Crítica CASE 39
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Título en España: LA CUARTA FASE
Sinopsis
Sinopsis
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
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Título en España: BIENVENIDOS A ZOMBIELAND
Sinopsis
En un mundo plagado de zombis, Columbus es un joven que se encuentra aterrorizado por la situación y cuya cobardía precisamente le ha permitido que sus sesos aún se mantengan en su cabeza. Sin embargo, se verá forzado a sacar el poco valor del que dispone para unirse a Tallahassee, un cazador de muertos vivientes. En su camino se tropezarán con un peculiar par de hermanas.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Comedias de terror hay muchas, comedias de zombies ni hablar, pero Zombieland no se parece en nada a ninguna de ellas. Es una decisión muy peculiar tomar una comedia con zombies para hacer una película con espíritu de cine independiente americano. Peculiar, pero más que acertada, porque podemos perdernos en la aventura de estos cuatro personajes que deben sobrevivir una vez que el mundo se ha convertido en una jungla de zombies, pero la película se encarga de avisarnos “ojo, que por ahí no pasa todo”. Y es que Zombieland toma la aventura, la comedia, y mínimamente, el terror (pocas películas dan menos miedo que esta), para contarnos la historia de cuatro personajes, un joven tímido, un cazador aguerrido y dos hermanas estafadoras, que se unen para sobrevivir, cuatro personajes solitarios y desamparados que terminan formando una familia bastante extraña, pero, al menos para el joven Columbus, ideal.
El protagonista está encarnado por Jesse Eisenberg, que encontró su protagónico perfecto en Adventureland. Con ambas, podríamos decir que Eisenberg se está consolidando como un actor más que atendible, y si tuviera algunos años más de carrera hasta afirmaríamos que se trata de un actor-autor. Más allá de la obvia similitud de títulos entre aquella y esta, no son pocas las similitudes entre su James Brennan de Adventureland y el Columbus de esta. Ambos son adolescentes desamparados, con claros conflictos con sus padres, que encuentran una familia nueva fuera de su hogar, en el caso de Brennan la encontraba en el parque de diversiones, mientras que Columbus la encuentra en sus compañeros de supervivencia. Tanto Brennan como Columbus se enamoran perdidamente, pero su forma de ser les impide expresarlo, por lo que terminan generando que sea la chica en cuestión la que de el primer paso, y mientras una sucede en los ochenta, y transcurre casi enteramente en un parque de diversiones, la otra es un claro homenaje a esa época, y una de sus escenas clave transcurre en ese mismo espacio. Casi estamos ante una continuación de su personaje anterior, de la misma forma en que podríamos encontrar al mismo personaje en los papeles más importantes de Michael Cera, el joven actor con el que se lo vincula a Eisenberg (algunos despistados hasta se atreven a confundirlos) por el perfil similar que adoptan los personajes de uno y de otro. Ambos actúan con una aparente apatía que les sirve de máscara para apelar a una notable economía expresiva, que potencia la personalidad de los personajes que abordan.
Si Eisenberg/Columbus representa la apatía y la supuesta indiferencia o ingenuidad ante lo que sucede, Woody Harrelson/Tallahassee, y su ya famoso despliegue expresivo, es el perfecto opuesto, un carismático cazador de zombies, que parece haberse devorado todo el catálogo de películas de este tipo. A ellos hay que sumarle a Emma Stone, perfecta en su papel de chica mala, y Abigail Breslin, heredera de todos los papeles que por edad ya no le pueden dar a Dakota Fanning, y aquí mostrando una sorprendente veta cómica.
Habíamos mencionado que Zombieland es un homenaje al cine de los ochenta. Su manera de abordar este tipo de cine está de hecho más cerca de los Cazafantasmas (uno de los mayores símbolos cinematográficos de la comedia de aventuras de los ochenta, junto con Volver al futuro), que de cualquier película de zombies. Y si faltaba algo para conectarla con esa película, tenemos a Bill Murray en un muy buen cameo, con un previsible pero cómico final, y a los protagonistas jugando a los cazafantasmas en la “mansión” de Murray. Pero más allá de este homenaje puntual, la celebración de ese tipo de cine está más en su espíritu ochentero, que en cualquier elemento referencial, una forma de homenaje mucho más interna que externa, más honesta con el cine que se está celebrando.
Sin embargo, lo que asombra de esta propuesta es, como ya dijimos, que esta comedia de zombies es una excusa para el discurso que proclama el protagonista y la película, que la familia ideal es la que uno elige, un discurso que toma lo más liberal del cine de comedia y de las películas de terror, contradiciendo cualquier tipo de conservadurismo, hoy tan en boga en Hollywood, incluso en el cine de terror, y hasta en alguna que otra comedia. Tanto lo que dice la película, como el marco que se utiliza para pronunciar este discurso, son aspectos para celebrar, en una película sorprendente que suponíamos carente de mayores pretensiones.
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Título en España: HERMANDAD DE SANGRE
Sinopsis
Un grupo de amigas que forman parte de una hermandad juran fidelidad, secretismo y solidaridad entre ellas para siempre. Su lealtad se verá puesta a prueba cuando todo va mal en una fiesta y una de ellas termina brutalmente asesinada. En vez de confesar el crimen y arriesgar sus brillantes futuros, las chicas deciden esconder el cuerpo y guardar el secreto. Un año después del suceso, durante la fiesta de graduación, las chicas comienzan a recibir vídeos en sus móviles de la noche en la que su amiga murió. ¿Ha regresado su amiga muerta para vengarse? o ¿su secreto fue descubierto por alguien que ahora ha decidido que paguen por ello?
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Otra película de terror para adolescentes. Para mujeres adolescentes, es decir que poco hay aquí que nos pueda entusiasmar al resto de los mortales. Pensémosla entonces como lo que es, como una película destinada a un sexo y a un rango etario determinado. Aún así, esta película es espantosa por donde se la mire. En los primeros minutos se acumulan muchos más vómitos que lo tolerable, al menos para este tipo de película, y estos vómitos, que sumados a protagonistas adolescentes puede dar como obvio resultado “bulimia”, no tiene que ver en ningún momento con esto, pero sí con un nivel insoportable de autoagresión y de aparentar lo que no se es. Lástima que este signo es completamente involuntario, solo es un elemento más en el torbellino que es la vida de estas chicas bastante superficiales y sumamente odiables.
Básicamente, la película nos muestra una hermandad de chicas de una inmoralidad terrible (lo peor no es el nivel de infidelidad y promiscuidad de estas chicas, sino su tendencia a corromperse físicamente, una se prostituye con su psiquiatra para conseguir pastillas, otra busca casarse con el hijo de un político en ascenso, etcétera). El puntapié inicial es un reflejo de la siniestra naturaleza de estas chicas. Un grupo de ellas decide gastarle una broma al novio infiel de una, y hermana de otra, y simulan la muerte de la novia, tras ingerir unas pastillas que éste le dio. El novio, en un arranque de nervios y bajo una excusa totalmente absurda, termina clavándole una herramienta a la chica y la mata, y el resto de ellas, en medio del shock, toman la aún más inverosímil decisión de arrojarla a un pozo para que ninguna quede implicada. El resultado, una suerte de I know what you did last summer, con un grupo de chicas sumamente perversas (salvo una, que no se corrompe tanto, y otra, demasiado idiota para ser perversa, que tras los primeros ataques de quien comienza a acecharlas, no duda en sostener a los gritos que la amiga muerta volvió para vengarse). Si alguna chica puede identificarse con el perfil de alguna de las integrantes de este grupo, está todo mal, en serio.
El problema no es únicamente la imagen que se da del universo adolescente. Ya se jugaba con eso en la reciente Jennifer’s body, pero allí se jugaba, esa imagen estaba integrada a una lectura ácida de ese universo de pre o post graduados. Acá parece tomarse muy seriamente esto, más allá de las ridículas escenas de violencia y de la excusa moralista de quien resulta ser el asesino (un acierto: la identidad de el o la vengador/a no es tan previsible como suponemos a medida que se desarrolla la película). A fin de cuentas, independientemente de que, como toda obvia película de terror para adolescentes, quien ajusticia es quien viene a asumir el discurso moral de la película, se supone que en determinado momento la platea teme por lo que le pueda suceder a cada una de las chicas. Sin embargo, estas chicas están tan corrompidas moralmente, y esto no está tamizado por ningún atisbo de humanidad ni de ironía, que uno termina comulgando con el asesino, aunque sea uno de los asesinos más inexplicables y peores descriptos de este tipo de películas (el personaje del muchacho perturbado que mata a su novia o el de la hermana de la chica muerta son infinitamente más interesantes, aunque adolecen de los caprichos narrativos de esta cinta).
El espanto no surge del supuesto horror en el que se entronca esta película, sino de la naturaleza de estas chicas, demasiado poco simpáticas como para oficiar de víctimas, en una película mucho más terrible por la conducta de estos personajes (no sólo las chicas, sino también varios adultos, y hasta la señora que encabeza la hermandad termina mostrando su peor faceta), que por las dichosas muertes, que hacen al género, pero que aquí son lo más rutinario de una propuesta horrorosa, en el peor sentido.
Ah, hay asesinato en la ducha, pero nada que ver con Psicosis. Mucho más erotismo (si por erotismo podemos considerar a la exposición gratuita del cuerpo femenino) y, obviamente, muchísimo menos talento que aquella. Nada que ver.
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Título en español: ACTIVIDAD PARANORMAL
Sinopsis
Cuando una joven pareja de clase media se muda a lo que parece ser la típica casa de barrio periférico de nueva construcción, empieza a ser perturbada por un espíritu que se muestra muy activo durante las noches. Especialmente cuando la pareja duerme… o intenta hacerlo. La presencia parece especialmente obsesionada por Katie. Su novio Micah, operador de bolsa, se obsesiona con investigar a fondo el fenómeno. Conocedor de las tecnologías, Micah compra una cámara de vídeo de alta definición que coloca a los pies de la cama, consiguiendo así grabar lo que pasa realmente mientras duermen.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Aclaración: Aquellos que siguieron la campaña promocional de Paranormal activity, seguramente se enteraron de que esta película de 2007 contenía originalmente un final, luego, en 2008, se lo conoció con otro para su exhibición en uno de los festivales en los que participó, y que, luego de ser descubierta por Spielberg, quien declaró haber quedado perturbado las noches siguientes a verla por primera vez (qué mejor truco publicitario que ese…), se lanzó mundialmente con un final distinto a los anteriores. La versión que tuve la oportunidad de ver es la original de 2007, cuya secuencia final me parece sencillamente brillante, al punto de quedar en los anales del cine de terror. He leído cómo son los otros, especialmente el final con el que se la conoció ahora en todo el mundo, y aunque no lo he visto, considero que en esa diferencia entre un final y otro se debaten dos formas opuestas de concebir el terror. Dicho esto, comenzaré a desarrollar la crítica correspondiente, aclarando que, al menos esta vez, intentaré no caer en el vicio común de mencionar el o los finales, y si me llego a referir a estos, trataré de hacerlo sin contar lo que sucede, sólo mencionando de qué modo uno u otro afectan al conjunto de la película.
Paranormal activity es la mayor sorpresa que ha dado el cine de terror americano en los últimos años. Si me preguntan, no se si es mejor película que, por ejemplo, La huérfana (que asusta desde una propuesta más clásica, pero sólida y con una notable construcción de personajes y de climas), lo que sí es incuestionable es que Paranormal… sorprende más al no transitar por los caminos tradicionales del género, principalmente porque ata los recursos para generar pánico en la platea a un modelo de producción absolutamente limitado, y por ello, mucho más potente y genuino.
Cuando se estrenó Monstruoso (Cloverfield), escribí una crítica en la que hice una defensa ensalzada de la imagen cinematográfica, por oposición a estas propuestas digitales que tuvieron como primer boom a Blair Witch Project. Blair Witch se carácterizó por utilizar la cámara de video hogareño como materia prima para un supuesto documento de horror real. Este recurso se repitió en la presentación de Cloverfield y ahora en Paranormal…, aunque ya nadie puede caer en esa trampa mediática de tomar por documental a una película que esconde su condición de ficción tras la imagen digital. De hecho, si bien Paranormal… se presenta como un documento real, la campaña promocional que adelanta el cambio de finales que hubo con la mano paternal de Spielberg, desdice el discurso de presentación original. Volviendo a la crítica de Cloverfield, esta defensa de la imagen cinematográfica se sostiene en mi escala de valores. Me gustan las películas que muestran cierta belleza en el empleo de recursos fílmicos, aún cuando se tratan de películas de terror. Ahora bien, lo que no me gustó, o me pareció que falla en Cloverfield, y que no supe explicar en la crítica correspondiente, es que este recurso de limitar la puesta en escena a una cámara de video, contrasta a pleno con el cine catástrofe y fantástico que determina el monstruo en cuestión, y que el mostrar al monstruo anula el supuesto realismo que determina el recurso limitante empleado. También que es difícil tomar por verosímil una propuesta que se cierra en una cámara de video personal como único recurso y que, aún así, se empeña en encuadrar correctamente.
Si entramos en la diferencia entre la belleza de la imagen cinematográfica y la dureza de la cámara de video digital, está claro que la dureza, y aparente espontaneidad, del digital contribuye de lleno en una propuesta de terror. Si no lo hacía del todo en Cloverfield es por estos aspectos que mencioné. En Paranormal… la propuesta enteramente digital no sólo no anula la potencia cinematográfica, sino que, en un claro gesto de genialidad, y de síntesis de lo propuesto anteriormente en películas como Blair Witch o Cloverfield, habilita la condición más antigua del cine, la idea de poder construir una ilusión con los recursos técnicos, y que esta ilusión sea la principal generadora del pánico buscado. A saber, en buena parte de la película vemos un mismo plano repetido todas las noches. La pareja se va a acostar, y Micah, el novio de Katie, la chica acechada por algún ente más allá de nuestro entendimiento, coloca la cámara frente a la cama, de modo tal de que el plano cubra la mayor parte de la habitación. En este plano fijo vemos, en distintos momentos, una puerta que se mueve, unas huellas que se acercan a la cama, e incluso en una de las noches llegamos a ver a Katie siendo arrastrada de los pies hasta afuera de la habitación por algo invisible.
Si hoy vivimos una etapa en la que el fílmico ya nos ha expuesto todos sus trucos, y los efectos habituales están dados por la sobreabundancia de construcciones visuales por ordenador, que el miedo esté construido a partir de planos fijos en los que la transparencia y la dureza del “video casero” dan lugar a la inmediata pregunta “¿cómo hicieron esto?”, o directamente a pensar que lo que vemos carece de una puesta en escena (por más promoción que inhabilite esta reflexión), nos lleva a asociar esta idea del cine como medio constructor de ilusión, su concepto más primitivo y esencial, lo que convierte a Paranormal activity en una película que, independientemente de su raíz digital y su claro artificio (las placas que titulan cada uno de los días, los espacios en negro para profundizar algunos cortes dramáticos, etcétera), sabe ser más cinematográfica y más terrorífica que la mayoría de los productos americanos de este género.
Ahora bien, el final presenta un problema evidente. El desarrollo de la película se centra en algo que no vemos, y en un terror incipiente, algo invisible que queda demostrado con algunas pruebas, pero que no se manifiesta. Ni el final original, ni el que se le ha puesto para su estreno mundial traiciona esta idea. Nunca vemos al espíritu o a lo que sea que los está acechando, pero ambos finales concluyen con un mismo hecho dramático. Para aquellos que la vean en cine, les recomiendo alquilar el dvd cuando esté editado, y ver el final original, que en una sola y muy extensa secuencia, narra este hecho pero en off, con un empleo soberbio del sonido (una constante en la película, y lo que llega a generar más miedo), y con el recurso del contador de la cámara para dar cuenta, astutamente, del tiempo que transcurre desde el inicio hasta el final de lo que se cuenta en ese plano. Pregunta para la platea: La idea de que lo que se viene anticipando termine reventando fuera de nuestra vista, ¿anula o potencia el terror? Es cuestión de gustos, y seguramente se ha optado por otro final para hacerlo más shockeante y explícito, pero advierto, con esa decisión se ha desechado una de las más geniales secuencias que ha gestado el cine de terror americano de los últimos años. Lo que nos queda, antes que este dilema entre uno u otro final, es una película que, pese a la “¿fealdad?” de la imagen supuestamente casera, sostiene su naturaleza de puro cine, puro terror.
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Sinopsis
¿Qué pasaría si alguien te diera una caja con un botón que al apretarlo ganaras un millón de dólares pero, simultáneamente, se llevara la vida de alguien que no conoces? ¿Lo harías? ¿Y cuáles serían las consecuencias? Año 1976. Norma Lewis, profesora de un instituto privado, y su marido, Arthur, ingeniero de la NASA, son una pareja normal, hasta que un misterioso hombre aparece en su puerta y les propone una vida alternativa: la caja. Norma y Arthur, que sólo tienen 24 horas para decidirse, se enfrentan a un dilema moral imposible. Lo que no saben es que, decidan lo que decidan, ya han empezado a desencadenarse terribles consecuencias.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Richard Kelly sí que es un caso extraño en Hollywood. Su ópera prima, Donnie Darko, si bien no tuvo un éxito explosivo de taquilla al momento de su estreno, se convirtió en muy poco tiempo en uno de los films de culto más importantes del nuevo milenio. Para un director joven, con sólo una película en su haber, puede llegar a ser muy difícil convertirse en el involuntario impulsor de muchos grupos de fans, que comienzan a tratarlo como a un nuevo genio de la industria. Evidentemente, este hecho le ha pesado enormemente, porque su esperada segunda película, Southland tales, una película tan desmesurada como confusa (a niveles extremos), pretendidamente promocionada como un nuevo material presto a convertirse en film de culto, gustó a muy pocos. Para su tercera película, Kelly parece haber bajado unos peldaños en su creciente presuntuosidad, para entregar un thriller clásico. Bueno, al menos eso parece en un principio.
The box arranca como una película de suspense tradicional. Una familia aparentemente feliz, de clase media y con algunos problemas económicos que amenazan con derribar su estilo de vida, un día recibe la visita de un extraño, quien les entrega una caja y les hace una propuesta muy particular. La propuesta es la siguiente: Si aprietan el botón en la caja, reciben un millón de dólares y un desconocido de ellos muere. Si no lo hacen, la caja se la llevarán a otra persona, y tienen sólo un día para resolver el dilema. La reflexión moral está servida en bandeja, y es la base del relato de Richard Matheson (autor de novelas adaptadas al cine con diversos resultados, como I am legend, The shrinking man o What dreams may come), adaptado en los ochenta a la televisión en un episodio de The twilight zone. En su momento, Matheson desaprobó la versión televisiva al ser modificado el final del relato. Viendo esta versión de Kelly y comparándola con lo que narra el cuento “Button, button”, difícil es creer que Matheson pueda dar el visto bueno a semejante producto.
The box se ajusta al relato original en la primera parte de la película, mientras se atiene a construir el suspenso sobre la base del dilema moral. Kelly expone todo su talento como realizador construyendo este suspenso con claras referencias al cine de De Palma (especialmente en la fotografía, que remite a sus memorables thrillers), o a Kubrick (la escena de la explosión de agua en la casa recuerda al ascensor desbordante de sangre en El resplandor). Kelly demuestra ser un experto en el desarrollo del suspenso, generando una enorme expectativa secuencia tras secuencia. Sin embargo, en determinado momento, se evidencia el divorcio que puede ocurrir entre la obra original y la adaptación, cuando quien adapta la obra no se preocupa por darle a la película resultante una identidad netamente cinematográfica, capaz de respetar las dimensiones reales del texto y aprovechando los elementos que la vuelven única.
Un thriller que esconde una reflexión moral puede tener resultar de distintas maneras en su adaptación. Puede convertirse en una mala película que se desentiende del thriller para concentrarse en un mensaje moralista, obteniendo un producto mediocre, puede desdeñar el componente moral para abocarse a un thriller vacuo, o puede aprovechar la cohesión entre el suspenso y el dilema moral que lo sostiene para desarrollar inteligentemente ambos aspectos. Kelly, fiel a su condición autoimpuesta de realizador extraordinario, le da a esta adaptación un tono acorde a esta etiqueta. Lo que hace es respetar la unión entre estos dos aspectos en la primera mitad, para luego preocuparse únicamente por explicar el misterio detrás de esa caja y de ese sujeto extraño. Kelly sabe que esa es su excusa para un relato desproporcionado y netamente fantástico. En esa desmesura, lo único que aflora es la voz de Kelly, quien parece creerse más inteligente que el relato que adapta.
¿Por qué? ¿Cuál es la razón que lleva a Kelly a traicionar la potencia narrativa y la dimensión moral de un relato, para centrarse en un cúmulo respuestas absurdas, como si en esas respuestas se localizara su supuesta genialidad? Richard Kelly es un buen realizador, eso no hay duda, y como muestra basta el verdadero suspenso que se privilegia en las mejores partes de esta película, y hasta los momentos en los que el film coquetea con el terror. También queda claro que sería un cineasta mucho más interesante si abandonara por un segundo su enorme petulancia, que lo lleva a ocuparse durante largo rato de respuestas no sólo imbéciles y confusas, sino antes que nada, innecesarias. Si algo queda claro, de Franz Kafka a hoy, es que el texto fantástico expone su reflexión sobre el mundo en el que vivimos cuanto menos se atreve a explicar la naturaleza de los elementos extraños que se dan cita en este tipo de textos, simplemente porque su naturaleza no importa en absoluto. El peor pecado de Kelly, más allá de algunos menores como el exceso de musicalización de prácticamente todas las escenas, es olvidarse o directamente ignorar este aspecto, llevando la trama fantástica con una fuerte reflexión sobre la corrupción del ser humano a ribetes imposibles (incluyendo una intervención extraterrestre y la paranoia política que ello conlleva), que hacen que la caja con el botón pierda su sentido real.
Las esforzadas actuaciones de Cameron Diaz (¿por qué las estrellas de Hollywood insisten en congelarse sus rostros con bótox, si con eso pierden toda capacidad expresiva?) y James Marsden, sumada a la brillante participación de Frank Langella, que le imprime a su personaje la intriga necesaria, hacen todo lo necesario por elevar el nivel de la propuesta, pero sus respectivos aportes no pueden hacer demasiado frente a los excesos de Richard Kelly, quien a esta altura debería empezar a mostrar un mínimo de modestia y dejar de obsesionarse por el sello personal de sus películas. La mayoría de las veces, para ser un autor no basta con una obra de culto, sino con una larga carrera que lo sustente, y esa es una importante lección que debería aprender Kelly, con una primera película destacada y dos que sólo destacan por pretenciosas y anómalas.
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Título en España: INFECTADOS
Dirección y guión: Álex Pastor y David Pastor.
Sinopsis
Un virus mortal se ha extendido por la Tierra. Cuatro jóvenes se dirigen a una apartada playa del Golfo de México para refugiarse hasta que pase la epidemia. Pero cuando su coche se estropea en una aislada carretera, empieza una desesperada huida en la que se enfrentarán a infectados, médicos homicidas y enloquecidos supervivientes…
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
España no para de exportar cineastas. A la cada vez más atendible carrera en Hollywood de Jaume Collet-Serra, sumado a la cantidad de directores que buscan financiamiento en Estados Unidos, se le agregan los nombres de Álex y David Pastor, dos hermanos que lograron que sus cortometrajes recorrieran el mundo, y que hoy comienzan a hacer carrera en el cine americano.
Lo primero que sorprende de Carriers, es que no es estrictamente una película de terror. Es, en todo caso, un drama apocalíptico con personajes capaces de cualquier cosa por sobrevivir, con apuntes mínimos de terror y, antes que nada, la historia de dos hermanos que con el correr de la trama se irán distanciando uno del otro. De todos estos aspectos, el que sale mejor parado es el primero. Los planos efectistas extraídos de una de terror no vienen al caso, solo aparecen para que la película pueda sostener el rótulo de terror, y ni siquiera son del todo compatibles con el tono pesadillesco de la historia. De hecho, el terror se instala de manera más lógica cuando los efectos del virus mortal aparecen tímidamente en algunos personajes, antes que en los planos con seres carcomidos por el virus. E incluso es mucho más terrorífico el modo en el que se comportan los cuatro personajes que recorren la ruta escapando del virus. La película gana espesor cuando se asume como una suerte de reflexión sobre la naturaleza humana ante un acontecimiento radical. Brian, Bobby, Kate y, en menor medida, Danny (el hermano menor de Brian), no tienen empacho en matar o dejar morir a cualquier persona con tal de salvarse. Dentro de esa lógica, se enfrentan en algún momento a la posibilidad de abandonar a uno de ellos por esa misma razón, y esa decisión se muestra terriblemente sórdida, yendo a contramano de lo que se esperaría para el modelo de héroe de un film americano, exponiendo una mirada brutalmente pesimista de la condición humana ante la necesidad de supervivencia.
Sin embargo, dijimos que, antes que nada, es la historia de dos hermanos, de un hermano mayor que constantemente se coloca en el lugar de cabecilla de las situaciones, y el menor, que prueba su integridad moral al intentar hacerle frente a este. Este aspecto central del relato no logra elevar el nivel de la película porque está plagado de clichés tremendos (el flashback en súper ocho de los dos niños en la playa, de tan poco original, es hasta patético), y porque las actuaciones de Lou Taylor Pucci y, especialmente, de Chris Pine, adolecen de un tono afectado, típico del cine catástrofe para adolescentes y carente de toda profundidad.
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Título en España y Latinoamérica: LA HUÉRFANA
Sinopsis
“La huérfana” nos habla de un matrimonio (Peter Sarsgaard y Vera Farmiga) traumatizado por la pérdida de su hijo nonato que, con la intención de dejar atrás las pesadillas que les persiguen, deciden adoptar una niña (Isabelle Fuhrman). La llegada a casa de la chiquilla desatará una serie de extraños sucesos que pondrán al descubierto su reverso tenebroso.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Jaume Collet-Serra nos mete miedo. Lo cual es muy raro, por más que podemos encontrarnos con centenas de películas de terror por año. Pero nos mete miedo, y no recurre a sandeces sobrenaturales. Lo hace con una niña que es uno de los personajes más pérfidos del cine de terror en los últimos años. Sí, ya sabemos que los niños no son necesariamente encantadores, que su particular universo puede tener elementos maravillosos y otros decididamente macabros, pero siempre disfrutamos cuando se nos presenta a un niño malvado. En este caso una niña, que hace de las suyas para desmembrar a la familia que la adopta. Y la manera que tiene de desmembrarla, de arruinarlos por completo, es observándolos detenidamente, y haciendo saltar las miserias que esconden cada uno de ellos. Este enorme acierto, tanto de guión como de dirección (ver sino la escena en la que Esther observa a su padre adoptivo hablando con una vecina, y rápidamente nos queda claro que esta coqueteando con ella, y que Esther sabrá valerse de ese detalle, y de otros, para tirar de la cuerda al máximo), se sostiene durante toda la película, regalándonos momentos espeluznantes cuanto más nos queda clara la enorme perversión de Esther.
La niña se desenvuelve con soltura, interpretada por una magistral Isabelle Fuhrman, apoyada en un guión que la ubica en el rol más sinuoso del elenco, enfrentada a su madre adoptiva, una sufrida Kate (Vera Farmiga), cuyo pasado de alcoholismo y cuyos traumas difíciles de sobrellevar la relegan a un rol, aunque protagónico, bidimensional, ajustado a los cánones tradicionales de las películas de terror. Esther, lejos de la linealidad de Kate, es terriblemente seductora, es capaz de encantar a quien se le antoje, para luego someterlo a las peores torturas psicológicas. Lo hace con sus nuevos hermanos (al varón lo amenaza cuando descubre su personalidad, a la niña la obliga a ser cómplice de un asesinato), y fundamentalmente lo hace con sus nuevos padres, vendiéndoles la imagen de niña buena, para de a poco introducirse en el seno de la pareja de Kate y John, sacando a la luz los peores errores del pasado de ambos, hasta llevarlos a una eventual separación.
Collet-Serra se ocupa de privilegiar una puesta en escena sobria, con algunos apuntes extremos necesarios para sostener el terror, pero consciente de que le importa más la progresión dramática y narrativa, la tensión precisa que el desborde habitual en el género. Y para ello se vale también de un logrado trabajo con el sonido, aspecto en el que confluyen elementos narrativos esenciales de la película (el piano, la hermanita sordomuda), y de una incomodidad creciente y explosiva, que llega al súmmum en la escena en la que Esther pretende seducir a un derrumbado John. En otra película, incluso de terror, esto hubiese sido una imperdonable explicitud argumental. Aquí este elemento no sólo está justificado por el giro final (que podría anular el planteo sobre la perversión de los niños, de no ser por Isabelle Fuhrman, cuya interpretación permite cualquier lectura acerca de la naturaleza de su personaje, desde lo que finalmente cuenta la historia, hasta la imagen de niña perversa con la que nos quedamos), sino por el hecho de que la incomodidad no aparece al final, existe desde el vamos, con una Esther malvada como pocas, capaz de cualquier cosa, en una película de terror que, con un guión inteligente y un tanto subversivo, y una puesta en escena carente de excesos absurdos, por fin cumple con lo que tiene que cumplir y asusta de verdad, sin obviedades y pateándole la cara a las convenciones más gastadas del género.
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