La Canción (cuento)

la cancion

Hace un largo tiempo que no pasaba por esa zona. Iba protestando de la desprolijidad de las baldosas, de los pequeños desagües que ayudan a tropezarme, cuando vi al hombre de rodillas sobre la vereda. Presto a esquivarlo murmura un nombre como lo hacía alguien entonces, esa palabra que me causaba tanta ira tonta en la niñez. Aunque fije mi atención en su rostro de barba desprolija, nada me era familiar, pero su voz atrapo una hebra de mi memoria con tenacidad.

Fueron las cinco de una tarde plomiza de otoño, cuando el caído dijo con vos suave ¡ayúdame amigo! me apresure a socorrerlo y DIOS sabe que lo hubiese ayudado aunque fuera un desconocido. Con premura tome el celular y desesperado llame a la policía y a emergencias.

Los transeúntes lo miraban con indiferencia como es de esperar en cualquier ciudad, mas aun en ese espacio donde según supe después, se había hecho odiar y temer; Sin darme tregua todos mis sentidos me gritaban ¡es Juan Gómez! y sin reparo me senté en el suelo recostándome contra un automóvil estacionado, abrí las piernas y lo arrastre como pude apoyándolo contra mi pecho para mantenerlo cómodo. Con el brazo derecho se sujetaba a la mitad donde manaba su sangre fruto de un feroz tajo que le abrió el vientre. Sin demorarme, a tientas, puse mi mano sobre la suya y sentí la calidez viscosa que se escurría y la angustiante sensación de que nuestros dedos sostenían sus intestinos para que no  emergieran. Me saque como pude el abrigo y lo tape porque sentí que temblaba.

No se quejo ni una sola vez, quizás no sentía dolor o porque la expresión ‘dolor’ era ínfima para describir el momento, habían pasado varios minutos y la ayuda no llegaba.

Como tenía mí otro brazo a la altura de su pecho sobre la campera, estaba seguro que no se derrumbaría hacia ningún lado, así que fue solo cuestión de esperar y continúe marcando los mismos números, hasta agotar la batería.

Pasaron los minutos…, fue cuando inicié a relatar mis recuerdos de nuestra infancia y logre que me siguiera con entusiasmo. Unos momentos después mis palabras nos llevaron de paseo por la vieja casa de sus abuelos, por el patio de los vecinos, por los pastizales de los terrenos baldíos donde hacíamos los campamentos de las siestas y donde escondíamos nuestros tesoros, sueños y tristezas. Cada vez que interrumpía mi hablar, podía oír su risa suave y sentir el vaivén de su cabeza asistiendo o negando algún comentario. Cuando se me terminaron las vivencias más atrapantes empecé a tararear una canción a la que entre varios chicos le habíamos cambiado la letra hacia cincuenta años. Me sorprendió gratamente que la él recordara con tanta claridad, como pudo entonó unos versos que me ayudaron a retomar la memoria adormecida y  cantamos; fue cuando entrecerré los ojos y por un instante pude sentir nuestra niñez como entonces.

Un rato después arribo la ambulancia. Nos  hallo sentados sobre una gran mancha que fuera roja húmeda y se volvió seco carmesí y ocre. Juan había muerto apoyado contra mi pecho esbozando una sonrisa y mirando sin ver con sus grandes ojos entreabiertos, mientras yo aún vocalizaba esa canción casi absurda que lo mantuvo aferrado a nuestros mágicos e inocentes días felices, lejos del pánico a lo inevitable.- FIN

Entre anhelos infructuosos (cuento)

buenos vecinos

Buenos vecinos…

Una vez al mes el padre Gregorio da  misa en la Escuela Rural de la Colonia Tres Palmas, para la feligresía católica, que consta de una nutrida concurrencia, lo que da mucha alegría por la voluntad de asistir desde los lugares más remotos de la región.

El sermón fue muy elocuente y se refirió a la envidia, alegando que es la tristeza del bien ajeno y con ella se vincula la ira, la calumnia, la rivalidad, la avaricia y el rencor.

Se detuvo unas momentos a beber unos sorbos de agua, y a observar los rostros de sus fieles. Todos estaban atentos aunque algunos miraban el suelo con vergüenza, eso daba pie para seguir con la disertación

Algunos pensaron – Porque no llegara la bendita lluvia!

Cada palabra del orador era un martillazo que empequeñecía aun más a muchos de los presentes hasta el punto de temer que sus dignidades sean pisadas por los demás.

Y luego concluyo – la Virtud que vence este pecado es la Caridad.

Después de retirarse del salón se asentaron como de costumbre a la sombra de los árboles mientras los niños jugaban donde cantaron y rieron.

Al atardecer cada uno tomo el camino a su casa y para la noche el lugar estaba desierto.

Un sinnúmero de huellas de carros, bicicletas, coches y cascos de caballos se entrecruzaban en el lugar y se iban borrando con la llovizna que comenzaba a caer con el comienzo del otoño.

A la mañana siguiente cada uno en su hogar comenzaba un nuevo día.

Rafael tiene cuarenta y cinco años, es acompañado por su familia formada por su bella esposa y sus seis hijos; ellos son guapos, educados, atentos, compañeros y amorosos con sus padres y entre si, estaban siempre atentos a las necesidades del hogar y protegían todo con coraje ilimitado, al punto que sus actos de nobleza sobrepasaban ampliamente los limites de sus tierras. Ellos tienen un terreno al otro lado del río El Torrentoso, que fue ampliando a fuerza de desmonte. Allí sembraban un poco de algodón y algunas verduras para consumo del hogar; estos beneficios sumadas a los subproductos de un ato de reses y aves de corral, lograban vivir con austeridad pero sin privaciones.

De este lado del mismo río, más allá del algarrobal, estaba el camino que conducía al establecimiento agrícola-ganadero “El Manchado” de don Alberto. Ese era un lugar hermoso desde el portón de entrada.

Un gran jardín cubría el frente de la casa con una infinita variedad de plantas ornamentales y en el centro de esta una glorieta con bellas enredaderas florecidas que daban al lugar una visión de ensueño. Mas allá de la casa del patrón y alrededor de esta, las casas de los peones, las caballerizas, los galpones, los depósitos, el garaje y el taller y por ultimo los corrales.

Este establecimiento era un hito del bienestar económico. El señor y su esposa, junto a sus cuatro hijos viajaban a menudo a la capital donde tenían una mansión y las oficinas comerciales, además podían ir al club a reunirse con sus amigos.

Por largas temporadas la familia del ganadero se quedaba en la ciudad y el regresaba a cumplir sus labores en el campo.

Desde hace algunos años siembran algodón en el potrero del norte, unas trescientas hectáreas, y con un muy buen rinde.

Pero toda esta abundancia no complace a don Alberto, pues el añora el trato que obtiene Rafael de su familia, su vida tranquila, su pasar sin prisas, la armonía y el cariño que brindan a sus visitas.

El hecho de no poder igualar sus logros lo torturaba de día y de noche.

Pero de pronto se propuso que podía igualarlo y superarlo, ya que poseía mucho mas que el, y su familia era mejor instruida y mas refinada.

Comenzó haciendo regalos costosos a sus hijos con el afán de ser bien amados por estos, aunque hacia mucho tiempo que se había roto el dialogo familiar y la camaradería. Lejos  de lograr sus objetivos estos pedían más y concedían menos.

Avergonzado por su fracaso trato de imponerles un trato diferencial hacia el y solo logro que su mujer amparara la apatía y el trato descortés.

Furioso comenzó a odiar a su inocente adversario y cuando podía lo acechaba oculto entre la tupida vegetación.

Ya para esta fecha deseaba destruirlo con sus propias manos y poder disfrutar de la tristeza que podría ocasionar. En esos meses la naturaleza le gano de mano y una gran sequía diezmo sus animales y seco sus plantíos. En busca de de sobrellevar la citación abandonaron su tierra y se instalaron a la orilla del pueblo en un rancho que ellos mismos levantaron con maderas traídas de su antiguo hogar.

Cuando se entero de esto don Alberto, que no sufrió este percance porque tenía molinos, se regocijó. Un tarde fue a ver a sus antiguos vecinos para poder dar rienda suelta a su mezquina alegría.

Detuvo su camioneta a unos metros del lugar y al verlo don Rafael lo alcanzo con una sonrisa de alegría por su encuentro y le explico la actual situación

- Mis hijos trabajan para que a su madre y a mi no nos falte nada y evitarnos la tristeza. Transportan mercaderías y otros elementos con los carros y descargan camiones en los depósitos. Vivimos bien y además están ahorrando para recuperar lo que perdimos. Usted sabe la plata va y viene pero el amor familiar siempre queda.

Este cuadro familiar enfureció al visitante que con gran asombro descubrió que a pesar de las vicisitudes, el amor y el respeto de los hijos hacia los padres estaban intactos, inclusive mas unidos que antes.

Se retiro apresuradamente del lugar, la envidia lo estaba corroyendo, llego a la casa del campo y se sentó mirando el camino, sin hablar paraba las horas solo, quieto, inmutable, se alejo de sus obligaciones y todas las labores se detuvieron con la falta de su organización y su empuje, solo quedo su mucama que le acercaba los alimentos. Los  días pasaron y el hombre no se levantaba de su sillón y proseguía callado.

Su familia seguía de vacaciones y no presto atención a lo sucedido hasta que fueron a retirar dinero y no había más. Enfurecidos volvieron a reclamar y encontraron el lugar desierto y el viejo muerto desde la noche anterior en su sillón frente al camino.

Hace un año que sepultaron a don Alberto en la colonia, el establecimiento fue vendido y su familia no volvió más, los únicos que limpian su tumba y llevan velas son Rafael y su familia que regresaron a su casa junto al río.-

cuento completo: POR LOS SENDEROS DE LA SANGRE

De aquí extraje una versión breve a la que llame  ”Las arenas doradas”…

——————————————–

La emoción abrumadora de poder transitar en suelo africano tantas veces añorado, fue sumergirme en ese continente de ensueños, algarabías y bellezas el cual competía y lograba empequeñecer por amplio margen las asperezas del terreno, que sacudían con violencia los vehículos en nuestro derrotero por el Sahara.

Dos años atrás conocí a  Manuel en Buenos Aires. El tiene su domicilio en Tenerife, pero recorre los países de habla hispana por cuestiones de negocios. Siempre que tengo la ocasión de poder verlo aprovecho pues su amplio conocimiento sobre alfombras persas rescata mis más profundos y mágicos recuerdos de las historias de antaño leídas por mi madre.

En nuestra última reunión hace seis meses le exprese que me agradaría poder visitar alguna tribu nómada que aun conserve sus costumbres ancestrales. Al parecer el ímpetu de mi deseo fue tal que dijo sorprendido

-   Que te impulsa a querer ir a pasar penurias en el desierto?

-   El deseo de ver como vivían nuestros antepasados, bueno los míos,  por tu aspecto puedo arriesgarme a decir que perteneces a otro grupo.

Ambos reímos al tiempo que me cubrí con la mano el rostro desde la nariz hasta la barbilla, para demostrar que en el conjunto de mis ojos y mi frente podrá hallar rasgos comunes con los árabes del occidente de África.

-    Es verdad, los míos son de otras latitudes; pero quédate tranquilo, porque a mi regreso me contactare con un amigo altruista, es antropólogo y pertenece a una organización internacional que estudia la evolución de las tribus y a la vez buscan la manera de detener el avance de los arenales sobre las zonas fértiles.

-   Ha tenido éxito?

-   No mucho pero no claudica, además recorre periódicamente la región del Sáhel.

-   El Sáhel?

-   Es una zona con clima semiárido con precipitaciones que fluctúan entre los 100 y 350 milímetros anuales; el y su grupo solo se dedican a la porción comprendida dentro de La República Islámica de Mauritania y me ha contado que allí hay una gran concentración de beduinos nómadas.

Quede gratamente emocionado al verlo preocupado por mi proyecto.

Dos meses después me envió un e-mail con el número telefónico de Mohamed.

Al día siguiente busque la hora apropiada y me comunique, Manuel lo había puesto al tanto de mis intenciones y con beneplácito accedió a ser mi guía e interprete. Ese día hicimos una cita para encontrarnos en la bella ciudad de Kuakchott que esta enclavada en una estrecha franja fértil a orillas del océano Atlántico.

Lo esencial de este viaje no es si había hecho combinación en Paris, o si baje muñido del pasaporte y el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla que es obligatoria (además me hice colocar la de malaria y cólera), ni si halle los periódicos Le Cálame, Le Carrefour o Le Tribune en el aeropuerto.

O si declare todo el dinero que traía como es obligatorio, que no era mucho y allí mismo convertí los euros  a ouguiyas en relación de trescientos a uno.

Lo que si es muy importante es la calidez humana, pues nos retiramos en grupo hasta el lujoso bar para beber te árabe dulce con menta. Aquí la ingestión de alcohol esta prohibida por el Islam y aunque podría haber conseguir bebidas espirituosas en algún otro lugar, no quise comenzar la visita infringiendo disposiciones religiosas.

Los demás estaban curiosos por los motivos de mi arribo, a lo que alegue que estaba escribiendo una novela y necesitaba compenetrarme con la real situación de los habitantes para darles veracidad a los personajes. Por las expresiones de asombro y el menear afirmativamente con sus cabezas comprendí que para ellos era un motivo más que valedero y entre bromas ya se disputaban un espacio en la acción.

Luego de dar un amplio recorrido por esa modernísima ciudad nos detuvimos en la cede de la organización que dirige. Allí tuve una muy grata sorpresa pues habían preparado una habitación para que me sirviera de dormitorio mientras permanecía con ellos, el lugar era fresco, acogedor y por sobre todo no me represento gastos.

Por la noche fuimos a cenar a su casa, allí comprendí que no es musulmán aunque ha adoptado mucho del Coran. No me pareció prudente preguntarle sobre su fe y al parecer para el tampoco tenia importancia cual es la mía, quizás sea cristiano pensé, por lo liberal.

Me descalce al entrar, estaba toda la familia esperándonos; sus tres hijos, dos nenas y un varón que son criados a la manera europea, moderna pero moderada como su esposa francesa, abiertos al dialogo nos entendimos bastante bien con mi árabe y mis balbuceos en francés y por breves lapsos mezclábamos estas palabras con su rudimentario español.

Amélie, esposa de Mohamed, nos sirvió Tiabuyene, un plato muy elaborado y exquisito de arroz con pescado y verduras, de postre pastelillos de hojaldre rellenos con miel, dátiles y frutos secos, acompañados con te verde a la menta fresca. Durante toda la cena bebimos agua mineral.

Ella me comento que la gastronomía se basa en cabras, pollos, camellos, cereales, dátiles, verduras y desde hace pocos años pescados; me recomendó que probase el ‘cus cus’ que es el plato nacional, realizado con sémola cosida al vapor en una ‘cuscusera’, similar a un cernidor, sobre la olla donde se esta cosiendo el estofado al cual servirá de guarnición.

Luego nos retiramos a disfrutar de la velada en el patio. Cuando llego el momento de elegir la música hubo un choque generacional, padre e hijos debatieron por el derecho a elegir los intérpretes y los adolescentes se dirigieron a mí diciendo:

-  Aproveche a oír música moderna aquí, porque durante el viaje nuestro padre te atosigara con la tradicional las cuales  tiene grabadas en mp3.

-  No es cierto! No soy tan obtuso y mis gustos son variados!

-  Si es así nos permitirás que pongamos la que tenemos seleccionada de antemano para agasajar al invitado.

-  Que oiremos? – pregunto mientras examina las tapas de los CD’s

-  Iniciaremos con algo cautivante, Mulama, ella mezcla lo tradicional con lo moderno. Luego el nómada Mohamed El Michery Athié y por ultimo a Uleya Mint Amán Tichit y Aicha Mint Chighaly.

-  Ustedes ganan, ya tendrá tiempo de disfrutar con lo verdaderamente magnifico.

Reímos todos.

Algo que realmente hay que admirar de este pueblo es su amor por la poesía y la música, ambas inseparables y dos de los exponentes de la cultura nacional como Seymali Ould Mohamed Vall  y Mohameden Ould Sidi Braim.

En cada región se pueden apreciar los distintos estilos como el Meud’he (popular religioso), Imraguens (orillas del Atlántico) y Tezegues (mujeres del norte). Su música es casi desconocida en el extranjero pero dentro del país es difundida en hoteles, centros culturales, museos y restaurantes en sus diferentes dialectos.

Las reconfortantes horas pasadas en compañía de su familia allí y en otros lugares a los que visitamos juntos, quedaran encriptados en mi memoria como unos de los momentos mas felices de ese viaje.

Visitamos todos los lugares  de esta hermosa ciudad menos las mezquitas que esta prohibido el ingreso a los turistas.

A la madrugada del segundo día partimos hacia el noreste, rápidamente abandonamos la zona verde del litoral.

Ambos vehículos estaban bien equipados inclusive llevaban una amplia jaima, tienda oblonga y rectangular, armada con franjas unidas de tejidos de pelo de camello.

Nuestro primer destino fue Terjit la distante, lugar al que arribamos después de seis horas de viaje. La vegetación y el agua termal convierten este oasis en un lugar magnifico.

Al ver el lugar nos dejamos caer de bruces sobre la hojarasca, el viento había traído briznas de pelaje suave de los dromedarios las cuales quedaban irremediablemente atoradas en las pequeñas oquedades de las palmeras. Todo este espacio delicioso, este vergel disipo nuestro cansancio y el de muchos otros que vienen a abrevar a sus bestias en este espacio de tierra más feraz.

Momentos después oímos triscas, son las mujeres que portan los haz de leñas en las espaldas o grandes trozos acunados en esos bellos y fuertes brazos.

Permanecí largas horas allí mientras ellos realizaron sus labores. Al atardecer  transite sus calles placenteras observando con infinita curiosidad todos los detalles de sus edificaciones.

Dos días después rumbo a nuestro nuevo destino pudimos apreciar el amanecer. El sol parece emerger raspándose contra el borde agreste de la duna la cual armada con el filo de un antiguo Saif o Nimcha lograba despellejarlo y desprender de este fulgores naranjas y oro que se extendían generosamente sobre la arena hasta llegar a nosotros tiñendo todo de luz.

En ese trayecto el fue explicándome de forma amena sobre las tribus y de cómo todos en esa región tenían los mismos orígenes, pude deducir que todos los oriundos del Magreb y sus descendencias son parientes, esto conllevaba a que nosotros también y así me presento en el futuro lo que me facilito mucho las cosas.

Esos viajes para su forma de razonar eran como ir a visitar familiares distantes y además me enseño todo lo referente a esas personas y a sus costumbres tan antagónicas a las mías. Cuando concluyo su monologo dejo escapar de sus labios como remembrando un adagio

– La sangre nos une pero la fe nos separa.

Arribamos a Chinguitti, séptima ciudad santa del Islam esta al borde del inmenso erg o región arenosa de un desierto.

Este sitio fabuloso fue el principal asilo caravanero de la región. El paisaje majestuoso del oasis con las palmeras datileras, el agua fresca y el verde inconmensurable rompían la monotonía lúgubre ofreciendo sosiego y un sinnúmero de placeres a los sentidos, en las inmediaciones muy concurridas por los pastores, esta estampa regional parece haber sido sacada del antiguo testamento.

Era el mes de julio, el de los calores intensos, los nómadas y los sedentarios se agolpa en los oasis para recolectar dátiles y luego se realiza el Guétna un festival en el nombre de estos frutos tan importantes en su alimentación.

El grupo estimaba que allí estaría una familia de beduinos con los que podía socializar.

Ellos habían llegado mucho antes de lo esperado y pude elucubrar que todo ese verde latiendo frente a ellos debió ser una inspiración, a la vez que se convertía en  el bastión de todos sus sueños y seguro destino de sus anhelos más caprichosos.

Pudimos avistar de lejos las jaimas colocadas en círculo, esto permitía que los animales permanezcan protegidos en las noches dentro del aprisco que allí quedaba delimitado. La algarabía de nuestra llegada marco un acontecimiento feliz, es que son muy atentas con los huéspedes.

Después de los saludos de rigor sirvieron el te con una pequeña tetera finamente trabajada acompañada de pequeños vasitos tratados con mucha delicadeza, junto a esto un pan de azúcar protegido por su embalaje. Sirvieron el liquido muy calientes y bien espumosos en tres rondas que se beben de a pequeños sorbos, la primera es amarga como la vida, la segunda algo mas dulce, dulce como el amor y la ultima mucho mas dulce, suave como la muerte.

Por la noche fuimos a un collado del Erg Uarane, a esas horas la naturaleza descubre su tesoro escondido en el firmamento, de pie sobre el promontorio mas visible de la duna y bajo el domo magnifico donde titilan millones de astros, logre sentir que estaba en el centro de todas las luces. La magia umbrosa me envolvió y al extender los brazos estime que quizás si me esforzaba un poco podría atrapar algunos de los más pequeños he inasibles luces que parecían tan cerca de mis dedos.

Absorto permanecí en silencio observando la belleza suspendida sobre mí como un sinnúmero  esmeraldas, rubíes y diamantes engarzados en esta porción de cielo. Ante tan magnitud todos los murmullos se disiparon y solo oí el ritmo de mis latidos.

Este paisaje esplendoroso para el buen observador es más que solo grava y arena o todas las vicisitudes infringidas por el clima.

Se puede observar como el Sahara nutrió de vida y moldeo el espíritu indomable de sus habitantes y los elevo a la sublime condición de hombres libres, dueños indiscutibles de sus destinos y protectores de sus costumbres. Así es como los mauritanos viven bajo la protección de Alá y como fieles discípulos del profeta.

Íbamos de regreso.

Sumido en la congoja de saber que me alejaba raudamente de ese espacio mágico al que probablemente nunca regresaría, cavilando sobre las situaciones acontecidas.

Esta gente se destaca entre otras cosas por su gran respeto por la ecología como es natural en los pueblos autóctonos del planeta, ellos no contaminan ni alteran el orden natural del desierto.

Deje que mis pensamientos floten en el aire cálido de ese nuevo amanecer oteando en la distancia, como un ave rapaz que extiende sus alas y se deja flotar en la brisa observando el panorama con comodidad. Iba tratando de atrapar la inmensidad que se diluía  y volvía a emerger frente a mis ojos tras cada duna, mientras examinaba todos los acontecimientos vividos, sin desdeñar en las formas y las voces,  en los tonos y los dialectos que poblaron todos los espacios y rompieron todos los silencios.

Hacia varias horas que viajamos callados, solo la inconfundible voz ‘barma’ de Ne’ma Mint Chuej con su Ardine y su familia de griots haciendo coros y palmas. Esa voz rugosa y aguda en el CD trataba infructuosamente de amenizar el momento, pero me servía para continuar remembrado sin perder los detalles; tratando que los datos se afiancen en mi memoria para que después fluyan con facilidad sin que se opaquen los colores ni se esfumen los aromas.

Fue una semana atípica, llena de sorpresas en la cual pude recalar mucha información, llevo conmigo respuestas a preguntas transgresoras referente a sus esencias y a sus sueños radicales las cuales no hallare en ningún catalogo de turismo.

En esos días comimos Tayyin, carne de camello asada. Aych, que es el nombre del cereal con leche. Mreifisa, es un sabroso pan sin levadura que se deja coser sobre la arena caliente; y durante toda mi estadía en ese país y en todos los horarios bebimos lo mas popular, Zrig que es leche de camella cortada con agua sin endulzar, salvo en raras ocasiones consumimos sumos de frutas y cocciones de hiervas varias.

Fue cuando nos dispusimos a regresar que busque la caja revestida en cuero y lustrada, sobre la cual lucia una placa de bronce con una inscripción en español y en árabe como recordatorio por la visita.

En su interior guardaba un facón hoja de acero de 40cm, el cual poseía mango y vaina de alpacas finamente labradas, elemento que era usado por los reseros argentinos hace un siglo atrás. Muchos de estos hombres de campo arreando animales por las pampas acampando en sitios inhóspitos y con costumbres nómadas y en algunos puntos hallé similitudes entre aquellos gauchos y estos beduinos.

Traje el arma como un presente de agradecimiento para el hombre que con gran amabilidad me brindara la oportunidad de introducirme en sus costumbres y aprender de ellas.

Llego el momento de la partida y fui en busca del obsequio del cual todos en mi grupo conocían y no lo halle. Con asombro por esta situación se lo comunique a mi guía y amigo el cual presento la situación ante la autoridad de ese campamento, muñido de una fotografía del elemento en cuestión y el motivo por el cual había sido traído.

Sin mas y encolerizado por la descortesía que había sufrido inicio una exhaustiva búsqueda y lo hallo escondido bajo unos almohadones en la sección donde dormían dos de sus camelleros.

Sin poder vislumbrar al culpable solicito la ayuda de su anciano padre el cual permanecía bajo su cuidado en el sector de huéspedes.

Cuando estuvimos todos reunidos, anuncio una prueba que realizaría entre ambos sospechosos para descubrir al inocente. Había hecho cargar dos ánforas con el tinte usado para dar color a los tejidos y mando a cada uno de ellos que arrodillado introduzca una mano abierta en los recipientes en cuestión, agregando que el que sacara la palma de la mano sin teñir seria el inocente.

Ambos lo hicieron a un mismo tiempo, pero el ladrón temeroso de ser descubierto cerró el puño antes de tocar el líquido. Cuando recibieron la orden ambos las sacaron y el mas joven mostró en alto a todos los presentes la suya limpia.

Sin hacerse esperar el juez del pleito lo declaro culpable alegando que su delito lo inclino a hacer trampa. Toda la petulancia seso al verse descubierto. Atrapado y quejumbroso pidió clemencia sabiendo que sus leyes no admites lenidades.

Con mucha calma el astuto anciano lo interpelo

-  Por que pretendes conservar una mano que te traiciono dos veces?.-FIN.-

Talismán (cuento)

100_6548

El río mecía suavemente los camalotes que cabalgaban las pequeñas olas alumbradas por el titilar de las estrellas. El monótono golpeteo de los remos y la respiración acompasada del pescador guiando con destreza la embarcación en pos de la costa y luchando contra la corriente que aunque invisible trata infructuosamente de arrastrarlo aguas abajo. Luego los remos se detienen abruptamente cuando la proa roza la playa dejando escapar un corto quejido de las maderas arañadas por la arena.
Manuel regresaba al campamento situado en lo alto donde no llegan las aguas en las crecientes. Fue allí donde su padre don Carlos construyo un refugio amplio y prolijo para albergar a su esposa y su pequeño hijo. El eligió este lugar porque era parte de un paisaje espléndido con grandes extensiones cubiertas por vegetación y bajo la cual la maleza como una alfombra llegaba hasta el agua. Por la mañana un coro de vida te despertaba donde predominaban las aves con sus trinos y el los días de cambio de tiempo los monos aulladores gritabas sobre las copas de los sauces y alisos, allí la vida se manifestaba a cada paso.
Un día apareció un gran cartel que declaraba a la franja costera como Zona Industrial. Pronto se edificaron fábricas, astilleros y frigoríficos con la idea que esto traería el progreso a la provincia y el esperado trabajo a las personas del lugar.
Ya no estaban solos los pescadores, el predio se pobló de camiones, cañerías y humo.
Pasaron los años y algunas de las industrias como la curtiembre “Oeste” cerraron y quedaron abandonadas las oficinas, los galpones y las cisternas donde trataban los desperdicios líquidos antes de arrojarlos al río, pero aun así en días ventosos se puede sentir el bao picante y nauseabundo que hace arder los ojos y la garganta.
Pero a Manuel solo le preocupa la falta de peces, era el oficio enseñado por su padre, al cual acompañaba en sus tareas hasta que enfermo de los pulmones, igual que su madre y ambos terminaron muertos, – Es el humo de las fábricas – dijeron los doctores.
El muchacho era joven pero con años de trabajo arduo que tiñera su mirada de incertidumbre y despobló sus pensamientos de sueños esperanzados, pues a pasado los últimos meses tratando de atrapar algunos peces con la red y no lo a logrado aun triplicando el esfuerzo. Cada día ha visto como las pequeñas boyas amarillas desaparecen rápidamente bajo el agua, arrastrados por los plomos. Manuel había estado sentado y quieto esperando el momento de levantar la red cuando llegara a la señal prefijada, solo se movía para dar un golpe de remo y corregir el rumbo mientras sus pensamientos lo arrastraban por los recuerdos de leyendas oídas, escudriñando en los comentarios hechos en días de reuniones, tratando de descubrir la palabra, el hecho mágico o el elemento preciso que le devolviera el don de atrapar esas presas escurridizas.
El nuevo amanecer lo encontró meditando, sentado en la costa viendo como su embarcación se sacudía con violencia a causa de la tormenta que había llegado al alba.
- Con esto se empeoro las cosas!- pensó y se dirigió a un grupo de pescadores que como el sufría del mismo problema; alguno recordaron a años anteriores cuando ocurría algo similar, colgaban sus herramientas y se empleaban en las empresas del lugar.
Pero el se negaba a apartarse del río, convencido que hallaría remedio a la situación. Después que el grupo se desmembró quedando solo en el arenal, con don Benigno habitante de la isla de enfrente, que entre relatos, chistes e historias fantásticas, contó al muchacho que su abuelo extraía de la cabeza del Dorado un huesillo conocido popularmente con el nombre de San Antonio, que extraído de acuerdo a un ritual ancestral, adquiría el poder de convertirse en el mas poderoso talismán para la pesca.
Esta idea encendió una hoguera en su mente, allí estaba lo que tanto busco, aquella era la solución definitiva y el comienzo de un futuro promisorio.
Luego de disimular la prisa se alejo con la promesa de volver.
Estando en su rancho farfullaba y revisaba el equipo que tenia para la pesca de costa, anzuelos, cambiadores, patejas, líneas y demás, luego acomodo todo en un zurrón y se dirigió a buscar carnadas con su tarraja a corta distancia de su hogar en un diminuto estero, mientras esperaba que aminore la tormenta.
Amaneció gris y aunque la calma no era total el peligro había pasado.
Al medio día después de remar toda la mañana río arriba, se detuvo en el extremo sur de la Isla Grande. Bajo todas sus cosas con premura y tiro seis líneas encarnadas con cascarudos. Seguidamente corto ramas, coloco sobre estas un trozo de carpa, junto leña y encendió una hoguera. Una hora después se sentó a esperar mientras fumaba un cigarro y bebía unos sorbos de caña en su precario campamento. Pasaron las horas y todos los peces que atrapaba los devolvía como dictaba el rito. Un tirón de una de sus líneas hizo replicar la campanilla de alerta, esto lo saco bruscamente del sopor, con movimientos apresurados atrapo la tanza con fuerza y comprobó que la presa estaba atrapada; allí se inicio una lucha que se extendió por varios minutos. En la desesperación de sentirse prisionero el animal dio un desesperado salto fuera del agua y Manuel pudo ver un resplandor de cobre y oro en sus escamas, un sentimiento de júbilo elevo su estima, mientras recogió al Dorado vencido en la batalla por la libertad. Manuel repetía las mismas palabras una y otra vez, primero como un susurro y luego se fue elevando hasta convertirse en un grito “la mitad del camino esta recorrido, tengo el animal que posee el hueso mágico, desde ahora el boleto de ida hacia la gran cosecha de peces”. Siguiendo estrictamente el ritual que le expresara el anciano, obtuvo el talismán y luego devoro con ansias la carne como lo dictara la leyenda.
Mientras comía pensaba sobre su sabor era delicioso como de los peces de la laguna interior de la isla, su textura es más suave, su color más agradable. Allí la pesca era magnifica, y se quedo por unos días a disfrutar de la naturaleza.
Todo estaba dispuesto para volver, tenia el talismán dentro de una bolsita atada a la canoa. Luego de varias horas diviso el paisaje cotidiano de las inmediaciones de su casa.
Primero divisó el caño del desagüe principal de las cloacas de la ciudad, mas allá esta el puerto de la industria química y entre este y el frigorífico la curtiembre.
Paso lentamente frente a estos caños color ocre que se sumergían en el agua. Algunos de ellos perforados por el oxido, se podía apreciar en su interior el fluir de una cantidad imprecisa de liquido fétido y oscuro que descendía hacia el río, en todo ese sector las hiervas estaban secas.
Todos los días veía lo mismo y no prestaba mayor atención a la acostumbrada desolación del paisaje, que se fue degradando con el pasar de los años y hacia mucho que las aves y los monos se habían retirado de la región, pero eso no lo preocupaba, solo los peces lo mantenían alerta.
Preparo todo para el amanecer, el día estaba calmo. Se dirigió al a señal de inicio y echo la red al agua.
Espero veinte minutos que duraba su red para recorrer ‘la cancha’ según la jerga pescadora llaman a una sección del lecho del río libre de trabas las que fueron retiradas precedentemente para tal fin. Las manos traspiradas y la boca seca como evidente señal de la ansiedad que le daba estar atento a la marca que fijaba el final de la labor que generalmente es alguna chimenea que sobresale en la ciudad.
Sonreía constantemente como saboreando de antemano el logro que se suscitaría pronto.
-Ha llegado el momento!-penso y se aferro con energía a la boya de la punta y comenzó a izar la maya y a depositarla desordenadamente en la tabla fija sobre las cuadernas de su canoa.
Una, dos, diez brazadas de hilos enmarañados y ningún pez! Pero se calmo un poco pensando que con todo los metros que aun faltaban en recoger alcanzaban para marcar el triunfo. Cuando hubo sacado más de la mitad la duda comenzó a corroerlo y de la tímida incertidumbre paso a la zozobra mas descarnada ya que antes de concluir su labor pudo comprender su total fracaso.
-En que he fallado?- se preguntaba entre lagrimas, mirando con tristeza el agua.
Pero lo que no podía comprender Manuel es que los peces que no habían muerto emigraron lejos de la contaminación como las aves y los monos, pues casi nunca prestaba atención del reclamo que se oía en la radio de los grupos ecológicos, y cuando lo hacia era para mofarse de los anuncios asegurando – Esa es otra manera de timar a la gente! Su descreimiento sumado a su desinformación lo convirtió en cómplice paradójicamente del problema que desbastaba su hábitat y su trabajo.
Lo que allí aprendió Manuel es que los peces no eran más escurridizos que antes y no necesitaba un talismán para atraparlos, porque no estaban allí, lo que necesita el lugar era un plan de protección ambiental.-

La esmeralda profunda (cuento)

Imagen de Daniel Goldberg, fotógrafo argentino.

Imagen de Daniel Goldberg, fotógrafo argentino.

Estoy observando con mas curiosidad de la acostumbrada una de las revistas recogidas hace una semana en las inmediaciones del lujoso Hotel Imperial.

Aquí admiro las bellas imágenes estando tan lejos de ese destino y absorto desde el interior de la precaria vivienda que me sirve de morada. Las aberturas celosamente colocadas dentro de los dinteles son más que  pasajes de luces y sonidos entre ambos espacios del miserable barrio, son los ojos y oídos críticos que permiten apreciar todo el calor, la miseria y la idiosincrasia común de estos predios exteriores o interiores, según sea la posición del observador hastiado e irreverente, que apoyado sobre un catre de lona percudida, deja escapar las horas de las siestas acecinas, que dotadas por los rayos impiadosos del sol y la resolana, merodean los ranchos en este febrero cruel y arrogante del norte argentino.

Nosotros tenemos la tarea de juntar productos de rezagos para venderlos a las empresas recicladoras del medio.

Recorremos durante las mañanas y las tardes las aceras buscando papeles, cartones y otros elementos menos nobles, caminamos por infinidades de lugares observando con miradas críticas y astutas los depósitos domiciliarios. Allí vamos muñidos de carretillas, carritos o simplemente bolsas colocadas sobre nuestros hombros.

Al anochecer regresamos a nuestros hogares a clasificar el material hallado y luego de atarlos prolijamente los estibamos bajo el alero que da al patio o en el caso de los diarios y revistas en el interior de la única pieza, sobre unos trozos de leña.

Ese es el momento mas admirable, allí voy separando las revistas con delicadeza, con las imágenes mas llamativas para ojearlas durante los espacios de las siestas mientras aguardo a que afloje el calor asfixiante o durante los días de lluvias mientras escucho música de la radio.

Pero ninguna de las nuevas ha logrado empequeñecer ni un ápice a la que guardo celosamente sobre uno de los tirantes que sostiene el precario techo.

Aunque he repasado una por una todas las fotos expuestas en forma de colección no comprendo el mensaje de muchas de ellas, no hallo el motivo que impulsó al profesional a tomarlas y aun más, a sepáralas de otras muchas que seguramente fueron capturadas con estas, es aquí donde se necesita tener instrucción en el arte fotográfico. Pero aun asi con mi nulo conocimiento y guiado por el instinto hay una en especial que me ha atrapado en forma abrumadora.

A primera vista solo parece un amplio espacio, quizás una recepción,  el hall de entrada de un suntuoso casino o la sala de conferencias de una embajada. Siento que observo el espacio de un color esmeralda, no se si se trata de un filtro o simplemente es su aspecto real.

Puedo imaginarme más que solo estar parado a la par del fotógrafo sobre una posición algo mas elevada y apoyados en una fina barandilla, puedo sentir que estoy dentro de la foto y el esta posicionado en el interior de mis pupilas, porque nada de su presencia esta allí mas que el momento oportuno y la inspiración del disparo certero de su cámara imperceptible,  ni siquiera su sombra o respiración empañan la mirada directa del edificio casi mágico que ahora estará para siempre dentro de mis pensamientos dándole breves latidos de frescura insoslayable.

Por muchas horas cada día quedo prendado, con la mirada sumergida en lo profundo del salón casi vacio. El piso fue pulido hasta convertirlo en un fino cristal que permite observar en su reflejo todos los detalles de la construcción que no capto la foto de forma directa. Se aprecia mejor en el reflejo las luces de la pared y los tragaluces en lo alto del techo. Es una foto magnifica, simple pero profunda y astutamente capturada.

Cada mediodía infernal rescato una frisa fresca desde el mármol limpio y puro que refleja como un lago de hielo el transitar de las personas, las cuales quizás no contemplaron como Daniel ese espacio dinámico y a la vez apacible, donde se observa el cielo mirando hacia abajo, mas halla de los pies, profundamente entre el brillo de la luz, de la limpieza infinita y de las huellas imperceptibles de los zapatos.

He mostrado a mis colegas la foto que me trasmite frescura y calma, pero ellos no la ven como tal y se burlan de mí con sórdidas frases y nominan mi actitud, como la de mi imaginación desbordada por el hambre.

Absurdamente admito que algo de ello es verdad, es el apetito inagotable al arte visual lo ha despertado este fotógrafo en mi alma.-FIN

——————

LA ESMERALDA PROFUNDA -(cuento)
2009 ——Argentina
1º premio en la foto 03
Antología especial formada por los cuentos ganadores en cada imagen de
/y las fotos de Daniel Goldberg. Proyecto TREINTATRIOS-

——————————————

LA ESMERALDA PROFUNDA -(cuento)
2009 —– Buenos Aires (Argentina)
Certamen Internacional – Antología –
«Latinoamérica Escribe»
Raíz Alternativa Ediciones

AUSENCIA (cuento)

100_8114-2

Cumplió los 78. Un arisco mapa de arrugas surcaba su rostro, y se movían alrededor de los ojos tristes de Don Castulo, mientras sus manos callosas y curtidas secaban las lágrimas, que corrían con infinita transparencia por sus mejillas. El añoso algarrobo de cáscaras escamosas y don Castulo parecían haber venido al mundo a un mismo tiempo, y a los pies de ambos, el montículo lúgubre en esa tierra tan suave y la vez tan rustica, con una estaca de Quebracho tallado por manos expertas en uno de sus extremos, y ocupando un minúsculo espacio de la sombra, estaba ella recientemente sepultada. Después de un interminable momento el viejo se alejo del lugar musitando algo así como un réquiem mientras se encaminaba a su rancho, distante unos cien metros de este lugar. Después de pasar la primera cerca que separaba el camino de la chacra, visiblemente consternado por la pena giro su cabeza hacia el río lejano, donde las ondulaciones del agua devolvían los reflejos del sol como un sinnúmero de espejos rotos que danzaban al compás del viento. Se quedo observando mientras pensaba que uno de los hechos mas egoísta del hombre, es el de llorar por los muertos, ya que la pena provenía de la falta de su compañía y de esos momentos que ya no se repetirán como los de ellos, juntos caminando en esas cálidas noches pobladas de estrellas, o en aquella frías mañanas lluviosas en la cual permanecía a su lado en total silencio, oyéndole contar historias repetidas, entre vasos de caña y el crepitar del fuego. Si puro egoísmo, decía, y este lamento lo apenaba aun mas. Sus pensamientos nostálgicos lo guiaron hasta las horas antes del fatal desenlace. Esa tarde a la hora de la oración, (ese momento en que el día recoge su manto de brillos y la penumbra asoma tímidamente, es un indeciso momento entre la luz y la oscuridad, entre el ocaso y el crepúsculo, todo se torna celeste, mágico y melancólico) al volver juntos, como de costumbre, y después de desuncir los animales de tiro del arado y colgar los arneses en el galponcito, se dirigió a la represa que se hallaba a un costado del patio y al lado del pozo con agua dulce, de boca cuadrada calzada con maderas, lugar poblado de croar de ranas, para que beban los caballos; ya la notó triste, con un profundo cansancio que se reflejaba en sus ojos opacos. A don Castulo le pareció extraño que lo dejara ir solo, pensó que los años tal vez le pesaran mas que a el. Se acerco y lentamente paso su deslucida y áspera mano sobre su cabeza, ella sintió la suave caricia pero no hizo ningún movimiento, esto preocupo mas aun al viejo. Removió las cenizas y acercando mas leña pudo encender nuevamente la hoguera con ayuda de las pocas brazas que quedaban. Después de cenar se sentó junto a ella sintiendo el pavor de lo inevitable. La aurora lo hallo entre el humo del cigarro y el sabor amargo de la vigilia, el fuego se había apagado, y el silencio era roto por el canto de los gallos. Estaba solo, el espíritu de su compañera había dado un brinco dejando su cuerpo inerte. La escena era desgarradora. A desgano se puso de pie, solo quedaba una cosa por hacer, envolvió su cuerpo con una manta, tomo una pala y se dirigió al lugar elegido de antemano. Luego de un arduo trabajo, sepulto allí toda la luz y la alegría. Ya a pasado un mes de aquel amanecer, Don Castulo no soporta bien la soledad, Ya no será lo mismo, piensa, pero con renovada esperanza ha traído un cachorro, casi idéntico, del mismo pelaje que esa perra, fiel compañera, que había sido su única compañía mientras habitara ese rancho.- …………FIN.-

EL DUENDE DE LOS BROCHES (cuento)

broche

Todos tuvimos momentos de incertidumbre cuando fuimos sorprendidos por la falta del objeto que estábamos manipulando y hubiésemos jurado haberlo dejado depositado frente a nosotros en el escritorio o la mesa y aun agotados todos los recursos no lo pudimos hallar. Pero si derrotados abandonábamos su búsqueda, reaparecía frente a nuestros ojos como por arte de magia al alcance de nuestras manos. Esto nos ocurre a menudo aun cuando no lo divulguemos y algunos justifican el momento como un estado de ansiedad que nubla el raciocinio, otros por distracción y hay quienes se definen como desordenados que al mezclar objetos similares, confunden luego con las formas y colores lo que ayuda a su mimetización.

Para mí que soy menos práctico y mucho más soñador esto es mucho más fácil de explicar ya que es la inconfundible obra del pícaro Duende de las Cosas.

Aún cuando la mayoría de las personas no reconoce su existencia e incluso se burlan de quienes comentan estas experiencias, en cada casa hay uno. Es casi invisible y se mueve con agilidad y gracia. El pequeño bribón va cubriendo las cosas con un manto de olvido o las instala en lugar secreto, suspendidas bajo mesas y sillas, sobre roperos o en bolsillos de los sacos colgados en el. El pequeño duende es enigmático e inquieto y convive con un grupo de animalillos especiales, un gato, un ave y una pequeña nutria a los que no solo verás si  miras como observando un estereograma, es decir mirar al infinito fijar la vista en un objeto distante y sin desenfocar tratar de mirar hacia el piso, podrás tener la grata sorpresa en algunas ocasiones de ver pasar a alguno de ellos fugazmente y hasta podrías asegurar que fuiste suavemente tocado. En muchos hogares hay niños que juegan y hablan con ellos formando verdaderas amistades, como mi hermana que cuando niñita tenía dos amiguitas invisibles La Túnki y La Tinguitó.

Desde tiempos insondables los habitantes autóctonos del noreste argentino sumados a los criollos supersticiosos crearon leyendas macabras y absurdas sobre este tema, estas historias forma parte de la vida cotidiana de muchas regiones en las cuales participan un vasto número de elementos propios del hogar y de las personas.

Esta ciudad posee un gran número de lagunas de diferentes tamaños, eso hace que en algunos barrios periféricos la edificación sea caprichosa pues se ciñe el contorno de estos reservorios naturales.

En ese tugurio, en el patio de una humilde casa resguardada con muros de ladrillos y construida a la margen de uno de estos espejos de agua.

En ella una anciana caminaba con dificultad a causa de la artritis instalada en sus rodillas entorpecía su andar.

Vivía prácticamente sola pues el entorno familiar aunque numeroso estaba ausente a sus problemas de salud, pero todos trataban de aprovecharse de su nobleza innata. Sus hijos é hijas ganaron las calles desde corta edad y muchas veces recorrieron el camino del delito el cual en repetidas oportunidades los obligaba a regresar a ocultarse por breves periodos de la policía o de sus obligaciones familiares.

El frente del predio fue cambiando su aspecto a causa del peligro urbano. Abierto en el pasado, se podía ver el patio trasero desde el frente a trabes de un basto jardín. Hoy tiene un entramado de tablas y un techo de chapas que forma una galería cubierta asegurada por una puerta y un candado.

Pero en este su pequeño espacio siempre se extraviaron los broches utilizados para colgar la ropa recién lavada en los tendales instalados en el patio y ella en reiteradas oportunidades culpó a los vecinos de la vereda del frente aun cuando el vallado era inexpugnable.

Cuando le decían que era el pequeño duende  travieso que se los llevaba para jugar ella reía incrédula es que la vida había golpeado con crueldad su niñez obligándola a enfrentar la realidad cotidiana por lo que era reacia a aceptar explicaciones fantásticas.

Su casa era un lugar lúgubre, húmedo y taciturno, las paredes tenían rastros de viejas pintadas y en muchos lugares habían caído grandes trozos de revoque. En su habitación había pequeños rincones olvidados como su antiguo ropero que descansaba en la pared y estaba atiborrado de recuerdos, a la derecha de este el estante con muñecos y peluches, algunos grotescos y otros hermosos que le fueron regalado en el transcurso de su vida y sobre el respaldo de su cama la foto de su cumpleaños de quince resguardada en un dintel muy delicado.

La salud de doña Carmen fue delicada en los últimos meses y pasa largos momentos de reposo por dolores de sus piernas, esto hizo que disminuyera sus movimientos y también su alegría. La preocupación fue aún mayor por dificultarle cada vez más cumplir con su trabajo de lavandera que le da para vivir.

Esa mañana al levantarse se sintió infinitamente más vieja y cansada.

Antes de salir con la ropa mojada al patio recordó que no tenia mas broches para colgarla y expresó el deseo que algunos de los broches que se extraviaron en los últimos años pudieran aparecer para que así pudiera completar su tarea y sin encono regresó a su mullido sillón frente a la cocina.

Apenas transcurrido un breve momento oyó un rumor cristalino que provenía del patio y al llegar descubrió con gran asombro una infinidad de broches de todos los materiales, medidas y colores, dispersos en el suelo y sobre una silla una cajita antigua de madera adornada con oropel, con monedas viejas, broches para el cabello, juguetitos, y pequeñas cositas perdidas (algunas olvidadas) desde que fuera una niña.

La alegría por ser oída y correspondida fue tan inmensa que le devolvió la alegría y las esperanzas. Un brote de juventud anidó en su rostro cansado.

Hoy tiene magia en la sonrisa y renovados deseos de vivir.

Desde ese día doña Carmen tiene una huerta en el fondo del patio bajo los árboles donde cada tarde habla y ríe con su amiguito invisible.

Todos piensan que la mujer esta perdiendo la cordura, pero simplemente es que a recuperado la inocencia.- ——FIN.-

SUSY (fabula)

FABULA INFANTIL CONTRA LA DISCRIMINACIÓN
Los niños deben aprender que las facciones y los colores distintos a los propios en otras personas no los convierten en seres peligrosos y deben evitar las acciones evasivas arbitrariamente.
Este breve cuento lo escribí en 1987 para mi hija Patricia Beatriz cuando ella tenía cinco años.
Roberto Attias

100_6461

El verdor que rodea la charca tiene un esplendor mágico. Salpicado de hermosas flores amarillas y rojas dispersas y en ramilletes con tallos firmes circundados de esbeltas hojas donde se posan a descansar de sus oscilantes viajes los señores alguaciles con sus dos pares de alas rígidas y sus múltiples ojos traviesos. Allí a la sombra de las mismas hojas don Juan el viejo caracol blanco eleva sus antenas aprovechando la brisa primaveral.
En el agua y en la orilla la algarabía es total, doña Pepa la mariposa de alas de seda con múltiples y brillantes colores que reflejan la gracia de sus formas aletea suavemente, de tanto en tanto moja sus patitas en el agua fresca y luego se posa en alguna sonriente flor.
Desde siempre el sol envía su más simpático rayo de luz para que juegue con su cola dorada para que alumbre y deje por doquier un finísimo manto de calor.
Como cada amanecer en la llegada de esta primavera nadie faltaba al lugar citados por la alegría de vivir, la emoción especial de ver a los bebes de todos los animalitos jugando con sus mamas enternecía el predio. Todos eran amigos de antaño, la crisálida brillante cuelga lacia en una ramita y todos la observa de a ratos esperando el nacimiento de la nieta de doña Pepa. Los caracolitos casi transparentes pasan lentamente en el lecho lodoso y los pececitos multicolores dan saltitos rompiendo el espejo del agua allí en el recodo.
Cuando el aire se puebla de murmullos de aves, grillos y langostas, sale de atrás de un tronquito hueco que le sirve de morada a toda su familia,
Lily la pequeña é infinitamente suave ranita que luce con gran orgullo una pequeña colita prueba de su corta edad, da algunos saltitos y se sumerge placidamente.
Luego de sumergirse hasta el fondo saca los ojitos del agua y se queda flotando para observar el esplendor matinal. Pasado unos minutos da pequeños golpecitos con sus patitas para poder girar y ver en todas direcciones. Algo la alerta y fija su atención en un lugar pocos centímetros de la orilla sobre la fina arena, donde ve un bulto que la estremece de pavor. Los sonidos cesaron y todos giraron las cabezas para ver a al desconocida visitante que esta extendida en toda su dimensión y aunque no es grande impresiona su forma alargada y sus colores y pequeñas escamas brillantes que le cubren todo el cuerpo. La ranita al ver sus ojos profundos, la gran boca y esa lengua roja de dos puntas que movía sin pausa y que zigzaguearte rompió el cristal del agua en dirección a ella. La ranita mas sorprendida aun dio un fuerte envión y se alejo del lugar, llego a la orilla y no se detuvo, salto sobre las piedritas y continuo hasta el tallo de una cala donde se escondió presurosa. Cuando creyó que estaba a salvo del peligro espió entre la hierba y vio que aun la seguía. Nuevamente dio más saltos y piruetas llenas de energía para alejarse pero es en vano. Cansada de tanto huir y sin más lugares donde esconderse decidió enfrentar la situación apoyándose contra aun pequeña roca espero lo que para ella era un trágico final. A pocos centímetros de ella se detuvo la viborita, con vos muy fina y cálida dijo
– hola! Soy Susy. ¿Como te llamas?
A lo que la ranita con vos trémula respondió
– Lily.
Y al comprender que no había peligro le sonrió. Entonces la viborita le dijo
- Es muy divertido esto de jugar a las escondidas, ¿podríamos hacerlo otra vez?

—————————————-

SUSY (Cuento – Fabula infantil)  2010………….Bilbao (España)  Certamen Internacional –CERTAMEN INTERNACIONAL CONTRA LA DISCRIMINACIÓN EN CUENTOS PARA NIÑOS. – premio publicación Centro cultural “Txirula Kultur Taldea”

http://www.ellibrepensador.com/2010/05/15/resultado-del-certamen-internacional-de-cuentos-para-ninos-contra-la-discriminacion-2/

http://www.ellibrepensador.com/2010/09/24/destino-de-los-libros-del-premio-de-bilbao/



EL COLCHONERO (cuento)

Parque  “Paso a La Libertad”

Parque “Paso a La Libertad”


Me llamo Ramón, Tengo setenta y pico, bueno, hoy cumplo setenta y cuatro. Frente a la cama que ocupaba en la celda, había una mancha de humedad que tenia aspectos variados dependiendo de mi estado de ánimo y del ángulo en que se lo mire.

Antes de ayer desperté melancólico y parecía una nube oscura que huía de una tormenta sobre la pintura gris de la pared.

Estaba particularmente abstraído por los recuerdos los cuales me condujeron hasta los días en que vivía en un barrio humilde en la avenida Rodríguez Peña (al fondo), cerca de la barraca La Unión. En esa casita donde nací, allí pase mi niñez hasta que la muerte arrebato la vida de mi madre tras un largo sufrimiento. Siendo todavía muy joven quede al cuidado de don Juan Saravia, mi padre, fue huraño pero buen compañero, decía que el colchonero era un artista, de el adquirí los conocimientos de colchonería como él lo recibiera del suyo. Nuestro hogar tenía

un local al frente, al costado de este un pasillo angosto en cuyos márgenes estaban las plantas medicinales dejadas allí por mis abuelos. Por esta sucesión de ladrillos hábilmente colocados se podía acceder al escusado. Completaba la edificación una sala que usábamos de cocina-comedor, mas dos piezas de las cuales una fue nuestro dormitorio y la otra un deposito para la lana y la escardadora. Esta era una maquina manual que separaba la lana apelmazada dejándola más esponjosa, a la vez que se desprendía el polvo y la suciedad. Cada mañana nuestra labor desarmando un extremo del colchón, sacaba los bordes y los botones, el cotín se lavaba o se cambiaba y se rellenaba nuevamente con la lana cardada, y se lo cosía. Esto lo hicimos por muchos años hasta que don Juan murió de cáncer. Desde entonces estoy huérfano y solo, ya que soy hijo único y además soltero.

Cuando cumplí 45 años, entre mates, el trabajo y los programas de música de la radio pasaba las semanas en soledad. Meses después conocí a una bella mujer, que cada cuatro días venia a visitarme. Martha era muy coqueta pero poco refinada, siempre la atendía bien pues me alegraba con sus visitas y porque me sobraba el tiempo. Comenzaba la moda de los colchones sintéticos de goma- espuma que además eran económicos.

Pasado un corto tiempo comencé a celar de sus compañías ocasionales, pero a ella no le importaba pues no olvidaba sus objetivos y yo le servía para pasarla bien. En algunas oportunidades se quedaba a pernotar. Mi sentimiento de amor- odio fue creciendo hasta hacerse intolerable. Un día me ausente en busca de algunos insumos y a mi regreso la halle en mi lecho con otro hombre. En estado de ebriedad, la ira nublo mi entendimiento y corte el hilo de su vida y su pareja salvo la suya porque descubrió todo lo veloz que podía ser corriendo desnudo.

Luego me entregue a la comisaría. El juicio fue corto y brutal, la ciudad se quedo con mi casita y mis herramientas que nadie quería, fueron a parar a una empresa recicladora de chatarras.

Ayer hizo 29 años de aquel primer día en el cual fui encerrado en esa cárcel la que fue mi único hogar desde entonces. Con los años logre tener mi vida bien ordenada, los guardias y el sistema me convirtieron en un hombre obediente de los reglamentos y horarios.

Pero algo golpeo la reja de mi celda, era el dictamen que otorga libertad condicional a los mayores de setenta años y que había solicitado su aplicación en mi favor una Fundación de Derechos Humanos.

En ese momento pensé – Se supone que es una oportunidad para los viejos pero yo no la quiero! Estaba furioso con el sistema que no consideraba mis opciones y repetía en vos baja solo para mi, – Aquí estoy a salvo de la violencia urbana, de los problemas para conseguir alimentos y el dinero para pagar el alquiler, aquí estoy cómodo y seguro, acá esta mi casa y dentro de ella la única familia que conozco!, ¡Mañana tendré que marcharme!-

El pánico a la libertad fue demoledor, tenia la boca seca y tartamudeaba. Era media noche y no podía dormir, todos los pensamientos se mezclaban y giraban dentro de mí. Atónito con la mirada fija en el techo esperaba que aflore una idea salvadora. De pronto halle la solución, estando en libertad, esperare la noche y no faltara que una de esas mujeres que deambulan por las aceras me done su infeliz vida para poder volver a mi hogar, en pocas horas estaré nuevamente de regreso en mi cama, feliz y sin temores. Con ese nuevo pensamiento me dormí.

A llegar el día el guardia me condujo ante las autoridades del penal y después de las primeras horas de la tarde salí a la ciudad, al bullicio ensordecedor. No soportaba esos ruidos estridentes y el reflejo del sol en los vidrios de los autos herían mis pupilas acostumbradas a la penumbra. Con prontitud me dirigí a una plaza y me cobije en las sombras. Luego de un rato, ya repuesto, camine por las veredas tropezando con la gente presurosa. A poco andar llegué a una dirección que me dieran, es un albergue para indigentes, me habrían indicaran que debía registrarme y lo hice.

Transcurría el tiempo con lentitud, libre de compromisos me dirigí a un parque esperando la noche. La tarde era fresca, tenía un saco, un chaleco y un ponchillo de lana Merino con rayas sobre los hombros y en la manga un trozo de hierro aguzado.

Al llegar el ocaso invernal el lugar se despobló y quede solo entre los canteros sin flores. Caminaba bajo la luz amarillenta de las farolas que acompañan los pasillos de piedra que surcan el lugar.

En un recodo vi a la joven correa aterrada, -No tendría más de 20 años – Medite mientras observaba con curiosidad sus ropas desgarradas. En su afán de huir tropezaba, miraba hacia atrás y se levantaba con premura. Sin saberlo continuaba huyendo hacia mí. De pronto en la penumbra nuestras miradas se encontraron y suplicando mi auxilio me estrecho con desesperación.

-¡Esta es la oportunidad que esperaba para completar el plan!

Pensé, mientras apretaba con fuerza el mango del arma. Con movimientos veloces la cubrí con mi ponchillo aferrándola con fuerza y sin darle tregua la arrastre hasta un frondoso árbol. Seguidamente mire en derredor y no halle a nadie más, el silencio era absoluto, la quietud, perfecta. Sin dejar de sujetarla nos deslizamos apoyando nuestras espaldas en el tronco hasta sentarnos en la tierra húmeda. Descubrí el alba con los trinos de las aves, aun estoy despierto y alerta, empuñando con fiereza la chuza. Pude observar que el frió había cristalizado el rocío trasformando el paisaje en una escena irreal, todo estaba cubierto con ese manto blanquecino como si una copa de finos y perfectos diamantes se derramara sobre todos esos objetos inmóviles. Envolví el arma con mi pañuelo de cuello y la guardo en la cintura. A mi lado el cuerpo de la muchacha estaba cubierto con mi abrigo, tenía las manos y el rostro helado, estaba inmóvil. La aurora se arrastraba lentamente desde el fondo y venia pintando de luces toda la escena. Aspire profundamente y exhale una bocanada de vapor mientras sonreí complacido, me puse de pie, restriegue las manos y frote con vigor mis piernas entumecidas mientras taconeaba el suelo para entrar en calor. Ella debió oír mis movimientos y abrió los ojos con lentitud, la luz del amanecer que le bañaba el rostro la molestaba. Luego se desperezo lentamente con la visible incomodidad del que ha dormido acurrucado en un lecho de tierra. Allí a mis pies ya totalmente

despabilada me extiendo una mano para que la ayude a incorporarse, posteriormente sacudió su ropa tratando de hallarse lo más prolija posible y a percatarse que estaba desdeñada, se paso la palma de la mano sobre el pelo aplastándolo y aun con el rostro sucio y manchado con el maquillaje me miro con más atención y pregunto

–    ¿Usted es de por acá?

–    ¡Sí!

–    Es que usted parece haber salido de una estampa de otro tiempo, no solo por su forma de vestirse sino también por su impronta ante el peligro.

Ambos hicimos silencio y un momento después ella agrego con marcada curiosidad

–    ¿Vive cerca de aquí?.

–    No…No, he estado ausente por muchos años y ahora no tengo a nadie en esta ciudad ni a donde ir.

Debió verme como un naufrago a la deriva, se acomodo mi abrigo sobre los hombros, me tomo con mucha suavidad la mano cual si fuera mi nodriza y sentí que mitigaba mi tristeza

-     Vamos conmigo te llevare a mi casa, allí mis hijitos deben estar afligidos por mi larga ausencia.

Caminamos lentamente hacia el oeste lejos de mis pérfidos pensamientos de ayer.

Así nos alejamos de ese parque que no supe su nombre, pero que lo rebautice solo para mis futuras anécdotas como “Paso a La Libertad” ya que ese lugar representaba para mí algo magnifico más allá de la comprensión real de muchos hombres. De pronto la sirena de una patrulla policial se oyó a la distancia y me saco de mis cavilaciones, recordé la cárcel y pensé

No volveré!, ella estaba feliz de la seguridad que le brindó mi coraje.-FIN

—————————————————

2006 —– Buenos Aires (Argentina) Certamen Internacional — Antología — Editorial Nuevo Ser “XIV Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve”

2 cuentos:

TALISMÁN (Cuento)

TALISMÁN (cuento)

El río mecía suavemente los camalotes que cabalgaban las pequeñas olas alumbradas por el titilar de las estrellas. El monótono golpeteo de los remos y la respiración acompasada del pescador guiando con destreza la embarcación en pos de la costa y luchando contra la corriente que aunque invisible trata infructuosamente de arrastrarlo aguas abajo. Luego los remos se detienen abruptamente cuando la proa roza la playa dejando escapar un corto quejido de las maderas arañadas por la arena.
Manuel regresaba al campamento situado en lo alto donde no llegan las aguas en las crecientes. Fue allí donde su padre don Carlos construyo un refugio amplio y prolijo para albergar a su esposa y su pequeño hijo. El eligió este lugar porque era parte de un paisaje espléndido con grandes extensiones cubiertas por vegetación y bajo la cual la maleza como una alfombra llegaba hasta el agua. Por la mañana un coro de vida te despertaba donde predominaban las aves con sus trinos y el los días de cambio de tiempo los monos aulladores gritabas sobre las copas de los sauces y alisos, allí la vida se manifestaba a cada paso.
Un día apareció un gran cartel que declaraba a la franja costera como Zona Industrial. Pronto se edificaron fábricas, astilleros y frigoríficos con la idea que esto traería el progreso a la provincia y el esperado trabajo a las personas del lugar.
Ya no estaban solos los pescadores, el predio se pobló de camiones, cañerías y humo.
Pasaron los años y algunas de las industrias como la curtiembre “Oeste” cerraron y quedaron abandonadas las oficinas, los galpones y las cisternas donde trataban los desperdicios líquidos antes de arrojarlos al río, pero aun así en días ventosos se puede sentir el bao picante y nauseabundo que hace arder los ojos y la garganta.
Pero a Manuel solo le preocupa la falta de peces, era el oficio enseñado por su padre, al cual acompañaba en sus tareas hasta que enfermo de los pulmones, igual que su madre y ambos terminaron muertos, – Es el humo de las fábricas – dijeron los doctores.
El muchacho era joven pero con años de trabajo arduo que tiñera su mirada de incertidumbre y despobló sus pensamientos de sueños esperanzados, pues a pasado los últimos meses tratando de atrapar algunos peces con la red y no lo a logrado aun triplicando el esfuerzo. Cada día ha visto como las pequeñas boyas amarillas desaparecen rápidamente bajo el agua, arrastrados por los plomos. Manuel había estado sentado y quieto esperando el momento de levantar la red cuando llegara a la señal prefijada, solo se movía para dar un golpe de remo y corregir el rumbo mientras sus pensamientos lo arrastraban por los recuerdos de leyendas oídas, escudriñando en los comentarios hechos en días de reuniones, tratando de descubrir la palabra, el hecho mágico o el elemento preciso que le devolviera el don de atrapar esas presas escurridizas.
El nuevo amanecer lo encontró meditando, sentado en la costa viendo como su embarcación se sacudía con violencia a causa de la tormenta que había llegado al alba.
- Con esto se empeoro las cosas!- pensó y se dirigió a un grupo de pescadores que como el sufría del mismo problema; alguno recordaron a años anteriores cuando ocurría algo similar, colgaban sus herramientas y se empleaban en las empresas del lugar.
Pero el se negaba a apartarse del río, convencido que hallaría remedio a la situación. Después que el grupo se desmembró quedando solo en el arenal, con don Benigno habitante de la isla de enfrente, que entre relatos, chistes e historias fantásticas, contó al muchacho que su abuelo extraía de la cabeza del Dorado un huesillo conocido popularmente con el nombre de San Antonio, que extraído de acuerdo a un ritual ancestral, adquiría el poder de convertirse en el mas poderoso talismán para la pesca.
Esta idea encendió una hoguera en su mente, allí estaba lo que tanto busco, aquella era la solución definitiva y el comienzo de un futuro promisorio.
Luego de disimular la prisa se alejo con la promesa de volver.
Estando en su rancho farfullaba y revisaba el equipo que tenia para la pesca de costa, anzuelos, cambiadores, patejas, líneas y demás, luego acomodo todo en un zurrón y se dirigió a buscar carnadas con su tarraja a corta distancia de su hogar en un diminuto estero, mientras esperaba que aminore la tormenta.
Amaneció gris y aunque la calma no era total el peligro había pasado.
Al medio día después de remar toda la mañana río arriba, se detuvo en el extremo sur de la Isla Grande. Bajo todas sus cosas con premura y tiro seis líneas encarnadas con cascarudos. Seguidamente corto ramas, coloco sobre estas un trozo de carpa, junto leña y encendió una hoguera. Una hora después se sentó a esperar mientras fumaba un cigarro y bebía unos sorbos de caña en su precario campamento. Pasaron las horas y todos los peces que atrapaba los devolvía como dictaba el rito. Un tirón de una de sus líneas hizo replicar la campanilla de alerta, esto lo saco bruscamente del sopor, con movimientos apresurados atrapo la tanza con fuerza y comprobó que la presa estaba atrapada; allí se inicio una lucha que se extendió por varios minutos. En la desesperación de sentirse prisionero el animal dio un desesperado salto fuera del agua y Manuel pudo ver un resplandor de cobre y oro en sus escamas, un sentimiento de júbilo elevo su estima, mientras recogió al Dorado vencido en la batalla por la libertad. Manuel repetía las mismas palabras una y otra vez, primero como un susurro y luego se fue elevando hasta convertirse en un grito “la mitad del camino esta recorrido, tengo el animal que posee el hueso mágico, desde ahora el boleto de ida hacia la gran cosecha de peces”. Siguiendo estrictamente el ritual que le expresara el anciano, obtuvo el talismán y luego devoro con ansias la carne como lo dictara la leyenda.
Mientras comía pensaba sobre su sabor era delicioso como de los peces de la laguna interior de la isla, su textura es más suave, su color más agradable. Allí la pesca era magnifica, y se quedo por unos días a disfrutar de la naturaleza.
Todo estaba dispuesto para volver, tenia el talismán dentro de una bolsita atada a la canoa. Luego de varias horas diviso el paisaje cotidiano de las inmediaciones de su casa.
Primero divisó el caño del desagüe principal de las cloacas de la ciudad, mas allá esta el puerto de la industria química y entre este y el frigorífico la curtiembre.
Paso lentamente frente a estos caños color ocre que se sumergían en el agua. Algunos de ellos perforados por el oxido, se podía apreciar en su interior el fluir de una cantidad imprecisa de liquido fétido y oscuro que descendía hacia el río, en todo ese sector las hiervas estaban secas.
Todos los días veía lo mismo y no prestaba mayor atención a la acostumbrada desolación del paisaje, que se fue degradando con el pasar de los años y hacia mucho que las aves y los monos se habían retirado de la región, pero eso no lo preocupaba, solo los peces lo mantenían alerta.
Preparo todo para el amanecer, el día estaba calmo. Se dirigió al a señal de inicio y echo la red al agua.
Espero veinte minutos que duraba su red para recorrer ‘la cancha’ según la jerga pescadora llaman a una sección del lecho del río libre de trabas las que fueron retiradas precedentemente para tal fin. Las manos traspiradas y la boca seca como evidente señal de la ansiedad que le daba estar atento a la marca que fijaba el final de la labor que generalmente es alguna chimenea que sobresale en la ciudad.
Sonreía constantemente como saboreando de antemano el logro que se suscitaría pronto.
-Ha llegado el momento!-penso y se aferro con energía a la boya de la punta y comenzó a izar la maya y a depositarla desordenadamente en la tabla fija sobre las cuadernas de su canoa.
Una, dos, diez brazadas de hilos enmarañados y ningún pez! Pero se calmo un poco pensando que con todo los metros que aun faltaban en recoger alcanzaban para marcar el triunfo. Cuando hubo sacado más de la mitad la duda comenzó a corroerlo y de la tímida incertidumbre paso a la zozobra mas descarnada ya que antes de concluir su labor pudo comprender su total fracaso.
-En que he fallado?- se preguntaba entre lagrimas, mirando con tristeza el agua.
Pero lo que no podía comprender Manuel es que los peces que no habían muerto emigraron lejos de la contaminación como las aves y los monos, pues casi nunca prestaba atención del reclamo que se oía en la radio de los grupos ecológicos, y cuando lo hacia era para mofarse de los anuncios asegurando – Esa es otra manera de timar a la gente! Su descreimiento sumado a su desinformación lo convirtió en cómplice paradójicamente del problema que desbastaba su hábitat y su trabajo.
Lo que allí aprendió Manuel es que los peces no eran más escurridizos que antes y no necesitaba un talismán para atraparlos, porque no estaban allí, lo que necesita el lugar era un plan de protección ambiental.-

———————————————————————–

2006 —– Buenos Aires (Argentina)–Certamen Internacional — Antología –
Editorial Nuevo Ser ”NUEVA ANTOLOGIA DE HABLA HISPANA 2006″  ”XIV Certamen Internacional de Poesia y Narrativa Breve” —
2 cuentos breves: TALISMAN y EL COLCHONERO

————————————————————————-


CUCHILLO DE PALO (cuento)

Árbol Palo Borracho

El ultimo domingo de abril, en el potrero del otro lado de la chacra de los Benítez, aprovechando un día fresco y soleado se organizo un partido de fútbol, como premio, para hacerlo mas interesante el equipo ganador se llevaría un cordero y tres damajuanas de vino, compradas con el aporte de todos.
Para las dos de la tarde muchos de los presentes ya estaban alegres a causa del vino que pasaba de mano en mano.
Juan Saravia observaba los acontecimientos desde una sombra junto a su pequeño hijo Martín y a La Mabel (como el llamara a su joven mujer).
A causa de unas descortesías hechas a su familia, esa tarde dio una lección a golpes de puños al mayor de los hijos de López, muchacho de mala educación y peores costumbres, dueños de una ladrillería a unos cientos de metros de allí.
Este altercado no tubo mayores consecuencias, pero como el muchacho aborrecido por la mayoría, tubo que soportar la burla de los presentes, al alejarse junto al resto de la familia, entre insultos y frases entre dientes, juraron por lo bajo, que se cobrarían estos golpes entre todos en otra ocasión.
Juan, hombre fuerte e indómito de carácter sereno, vivía junto a los suyos en un ranchito formado por una pieza grande, un amplio alero y un galponcito, que el mismo había construido a orillas del Estero Chico, después de la inundación de 1966, y protegido por la sombra de un frondoso Espina Corona, árbol de buena madera, el conjunto formaba una estampa muy común en esa región.
Cuando moría la tarde en un ocaso rojo y ardiente cubriendo todo el paisaje con un tul carmesí, cansado, con la piel manchada de soles pero con la alegría dibujada en el rostro, volvía Juan por la angosta picada que conducía a su hogar, que con las paredes blanqueadas se recortaba imponente contra al monte, como marcando el comienzo y el final de todas las cosas, o al menos eso era lo que el pensaba, entre una nube de mosquitos y el humo de su cigarro, que como una pequeña estela, iba quedando a su paso en la calma total de la tarde.
Al llegar al hogar, después de cerrar la tranquera ya acompañado por sus perros, se quitaba el sombrero, y sentándose unos momentos a la sombra, a beber unos sorbos de agua fresca que extraía de un cántaro de barro que tenia bajo el alero, cerca de la puerta, sobre un pequeño mueble rustico; Frente a el se encontraba la batea, al verla sonrió y recordó la arduo labor que fue construirla, desde conseguir el árbol apropiado, un Palo Borracho, cortar sus raíces y sus ramas, arrastrarlo hasta el patio de su casa, primero dar un corte transversal, luego calar un hueco ancho y profundo a lo largo del tronco y al finalizar todos sus detalles, emplazarlo allí; todo esto llevo varios día solo con hacha, machete y pico, pero valió la pena, ya que cuando traía agua del estero con el único caballo y el trineo, tenia donde almacenarla para uso de su vivienda. Luego de esto se dirigía al encuentro de su hijo y repetir la rutina diaria mientras su mujer con el mate en una mano y la vieja pava de aluminio ennegrecida y abollada aquí y allá, en la otra, se acercaba para acompañarlos.
Desde que Martín (su pequeño hijo) advirtiera el cuchillo que llevara su padre atrás, en la cintura y bajo la camisa, no dejo de pedirle uno igual y como este amaba al niño y no quería verlo con la mirada triste, le tallo uno en madera dura y pesada, una replica casi exacta , cuidando en detalles como su peso, tamaño y forma, tanto que después de hacerle una vaina de suela como la suya, parecían cuchillos gemelos.
Luego de cenar, las horas transcurrían en el monótono juego, que a solicitud de su hijo consistía en batirse a duelos ambos con sus armas dentro de sus vainas, provocando las risas del niño y los reproches de la madre.
Ayer por la tarde el juego fue breve, el cielo como una crisálida mágica se abrió para dar lugar al fuerte viento del sur, que dejo escapar música de violines entre las ramas de los árboles, con presagio de aguacero, esta fuerza invisible penetro a su morada surcándola y apagando el candil lampiú único testigo de la reunión familiar, con pasos apresurados la familia reunió las cosas ante la poca luz de los refucilos y las coloco a tientas al lado de la cama de cada uno, se acostaron, y al poco tiempo todos se dormían con la vana esperanza de oír la lluvia.
Amaneció un día gris, el viento aun incesante y fresco. Juan como todas las mañanas después de tomar unos mates y preparar su bolso donde también llevaba su almuerzo, partió hacia el obraje donde trabajaba cortando leña.
Después de alejarse unos cientos de metros y en un recodo de la picada, se encontró con la presencia de los hijos de López que habían juntado coraje a fuerza de beber mucha ginebra y lo esperaban.
Juan no se asusto, pero para evitar la pelea, hablando, trato de rodear el lugar, pero los tres muchachos formando un semicírculo lo dejaron sin escapatoria.
Como la situación se tornaba realmente peligrosa para su vida, lentamente mientras dejaba sus pertenencias un el suelo, con la mano derecha levanto levemente el faldón de su camisa y tomo por el mango el cuchillo que llevaba en su cintura, en el mismo momento que su hijo allá en el rancho encontraba con gran asombro el cuchillo de su padre, tan parecido al suyo, entre sus juguetes.-…………………….. Fin.-

————————————————–

GOSARIO:

Batea de palo borracho:
Elemento rural casero muy usado en esta región, para muchas cosas, como bebederos para los animales, reservas de agua, inclusive para poner a fermentar frutos de algarroba para hacer aloja. Método similar de construcción se usa para realizar el cachibeo (canoa de Palo Borracho usada antiguamente por los aborígenes del litoral )

Candil Lampiú:
Palabra de origen guaraní, farol artesanal o casero. Elemento para alumbrarse. Pequeña botella con combustible (gasoil, kerosén) dotada de una mecha, y un trozo de alambre para colgarla. En cada región tiene un nombre distinto.

Cántaro para agua:
Vasija hecha de barro, sin manijas, de diez a doce litros de capacidad, de boca ancha, lo suficiente para introducir un jarro y extraer el líquido. Se cubre la boca con un plato de metal.

Espina Corona:
Arbol común en el noreste argentino, con notables púas ramificadas en su tronco, de madera muy útil, y frutos utilizados como espesante.

Vaina de suela:
Funda donde se introduce el cuchillo, para poder transportarlo, generalmente en la cintura, solo cubre la hoja de este.

Trineo:
Grupo de ramas atadas unas con otras, que sirven para transportar objetos y son tirados por caballos o bueyes. El guía va caminando a su lado.——————-

————————————————————–

Tercer Premio Cuento Breve

“Certamen Nacional de Cuento Breve Gastón Gori-2005″
SOCIEDAD ARGENTINA DE ESCRITIRES
SADE Filial Santa Fe – Argentina

ENTIERRO —(cuento)

vera del monte

En el paraje Amanecer de la provincia del Chaco, además de otras familias de pequeños agricultores, estaban establecidos desde su niñez, Rosendo Jiménez y su hermano Damián. Hombres de pocos recursos económicos, que pasaban el tiempo entre cosechas y obrajes, sobreviviendo entre penurias y hambrunas. Ambos atesoraban una idea fantástica, que los mantenía unidos y planificando el momento de poder ejecutarla, la cual mantenían en total secreto. En las reuniones de la zona, algunos pobladores se persignaban a la vez que comentaban, que a la orilla del monte quemado (un lugar especifico donde un tiempo atrás se incendiara una fracción de terreno) y en algunas noches de calma, se podían ver al pie de un frondoso árbol de larga vida, que desde la tierra, brotaban columnas de fuego de brillo inusual, trepando por al tronco hasta perderse en el follaje. Si te acercabas de día, el tronco no presentaba rastro alguno, porque ese era fuego del oro, que no quemaba. Estas llamas eran de una tonalidad verde y solo aparecía de noche. Esto marcaría el lugar exacto donde fue enterrado el botín, formado por alhajas de oro y brillantes, productos de unos robos cometidos por el temido delincuente David Segundo Peralta, alias Mate Cosido, que lo escondiera allí para poder recogerlo luego. Este renombrado mal viviente, además de robar tendiendo emboscadas en los caminos y en los trenes, ademas de a pagadores de grandes empresas acopiadoras de algodón y forestales, ganaderos y comerciantes, realizó varios secuestros. Se desplazaba vestido como los peones rurales de la zona, o como viajante de joyería en las ciudades, para no despertaba sospechas. Sus escondites favoritos fueron la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña, y Gancedo. Además contó con muchos colaboradores, algunos como Eusebio Zamacola, Francisco Malatesta, el Tata Miño, Marcelino Peralta y Cardocito. Pero sorpresivamente en 1939 se retiro del delito, perdiéndose todo rastro de su paradero. Solo se conocen especulaciones respecto de su destino y una de ella es que había sido acecinado en un paraje olvidado de la región. Desde entonces su alma rondaría custodiando el lugar. Pero si emprendían la búsqueda dos compañeros con coraje y justicia en sus corazones, podrían hallar el tesoro allí oculto y convertirse en hombres ricos. Pero de aparecer un pensamiento de codicia o de traición en alguno de ellos, todo se volvería cenizas y los buscadores hallarían la locura y posteriormente la muerte. Los hermanos acosados por las necesidades básicas de convivencia, se preparaban de acuerdo a los cánones preestablecidos. Fueron a misa, a confesarse y a comulgar, junto a las protecciones místicas y religiosas. Juntaron los elementos para realizar la perforación, como palas, pico y hacha. Cuando tenían todo listo para la tarea, después del ocaso, se dirigieron por la senda que conduce entre la vegetación, hacia la orilla opuesta del monte. Al llegar realizaron los preparativos pertinentes. Preparar una fogata que ayudaba a ver mejor, mientras rezaban con evidente temor. Con la pala y el pico cavaron alrededor del árbol señalado. Tropezaban con las raíces, hasta que hallaron el lugar que estaría libre de obstáculos, pues fue allí donde escondieran los valores. Después de unos momentos de arduo trabajo, allí estaba un lugar con la tierra sorprendentemente blanda y fácil de retirar, tanto que parecía estar recientemente removida. Los dos al mirarse y pensaron que era una señal positiva del finado que custodiaba el lugar, presurosos iniciaron la excavación. Al encontrar una baúl de madera de aspecto antiguo no muy grande, ahogaron un grito de asombro. Retiraron toda la tierra posible que cubría la tapa. El mayor, sujeto con fuerza el mango del pico y dio repetidos golpes, hasta hacer saltar trozos de astillas en todas direcciones y siguió azotando con fuerza colosal, hasta enterrar varias veces la herramienta en el interior de la caja. Seguidamente, ambos se abalanzaron torpemente a la boca del hoyo, en la tierra húmeda. Allí hundieron sus manos con mucha prisa en el interior de la caja, buscando el tesoro tantas veces añorado. En el accionar se empaparon las manos y los brazos revolviendo afanosamente el contenido que allí los esperaba. Hallaron trozos de vidrios junto a un elemento líquido y viscoso. Rosendo reconoció el hedor con pánico y con la respiración dificultosa, levanto la vista; pudo adivinar más que ver la chacra de Nicasio Gómez, que lindaba con este lugar. Con gran dificultad se dirigió hacia allí, pero cayeron unos metros más adelante y antes de perder la conciencia recordó cuando esa familia se instalo en esos terrenos. Todos juntos fueron destroncando y desmalezando el lugar, ya que en esa época era monte cerrado; esa fue una gran tarea para todos ellos, arrastrando los troncos a la orilla del predio. Las ramas que no se convertían en cerco, se vendían en el pueblo como leña. Además para mantener al grupo, junto a los productos de la caza, practicada en las inmediaciones. Llegaron en el año 1957, cuando gobernaba la provincia don Pedro Avalia. Traían consigo herramientas de labranzas, bueyes, caballos, chapas para el rancho y todas sus pertenencias en dos volantas. A llegar levantaron una casa grande de palos a pique y embarrada con cuidadas terminaciones, que además de ser un lugar seguro, poseía un alero, esto la hacía muy confortable. Desde su única ventana al norte, se podía observar una hermosa vista del sinuoso riacho. Este aunque no era muy profundo, abastecía de toda el agua que ellos necesitaban. Parado en su orilla, se podía divisar su lecho fangoso y sus peces a través de sus aguas cristalinas. Para agosto el aroma de la tierra prometedora invadía el aire tras el paso del arado y el revolotear de las aves sobre los surcos abiertos. Después de la siembra y cuando comenzaron las plagas a consumir sus esfuerzos, fumigaba con una mochila la plantación, y guardaba cuidadosamente los envases cargados y vacíos del letal veneno en una casillita retirada unos cien metros de la casa y construida para tal fin. La semana pasada una fuerte tormenta destruyo el techo de este lugar. Como ya no era segura para custodiar el peligro que encerraba, y como amenazaba otra tormenta, don Gómez tomo el viejo baúl que había pertenecido a su madre, el cual guardaba celosamente y lo relleno con los envases de estos productos y lo enterró a orillas del monte quemado, al pie del añejo Sauce para que nadie estuviese en peligro.-………….FIN.-

———————————————— 2009 ——– Buenos Aires (Argentina)—Seleccionado para la 10ma. Edición de su Antología Anual Especial, al cumplirse 14 años de «Latinoamérica Escribe» -Raíz Alternativa Ediciones-

UN GOBERNADOR PARA DON ALFREDO (cuento)

barrio de don Alfredo

Cuatro Cruces, era un pueblo monótono y deslucido, se extendía lánguido en ambas márgenes de las vías férreas.
El tren es su epicentro económico y principal transporte, desde el comienzo marco las costumbres, los horarios y dispuso la ubicación del villorrio, ya que la principal fuente de ingresos es la explotación forestal la cual se comercializa o se transporta a trabes de este.
Al salir de la estación y luego de cruzar por el molinete que hace de portacito giratorio y separa el predio de ferrocarril con el del espacio público a trabes de un pasillo de durmientes viejos muy útil en días de lluvias que comunica con la plazoleta “Sarmiento”. Desde allí se puede divisar el mástil del destacamento con sus paredes siempre blancas y al frente una gran planta de paraíso, viejo y frondoso, bajo la cual era atado el montado del sargento. A la derecha de los galpones y una cuadra mas al fondo esta la oficina del Registro Civil y la Sala de Primeros Auxilios, cruzando la calle la Estafeta Postal y la Capilla. Mas allá el edificio mal pintado de la Municipalidad, la Escuela y el consultorio del doctor Gómez. Del otro lado de las vías un sinnúmero de casas y algunas despensas, al los márgenes del ejido cerca del barranco, el Cementerio.
Todo el conjunto era un lugar sucio y desordenado. Las calles de tierra llenas de huellas profundas que la hacían casi intransitables, las cunetas llenas de malezas y charcos de agua estancada que desprendían un vaho nauseabundo, dando un aspecto detestable y ruin.
A muy pocas personas le importancia al aspecto del pueblo.
Los últimos pobladores que se habían instalado allí son don Alberto y su familia.
El es delgado y alto de unos 50 años, nacido lejos de allí en un paraje cerca de Salada en la provincia de Corrientes. El y su esposa educaron a sus hijos como los educaron a ellos, con el mismo estricto respeto y costumbres en las relaciones cotidianas.
Todos los habitantes lo conocían como un hombre lacónico, respetuoso y ajeno a las bromas, siempre de vestir sobrio y de estampa recia.

A su arribo abrieron bar bien surtido y mejor atendido. Siempre habían despertado un cierto misterio sus procedencias. Quizás por sus costumbres austeras o por esas personas acaudaladas que recibía a menudo en su hogar. Algunos comentaban que era un político retirado, otros que había sido juez, y así los más variados comentarios iban y venían.
En el ocaso de cada jornada, estando cómodamente sentado en su reposera bajo la morera y mientras tomaba unos mates imaginaba los cambios que podría realizar a favor del aspecto del lugar si a su cargo tuviese el municipio.
Desde los primeros días del mes de abril las señoras mas devotas y allegadas a la capilla ayudaban al padre Mateo a preparar la fiesta y procesión a Santa Catalina, y don Alfredo pensaba, más que un agasajo en honor a la virgen seria una ofensa pasearla por esas calles sucias y con las veredas descuidadas.
El martes, en horas de la noche parado tras el mostrador y dirigiéndose a su hijo mayor pero levantando levemente la voz para hacerse escuchar ya que el muchacho estaba en el otro extremo del salón donde los presentes que bebían en grupos o apoyados cansadamente sobre las mesas, dijo con voz firme
-Juan, el lunes ira a la capital a llevar unos papeles a la casa de su padrino el diputado Jiménez y a la vuelta aprovechando el viaje traerá mercaderías, carne y un gobernador así el regreso coincidirá con los festejos patronales- Su hijo con toda naturalidad contesto afirmativamente, y sin más comentarios continuaron con sus labores habituales. De pronto el silencio aplasto hasta la última conversación, luego de un largo minuto de mirarse unos a otro el murmullo fue creciendo hasta lo intolerable.
Al otro día como por arte de magia, todos colaboraban blanqueando los troncos de los árboles, podando o arreglaban los jardines o juntando basuras, nadie comentaba el repentino deseo de limpieza y orden pero todos trabajaban alegremente.
Los días pasaron y los preparativos religiosos llegaban a su punto culminante, el pasto estaba cortado dentro del ejido municipal, los edificios públicos pintados y las veredas aseadas.
Hoy es el día de la procesión, una multitud sale de la iglesia y con pasos apresurados se dirige hacia la Estación a la espera del tren de las once.
Todo están parados en el andén, al frente el señor intendente con su traje gris impecable, acompañado de su joven esposa que es maestra y del Sargento jefe del destacamento, a la izquierda don Juan Alberto el Juez de Paz y el Padre Mateo. A su lado el doctor, el farmacéutico y el director de la escuela junto a un grupo de alumnos con sus guardapolvos blancos que portaban la bandera de ceremonia y junto a estos un nutrido grupo de prósperos comerciantes, y de vecinos curiosos.
De lejos se oye el silbato y solo falta la última curva para entrar en la recta final. En el alero de la estación la brisa hace danzar las cintas y las guirnaldas.
Paso un largo instante y nuevamente se oye el silbato, los hombres ansiosos se ajustan aun mas las corbatas y las damas se arreglaban el cabello.
El tren está muy cerca y el maquinista puede ver a la multitud expectante inclusive oír el coro de la iglesia. La maquina recorre los últimos metros pesadamente dejando escapar bocanadas de vapor y al fin se detiene.
Todos se agolpan para ver a los pasajeros.
Se abre la puerta y baja Juan con la sorpresa dibujada en su rostro, traía como habría de esperarse grandes paquetes y se dirige el encuentro de su padre que lo espera sonriente entre la multitud. En ese instante don Alfredo
Le dice
– Hijo, la próxima vez que vayas de compras a la ciudad y como de costumbre traigas una cabeza de cerdo, ya no la llamaremos el gobernador a esta como le decía su abuelo a esa parte del cuerpo del animal, no sea que alguien se confunda.-FIN

—————————————————-

Un Gobernador Para Don Alfredo —2010 —– Córdoba (Argentina)—Certamen Nacional– Antología- -DNA EDICIONES

EL BICHERO DE TACUARALES (cuento)

Pueblo de Tacurales (Maripa)El ave extendió sus alas y se dejo llevar por la suave brisa, como si fuera una cruz negra florando en la inmensidad de la nada, recortándose contra el cielo azul e iluminado.

El hombre como un minúsculo error del bosque, parado en el claro presto para romper la magia de la naturaleza, con su fusil apuntando hacia lo alto.

El cuervo avisto su presencia y dio un aleteo buscando más altura. Aun cuando no era presa de los cazadores el alejarse le daba un margen de seguridad.

La quietud de la mañana se astillo con el disparo al instante que el ave se sacudió salvajemente y perdió la gracia de sus formas, precipitándose hacia la tierra como un ovillo dejando una estela de plumas rotas dispersas en el aire las cuales eran arrastradas con suavidad por la brisa.

Las botas de cuero embarradas se pararon junto al despojo hundido entre los pastos con una pose grotesca y fatal.

Con el rostro inexpresivo y sin obsequiarle una segunda mirada mientras revisaba la carga de su arma se interno en la espesura.

El invierno se torna más lúgubre y la tristeza es un eco que se refleja en la floresta, el frío deja un lamento gris que se apretuja entre las ramas y en los nidos de los boyeros que sacudidos por los céfiros marcan el compás como antiguos péndulos de un reloj invisible.

El campamento enclavado en medio del bosque, junto a una sinuosa corriente de agua, es un lugar sucio y desordenado.

Al albergue estaba rodeado de huesos de de todas clases de animales, algunos aun conservaban pequeños trozos de carne que se corrompían a la intemperie. Al parecer el único habitante de este hediondo lugar había perdido el deseo por la higiene y el respeto por la vida.

Desde que se había ido el último hachero de aquel obraje el se libero de todos los valores básicos y no se rasuro más, ni se cambio de ropa.

Desde aquel día reposa vestido y desde el alba, muñido del arma recorre su coto de caza. El lugar abarca todo el terreno que pueda transitar pues halla muy poco en las cercanías.

Es sabido que los obrajes arrasaron con los árboles y con todos los animales que les sirvieron de alimento y de provecho en la venta de sus cueros.

Ese páramo era todo lo que quedaba de ese trozo de terreno virgen que otrora fuera el bosque nativo.

Todo el día se dedicaba a revisar las trampas y a buscar todo tipo de ser vivo, que camine, vuele o se arrastre; solo el hombre en su pétrea soledad vigila el lugar deshabitado, pues no halla huellas, ni el canto de las aves, ni el grito de los monos aulladores al atardecer. Cada día es una replica de anterior.

En las noches sus sueños lo arrastran hasta la presencia de sus padres y oía nuevamente las historias de los antiguos moradores y de las ancestrales enseñanzas sobre el respeto por la fauna.

Resonaba la voz de su padre cuando le enseñaba siendo niño

- Natalio, hijo, debes aprender que matar cuervos te traerán mala suerte. Igual que todo lo que destruyas sin provecho.

- ¡Cuénteme más señor!

- No abuses de matar ningún animal, porque de lo contrario la naturaleza te enviara al guardián de todo ellos que te castigara.

- Y ¿como lo reconoceré? ¿Es un hombre?

- ¡No, Es un animal! El único totalmente blanco, irreal y mágico.

Hoy al levantarse camino unos kilómetros mientras mascaba un trozo de tabaco negro, eufórico pues iba en busca del dueño de las huellas de pesuñas que hallo cercas de su ranchada; la marca y la profundidad de las huellas en la tierra indicaba que pertenecían a un animal formidable.

Estas marcas lo condujeron hasta la boca del gran pozo que se hiciera en lo más alejado de la selva, allí como las fauces desdentadas de un monstruo profundo y milenario lo aguardaba para tragárselo.

Tras el hoyo estaba un ejemplar de ciervo con sus astas hermosas y sus ojos brillantes. Era de mayor tamaño que aquellos que conoció pero infinitamente blanco, desde las orejas hasta el rabo no tenia ninguna mancha.

Con movimientos cautelosos para evitar que el animal se espantara, llevo hasta su hombro el viejo Winchester 44.40 apunto con prolijidad y disparo un pesado proyectil, en un tiro que el determino de antemano como muy fácil, a solo veinte metros.

La bala no dio en el blanco y se oyó astillarse una rama en la espesura. No pudo creer que errara a esa distancia irrisorio y nuevamente accionó la palanca que activo el cerrojo luego del martillo partió otro disparo se perdió entre los árboles. Con cada tiro el animar parecía agrandarse desmesuradamente.

Atónito en el total y más absoluto silencio oyó una voz de advertencia:

- ¡Detente y regresa! o tu castigo será permanecer eternamente extraviado en lo profundo de la tierra!

Esto hizo reír a Natalio que se encamino hacia el animal, mientras accionaba el fusil para disparar nuevamente, grito:

-¡ Deja esas tonterías para los viejos temeroso de las leyendas!

Allí corrió sin ver el sendero ciego de coraje y de soberbia hacia la muerte pero pocos metros antes de llegar tropezó con una raíz y cayo de bruces sobre la tierra húmeda; con la sorpresa se le había escapado el arma de sus manos, la cual cayo a lo profundo de la grita la que se cerro con lentitud ante la sorpresa del cazador.

Allí quedo sentado al pie de un frondoso árbol por un lago rato. Remembro los años de familia y camaradería los cuales perecían ser solo historias contadas por otros.

Antes del mediodía se dirigió a la salida del bosque en dirección al pueblo distante unas tres leguas.

Abandonó todo sin mirar atrás; un brillo de temor anido en sus ojos y un tic nervioso sacudía los labios de ese hombre con una cadencia aterradora.

Allí partió su memoria y luego de mucho deambular llego hasta ese pequeño pueblo ‘Tacuarales’, en el que permaneció hasta su muerte sin recordar nada de lo vivido. Hizo su rancho con ramas al pie de un frondoso algarrobo cerca del cementerio y vivió de la caridad.

Todos lo conocieron por el apelativo ‘el bichero o el cuidador de bichos’ es desde que se aquerencio allí todos los días junta y protege a todos los animales heridos o desamparados de las inmediaciones.

Pero por las noches al conciliar el sueño, volvía a la pesadilla de estar atrapado en lo profundo del socavón persiguiendo un resplandor lejano, entre la tierra pegajosa y las enmarañadas raíces, en el paramo más profundo del bosque.

Cada nuevo amanecer y luego de haber olvidado el suplicio nocturno, retornaba a la mendicidad con su lenta parsimonia. FIN

EL AVIADOR DE LOS HUESOS (cuento)

100_0128--1

Es el año 1943.
Argentina es país neutral pero con una acentuada simpatía hacia Alemania.

Quienes no vivan en esta época, no podrán tener una idea acertada de la división social que provoca en este país la guerra en Europa. Principalmente en la ciudad de Buenos Aires, cualquier momento y lugar es bueno para iniciar unas discusiones sobre el problema bélico justificando los motivos y las acciones de uno u otro bando.

A estos debates no escapan lugares de trabajo o cafés, inclusive reuniones familiares, con algunos tristes desenlaces de los rompimientos de noviazgos y antiguas amistades. No olvidemos que nuestro país esta formado por inmigrantes europeos en su mayoría.

Nosotros permanecemos el mayor tiempo en el territorio nacional del Chaco y aunque los problemas son compartidos con el resto de la nación, tenemos los propios. En esta región predominan las labores rurales y forestales, a razón de esto no contamos con tiempo extra para riñas o quizás no favorezcan los pleitos, la distribución geográfica de los grupos de inmigrantes.

Soy piloto civil, mi compañero y socio Máximo es un magnifico mecánico aeronáutico. Entre ambos poseemos una pequeña compañía de fumigaciones aéreas. Nuestra empresa tiene dos aviones, el primero que adquirimos fue un biplano, el SE5a de La Royal Air Force que era rezago de guerra y fue ingresada al país a partir de 1919. Esta versión del dos asiento fue fabricada para el entrenamiento y trae los controles duales; Es de pequeño porte con un motor y el tanque de la gasolina montado en el ala.

Todos estos tipos de aeronaves pueden operar en terrenos planos y comunes de tierra o pasto con una extensión de 300 a 400 metros, pues tienen ruedas grandes y tren de aterrizaje robusto lo que favorece su manipulación, pues los pocos aeródromos que hay tienen pista de tierra. A esta la llamamos el ‘Cazador de Nubes’ y la conseguimos a bajo precio en un aeroclub de Córdoba, a la cual mi mecánico lo puso en el aire con mucho esfuerzo y pocos recursos económicos, además con gran habilidad adoso bajo el fuselaje el equipo necesario para la fumigación. Todas estas aeronaves se emplearon hasta 1930, pues las nuevas reglamentaciones impidieron su uso y se dieron de baja, aunque en forma extraoficial hubo algunas en vuelo hasta 1936, pero nosotros aun la utilizamos en tareas rurales.

La nueva adquisición es un Fairchild 24, monoplano de cuatro plazas, que también lo usamos como taxi aéreo. Se pueden abrir las ventanillas de forma manual é individual para que el aire le de en la cara al pasajero, posee un motor radial Warner de 145 HP.

La fumigación aérea estaba comenzando en esta región desde que en 1940 el Ministerio de Agricultura dio el primer paso con resultados eficaces contra la oruga de algodón. Nosotros somos contratados por algunos agricultores que tienen muchas hectáreas plantadas y con sus herramientas no cubren todas sus necesidades.

Nuestro equipo en tierra esta formado por un camioncito con caja cubierta que hace las veces de taller y dormitorio rodante, el que llevamos a los lugares donde usamos de cabecera de la labor a realizar, pero cuando nos permite la distancia nos hospedamos en los pueblos. Somos alegres y sociales, en el lugar al que vamos hacemos amistades y los fines de semanas concurrimos a los bailes y festejos populares.

Periódicamente visitamos unos parientes italianos que tiene mi compañero en General Pinedo, donde nos recibían con tanta amabilidad que nos cuesta despedirnos.

La mayoría de nuestras amistades son peones ocasionales que se trasladan por todo el territorio realizando un sinnúmero de labores y en su mayoría son correntinos, santiagueños y aborígenes. Ellos conocen todos los juegos que realizan los hombres de campo para entretenerse, como el pato, el sapo, el truco y otros con cartas. Uno saco un hueso de vaca de una bolsa y me dice que es una taba, con la cual se juega para ganar dinero y divertirse pero mirando ese minúsculo elemento lo pongo en duda silenciosamente.

Nicanor me ve la cara de descreído y como es conocedor del tema y además de ser el mayor es el mas instruido y nos explica mientras se ayuda haciendo marcas en el suelo con una vara. – La taba es un juego de azar. Para evitar su deterioro por el constante uso y para equilibrarlo, se la ‘calza’ mediante la aplicación de 2 planchas de metálicas.- bueno, pero como se juega?- En un terreno despejado de unos 6 metros , se lo divide con dos rayas, que delimitan el espacio que debe recorrer la taba antes de tocar tierra en un lugar removido y mojado a fin que se forme un barrito para que al caer el hueso no ruede. – cuantos son los tiradores? – Se juega entre 2 personas. Aunque son muchos los que apuestan de afuera. Nos acomodamos mejor para seguir oyendo las explicaciones que se tornaban. – Seguramente debe tener más reglamentaciones.- Si, pero veras que no son muy complicadas. Luego comenzará la ceremonia de hacer rotar en el aire la taba sobre la palma de la mano como sopesándola hasta que la asegura con el dedo pulgar sobre la palma. Tuve la taba en mi mano é imaginaba el juego mientras oía sin interrumpir el relato. – Con el talón del hueso hacia delante, que es la parte más pesada, se balancea el brazo y la arroja haciéndola girar una vuelta y media o dos para caer en la cancha contraria, facilita que al caer en la cancha contraria, se clave y no ruede.- Existe un método común en los buenos tiradores?- Si. Miden la distancia y la arrojan haciéndolas girar hacia atrás ,es el tiro roldada, si al ‘clavarse’ quedaba hacia arriba la ‘suerte’ gana el tirador, pero si la taba cae mostrando ‘culo’ gana e contrario. También puede suceder que la taba ruede y quede con la panza o el ombligo hacia arriba, entonces pierde su turno y tira el otro. Apasionado por mi interés, no interrumpía sus explicaciones que a cada momento se tornaban mas especiales y a la vez que me informaba, me confundía un poco con todos esos datos. Y concluyo – -En el lanzamiento se mezclan por igual el azar y la baquía del tirador, la misteriosa sensibilidad para tantear el peso y los casi imperceptibles desequilibrios para discernir la distancia a recorrer y para clavar limpiamente el hueso en la tierra. Créeme que es todo un arte, sus movimientos para lanzarla es una especie de danza estéticamente. Para quienes juegan constituye un entretenimiento, pero como todos los juegos a veces los jugadores se pueden apasionar y llevar las discusiones a límites no deseados. – has visto muchos juegos por aquí? Porque yo es la primera vez que oigo del tema.- Si, pero a escondidas porque esta prohibido. Es que esas reuniones dejan como saldo a varios heridos o muertos. Quede realmente impresionado con la completísima explicación de este muy hábil y elocuente conocedor del tema. Era martes y había llovido. Pero antes de retirarnos nos extendieron la invitación – Verán amigos, si el clima propicia habrá una importante celebración en un paraje cerca de El Zapallar para el 30 de abril día de Santa Catalina con domas y jineteadas. – Así que será un verdadera fiesta?- Allí es muy probable que se arme una tabeada después del almuerzo y antes del baile.- Linda oportunidad para ver más de cerca todo lo que me has explicado. Nos separamos con la promesa se encontrarnos allí y regresamos el campamento. Paso un mes sin penas ni glorias. Tengo en mis manos una revista de Buenos Aires donde ofrece lugares de recreación como cines, conciertos y exposiciones de arte. Mientras intercambiábamos opiniones de los temas, decidimos ir a Resistencia para recrearnos un poco. Ya en la ciudad nos instalamos cerca del aeroclub y fuimos al cine a ver dos películas; La primera era Argentina se llama ‘ La Guerra Gaucha ’ de Lucas Demare, la critica del diario La Nación decía:- ‘…responde como elevada expresión de nuestra cinematografía a la trascendencia de las luchas que evoca la belleza del libro admirable en que se inspiro’.Y completaba con la película norteamericana ‘El Ciudadano’ de Olson Wells y Gregg Tolano, la misma crítica dijo – ‘…pocas veces se a dado desde el comienzo del cine sonoro una lección cinematográfica tan aguda el lenguaje y tan grávida en la expresión’.Después de una semana de paseos de visitar a nuestros a conocidos volvimos A Charata donde teníamos nuestra casa y depósito para las épocas de inactividad. Hoy es el día de la fiesta, nos vestimos presurosos con la mayor elegancia, pues somos respetuosos de las costumbres cristianas, al ser criados con rigurosidad católica apostólica romana y la consecuente devoción hacia los santos. Nos trasladamos hasta allí en el biplano. Aterrizamos en una calle lateral cerca del portón que conduce a los corrales. Ya de pie en le patio, nos dirigimos al encuentro del dueño de casa para saludarlo. Don Sánchez, que realiza una reunión cada año donde acuden de toda la región. Luego presentamos nuestro respeto a la Santa que estaba en un altar lleno de adornos y velas en una capilla hecha en el patio. El promesero agasajaba a los presentes con un sabroso asado a la estaca acompañado con batata o mandioca hervida y servía a cada uno de los comensales un vaso de vino. Como es de comprender que esa sola cantidad no le satisfacerla a nadie había una cantina que despachaba a muy bajo precio lo que mantenía a todos relajados y alegres en medio de la algarabía. La música llegaba desde la galería cubierta, donde en un improvisado palco en el cual un conjunto correntino tocaba melodías popular del agrado de todos. Nos pusimos a la sombra de un lapacho a ver la llegada tumultuosa de la gente del pago mientras esperábamos a nuestros amigos. Los pobladores arribaban algunos en automóviles y otros montados en sus briosos corceles con arneses plateados con ribetes en oro, sus largos facones de vainas de alpaca labradas cruzados al cinto, rastras llenas de brillantes monedas, sobreros de paños, pañuelos de cuellos multicolores, bombachas blancas o batarazas de sesenta tablas y vistosas nazarenas. Estas presencias señoriales colmaron el lugar acompañados por sus mujeres sobre las ancas de sus briosos montados dando brillo a la reunión con sus bellos atuendos. A las tres de la tarde se juntaron bajo unos algarrobos distantes de la casa y prepararon el lugar para ‘tirar el hueso’. Entre todos ellos se distinguía un varón de fina estampa y buena ropa que además lucía pañuelo al cuello de seda blanca y una boina negra. Este hombre de unos treinta y cinco años de presencia distinguida estaba parado entre las líneas en medio de la cancha y al vez que hacia de juez devolvía las tabas a los tiradores ocasionales. Nicanor que había arribado hacia unos momentos y se refiere al sujeto como el aviador. – Todos lo conocemos pues siempre esta presente en las jugadas, es serio y responsable. De pronto tuve un sentimiento de admiración y regocijo, allí en ese lugar alejado de los centros urbanos halle un colega que sabia vestirse mejor que yo. Por un momento me olvide de el y mi atención se dirigió a otro lugar donde se inicio una feroz discusión y observaba todo desde un lugar neutral mientras trataba de hallar a mi compañero. Recorrí con la mirada y me detuve en el centro de la discordia, al verlo discutir acaloradamente y aunque no podía oír lo que decía se que estaba muy alterado, por la manera que movía sus brazos. A su lado un muchacho escuálido extrajo de entre sus ropas un gran revolver y apunto a mi amigo sin que el se percatara del peligro. Al verlo corrí hacia ellos gritando su nombre pero en medio del desorden no me oyó. Unos metros antes de llegar oí el estampido y Máximo herido de muerte cayo hacia atrás con un agujero en el pecho y una mueca de sorpresa. Luego sin mediar palabra el asesino giro hacia mi y volvió a tirar del gatillo; la pesada bala me dio de lleno en el estomago y me doblo a la mitad haciéndome caer de rodillas. Todo pareció silenciarse por unos instantes, la escena pareció congelarse por un brevísimo instantes pero luego vi que corrían despavoridos en todas direcciones. El aviador llego con prontitud y me ayudo a incorporarme. Con gran esfuerzo llegamos al aeroplano donde me senté en el lugar del acompañante y le pedí que encendiera el motor y el lo piloteara para llevarme al doctor. Pero se negó, me dijo que desconocía su manejo y que nunca había viajado ni de pasajero. Para ese momento yo había perdido mucha sangre y sentía frió. Ante la impotencia le pregunte porque se negaba a realizar su labor y el me sorprendió al decirme que lo hizo con acostumbrada responsabilidad en el juego, ya que el es un ‘aviador de tabas’, el que hace de juez y devuelve el hueso al jugador. Que ironía, por un momento comprendo que estoy condenado a morir allí y comienzo a rezar en voz baja. Me desvanezco y vuelvo a la conciencia en varias oportunidades lo que me hace perder la noción del tiempo. En mi agonía veo posada una palomita en el fuselaje y cuando extiende sus alas, el reflejo del sol le da un brillo especial a sus plumas como el que brinda la luz polarizada. Los sonidos se alejan suavemente, solo oigo mi respiración entrecortada. Desapareció el dolor. Todo es quietud.-………….FIN.-

——————————————————

2008 —– Cordoba (Argentina)-Certamen Nacional– Antologia –
“Camino Literario 2008” – Centro Escritores/as Nacionales -
CEN EDICIONES-

Cuento 05 – EL MILAGRERO (cuento)


100_1844

Hoy a dejado de llover, hace seis días la llegada de esta esperanzada humedad fue una bendición para los sembrados.  Hoy con tanta agua caída sin interrupción se esta convirtiendo en una emergencia rural, todo es un lodazal resbaladizo que dificulta todas las tareas, lo que empeora la miseria. El sol asomo brillante. Aunque es una mañana fresca, todos salieron de sus casas con la alegría pintada en sus rostros. Daniel y yo llegamos a la quinta “Los Arroyos” de don Ponce, y después de la visita, al salir, nos apoyamos en el portón y recordamos a Esteban. Desde aquí se puede divisar los terrenos bajos que se extienden por varios kilómetros a la derecha de las vías del ferrocarril. Avanzando por un camino vecinal, se cruza el puente del desaguadero del frigorífico, (cerrado hace años) para encontrarse a los quinientos metros con el predio de la empresa recolectora de residuos domiciliarios, que tira y cada dos días y quema los desechos recogidos en la ciudad. El lugar es inmenso, no menos de cien camiones son descargados durante las 24 horas. Allí, hombres, mujeres y niños, revuelven la basura con un trozo de hierro en forma de gancho, buscando comida y elementos para vender (botellas, cartones, metales, plásticos).El lugar esta siempre sumido en el humo, que en las noches frías flota estático sobre todo el lugar. Entre este lugar y el estero que se encuentra al fin del camino un asentamiento marginal llamado “Bajo Chico”. Allí se pueden observar armazones de ranchos a medio embarrar, remendados con plásticos, cartones y latas,…y diversos tipos de viviendas, lugar para sobrevivir precariamente, al principio por un tiempo, con la esperanza de ir lejos de allí, pero pasado el tiempo se acostumbran, y sumado a los vínculos familiares, de amistades y de vecinos, permanecen hacinados en esos lugares miserables para siempre, pues la mala alimentación recibida en la niñez y la falta de instrucción durante toda su vida anulan la oportunidad de aspirar a un trabajo mejor. En estos grupos la fe religiosa juega un papel preponderante. En esta región todos pertenecen a algún grupo cristiano, mayormente de la rama evangelista, de los cuales reciben ayuda humanitaria y tienen reuniones religiosas en el mismo barrio, el resto son católicos que van a misa lejos de allí en la ciudad; pero estos y los otros cuando tienen problemas de convivencia, amor o salud van a los mismos curanderos, tarotistas, brujos y adivinadores en busca de soluciones. Dentro de estos grupos sociales hay dos polos bien marcados, los que juntan desechos para vender y los que se los compran, ambos viven en el mismo lugar, y cuando mas tratan de diferenciarse, mas se parecen, pues juntos conviven en la promiscuidad, con las enfermedades, la superstición y la ignorancia. De este lugar salio la historia que ahora redactare: “Donde se olían las huellas de la noche bañadas de roció, con un cielo prometedor de chaparrones, transitaba den Esteban Gómez, con sus ropas remendadas con colores a destinos y viejas manchas que recordaban su ausente habito de limpieza, con el pelo alisado con la mano y la barba descuidad, donde los asombrosamente limpios eran, ese reloj barato que sujetaba estrechamente su muñeca por sobre el puño de tela, y su cuchillo, dentro de una vaina de cuero duro y reseco, metido en la cintura , bajo el pantalón y sujetados ambos con la cuerda que hacía de cinto y todo cubierto por el faldón de la camisa. Esteban trabajaba en changas a la orilla de la ciudad, pero la mayor parte del tiempo la pasaba juntando botellas y catones en el basural, y con la ganancia de estos compraba caña que llevaba en su bolsita inseparable; muchos recordaban su nombre como el del borracho pendenciero que terminaba de noche durmiendo  a la vera del camino. Se supo que allá por los años de su niñez, cuando habitara en una chacra con sus padres sufriendo de sequías e inundaciones, había sido mordido por una Yarará (serpiente muy venenosa), y después de ser curado malamente, y se salvara, como dicen los conocidos, de puro milagro, se crió con un marcado cambio de conducta (por las secuelas), sobretodo cuando soplara seco y ardiente el incansable viento del norte. En una oportunidad estando borracho como de costumbre, en un anochecer ventoso y en la penumbra, juntando botellas, tomo de la cola una víbora que creyó muerta y la lanzo por el aire ante la presencia de todos, el animal al caer se deslizo rápidamente y como nadie distinguió que era una especie inofensiva, con gran asombro todos comenzaron a atribuirles poderes sobrenaturales, que sumados a los recuerdos de su niñez, no falto quien le consultara alguna dolencia, que soluciono recurriendo a los remedios que le diera su madre y todo sumado a una gran suerte. Logro aliviar algunos dolores de barriga. Esta situación lo elevo por sobre todos, pero todos seguían fuertemente impresionados, pues Esteban cada vez que hallara un ofidio inofensivo, lo asía de cualquier parte y lo arrojaba con lentitud lejos de los presentes, que con ahogados gritos de estupor y asombro, alimentaban la idea mágica de poder, que el también comenzó a hacer suya. Su vida cambio rápidamente, ya no bebía sin control, se rasuraba la barba y el cabello en una trenza enroscada se lo acomodaba bajo el sombrero. Todos decían que el podía hacer lo que quisiera con solo levantar los brazos y pronunciar algunas palabras por lo bajo, después que vieran en una ocasión, cuando un pequeño acoplado cargado se deslizo hacia atrás en dirección a el, y este paralizado de terror solo atino a levantar los brazos y a formular algunas incoherencias, que nadie oyó, en el  preciso instante que el rodado volcó bruscamente a sus pies; después de pasar unos instantes de estupor sus conocidos lo rodearon con marcada obsecuencia aunque este aun no podía emitir palabras. Su fama creció rápidamente e incontrolable tanto que el mismo creía, totalmente convencido que sus poderes eran totalmente ilimitados. Desde entonces su presencia en las reuniones familiares era motivo de alegría y todos trataban de agasajar lo mejor posible al ilustre invitado, que en ocasiones muy especiales, lucia alrededor de su cuello un collar de dientes de jabalí, blancos y relucientes. Cualquier situación especial se la atribuían al Milagrero, aun cuando el no estuviese en las inmediaciones, con esto cualquier idea por mas absurda que pareciera era insignificante ante los pensamientos de Esteban que estaba totalmente convencido de sus poderes. Ayer viernes, muy temprano, se dirigió junto a un grupo numeroso donde se mezclaban fieles admiradores, incrédulos y curiosos al encuentro de las vías del ferrocarril, con una idea que lo acosaba hasta ensueños, ahora mostraría al mundo la magnitud de su poder. Invadido por su flamante ego, lucia su afamado collar y la trenza colgaba lacia sobre la espalda, al momento que el expreso de las diez cruzaba a gran velocidad el puente, distante unos pocos metros del lugar donde se encontraba Esteban, con el firme propósito de detenerlo con la fuerza de su poder, esbozo una sonrisa, puso los brazos en alto y dio un salto al medio de las vías”.- ——–FIN.

————————————————-

Buenos Aires — Argentina –Premio Antológico
“El principio de un gran suceso”–3er Certamen Internacional de Poesía y Narrativa Breve. — Ediciones Andronico

Cuento 19 — RELATO DE BARRIO

100_0334----1

Es un barrio relativamente nuevo, edificado después de la inundación hace seis años. Estas viviendas fueron entregadas en forma gratuita por el gobierno municipal.
Los beneficiados son pobladores evacuados de zonas inundables, para evitar situaciones de emergencias en el futuro y a la vez erradicar las casas-ranchos. Con sus paredes pintadas de amarillo viejo, sus albercas de verde oliva y las aceras de cemento, estas casas en dos grupos paralelos con una calle central en la cual construyeron el cordón-cuneta, seguidamente rellenaron con carbonilla la parte central, dando al conjunto aspecto de prosperidad e higiene.
Al llegar cada familia trajo sus mascotas y aves de corral, la única diferencia es que antes estábamos diseminados y ahora somos vecinos, la mayoría trabaja y como doña Adela, pero no puedo negar que también haya desempleados, drogadictos, ebrios y rateros que se mantienen ocultos y no molestan en las inmediaciones.
Mi habitación es un apéndice de la casa ya que fue construida posteriormente, es un ariete hiriendo el amanecer, ubicada en la esquina de la cual se puede ver en todas direcciones por la posición privilegiada al final de la calle y cerca de la parada del tren.
Recuerdo que la noche anterior había llovido.
Esa mañana me desperté con ardor en los ojos y sabor amargo como resultado de haber trasnochado. Luego de dar varias vueltas en la cama me levante y mire hacia fuera a través del vidrio semiempañado de la ventana, el día era brillante!, esto y recordar que era sábado diluyo por completo mi mal humor, luego de higienizarme prepare unos mates amargos y mientras hojeaba una revista me deleitaba oyendo música de un programa de radio que finalizaba a las 11,30 horas ; el resto del día lo pase sin penas ni glorias mirando televisión.
Al anochecer como era habitual llego Carlos. Era joven, alto y de ojos claros, simpático y divertido. Nos conocimos en una despensa que tenia su madre a orillas del río. Con el marcado afán de lograr sus metas superando cualquier obstáculo se convertía en un ser despiadado, violento y muchas veces cruel. Estos aspectos de su personalidad lo identificaban con el estrato social en el cual se crió y aun así era uno de los mejores de este lugar por su falta de vicios, respetable instrucción y buen gusto para vestir.
Cuando lo conocí ya trabajaba en un correo privado con muy buen sueldo, aunque por sus comentarios comprendí que este no cubría sus expectativas de progreso. Aquí conoció a Anya Luz, una bella morocha como no hay dos, que al verlo quedo prendada a su sonrisa espontánea; es cajera de un autoservicio, con la que tengo un trato formidable y por momentos mejor que con el, por lo que daba lugar a chistes subidos de tonos, puede iluminar toda la calle con su sonrisa y cuando pasa a mi lado el meloso aroma de su piel envuelve todos mis sentidos como un tul y mientras la observo alejarse sus labios dibujan una picara mueca que confunde mis emociones.
Ella teje sueños de familia numerosa, pero al ver el rostro de Carlos se podía intuir que el no estaba muy convencido que esta relación fuera duradera, por el contrario ella a invertido muchos sentimientos y horas de espera y le disgustaba pensar que era un viaje hacia ninguna parte. Yo los escuchaba a ambos pero trataba de no opinar para no empeorar las cosas.
A las veintidós salimos los tres con atuendos elegantes. Me separe y me quede en el casino, ellos continuaron caminando hacia una heladería. Anya quería llevarlo hasta la vidriera de una joyería para ver unas alianzas que estaban de ofertas, yo lo sabía, pero calle porque lo conocía y sé que de saberlo no iría. Ellos formaban una pareja frágil y por mi parte trataba de evitarles disgustos y contratiempos.
Al rato con el bullicio los olvide completamente.
Dos horas después alguien me toco el hombro y al girar estaba nuevamente el pero solo, ella se encontró con unas amigas y el aprovecho para zafarse. No me siguió hasta a la ruleta pues tengo un sistema que probare y a mi compañero no le interesaba ese juego de cálculos con finales inciertos, hoy vine para esto y no claudicare antes de intentarlo.
Se aleja por unos momentos y lo vi regresar con una mujer bastante mayor que traía del brazo. Sonrío al verlo pues es un galán y mientras se acercaban pensé – la habrá conocido aquí hace unos momentos. Al llegar donde estoy se adelanto a presentarnos y a contarme que a fin de mes se irán a vivir juntos, que se aman y que era el momento oportuno para concretar los planes que tenía. Creí que era parte de su juego amoroso y sonreí, pues en muchas oportunidades le oí decir frases como estas. Veinte minutos después ella se retiro por unos momentos.
El cambiando el tono de su voz, me aseguro que era su pasaje a una vida acaudalada y dijo- no mas trabajos agotadores, solo paseos, sexo y piyamas de seda.- y agrego – después de un mes todo lo vivido hasta ahora será un mal recuerdo! Le hago un gesto de afirmación con la cabeza mientras pienso que está hablando incoherencias a causa de lo que estuvo bebiendo en abundancia. Gane algo y salimos, la mujer nos trajo hasta mi casa.
Dos días después Anya haciendo honor a buen humor sonrío con un nuevo brillo y me anuncio que está esperando un hijo. Que ese fin de semana se cambiaria a la casa de él para llevar un embarazo feliz junto a su hombre y que él lo sabía desde anoche. La nueva situación hace que ella olvide las pretensiones matrimoniales. Algo me aprisiono el corazón pero ella no se da cuenta pues conserve la mueca de mi sonrisa hasta el fin de la charla.
Fue jueves por la tarde, invite a Carlos a ir caminando hacia el otro barrio, acepto. De regresamos por las vías del ferrocarril, ese es un lugar muy peligroso ya que era de noche y a esas horas hay un grupo de jóvenes que cobran para dejar pasar en un cruce de calle. Tuvimos suerte y solo hallamos a dos adolescentes drogados buscando problemas.

Mi compañero se adelanto y golpeo salvajemente a uno de ellos sin darle tregua, viendo esto el otro huye despavorido. Cuando lo vio tirado entre la hierba inmóvil, se relajo y dijo a viva voz – ¡El lunes seré otro, ya no volveré a estos barrios miserables, y creedme, si me ven no se molesten en saludarme, los desconoceré a todos y a cada uno de ustedes, en otras palabras todos dejaran de existir para mi, todos, inclusive ella, su hijo, mi madre, todos los del lugar-Con sorpresa oí que sus planes estaban intactos con lo que me lastimó profundamente.
Al sentirlo reír como con vileza la idea llego a mi mente con toda claridad y no dudo en aferre a ella como a un salvavidas. El otro estaba sentado entre la vegetación semiinconsciente, protegido por la penumbra que nos rodeaba tome el cuchillo que tenía en su cintura y me acerque a Carlos que no advirtió el arma en mi mano y sin dejar de sonreírle le asenté una puñalada en el pecho. Me miro sorprendido, al balbuceo indescifrable acompaño un borbotón de sangre que salió de su boca y tiño sus labios de color carmín. Me extendió con desesperación una mano al mismo tiempo que sus ojos perdían el brillo, luego se estremeció y antes de tocar el suelo ya estaba muerto.
De su cuerpo que ahora parecía tan mínimo y grotesco al estar carente de vida, retire el arma y la limpie seguidamente la arroje cerca de su dueño. Saque el teléfono con lentitud mientras luchaba por controlar el temblor que se había apoderado de mi, luego de un largo instante cuando por fin pude articular algunas palabras llame a la policía, pero antes de poder lograrlo me equivoque varias veces al tratar de marcar ese número tan simple de solo tres dígitos.
El patrullero tardo solo un breve lapso de tiempo pero alcanzo para reponerme casi totalmente. Arribó al lugar con su sirena encendida y sus luces rasgando la noche al tiempo que el aturdido se levanto y al ver su cuchillo tirado lo asió y corrió pero lo atraparon.
El resto fue lo de siempre, se llevaron el cuerpo y di aviso a sus familiares de la tragedia acontecida en mi presencia y todos lloran consternados. El barrio entero lo velo y acompaño su féretro hasta el cementerio, comentaban los buenos sentimientos que tenia por todos. El joven de la pelea ya salió por ser menor de edad, la nueva fama de matador que le brindara lo coloco en un efímero lugar de privilegio entre sus pares y con una mayor probabilidad de morir de forma violenta antes de lograr su adultez.
Todo vuelve lentamente a la normalidad, sobre la pared del muro de la escuela pintaron un mural recordatorio, pues para todos sus vecinos paso a ser una víctima inocente de esta ciudad convulsionada, un mártir barrial, un ausente bien amado como dicta la leyenda escrita al pie del dibujo. Han pasado seis meses de aquellos acontecimientos, Anya Luz solo piensa en su hijo y comenta de la oportunidad que no tuvo el padre de verlo crecer.
Ahora nos vemos con bastante asiduidad pues está reuniendo el ajuar del niño mientras espera ansiosa la fecha de su llegada.
Cada martes y sábado trae a mostrarme todas esas pequeñitas prendas y completamos su visita con largas charlas mojadas con mate y adornadas con galletitas dulces.
Su aroma embriagador embebió hasta las telarañas de mi pieza y persiste aun en su ausencia dándole coraje a mis rimas.
Como cada uno de esos días se despide con un beso en cada mejilla y luego de retirarse unos pasos, gira levemente y me obsequia una sonrisa, al tiempo que mis pensamientos se adormecen nuevamente al ritmo mágico de sus caderas.- FIN.-

—————————————

2008 —– Buenos Aires (Argentina)–Certamen Nacional– Mención de honor – 8º CONCURSO NACIONAL DE POESIA Y CUENTO BREVE 2008- Ediciones BAOBAB –

La esmeralda profunda (cuento)

imagen de Daniel Goldberg, fotógrafo argentino.

imagen de Daniel Goldberg, fotógrafo argentino.

Estoy observando con mas curiosidad de la acostumbrada una de las revistas recogidas hace una semana en las inmediaciones del lujoso Hotel Imperial.

Aquí admiro las bellas imágenes estando tan lejos de ese destino y absorto desde el interior de la precaria vivienda que me sirve de morada. Las aberturas celosamente colocadas dentro de los dinteles son más que  pasajes de luces y sonidos entre ambos espacios del miserable barrio, son los ojos y oídos críticos que permiten apreciar todo el calor, la miseria y la idiosincrasia común de estos predios exteriores o interiores, según sea la posición del observador hastiado e irreverente, que apoyado sobre un catre de lona percudida, deja escapar las horas de las siestas acecinas, que dotadas por los rayos impiadosos del sol y la resolana, merodean los ranchos en este febrero cruel y arrogante del norte argentino.

Nosotros tenemos la tarea de juntar productos de rezagos para venderlos a las empresas recicladoras del medio.

Recorremos durante las mañanas y las tardes las aceras buscando papeles, cartones y otros elementos menos nobles, caminamos por infinidades de lugares observando con miradas críticas y astutas los depósitos domiciliarios. Allí vamos muñidos de carretillas, carritos o simplemente bolsas colocadas sobre nuestros hombros.

Al anochecer regresamos a nuestros hogares a clasificar el material hallado y luego de atarlos prolijamente los estibamos bajo el alero que da al patio o en el caso de los diarios y revistas en el interior de la única pieza, sobre unos trozos de leña.

Ese es el momento mas admirable, allí voy separando las revistas con delicadeza, con las imágenes mas llamativas para ojearlas durante los espacios de las siestas mientras aguardo a que afloje el calor asfixiante o durante los días de lluvias mientras escucho música de la radio.

Pero ninguna de las nuevas ha logrado empequeñecer ni un ápice a la que guardo celosamente sobre uno de los tirantes que sostiene el precario techo.

Aunque he repasado una por una todas las fotos expuestas en forma de colección no comprendo el mensaje de muchas de ellas, no hallo el motivo que impulsó al profesional a tomarlas y aun más, a sepáralas de otras muchas que seguramente fueron capturadas con estas, es aquí donde se necesita tener instrucción en el arte fotográfico. Pero aun asi con mi nulo conocimiento y guiado por el instinto hay una en especial que me ha atrapado en forma abrumadora.

A primera vista solo parece un amplio espacio, quizás una recepción,  el hall de entrada de un suntuoso casino o la sala de conferencias de una embajada. Siento que observo el espacio de un color esmeralda, no se si se trata de un filtro o simplemente es su aspecto real.

Puedo imaginarme más que solo estar parado a la par del fotógrafo sobre una posición algo mas elevada y apoyados en una fina barandilla, puedo sentir que estoy dentro de la foto y el esta posicionado en el interior de mis pupilas, porque nada de su presencia esta allí mas que el momento oportuno y la inspiración del disparo certero de su cámara imperceptible,  ni siquiera su sombra o respiración empañan la mirada directa del edificio casi mágico que ahora estará para siempre dentro de mis pensamientos dándole breves latidos de frescura insoslayable.

Por muchas horas cada día quedo prendado, con la mirada sumergida en lo profundo del salón casi vacio. El piso fue pulido hasta convertirlo en un fino cristal que permite observar en su reflejo todos los detalles de la construcción que no capto la foto de forma directa. Se aprecia mejor en el reflejo las luces de la pared y los tragaluces en lo alto del techo. Es una foto magnifica, simple pero profunda y astutamente capturada.

Cada mediodía infernal rescato una frisa fresca desde el mármol limpio y puro que refleja como un lago de hielo el transitar de las personas, las cuales quizás no contemplaron como Daniel ese espacio dinámico y a la vez apacible, donde se observa el cielo mirando hacia abajo, mas halla de los pies, profundamente entre el brillo de la luz, de la limpieza infinita y de las huellas imperceptibles de los zapatos.

He mostrado a mis colegas la foto que me trasmite frescura y calma, pero ellos no la ven como tal y se burlan de mí con sórdidas frases y nominan mi actitud, como la de mi imaginación desbordada por el hambre.

Absurdamente admito que algo de ello es verdad, es el apetito inagotable al arte visual lo ha despertado este fotógrafo en mi alma.-FIN

——————

LA ESMERALDA PROFUNDA -(cuento)
2009 ——Argentina
1º premio en la foto 03
Antología especial formada por los cuentos ganadores en cada imagen de
/y las fotos de Daniel Goldberg. Proyecto TREINTATRIOS-

——————————————

LA ESMERALDA PROFUNDA -(cuento)
2009 —– Buenos Aires (Argentina)
Certamen Internacional – Antología –
«Latinoamérica Escribe»
Raíz Alternativa Ediciones

LOS DIAS FELICES

toras y achiras: vegetación del esteroEn esa región el otoño se disipaba lentamente entre días agobiantes y ráfagas de viento frío. Esos estertores de calidez seguían las huellas casi imperceptibles que condujo a ese clima indeciso al encuentro del crudo invierno acechante que lo devoro entre los pastizales.

Como tenues cuerdas de un instrumento hecho de brisas que se templaba con los gritos de los pacaáes¨ que cercenaban la paz del atardecer, ubicados allí donde nacía el horizonte anunciaban el inminente arribo de la noche, cual si fuera el suspiro agónico que se confundía y se desmenuzaba en un crisol de sensaciones y colores verdes, amarillos y marrones que desnudaban los tallos.

Vivía con mi madre y mi hermanitos en la casa de la abuela, esa humilde morada estaba situada en una colonia agrícola.

Nuestro contacto con los acontecimientos era la radio, la que en reiteradas oportunidades expresaba la preocupación por los desbordes de los ríos y el claro peligro que enfrentaban los damnificados, pero debo reconocer que oía las noticias sin considerar que eso pudiera afectarnos.

Tendría unos ocho años, era atento a los cambios y con costumbres simples de niño de campo.

Cuando no estaba en la escuela me gustaba correr con mi perro Chiquito persiguiendo aves y otros animales, despreocupado, dueño de mi tiempo y sin más interés que pasar horas amenas.

El lugar era magnifico, la imponente arbolada con sus copas entrelazadas formaban una sólida red que servia de camino a los monos aulladores. El piso casi libre de hierbas dejaba crecer como al descuido reducidas matas espinosas, eso permitía el libre tránsito en todas direcciones y facilitaba mi deambular en busca de las más variadas y exquisitas mieles..

Surcaba el bosque con la comodidad propia del visitante avezado y mantenía un hábil control del lugar, clasificando los sonidos y las huellas propias de este extenso terreno.

En un tronco caído había un pelecho de yarará, era una tira de piel seca y arrugada con sus escamas bien definidas, cada vez que la veía me producía escalofríos e instintivamente me alejaba del hueco oscuro situado cerca del suelo, pues sentía que me observa como un ojos amenazante.

Esa fue una mañana suavemente cálida, corría entre silbidos, risas y el torear de Chiquito, los sonidos eran los de siempre, las aves y el viento surcando entre las copas de los árboles.

De pronto se mezclo con nuestros gritos ese lejano golpeteo que parecía un tambor a la distancia.

Me detuve para inspeccionar el paisaje porque tenía la certeza que el sonido se acercaba pero no podía distinguir de donde, el viento en ráfagas lo traía y lo alejaba pero cada vez se oía con más fuerza y Chiquito comenzó a correr a mí alrededor ladrando visiblemente asustado.

De pronto todo el lugar se lleno de los golpeteos acompasados que parecían aplastarme, llegaban de todos los ángulos y no podía ver el cielo por el domo verde; mi corazón latía enloquecido y en mi mente todos los sonidos se mezclaban. El pánico llego como un torbellino y corrí desbordado por el temor hacia nuestro hogar.

Al fin salimos de la espesura por otro sendero y en la maleza que unía ese lugar con el patio de la casa, me deje caer extenuado. Acomodándome de espalda divise en lo alto, muy arriba, un objeto que lentamente se alejaba; no me pareció de gran tamaño pero definitivamente era el que producía ese pavoroso sonido.

A nadie conté mi experiencia temiendo que se burlaran y en la cena me entere que otros habían oído lo mismo, pero lo que realmente me dejo más tranquilo fue cuando mi madre me explico que eso había sido un helicóptero que iba al rescate de los inundados.

Al día siguiente pasada la novedad continué mi derrotero junto a mi fiel amigo, Chiquito.- FIN.-

——————————————-

Este cuento breve esta dedicado a mi buen amigo RICARDO ALCIDES BARBOZA, de Resistencia, Chaco. Adapte trozos de su vida para plasmar su niñez simple y amena.

EL MILAGRERO (cuento)

ESTE CUENTO  ES COMO  REIRME UN POCO  DE MI MISMO…SALVO  EL HAMBIENTE QUE ES REAL. (escrito en 1988)

Hoy a dejado de llover, hace seis días la llegada de esta esperanzada humedad fue una bendición para los sembrados.  Hoy con tanta agua caída sin interrupción se esta convirtiendo en una emergencia rural, todo es un lodazal resbaladizo que dificulta todas las tareas, lo que empeora la miseria. El sol asomo brillante. Aunque es una mañana fresca, todos salieron de sus casas con la alegría pintada en sus rostros. Daniel y yo llegamos a la quinta “Los Arroyos” de don Ponce, y después de la visita, al salir, nos apoyamos en el portón y recordamos a Esteban. Desde aquí se puede divisar los terrenos bajos que se extienden por varios kilómetros a la derecha de las vías del ferrocarril. Avanzando por un camino vecinal, se cruza el puente del desaguadero del frigorífico, (cerrado hace años) para encontrarse a los quinientos metros con el predio de la empresa recolectora de residuos domiciliarios, que tira y cada dos días y quema los desechos recogidos en la ciudad. El lugar es inmenso, no menos de cien camiones son descargados durante las 24 horas. Allí, hombres, mujeres y niños, revuelven la basura con un trozo de hierro en forma de gancho, buscando comida y elementos para vender (botellas, cartones, metales, plásticos).El lugar esta siempre sumido en el humo, que en las noches frías flota estático sobre todo el lugar. Entre este lugar y el estero que se encuentra al fin del camino un asentamiento marginal llamado “Bajo Chico”. Allí se pueden observar armazones de ranchos a medio embarrar, remendados con plásticos, cartones y latas,…y diversos tipos de viviendas, lugar para sobrevivir precariamente, al principio por un tiempo, con la esperanza de ir lejos de allí, pero pasado el tiempo se acostumbran, y sumado a los vínculos familiares, de amistades y de vecinos, permanecen hacinados en esos lugares miserables para siempre, pues la mala alimentación recibida en la niñez y la falta de instrucción durante toda su vida anulan la oportunidad de aspirar a un trabajo mejor. En estos grupos la fe religiosa juega un papel preponderante. En esta región todos pertenecen a algún grupo cristiano, mayormente de la rama evangelista, de los cuales reciben ayuda humanitaria y tienen reuniones religiosas en el mismo barrio, el resto son católicos que van a misa lejos de allí en la ciudad; pero estos y los otros cuando tienen problemas de convivencia, amor o salud van a los mismos curanderos, tarotistas, brujos y adivinadores en busca de soluciones. Dentro de estos grupos sociales hay dos polos bien marcados, los que juntan desechos para vender y los que se los compran, ambos viven en el mismo lugar, y cuando mas tratan de diferenciarse, mas se parecen, pues juntos conviven en la promiscuidad, con las enfermedades, la superstición y la ignorancia. De este lugar salio la historia que ahora redactare: “Donde se olían las huellas de la noche bañadas de roció, con un cielo prometedor de chaparrones, transitaba den Esteban Gómez, con sus ropas remendadas con colores a destinos y viejas manchas que recordaban su ausente habito de limpieza, con el pelo alisado con la mano y la barba descuidad, donde los asombrosamente limpios eran, ese reloj barato que sujetaba estrechamente su muñeca por sobre el puño de tela, y su cuchillo, dentro de una vaina de cuero duro y reseco, metido en la cintura , bajo el pantalón y sujetados ambos con la cuerda que hacía de cinto y todo cubierto por el faldón de la camisa. Esteban trabajaba en changas a la orilla de la ciudad, pero la mayor parte del tiempo la pasaba juntando botellas y catones en el basural, y con la ganancia de estos compraba caña que llevaba en su bolsita inseparable; muchos recordaban su nombre como el del borracho pendenciero que terminaba de noche durmiendo  a la vera del camino. Se supo que allá por los años de su niñez, cuando habitara en una chacra con sus padres sufriendo de sequías e inundaciones, había sido mordido por una Yarará (serpiente muy venenosa), y después de ser curado malamente, y se salvara, como dicen los conocidos, de puro milagro, se crió con un marcado cambio de conducta (por las secuelas), sobretodo cuando soplara seco y ardiente el incansable viento del norte. En una oportunidad estando borracho como de costumbre, en un anochecer ventoso y en la penumbra, juntando botellas, tomo de la cola una víbora que creyó muerta y la lanzo por el aire ante la presencia de todos, el animal al caer se deslizo rápidamente y como nadie distinguió que era una especie inofensiva, con gran asombro todos comenzaron a atribuirles poderes sobrenaturales, que sumados a los recuerdos de su niñez, no falto quien le consultara alguna dolencia, que soluciono recurriendo a los remedios que le diera su madre y todo sumado a una gran suerte. Logro aliviar algunos dolores de barriga. Esta situación lo elevo por sobre todos, pero todos seguían fuertemente impresionados, pues Esteban cada vez que hallara un ofidio inofensivo, lo asía de cualquier parte y lo arrojaba con lentitud lejos de los presentes, que con ahogados gritos de estupor y asombro, alimentaban la idea mágica de poder, que el también comenzó a hacer suya. Su vida cambio rápidamente, ya no bebía sin control, se rasuraba la barba y el cabello en una trenza enroscada se lo acomodaba bajo el sombrero. Todos decían que el podía hacer lo que quisiera con solo levantar los brazos y pronunciar algunas palabras por lo bajo, después que vieran en una ocasión, cuando un pequeño acoplado cargado se deslizo hacia atrás en dirección a el, y este paralizado de terror solo atino a levantar los brazos y a formular algunas incoherencias, que nadie oyó, en el  preciso instante que el rodado volcó bruscamente a sus pies; después de pasar unos instantes de estupor sus conocidos lo rodearon con marcada obsecuencia aunque este aun no podía emitir palabras. Su fama creció rápidamente e incontrolable tanto que el mismo creía, totalmente convencido que sus poderes eran totalmente ilimitados. Desde entonces su presencia en las reuniones familiares era motivo de alegría y todos trataban de agasajar lo mejor posible al ilustre invitado, que en ocasiones muy especiales, lucia alrededor de su cuello un collar de dientes de jabalí, blancos y relucientes. Cualquier situación especial se la atribuían al Milagrero, aun cuando el no estuviese en las inmediaciones, con esto cualquier idea por mas absurda que pareciera era insignificante ante los pensamientos de Esteban que estaba totalmente convencido de sus poderes. Ayer viernes, muy temprano, se dirigió junto a un grupo numeroso donde se mezclaban fieles admiradores, incrédulos y curiosos al encuentro de las vías del ferrocarril, con una idea que lo acosaba hasta ensueños, ahora mostraría al mundo la magnitud de su poder. Invadido por su flamante ego, lucia su afamado collar y la trenza colgaba lacia sobre la espalda, al momento que el expreso de las diez cruzaba a gran velocidad el puente, distante unos pocos metros del lugar donde se encontraba Esteban, con el firme propósito de detenerlo con la fuerza de su poder, esbozo una sonrisa, puso los brazos en alto y dio un salto al medio de las vías”.- ——–FIN.

100_1842

El puñal de don Juan y las clavelinas (Cuento)

El mediodía frio de ventarrones rugientes apago los sonidos y los ayees si los hubo, de don Juan, que herido de muerte fue abandonado en un callejón olvidado.

 Ese fue un hombre de rigurosidad y cortesía extrema, un lunar entre los vándalos desarrapados que no perdían oportunidad de molestarlo, pero que ninguno se le animaba a más.

Allí quedo con los ojos secos observando sin ver la ciudad vieja, un típico arrabal marchito sin arrabaleros, que mudó con los años en un barrio miserables que ostenta como única atracción la aventura de internarse en los antiguos pasillos de los inquilinatos; estos mudos  edificios con marcados vestigios de abandono, decorados con grafitis que surcan irrespetuosos todos los espacios y muchas veces rematan las frases con símbolos obscenos, al punto que podrían hacer palidecer a un clérigo distraído.

La arquitectura usada aquí esgrime burdamente la creatividad tacita y la diversidad deambula ciega entre los escombros de otros tiempos.

Don Juan había salido de la prisión hacia treinta años, a la que fue a dar tras uno de muchos duelos a cuchillos donde no se escatimaron en profundos tajos y algunos cadáveres. Por compadrito y razones propias del ambiente malevo ligadas a bailes, licores y faldas. Una de esas querellas lo confino por muchos años.

Aun conservaba la rigurosidad de antaño mezclado con el andar silencioso del reo obediente al yugo brutal que mantuvo su semblante sombrío.

Los que alegaban conocerlo decían que no volvió a frecuentar bares o garitos como en sus mocedades. Gobernaba su vida con los códigos de tiempos pretéritos.

Impactaba ver la mancha carmín de la sangre seca sobre su impecable traje azul marino, como un grotesco ramo de rosas sobre su saco; aquellas prendas impolutas, libres de desprolijidades que pudieran enmudecer su altiva presencia de varón investido de bravura presente en sus ojos de gato salvaje. Con la mueca de una sonrisa prisionera en la comisura de sus labios atrapaba suspiros al son de sus piropos galantes.

Pero no todo era un suave pasar en su vejez, muchas veces agredido verbalmente por los pandilleros irrespetuosos

– ¡ Juan!. Maldito matón de poca monta, muéstranos tu coraje. Cuchillero venido a menos! —decían –pero cuando se les acercaban, con suave elegancia desprendía los botones y corría con lentitud hacia atrás el faldón del saco con su mano derecha, con el ademan de quien está buscando algo oculto en su cintura, sin dejar de mirarlos. El momento congelaba las intenciones y los arremetedores retrocedían como autómatas; a buen trayecto cuando recuperaban el coraje emitían gritos de insultos pero conservaban la distancia.

– Un día de estos te vamos a matar viejo tramposo disfrazado de maniquí! 

Pero nada más ocurría, precavido y listo para resolver cualquier situación, observaba al grupo alejarse refunfuñando maldiciones desde su prudencia felina donde aprendió a vivir con las garras limadas.

Nunca se había hallado el puñal que lo hiciera famoso por aquellos años, es que antes de ser detenido se lo dio en custodia a su madre y esta lo coloco bajo el piso de maderas y allí permaneció custodiado por el tiempo y el olvido, aun mas allá de la muerte de la anciana.

Hombre pobre si los hubo fue don Juan, el día antes de su muerte visito a una anciana amiga y comprendió con tristeza que la pobre mujer necesitaría remedios y cuidados para sobrevivir en esos días invernales. Carente de otra prenda de valor, desenterró el facón que era una verdadera joya y lo vendió. Compro los remedios y unas clavelinas.

Al verlo regresar con las florecillas lo atacaron sin darle tregua a lo que se defendió infructuosamente con el ramo, pues nunca más porto armas.

La noticia policial fue breve, casi ínfima del varón acecinado en la vía pública, con fines de robo a los 83 años.

Nadie supo que había cambiado su actitud beligerante que facilito el fin violento e impensado entre las hierbas, la sangre y la tierra revuelta.

Aquel maduro periodista de arcaicos valores había visitado la comisaria en busca de noticias y al enterarse del hecho retrato de esta manera la historia urbana y dejo plasmado en aquel resumen los jubilosos años de esa urbe en decadencia.

Aunque no había convivido con la violencia callejera de antaño, que despertaba en su curiosidad efluvios de recuerdos ajenos, relatados por otros colegas más antiguos en los pasquines deslucidos que conservaba su madre, encuadernados y envueltos en los estantes íntimos de la pequeña biblioteca de la sala.

Los pocos recuerdos del surgir de esta comunidad dormían en los relatos de esas revistas y diarios de antiguas épocas.

 Aquel espacio físico emergió orondo desde la creación del robusto embarcadero con vista a convertirlo en el epicentro de las relaciones comerciales, inmigraciones constantes con un riguroso control de virtudes y baluartes que eran despojados de los recién llegados que se vendían, compraban o empeñaban al mejor postor a la par de sus trabajos, prendas y vidas. Allí mismo en derredor a la orilla y sin más requisitos que el que imponía la demanda acuciante, las atiborradas casas de inquilinatos al estilo chorizo ofrecían albergue, con algún pregonero cada vez que arribaba una multitud de desesperados y vividores en busca de sus ilusiones huidas. Los burdeles y los pequeños puestos de ventas de alimentos al paso se mezclaban en el cansino fulgor del día, pero por las noches muchas se animaban a los cambios de roles por las pedregosas calles de adoquines, el que en alguna oportunidad dando tropiezos y tumbos se encontró con Febo entreabriendo los ojos ardientes de lujurias y sueño en algún amanecer brillante, con sabor a alcohol mal destilado entre los labios. Sin dudar se ponía de pie trastabillando, sacudía las ropas y continuaba pregonando algún artículo. Pero aun sabiendo de esto los encumbrados titiriteros de los destinos ajenos llamaron a este chiquero ruidoso e irreverente nuestro esplendoroso Puerto de la Esperanza. 

Pero como a todo le llegó su caducidad y fue cuando se paró la miseria en una de las esquina al tiempo que el ferrocarril arribo desde el sur por la otra y los senderos que antes nos conducían por los entornos ahora nos alejaban de las luces, por las amplias  avenidas que al madurar en rutas hicieron sabores de la velocidad para dejarnos arrumbados entre la promiscuidad y el rio; solo jirones de sueños perdidos convirtieron a este espacio de trajinares comerciales y zarabutero en un arrabal sórdido y gris al cual el titulo de receloso matón de esquina  de duro cortos años. Hoy después de décadas de cambios, muchos de los actuales habitantes aun conservan la desfachatez pero han obtenido sus identidades sin respeto, facilitada por el arrebato y el pillaje, lejos de albergar una limpia victoria en un mano a mano, se apiñan en los baldíos a embriagarse y reñir entre ellos por razones banales cuando no están agrediendo a algún transeúnte desprevenido.

Así concluyo la nota, que lo reivindicara como periodista de elite entre sus pares,  remarcando la existencia de don Juan como el último bastión emblemático del arrabal, que marco su impronta traída de una generación legendaria, con el abnegado respeto como símbolo de coraje e hidalguía.

Pero todo su parafraseas, giros y expresiones románticas quedaron secretamente empañadas al ignorar el lamentable hecho de que Juan en sus años de mequetrefe había convertido en joven viuda a su madre.- FIN

 

Reconocimientos:

Año 2009 –2º mención certamen Internacional
Tema: Arrabal–Centro Cultural del Tango Zona Norte –Buenos Aires-

Año 2010–Seleccionado para la ’11º Edición de su Antología Internacional, Anual y Especial’, al cumplirse 15 años de «Latinoamérica Escribe»
Raíz Alternativa Ediciones-Buenos Aires (Argentina)

PENITENCIA (cuento)

El salón tenia quinientos metros cuadrados, lleno de luces fijas y móviles manejadas por un experto en efectos especiales. El sistema de sonido envolvente era el más avanzado del medio, hacia sentir al oyente que era trasladado a un plano superior. El palco estaba elevado a un metro del público, al cual se accedía a través de un grupo de pequeños escalones. El pulpito estaba enclavado en el centro del promontorio, estaba totalmente enchapado con laminas de bronce pulido que aparentaba una brillante barra de oro. Desde este lugar el orador parecía emerger como de una crisálida, vestido con su traje plateado del cual pendían pequeños brillos que hacia reflejar ases de luces en todas direcciones. Sobre el fondo, una pantalla gigante mostraba una cascada de agua imponente que parecía salpicar todo el lugar. A la derecha y a la izquierda del predicador grupos de mujeres con el cabello teñido de rojo y largas túnicas blancas, tarareaban a coro suaves melodías que hacían de relleno a las pausas de sermón. Desde el techo un rayo gigantesco de luz dejaba caer la bendición del altísimo sobre el pastor. El piso estaba forrado con una alfombra gruesa que daba la sensación de estar pisando sobre nubes, dos amplias filas de butacas con un generoso pasillo al medio que finalizaba en una urna inmensa con forma de cántaro. Era un adorno particularmente bello para que todos pudieran depositar sus limosnas y jugosas contribuciones. Las paredes oscuras y las largas cortinas que cubrían las ventanas y hacia que toda la atención se fijara al frente del recinto.
Cada día de reunión el predicador tenía un sermón inquisidor con el cual asediaba a los presentes. Poseía un grupo de apoyo que investigaba a los fieles y clasificaba a cada uno por sus pecados mas aberrantes y ocultos. El pícaro religioso los visitaba en sus casas antes de cada reunión para les comentaba el tema a tratar y los invitaba a sentarse en la primera fila. En esa oportunidad les expresarles las necesidades del templo y de la ayuda que esperaba de la congregación para solucionarlas, luego se retiraba y esperaba los acostumbrados resultados desde su puesto.
Cuando terminaba la disertación invitaba a todos los presentes a arrepentirse públicamente y a pagar a la colectividad con una ofrenda de gran valor que tuviesen en ese momento como penitencia por la falta cometida o serian amarrados a los dos argollas que estaban sujetas al los lados del pulpito y azotados públicamente. Nunca necesito golpear a nadie para conseguir el dinero, todos iban con sus ahorros, con préstamos que conseguían en los bancos, vendiendo propiedades, autos o joyas. Este sistema era costoso pero daba frutos magníficos, y nadie se quejaba, pues solo los que podían conseguir el dinero eran visitados, los pobres con solo declararse arrepentidos eran perdonados.
Luego de la reunión que se realizaba cada cuatro días, se servia un generoso refrigerio a la canasta servidos por el grupo juvenil que además hacia obras comunitarias y solicitaba colaboración por la ciudad. La organización era completa y cada tiempo el emprendimiento comercial se completaba mas, tanto que al cabo de dos años contaba con venta de ropa, de materiales para la construcción, vigilancia domiciliaria, guardería y fuera del ejido municipal poseían una ladrilleria y una casa de descanso para la tercera edad, en un extenso terreno con grandes huertas y árboles frutales, servicio que se podía contratar con planes de financiación.
Al entrar en el salón donde se realizaban las reuniones religiosas, se podía apreciar a cuatro guardias pulcramente vestidos con sus trajes oscuros y sus equipos sofisticados de comunicaciones que daban la grata sensación de seguridad a los presentes, y al principal de la comunidad religiosa que junto a su esposa é hijo de dieciocho años, recibiendo a los feligreses. Al comenzar cada servicio lo hacia con la misma monótona frase “ todos de alguna forma deben hacerse responsables de sus pecados y acciones degradantes contra si, contra su familia o la comunidad con la que cohabita, para que sus almas estén a salvo del infierno, o pagar de la forma apropiada”, luego de una pequeña pausa reanudaba con el sermón, que el del martes pasado fue la gula, y comenzó así: “La gula es el deseo desordenado por el placer conectado con la comida o la bebida. Este deseo puede ser pecaminoso de varias formas:
- Comer o beber muy en exceso de lo que el cuerpo necesita.
- Consumir bebidas alcohólicas hasta el punto de perder control total de la razón. La intoxicación voluntaria es un pecado mortal.
Cuando la gula por las bebidas alcohólicas con consecuencias imprudencias y los accidentes producto de los comportamientos erráticos a causa de la ingestión irresponsable. En Navidad nos inclinamos a comer y a beber en exceso pero un buen cristiano se apega a la moderación y se convierte en un virtuoso apelando a su templanza. Creo que hay cientos de personas que pasan la Navidad de otra manera, y se también que parte del dinero que invertimos nosotros en bebidas alcohólicas para estas fechas, podríamos utilizarlo para ayudar para colaborar con todos los pobres, trayendo donaciones al templo que es hogar del espíritu colectivo”. Muchos de los presentes fueron tocados con este tema y a causa de esto importantes valores ingresaron.
A medida que explicaba y oraba a viva voz, en medio del acto teatral, reía lloraba y aplaudía, y por momentos caía de rodillas con los brazos y la mirada en alto, con lagrimas en las mejillas, suplicante, en una puesta en escena magistral. Todos los sermones estaban poblados de largas pausas, gritos y ademanes hasta concluir su actuación, donde sus colaboradores lo llamaban el enviado de la nueva era, el azote del pecado terrenal y otros muchos títulos acorde al papel que ejercía, aunque en su vida privada tenia muchas falencias, que en el circulo intimo toleraban ya que este era bueno en su labor, pero cada día sus actitudes se acrecentaban y ponía en peligro toda la organización.
Hoy es sábado, esta parado frente a todos con su libro abierto sobre el pulpito dorado y majestuoso, esbozando una agradable sonrisa hacia la concurrencia mientras expresa la alegría de ver nuevos hermanos que hacían presencia en el recinto donde el mayor del grupo fue invitado a sentarse en la primera fila, y con claridad dio a conoces el tema de hoy, la lujuria: “es el deseo desordenado por el placer sexual. Los deseos y actos son desordenados cuando no se conforman al propósito divino, el cual es propiciar el amor mutuo de entre los esposos y favorecer la procreación.
- El pecado de la lujuria es el apetito desordenado de los deleites carnales, lascivia o libertinaje. Hay personas adictas al sexo, a la pornografía y casos graves como los pederastas .
Pero los virtuosos son vencedores atreves de la castidad con la cual logran dominar los apetitos sexuales que tanto denigran al hombre.-
Cuando concluyo el servicio y todos se prestaban a retirarse del lugar, el anciano recién llegado, se incorporo y mirando fijamente al pastor pregunto así alguien tenia algo de que arrepentirse, recibió un gran silencio como respuesta, repitió la pregunta mientras hacia una señal con su mano lo que hizo que los de la ultima fila que habían llegado con el redujeran a los guardias desprevenidos y trancaran la puerta principal, seguidamente cuatro de ellos subieron al escenario y amarraron al pastor a las famosas argollas del promontorio brillante que hacia de pulpito, seguidamente destruyeron su ropa dejándolo de rodillas y con el torso desnudo, entre verdaderos sollozos y una mueca de estupor. El viejo que encabezaba al grupo pregunto por tercera vez y solicito el arrepentimiento del pecador, pero nadie emitió ni una sola palabra.
Seguidamente abrieron la puerta é hicieron ingresar una silla de ruedas visiblemente destrozada y con numerosas manchas de sangre en el tapiz; entonces el anciano giro sobre sus talones y enfrento a la multitud expectante, y luego de una larga pausa conteniendo la pena y las lagrimas explico que estos hierros retorcidos son lo que queda de la silla de su hijo que fue atropellado por el orador la semana pasada, cuando conducía al anochecer, su camioneta 4×4 en total estado de ebriedad y acompañado por una conocida dama de conducta inmoral por las inmediaciones de su casa, atravesó la bocacalle raudamente y cruzo con el semáforo en rojo al tiempo que el muchacho también lo hacia. Luego de impactar contra la silla huyo del lugar y lo abandono a su suerte que fue morir desangrado por falta de pronta atención.
La indignación se apodero del lugar, todos se pusieron de pie silencio. El sexagenario subió y se coloco al lado del sollozante pastor que suplicaba su perdón a los gritos y que juraba no volver a hacerlo. Levanto el brazo armado con su bastón y descargo un golpe sobre la espalda desnuda de este, seguidamente dejo caer el elemento al suelo y se dirigió a la salida. Todos los presentes comprendieron que eran responsables de completar el castigo, algunos por puritanismo y otros por rencor, los cierto es que antes que se retiraran del lugar, el pecador había pagado su falta con lo único que tenia de gran valor para ofrecer en ese momento como penitencia, su vida.-…………………………………………………………fin.-

————————————-

2007 —– Buenos Aires (Argentina)  Certamen Internacional– Antología –
«Escritura sin frontera» CERTAMEN LITERARIO NACIONAL e INTERNACIONAL 2007  -Raíz Alternativa Ediciones

EL VINO CÓMPLICE

El mes pasado de regreso al hogar, tambaleándome borracho como siempre, vi a mi mujer besándose con otro; esperé que se quedara sola y arribé con cara de hombre feliz para que no sospechara.
La hallé radiante como nunca.

Desde entonces cada que regresa, me tomo otros tragos y tardo para volver, temo que se sienta descubierta y se ponga triste nuevamente.-

————————————

El vino cómplice (Micro-cuento)
2010——- Ávila, Castilla y León (España)
 finalista en el “III Concurso de Micro-relatos de Caja de Ávila” Premio Publicación-

 Los libros son de elegante presentación, es el resultado del fallo luego de que recibieran más de 1.100 obras literarias de los que solo se eligieron 12 relatos.
Uno ganador junto con los 11 finalistas, representados así, 9 de España, 1 de Argentina y 1 de Uruguay

17/08/10 | por Roberto Attias | Sección: Cultura y Ocio

http://www.ellibrepensador.com/2010/08/17/agradable-sorpresa-desde-avila-espana

Microcuento: Estrategia

 Conocí a Marisa y acordamos encontrarnos el sábado; pedí su número, le enviaría un mensaje para confirmar.

Al arribar a la esquina señalada veo a mi esposa en ese bar con una amiga. Retrocedo apabullado.

Me había ocurrido algo similar el mes pasado con Laura. Ayer al borrar sus números de mi celular, descubro con asombro que mi mujer, sagaz conocedora de mis hábitos, los cambiaba por el suyo mientras yo dormía.

—————————————————————————————-

Reconocimiento:  3º premio de la 4º edicion del Certamen Internacional de Microrelatos 7 veces 7, de la Editorial Supervisión Libros Únicos de Paraná, Entre Ríos, Argentina.