Y ME HICIERON ABUELAAAAAAA, ABUELITA DIME TU?

Autodidactas e inútiles instrucciones para ser abuela…primeriza….
Puede ser que entre tantas vueltas de la vida y terapia o meditación o gimnasio o pasatiempo
favorito, una arribe a los cuarenta y tantos con cierta sensación de plenitud.  Algo parecido a
lo que tanto pregonan las viejas  lenguas, que se supone trae la cuarentena.
Menos corridas sin sentido y más maratones con sentido personal. Pero, a veces pasa,
y con esta tendencia al embarazo adolescente, más seguido que antes, que por ejemplo venga
nuestra hija y nos diga: mamá tenemos que hablar.  A cualquier madre, hasta aquella que esté
navegando plácidamente en las aguas de
las nubes de Valencia, se le activa una especie de luz roja en el instinto maternal y se hace
automático su pensamiento.
Sin ser adivina, presagia que algo “grosso” -como dicen los adolescentes-  se avecina.  Algo
parecido a los nueve meses
de gestación; por ejemplo. Y ante la confirmación, del “¡Ay, me parece que la nena está
embarazada”, dicho por la propia nena,
en cuestión de segundos una siente unas inmensas ganas de gritar, más o menos como Luis Brandoni
a Andrea del Boca,
en la película Cien veces no debo, y en una adaptación libre: me hicieron… ¡abuela!  En el mejor
de los casos, el yerno,
que ya mira como suegra a la madre de su novia, me alcanzará la silla…  a falta de camilla para
tratar de reanimarla y que
supere el cimbronazo de la mejor manera posible.  Camilla que tendría su utilidad, al menos, una
vez al mes, de acá hasta que dure
la edad reproductiva de la hija en cuestión.  Instrumento pertinente y necesario para que su
futura suegra supere el momento
sin morirse.  Y poder hacer maniobras de reanimación, con más comodidad, si fuera necesario. Hay
corazones sensibles, después de todo.
Aunque sea en lo más profundo.  Puede mascullar el yerno sin que lo diga en voz alta. Yerno
prevenido vale por dos; convendría
agregar.
De me hicieron abuela a abuela en acción parte I
De un estudio de campo automático de congéneres en estado precoz o avanzado de abuelitud, surge
que la primera reacción al asunto es básicamente la misma en muchas mujeres.  Excepto en las que
son viudas; ésas se salvan.
Separados, en concubinato, divorciados o juntos, como siempre (y vaya a saber por qué razón),
para este tipo de anuncios las  hijas -será por una cuestión de género-  abarajan a la madre
primero.  De esa misma que la ha parido, matices más matices menos, y en un hilo de voz, nace la
pregunta del millón: ¿se lo dijeron a tu padre?  Puede pasar que ante los ojos
despavoridos y el súbito movimiento de la glotis, más el tragar saliva y no poder, a una se le
confirme lo obvio:  no, no se lo dijeron a su padre. Así que la misión de la “ya” abuela, es
abarajar al abuelo.  Todavía  virgen de ese estado y de  las últimas noticias
de su nena al respecto.
Por ende, estése preparada; nunca se sabe de que especie es la nena y el yerno en cuestión… si
está Ud. divorciada o separada del susodicho (no, no, “sucio-bicho” no, no lea mal), del
susodicho,  prepare el chaleco antibalas de la conciencia
y el alma.  Porque ante sus ojos furiosos Ud. es la culpable.  Si ya sé, chocolate por la
noticia, eso pasa siempre, como siempre, y eso no va a ser ninguna novedad.
Abuelas en acción parte II
Recibido el impacto de la noticia, viene el de la asimilación. Tómese con humor sus propios
estados de ánimo, porque ni siquiera Ud. misma lo entenderá y si Ud. no lo entiende, imagínese
que ni el perro ni el gato lo harán. Además, ya es bastante complicado entender a un recién
nacido; imagínese a todos los primerizos que lo rodean que hay que entender.
Si su hija vive con Ud. revivirá ipso facto sus propias peripecias pero en lugar de que sea en
carne propia, será en las de su hija. Por  empezar si ya per se el baño es concurrido, ahora será
desalojado por 24 ó 48 horas, exceptuando las horas de sueño de la futura parturienta; será sólo
de su hija y de nadie más.  Solo ella, tendrá derecho a exigir y a ordenar:
correte de ahí y todas sus variantes.
No, no es que el estado de embarazo sea contagioso, pero prepárese a saber que hasta su ex,
pasando por su hijo menor y ni que hablar de su yerno, estarán embarazados y lo que es peor aún,
con antojos.  Y mientras Ud. digiere el abuelaje y marca desesperadamente el 0800- AMIGAS.
Tendrá que contener hasta el perro, el gato y cualquier mascota que haya en la casa.  Porque
congraciados con la futura mamá, también tendrán y repartirán síntomas embarazosos por toda la
casa. Sin embargo, cabe destacar que superados los escollos iniciales y los síntomas
primerizamente fatales, un estado de ternura y placidez la inundará a ud. y a su casa.  Disfrute
mientras dure.  Después del embarazo, el protagonista único e indiscutido que desplazará a todos
y a todas con solo abrir sus ojitos y sonreír, será su nieto y nieta o nietos/nietas
en caso de parto múltiple.  Hasta ese entonces a gozar, mi estimada amiga, a gozar, el momento
por nueve lunas.
CONTINUARÁ.
MONICA BEATRIZ GERVASONI
morochaurbana_67@homail.com

Autodidactas e inútiles instrucciones para ser abuela…primeriza….

Puede ser que entre tantas vueltas de la vida y terapia o meditación o gimnasio o pasatiempo favorito, una arribe a los cuarenta y tantos con cierta sensación de plenitud.  Algo parecido a lo que tanto pregonan las viejas  lenguas, que se supone trae la cuarentena.

Menos corridas sin sentido y más maratones con sentido personal. Pero, a veces pasa,

y con esta tendencia al embarazo adolescente, más seguido que antes, que por ejemplo

venga nuestra hija y nos diga: mamá tenemos que hablar.  A cualquier madre, hasta aquella

que esté navegando plácidamente en las aguas de

las nubes de Valencia, se le activa una especie de luz roja en el instinto maternal y se hace

automático su pensamiento.  Sin ser adivina, presagia que algo “grosso” -como dicen los

adolescentes-  se avecina.  Algo parecido a los nueve meses

de gestación; por ejemplo. Y ante la confirmación, del “¡Ay, me parece que la nena está

embarazada”, dicho por la propia nena, en cuestión de segundos una siente unas inmensas

ganas de gritar, más o menos como Luis Brandoni

a Andrea del Boca, en la película Cien veces no debo, y en una adaptación libre: me

hicieron… ¡abuela!  En el mejor de los casos, el yerno,

que ya mira como suegra a la madre de su novia, me alcanzará la silla…  a falta de camilla

para tratar de reanimarla y que supere el cimbronazo de la mejor manera posible.  Camilla

que tendría su utilidad, al menos, una vez al mes, de acá hasta que dure

la edad reproductiva de la hija en cuestión.  Instrumento pertinente y necesario para que su

futura suegra supere el momento sin morirse.  Y poder hacer maniobras de reanimación,

con más comodidad, si fuera necesario. Hay

corazones sensibles, después de todo.

Aunque sea en lo más profundo.  Puede mascullar el yerno sin que lo diga en voz alta. Yerno

prevenido vale por dos; convendría agregar.

De me hicieron abuela a abuela en acción parte I

De un estudio de campo automático de congéneres en estado precoz o avanzado de

abuelitud, surge que la primera reacción al asunto es básicamente la misma en muchas

mujeres.  Excepto en las que son viudas; ésas se salvan.

Separados, en concubinato, divorciados o juntos, como siempre (y vaya a saber por qué

razón), para este tipo de anuncios las  hijas -será por una cuestión de género-  abarajan a la

madre primero.  De esa misma que la ha parido, matices más matices menos, y en un hilo de

voz, nace la pregunta del millón: ¿se lo dijeron a tu padre?  Puede pasar que ante los ojos

despavoridos y el súbito movimiento de la glotis, más el tragar saliva y no poder, a una se le

confirme lo obvio:  no, no se lo dijeron a su padre. Así que la misión de la “ya” abuela, es

abarajar al abuelo.  Todavía  virgen de ese estado y de  las últimas noticias

de su nena al respecto.

Por ende, estése preparada; nunca se sabe de que especie es la nena y el yerno en cuestión…

si está Ud. divorciada o separada del susodicho (no, no, “sucio-bicho” no, no lea mal), del

susodicho,  prepare el chaleco antibalas de la conciencia

y el alma.  Porque ante sus ojos furiosos Ud. es la culpable.  Si ya sé, chocolate por la

noticia, eso pasa siempre, como siempre, y eso no va a ser ninguna novedad.

Abuelas en acción parte II

Recibido el impacto de la noticia, viene el de la asimilación. Tómese con humor sus propios

estados de ánimo, porque ni siquiera Ud. misma lo entenderá y si Ud. no lo entiende,

imagínese que ni el perro ni el gato lo harán. Además, ya es bastante complicado entender a

un recién nacido; imagínese a todos los primerizos que lo rodean que hay que entender.

Si su hija vive con Ud. revivirá ipso facto sus propias peripecias pero en lugar de que sea en

carne propia, será en las de su hija. Por  empezar si ya per se el baño es concurrido, ahora

será desalojado por 24 ó 48 horas, exceptuando las horas de sueño de la futura parturienta;

será sólo  de su hija y de nadie más.  Solo ella, tendrá derecho a exigir y a ordenar:

correte de ahí y todas sus variantes.

No, no es que el estado de embarazo sea contagioso, pero prepárese a saber que hasta su ex,

pasando por su hijo menor y ni que hablar de su yerno, estarán embarazados y lo que es

peor aún, con antojos.  Y mientras Ud. digiere el abuelaje y marca desesperadamente el

0800- AMIGAS.

Tendrá que contener hasta el perro, el gato y cualquier mascota que haya en la casa.  Porque

congraciados con la futura mamá, también tendrán y repartirán síntomas embarazosos por

toda la casa. Sin embargo, cabe destacar que superados los escollos iniciales y los síntomas

primerizamente fatales, un estado de ternura y placidez la inundará a ud. y a su casa. Disfrute

mientras dure.  Después del embarazo, el protagonista único e indiscutido que desplazará a

todos  y a todas con solo abrir sus ojitos y sonreír, será su nieto y nieta o nietos/nietas

en caso de parto múltiple.  Hasta ese entonces a gozar, mi estimada amiga, a gozar, el momento

por nueve lunas.

CONTINUARÁ.