Diez canciones, diez cuentos. -Coplas a mi país-

Sonó el teléfono y era mi ex. Después de recordarme que la semana entrante se vencía le fecha para depositar la cuota de alimentos, cuando corté, quedé más deprimido. Ya venía con el ánimo para el culo en realidad. ¿En qué momento mi vida se había ido al carajo y no me había dado cuenta? El divorcio, era una mancha más en el barro de lo cotidiano, sobre todo después de dos convivencias fallidas.
Pero no era sólo eso. Había comenzado a tener una sensación de que nada me había salido como yo quería. Cuando estaba en la Facultad de Derecho (más de treinta años, no lo puedo creer) todo parecía posible. Desde el retorno de Perón hasta la posibilidad de un gobierno de corte izquierdista como en Chile. ¿Qué podía salir mal, si éramos tan jóvenes?
Yo estaba en la JP, ¡la gloriosa JP! Era un militante convencido de todo lo que hacíamos. Y ahí creo que estuvo mi primer error, claro que no me di cuenta hasta ahora. Puedo ser un fracasado, pero algo de experiencia acumulé. Tendría que haber pasado directamente a Montoneros. Cuando llegó la hora de los fierros, dudé. Me cagué en realidad. Me cagué todo. Patricia nunca me lo perdonó. Por eso hoy, todavía, puedo ver su retrato pixelado, sobre el fondo blanco del pañuelo que su madre, estoicamente, lleva sobre su cabeza todos los jueves.
Ella tomó la decisión de irse a Tucumán, el mismo día que el General los echó de la plaza. Todavía me acuerdo de sus palabras, antes de subirse a la camioneta, con el resto de los compañeros “existen momentos cruciales en una persona y este es el mío, ojalá que no te des cuenta, con el tiempo, que este también era tu momento”
Esos ojos negros como la noche que me miraron mientras se alejaba y el último beso que nos dimos, fueron mi calor en tantas noches de exilio, primero; después nunca esa imagen dejó de acompañarme en todos estos años de fracaso.
Ese es mi estigma, dudar. Tomar decisiones y dudar. Por eso me fui a Méjico. La duda me devoraba el cerebro. No había pasado a la clandestinidad, llamarme al olvido en alguna parte del territorio para intentar recibirme, o irme. Tenía que elegir y me volví a equivocar. La máquina trituradora de cuerpos y voluntades ya estaba en marcha. Sólo iba a quedar una tierra yerma. Seca. Sin ánimo ni capacidad de respuesta. Con el temor y la duda infiltrado en lo más hondo de cada ciudadano. Por acción u omisión, todos íbamos a ser responsables del futuro.
¿Y qué futuro iba a imaginar yo, mitad periodista forjado en el exilio, mitad abogado nunca recibido? Cuando volví, en plena primavera alfonsinista, supe que me iba a volver a equivocar. Había quedado como suspendido en el tiempo, traté de militar en la JP, pero nada era lo mismo. Tendría que haber comenzado con una lenta, pero sostenida reconversión. Maquillarme; hacer gatopardismo.
Muchos de los que se habían llamado a silencio en el territorio, parecían haberse entrenado en esos años de plomo, para tomar el poder en algún momento, con esa practicidad que sólo da el paso del tiempo y la especulación política.
“a los radicales no los para nadie, Beto. Herminio Iglesias y Luder, ¿Cómo vamos a ganar? Sólo hay que saber esperar”
La frase lapidaria de Javier, fue como un alerta. Militante montonero reconvertido en brillante dirigente bonaerense, estaba en primera fila cuando el turco heredó el mando anticipado de los radicales. Esa década me terminó de abrir los ojos. Encumbrados montoneros, reconvertidos en hombres de negocios. Alucinados antiguos jefes guerrilleros llevando, otra vez, a jóvenes idealistas al matadero en un inútil copamiento a una unidad militar.
Equivocada, o no, Patricia había tomado la decisión correcta en el momento justo. Se que si viviera, no haría gatopardismo. Murieron los que tenían que morir, los otros se maquillaron para tomar el poder de forma democrática, movidos por la codicia más que por las convicciones.
Y ahora, a casi treinta y tres años de aquel recital de Piero en la Facultad de Medicina en Mayo del “72, se me quiebra el alma y la poca dignidad que me queda, viendo la manipulación burda de gente de mi generación, reconvirtiendo una época de militancia, en pura publicidad para seguir usurpando los dineros y los poderes del estado.
Si no fuera por las Abuelas y las Madres, esto sería una mierda absoluta. ¿Cómo pudimos perder tanto el rumbo? ¿En qué lógica de mercado quedaron los ideales de toda esa generación? ¿Por qué nos hicimos tanto daño y aun nos lo seguimos haciéndo?
Todavía recuerdo la emoción de escuchar a Piero con el Cuarteto Zupay, cantándole a ese país que íbamos a cambiar, por las voces calladas a machete y balazo, por la pobreza y el hambre de nuestra gente. Con esas canciones, que las llamaban de protesta. Creíamos en nosotros y en nada más; eso solo, alcanzaba. Ahora veo que no era suficiente, que muchos se convirtieron, en aquello que tanto criticábamos. El poder enferma y corrompe, por eso el país y las coplas con la que le cantábamos, siguen siendo lo mismo. Voces silenciadas por la violencia, gente con hambre y pobreza. ¿Qué le vamos a cantar a nuestra gente?
Tal vez yo no soy el fracasado que creo ser, tal vez a mi manera, fui fiel a mis principios, tal vez si hubiera pasado a la acción armada. Tal vez si mis dudas…, tal vez si… Ya no entiendo nada…

http://www.youtube.com/watch?v=mciV3330VFA

(José Tcherkaski – Piero)

Me estoy muriendo de frío.
Tengo la bronca en la voz
Porque a esta puerta del río
Le apuñalaron el sol,
Porque a esta puerta del río
Le apuñalaron el sol.

¡Ay! País, país, país.
¡Ay! País, país, país.

Este suelo tiene un nombre
Desde mar hasta la sierra.
Cómo le cuento a mi gente
Lo que pasa en esta tierra
Pero cómo le cuento a mi gente
Lo que pasa en esta tierra.

No soy de muchas palabras.
Hay muy poco que contar.
Las cosas se cuentan solas.
Sólo hay que saber mirar.
Las cosas se cuentan solas.
Sólo hay que saber mirar.

Y después lo que yo canto
Que me lo llaman protesta.
Cómo contar lo que pasa
Con mi gente y su pobreza.
Pero cómo contar lo que pasa
Con mi gente y su tristeza.

¡Ay! País, país de nube,
lleno de humo y alcohol.
Cómo le canto a mi gente
Lo que yo pienso de vos,
Pero cómo le canto a mi gente
Lo que yo pienso de vos.

Que a mi patria la fundaron
A golpes y cachetazos.
Cuántas voces se callaron
A machete y a balazos.
Pero cuántas voces se callaron
A machete y a balazos.

Rock de Dios

Bienvenida violencia, adiós ilusión
Puedo recoger las pistolas del piso
Llenarlas de balas y disparar sin razón.
Ya se cerraron las puertas del cielo
Acabo de abrir las del infierno hoy

Dragones de fuego llenan los diarios
Las manos imploran al cielo
Un castigo divino se encienda hoy
Esta escalera no lleva al cielo
Esta escalera no lleva a Dios.

Ángeles negros dominan la tierra
Demonios al viento caen de un avión
Suenan campanas de guerra
Buscando una excusa
Suenan en nombre de Dios.

Cada día

Un poema cada dia, tan solo eso
Nada mas pido.
poder escribir un poema cada dia
Trescientos sesenta y cinco dias tiene el año,
que feliz sería poder escribir
trescientas sesenta y cinco poesías.
Nada de ensayos, novelas, teorías.
Con un poema cada día
seguro he de atrapar la vida,
retener cada instante
será más fácil todavía:
La baldosa del patio rota,
mis zapatos con puntera
en el patio de la escuela
y mi gato intoxicado
quedan atrapados con un poema cada dia.
Pero también quedan atrapadas.
las miserias de la vida:
hambres, guerras, pestes;
la ira de la especie
hacia si misma.
La certeza de que la vida cabe en una poesía
pueda lograr tal vez
que un poema escriba cada dia.

Carlo, Donnatella y Francesca

En Escobar, la primavera explota. Literalmente. No sólo el municipio festeja la Fiesta Nacional de la Flor sino que todo está más verde. Es muy lindo. Hace muchos años trabajé en una Clínica en esa localidad y en en una de esas mañanas de sábado primaverales, estacionó en la puerta un coche importado de película. La década menemista recién empezaba y los lujos del uno a uno aparecían de a poco y no para todos.
La secretaria, que conocía a todos los clientes, se rió para adentro y no dijo nada. Sólo pude ver la picardía en sus ojos. A la Veterinaria entró una mujer espectacular. Madura, unos 40 o 44 años, bronceada y con ojos verdes de película. italiana y con un escote que hacía muy difícil sostenerle la mirada.
Quedé aturdido, no sólo por esa entrada tipo diva de película. No traía ningún animal y daba la sensación de querer hacerse atender, pero ¿Y la mascota?
La secretaria me presentó a la clienta y como corresponde me dió dos besitos, uno en cada mejilla. Pasó al consultorio y se acomodó en una de las sillas y con una media lengua a mitad de camino entre el italiano y el castellano, comenzó a explicarme lo que le pasaba a su mascota. Se sacó la estola que tenía en los hombros, sacudió la melena y siguió hablando.
La puerta del consultorio todavía estaba abierta y de forma que no se notara miré medio desesperado hacioa el mostrador. Mabel se estaba cagando de risa, veo que hace un gesto y en ese preciso instante la tana empieza a los gritos: ¡Carlo! ¡Carlo!
Majestuoso, Carlos aparece en el consultorio, portando sonbre su antebrazo derecho una hembra Yorkshire mientras con la mano izquierda le acaricia la cabeza..
No voy a entrar en detalles, pero a Carlos no le conocí la voz, si la billetera. Donnatella copó la escena y muy afligida me relató los dolores menstruales de la perra, mientras Carlos asentía con su cabeza. También el mal aliento era motivo de consulta, eso seguramente iba a necesitar cirugía.
Y así, entre los gestos ampulosos y teatrales de Donatella y las afirmaciones de Carlos, transcurrió la consulta. Si venían juntos al consultorio, siempre se repetía la misma escena, ella entrando primero y él atrás con la perra en brazos, de lo contrario venía Carlos solo, pero con una actitud diferente, ligeramnete harto de “Francesca”
A los Yorkshire se los conoce, en la jerga veterinaria, como el “perro de los cornudos” y en general hay una tendencia a asociar a los perros de razas miniaturas, con ciertos tipos de dueños. Esto desde ya que no es así, pero cuando hay una cierta semejanza con actitudes estereotipadas y aparecen estas razas, las comparaciones y el recuerdo son inevitables.

Historias de consultorio- Introducción-

Escribir posteos sobre anécdotas de un consultorio Veterinario, tal vez no sea muy ameno, pero la idea es reflejar en alguna medida la conducta de los dueños. Es dedcir como muchas veces el ser humano transmite a las mascotas un parecido con sus dueños. El dicho popular dice “dime con quién andas y te diré quién eres.” Acá lo podemos adaptar y decir “dime que perro tienes y te diré quién eres”.
Es sabido que las mascotas en general y los perros en particular, absorben las conductas que hay en su entorno. Esto hace que muchos perros tengan “conductas humanizadas” De hecho ¿cómo explicar la conducta de esa perra que ante la presencia de un cachorro de humano abandonado (20-08-08), lo llevó a su cucha para protegerlo con el resto de sus crías? ¿La hembra humana abandona su cría y el “animal” lo lleva con los suyos?
La verdad, como especie, no quedamos muy bien parados. Por eso la idea rectora de estos posteos van a ser las comparaciones continuas de las historias que voy a ir contando y la delgada línea que separa la conducta de los seres humanos y la de los animales, de cómo algunos generalizan y dicen querer más a los animales que a la gente. De la discriminación que a veces hacen los dueños de perros según la raza o especie que se tenga. De cómo, a veces, a cada raza corresponde un tipo de propietario. Todo esto contado desde el humor, aunque algunas cosas no son para reírse.
Desde ya tengo que agradecer a todos los propietarios por la confianza durante todos estos años, dándome la oportunidad de atender a sus mascotas y sobre todo a “ellos”, los grandes protagonistas de estas historias, que sin pedirnos nada, nos dan todo.
Algunos relatos son hechos que me han sucedido, otros son historias que otros colegas me han contado y muchos otros, son puro cuento.

Diez canciones, diez cuentos:”no lo pienses dos veces, está bien”

                            
 
Marisa: yo se que mandarte un mail es una manera poco tradicional de cortar, pero lo nuestro nunca fue algo convencional. Sino acordate de la fiesta que me pediste por favor que te acompañara (la de tu amiga forrada en plata y aburrida ¿Marcela se llamaba?), terminaron todos en bolas con los stripers y los trabas en la pileta.

Yo no soy un caído del catre, pero que se yo, tengo límites. Pero no te asustes, no es motivo, eso solo, de separación.

Nunca te perdoné que no vinieras al casamineto de Marquitos, ¡mi mejor amigo! Lo conozco desde el jardín de infantees, ¿y qué me decís? “estoy re indispuesta, gordo”

Te hubieras hecho una transfusión y venías, pero sabés qué: nunca te dije nada porque te quería. Ahora me doy cuenta, que te lo tendría que haber hecho saber. De nada sirve poner la mierda bajo la alfombra, en algún momento larga olor o la pisás.

Me cansé de pisar  mierda, ¿te queda claro?

Otra: las vacaciones en Pinamar, me rompiste las bolas todo el año con ir a Pinamar. “Es caro Marisa, no nos va a alcanzar la plata”  ¿Te acordas de tu respuesta? .”¿No harías eso por mi?” Te quería Marisa, fuimos a Pinamar ¿y qué hiciste?. A los tres dias te volviste y les dijiste a todos que como llovió los tres dias, no valía la pena quedarse.

No hay peor ciego, que el que no quiere ver. Pero por algo dicen que el amor, va de la mano de la locura.

Ahora también entiendo porque no querías ir mucho a la casa de mis viejos. Yo creía que era por mamá, pero no. Mi viejo te caló al toque. Lo único que me dijo fue.”está muy fuerte la flaca, pero me parece que te va  a usar”. Como era lógico, me enojé y no le di bola. Y así se nos fue pasando nuestra relación, entre tus miserias y supongo que también las mias.

El archivo adjunto que va con el mail, fue idea de mi viejo cuando vió lo que estaba haciendo. Es una canción de Bob Dylan (un capo el tipo, canta para el culo pero es como dice el viejo “a los íconos, nadie les discuta nada”) se llama “No lo pienses dos veces, está bien”. Como se que tu inglés no es muy bueno, te mando la letra original con la traducción al lado.

PD: le voy a robar una estrofa a Bob Dylan: “…digamos que malgastaste mi precioso tiempo/pero no lo piense dos veces, está bien”

                                        

 

     

 

Dont Think Twice It’s All Right   No lo pienses dos veces, está bien
     
It ain’t no use to sit
and wonder why, babe
It don’t matter, anyhow
An’ it ain’t no use to sit
and wonder why, babe
If you don’t know by now
When your rooster crows at the break of dawn
Look out your window and I’ll be gone
You’re the reason I’m trav’lin’ on
Don’t think twice, it’s all right.
  De nada sirve sentarse
y preguntarse porqué, nena,
además no importa,
y de nada sirve sentarse
y preguntarse porqué, nena,
incluso si no lo has hecho nunca;
cuando el gallo cante al despuntar el alba
mira por la ventana, y me habré ido,
tú eres la razón de que siga mi viaje,
pero no lo pienses dos veces, está bien.
     
It ain’t no use in turnin’ on your light, babe
That light I never knowed
An’ it ain’t no use in turnin’ on your light, babe
I’m on the dark side of the road
Still I wish there was somethin’
you would do or say
To try and make me change my mind and stay
We never did too much talkin’ anyway
So don’t think twice, it’s all right.
  Y de nada sirve que enciendas tu luz, nena,
esa luz que nunca conocí,
y de nada sirve que enciendas tu luz, nena,
estoy en el lado oscuro del camino;
pero deseo que hubiera algo
que dijeras o hicieras
para intentar que cambiara de idea y me quedara,
de todas formas nunca hablamos demasiado,
pero no lo pienses dos veces, está bien.
     
It ain’t no use in
callin’ out my name, gal
Like you never did before
It ain’t no use in callin’ out my name, gal
I can’t hear you any more
I’m a-thinkin’ and a-wond’rin’
all the way down the road
I once loved a woman,
a child I’m told
I give her my heart but she wanted my soul
But don’t think twice, it’s all right.
  Así que de nada sirve
que grites mi nombre, nena,
como nunca antes lo hiciste,
de nada sirve que grites mi nombre, nena
no puedo oírte más;
voy pensando y preguntándome
carretera abajo,
que una vez amé a una mujer,
una niña me dijeron,
yo le di mi corazón, pero ella quería mi alma,
pero no lo pienses dos veces, está bien.
     
I’m walkin’ down that long, lonesome road, babe
Where I’m bound, I can’t tell
But goodbye’s too good a word, gal
So I’ll just say fare thee well
I ain’t sayin’ you treated me unkind
You could have done better but I don’t mind,
You just kinda wasted my precious time,
But don’t think twice, it’s all right.
  Estoy caminando camino abajo, solo,  nena,
a dónde me dirijo, no puedo decirlo,
pero adiós es una palabra demasiado buena,
así que sólo diré que te vaya bien;
no estoy diciendo que me trataras mal
podías haberlo hecho mejor, pero no me importa,
digamos que malgastaste mi precioso tiempo,
pero no lo pienses dos veces, está bien.
     

 

 

 

 

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Diez canciones, diez cuentos -Tarde en Itapoâ-

Habían quedado en encontrarse en el bar de siempre. Sergio era puntual, pero Carlos y Anibal no. Llegaban juntos, más tarde y cagándose de risa. Algunas veces eso, le molestaba más que otras.

Sergio ya había notado que desde que Entel había sido privatizada y fuera comprada por Telefónica, ambos estaban distintos. Después del susto inicial, que no sabían si iban a quedar como empleados, tuvieron suerte no sólo de permanecer sino que fueron ascendidos. Cobraban buena guita. Carmen, su mujer, no se cansaba de decirle que lo único que hacían sus amigos era refregarle en la cara el nivel de vida que llevaban. Pero los conocía desde la primaria, imposible escuchar las quejas de su señora

La reunión era una excusa para hablar de las vacaciones de invierno. Como les habían respetado la antigüedad, acumulaban muchos días de vacaciones, con lo cual guardaban una semana para esta época.
Mientras terminaba el fernet con coca, los vió entrar.

-¡Sergioooo!

Anibal siempre lo saludaba arrastrando la última vocal de su nombre.

-Siempre tarde.

-¡No te calentés!, vas a vivir menos.
-Ya te tomaste un Fernadito, turro. ¿Pediste la comida?

Carlos era el más ansioso de los tres

-No, pero supuse que iban a querer lo de siempre, así que le dije al gallego que fuera preparando un picada especial para tres.

-¿Te volvió a decir lo mismo que la otra vez?

Carlos soltó la carcajada.

-No, pero me miró feo. Creo que debe preparar la de cuatro y después le saca algunas cosas.

-¿Te dijo Carlitos a dónde se va? Con toda la familia a Orlando,Disneylandia.

-Una ganga, Sergio. Una semana todo incluido, tres lucas. ¡No se puede creer! Más barato que cualquier otro destino dentro del país.

Sergio sólo escuchaba.

-Acá son todos chorros, se quieren salvar con un solo cliente. los yanquis la tienen clara, promocionan el turismo loco. Mi suegra se fue a Cancún diez días también todo incluido por mil pesos.

-Y si, a algunos el uno a uno les calza como anillo al dedo.

-¿Cómo algunos?- Anibal puso voz de ofendido- ¡Boludo, esto es el paraiso! El turco y Cavallo la tienen muy clara. Un peso un dolar para todo el mudo, nunca creí vivir para ver esto.

-Es muy cierto lo que decís Anibal, no tenemos más la necesidad de pensar en dólares. ¡Un peso es un dolar! Se acabaron los problemas. Sabés cómo lo vuelvo a votar para las próximas presidenciales. Por los siglos de los siglos, amén.

-Ustedes tiene la suerte de trabajar en una empresa que se privatizó.

-¡Y vos trabajás en una de las empresas automotrices más grandes del país!

-Que no vende un puto coche en el mercado interno. Y lo que se vende, les conviene traerlo de afuera. ¿Eso que significa? Que me quedé sin horas extras, con lo cual no puedo ni pensar en irme de vacaciones de invierno. Y vamos a ver que pasa en el verano.

-Te digo una cosa, Sergio. Acá los empresarios son todos uns garcas, no quieren arriesgar capital, yo me compré un auto japonés y es un lujo. Dieciocho mil dólares-pesos lo pagué.¿Y acá que medan por esa plata? Un auto terminado para el culo. Que se jodan, si se tienen que fundir, que se fundan.

-Está todo pensado para las empresas de servicios, se los dije mil veces. Producir en el país es muy difícil. Hacé de cuenta que hubieran sacado una foto. Si tuviste la suerte de caer en foco y salir en la imagen, estás salvado. Yo siento que estoy en el borde y en cualquier momento me voy de la imagen.

-Estás equivocado, Sergio. Este modelo dura toda la vida, es lo que necesitábamos los argentinos.

-Bueno che, cortémosla con la política.¿Les dije que me voy 10 dias a Maceio? Un hotel cinco estrellas sobre la playa.

Carlos apuró la sopresata con un trago de cerveza y pícaro le preguntó: -¿te vás con tu mujer, Anibal?

Miró a Sergio de reojo

-Sos guacho, si sabés que me voy con la gerenta de recursos humanos. ¿Por qué le metés pua a este?

Paula era la prima de Carmen y a Sergio le molestaba que hiciera esas cosas.

-Sos un boludo. Un día te va a enganchar y vas a perder a una buena mina. Porque Paula no sólo está fuerte, es muy macanuda.

-Me conocés desde la primaria, no puedo coger siempre con la misma mujer. Tal vez sea un defecto, pero tampoco le hago faltar nada. ¡Creeme que disfruta de mi guita!

-¿Y vos no te vas a ningún lado?- Carlos terminó la frase bajando esta vez con la cerveza, una feta de jamón crudo.

-¿Sos pelotudo? Te dije que no hago más horas extras y que si esto sigue asi, van a reducir personal, ¿y vos me preguntás si voy a algún lado?

Me encantaría conocer Brasil, Carlos. Pero no puedo. Me conformo con ver las fotos que traen ustedes de sus viajes y escucho música brasilera. Muero por el samba y la bossa.

-Disculpame, no me di cuenta. No discutamos más, vamos a brindar.

-¡Por las mujeres!- dijo Anibal

-¡Por el uno a uno! dijo Carlos mientras liquidaba el resto de la cerveza.

-Por la amistad.

Se despidieron y quedaron en encontrarse cuando Carlos y Anibal volvieran de las vacaciones. Sergio había dejado el coche a la vuelta . Hacía frio con lo cual rogaba porque la batería no fallara y el auto arrancara enseguida.

Mientras esperaba que calentara un poco el motor, sacó el estereo de abajo del asiento y puso un casette. La cinta era medio vieja, pero para el auto estaba bien. Tenía grabado uno de los discos de Vinicius en la Fusa. El viaje de regreso a Pacheco iba a ser como una especie de lenta caminata por Itapoâ. Ni bien escuchaba los primeros acordes de la guitarra de Toquinho, se sentía automáticamente transportado a la mítica playa.

Tal vez el uno a uno no lo favorecía, pero siempre iba a tener a mano “Tarde em Itapoâ” para poder figurarse en otro sitio, un poco más cálido que la realidad que le tocaba vivir.

El Crítico

El Crítico

La campanilla del teléfono me sobresaltó, siempre lo hacía, más un domingo a las 9:30 de la mañana. Mi editora llamaba para recordarme que esa tarde era la presentación. Lourdes muchas veces se comportaba más como una madre sobre protectora, que como un jefe que le dice a sus empleados qué hacer.

Hacía más de diez años que había llegado de Bahía Blanca y desde un principio me trató con afecto, tal vez porque veía algo en mí que yo no alcanzaba a divisar. A expensas de ella la editorial había invertido mucho en mis libros y hoy era la presentación de mi última novela, la que me iba a consagrar como un escritor de culto y de masas, algo difícil de congeniar. Como un ascenso lento y calculado, hoy llegaba al pináculo de mi poder creativo a tal punto que la presentación iba a estar a cargo de Alfonso de las Pléyades Bolaino, el mayor crítico de lengua hispana.

Yo no estaba tan convencido de que mi último libro fuera el mejor. Como un padre que hace diferencias con sus hijos, la novela anterior “Navegante de la nada” hubiera sido merecedora de todos los elogios, pero claro, la crítica no lo había entendido así.

Por eso estaba un poco escéptico al ruido que precedía a toda la presentación y Lourdes lo sabía. La llamada matinal era para adoctrinarme y que nada quedara librado al azar. Corté y quedé pensando en nada, porque “Pensar en nada” no sólo era el nombre de una canción que me gustaba sino que también era una de las formas en que a veces preparaba mis próximos libros o relatos. Pero ¿cómo y qué es pensar en nada?

Pensar en nada puede ser pensar todo también al mismo tiempo, una forma de dejar que la imaginación fluya y sentirme como un pescador de mis propias ideas, fantasías o delirios. Lentamente irán tomando noción de palabra que unidas dan un lenguaje y que sostenido sobre sí mismo y en torno a una idea, luego pueden surgir como un libro.

La distancia que media entre pensar en nada y un texto, era a veces tan grande y profunda como un océano, donde podía quedar atrapado y hundirme sin remedio, o bien llegar victorioso a la otra orilla.

Entré a la ducha a lavar mis pecados nocturnos, que muchas veces se habían convertido también en relatos, imaginando la presentación. Si bien estaba acostumbrado a este tipo de eventos, esta vez tenía cierto prurito, una especie de temor, un no se qué. La llamada de Lourdes había producido en mí el efecto contrario, estaba intranquilo. Esa sensación de grandielocuencia que le estaba dando la editorial a todo el asunto, me parecía mucho. Después de todo se trataba de un libro. ¡Nada más, ni nada menos! Yo sabía que no era Shakespeare, pero si algo íntimo anhelaba en mi escritura, era la intención de perdurar, de conmover. Como una especie de cometa literario cuya órbita se acerca y aleja del objeto, pero siempre está, brillando como un hito para guiar a generaciones futuras. O, por lo menos, era lo que intentaba.

Llegué temprano al salón donde se iba a dar la presentación de la novela junto con un lunch. Los mozos preparaban con esmero las mesas, que de tanto y tan bien servidas hubieran confundido a algún transeúnte desprevenido, con una fiesta de casamiento en horario extraño. Lourdes agradeció mi anticipada puntualidad y comenzó a darme las instrucciones de dónde me debía ubicar y cómo proceder. Los invitados que lentamente iban llegando eran recibidos con una copa para que se fueran ambientando, todo muy relajado. Pero yo me sentía como de madera.

El comienzo de la presentación estaba pautado para cuando llegara Pléyades Bolaino, quién tenía que partir rápido pues en Ezeiza un avión lo esperaba para regresar a España a otra multitud de eventos.

Caminando entre el público que iba llegando y tratando de pasar desapercibido, llegué hasta donde estaban los mozos, que se habían tomado un descanso mientras fumaban. De inmediato me ofrecieron una bandeja de canapés exquisitos, de esos que se pagan pero nunca llegan al salón. Viendo mi cara de satisfacción se rieron cómplices y siguieron con su tarea, mientras me serví un bourbon doble y fui en busca de Lourdes que me estaba buscando, pues él ya había llegado.

Tomé ubicación detrás del micrófono junto a ella y el jefe regional de la editorial. Ya se había formado un enorme semi círculo de gente que esperaba ansiosa la presentación. De los allí presentes, me llamaron la atención tres personas que estaban en los primeros lugares. Una joven bonita con aspecto de estudiante de letras, sostenía entre sus manos un ejemplar de mi libro mientras no paraba de mirarme, tal vez emocionada de tener tan cerca a su autor favorito, o vaya a saber qué clase de deseo oculto sostenía con su mirada. Un poco hacia la derecha de la joven se había ubicado una señora muy elegante y adornada con joyas para la ocasión, embutida en un vestido que marcaba generosamente sus curvas al punto de generar deseo inmediato de arremeter sobre ella como un toro, tarea a la que parecía dedicarse la tercera persona que me llamó la atención; un hombre atildado con aires de ejecutivo distendido en día domingo, ubicado detrás de la mujer elegante.

-Qué decir amigos míos, qué puedo yo decir ante soberbia escritura. Cómo no dejarse llevar por tan sorprendente relato, que echa bases en el realismo mágico tan típico de le desmesura de este continente, hasta hurgar la raíz misma de la narrativa americana.

¡Sabía! Sabía que esto iba a pasar, por algo me sentía tan inquieto. Una parálisis se adueñó de todo mi cuerpo, sólo quedaban mi cerebro y el eco de mi propia voz retumbando en mi cabeza.

-¿Cómo explicar en palabras el paradigma de la pulsión brechtiana y joyciana que anida en cada capítulo? No hay sustantivación posible de ningún escritor que pueda ser abarcativa de tanta verba generosa.

El público estaba tan atento a él, que suponía que nadie se iba a dar cuenta de mi estado de parálisis. ¿Por qué no podía entender lo que estaba diciendo? ¿Cómo era posible que todos asintieran con sus cabezas y sonrieran consintiendo cada palabra del crítico si yo que lo había escrito, no entendía lo que decía acerca de mi propia escritura.

-La subjetividad intrínseca del yo descreído y tecnológico encuentra un reparo ante tanto discernir metafísico.

Definitivamente no entendía nada, sentía vergüenza de estar petrificado con un sudor frío por todo el cuerpo. La joven estudiante seguía devorándome con su mirada con una excitación apenas contenida, sabiendo que iba a ser la primera a quién le iba a firmar un ejemplar.

La mujer elegante sudaba sexo por todos sus poros, los pechos asomando por el escote pedían a gritos dos manos firmes que los contuvieran. De hecho el ejecutivo en domingo la sujetaba firmemente de las nalgas semejando a un cazador a punto de disparar sobre su presa.

Con el rabillo del ojo pude observar a Lourdes que hacía un esfuerzo supremo por mantener la calma, ya que se había percatado de mi estado casi catatónico y la idea era que yo dijera algunas palabras. Pero qué decir después de semejante arenga.

¿Cómo explicar a los lectores qué es pensar en nada? ¿Cuál es el recurso literario que está en juego cuando uno evoca un recuerdo, un olor, o una fragancia traída a la infancia? Un delirio nocturno, un desamor. ¡El dolor! Ese era mi desafío cotidiano ante la hoja en blanco, donde uno trata de poner orden ante tanta confusión.

Gracias por abrir el libro y leerlo de la primera a la última hoja, por confiar en mi locura, por permitir que como una piedra arrojada al agua, estas hojas hagan pequeños círculos que lentamente se alejan del original para crear nuevas sensaciones, abriendo puertas y caminos que ya dejan de ser míos siendo transitados tal vez por otros peregrinos. Una sombra en el desierto que dé alivio ante tanto desaliento.

Pero difícilmente, sólo difícilmente se lo explica.

-No puede faltar tampoco una cita bien borgeana sobre este magnífico libro, que como un laberinto de espejos no sabemos cuál es la imagen real y la reflejada de todos y cada uno de los personajes…

En el fondo del salón los mozos estaban fumando otra vez, cuando en forma abrupta el techo se rasgó en dos y una intensa luz me dejó casi ciego por unos segundos. Flotando a través del rayo luminoso me pareció distinguir dos formas que bajaban y se acercaban a mí. Eran dos vocales, tal vez la “a” y la “u”, me tomaron mansamente de los brazos y me llevaron de paseo. Abajo mi cuerpo seguía quieto, Lourdes se desesperaba y ya había empezado a darme leves codazos. Los mozos levantaron sus cabezas y me saludaron pues quién sabe cuando fuera a regresar. Mientras, él ya casi terminaba su presentación:

-…y por todo lo antes dicho, les pido un enorme aplauso para este gran escritor.

La muerte de un librero

LA MUERTE DE UN LIBRERO

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Cualquier día soleado de otoño después de almorzar, funcionaba como invitación a una caminata, sobre todo cuando el mismo habia consistido en unas buenas gambas al ajillo como entrada y luego una porcion de arroz con mariscos. Todo regado con un buen vino tinto. Por suerte el gallego conocía todas mis mañas ahora que me había separado.

Por eso la caminata hasta la librería actuaba como una especie de sobre mesa, sintiendo el sol de otoño en la cara. Las primera tres cuadras eran de un andar automático, como esos caballos con anteojeras, que a pesar de no ver nada siempre llegan a destino. Promediando la mitad del camino , el efecto de la comida iba cediendo. Pero eso no evitó que viera un nuevo local sobre la Avenida, no muy grande, pero muy moderno y con varios cubículos con operadores de computadoras. Parecia un Call-Center si no hubiera sido por el cartel exterior que anunciaba con mucha pompa que eso era una librería.

Cuando llegué a destino Jorge ya tenia preparada una copa de cognac con una buena dosis de café

-Te demoraste un poco, supongo que fue por el almuerzo

-Si y no. En realidad no sabia si comentarle lo que habia visto. Si bien Jorge tenia un negocio, la libreria, no tenia las mañas de un comerciante. Algo tan elemental como controlar que hacia la competencia, no pasaba por su cabeza. Lo de él era más artesanal

-¿Llegás tarde y te ponés misterioso? Sí, por la comida. ¿Y no por qué?

Cuando empecé a contarle, se sentó en los sillones que tenía detras del anaquel principal, que funcionaba como un pequeño reservado para los íntimos

-¿Estas seguro?

-Mirá Jorge, nadie va a anunciar con semejante cartel una actividad que no se desarrolle en el local

-¿Pero no hay estantes?

-No

-Algun anaquel.. ¡Algo!

-Nada Jorge, nada

-¿Había gente?

-Dos personas haciendo averiguaciones con los operadores, el resto tecleaba e imprimía. Seguramente pedidos para entregar a domicilio.

El estupor se le notaba en todo el cuerpo. Se puso a temblar y se sentó. Jorge no era un ser digital, supongo que ni siquiera binario. Cuajaba más con una personalidad respetable del siglo XIX que con alguien en las postrimerias del siglo XX. Atento, caballeroso. De una moral irreprochable. Tan honesto que daba asco para los tiempos que corrían.

Seguidor de causas nobles, insinuarle a Jorge que un libro era una más entre tantas mercancías a negociar, significaba lisa y llanamente perder su amistad. El círculo de amistades intelectuales que Jorge tenía no veía con buenos ojos la gran amistad que nos unía. Tal vez por que fuera un bruto en cuestiones de literatura, nunca dejaban de recordarme la forma en que nos conocimos.

Fue en un taller literario acompañando a mi ex esposa, mientras Jorge daba una clase. Analizaba con gran detalle el último libro de un gran filósofo, Pierre D’la Patie. Yo no entendía nada, estaba ahí para darle el gusto a mi ex, que me hartaba diciendo que una piedra tenía mas imaginación que yo. Cuando llegó el turno de dar mi punto de vista, largué lo primero que se me vino a la mente:

-Pernambuco está torcido

El estupor primero y la carcajada posterior de todos los alumnos no hicieron perder mi calma de granuja con años de calle encima. Jorge se quedó mirándome y dijo

-¿Qué mas?

-En realidad la foto ampliada del restaurante estaba inclinada. Al ispector de impositiva le pareció que por las palmeras y la playa era un paisaje de Brasil y dijo Pernambuco. Eso fue durante el almuerzo que le dieron los directivos de la empresa que inspeccionaba después de haber arreglado frenar todo por una suma de dinero. Para la lógica empresaria pagar para salvar la empresa y seguir evadiendo, no era un delito y mucho menos un problema de moral. Se trataba de un problema de adaptación al medio, cosa que no es así para el filósofo en cuestión. Tal vez para muchos la moral sea una línea que se corre según las necesidades de quien la define y usa.

-¿ Y usted está de acuerdo?. El rostro de Jorge parecía que iba a salirse de sus propias facciones

- No , pero es la realidad que nos toca

Esa había sido la carta de presentación entre ambos y el inicio de una amistad envidiada por muchos

-Berni, ¿Estás seguro de lo que me decís?

-Sí, Jorge, entendelo. Venta de libros por internet. No es tan difícil.

-Berni, para mí los libros son como parte de mi cuerpo. Yo no los vendo, los entrego. El que se lleva un libro de acá recibe un asesoramiento, indicaciones precisas de que va a encontrar ese lector. Hago como una simbiosis si éste está confundido. Y si el que viene es un conocedor mejor, entablo una relación directa. Vos sabés que esta es una librería de viejo y otros tipos de libros. Ya soporté que se vendan en las góndolas, después en disquerías. ¡Y ahora en internet! ¿A dónde carajo va el mercado editorial?

- Ese es tu problema Jorge, que no sabés qué pasa en el mercado. Pernambuco está torcida, no es joda. O te adaptás y corrés la línea o te pasan por arriba.

- Pero yo no puedo claudicar en mis convicciones. ¿Qué voy a vender?. “Cómo ser feliz en 10 capítulos y un suspiro” de Saulo Procta.

- No, Jorge, pero poné un computadora, no muerden. Corré un poco la línea de tus convicciones, modernizás el negocio y no dejás de ser un librero especializado.

Contra todos mis pronósticos, Jorge no me quemó con los ojos. No me di cuenta en ese momento, pero fue el principio del fin

-¿Vos creés que eso me puede ayudar?

- ¡ Claro! te asesorás bien, ponés una página en internet, ampliás tu canal de venta. Mantenés tu estilo, pero le das otra impronta. O vendés más o te fundís

Terminamos el cognac y el café en un silencio que no era habitual entre nosotros.

Después de un mes de mucho trabajo en la empresa, me hice tiempo un domingo para visitar a Jorge en la librería. Cuando entré me llamó la atención que no estuviera en el salón de adelante. Lo llamé y no respondió. Despacio, pasé al reservado y lo vi.

Estaba delante de un monitor de computadora de última generación y moviendo el mouse de aquí para allá.

-Hola Jorge. Ni siquiera levantó la cabeza. Lo volví a llamar , casi gritando.

-Sentate.

-Te fuiste de un extremo a otro. De no tener nada pasaste a una computadora de última generación con pantalla de cristal líquido. ¿ Qué te pasó?

-Está todo Berni, tengo todos los libros del mundo.

- Te dije que era una gran herramienta de negocios y de acumulación de información y datos. ¿Armaste la página en internet?

- Siento como si algo se me hubiera metido adentro. .La información me circula por las venas.

-¿Armaste la página?

-Ahí va devuelta y se me sigue metiendo.

-¿De qué hablás Jorge?

No me contestó más. Siguió mirando como un enajenado la pantalla y en ese momento me costó reconocer la imagen de Jorge que yo tenía. Me levanté y me fui, él ni siquiera se enteró.

Aprovechando que Jorge tenía computadora, comencé a comunicarme a través del correo electrónico, con lo cual mis visitas a la librería se hicieron mas esporádicas. Al principio los textos eran reconocibles,en el sentido de que detrás de la escritura reconocía a Jorge. Pero en lo sucesivo ya no pude distinguir si los textos los escribía él o un clon digital. Utilizaba terminos tan técnicos y poco apropiados para un librero culto y refinado, que supuse que era una broma y que había contratado a alguien que lo aliviara en el trabajo con la computadora.

Volví a pasar por la librería y Jorge ya no era Jorge. Reflejos azul eléctrico asomaban por la piel de sus sienes y antebrazos y los ojos semejaban dos arrobas grandes y redondas.

-¿Jorge, qué te pasó?

-Delaliteratura .com.ar., ese soy. Soy el libro, los libros, todos los géneros. El universo literario está en mí y yo en él, soy como un agujero negro que todo lo atrae. Quien navegue en mí, navegará por todo el mundo literario conocido y por conocer. El editado y el inédito. Soy el nuevo ícono cibernético y digital, soy la escencia de la literatura.

De un tirón desconecté la máquina pero el monitor no se apagó y el CPU seguía funcionando. Jorge cada vez estaba más azul, más eléctrico. Más digital.

Terminé de almorzar en lo del gallego y casi sin darme cuenta estaba haciendo el recorrido habitual para ir a la librería de Jorge. Al pasar por el frente del local , todavía se podía ver el cartel que anunciaba el ofrecimiento del mismo en alquiler. Creo que llavaba más de un año colgado, los posibles candidatos cuando se enteraban de lo sucedido no firmaban contrato

Nunca pude desentrañar el misterio. No sabía si el ícono que regularmente aparecía en las pantallas de las computadoras del mundo con el rostro amigable de Jorge era un sistema informático diseñado por un genio ofreciendo la literarura del mundo y el cuerpo, que estaba en el manicomio, era un espacio vacío. O quizás se hubiera disociado y en el hospicio estaba el continente, su forma exterior, y el contenido, Jorge, navegaba libre por el ciberespacio.

Apenas leo, volví a ser la piedra que era. Ya no estoy seguro de nada excepto que Pernambuco cada vez está más torcido.

Diez canciones, diez cuentos -En el país de la libertad-

Después de cinco días de viaje, llegar a Bariloche era como llegar a las puertas del cielo. Muertos de frío, hambre y sueño, no nos importaba nada. De los diez que habíamos salido de Plaza Constitución, sólo llegamos la mitad.
La primer parada había sido en Mar del Plata. Catalina quería despedirse una vez más de los padres. Cuando aparecimos en la playa, la gente nos miraba horrorizada. Era Febrero del 73, la temporada ya estaba terminando y el país era un hervidero. Nosotros también.
Rubén era el más chico del grupo. Tenía 18 años y yo, por tener 21, me había ganado el apodo de “el abuelo”. Así veíamos el mundo: nosotros y los demás.
Cuando llegamos a Bahía Blanca, tres ya habían desertado. Dormir sobre la ruta , esperando que algún camionero se apiadara de semejante grupo, no era para cualquiera. Sabía que iba a extrañar a Catalina. Si bien no era mi novia, se la pasaba mayormente conmigo.
Eramos jóvenes que estaban contra la sociedad. El sistema nos hinchaba las pelotas, por eso el viaje al sur. Queríamos integrarnos a alguna de las comunidades que se estaban formando. Bariloche era la puerta de entrada, El Bolsón; nuestro objetivo. Pero éramos vistos como bichos raros, hasta por pibes de nuestra edad, quienes la mayoría militaban en alguna agrupación de izquierda o en la JP. Cagones o putos era lo más suave que nos decían.
Después de mucho tiempo tuve la certeza que en eso no nos habíamos equivocado: los políticos también eran una mierda.
Por eso todos nos cagamos de risa , cuando el “pájaro” dijo: “Knokin on heaven doors”. Estaba re-fumado, pero era cierto. El camión nos había dejado en la curva antes de entrar a Bariloche y la vista del Nahuel Huapi, a pesar del frío y del viento, nos dejó impresionados. Era todo y más, de lo que habíamos soñado. Esa noche en la carpa, creo que tuve sexo con Moni y Loli. La verdad, no me acuerdo.

Al otro dia, cuando llegamos al centro cívico, ni bien acomodamos nuestras cosas, se acercó un policía, quién de forma poco amable casi nos intimó a no permanecer en el lugar. La feria artesanal (el muy boludo no quiso decir “hippie”) era los jueves y recién era lunes. Llenamos los termos con café y con algo de dinero que nos quedaba, compramos unos chocolates y emprendimos un lento viaje al Bolsón.
A la altura del kilómetro 12 de la Bustillo nos sentamos un rato, para ver el paisaje y más que nada para descansar. Las chicas tenían los pies a la miseria y todos un hambre atroz. Perseverar en la búsque de un objetivo, no es nada fácil cuando las peredes del estómago están a punto de abrazarse.
-¿Cansados muchachos?
La voz nos sobresaltó. Cómo si un espíritu brotara de entre los árboles, volvió a escucharse la pregunta:
-¿Cansados?
Remontando la pequeña cuesta que iba desde el lago hasta la ruta, apareció la voz Con una melena atada en forma de cola de caballo, un pañuelo de seda en la frente y una barba digna de Dios, un verdadero hippie nos estaba hablando.
-¿Van para el Bolsón?
-Si, alcanzé a contestar. Todavía estaba sorprendido por la aparición casi fantasmal del tipo.
-Por el aspecto que tienen, dudo que puedan llegar al Lago Gutierrez. Además tendrían que haberse desviado un par de kilómetros atrás, como para ir al Tronador y remontar la ruta hasta El Bolsón.
Loli empezó a los gritos
-¡Les dije!, les dije que no era por aquí
El tipo se rió a carcajadas.
-¿Y qué apuro tienen? Los invito a mi humilde morada.
Ninguno salía del asombro. Bajamos la pequeña cuesta y entre una arboleda de cuentos y a orillas del Nahuel-Huapi, alcanzamos a ver una casa maravillosa. Toda construida en madera. Una especie de jardín de invierno con ventanales enormes amenazaba con meterse dentro del lago.
El tipo tendría unos 31 o 32 años. Se le notaba que tenía mucha calle. ¿Qué carajo hacía un hippie de verdad en semejante casa?
Entramos y mientras acomodamos las cosas, las chicas fueron directo al jardín de invierno. El sol de Marzo entibiaba el lugar de manera que daban ganas de quedarse para siempre.
-Me llamo Zam-Bhá y veo que están tan sorprendidos como yo la primera vez. La historia es medio larga, pero básicamente digamos que el dueño es un ricachón inglés que tuvo que viajar de urgencia a Londres. La suerte quiso que un amigo, que lo conoce a este tipo, necesitaba a alguien de confianza para que le cuidara la casa. Ahí es donde entro yo, sólo tengo que mantener todo prolijo, la estadía incluye la casa y la comida.
Achinó los ojos verde claro y largó una risotada bien nasal.
-Los duendes de morfeo me dieron una mano-dijo- mientras miraba a Mónica.
Ninguno entendió el comentario y tampoco nos animamos a preguntar mucho más. Un desconocido nos daba albergue y comida gratis, sólo había que colaborar. No había motivo para seguir indagando, pero por la mirada de Zam-Bhá a Moni, supe que no íbamos a llegar los cinco al Bolsón.
Después de cuatro días reparadores, conociendo Bariloche y escuchando los consejos de Zam, otra vez nos pusimos en camino. Moni nos saludaba contenta, mientras abrazaba la cintura de nuestro hippie extraordinario.

El viaje al Bolsón fue menos largo de lo que esperábamos. Un camión devencijado, que cada dos días hacía el recorrido, nos llevó. Rubén amenazó un par de veces con bajarse, es que los golpes que nos dábamos contra la caja, debido al mal estado de la ruta, no eran para menos.
Pero como siempre, el paisaje una vez más nos volvía a recompensar. El Bolsón de los Cerros se abría majestuoso a nuestros pies. A diferencia de Bariloche, acá se notaba que todo estaba por hacerse. Pero la idea no era civilizar, sino entrar en armonía con el entorno. Después de todo, era territorio Mapuche.
Como era jueves, estaba la feria hippie y de artesanías, con lo cual tomamos contacto inmediato con el ambiente del lugar. Casi sin darnos cuenta, el Pájaro ya estaba en medio de una rueda de gente , compartiendo mate y porros. Rubén, que en el taller de autos del padre, siempre lo ayudaba, tomó contacto con los artesanos para empezar a ofrecer sus habilidades a cambio de comida y alojamiento. En el Bolsón eso no era difícil de conseguir, no importaba si eras conocido o un recién llegado como nosotros. Lo importante era compartir lo mucho o poco que uno tuviera con el resto.
Loli me abrazó y me estampó un beso.
-¡Por fin llegamos! El mundo es nuestro
-Me conformo con que sólo el Bolsón sea nuestro.
Ëramos jóvenes y con un sueño entre las manos, pero los más veteranos fueron muy claros: “…si pasan el primer invierno, puede que se adapten y se queden..”
En pleno Julio, tomamos real conciencia de esa frase. Viviendo en casas precarias y a veces con poca leña para quemar, el primer invierno fue cruel.. Lo que se había cultivado en primavera y verano, no siempre alcanzaba para todos. Muchos iban a Bariloche, para hacer algunos pesos extras con la feria del centro cívico. Los turistas nos veían como a bichos raros, pero se vendía algo más.
Fue en ese momento que tomé conciencia, que tal vez una zona con un clima más benigno, Brasil, como nos había dicho Zam-Bhá, podía hacer más fácil la supervivencia. Renegábamos del sistema, pero íbamos a un centro turístico para poder negociar mejor nuestra mercadería. Mínimas incongruencias, que la juventud no nos dejaba ver.
Las temporadas sucesivas nos encontraron más arraigados a la comunidad. Con Loli habíamos construido una cabaña, precaria, pero toda de madera y con una salamandra en el medio de la habitación, que funcionaba como punto de encuentro para guitarrear y fumar durante las largas noches de invierno.
La primavera del 75, trajo además del sol y algo de calor, novedades políticas y peersonales desagradables. Mi viejo estaba enfermo y mi hermano me pedía que volviera. No podía él solo, hacerse cargo de la fábrica..
Y el país…, el país seguía siendo un hervidero, pero con Perón muerto.

En una de las tantas idas a la feria artesanal, me enteré que el encargado del correo me estaba buscando bastante desesperado. Mi viejo había muerto. Tenía que volver urgente a Buenos Aires.
De tan aturdido que estaba, dejé el puesto y me fui al lago a pensar. Habian pasado tres años desde la temporada del 73 en Mar del Plata y mi pasado de chico burges de clase media acomodada, golpeaba la puerta de mi castillo de cristal.
Lloré, ¡lloré como un condenado! Por mi viejo muerto, por mi vieja, que estaría destruida y por el puto destino que siempre nos encuentra.
Cuando les conté a Loli y Rubén, el Pájaro estaba demasiado drogado como para que me escuchara, no lo podían creer.
-¡No vas a volver, yo se que no vas a volver!
-Calmate flaca, tengo que ir. Es mi familia.
-Si ya se, pero no vas a volver. De todos los que llegamos acá, vos sos el que dejó una vida cómoda en serio. Tu familia tiene guita…
-¡Cortala!, hace tres años que estoy acá y nunca les pedí nada. Se muy bien lo que dejé atrás
-¡Loli!, no rompas las pelotas. A veces las desiciones se toman, según lo que el corazón diga.
Las palabras de Rubén, me reconfortaron. Me abrazó como quien abraza a un hermano y me susurró al oido
-No te pierdas, sólo no te pierdas.

De regreso a Buenos Aires, habiendo pasado Cañuelas, el chofer del camión me despertó y me ofreció un mate.
-Seguro que vos venís del sur, pibe. Va a ser mejor que te cortes la barba y el pelo. Te llega a parar algún retén militar y sos boleta.
-¿Si?.
Contesté en forma automática, mientras terminaba de saborear el mate. Mi cerebro viajaba conmigo, pero mi corazón se había quedado en El Bolsón de Los Cerros.
-¿Me estás tomando el pelo, pendejo? Sacate todo el porro que te fumaste en el sur y acomodate un poco. Bastante me estoy arriesgando al llevarte.
Al sobrino de un compañero de trabajo se lo chuparon. Nadie sabe nada, pero el pibe se esfumó. Cuando le pregunté a mi amigo, dijo que había aparecido en una lista. ¿Entendés? Una lista..¿Cómo se yo, qué vos no estás en una?
-“Busquenme/ me encontraran, en el país/ de la libertad”
-¿Estás contento o seguis drogado, pibe?
Mientras miraba al camionero, con los ojos vidriosos, seguí tarareando el estribillo:
-“…en el país, de la libertad…”


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