DIFERENTE

.

-Pero yo te amo, me dijo.

Ojalá las cosas fueran más fáciles para nosotros. Desde que me descubrí llorando en aquel espejo, nunca nada me fue sencillo. Si hasta casi asumí hace tanto tiempo que la vida era así, complicada y difícil.

Como en la primaria, cuando me sentí tantas veces burlado por todo el grupo de varones que me veían tan especial.

“Diferente”. ¿Acaso no somos todos diferentes?

Como cuando tuve que enfrentar a mis padres para decirles lo que seguramente ya intuían y no querían ver.

Como cuando todos me presentaban mujeres para ver si lograban “curarme”.

Como cuando entré a la universidad, o en aquel primer trabajo, intentando disimular lo indisimulable, para lograr ser aceptado.

Diferente. Diferente como todos, como cada uno, como cada ser, singular.

Pero tan hombre como cualquiera, con aspiraciones, con proyectos, con deseos y con ganas de realizarlos. Pero parece que tengo que andar por la vida convenciendo al resto de que puedo serlo. De que tener una elección sexual diferente no me hace ser peor persona. Que no soy un perverso. Que sólo soy diferente, tan diferente como cada uno de los otros.

Y él me ama. Desde que nos conocemos, nuestra historia fue como cualquier otra historia de amor de cualquier novela rosa que casi todos disfrutarían. Si me dedicara a la literatura, y la contara evitando los géneros, nadie notaría la diferencia. Pero es diferente. Somos dos hombres, y nos amamos. Nos cuidamos, y queremos estar juntos.

La manifestación fue increíble. Éramos muchos. Yo que siempre me sentí tan solo en esto, me sentí uno más ahí. No somos los únicos. Y queremos poder vivir algún sueño. Tener los mismos derechos. Armar un hogar lleno de amor.  

¿De qué se trata el amor entonces? ¿Es que el amor no es universal? ¿Que nosotros no tenemos derecho a sentirlo? ¿No tenemos derecho a vivirlo?

Lo golpearon. Estaba lastimado y dolorido, y desde el piso me lo repitió sin cansancio.

-Pero yo te amo, me decía.

Y me dolía a mí verlo así. Porque también lo amo.

Nos enfrentaron con palos unos salvajes muy hombres. Nos gritaban y nos golpeaban sin piedad. Muy hombres. Mientras otros muy hombres discutían allí adentro si teníamos derecho a casarnos o no. Como si no fuésemos humanos casi.

Diferentes. Somos diferentes a la “normalidad”. Anormales, seríamos. ¿Y cuál será la normalidad?, me pregunto. ¿Serán normales estos hombres con palos defendiendo su normalidad? ¿Serán normales esos hombres con traje discutiendo si otros hombres son tan normales que merezcan casarse porque se aman?

Estamos acostumbrados a vivir al margen. Uno se acostumbra a todo. No sé si eso es bueno o malo, pero pasa. A nosotros los “anormales”, nos pasa. Desde que nacemos. Porque con palos o sin ellos, nos golpean siempre.

La sociedad tan moderna y tan global, se llena la boca gritándonos “marica” cada vez que nos ven. Y nos acostumbramos. Y nos escondemos. Y lloramos.

“Todos tenemos los mismos derechos”, dicen por ahí. Pero parece que no todos. Algunos estamos al margen. Y tenemos que hacer manifestaciones para lograr que nuestros derechos sean tenidos en cuenta. Y a veces no lo logramos.

Parece incomprensible tanta incomprensión. Parece que algunos se reservan el derecho a sancionar quiénes gozan de derechos y quiénes no. Parece que algunos grupos no estamos incluidos en el “todos”.  Tal vez seamos sólo “un grupo marginal”. De esos que no tienen tantos derechos. De esos que tienen que pedirle al “todos” lo que es derecho de “todos”.

-Y yo te amo, me decía.

-Y yo también, le respondí.

Pero eso no basta para nosotros. No tenemos derecho a vivir el amor como el resto. Tenemos que ser autorizados a vivirlo, en el mejor de los casos.

Ser diferente es una condición humana. Todos somos diferentes. Pero todos somos parte del “todos tenemos los mismos derechos”. Eso es lo que toda mi vida estoy condenado a pelear, lo que hace que sepa que no es real. Porque lo aceptado no se pelea. Lo aceptado se realiza, y sin golpes, ni palos, ni luchas, ni sangre.

(texto anterior a la sanción de la ley de matrimonio homosexual… a veces escribo, aunque no postee)

desconcierto

.

El tipo se sentó y trajo un cenicero lleno de tucas, y las desarmó juntando lo que quedaba en cada una. Se lo veía nervioso.

“Y no sé armarlo bien”, dijo.

Nunca había fumado estando con ella, algo estaba pasando.

De repente, entre el humo y las caricias, empezó a descubrir una cara que nunca había visto en él.

“Te miré despojado, desnudo, indefenso ese día, sin ninguna coraza. Ahora no puedo”.

¿Qué había cambiado? ¿Qué había hecho ella para que esto pasara?

“Te sentí distante y me protegí”.

¿Distante? Ella intentaba andar cerca.

“No me alcanza”.

Nunca alcanza,  nunca del todo.

 “Si no sale, no sale. Yo no voy a ser demandante”

Pedir no es demandar. Uno pide lo que necesita, pide lo que desea. Es bueno pedir.

“Me gusta tener cierto control. Me gusta no ser vulnerable”.

¿Tantos fantasmas lo habitaban? Ella hubiese querido saber algunas cosas antes, verlo explotar, gritar sus necesidades, decir sus molestias.

“Llegás tarde. El explosivo murió hace mucho”.

El explosivo estaba ante sus narices. Implacable. Desconcertante.

“No puedo proyectarme con vos, no vas a poder darme algunas cosas”.

¿Por qué no? ¿Podría ver el futuro? ¿Cómo tener tanta seguridad sobre eso?

“No nos entendimos”

¿Cómo entender lo que nunca había imaginado, lo que nunca había podido ver?

No resistió más. No pudo escucharlo más. Le dolía. No entendió.

Salió de ahí lo más rápido que pudo. Se subió a su auto y prendió un cigarrillo. Aspiró profundo, invadiendo su cuerpo de veneno. Se sintió una idiota distraída. Una idiota estafada.

 “Extraño tu risa, y tu boca”

¿Y para qué le serviría saber eso ahora?

Ahora lo había visto, como nunca, implacable.

.

siempre yo

.

Se desarmó el castillo de naipes,

De nuevo, otra vez, como tantas veces,

La soledad quedó subrayada,

Soy yo, yo y yo, siempre yo,

Me miro al espejo,

Los fantasmas tapando mi imagen,

No se terminan de ir,

Se ríen, se engolosinan, se empalagan,

Y yo queriendo ver otra cosa,

Pero soy yo, yo y yo, siempre yo,

Con mis ganas de todo y de nada,

Con las mil sombras que se acumulan,

Con los naipes caídos en la mesa,

Con la copa sin par,

Con el castillo a la mitad,

Con las ruinas frente a mí,

Y la puerta entreabierta que me invita a seguir.

.

escribir un resto

.

En cada escrito se me cuela algo de una gran obra que nunca podré escribir.

Absolutamente mía, esa que me lleva a enfrentar la hoja en blanco cada vez, y que cada vez me deja sabor a fracaso por no poder tomarla del todo.

Absolutamente ajena, porque es inalcanzable, pero está ahí, dictándome ese pequeño fragmento que se abre y se cierra en una miserable idea, parte de un todo que la contiene y que no puedo plasmar.

Esa que toma mi mente y mis dedos como a una marioneta y la dirige y la entusiasma, y se le escapa una y otra vez, dejándole sólo un resto.

Escritos como restos. Y una idea que es mucho más que todos los escritos juntos. Una idea que ni siquiera conozco, que está más allá, que sólo me dirige, pero sé que está.

Una gran obra. Inalcanzable. Y pequeños restos escritos.

(sobre una muy lúcida idea de Giorgio Agamben)

.

 

pasó mi cumpleblog sin festejo…

div>

.

Este año hubo menos posts, menos comentarios de ida y vuelta, menos “amigos”, menos fiestas, menos histeria, menos amores, menos escenarios (jeje)

 Este año hubo más amigas, más reuniones de brujas, charlas más íntimas, mensajes de socorro y respuestas de ayuda, más cariño, más ahijados postizos

 Este año hubo más vida y menos blog, pero este espacio y su gente sigue siendo un lujo.

Gracias por bancarme, por seguir ahí, por la gente linda que está cerca, por entrar sin golpear aunque yo ande perdida y los lea poco.

Gracias por escribir, gente!!! Porque escribir es un decir que perdura!

eugemartinucci

.

esa palabra

.

Ando buscando una palabra nueva

Una que pueda describirlo como estreno

Una que sintetice lo que siento refugiada entre tus brazos, cuerpo a cuerpo

Una acorde a la alegría de encontrarte;

Una simple, concisa, consistente

Que explique la espera de noticias,

La risa que nace de tu gracia,

La sorpresa de tus gestos, tus miradas,

El deseo de más, que se me instala

Una que explique nuestros pasos,

Cuidadosos, medidos, temerosos,

Un “te quiero” que dijimos a escondidas

Sintiendo lo que quisimos ocultarnos;

Una que hable del cuidado,

De descubrir de a poco el otro cuerpo,

De manos que resisten y se encuentran,

Y se rozan despacito, palmo a palmo;

Una que diga la alegría

De sentirte tratarme suavemente

De descubrirme pensándote sonriendo

De sentirme ahí, donde vos quieras,

De saberte ahí, donde pueda alcanzarte;

Ando buscando la palabra justa,

Y no la estoy encontrando…

.

andar de a dos

Ojalá pudiera construir algo bueno para darte, ando un poco cansada de cansarme…

Me agoté de buscar destellos deslumbrantes, que yo misma invento para no ver lo que nunca dejo de ver…

Preferiría verte tal cual sos y elegir elegirte, por saber que me hacés bien…

Ojalá pudiera hacer que esto sea calmo y tranquilo, como refugio y lugar, como agua donde sumergirse sin temores, tibia y segura…

Y que si se agita sea de a dos, por deseos de dos, con consentimiento de dos, para gozar de a dos…

Ojalá pudiera no tener que defenderme, porque no corro riesgos de ser atacada…

Y que desear estar con vos no sea una utopía, ni un laberinto sin salida visible…

Y que estar sin vos no sea una amenaza a nada, y pueda saberte ahí, atento, cerca…

Ojalá pudiera sentir que puede ser, y dejarlo ser, y que me lo permitas…

Y que las ganas se instalen de ambos lados, sin miedo a nada, sin daños a terceros, ni postergaciones por andar en caminos distintos…

Ojalá no andes corriendo mientras yo camino, ni caminando mientras yo corro…

Ojalá tengamos ganas de caminar juntos…

Y parar de correr y arrastrarnos sin detenernos a mirar…

Ojalá sea otro tiempo para ambos, y sea bueno, y pueda hacerte feliz, y serlo…

.

no, amor, no quiero…

.

No, no quiero ir a las Cañitas ni a Palermo Hollywood un sábado por la noche, odio las vidrieras y las escenas de ostentación, odio la exhibición y mezclarme entre la gente que va a ofrecer y a vender y a comprar-se.

No, todavía no sé de qué marca es tu camioneta, ni siquiera recuerdo bien de qué color es.

No, no me interesa conocer el mundillo farandulero y no veo televisión.

No, no me gusta pasear por los shoppings los domingos.

No, no quiero ir a los after-office, odio que el levante sea indiscriminado.

No, no quiero más culo ni más tetas, me llevo perfecto con mi delgadez y mi escasez, me hace sentir libre de algunas cosas.

No, no voy a estirar mis arrugas cuando las vea, he vivido mucho y las marcas son motivo de orgullo.

No, no quiero esconder mi edad, ni tratar de detener el tiempo, o revertirlo, fue rico siempre y espero grandes cosas de cada día que me falte vivir.

No, no me importa mucho el haberme sentido deseada o mirada, me he sentido muy amada y eso es mucho mejor.

No, no quiero robar más camas ni tener ratitos de vez en cuando, sé que ando queriendo más, aunque a veces me distraigo en el camino un poco.

Resulta que me ando queriendo bastante últimamente…..

.

dar de nuevo

Ya sé que las mujeres se conquistan por la oreja, y me hago cargo…

Tus palabras me pueden, una y otra vez…

Pero son inconsistentes, ambos lo sabemos… y qué hacer con eso???

Debo dar “vuelta de página”, barajar de nuevo… esto no es…

Cada “te amo” me desarma, pero me enfrenta a un abismo, no podés…

No pudiste, no podrás, no podés…

Nunca serás otro, ese que sueño, nunca podrás…

Tomar tu parte disfrutable ya no alcanza….

Barajar y dar de nuevo…

Eso debo…

.

espacio cedido 2

a pedido del público…

ABSTINENCIA (final)

Parecía un correo como tantos suyos, sin acentos y sin “eñes” que, suponía, no tenía su versión extranjera de procesador de textos. Como casi todos sus emails, éste no llevaba asunto y estaba plagado de errores de tipeo,  que daban la impresión de descuido e impulso y delataban la ausencia de revisión de lo escrito. Errores que habría rechazado en otros, que habían significado el aplazo de mas de un alumno – “antes de escribir sobre algo, aprenda a escribir” decía- y que en él, solo le provocaban ternura.

Sus correos parecían los de un nene, confusos, con mensajes de afecto mechados en medio de anécdotas de su día a día. A veces tenía que releer un párrafo para entender lo que quería decir  y en una primera lectura le costaba seguir el hilo, porque saltaba de un tema a otro de modo anárquico. La hacían pensar en un chico que cuenta desordenadamente lo que hace y de repente recuerda que el otro esta lejos y le dice  “te extranio”. Encima así, sin eñe, casi una puñalada…

Sin embargo y aun manteniendo ese estilo, este email era distinto, aunque más no fuera por ser el primero en mucho tiempo. El contenido era además inquietante, así que respiro hondo, lo guardo y fue a prepararse un café. Necesitaba tranquilizarse, por eso mientras esperaba que la cafetera terminase su tarea, empezó a meditar su respuesta.

Se llevo el café  a la computadora, volvió a leer lo escrito y tomo conciencia de su ambivalencia frente a lo que quería. Decidió que si él se había tomado todo ese tiempo para reaparecer, ella podía esperar antes de contestarle….

El dilema era tan viejo como la humanidad pero nuevo para ella, que tendía a huir de asuntos como estos desde hacia muchos años.  Pese a su estilo confuso, su planteo era claro: “esto es lo que soy, esto es lo que hay. Me encantaría que lo tomes y no que lo dejes, pero no estoy dispuesto a darte mas”. Obviamente no lo planteaba así, de haberlo hecho la decisión habría sido más fácil. Las frases decían cosas como “perdóname, no quiero hacerte sufrir, no puedo hacer otra cosa, es mi culpa, aunque no lo creas te quiero, etc.”.

“Los hombres son seres básicos” solía decirle una amiga muy sabia y ella acordaba plenamente con eso en este momento. Antes de escribir lugares comunes semejantes, ella se hubiese cortado los dedos, pero a él esto parecía tenerlo sin cuidado. No dudaba de que la quisiese, el asunto era si a ella le servía un amor de tan mala calidad….

De todos modos el dilema persistía: ¿que era mejor? ¿Un poco es, acaso, mejor que nada? ¿Era una buena idea aceptar que él solo podía darle lo que le sobraba, que ella estaba en un puesto tan bajo en su lista de prioridades? ¿Iba a poder soportar seguir frustrándose cuando él posponía u olvidaba frecuentemente lo que había ofrecido, porque permanentemente tenía algo más urgente?

La opción que tomaba la punta era brutal: no aceptar el trato. Se pregunto con su honestidad característica si era por orgullo, pero se dio cuenta de que no. Solo que prefería un corte abrupto, quirúrgico, antes que estirar como chicle dolores sordos por mucho tiempo. Aunque sabía que sacarlo de su vida era casi una amputación, se decidió por esta última alternativa. Dolía la opción, dolía mucho….

Aun partiéndose por dentro, su cabeza no dudaba que cortar el contacto era lo más saludable ¿Cómo se articulan la cercanía y la distancia?  Sin embargo, cuando tan costosamente había logrado decidir qué contestarle, no supo como o no tuvo el valor de hacerlo. Pensó mil modos posibles de plantearlo, no quería ser hostil, ni quejosa y menos aun amenazante, pero tampoco quería dar lugar a que la situación se repitiese cíclicamente. Es casi inevitable sentir a menudo el aguijón del hambre, si uno esta dispuesto a alimentarse de sobras.  Abstinencia, recaída, buenos propósitos y abstinencia nuevamente, era un circuito de adictos mas que de afectos y ella quería evitar recorrerlo.

Quería decirle que así no, que así quedaba entrampada en pendientes eternos y no encontraba el modo de comunicarlo por escrito.  Entonces no contestó. Lo bloqueo en su correo y nunca supo si él volvió o no a contactarse o incluso, a mejorar la oferta……


IMPORTANTE. Los contenidos y/o comentarios vertidos en este servicio son exclusiva responsabilidad de sus autores así como las consecuencias legales derivadas de su publicación. Los mismos no reflejan las opiniones y/o línea editorial de Blogs de la Gente, quien eliminará los contenidos y/o comentarios que violen sus Términos y condiciones. Denunciar contenido.
AgenciaBlog