Diez canciones, diez cuentos. -Coplas a mi país-
Sonó el teléfono y era mi ex. Después de recordarme que la semana entrante se vencía le fecha para depositar la cuota de alimentos, cuando corté, quedé más deprimido. Ya venía con el ánimo para el culo en realidad. ¿En qué momento mi vida se había ido al carajo y no me había dado cuenta? El divorcio, era una mancha más en el barro de lo cotidiano, sobre todo después de dos convivencias fallidas.
Pero no era sólo eso. Había comenzado a tener una sensación de que nada me había salido como yo quería. Cuando estaba en la Facultad de Derecho (más de treinta años, no lo puedo creer) todo parecía posible. Desde el retorno de Perón hasta la posibilidad de un gobierno de corte izquierdista como en Chile. ¿Qué podía salir mal, si éramos tan jóvenes?
Yo estaba en la JP, ¡la gloriosa JP! Era un militante convencido de todo lo que hacíamos. Y ahí creo que estuvo mi primer error, claro que no me di cuenta hasta ahora. Puedo ser un fracasado, pero algo de experiencia acumulé. Tendría que haber pasado directamente a Montoneros. Cuando llegó la hora de los fierros, dudé. Me cagué en realidad. Me cagué todo. Patricia nunca me lo perdonó. Por eso hoy, todavía, puedo ver su retrato pixelado, sobre el fondo blanco del pañuelo que su madre, estoicamente, lleva sobre su cabeza todos los jueves.
Ella tomó la decisión de irse a Tucumán, el mismo día que el General los echó de la plaza. Todavía me acuerdo de sus palabras, antes de subirse a la camioneta, con el resto de los compañeros “existen momentos cruciales en una persona y este es el mío, ojalá que no te des cuenta, con el tiempo, que este también era tu momento”
Esos ojos negros como la noche que me miraron mientras se alejaba y el último beso que nos dimos, fueron mi calor en tantas noches de exilio, primero; después nunca esa imagen dejó de acompañarme en todos estos años de fracaso.
Ese es mi estigma, dudar. Tomar decisiones y dudar. Por eso me fui a Méjico. La duda me devoraba el cerebro. No había pasado a la clandestinidad, llamarme al olvido en alguna parte del territorio para intentar recibirme, o irme. Tenía que elegir y me volví a equivocar. La máquina trituradora de cuerpos y voluntades ya estaba en marcha. Sólo iba a quedar una tierra yerma. Seca. Sin ánimo ni capacidad de respuesta. Con el temor y la duda infiltrado en lo más hondo de cada ciudadano. Por acción u omisión, todos íbamos a ser responsables del futuro.
¿Y qué futuro iba a imaginar yo, mitad periodista forjado en el exilio, mitad abogado nunca recibido? Cuando volví, en plena primavera alfonsinista, supe que me iba a volver a equivocar. Había quedado como suspendido en el tiempo, traté de militar en la JP, pero nada era lo mismo. Tendría que haber comenzado con una lenta, pero sostenida reconversión. Maquillarme; hacer gatopardismo.
Muchos de los que se habían llamado a silencio en el territorio, parecían haberse entrenado en esos años de plomo, para tomar el poder en algún momento, con esa practicidad que sólo da el paso del tiempo y la especulación política.
“a los radicales no los para nadie, Beto. Herminio Iglesias y Luder, ¿Cómo vamos a ganar? Sólo hay que saber esperar”
La frase lapidaria de Javier, fue como un alerta. Militante montonero reconvertido en brillante dirigente bonaerense, estaba en primera fila cuando el turco heredó el mando anticipado de los radicales. Esa década me terminó de abrir los ojos. Encumbrados montoneros, reconvertidos en hombres de negocios. Alucinados antiguos jefes guerrilleros llevando, otra vez, a jóvenes idealistas al matadero en un inútil copamiento a una unidad militar.
Equivocada, o no, Patricia había tomado la decisión correcta en el momento justo. Se que si viviera, no haría gatopardismo. Murieron los que tenían que morir, los otros se maquillaron para tomar el poder de forma democrática, movidos por la codicia más que por las convicciones.
Y ahora, a casi treinta y tres años de aquel recital de Piero en la Facultad de Medicina en Mayo del “72, se me quiebra el alma y la poca dignidad que me queda, viendo la manipulación burda de gente de mi generación, reconvirtiendo una época de militancia, en pura publicidad para seguir usurpando los dineros y los poderes del estado.
Si no fuera por las Abuelas y las Madres, esto sería una mierda absoluta. ¿Cómo pudimos perder tanto el rumbo? ¿En qué lógica de mercado quedaron los ideales de toda esa generación? ¿Por qué nos hicimos tanto daño y aun nos lo seguimos haciéndo?
Todavía recuerdo la emoción de escuchar a Piero con el Cuarteto Zupay, cantándole a ese país que íbamos a cambiar, por las voces calladas a machete y balazo, por la pobreza y el hambre de nuestra gente. Con esas canciones, que las llamaban de protesta. Creíamos en nosotros y en nada más; eso solo, alcanzaba. Ahora veo que no era suficiente, que muchos se convirtieron, en aquello que tanto criticábamos. El poder enferma y corrompe, por eso el país y las coplas con la que le cantábamos, siguen siendo lo mismo. Voces silenciadas por la violencia, gente con hambre y pobreza. ¿Qué le vamos a cantar a nuestra gente?
Tal vez yo no soy el fracasado que creo ser, tal vez a mi manera, fui fiel a mis principios, tal vez si hubiera pasado a la acción armada. Tal vez si mis dudas…, tal vez si… Ya no entiendo nada…
http://www.youtube.com/watch?v=mciV3330VFA
(José Tcherkaski – Piero)
Me estoy muriendo de frío.
Tengo la bronca en la voz
Porque a esta puerta del río
Le apuñalaron el sol,
Porque a esta puerta del río
Le apuñalaron el sol.
¡Ay! País, país, país.
¡Ay! País, país, país.
Este suelo tiene un nombre
Desde mar hasta la sierra.
Cómo le cuento a mi gente
Lo que pasa en esta tierra
Pero cómo le cuento a mi gente
Lo que pasa en esta tierra.
No soy de muchas palabras.
Hay muy poco que contar.
Las cosas se cuentan solas.
Sólo hay que saber mirar.
Las cosas se cuentan solas.
Sólo hay que saber mirar.
Y después lo que yo canto
Que me lo llaman protesta.
Cómo contar lo que pasa
Con mi gente y su pobreza.
Pero cómo contar lo que pasa
Con mi gente y su tristeza.
¡Ay! País, país de nube,
lleno de humo y alcohol.
Cómo le canto a mi gente
Lo que yo pienso de vos,
Pero cómo le canto a mi gente
Lo que yo pienso de vos.
Que a mi patria la fundaron
A golpes y cachetazos.
Cuántas voces se callaron
A machete y a balazos.
Pero cuántas voces se callaron
A machete y a balazos.
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