Carlo, Donnatella y Francesca

En Escobar, la primavera explota. Literalmente. No sólo el municipio festeja la Fiesta Nacional de la Flor sino que todo está más verde. Es muy lindo. Hace muchos años trabajé en una Clínica en esa localidad y en en una de esas mañanas de sábado primaverales, estacionó en la puerta un coche importado de película. La década menemista recién empezaba y los lujos del uno a uno aparecían de a poco y no para todos.
La secretaria, que conocía a todos los clientes, se rió para adentro y no dijo nada. Sólo pude ver la picardía en sus ojos. A la Veterinaria entró una mujer espectacular. Madura, unos 40 o 44 años, bronceada y con ojos verdes de película. italiana y con un escote que hacía muy difícil sostenerle la mirada.
Quedé aturdido, no sólo por esa entrada tipo diva de película. No traía ningún animal y daba la sensación de querer hacerse atender, pero ¿Y la mascota?
La secretaria me presentó a la clienta y como corresponde me dió dos besitos, uno en cada mejilla. Pasó al consultorio y se acomodó en una de las sillas y con una media lengua a mitad de camino entre el italiano y el castellano, comenzó a explicarme lo que le pasaba a su mascota. Se sacó la estola que tenía en los hombros, sacudió la melena y siguió hablando.
La puerta del consultorio todavía estaba abierta y de forma que no se notara miré medio desesperado hacioa el mostrador. Mabel se estaba cagando de risa, veo que hace un gesto y en ese preciso instante la tana empieza a los gritos: ¡Carlo! ¡Carlo!
Majestuoso, Carlos aparece en el consultorio, portando sonbre su antebrazo derecho una hembra Yorkshire mientras con la mano izquierda le acaricia la cabeza..
No voy a entrar en detalles, pero a Carlos no le conocí la voz, si la billetera. Donnatella copó la escena y muy afligida me relató los dolores menstruales de la perra, mientras Carlos asentía con su cabeza. También el mal aliento era motivo de consulta, eso seguramente iba a necesitar cirugía.
Y así, entre los gestos ampulosos y teatrales de Donatella y las afirmaciones de Carlos, transcurrió la consulta. Si venían juntos al consultorio, siempre se repetía la misma escena, ella entrando primero y él atrás con la perra en brazos, de lo contrario venía Carlos solo, pero con una actitud diferente, ligeramnete harto de “Francesca”
A los Yorkshire se los conoce, en la jerga veterinaria, como el “perro de los cornudos” y en general hay una tendencia a asociar a los perros de razas miniaturas, con ciertos tipos de dueños. Esto desde ya que no es así, pero cuando hay una cierta semejanza con actitudes estereotipadas y aparecen estas razas, las comparaciones y el recuerdo son inevitables.


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