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Feliz día del trabajador. La 69. Capítulo 20

Los pibes vinieron corriendo, era mediatarde ya cuando los vi llegar. El Rúben estaba medio maltrecho.
-Pa, mirá como le dejaron el brazo al Rúben – me dijo Betty.
-¡Andá a llamar a la Lili y al Cacho! Y vo, mostrame.

El Rúben se levantó el buzo y me mostró una pelota negra. Ese brazo estaba indudablemente roto.

-Lili, andate con Irma al hospital a que atiendan a tu pibe. Se rompió el brazo. Andá a emergencia y esperemo que lo atiendan rápido. Pibe, ponete hielo para que te baje la hinchazón y no te duela tanto. Cacho, vo quedate. Y Betty, contame bien qué pasó.

La Betty me hace el relato de lo que pasó. ¡Estaban hablando con mi hija, querían cagar a mi hija! Ya no aguanto más.

-Chicos, vayan a buscar a sus papá. ¡carajo, apúrense, pajero!

La unidad estaba a medio pintar lo cual mucho no me preocupaba. Con cacho fuimos a buscar unos fierros al fondo del taller. En un rato teníamos montada una estructura de fierros en la trompa de la unidad, ya lista para cumplir la misión.

-Vo no te preocupé, le dije al Cacho. Yo te la arreglo después y te la dejo como nueva.

En la puerta del taller había como 20 personas, entre padres, madres, hijos, hermanos. Todos los vecinos se hicieron presente y eso me llenó más de fuerza. Antes de salir fui a buscar la treinta y ocho que me dejó mi abuelo, esa que le regaló su padre en la quema de la Curia en el 55.

Nos subimos todos a la unidad y encaramos cual turba violenta para lo de Benítez, bueno, para la casa del viejo Benítez, tomada por estos mal nacidos.

Nos bajamos todos, y Cacho apunta la trompa hacia la puerta. Yo, con el bufoso en la mano les golpeo a los turros y ni bien abren la puerta cacho pone primera y se carga la pared completa, para poner marcha atrás y volver a embestir.

La casa de Benítez ya estaba abandonada y venida a menos y con esto quedó destruida. De ahí salieron cuatro personas, los dos vendedores y un par de minitas. Intentaron correr hasta que con un par de tiros al aire logré frenarlos. Quedaron congelados, con las manos en alto.

Cacho seguía demoliendo. La estructura de fierros que le calzamos a la unidad soportó como si hubiéramos creado uno igualito a los de SWAT. Nos acercamos a los cuatro y me paré frente del más gordo, el que le había roto el brazo al Rúben u le encajo la mejor trompada que pude dar en mi vida, rompiéndole la nariz y bajándole cuatro dientes. En ese momento los otros tres empezaron a correr y detrás de ellos todos los demás persiguiéndolos y dándoles alcance en la esquina.

La yuta llegó justo a tiempo, alertada por el ruido y los tiros, si no, los linchábamos. Fuera de joda. Con todo el revuelo, Cacho se fue con la unidad para esconderla.

Por supuesto los de azul sabían perfectamente quiénes eran esos cuatro y de alguna manera los cubrían, pero ante la evidencia no pudieron hacerse los giles. Dentro de la casilla se encontraron elementos para el fraccionamiento de cocaína, cientos de dosis preparadas para vender de cocaina y paco y unos tres kilos de marihuana. Tuvieron que llamar al fiscal de turno, que vino con una “cara de domingo” que no se podía creer.

-¿Quién es el responsable de todo esto? Preguntó un cana.
-Todo, pero ellos mucho má – contesté
-¿Qué pasó?
-Se metieron con nuestro pibe. No los queremo ver má por acá.
-Pero el destruir propiedad privada es un delito muy grave.
-¿Y quién nos va a acusá? Los vendedore de droga o la yuta que los cubre?
-¡Más respeto con la autoridad! – dijo el cana antes de irse con la cabeza gacha.
-¡Laburen hijos de puta! – dije en voz baja, haciéndole honor al primero de mayo.

El clásico roto. La 69. Capítulo 19

-Che piña, vo que tené el caballo manso, andá a comprarte una pizza.
-¿Qué, la vieja no cocina hoy? – con eso del “Caballo manso” el viejo ya me tiene cansado. Tengo el “caballo manso”, pero no boludo. Desde pendejo que me manda de un lado al otro porque tengo “caballo manso”. Las bolas por el piso me tiene con eso.
-No, se chivó hoy al mediodía y no me deja entrá a la pieza.
-Ta rara la vieja. ¿Viste?
-Tené que entenderla pibe. La mujere son jodida. Cuidadito con la que te enganché. Pero ojito: por ma jodida que sea, no me la cambié por un pibe. ¿Clarito?
-¡Vo fumá!, viejo – creo que desde el domingo con la Betty que me siento superado. Ya ni se cuántas pajas que me hice.

Salgo mirando para la casa de ella, pero no veo señales. Su pieza da a la calle, pero la luz estaba apagada. Mañana seguro que la veo. Tenemos el partido contra los de Obras Sanitarias. ¿Estará bien hacerse la paja antes de un partido? Ahora que pienso, sí. El viernes me hice una y el sábado le di el pase al Rata. “Nos vemos en un rato Betty” pensé.

La idea del viejo de la hoja cuadriculada me pareció buena, entonces le di a la Betty un cuadernito y una birome. Le expliqué lo que tenía que hacer y listo. Al pedo, porque no teníamos suplentes, pero al menos nos serviría para cagarnos de risa del que más cagadas se haya mandado.

Yo, jugué arriba, aunque en esa canchita no hay mucho “arriba” ni “abajo”. Jugamos siempre de cinco contra cinco, y a correr se ha dicho, pero el “pescador” siempre da resultado si tenés un buen arquero.

Terminamos seis a trés. Perdimos, pero nos cagamos de risa. Son partidos complicados pero no a morir. Con casi todos íbamos al cole o fuimos al jardín juntos. Salvo con ese turro que hizo las infantiles en San Lorenzo, que es el que siempre nos hace los goles.

Los dos chabones pesados nos estaban esperando al costado de la canchita. Y estaban hablando con la Betty. Tal vez por eso pifié tantos goles. Terminamos y me les acerco.

-¿Entonce vo tené mucho amigo en el cole?
-Mirá flaco, ¿qué te importa a vo?- digo

Al toque se pararon los dos, que me llevaban una cabeza de altura y se pusieron frente a mi.

-¿Qué te pasa flaquito? Tenemos la mejor con vo, pero no te metá.
-Me meto todo lo que quiero. Déjenla tranquila. – Dije mientras la Betty corría a llamar a los chicos que habían ido a comprar una coca.
-Parece que queré que nos divirtamos con vo, mirá que valiente que resultó el pendejito.- Y me como un empujón que me dejó con el culo en la tierra. En ese momento el mas gordo me tira una patada a la cabeza que consigo frenar con el brazo izquierdo y empiezo a rodar para alejarme un poco con un dolor que casi no me dejaba ver.

Los nueve chicos y Betty llegaron corriendo y Feli le calzó un cascotazo a uno en la cabeza. Los hijos de puta se dieron vuelta para hacerles frente pero notaron que en el grupo estaba Charly, uno de los del Obras Sanitarias y hermano del pesado que ya los había corrido del barrio. Las piedras seguían cayendo y los pibes se fueron a la carrera.

Desequilibrio – La 69. Capítulo 15

-¿Y qué hacé leyendo vo?
-Nada, leo. ¿Y vo, rengueando?
-Es que todavía me jode un poco la gamba de la patada que me pusieron en el partido. ¿Te contó el viejo todo lo que pasó? – Dije con una sonrisa en la que no podía ocultar también mi orgullo. Por el pase gol y porque el viejo saltó por mi.
-Sí, me lo dijo. Estaba muy contento. ¿Cómo quedó el partido?
-¿El de Boca? Uno a uno. ¿Qué hay para comé?.
-Nada. Hoy no cociné nada. Me fui a paseá.
-Bueno, mejó que haya algo para cuando llegue el viejo que si no se pudre todo.

No supe que contestar más que eso. La verdad es que cuando la vieja haya salido a pasear, esté leyendo un libro grueso y no haya nada para comer me preocupaba. O mas que nada, me desequilibraba. Seguramente antes de que llegue el viejo algo iba a cocinar, así sea tirar dos patys con puré, o una ensalada con papa, huevo y cebolla. La vieja siempre tenía esas salidas. Igualmente hoy la noté distinta.

-Ma, salgo un rato.
-Te pasaste todo el día en la calle y volvé a salí. ¿Dónde va?
-Nada ma, cruzo a ve a la Betty.

Y sin escuchar si me dijo algo o no, cerré la puerta y salí. Cruzo la calle, por suerte la ola de calor ya había terminado, la noche estaba muy buena, fresca y despejada. En realidad no se qué hago mirando la noche, pero bueno.

La Betty cada vez está mas linda. Quiero hablar con ella, porque con eso que le dijo a su viejo me mandó al frente.

-Che boluda, por qué le contaste a tu viejo lo de los pibe eso. Vo sabé que nuestro viejo se cuentan todo.
-Yo se en que andan esos pibe y no me gusta esa joda.
-Pero también sabé que no ando en nada.
-Todavía.
-¡¿Todavía qué nena?!
-Que todavía no andá en nada, pero esto pibe quieren que te metá.
-Pero yo nunca voy a fumá nada de eso.
-Si será pelotudo. Los chabone no te quieren para que compré. Te quieren para que vendá.
-¿Vendé? De qué hablá.
-Sí, so pelotudo. No hay caso. Escuchame bien, gil. Vo pensá que eso chabone no te van a hacé nada. Y es verdá. Ello saben que vo, yo, y ninguno de los pibe vamo a caé en esa. Pero lo que quieren ello es que si no van a poder venderno, nosotros le consigamos otro pibito que sí caigan. Fijate lo que te preguntan, del cole, de cuánta gente hay, y todo eso.

La verdad que el razonamiento de Beatriz me sorprendió. Y me explicó todo muy claro. Y lo peor, es que tenía razón. Sin querer joder a nadie le dí a estos pibes muchos datos del cole. Se me hacían los amigos y seguro que en cualquier momento me iban a pasar algo para que lo entregue en la escuela. No entiendo cómo pude ser tan pelotudo. Pero no podía aceptar que una pendeja de quince me dijera lo que tengo que hacer.

-¡Igual nena!. La vieja me cagó a palos por tu culpa y zafé de mi viejo porque estaba a full con el partido de fulbo. Ademá yo tengo todo manejado.
-¡Manejado qué, pelotudo! Vo no entendé nada.
-Sí que entiendo
-No, no entendé

En ese momento se me cuelga del cuello y me da un beso en la boca. Un beso largo, con lengua y apretando sus tetas contra mi cuerpo. Definitivamente hoy es el día del desentendimiento, o soy yo el que no entiende nada. Después de unos segundos, que para mi deben haber sido dos horas se escuchó un ruido detrás, ella me suelta, me mira, se pone como una remolacha y sale corriendo.

No se si fueron dos minutos o tres días los que me quedé parado e inmóvil Al ratito me doy cuenta que además se me había parado la pija. Me la acomodo, doy la vuelta y camino para casa. Ahora sí, con una ineludible cara de pelotudo.


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