Williamson, el dogma del Holocausto y la mordaza

La cantidad de muertos no es lo que importa. Si no murieron en cámaras de gas, igual merecen nuestro respeto. El escándalo en torno a los dichos de Richard Williamson tiene por fin preservar un dogma celosamente cultivado, y de una indudable utilidad política.

“Lo que nos gobierna no es todavía un estado policial, pero están acorralándonos, aquí y en los EE.UU. El Estado policial dio un gran salto adelante con el 11 de Septiembre, y espero que ninguno de nosotros crea que el 11-S fue algo parecido a lo que nos pintaron. Por supuesto que las torres se derrumbaron, pero no a causa de los aviones, sino por una demolición profesional, realizada con una serie de cargas explosivas desde arriba hacia abajo… Esta es una mentira global, la más tremenda mentira de tiempos recientes. Para esclavizar nuestras mentes, y convencernos de que el Estado policial es bueno y necesario”.

¿Se trata de las declaraciones de un anarquista, de un fanático de las teorías de la conspiración, de algún ayatolla radical? No. Son palabras del obispo católico Richard Williamson, durante una misa en su Inglaterra natal, en Diciembre de 2008 (1).

Cuando se analiza el discurso de Williamson en torno al “Estado policial”, el engaño masivo al que son sometidos los ciudadanos, y la precisa denuncia en torno a las patrañas del 11-S, es extraño leer crónicas que describen a su orden religiosa como retrógrada y medieval, paralizada en consignas conservadoras.

Hace pocos días, este controversial sacerdote sufrió un disgusto luego de conceder una entrevista a la TV sueca desde su residencia argentina. El Gobierno, días después del escándalo internacional que se desató porque el religioso dijo que “las evidencias históricas dicen que no hubo cámaras de gas” en la Alemania de Hitler, decidió conminarlo a abandonar territorio argentino. La decisión fue celebrada en casi todo el arco político, en los medios y por supuesto entre los voceros de la comunidad judía internacional. La descripción que dieron los medios lo pinta sin piedad: es un “obispo nazi” que “niega el Holocausto”.

Percepciones comunes y revisionismo

El episodio y la reacción gubernamental aparecen como desproporcionadas. ¿Por qué es grave disentir sobre detalles históricos de matanzas del pasado, y no es grave cometerlas en el presente? El Gobierno, por caso, no expulsó a ningún diplomático israelí durante el último y devastador ataque a territorio palestino. Y nadie, en estos años, declaró “persona no grata” a Bush, Rumsfeld y otros notorios genocidas de Iraq, Afganistán y otros territorios.

Es preocupante que se instale la cultura de la “negación del Holocausto” como un crimen de opinión, como un delito de la palabra tal como existe en Alemania, Francia y Austria, donde hay académicos e investigadores procesados y encarcelados por “negacionistas”. ¿Quién tiene autoridad para decidir que sobre ciertos hechos históricos ya no se puede debatir o investigar?

Williamson es estigmatizado por calificativos como “ultraconservador”, “lefebvrista” o “antisemita”, pero sus puntos de vista sobre el Holocausto son cuidadosamente estudiados. Pueden contrariar las percepciones comunes que tenemos sobre el genocidio de judíos en Alemania, pero no las perspectivas de los historiadores revisionistas, que cada vez son más.

Durante las últimas décadas, los revisionistas -que tímidamente empezaron con unos pocos autores- han acumulado una increíble y cada vez mayor cantidad de argumentos científicos en contra de la versión oficial del Holocausto. Por caso, las dudas en torno a la existencia de cámaras de gas las planteó por primera vez el historiador inglés David Irving hace ya bastantes años.

¿Qué dijo realmente Williamson? El video con sus declaraciones es transparente. En primer lugar, no niega el Holocausto, sino que debate sobre la cantidad de muertos: afirma que según sus estudios “murieron entre 200 y 300 mil judíos, y probablemente ni uno solo en cámaras de gas”. El obispo rechaza explícitamente la palabra “antisemita” durante la entrevista, y sólo se limita a explicar las razones técnicas por las cuales un experto norteamericano en cámaras de gas concluyó que muy improbablemente hayan funcionado en Auschwitz cámaras de gas. Se trata de El informe Leuchter, que tiene más de 20 años. La historia merece un breve desarrollo.

El informe Leuchter

Todo empezó con los juicios a los que fue sometido el ciudadano canadiense Ernst Zündel (2), acusado de “difundir falsedades sobre el genocidio” y mentir sobre las muertes de millones de judíos. Zündel fue defendido por otros revisionistas, quienes lograron contratar al máximo experto mundial en cámaras de gas: el ingeniero yankee Fred A. Leuchter, que construye y mantiene cámaras de gas para ejecuciones en EE.UU y Canadá. Leuchter viajó a Polonia con un equipo de especialistas y visitó los llamados “Campos de Exterminio” de Auschwitz, Birkenau y Madjanek, en los que habrían sido gaseados 4 millones, 1 millón y 200.000 judíos respectivamente, según Simon Wiesenthal, cifras aceptadas como “reales” por los historiadores ortodoxos.

Lo que se desprende de los análisis de Leuchter es que una cámara de gas requiere de extremos cuidados y avanzada tecnología para funcionar a nivel de ejecuciones individuales, como sucede en EE.UU. Por lo tanto, es mucho más complicado pensar en hacer funcionar cámaras de gas para ejecuciones masivas.

Es largo detallar todos los estudios técnicos y consideraciones que se realizaron en el lugar, pero la conclusión fue que las condiciones de aislamiento ambiental de las presuntas cámaras eran absolutamente incompatibles con el supuesto de que se usaban para gaseamientos masivos, pues el vapor tóxico hubiera escurrido causado estragos, matando a todos los presentes, operarios y presos por igual.

Por éstas y otras evidencias, la conclusión de Leuchter -insospechable de ser un neo nazi- fue lapidaria: “Después de la revisión de todo el material y de la inspección de todos los lugares correspondientes a Auschwitz-Birkenau y Majdanek, encuentra el autor que las pruebas son abrumadoras: no hubo cámaras de gas para la ejecución en ninguno de esos lugares correspondientes”.

¿Suena disparatado, ideológicamente manipulado o fomentado desde el racismo y el odio? No. Es sólo un informe técnico. Fue terminado el 5 abril de 1988, y significó un duro golpe por los propagandistas oficiales del dogma (2).

De números y consideraciones morales

Cuando Williamson pide “pruebas” sobre el Holocausto, puede sonar provocativo, pero sabe de lo que habla. Nadie niega los horrores de la persecución del gobierno nazi a judíos, gitanos y otras minorías, y de que hubo miles de muertos. Sin embargo, la cifra “oficial” de 6 millones de muertos judíos es una “verdad comúnmente aceptada” pero difícil de probar.

En realidad, según muchos libros y documentos, la cifra de 6 millones apareció como un “slogan” que reforzaba las demandas de ayuda y resarcimiento, antes incluso de que terminara la guerra. Los 6 millones se convirtieron en un eficaz “sound bite” para la industria de las indemnizaciones que todavía se prolonga, y para la erección mundial del Holocausto como “el mayor de los horrores”.

Las cifras que muestran los documentos oficiales están más cerca de los cálculos de Williamson que de “la historia oficial”: la Cruz Roja, por caso, terminada la guerra informó oficialmente que los judíos muertos entre 1939 y 1945 fueron unos 300.000

Luego están los cálculos en torno al nivel de la población. Es lógico pensar que un descenso de 6 millones en la población judía mundial impactaría significativamente en los censos. En 1959, el profesor Einar Aberg publicó en Suecia un cálculo estadístico, en el que la cifra de 6.000.000 de judíos muertos no correspondía con la información de fuentes como la American Jewish Comittee y la Statistical of the Synagogues of America. Los muertos no aparecen (o mejor dicho, no “desaparecen”) en las estadísticas, que muestran una población mundial de judíos relativamente estable en poco más de 15 millones durante los años de la guerra. Una caída de 6 millones era técnicamente imposible de ser compensada con mayor cantidad de nacimientos. Sería imposible “aun cuando todo judío fisicamente apto se hubiese dedicado exclusivamente día tras día, durante las 24 horas, en los años de 1939 a 1949 a la procreación con cada una de las mujeres de su raza”, razona Aberg.

El debate de los historiadores es mucho más largo y complejo. Pero no hace falta extenderlo aquí, porque el punto es que 300 mil muertos judíos es de todos modos una cantidad horrorosa de víctimas. Y que hayan muerto en cámaras de gas, por inanición o fusilados importa poco a los efectos de homenajear su memoria.

Entonces, ¿por qué tamaña reacción de indignación por las opiniones de un obispo? ¿Es irrespetuoso investigar y preguntarse hasta dónde es verdad lo que hemos escuchado en forma hipnótica durante tantos años?

La expulsión de Williamson es sólo un capítulo más del acoso político y judicial contra quienes se atreven a revisar la historia oficial. Si el Holocausto se impone como un dogma a fuerza de mordaza, algo huele mal en este mausoleo.

La narrativa de los ganadores

El Holocausto ha sido durante 50 años una narrativa efectiva para introducir los puntos de vista de los ganadores de la guerra. Tiene los ingredientes ideales para impactar las conciencias de millones de teleespectadores: como toda película exitosa de Holywood, cuenta con villanos perfectamente odiosos -Hitler y sus lugartenientes-, atrocidades memorables -cámaras de gas, trenes de la muerte, pilas de cadáveres y mucha violencia- y un final feliz: los aliados-héroe que derrotan a los malos y liberan a las víctimas.

Es una historia simplificada que oculta convenientemente las atrocidades cometidas también por el bando ganador (los Aliados), el protagonismo del “tercero ignorado” (la Unión Soviética) y los padecimientos sufridos por otros pueblos y minorías involucrados en el conflicto. Es un relato en “formato TV”, desconectado de la historia, fácilmente transmitible y reproducible en museos, fotos, artículos, películas.

La reacción desmesurada contra los pocos que se atreven a poner en tela de juicio esta urdimbre de historias construida durante décadas, intenta mantener la salud del dogma acallando la voz del revisionismo. Para esta corriente, la historia del Holocausto es una propaganda de guerra creada inicialmente por los Aliados para satanizar a los alemanes y elevar la moral de los soldados. Luego, los sionistas difundieron esta propaganda con la intención de cobrar grandes indemnizaciones para financiar la creación de un hogar nacional judío en Palestina. Además, los revisionistas dicen que:

- El trato de los alemanes hacia los judíos no fue diferente al trato que daban los aliados a sus enemigos en la guerra. A su vez, muchos alemanes y judíos murieron no por la represión del régimen, sino por los bombardeos aliados.

- Los judíos sufrieron los desastres de la guerra, la separación y deportación a campos de concentración, las muertes por epidemias, ejecuciones, represalias o hasta masacres. Pero todos esos sufrimientos los padecieron también otras naciones o comunidades durante la guerra así como también los alemanes y sus aliados.

Polémica o lógica, creíble o no, esta perspectiva “igualadora” de las cualidades morales de todas las partes en la guerra es la enemiga mortal del dogma. Contra ella disparan quienes acusan aquí y allá a los “negacionistas”. Y disparan ferozmente (4)

Porque, como señala el pensador judío Gilad Atzmon (5), la narrativa del Holocausto es políticamente vital para la “supremacía moral” de Occidente. Es la historia que explica por qué el eje EE.UU – Israel personaliza el “bien” y sus enemigos “el mal”. Es el apoyo ideológico del expansionismo, y una invalorable herramienta para “marcar el campo” y provocar “efectos de sentido” en las audiencias en torno al carácter de personajes y eventos en el mundo (recordemos la analogía de Saddam Hussein con Hitler, y el llamado a rescatar a los iraquíes de “su Auszchwitz”).

El dogma del Holocausto tiene otra ventaja adicional: al funcionar como un argumento autosuficiente contra el racismo, el totalitarismo y el nacionalismo, y al haber combatido Hitler contra los comunistas rusos, también el centroizquierda de todo el mundo adhiere a su “mensaje”.

De horrores y hogueras

Pero sólo la repetición hipnótica, y la inflación de cifras y detalles macabros, le da al Holocausto su pretendido aire de “el mayor de los horrores”. Nada nos obliga a pensar que la represión nazi fue más horrorosa y dañina que los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, la invasión de Vietnam o la reducción de Palestina a un campo de concentración masivo. Pudiera serlo, pero sólo la investigación, los documentos históricos y la palabra de estudiosos neutrales puede establecerlo.

Con el dolor y la tragedia humanas no valen especulaciones mezquinas de etnia o de nación: se trata de trabajar creando conciencia para evitar nuevos genocidios, no de ver quién arroja más muertos sobre la mesa. Las víctimas de la Segunda Guerra son de toda la Humanidad. Si algún grupo pretende arrogarse el papel de “damnificado mayor”, es natural que se despierten suspicacias.

Si no se puede revisar el dogma del Holocausto, más razones tenemos para desconfiar de su veracidad. En primer lugar, porque es fácil asociar la estructura habitual de la propaganda imperial con los descubrimientos de los historiadores revisionistas: los mismos “sound bites”, los mismos trucajes de pruebas, las mismas “armas de destrucción masiva”, los mismos “villanos irredimibles” y el mismo “ejército liberador”. Y en segundo lugar, porque es evidente la explotación política del dogma para asegurarle al eje EE.UU- Israel el monopolio de la condición de “liberador” y “víctima”, respectivamente. Y también, por supuesto, el monopolio de las “políticas de exterminio” legítimas, es decir, aquellas empleadas contra quienes “se lo merecen”.

Por eso, el escándalo en torno a los dichos de Williamson es una verdadera muestra de intolerancia y persecución política. La lapidación pública del obispo se parece más a la quema en la hoguera de Giordano Bruno, que a un acto de humanismo y corrección política.

Además, no es ocioso pensar en una represalia por la conducta en general “poco apropiada” de Monseñor, teniendo en cuenta su campaña en torno a los atentados del 11 de Septiembre, otro gigantesco “montaje narrativo” sobre el que se multiplican los libros de denuncia y las pruebas que refutan la versión oficial. Aquí también hallamos un cóctel noticioso de impacto, que combina elementos reales con mentiras, falsas pruebas y evidencias sustraídas, un villano demonizado y la escenificación de un “ultraje” que requiere reparación. ¿Será todo pura casualidad?

Citas

1) Un video completo traducido sobre este mensaje se puede ver en http://911allthetruth.wordpress.com


2) Zündel es explícitamente un simpatizante de Hitler como líder político, y escribió libros narrando aspectos de su personalidad normalmente desconocidos. Pero sobre todo la campaña de este hombre nacido en Alemania estuvo dedicada a aliviar a sus conciudadanos del sentimiento de “culpa colectiva”.

3) Le costó caro. Fred Leuchter fue sistemáticamente perseguido y descalificado, y hasta se filmó una película sobre su vida titulada: “Señor Muerte”. Por su parte, Ernst Zündel fue declarado culpable por el Jurado, el 11 de mayo de 1988, “por difundir noticias falsas, a sabiendas, sobre el Holocausto”. Fue sentenciado a 9 meses de prisión, y se le concedió libertad bajo caución después de haber firmado una orden mordaza, prometiendo no escribir ni hablar sobre el Holocausto. Se juntó en la historia con el destino de Galileo.

4) Además de los casos de estudiosos enjuiciados y encarcelados por “negacionismo” del Holocausto en diferentes países, son frecuentes además las intimidaciones, los despidos y sobre todo las campañas de desprestigio y descalificación. Hay un verdadero ejército cuidando por la “salud” del dogma. El propio término “negacionistas” es en sí mismo descalificante.

5) La crítica de Gilad Atzmon al “mito del Holocausto” es demoledora. Nacido en Israel, también critica las políticas del Estado israelí y defiende la causa palestina. Vive exiliado en Londres y su trabajo se puede leer en http://www.gilad.co.uk

Israel, Palestina y la narrativa mentirosa

Hace meses dijimos que Cuba era “la Palestina liberada” . Aquel artículo recobró dramática actualidad en las últimas semanas. Aquí, una reflexión sobre las técnicas de desinformación que se aplican para estigmatizar a todos los pueblos “en la mira”.

Los diarios del mundo anuncian que los ataques de Israel contra el territorio palestino cesaron, debido a una “tregua unilateral” que aprobó el gabinete de Seguridad israelí. La cifra de víctimas fatales supera el millar, los bombardeos destrozaron hospitales, escuelas y hasta organismos de la ONU. Decenas de marchas en todo el mundo protestaron por la masacre repetida de inocentes en el campo de concentración que es hoy Gaza y Cisjordania.

Sin embargo, Israel ganó una vez más la batalla política e informativa. Un solo gobierno hasta ahora, Bolivia, ha tomado decisiones fuertes y ha roto lazos diplomáticos con el régimen israelí. El resto se llama al silencio. Y los medios masivos informaron sobre la guerra, pero en términos que encubren el verdadero alcance de esta tragedia.

Es que Israel no sólo emplea las más altas tecnologías en en el campo de batalla, sino también un arsenal de propaganda sofisticada en los medios. La estrategia informativa del estado israelí es muy eficiente para lograr tres “efectos” de sentido en las audiencias del mundo:

1) En primer lugar, aislar al conflicto de la historia. Muy pocos ciudadanos pueden enterarse a traves de las noticias de que, antes de la creación del Estado israelí mediados de siglo, los palestinos ya estaban allí. Que la creación de Israel implicó el despojo y el desplazamiento de miles de familias palestinas. Por eso judíos y palestinos están enfrentados ahora por la posesión de un territorio que ambos reclaman como propio.

2) En segundo lugar, se oculta la progresión de este despojo. Es prácticamente imposible enterarse, por los medios tradicionales, que Israel hace muchos años que expande su territorio a través de nuevas guerras de ocupación, y mediante la acción de colonos que ocupan nuevos asentamientos. Siempre, por supuesto, ocupando terrenos que pertenecen a otras familias palestinas, que pasan a engrosar los millones de desplazados que viven miserablemente, en territorios bajo control militar israelí.

3) En tercer lugar, la estrategia israelí logra que millones en el mundo se declaren neutrales porque piensan que éste es un conflicto en el que ambos lados tienen su parte de responsabilidad. Y no faltan quienes apoyan abiertamente a Israel porque creen en los argumentos sobre la “lucha contra el terrorismo”.

¿Cómo se construye este manto de encubrimiento sobre delitos de lesa humanidad?
Estamos hablando de una ocupación militar mantenida durante décadas, de un pueblo entero al que se le niega su derecho a un Estado, del constante robo de más territorios y la aparición de nuevos refugiados cada año…. Estamos hablando, además, que cuando estas poblaciones condenadas a vivir en un campo de concentración se rebelan, con piedras o con armas, se las bombardea, se destruyen sus ciudades, se asesina a sus representantes y a sus autoridades en nombre del “derecho de Israel a defenderse”.

El caso no indigna aún a más gente en el mundo porque el periodismo corporativo construye una falsa simetría informativa sobre el caso palestino. Llamo “falsa simetría informativa” a una narración periodística que, aparentando neutralidad y equilibrio ante un conflicto, describe a los contendientes como partes con responsabilidad similar en la disputa.

En el caso de Palestina, la falsa simetría iguala a ocupantes y ocupados, opresores y víctimas. Es frecuente, por ejemplo, que se informe que Israel toma “represalias” ante la “provocación” palestina. Este enfoque le asigna discretamente la responsabilidad del problema a los palestinos. En esta última contienda, el gran protagonista “equilibrador” de los bombardeos israelíes sobre la población de Gaza, fueron los siempre-presentes-en-las-noticias cohetes palestinos.

El último capítulo de este relato repetitivo dice que Israel emprendió la guerra para acabar con el lanzamiento de cohetes desde Gaza. Que Israel lo que quiere es acabar con el grupo Hamas, tildado de “terrorista”. Que todo se debe a que este grupo de irresponsables ataca en forma insensata a un enemigo de mayor poderío. Que Israel, agotada su paciencia, no tiene más remedio que responder para proteger a su población. Que la dirigencia palestina está dividida en interminables rencillas internas, y que Israel es una nación democrática y pacífica, pero acosada por sus vecinos.

Basta releer diarios viejos para hallar las claves de esta narrativa mentirosa. Días atrás, por ejemplo, se relataba que el conflicto llegaba a su fin porque Israel decidía “unilateralmente” un alto el fuego, mientras Hamas continuaba imponiendo condiciones. Este relato le concede a Israel el papel de potencia amante de la paz, y a su oponente, el de un hombrecito obcecado que, luego de haber recibido una paliza, insiste en seguir peleando.

Estos argumentos, con leves variantes, se repiten en cada conflicto. Hace un año, por ejemplo, fue una historia similar la que justificó la destrucción del Líbano. Es claro que esta fachada se sostiene con un trabajo sistemático por parte de un batallón de asalariados de Israel en todo el mundo que se encargan de repetir estereotipos y falsas premisas, mientras presionan para que sus oponentes permanezcan tan invisibles e inaudibles como sea posible. Es un verdadero “cerrojo” informativo: la maquinaria de propaganda isrealí moldea la historia que se narra al mundo a través de su ejército de fuentes, opinólogos, congresistas alcahuetes, etc., mientras la ocupación militar elimina cualquier verificación independiente, negando el acceso de periodistas y observadores neutrales a la zona de conflicto.
La mayor parte de las noticias occidentales muestran ostensible influencia de la propaganda de guerra israelí. Los periodistas caemos en una trampa si la repetimos con el argumento de que debemos ser neutrales ante un conflicto, y que debemos escuchar los testimonios de ambos lados.

Más que en el equilibrio, creo en una postura moral honesta y clara de los comunicadores. Prefiero saber desde qué lugar -político, ideológico, nacional- se informa. La neutralidad es sólo un espejismo, una construcción discursiva engañosa. Y muchas veces, la neutralidad puede ser inmoral.
Hace unos días el periodista británico Robert Fisk opinó sobre este dilema: dijo que los periodistas deberíamos estar del lado de quienes sufren. Si reportáramos el comercio de esclavos en el siglo XVIII -dijo-, no le daríamos igualdad de tiempo al capitán del navío esclavista que a los africanos encadenados. Si cubriéramos un campo de concentración nazi, no le daríamos el mismo espacio al vocero de Hitler que a los prisioneros.

Reportar sobre la tragedia Palestina -el bloqueo cubano, el sufrimiento iraquí u otras violencias metódicas del Imperio- reclama aplicar esta lógica simple y transparente. No cultivar un falso equilibrio, ni sostener una neutralidad que no corresponde. Llamar a las cosas por su nombre, hablar a corazón abierto, e informar para que la gente no sólo se entere, sino también entienda.

La Revolución autodestruida

¿Por qué Raúl eligió una fecha tan sensible como el 50 aniversario para volver a presagiar el peligro de una posible autodestrucción de la Revolución cubana? La perspectiva no es nueva: Raúl repite a su hermano Fidel, que ya el 2005, en un histórico discurso en la Universidad de La Habana habló de la posibilidad de que la propia sociedad decida disolver la Revolución.

Si hay algo transparente tiene Cuba, es el discurso de algunos de sus dirigentes más representativos. El festejo del 50 aniversario de la Revolución Cubana fue, al menos, opaco. Si algo no emanó del discreto acto montado en Santiago de Cuba, fue entusiasmo y grandes anuncios. Hasta el saludo de Fidel, “filósofo residente” de la Revolución, publicado en el Granma, fue escueto, casi sin energías: apenas dos líneas.

El aniversario de la caída del dictador Batista encontró a Cuba no sólo sumida en los problemas generados por el último y devastador huracán, sino también embarullada en el desaliento de gran parte de sus ciudadanos, y por lo enunciado, también de sus dirigentes.

Algo es verdad en esta encrucijada: el desaliento y el pesimismo de los cubanos tiene mucho en común con el resto del planeta. Cada cual en su sistema, es difícil en este 2009 encontrar ciudadanos esperanzados en el futuro.

Para colmo, muchos factores juegan en contra de los sueños de la isla. Luego de un periodo de romance inicial, y de palabras de seducción y buena voluntad de orilla a orilla, la posibilidad de que Obama dé pasos para levantar el bloqueo parece haberse enfriado. La invectiva de Raúl contra esa potencia que “siempre será agresiva” bien puede reflejar esa perspectiva.

Y aparte del embargo: ¿Cuál es el principal problema de Cuba, hoy? La deriva ideológica, muy incierta, de su propia población. Caído el entusiasmo revolucionario de las viejas generaciones, desaparecidas las estructuras del socialismo que durante los 70 y 80 alimentaron certezas, y superados los momentos más dramáticos de los 90, lo más difícil está por venir.

Cuando cayó la Unión Soviética y comenzó el “doble bloqueo”, el Período Especial galvanizó a la población en torno a un objetivo: sobrevivir. Ahora que la economía se recupera, parecen aflorar más divisiones y tensiones sociales que en los peores momentos del 93 y 94, cuando la hambruna amenazó al país. Es que las nuevas generaciones están hartas de las restricciones del presente, del progreso a paso de tortuga, y nunca vivieron los beneficios de las primeras tres décadas del proceso.

Hoy los medios corporativos ofrecen una imagen errónea de un país congelado en viejas consignas y en un verticalismo absoluto. En realidad, la sociedad cubana tiene muchas instancias de participación y debate: algunas realmente extraordinarias. Por ejemplo, hace dos años el Gobierno convocó a un proceso gigante de asambleísmo popular para elevar propuestas destinadas a resolver los problemas de la economía. Cientos de reclamos y posibles soluciones fueron elevadas al Gobierno.

Sin embargo, los cambios no son fáciles de implementar. La puja actual en Cuba se da entre inmovilistas y reformistas por un debate de enmarañada solución: el edificio actual tiembla por defectos de construcción. ¿Cómo re-inventarlo, sobre las mismas bases o sobre bases nuevas, sin correr el riesgo de que abruptamente se desplome? ¿Qué ladrillos mover primero y cuáles mover después? ¿Y si el nuevo edificio no alcanza para albergar a todos? ¿Y si termina siendo peor que el que ya tenemos?

Por esta trabazón, Cuba puede terminar comportándose como los miembros de una familia hartos de soportarse a sí mismos al cabo de una larga travesía: las víctimas perfectas de cualquier mal negocio, del primer escape irreflexivo e inconducente que aparezca. La separación y la desintegración pueden resultar bienvenidas ante la necesidad de buscar oxígeno individual, de sentirse individuos libres de la carga familiar, de desembarazarse de los viejos y los inútiles, y correr hacia el espejismo más cercano.

Pero no nos engañemos: vender las acciones de la empresa familiar para poner un kiosco personal sólo refleja un estado mental, no necesariamente una ecuación sensata basada en el cálculo costo-beneficio.

“No nos engañemos”, dijo Raúl. Un acuciante problema en Cuba es la ausencia de un marco regulador para mantener un adecuado nivel de exigencias en el trabajo. Pero más grave es la falta de motivaciones de la sociedad para realizarlo. Raúl, que antes de ser presidente fue el gestor de un holding de empresas que aportan el 60 por ciento de los ingresos de la isla, sabe de lo que habla y muestra su preocupación en muchos discursos. Preocupación por la indisciplina, por el trabajo mal hecho, por “la ausencia de exigencias en todos los niveles”. Sus palabras parecen preanunciar el fin de la gratuidad en muchos renglones de la economía, y el abandono gradual de la política del estímulo moral. Y en sus repasos se registra la ausencia de soluciones para el principal problema económico luego del derrumbe de los años 90: el salario pulverizado, que nunca alcanzó a recuperarse, y que “justifica” la dejadez y el abandono.

La consigna “Resistir” encarna muchos valores, pero no transmite la idea de un futuro inmediato más atractivo. Raúl podría haber citado algunas de las obras más grandiosas del gobierno en las años del Periodo Especial: haber construido una industria médica y farmacéutica de exportación que aporta el 30% de los ingresos de divisas al país. O haber improvisado, en el mismo tiempo, una industria turística que aporta otro 40 por ciento, en medio de la catástrofe del “doble bloqueo”. Pero el problema es que, de todos modos, no alcanza. Los números no cuadran. La construcción, por ejemplo, avanza a paso de tortuga en medio de la desesperación de los miles que no pueden acceder a su vivienda propia. Y la impaciencia gana las mentes y los corazones.

Por eso los principales elogios del presente son siempre para hazañas del pasado.

¿Es que acaso Cuba es el fracaso de un sistema económico frente al éxito de otro? No. Por el contrario, si medimos recursos y resultados, los números de la macroeconomía dicen que Cuba es más eficiente para mantener saludable y educada a la población que muchos estados del resto del mundo.

Cuando la prensa capitalista machaca con su discurso sobre las estrecheces de la vida de los cubanos, no sólo oculta las condiciones forzadas en que se debe desenvolver la economía de la isla, sino también que el mundo entero es hoy un verdadero muestrario del fracaso general de la humanidad para gestionar un mejor futuro para todos.

De un lado, las dificultades de una Cuba solitaria para articular un sistema que dé soluciones para todos.

Del otro, la incapacidad de la comunidad global para articular un sistema que, aunque más no sea, dé soluciones para algunos. Y que no quede demasiada gente afuera.

En ninguno de los casos los resultados pueden considerarse satisfactorios. Pero si Cuba declina como potencia espiritual, como laboratorio de políticas sociales, como fuente inspiradora de valores humanistas, tendrá ciertamente un impacto significativo sobre el diseño del mundo que viene.

Obama en el malecón de La Habana

Se imaginan a Obama en el malecón de La Habana?

El histórico presidente de color de los EE.UU. podría sumar más motivos para que su mandato se convierta en un verdadero referente de cambio, al dar los pasos iniciales para terminar con el bloqueo a Cuba, que en pocos meses cumplirá 50 años.

El nuevo presidente norteamericano podría ser el padre de esta verdadera transformación histórica sin arriesgar mucho: bastará que se debe llevar por la lógica de los acontecimientos.

Para empezar, Obama es el primer presidente que ha declarado su voluntad de reunirse con el presidente cubano Raúl Castro sin imponer condiciones previas. También señaló su deseo de “normalizar las relaciones y suavizar el embargo”.

Se espera que el nuevo Presidente estadounidense elimine las sanciones que la administración Bush impuso en 2004. Éstas limitan las estancias de los emigrados cubanos en su país de origen a 14 días cada tres años, separando así a numerosas familias. También limitan el importe de la ayuda económica que es posible mandar a sólo 100 dólares por mes.

El electo presidente ha criticado esta decisión que “ha tenido un impacto profundamente negativo sobre el bienestar del pueblo cubano”, y anunció que a partir del 20 de enero otorgará a los cubano-estadounidenses derechos ilimitados para visitar a sus familias y mandar dinero a la isla”.

Por otro lado, a medio plazo, también es posible que el Congreso ponga fin a la prohibición de viajar a Cuba a los ciudadanos estadounidenses. Ya el gobierno de Raúl Castro he levantado las restricciones a los viajes que sufrían los cubanos. Solo falta que lo haga la contraparte norteamericana, que durante 50 anos prohibio directamente a sus ciudadanos visitar la isla.

Entonces, si levanta la prohibición de viajar a Cuba a los norteamericanos, según mi opinión, será el principio del fin para el bloqueo. Por qué?

El embargo contra Cuba está compuesto de una compleja trama de leyes que se fueron sumando con el paso de las décadas: el bloqueo comprende el embargo comercial, la restricción a los viajes de Cubano-americanos, límites en las remesas de dinero, sanciones por comerciar con la isla a compañías de terceros estados, prohibición de viajar para los ciudadanos norteamericanos y varias medidas más.

Pero hoy, el conjunto de leyes contra la isla está acosado por diferentes lobbies, relacionados con la agricultura, los viajes y la producción de energía. Hay también asociaciones de Cubano-americanos y un muchos grupos culturales, religiosos y humanitarios. Todos ellos apoyan el fin de las sanciones y la normalización de las relaciones.

Al mismo tiempo, la opinión pública, incluida la comunidad Cubano-Americana de Miami, mayoritariamente reclama un cambio radical en la política hacia Cuba.
Es que el embargo contra Cuba –además de monstruoso e injusto- ha sido inútil, y su prolongación perjudica a muchos sectores de la sociedad norteamericana.

Por eso en la actualidad cada una las leyes del bloqueo tiene su proyecto de anulación en el Congreso (ver abajo), con apoyo de miembros ambos partidos, y con un creciente consenso en distintos sectores para normalizar las relaciones con la isla.

Que pasará entonces si, por un lado, Obama levanta las restricciones de viaje para los cubano-americanos, y el Congreso levanta la prohibición de viajar a los ciudadanos yanquis?
Pues, en primer lugar, será un reencuentro grandioso entre dos pueblos. Será otro muro que se cae en beneficio de la libertad. Miles y miles de ciudadanos de ambos lados se verán las caras despues de medio siglo de aislamiento.

Y en segundo lugar, si esta iniciativa pasa, será como una filtración de agua en un barco, que iniciará su hundimiento. El bloqueo ya es un barco que se hunde por obra de múltiples agujeros. Con una sola de las leyes que se levante, alcanzará para que, en un efecto dominó, el resto de los sectores alcen su voz demandando igualdad de condiciones para viajar o intercambiar bienes con la isla. Y que el Congreso comience a aprobar la anulación de las leyes del embargo.

Esto ocurrirá en sintonía con lo que piensa el mundo. Hay que recordar que, en la última votación de las Naciones Unidas, 185 de los 192 miembros que componen la Asamblea General se pronunciaron por el levantamiento del embargo. Nunca se había alcanzado esa aplastante mayoría.

Y entonces se escribirá otra historia. Obama tiene la oportunidad de iniciar este proceso de paz. Después de años de escuchar a los presidentes norteamericanos hablar de guerra y de terrorismo, escuchar al nuevo líder hablar de amistad y de reconciliación sería todo un alivio. La humanidad entera se lo agradecería.

APENDICE

Guerra de leyes en el Congreso norteamericano

El embargo comercial de USA hacia Cuba comenzó formalmente en febrero de 1962. A partir de ahí, se desarrolló a través de una compleja arquitectura de leyes y disposiciones:

• Ley Torricelli 1992: Prohíbe el comercio con Cuba de subsidiarias de compañóas norteamericanas en terceros países. Coloca a los barcos que toquen puertos cubanos en una “lista negra”.

• Ley Helms Burton 1996: Esta extendió las sanciones por comerciar con la isla a compañías de terceros estados, convirtiendo el bloqueo en extra-territorial y levantando una ola de críticas internacionales.

• Reporte de la Comisión para la Asistencia de una Cuba Libre 2004/2006: La última movida legislativa, que restringió los viajes de Cubano-americanos a la isla a una vez cada tres años, sin excepciones, y limitó aún más las remeses de dinero, etc.

• Prohibición de viajar para los no Cubano-Americanos.

• Excepción en la venta de comida: El Congreso norteamericano aprobó un parcial levantamiento del embargo en 2000, permitiendo a Cuba la compra de alimentos, después de una serie de gestos de colaboración de ambos estados. Pero con Bush esta medida se convirtió en una trampa, ya que Cuba está obligada a pagar por los envíos ANTES DE QUE EE.UU. autorice la salida de los barcos transportando la mercadería.

Mientras tanto, la siguiente es una lista de los proyectos que aguardan tratamiento y aprobación en el Congreso norteamericano para revocar las medidas contra Cuba:

• S.875: Seguridad y eficiencia para el petróleo (2007), para permitir a compañías petroleras norteamericanas trabajar con el Gobierno cubano para explorar posibles yacimientos petrolíferos. Este negocio está siendo explotado por el momento por empresas españolas, noruegas, chinas, etc. y la idea es que las empresas norteamericanas también puedan intervenir. El promotor es el senador Byron Dorgan, demócrata, acompañado por un voto. (3)

• S.721: Para terminar todas las restricciones de viajes de Norteamericanos a Cuba. Este proyecto fue presentado por el senador Mike Enzi, Republicano, acompañado por 14 co-sponsors.

• H.R. 1026: Ley para facilitar la exportación de productos de la agricultura. Propone terminar con el requerimiento de que Cuba pague al contado por compras de alimentos antes de que los envíos sean autorizados a dejar los puertos norteamericanos. El principal autor es el republicano Jerry Moran, con el acompañamiento de nueve legisladores, y desbloquearía estas transacciones comerciales, creando un sistema de virtual crédito para las compras cubanas.

• H.R. 757: Restauración de los derechos familiares de los Cubano-Americanos. Permitiría a los cubanos nacionalizados o residentes permanentes visitar sin restricciones a sus familiares. Promueve el proyecto William Delahunt, demócrata, con el apoyo de otros 22 legisladores.

• H.R. 654: Ley para exportar la libertad a a Cuba. Permitiría todos los viajes entre EE.UU y Cuba. El proyecto es impulsado por Charles Rangel, demócrata, y lo acompañan 89 votos.

• H.R. 624: Ley de Libre Comercio con Cuba. Levantaría el embargo y quitaría a Cuba de la lista de estados promotores del terrorismo. Este proyecto también fue presentado por Rangel, con el apoyo de 35 co-sponsors.

• H.R. 217: Para remover el embargo impuesto sobre todo el comercio con Cuba. El autor de la iniciativa es el demócrata José Serrano, con el acompañamiento de otros ocho legisladores.

• H.R. 216: Para remover la prohibición a los ciudadanos cubanos de visitar EE.UU. para jugar béisbol profesional. Este es otro proyecto de Serrano, apoyado por cuatro firmas.

Más información sobre el tema: “2009, el año en que caerá el otro muro”.
http://alainet.org/active/17427

Cuba, la Palestina liberada

¿Resistir o ser colonia? La pregunta que el sentido común se hace a menudo respecto a Cuba es: antes de atravesar por tantas dificultades enfrentando al Imperio desde una posición tan frágil, ¿no sería preferible rendirse en sus brazos?

El razonamiento reza: “Sólo sería cuestión de dejar de lado el orgullo nacional, y los dólares fluirían a chorros. Se acabaría el bloqueo y la guerra, y la inversión norteamericana convertiría a esta isla en otra próspera Miami en cuestión de meses”.

Desde un pragmatismo ingenuo, la propuesta no parece descabellada. Sin embargo, es solo una idea ingenua.

En primer lugar, hubo pueblos que siguieron ese camino, y fracasaron. Es obvio y cercano el ejemplo de la Revolución Sandinista. Cuando los nicaraguenses se cansaron de diez años de guerra y hostigamiento y decidieron devolverle el poder a un Gobierno pro-imperial, fueron automáticamente olvidados. No hubo ni ayudas ni soluciones para una nación que desapareció de la agenda internacional y volvió a su estancamiento de un siglo.

En segundo lugar, volver al estatus de colonia no parecer ser viable en el caso de Cuba. Luis Marrón, presidente de la Casa de la Amistad Cubana con los Pueblos, lo explica claramente. Narra cómo los cubanos ­ya sufrieron en carne propia el estatus colonial. Varias generaciones pelearon contra la dominación imperial española, inglesa y finalmente yanqui, que sumió a la mayoría en la violencia y en la miseria. En esa fragua se forjaron los revolucionarios de la Sierra Maestra, y en esa circunstancia se explica la obstinada resistencia del pueblo a someterse al poder extranjero.

La misma lógica podría aplicarse a futuro: no habrá pueblo más obstinadamente anticolonial que el iraquí cuando se desembarace de la ocupación anglo-americana.

Hace falta recalcar que el colonialismo tiene una raíz profundamente racista, y que mal puede esperarse de él políticas que mejoren la calidad de vida de los pueblos ocupados.

En términos pragmáticos, más vale invertir la lógica, y mensurar la enorme conveniencia de mantener un Gobierno nacional y soberano, cueste lo que cueste. Razonemos.

Dos luchas anticoloniales

Diré una noticia repetitiva, que tiene actualidad en cualquier momento. La TV informó que siete palestinos murieron en incursiones armadas israelíes. También hubo decenas de heridos, y la esposa de un concejal de Hamas murió junto a tres de sus hijos cuando un tanque israelí disparó contra su hogar. Finalmente, un vocero del Gobierno palestino denunció que 70 nuevos asentamientos israelíes presentan un abierto desafío y un nuevo obstáculo a las conversaciones de paz.

En estos días, la matanza y la represión continúa.

No será improductivo un cruce de razonamientos y comparaciones entre Cuba y Palestina, en base al simple sentido común. Hay muchos puntos de coincidencia en la posición de ambos pueblos en la escena internacional.

En primer lugar, aunque a primera vista no resulte obvio para el habitual consumidor de noticias, ambos son perdurables conflictos que tienen su origen en una lucha anticolonial.

- En el caso de Palestina-Israel, el flujo de noticias occidentales se empeña en presentar una falsa simetría para explicar esta “guerra de baja intensidad” que enfrenta a ambos pueblos. Es usual que los diarios relaten que, ante una “provocación” palestina, se sucedió una “represalia” israelí que arrojó un cierto número de muertes. Aquí se iguala a la víctima y al victimario, endosándole a los palestinos la responsabilidad inicial por la prolongación del conflicto. Es frecuente también que se hable del conflicto presentando el problema del “terrorismo” palestino contra “el derecho a defenderse” del Estado israelí.

No vamos a extendernos en una exposición detallada sobre las realidades de este conflicto, ni a adentrarnos en polémicas. En cambio, nos remitiremos a los hechos: 1) Antes de la creación del Estado israelí mediados de siglo, los palestinos ya estaban allí. 2) Judíos y palestinos están enfrentados ahora por la posesión de un territorio que ambos reclaman como propio. 3) Los judíos tienen constituido su propio Estado, con un poderoso aparato policíaco y militar, y expanden su poder territorial con nuevos asentamientos llamados “colonias”. 4) Los palestinos expulsados de sus tierras viven miserablemente, refugiados en territorios bajo control militar israelí.

Conclusión: La causa palestina para recuperar sus tierras, constituir su propio Estado y liberarse de la ocupación es entonces, esencialmente, una lucha anticolonial.

- En el caso cubano, la prensa occidental presenta el enfrentamiento de medio siglo de EE.UU contra la isla como un conflicto ideológico: Washington reclama democracia y elecciones libres, apertura económica y “respeto de los derechos humanos”, y justifica el embargo y la guerra en la acusación de que “Fidel Castro es un dictador comunista”.

En la práctica, la Revolución Cubana fue un alzamiento de raíz nacionalista y anticolonial, cuya principal fuente de inspiración ideologica fue José Martí y otros héros nacionales cubanos. Cuba, a 90 millas de las costas de Florida, era una dependencia neo-colonial norteamericana cuando los revolucionarios cubanos tomaron el poder, derrocando a la dictadura pro-norteamericana de Fulgencio Batista. La “Enmienda Platt”, inserta en la antigua Constitución cubana, la otorgaba a EE.UU. poderes soberanos sobre el territorio cubano. Los planes anexionistas de Washington para la isla están profusamente documentados, y es su frustración al respecto –y no los declamados “ideales democráticos”- el origen de la guerra de múltiples niveles contra el Gobierno revolucionario surgido en 1959.

Conclusión: La causa cubana es entonces, esencialmente, otra lucha anticolonial.

Analogías de signo opuesto

En estas dos guerras coloniales, Cuba e Israel vienen imponiéndose desde diferentes posiciones: la isla como nueva nación anticolonial, el Estado judío como nueva nación colonizadora de territorios. Entre ambos hay otras analogías, pero de signo inverso:

- Merced a una ayuda anual millonaria de EE.UU., Israel mantiene el ejército mejor pertrechado de todo medio Oriente, incluidas unas 200 armas atómicas. Con ese poder militar mantiene aterrorizados no solo a los palestinos ocupados, sino al resto de sus vecinos, y mantiene ocupados territorios que no le pertenecen. En la última de las guerras que protagonizó, arrasó el Líbano en pocos días. Los bombardeos israelíes destruyeron ciudades, puentes y carreteras, hospitales y instalaciones civiles por doquier, y acabaron con miles de vidas. El pretexto fue que… dos soldados israelíes habían sido secuestrados por un grupo guerrilero libanés. A este contraste la prensa occidental crítica llama “excesos” y “desproporción” en la “represalia” israelí.

- La ayuda que la ex URSS, durante su existencia, le proporcionaba a Cuba anualmente, era igual a la ayuda que Israel recibe de EE.UU actualmente. Entre otras tecnologías, Cuba recibió armamentos que le permitieron organizar el ejército mejor entrenado del Tercer Mundo. Pero nunca se vio envuelta en guerra de agresión alguna. En cambio, mantiene óptimas relaciones con todos sus países vecinos, y sobre todo, posee un sistema de defensa que le ha permitido repelir todos los intentos de invasión norteamericana y/o de sus aliados, protegiendo efectivamente a sus ciudadanos.

- Israel es un estado militarizado de carácter religioso. El ingreso y egreso de extranjeros está estrictamente controlado para prevenir ataques terroristas y otras amenazas. Debido este estado de permanente alerta, Israel tiene legalizada la tortura de sospechosos, y las ejecuciones sumarias de activistas palestinos son frecuentes. El Ejército suele “cazar” dirigentes o presuntos dirigentes “terroristas” desde helicópteros, mediante ataques aéreos o por otros medios militares igualmente expeditivos. La comunidad internacional normalmente no protesta por estas ejecuciones.

- Cuba es un Estado militarizado de carácter laico y socialista. El ingreso y egreso de extranjeros está estrictamente controlado para prevenir ataques terroristas y otras amenazas. Pese a este estado de permanente alerta, Cuba NO practica la tortura de sospechosos, y NUNCA se han registrado ejecuciones sumarias de ningún tipo. Cuando las fuerzas de seguridad detienen dirigentes o presuntos dirigentes “terroristas”, se suele alzar un clamor internacional pidiendo por las garantías de los “disidentes”.

Dos pueblos, dos realidades

Finalmente, hay semejanzas entre cubanos y palestinos: el bloqueo económico, el cerco militar, la estigmatización informativa de su pueblo y dirigentes… Y diferencias dramáticas, dolorosas, originadas fundamentalmente en que los palestinos aún están prisioneros de la ocupación extranjera, mientras los cubanos han logrando emanciparse luego de décadas de guerra y resistencia. Las diferencias se pueden resumir en algunas preguntas de simple sentido común, cuyo sujeto es intercambiable:

¿Cuántos cubanos son “cazados” desde helicópteros o “volados” junto a su familia por un obús?

¿Quién, en la ONU, los medios u otros espacios de debate público, se preocupa por los derechos civiles y políticos de los palestinos, su grado de acceso a Internet o su capacidad de compra en el supermercado?

¿Cuántos cubanos viven en estado de sitio, son refugiados en su propia tierra o sufren privaciones en materia de salud, educación o necesidades básicas?

¿Qué posibilidades tienen los palestinos de vacacionar en el exterior? Y a la inversa: ¿cuántos turistas veranean en Palestina?

¿Es Cuba un modelo para imitar?

Es frecuente, ante la catástrofe generalizada del mundo capitalista, que muchos miren a Cuba como un modelo alternativo. Los pobres indicadores económicos de los últimos 20 años, sumados a la guerra de desinformación en torno al estado de los derechos civiles y políticos, logran que mucha gente se decepcione e interprete que no es esto lo que el mundo está buscando para salir de la crisis.

En efecto, Cuba no es de ninguna manera un modelo para imitar, excepto en el lineamiento central de sus esfuerzos: construir una sociedad que cuide de sus miembros, que no los deje abandonados a su suerte. Construir, además, un modelo de desarrollo sustentable para todos a largo plazo, y por lo tanto NO a la imagen y semejanza de los países desarrollados (que obviamente no lo son). Estos son los principios rectores fundamentales que explican buena parte de las políticas del Estado cubano, tanto las exitosas como las fallidas, las justas como las injustas. Pero además, hay que tener en cuenta que estas medidas debe ser enmarcadas en el tiempo histórico y las circunstancias concretas de la isla, y mal podrían ser tomadas como “receta” a replicar en otras economías.

Veamos en concreto algunos aspectos de esta cuestión a la luz de las últimas noticias sobre las reformas económicas.

Se ha dado amplia difusión a las últimas medidas de “liberalización” del Gobierno cubano: la autorización a los ciudadanos comunes para comprar ciertos electrodomésticos antes restringidos a extranjeros y empresas del Estado: reproductores de DVD, computadoras, etc. Lo mismo para la adquisición de líneas de teléfonos celulares por parte de particulares, o para la renta de habitaciones en los hoteles orientados al turismo internacional. ¿Por qué el Estado cubano mantuvo durante años este “apartheid” económico sobre sus propios ciudadanos?

La respuesta es simple y a la vez compleja: el colapso del “doble bloqueo” de los 90 dejó a país no sólo sin socios para comprar, sino también sin socios para vender. Los economistas cubanos llamaron “doble bloqueo” a la situación que el país vivió en la última década del siglo anterior, en que a la imposibilidad de comerciar con EE.UU. y sus aliados, se sumó la imposibilidad de comerciar con el bloque de ex países socialistas, algunos cooptados por el Imperio y otros sumidos en el caos. Fueron los tiempos del endurecimiento del embargo –Ley Helms-Burton y otras que extendieron los alcances del bloqueo incluso a terceros países– y de la vigilia internacional por la rendición inminente del Gobierno cubano, condenado a ser la isla más aislada de la historia.

Milagrosamente, Cuba sobrevivió y encontró el camino. Obviamente, fue gracias a una estrategia que concentró todos los recursos en las áreas vitales de la economía, en aras de la supervivencia del conjunto. De los tiempos en que los preciosos insumos tecnológicos provenientes del exterior y las capacidades hoteleras debían ser vedados al “libre mercado” o al libre acceso de la población para reservarlos a las prioridades de la economía, vienen las reglamentaciones que Raúl Castro acaba de anular. Y habrá más medidas en este sentido. Raúl lo anticipó en su discurso ante la Asamblea Nacional en diciembre de 2007: de las prohibiciones innecesarias nacen un buen número de ilegalidades, asumió. Y sus anuncios dieron respuesta a centenares de propuestas sobre la economía que los ciudadanos elevaron en un proceso de debate que los medios internacionales ignoran.

¿Se trata entonces de que los cubanos no tenían antes acceso a computadoras, DVDs Y teléfonos celulares? ¿Se trata de que ahora todos los cubanos podrán consumir estos productos a sus anchas? Ni una cosa ni la otra (las noticias anti-cubanas más ramplonas intentar hacernos asumir que los problemas cotidianos de sus ciudadanos se originan simplemente en la voluntad del Gobierno de hacerlos padecer). En realidad, quien tiene los recursos en la Cuba de hoy, ya probablemente tiene esos bienes, pero por “izquierda”. El asombroso repunte de la economía lo ha permitido. Es decir que lo que el Gobierno ha hecho es “legalizar” –tal vez tardíamente– una situación que ya estaba instalada. Por otra parte, el levantamiento de la prohibición no logrará que esos bienes sean accesibles a toda la población, simplemente porque su precio en dólares es una barrera. Pero ésa es una situación universal, es decir, común a cualquier país.

¿Dónde está, entonces, la diferencia central de las políticas del Gobierno cubano? Este aspecto no aparece en las noticias internacionales.

Hace un par de años, el Gobierno lanzó la consigna de la “Revolución Energética”. Se trata de una iniciativa nacional para reducir el consumo de energía, vía el recambio tecnológico. Empezó por el recambio, en todo el país, de las tradicionales bombillas por lámparas de bajo consumo. Y siguió con el recambio masivo de heladeras, lavarropas y otros electrodomésticos vetustos de la época de la URSS, por nuevas y modernas unidades que se distribuyeron masivamente a lo largo y a lo ancho de la isla, pagaderos en cuotas. Le seguirá, en una etapa que comienza en breve, la distribución de hornos microondas con la misma modalidad. Quienquiera que visite la isla, por estos días, podrá comprobar la asombrosa modernización tecnológica de los hogares cubanos, que alcanza hasta el último de los rincones rurales.

Esta es claramente una política de redistribución de la riqueza –no vía-mercado, por supuesto– que atiende efectivamente tanto a necesidades individuales como colectivas.

Cuando se discute sobre el modelo cubano, es útil preguntarse: ¿Cuántas modalidades de la vida cotidiana fueron en realidad dictadas por la emergencia y la guerra? ¿Qué aspectos del espíritu humanista e igualitario que lo guían sería deseable aplicar en el nuevo modelo de sociedad que el mundo reclama?

El socialismo al borde del precipicio

La primera tarea para analizar Cuba hoy, es despojarse de todas las capas de prejuicios creados por décadas de propaganda negra, y restaurar el sentido común en torno al tema.

Con la apertura del turismo en los 90, millones de turistas viajaron a la isla para ver con sus propios ojos la isla mitológica de Fidel y el Che, el último vestigio museológico de “socialismo real”. Salvo para los ojos de los militantes enamorados de la revolución, el panorama era patético: La Habana parecía una ciudad bombardeada, el atraso tecnológico era patente, y los cubanos sufrían un “apartheid” económico con la prohibición de circular por ciertas áreas. Casi no circulaban vehículos y las tiendas estaban vacías. Cundía la desesperanza y el hambre. Para colmo, la revolución que décadas atrás había expulsado al dominio norteamericano que explotaba la isla como garito y prostíbulo, había alumbrado un nuevo burdel: miles de “jineteras” vagaban por las calles a la caza de turistas ofreciendo su cuerpo por pocos dólares, por un plato de comida o por una baratija.

¿Cómo se había llegado a semejante catástrofe?

En pocas palabras, se combinaron varios reveses inéditos: con la caída del muro en 1989, se inauguró el derrumbe de los países del Este europeo, el llamado “bloque socialista”. La disolución de la URSS dejó a Cuba sin su principal aliado político y económico. De la noche a la manana se interrumpió el 75 por cierto del comercio exterior, incluidos suministros vitales como petróleo, alimentos y tecnología. Se paró el transporte y la producción por falta de combustible, y sectores enteros de las plantas industriales quedaron obsoletos por la falta de piezas de repuesto e insumos vitales. El PBI se redujo en un 35 por ciento. Fue una situación que los cubanos llamaron “el doble bloqueo”: embargados por EE.UU. y aislados repentinamente de sus socios comerciales. Cuba quedó sola en el mundo.

Para colmo, el desarrollo industrial de tres décadas bajo la revolución no había sido significativo. El país era extremadamente dependiente de las importaciones de la URSS. Y el bloqueo norteamericano, que se había iniciado apenas la revolución comenzó a andar, tenía un costo altísimo para la economía.

Sin embargo, la vida antes del colapso era bastante diferente: “Yo ganaba 141 pesos como taxista, y pese que eran equivalentes a sólo 5 dólares, y mantenia una familia” (Tomas, La Habana)

Cuba debió reconvertir su economía en pocos años y partiendo de un capital inicial bajísimo. El peor momento no fue el 90, cuando se anunció el inicio del llamado “Periodo Especial”, sino tres o cuatro años después, cuando se acabaron las reservas y el nuevo modelo orientado hacia el turismo aún no había dado sus frutos.

“Era desesperante: el transporte público casi desapareció y las colas para abordar una guagua eran enormes. No había luz y los alimentos estaban perdidos. Imagínate que volvías de trabajar y te encontrabas en tu casa, sin luz y sin comida, agobiado por el calor y los mosquitos. Hubo gente que se ahorcó” (Mariela, de La Habana).

¿Cómo sobrevivió Cuba a semejante colapso? Es difícil imaginarlo. Casi 20 años después las dificultades son aún importantes, y no se ha logrado restablecer la calidad de vida de que gozaban los isleños antes de la catástrofe. Pero el país respira otra vez vitalidad y energía. Año tras año las mejoras son palpables y evidentes.

Ahora un clima de debate público ilumina el futuro: el Gobierno insta a los ciudadanos a tomar el poder en cada centro de trabajo, a “trabajar duro” y cuestionar “todo lo que hacemos para mejorarlo”, a luchar contra la corrupción y la burocracia. En 2004 el entonces presidente Fidel Castro lanzó la “batalla de las ideas”, un proceso orientado a estimular la participación ciudadana en la resolución de los problemas. En 2007 su hermano Raúl, a cargo provisionalmente del poder, inició una ronda de consultas transversales entre la ciudadanía para recoger propuestas de reformas económicas. Hoy el Gobierno analiza un millar de ideas elevadas desde la base. El debate podría resumirse en una frase: “Lo peor ya ha pasado. Cómo seguimos?”

Introducción: Crónica de una caída que nunca llegó

El fin de la Revolución cubana se anticipó muchas veces. Pero el Gobierno de la isla sigue firme desde hace medio siglo con un amplio respaldo popular. Y se apresta a iniciar un profundo viraje.

Todas las predicciones relacionadas el torno al fin de la Revolución cubana resultaron fallidas. Primero, con la caída del muro y la disolución del bloque socialista. Luego, con la salida de Fidel Castro del poder. A mediados de Febrero, con la renuncia del histórico líder a encabezar nuevamente el Gobierno. En ningún caso las masas ciudadanas salieron a la calle a reclamar un cambio en el sistema político y económico, aunque los medios de todo el mundo repitieron consignas trilladas como “transición”, “apertura” y “cambio de régimen”.

¿Cómo hizo esta acosada nación para salir airosa de cada una de las profundas crisis que la historia le puso adelante? ¿Cómo se explica que pese a las profundas dificultades el Gobierno mantenga un consenso general y la mayoría de los cubanos defienda el socialismo?

En el umbral del 50º aniversario de la Revolución, Cuba está a punto de iniciar un viraje hacia una nueva era. Este trabajo pretende anticipar algunos cambios en el estilo de vida de la isla, a la vez que echar luz sobre aspecto comúnmente distorsionados del sistema politico y social que rige la vida de los cubanos.