La vuelta.

El clima está raro. Pasaron cuatro semanas y nadie dijo nada pero yo sé que es inminente el cambio. Tomás, que ya sabe de hace rato cómo son las cosas, me llama.
- Hoy es la reunión con Totty y Marianita.
- No quiero volver con ellos.
- Ya no puedo hacerme más el boludo.
- No quiero ir. Me fui como el culo de ahí y ahora quieren que vuelva… Dejame de joder… Encima, Ale, la supervisora, va a quedar como jefa ¿Sabés lo que es eso para mi?
- Ya sé… pero Totty dice que el trabajo que hacés conmigo lo tenés que hacer con ellos. Muchas opciones no tenés, Santiago.
- ¿Cuándo hay que reunirse?
- ¿Podés ahora?
- Cuanto antes nos saquemos esto de encima, mejor… Pero te quiero pedir algo antes de entrar. Dentro de tres semanas es mi cumpleaños. No quiero pasarlo con ellos. Es lo único que te pido. Dejame pasarlo acá. Cae jueves. Me quedo hasta el viernes de esa semana.
- Dale. Pero ahora vamos que Totty está esperando.
Camino a la sala de reuniones detrás de Tomás. Totty y Marianita nos esperan adentro. Los demás levantan la vista y nos ven entrar. Saben que cuando alguien entra ahí no es para algo bueno.
La sala de reuniones tiene ventana y da a la calle. Se filtra el estruendo de los colectivos. Hay una mesa larga y ovalada. Encima, dos termos: uno con agua (para el té) y otro con ese café intomable que preparan las viejas ahí. El olor de este último prevalece y hace parecer la habitación un poco más amable y no tan parecida a un frigorífico.
Totty y Marianita están sentados uno al lado del otro. Como es viernes, Totty tiene una chomba verde agua con unos pantalones pinzados. Marianita, en cambio, está maquillada como si fuera a una fiesta. Muy pocas veces la vi repetir ropa. Marianita es la mejor amiga de Ale, la supervisora.
- Bueno… – dice Totty – todos sabemos por qué estamos acá, verdad? La verdad, Santiago, es que tenés que volver a trabajar de este lado. Yo sé que las condiciones en las que te fuiste no fueron las mejores, que tu relación con Ale, la supervisora, no era buena… Ella ahora está de licencia y la está suplantando Marianita. Bah, suplantando es una forma de decir, ya que cuando Ale vuelva quedará como jefa del sector y Marianita en su lugar, como supervisora. Tu trato, Santiago, será con Marianita y conmigo, claro. Cualquier cosa que pase, nos decír a nosotros.
- No tengo opción, verdad? – pregunto.
- No.
- Bueno, en ese caso, tengo un par de cositas… -digo y veo cómo se miran entre ellos, preocupados- Si vuelvo a trabajar con ustedes, será para hacerlo en la calle, no para estar adentro haciendo el archivo. O sea, ustedes son los que quieren que vuelva, por lo tanto, van a tener que decirle a otro. Yo me fui con Tomás porque, por un lado, ya no soportaba más ordenar ese archivo y, por otro lado, porque mi relación con Ale, la supervisora, ya era insostenible. Necesito que me garanticen que, cuando ella vuelva de su licencia, no me va a molestar.
- No te preocupes por eso – me dice Marianita -. La supervisora soy yo. Tu trato va a ser conmigo.
- Ok – les digo -, en tres semanas nos vemos, entonces.


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