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Siete casas y un infierno -Sexta casa, el mayorazgo-

¿Por quién doblan las campanas?
Por los que se fueron en la tercera.
¿Por quién doblan las campanas?
Por las utopías inconclusas.
¿Por quién doblan las campanas?
por los que jamás nunca pudieron soñar,
en pasar de la segunda casa.
Para esos ángeles sin alas,
que en algún lado libres
igual vuelan

¿Por qué estás dónde estás?
¿Por qué la vida se dió de ésta manera?
¿Por qué nadie te avisó
qué lo hecho, hecho queda?
Girar la cabeza y mirar atrás
te puede hacer llorar.
Ya comienzan las ausencias, nada es igual.

Saborear derrota, aquí
es experimentar fracaso.
No portar cicatrices de amor
o ni siquiera haberlo gozado,
eso es una gran ausencia
¡un lujo que nadie se puede permitir!
Salir y sólo hallar la puerta de la soledad
es algo que a nadie debiera ocurrir.

Algunos tal vez puedan sentarse
y cosechar los frutos que les dió la vida.
Materiales o de los otros, los intangibles,
esos tal vez sean los mejores.
Qué forma de eludir la muerte
es sino haber tenido un hijo,
o haber escrito un libro. Y un árbol
dándole buena sombra al mármol.

Puede haber balances, pero casi ya no sirven
aquellas reflexiones.
Ya no pueden haber ni dudas ni temores.
Termina la batalla del cuerpo contra el tiempo.
Serenarse y reposar, pero nunca abandonarse.
Si ya sabemos la respuesta
de nada sirve atormentarse.

Llegó el momento de disfrutar
a ese adolescente y joven loco.
Reírse de su falta de experiencia
y añorar su vigor.
A pesar de sus defectos
te hizo el hombre que sos.
Sentado en el codo de la vida
un breve e intenso camino queda,
la imagen del espejo te interpela:
¡la senectud al lado del infierno queda!

Cuánto error, cuánta verdad.
Tanta duda, tanta fe.
Tanta desesperación,¡cuánta esperanza!
Tan similar a una oración,
tan parecido a una plegaria.
No es fácil permanecer ateo
cuando está por sonar la última campana.
Toda una vida esperando una respuesta
¡ahora dudas en hallarla!

Caballero de la triste figura
allá va cuerdo en su locura,
en un loco cabalgar.
Si el infierno fueran molinos de viento
allá voy, junto a tu montura
dispuesto a naufragar. A perder
la última batalla en un anunciado final.
¡Don Quijote tú no mueres nunca, ya eres inmortal!


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