tranquilos. Ella le tiró con un juego de llaves que rebotó contra el sofá de living y salió del departamento dando un feroz portazo.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él completamente descontrolado, la corrió en calzoncillos tres pisos por las escaleras. Ella llegó antes a la planta baja por el ascensor y paró el primer taxi que pasaba; recién entonces, rompió en un llanto desconsolada.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él la llamó cien veces por teléfono a su departamento durante los dos meses siguientes. Ella le contestó cien veces que no estaba, pero que podía dejar su mensaje después de escuchar la señal.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él llamó a todas sus amigas, a su familia, a su trabajo. Ella ya les había avisado a todos que, en caso de que él llamara, le informaran sobre su repentina partida hacia Sarajevo.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él pasó madrugadas enteras esperándola en la puerta de su edificio. Ella pasó noches enteras durmiendo fuera de su casa.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él recorrió, uno por uno, todos los lugares que ella solía frecuentar. Ella conoció, uno por uno, todos los lugares donde jamás había ido.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él comenzó a beber por las noches y a encerrarse en su departamento los fines de semana. Ella no faltaba al cine ningún miércoles y salía a bailar con sus amigas los viernes, sábados y domingos.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él empezó, con el tiempo, a frecuentar borracho un prostíbulo del bajo. Ella empezó, los martes y jueves, un curso nuevo de expresión corporal.

     
     

     

     

     
     

     

    Él volvió a verla casi de casualidad, seis meses más tarde, un domingo de lluvia, a la salida de un recital de Serrat en el Gran Rex. Ella se despedía de sus amigas en la puerta y caminaba por Corrientes para el lado de Leandro N. Alem.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él la siguió desde lejos, hasta que la vio detenerse en la parada del colectivo. Ella buscó refugio bien cerca de la pared, ante una nueva ráfaga de viento y lluvia que llegaba desde el Río de La Plata.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él llegó en ese momento, caminando en silencio y mirándola a los ojos. Ella bajó la vista algo nerviosa y giró la cabeza hacia el otro lado.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él se le paró adelante, se sacó la campera e intentó ponérsela sobre los hombros. Ella lo esquivó como a un poste y empezó a caminar apurada hacia el cordón de la vereda, para parar el colectivo que justo llegaba.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él dudó un instante en tomarla de la mano antes de que se fuera. Ella no dudó ni un segundo en tomarse el 33 que decía “Por Barracas”.

     
     

     

     

     
     

     

    Él llegó caminando a Barracas, dos horas más tarde, algo borracho y completamente empapado. Ella se desvestía seis pisos más arriba, ya lista para acostarse.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él dio dos vueltas a la manzana, antes de tocar el timbre del portero eléctrico. Ella aún daba vueltas en la cama, antes de apagar el velador.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él se decidió al fin y apretó dos veces el botón del 6º C. Ella, todavía despierta, pensó por un segundo en él antes de levantarse a contestar.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él pareció revivir cuando escuchó la voz de ella por el portero eléctrico y le pidió por favor que lo dejara subir, tan sólo un par de segundos. Ella le preguntó si estaba borracho y si tenía idea de la hora que era.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él le confesó que sí, que había tomado algunas cervezas, que sabía que eran las dos y veinticinco de la madrugada, pero que necesitaba verla un instante, sólo para decirle dos palabras. Ella dudó un momento por primera vez en seis meses, cerró los ojos, tomó un poco de aire y le dijo que estaba bien; pero que nada más podía subir un minuto, porque a las nueve de la mañana tenía que entrar a trabajar.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él escuchó la chicharra del portero eléctrico como la señal de entrada al paraíso. Ella corrió al baño a arreglarse un poco y a buscar su bata negra.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él salió del ascensor algo mareado, tratando de encontrar a ciegas el botón rojo de la luz en la pared. Ella se asomó al pasillo y lo vio llegar con el pelo mojado, las manos en los bolsillos y las solapas de la campera levantadas.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él permaneció un segundo parado en la puerta del departamento, mirándola a los ojos y sólo dijo – te amo – casi con susurro. Ella no pudo evitar sonreír, meneó suavemente la cabeza y dio un paso al costado para dejarlo pasar.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él esta vez no dudó, la tomó con ambas manos de las mejillas y la besó apenas sobre los labios. Ella se dejó llevar, lo rodeó con sus brazos sobre el cuello y le devolvió el beso, esta vez larga y profundamente.

     
     

     

     

     
     

     

    Él la despertó a la mañana siguiente con un café humeante en la cama y con tostadas recién preparadas. Ella desayunó sin hablar y se metió rápido en el baño cubriéndose con las sábanas.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él se sentó sobre la alfombra de la puerta del baño y, entreabriendo apenas la puerta, le preguntó cómo había pasado la noche. Ella le contestó que no le escuchaba nada por el ruido de la ducha y que cerrara la puerta porque entraba corriente de aire.

     
     

     

     
     

     

     
     

     

    Él la esperó a que se vistiera, la siguió hasta la cocina, la rodeó con sus brazos contra la mesada y le pidió por fin que volvieran a verse. Ella, sin mirarlo, le pidió que antes de salir le ayudara a sacar las bolsas de residuos al cuartito del incinerador.

     
     

     

     

     
     

     

     

     
     

     

    Él le rogó que lo perdonara, la tomó de las manos y le juró que aquello no iba a volver a pasar. Ella ensayó un suspiro, retiró las manos lentamente, bajó la vista, y le dijo que ya era demasiado tarde.

     
     

     

     

     
     

     

     

     Él pareció desplomarse para siempre y apenas con un hilo de voz, le preguntó si ya había otro hombre en su vida. Ella lo miró por primera vez a los ojos, sonrió pícara y le dijo que no, que era demasiado tarde porque ya se habían hecho las nueve menos cuarto.