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Crítica EXTRAORDINARY MEASURES

Título en España: MEDIDAS EXTRAORDINARIAS

Título en Argentina: DECISIONES EXTREMAS
Dirección: Tom Vaughan.
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 107 min.
Género: Drama.
Elenco: Brendan Fraser (John Crowley), Harrison Ford (Dr. Robert Stonehill), Keri Russell (Aileen Crowley), Meredith Droeger (Megan), Sam M. Hall (John Crowley Jr.), Jared Harris (Dr. Kent), Patrick Bauchau (Erich), Alan Ruck (Pete), Dee Wallace (Sal), Diego Velazquez (Patrick).
Guión: Robert Nelson Jacobs.
Producción: Michael Shamberg, Stacey Sher y Carla Santos Shamberg.
Música: Andrea Guerra.
Fotografía: Andrew Dunn.
Montaje: Anne V. Coates.
Diseño de producción: Derek R. Hill.
Vestuario: Deena Appel.
Estreno en USA: 22 Enero 2010
Estreno en España: 12 Marzo 2010
Estreno en Argentina: Pendiente

Sinopsis
John Crowley, de clase obrera en sus orígenes, había conseguido finalmente saborear el éxito en el mundo empresarial americano. Apoyado por su bella esposa Aileen y sus tres hijos, John inicia su carrera hacia el éxito. Pero cuando comienza a despegar, se ve obligado a detenerla al enterarse de que a sus dos hijos pequeños, Megan y Patrick, se les ha diagnosticado una enfermedad incurable. Con su mujer siempre a su lado, John se asocia con un científico brillante pero poco convencional, el Dr. Robert Stonehill. Conducidos por diferentes razones, juntos crean una compañía biotécnica , donde, por un lado, uno quiere encontrar la cura que salve la vida de sus hijos, mientras el otro busca conseguir probarse a sí mismo y sus teorías científicas. Esta extraña alianza termina desembocando en un respeto mutuo, mientras luchan contra el sistema médico y empresarial.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Las buenas intenciones por sí solas no hacen una buena película. Podríamos afirmar que prácticamente todas las películas que comienzan con la leyenda “basada en una historia real”, guardan dentro de sí tantas buenas intenciones como una fuerte dosis de drama, la mayoría de las veces indigerible. Tal vez el mayor mérito de Extraordinary measures sea el de saber sortear el golpe bajo, un poco gracias al exceso de optimismo que se desprende de la propuesta, otro poco debido a que posee la pericia narrativa de un telefilm.
La película muestra a un padre capaz de abordar a quien sea con tal de salvar la vida de dos de sus hijos, afectados por un mal genético que los mantiene postrados y les reduce drásticamente la capacidad de sobrevida. John Crowley, el padre, decide en determinado momento acercarse al doctor que ha publicado importantes investigaciones en torno a la enfermedad, y se encuentra con uno de los tópicos máximos del científico según Hollywood, el sujeto huraño que vive encerrado en su laboratorio y es incapaz de salir de sus teorías para pasar a la práctica, una imagen sólo superada en el imaginario hollywoodense por la del científico desquiciado.
Brendan Fraser es quien mejor se adapta al relato. Aquí consigue ocultar hábilmente su habitual histrionismo, pero a su vez, sabe esparcir una mínima dosis de sano humor, y con ello sobrellevar el drama que carga su personaje. Incluso en los momentos más dramáticos que transita, su interpretación no pierde dignidad, ni cae en la sobreactuación o en la sensiblería. Keri Russell, en cambio, no llega a estar al nivel interpretativo de Fraser, probablemente porque sigue estando atada a la imagen que dio durante años con Felicity, y es probable que si hubiese continuado por un camino acorde a su imagen, como el de las comedias románticas, este tipo de papeles le habrían llegado a una edad más adecuada, con la madurez actoral que sólo dan los años.
Sin embargo, quien más descolocado está en el elenco principal es Harrison Ford. Cuando lo vemos enfundado en el guardapolvo, no hay modo de no considerar que cualquier otro actor resultaría más convincente que él en ese rol. Muchos años interpretando al héroe de ocasión lo han convertido en un actor prácticamente incapaz de abordar un personaje “real”, mucho menos un científico, por más particular que sea. Prueba de eso es cuando lo vemos enojarse con su equipo profesional, sus arranques de furia dan cuenta de su afectada interpretación, llegando a ser el elemento menos creíble de toda la película.
Lo que sí vale la pena rescatar es la trama que explora el proceso de investigación y fabricación de un medicamento, el único aspecto original del film, que a la vez logra establecer una crítica inteligente respecto de la especulación financiera de los laboratorios al momento de lanzar un nuevo producto, una crítica que no ahorra subrayados (como cuando se habla del porcentaje de “pérdidas aceptables”), pero que tampoco intenta demonizar inútilmente a las corporaciones.
Pese a esto, lo que prima en Extraordinary measures es un relato edulcorado, con evidentes desaciertos en el elenco y con algunos errores particulares en la dirección y en el montaje. Elementos que terminan por acercar a la propuesta al estándar de un telefilm, antes que consolidar un drama con buenas intenciones, que las tiene, y buen pulso narrativo, un elemento que no se destaca en esta propuesta.

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Crítica TRIAGE

Dirección: Danis Tanovic.
Países: Irlanda, España y Francia.
Año: 2009.
Duración: 99 min.
Género: Drama.
Elenco: Colin Farrell (Mark Walsh), Paz Vega (Elena Morales), Christopher Lee (Joaquín Morales), Kelly Reilly (Diane), Jamie Sives (David), Branko Djuric (Dr. Talzani), Juliet Stevenson (Amy).
Guión: Danis Tanovic; basado en la novela de Scott Anderson.
Producción: Alan Moloney, Cedomir Kolar y Marc Baschet.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía: Seamus Deasy.
Montaje: Francesca Calvelli y Gareth Young.
Diseño de producción: Derek Wallace.
Vestuario: Lorna Marie Mugan.
Estreno en España: 13 Noviembre 2009
Lanzamiento en DVD (España): 21 Abril 2010
Estreno en Argentina: 7 Marzo 2010 (Festival Pantalla Pinamar)

Sinopsis
Mark y David son experimentados fotógrafos de guerra. Se encuentran en Kurdistán cuando David, menos ambicioso que su compañero, decide abandonar y regresar a casa con su esposa. Mark, muy malherido, acaba en el hospital regentado por el Dr. Talzani. Cuando Mark regresa a casa ensangrentado y lleno de hematomas, se sorprende al saber que David no ha logrado volver a casa. Elena, la mujer de Mark, viendo que los problemas físicos de su esposo podrían deberse a causas psicológicas, decide pedirle ayuda a su abuelo, Joaquín Morales.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky
Triage es el demorado film de Danis Tanovic luego del Oscar que recibió por No man’s land, y su posterior incursión en el film colectivo sobre el 11 de septiembre. Al ver Triage, fácil es suponer que la elección de Tanovic se debió a algún productor que vio en él un cierto talento para narrar historias con un discurso antibelicista, y creyó que podría dar brillo a otra historia con aristas similares a su anterior largometraje. Lo que sorprende es que este es un guión de su autoría, un dato que, lamentablemente, no ayuda a revalorizar lo visto.
Triage, al igual que No man’s land, posee un concepto jugoso, pero a diferencia de aquél, desemboca en un relato carente de toda solidez. La nueva película de Tanovic no sólo desarma cualquier tipo de tensión que puede aparecer en la trama, desenvolviéndose a paso lento, sin estridencias y sin que se presenten elementos interesantes en la evolución del personaje interpretado por Colin Farrell, un atormentado fotógrafo de guerra, sino que también apuesta a un giro sobre el final que, lejos de devenir naturalmente de la terapia postraumática del protagonista, aparece para resolver el drama del personaje y para desestructurar lo visto en la primera parte de la película.
Si en el film que le dio prestigio, Tanovic se mostraba hábil a la hora de exponer un relato antibelicista original, con el dramatismo que dicha historia requería, en Triage busca refugio apelando a los vicios actuales del cine americano, en aras de volver más comercial a una propuesta con más trampa que ingenio, lo que hace que la película se vea afectada por una frialdad no buscada. Farrell intenta a toda costa, con una convincente interpretación (en un papel que daba para que caiga en su habitual sobreactuación), sacar a la historia del letargo y la tibieza que le impone su desordenado planteo narrativo, pero el resultado del film está lejos de sus posibilidades, por lo que se debe contentar a jugar escenas con Paz Vega y Christopher Lee, dos actores desaprovechadísimos en sus respectivos roles (Lee interpretando a un personaje hispano es la elección más desafortunada y desconcertante de toda la película).
En suma, si deseábamos ver cómo evolucionaría la carrera de Danis Tanovic luego de un muy buen film que lo llevó a ganar el Oscar, nos tenemos que conformar con una propuesta demasiado oportunista, excesivamente aletargada y a un abismo de distancia de la audacia narrativa de No man’s land, que en muy pocas escenas logra acercarse al efectivo dramatismo de aquella.

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Crítica I’M NOT THERE

Dirección: Todd Haynes.
Países: USA y Alemania.
Año: 2007.
Duración: 135 min.
Género: Biopic, drama, musical.
Elenco: Heath Ledger (Robbie), Christian Bale (Jack/John), Richard Gere (Billy), Cate Blanchett (Jude), Julianne Moore (Alice), Charlotte Gainsbourg (Claire), Michelle Williams (Coco Rivington), Marcus Carl Franklin (Woody), Ben Whishaw (Arthur), David Cross (Allen Ginsberg), Bruce Greenwood (Keenan Jones).
Guión: Todd Haynes y Oren Moverman.
Producción: Christine Vachon, James D. Stern, John Sloss y John Goldwin.
Fotografía: Edward Lachman.
Montaje: Jay Rabinowitz.
Diseño de producción: Judy Becker.
Vestuario: John Dunn.
Estreno en USA: 21 Noviembre 2007
Estreno en Argentina: 19 Junio 2008
Estreno en España: 19 Febrero 2010

Sinopsis

I’m not there es un viaje poco convencional a la vida de Bob Dylan. Seis actores retratan a Dylan como una serie de personas cambiantes, de lo público a lo privado, a lo fantástico, tejiendo un rico y colorido retrato de este icono americano.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Existen muchas formas de escuchar y seguir a Bob Dylan. Como todo artista, cuenta con sus fanáticos, sus detractores y sus oyentes ocasionales. Yo soy de los últimos, de los que sintonizan algún tema de él muy de vez en cuando, o aprovechan algún viaje para apreciar algunos de sus discos, porque tal vez no haya mejor forma de conocer a Dylan que no sea en ruta. Claro que para Estados Unidos es mucho más, es el principal referente en la reivindicación actual de la música folk, uno de los pocos artistas capaces de fundir el rock y el folk en un estilo único y personal. A diferencia de muchos otros exponentes de la cultura musical norteamericana, Dylan se mantiene como una figura lejana para el resto del mundo, tan enraizada en la historia musical de su país, que afuera sólo llega a ser disfrutado en todo su esplendor por una minoría, lejos de la combinación entre músico popular y artista de culto que se manifiesta en Estados Unidos en torno a su obra.

En estos últimos años, Dylan se ha convertido en protagonista de varios tributos en vida, que exhiben la impronta que ha dejado su larga trayectoria en la cultura musical americana. Prueba de esto es el documental que le dedicó Martin Scorsese y este film de Todd Haynes, que podría leerse como la versión opuesta de aquél. Para su retrato de Dylan, Haynes construye un film de múltiples aristas, cada una de las cuales reflejan uno de los aspectos desde los cuales se puede trazar la huella de Dylan en la cultura americana. Para ello, Haynes, al contrario de cualquier director de biopic tradicional, apela a diversos actores, que hacen las veces de Dylan, pero nunca invocando su nombre.

Fiel reflejo del amplio sentido del título del film (y, a su vez, de una canción jamás lanzada por Dylan hasta la aparición del soundtrack de la película), Dylan está siempre presente en la película, en la medida en que esos personajes adoptan alguna faceta de su persona, pero nunca intenta ser una biopic de Dylan en el sentido clásico del término. En I’m not there podemos encontrar el relato mítico de su infancia, su salto a la fama, su polémica conversión del folk tradicional al rock, su ocasional coqueteo con el góspel y la poesía de su obra, entre muchos otros aspectos que conforman su genio y figura.

Haynes sorprende permanentemente al espectador con su construcción poliédrica de Dylan. No es casualidad que haya elegido para el pequeño Dylan a un chico de color, o que su imagen de afamado músico esté encarnada por Cate Blanchett. Sin embargo, lo más sorprendente de esta propuesta tal vez sea la apelación al mítico Billy the Kid (interpretado por Richard Gere), o el tomar como personaje al actor que interpreta en una película a Jack Rollins (el afamado cantante folk símil Dylan que se vuelve pastor y se acerca al góspel), en una suerte de juego de cajas chinas que demuestra lo inagotable de las múltiples lecturas de Haynes en torno a Dylan, siempre indagando en la forma que emplean los diversos espejos narrativos de la película para reconstruir su figura y su impronta artística, devolviendo en cada una de las lecturas algo totalmente nuevo.

Si hay una costumbre en Todd Haynes es la de jugar a que la estética del film esté plenamente unificada, mimetizada, con el relato. Aquí pueden verse algunos elementos de cierta herencia estética, como cuando adopta el blanco y negro felliniano, especialmente en el fragmento interpretado por Blanchett, que recuerda en gran medida a 8 1/2. Pero en líneas generales va más allá, porque a cada parte de la película le corresponde una estética distinta, sin que esto suene ambicioso (no más ambicioso que la propuesta en sí). Con esa suma de elecciones singulares, Haynes define un relato de Dylan más cercano a su condición mítica que a lo netamente fáctico de su vida. Un experimento por momentos críptico, pero siempre cautivante. A quienes nos formamos una imagen bidimensional de su obra, I’m not there nos demuestra que hay muchas formas y caminos por los cuales acercarse a su música. Sin duda, el mayor logro de este ejercicio tan excéntrico como lúcido es el de intentar dilucidar todos los enigmas respecto al genio y figura de Dylan, y de hacernos conocer al músico que nunca supimos ver, y que “sí está allí”.

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Crítica CRAZY HEART

Título en España: CORAZÓN REBELDE
Título en Argentina: LOCO CORAZÓN
Dirección: Scott Cooper.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 113 min.
Género: Drama, musical, romance.
Elenco: Jeff Bridges (Bad Blake), Maggie Gyllenhaal (Jean Craddock), Robert Duvall (Wayne), Tom Bower (Bill Wilson), James Keane (gerente), William Marquez (doctor), Ryan Bingham (Tony), Paul Herman (Jack), Rick Dial (Wesley Barnes).
Guión: Scott Cooper; basado en la novela de Thomas Cobb.
Producción: Robert Duvall, Rob Carliner, Judy Cairo y T. Bone Burnett.
Música: Stephen Bruton y T. Bone Burnett.
Fotografía: Barry Markowitz.
Montaje: John Axelrad.
Diseño de producción: Waldemar Kalinowski.
Vestuario: Doug Hall.
Estreno en USA: 16 Diciembre 2009
Estreno en España: 5 Marzo 2010
Estreno en Argentina: 11 Marzo 2010

Sinopsis

Bad Blake es un cantante de música country destrozado y con una dura vida, que ha pasado por demasiados matrimonios, demasiados años en la carretera y, en demasiadas ocasiones, demasiada bebida. Y, sin embargo, Bad no puede evitar buscar la salvación con la ayuda de Jean, una periodista que descubre al verdadero hombre detrás del músico.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Los lugares comunes son una tradición de Hollywood, su salvavidas. A tal punto es importante el lugar común para el cine americano, que es fácil afirmar que el público no sólo consume relatos plagados de clichés, sino que además los demanda. En una industria que hoy no muestra signo alguno de renovación, que reprocesa todo lo que ya se ha hecho demasiadas veces, no hay lugar para las historias capaces de huir del cliché. También se sabe que una película no debe estar obsesionada por escapar a los convencionalismos, porque lo más seguro es que esa obsesión la lleve a desembocar en ellos, y la mejor forma para esquivar el cliché es partir de él para generar otra cosa. Esto último ha sido una de las máximas trascendentales expresadas por Hitchcock en la serie de entrevistas realizadas y compiladas por Truffaut, y quién mejor que el maestro del suspenso para hablarnos de cómo se puede partir de los lugares comunes para construir un film con identidad propia.

Crazy heart es una muestra cabal de que a Hollywood, en última instancia, no deberíamos demandarle que nos deje de contar la misma historia, sino que tenga la habilidad para saber partir de ella y para contarnos lo mismo de siempre, pero con elementos distintivos capaces de enaltecer la propuesta. El desarrollo de este film atraviesa todos los tópicos dramáticos que enmarcan la historia de un sujeto en busca de redención, intentando sobreponerse a años de decadencia y apelando a la dignidad que perdió. Ya sea en biopics de seres reales o en dramas enteramente ficcionales, esta historia, con las correspondientes adicciones o estigmas del personaje y con el motivo amoroso que definirá su redención, se ha visto demasiadas veces. Si aún nos atrae no sólo es por la esencia cinematográfica de este trayecto, sino por la pintura de personajes que puede surgir de allí. Muchísimos artistas han protagonizado ese recorrido narrativo, y allí hemos visto incluso a varios personajes asociados a la música country, tal vez porque la Norteamérica árida, de rutas y parajes inhóspitos, y la soledad intrínseca de esas personas, encaja perfectamente con ese camino de redención.

Bad Blake es un sujeto de estos, un cantante country que supo contar con cierta fama, pero que pocos lo recuerdan. Entre ellos, un joven y famoso cantante que llena estadios y que tiene a Blake como su maestro (Colin Farrell, en un papel secundario acorde a su talento), un viejo amigo (Robert Duvall, en clave entusiasta) y una chica que se enamora de Blake y le da la posibilidad de experimentar lo que significa integrar una familia. Pero Bad Blake tiene su propio demonio, un alcoholismo que lo lleva a vivir en constante turbulencia, alejado del mundo y de todo lo que puede ponerlo en contacto con sus sentimientos. Al comienzo del film, Blake parece estar de vuelta de todo, pero allí donde el personaje parecía signado a un destino ruin, aparece la joven en cuestión que le devuelve las ganas de vivir, con una madura interpretación a cargo de Maggie Gyllenhaal.

Todo aquello que se ha descripto hasta aquí parece extraído de un manual de tópicos de esta clase de películas. Sin embargo, hay algunos elementos que distinguen enormemente a la película. En primer lugar, la actuación de Jeff Bridges, felizmente consagrada con un Oscar que viene mereciendo desde hace tiempo. Bridges encarna a Blake con un desparpajo similar al célebre Dude de El gran Lebowski, envolviendo el dramatismo por el que atraviesa el personaje con iguales dosis de ternura y patetismo. Bridges es capaz de dotar de humor incluso las escenas más dramáticas, y con esos elementos consigue encarnar a la perfección la figura de un músico decadente, ya que es en las acciones más patéticas de su personaje donde consigue expresar la sensibilidad de Blake, y el accionar adictivo que constantemente lo pone en jaque.

Por otro lado, más allá del acierto, no sólo de Bridges sino de todo el elenco principal, nos encontramos con un desenlace que, afortunadamente, se aferra al devenir de su personaje y no intenta ser complaciente con él. Lo mejor del film radica tanto en el retrato del ambiente que refleja la música country, como en su necesidad de expresar, sin facilismos condescendientes, la recuperación de la dignidad de su protagonista, expresada a través de la estupenda actuación de Bridges, cuya estatura interpretativa le permite evitar que la sensibilidad de la historia y del personaje se conviertan en mera sensiblería.

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Valoración:

Crítica LOVE HAPPENS

Título en Argentina: NUEVAMENTE AMOR
Título en México: UN AMOR INESPERADO
Dirección: Brandon Camp.
Países: USA y Canadá.
Año: 2009.
Duración: 109 min.
Género: Drama, romance.
Elenco: Aaron Eckhart (Burke Ryan), Jennifer Aniston (Eloise), Dan Fogler (Lane), Judy Greer (Marty), Joe Anderson (Tyler), John Carroll Lynch (Walter), Martin Sheen (Silver).
Guión: Brandon Camp y Mike Thompson.
Producción: Mike Thompson, Mary Parent y Scott Stuber.
Música: Christopher Young.
Fotografía: Eric Edwards.
Montaje: Dana E. Glauberman.
Diseño de producción: Sharon Seymour.
Vestuario: Trish Keating.
Estreno en USA: 18 Septiembre 2009.
Estreno en España: 1 Enero 2010
Estreno en Argentina: 15 Abril 2010

Sinopsis

Burke Ryan es un exitoso autor de libros de autoayuda que enseña cómo enfrentarse al dolor, pero es incapaz de seguir sus propios consejos. De mala gana, Burke vuelve a Seattle, ciudad que abandonó tras morir su mujer, para impartir una serie de conferencias y cerrar un importante acuerdo publicitario. Allí conoce inesperadamente a Eloise, una florista algo desencantada con el amor que, poco a poco y sin proponérselo, se convierte en la única persona capaz de ayudar a Burke a ayudarse a sí mismo; a la vez que él cada vez será más indispensable para Eloise.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Se entiende que una película no está obligada a aferrarse a cánones genéricos. Ahora bien, ¿qué sucede cuando en una película los apuntes genéricos se encuentran cristalizados pero sin definirse por un género en particular? Al ver Love happens, lo concreto sería preguntarse ¿Qué es esta película? ¿Es una comedia romántica? ¿Es una comedia dramática? Una película no tiene por qué optar entre un género u otro, se puede transitar por ambos géneros, e incluso se puede entrecruzar innumerable cantidad de géneros. El problema surge cuando esta indecisión genérica atenta contra la historia.

En Love happens tenemos al exitoso escritor de un libro de autoayuda que carga con la muerte de su mujer. A Burke Ryan se lo ve desde el principio esforzándose por inspirar un entusiasmo que no siente, y el bueno de Aaron Eckhart sabe cómo componer un personaje que transita por esa contradicción entre lo que muestra exteriormente y lo que guarda en su interior. Después aparece el encuentro con Eloise, ese esperado romance que se anuncia incluso en el título y en el afiche de la película, y el amor sigue su curso hasta que entra en crisis cuando se reflotan los fantasmas del pasado y hace su aparición, flashback mediante, el secreto cuidadosamente guardado Burke, que terminará explotando sobre el final para que el protagonista pueda reconcilarse consigo mismo y para que el amor pueda volver a dar sus frutos.

En esta película de la que parece destacarse su componente dramático, lo romántico, el género casi excluyente en su promoción (que se decanta por lo que indica falsamente el título), se acota a algunas escenas y a la historia del vínculo con Eloise que recorre tibiamente toda la película, hasta resolverse en una breve escena al final. Vale decir que las expresiones comedia romántica y comedia dramática hacen alusión a algo que es, en primera medida, una comedia. Esto es, que posee un entramado cercano a lo cómico o a cierta gracia o levedad, algo que aquí tiende a brillar por su ausencia.

¿Es drama? Lo lógico sería decir que es un film romántico que deriva en un drama, prácticamente olvidándose del romance en su clímax. Pero tampoco es una película desarrollada en función del drama, ya que al comienzo depende demasiado del vínculo amoroso que se origina entre Burke y Eloise. Si dicho romance hubiese tenido el desarrollo narrativo necesario, si la elaboración del personaje de Eloise no se hubiese atado exclusivamente a la trama romántica, privilegiando así su historia, sus dramas y su personalidad, estaríamos ante una película capaz de integrar coherentemente lo dramático con lo romántico.

Love happens intenta ir por un lado, luego se define por otro y a último momento recuerda el primer camino que transitó, y de esa manera se queda a mitad de camino de todo. ¿Comedia dramática? ¿Comedia romántica? Por momentos drama y por momentos romance, pero sólo por momentos. De comedia ni hablar.

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Crítica LOS CONDENADOS


Dirección: Isaki Lacuesta.

País: España.
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Género: Drama.
Elenco: Daniel Fanego (Martín), Arturo Goetz (Raúl), Leonor Manso (Andrea), Maria Fiorentino (Vicky), Juana Hidalgo (Luisa), Bárbara Lennie (Silvia), Nazareno Casero (Pablo).
Guión: Isaki Lacuesta e Isabel Campo.
Producción: Xavier Atance.
Música: Gerard Gil.
Fotografía: Diego Dussuel.
Montaje: Domi Parra.
Estreno en España: 20 Noviembre 2009
Proyecciones del BAFICI: 18 Abril 2010

Sinopsis

Martín, un antiguo militante que lleva más de treinta años exiliado en España, recibe la llamada de un antiguo camarada, Raúl, que le pide que vuelva. El objetivo es ayudarle en los trabajos de excavación que Raúl ha iniciado en la selva, con los que intenta encontrar los restos de un compañero de ambos, Ezequiel, desaparecido después de una refriega contra los militares. La excavación organizada por Raúl es clandestina, organizada de espaldas al gobierno, para poder hacer las cosas “a su manera”. Raúl ha reunido en una casa cercana a la excavación a los más allegados a Ezequiel: Andrea (su viuda y antigua amiga común que ahora odia a Martín por haber marchado a Europa en plena lucha); Luisa, la anciana madre; Vicky, compañera de cautiverio de Andrea en un centro de detención, y Pablo, hijo de ésta, que participa en los trabajos como excavador. Un único personaje se ha negado a acompañarles: Silvia, la hija de Ezequiel y Andrea, enemistada hace años con su madre, y convencida de que la lucha armada fue un grave error de la generación de sus padres. Obligados a vivir varios días bajo el mismo techo, los viejos amigos comprobarán cómo su forma de entender el mundo ha cambiado mucho desde entonces. La tensión irá en aumento.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Es curioso que un director español ruede una película sobre la lucha armada en la Argentina (pese a que esta película no se refiere explícitamente a este país, la elección del elenco habla por sí sola). No es casual que, con pocos meses de diferencia, aparezcan dos películas españolas como El baile de la victoria y Los condenados. Si bien se puede suponer que esta exploración en otros terrenos puede estar relacionada con su eventual distribución internacional, lo que queda claro es que ambas películas, al situarse en momentos turbulentos de la historia de Chile y de Argentina respectivamente, no dejan de referirse a los años oscuros de España que aún cuesta llevar a la pantalla.

Las dos películas refieren a aquel pasado desde el presente, en el caso de la película de Trueba, de forma demasiado lateral y con elementos que se alejan excesivamente del discurso político. En Los condenados, en cambio, Isaki Lacuesta compone un hondo retrato de los hombres que participaron de la lucha armada, con una enorme pericia técnica y dramática.

Lacuesta nos pone en la piel de Martín, un militante exiliado que es convocado por un viejo compañero para participar en una excavación, con el fin de encontrar los restos de otro compañero de lucha. No sin la reticencia típica de aquel que vive intentando dejar atrás su pasado, Martín decide participar en la excavación y reencontrarse con los paisajes selváticos que lo marcaron de por vida. Los primeros planos de la película nos anticipan algo significativo del personaje, un elemento que Martín decide ocultar habilmente durante su estadía en la selva. Antes de viajar lo vemos haciéndose un estudio médico, y sólo hacen falta un par de líneas de diálogo en la excavación para que terminemos de entender el peso de aquel estudio médico del principio, por lo que esa decisión de viajar y revisar su pasado está intimamente relacionada con su necesidad de reconciliarse con los traumas que arrastra de aquellos años infaustos antes que la vida termine por consumirlo.

En la zona de la excavación se encuentra con Raúl, el viejo amigo que lo convocó, conoce a Vicky y a Pablo, el hijo de ella, y se enfrenta con Andrea, quien intenta ocultar el rencor que siente por él desde que decidió exiliarse. Lacuesta compone un film donde el suspenso se entremezcla hábilmente con un profundo relato sobre las heridas abiertas del pasado, con una precisa construcción de personajes. Del elenco se destacan principalmente Daniel Fanego, con su sobria interpretación de Martín, Arturo Goetz (Raúl) y Leonor Manso, con una actuación de sorprendente intensidad dramática, en el rol de Andrea. Uno de los elementos mejor trabajados de la película es la forma en la que exhibe la disputa generacional entre aquellos que llevan en sus espaldas el peso de haber asesinado en el pasado y los jóvenes que desconocen y banalizan lo que implica cargar con un muerto a cuestas (esto puede verse en el aspecto más salvaje y más ingenuo de Pablo, encarnado astutamente por Nazareno Casero), y la manera en que esto se relaciona con el sentimiento de culpa que arrastran los adultos y con la revelación que aparece al final.

Si bien la película posee algunos diálogos forzados que dejan en evidencia la distancia del director con respecto al contexto particular y algunas referencias que intentan poner en paralelo la lucha armada en Argentina con la ETA en España, y con ello esbozar una innecesaria justificación de la elección del director por este relato, Lacuesta consigue construir una historia de enorme intensidad dramática, con enormes méritos en la elección del elenco y en la dirección del mismo (Los condenados llega a la cima de sus intenciones en las miradas y en los silencios sepulcrales de los personajes, que dicen más de lo que callan), y logra elaborar un potente discurso sobre las consecuencias que arrastran aquellos que alguna vez decidieron volcarse a la lucha armada y cargan con el peso de la muerte en sus espaldas. El esfuerzo de Lacuesta por volver universal este relato, llega a buen puerto gracias a su enorme talento narrativo y a la excelencia interpretativa del elenco.

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Crítica FIVE MINUTES OF HEAVEN

Título en España: CINCO MINUTOS DE GLORIA
Título en Argentina: CINCO MINUTOS EN EL CIELO
Dirección: Oliver Hirschbiegel.
Países: Reino Unido e Irlanda.
Año: 2009.
Duración: 90 min.
Género: Drama, thriller.
Elenco: Liam Neeson (Alistair Little), James Nesbitt (Joe Griffin), Anamaria Marinca (Vika), Juliet Crawford (Cathy), Mark David (Alistair de joven), Richard Dormer (Michael), Kevin O’Neill (Joe de joven), Pauline Hutton (Sharon), Andrea Irvine (Sarah).
Guión: Guy Hibbert.
Producción: Eoin O’Callaghan.
Música: David Holmes y Leo Abrahams.
Fotografía: Ruairi O’Brien.
Montaje: Hans Funck.
Diseño de producción: Mark Lowry.
Vestuario: Maggie Donnelly.
Estreno en España: 9 Abril 2010
Estreno en Argentina: 27 Mayo 2010

Sinopsis

Lurgan, Irlanda del Norte, 1975. Una guerra civil de bajo nivel se ha ido gestando, con el IRA, que apunta a legitimistas británicos, y la Fuerza de Voluntarios legitimista del Ulster, que exige la venganza contra católicos que ellos consideran militantes republicanos. Alistair Little, de 16 años, es el líder de una célula UVF (Fuerza Voluntaria del Ulster) impaciente por derramar sangre. Él y su cuadrilla reciben el visto bueno para matar a un joven católico, James Griffin. Cuando se perpetra el golpe, Joe Griffin —el hermano pequeño de 11 años del objetivo— ve con horror cómo muere su hermano. Treinta años más tarde, Joe Griffen y Alistair deben encontrarse, ante las cámaras, de cara a una reconciliación. Alistair ha cumplido su condena, y la paz se ha establecido en Irlanda del Norte, pero Joe Griffin tiene otros planes en mente.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Luego del traspié que significó su paso por Hollywood (con la notablemente anómala Invasion), el director de La caída, el alemán Oliver Hirschbiegel, regresa a Europa con este film político de pequeñas dimensiones, y con un pesado duelo actoral. Cual si fuera un western clásico, la clave del film radica en la espera y la expectativa que crece hasta que estos personajes deciden enfrentarse.

Un hombre que en su niñez ha visto morir a su hermano, decide conocer, con cámaras de por medio, al hombre que lo asesinó. El elemento más curioso y más conflictivo de la película, más allá del apunte político que acarrea al enfocarse en un episodio provocado por la lucha armada en Irlanda, es la descripción que se hace de los personajes. Mientras Alistair, el asesino del hermano de Joe, es un ser que carga con culpas añejas e intenta sobreponerse con la frente en alto, seguro del daño que ha causado y de la sangre derramada inútilmente, Joe ha perdido el juicio, su único motor es la venganza y está decidido a concretarla, aún a costa de su familia. Joe carga con el trauma de haber presenciado la muerte de su hermano, agravada por el maltrato de una madre que vivió acusándolo de no haber hecho nada para evitarla. Al saber que existe la posibilidad de conocer al asesino de su hermano, se decide a ir a por los cinco minutos de gloria que le posibilitaría esa venganza. Si bien parece haber perdido el juicio, es consciente de que esa gloria eventual se reduce a un instante, pero poco le importa lo que puede ocurrir después de esos cinco minutos.

La contradicción que implica ver al hombre que alguna vez fue un joven asesino como un ser sobrio y atemperado, mientras que la traumática víctima de la violencia política pasada se ha convertido en un hombre desatado, es el aspecto central de esta película, y lo que le aporta cierta dosis de originalidad al punto de vista de la propuesta. Esto mismo, en las manos del realizador alemán, termina repercutiendo negativamente en el desempeño actoral, provocando que Liam Neeson en muy pocos momentos pueda lucirse, con un papel que le demanda demasiada economía expresiva, y que James Nesbitt bordee siempre el aspecto más caricaturesco de su personaje, restándole fuerza dramática.

Se agradece que Hirschbiegel se haya bajado del caballo a tiempo y que haya regresado con una historia con referencias políticas, e incluso habría que agradecer que Cinco minutos… no posea la recargada intensidad de La caída, aunque en este caso, Hirschbiegel parece estar más preocupado por construir un relato de suspenso que por poner en escena un sólido discurso sobre las cicatrices de la violencia política.

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Valoración:

Crítica LOURDES

Dirección y guión: Jessica Hausner.
Países: Austria, Francia y Alemania.
Año: 2009.
Duración: 99 min.
Género: Drama.
Elenco: Sylvie Testud (Christine), Léa Seydoux (María), Bruno Todeschini (Kuno), Elina Löwensohn (Cécile), Gerhard Liebmann (padre Nigl), Gilette Barbier (Sra. Hartl), Katharina Flicker (Sonja), Linde Prelog (Sra. Huber).
Producción: Martin Gschlacht, Philipe Bober y Susanne Marian.
Fotografía: Martin Gschlacht.
Montaje: Karina Ressler.
Dirección artística: Katharina Wöppermann.
Vestuario: Tanja Hausner.
Estreno en Austria: 11 Septiembre 2009.
Estreno en España: 2 Abril 2010
Proyecciones del BAFICI (Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires): 10 y 13 Abril 2010

Sinopsis

Christine ha pasado la mayor parte de su vida confinada en una silla de ruedas. Para escapar de su aislamiento, emprende un viaje a Lourdes, el legendario lugar de peregrinaje en el corazón de los Pirineos. Una mañana, se despierta aparentemente curada por un milagro. El jefe del grupo de peregrinos, un seductor voluntario de la Orden de Malta, empieza a interesarse en ella, que intenta aprovechar esa nueva oportunidad para ser feliz, mientras que su curación despierta envidia y admiración entre los demás miembros del grupo.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Jessica Hausner filma en Lourdes por primera vez después de veinte años, y su película, si bien no intenta atacar la institución clerical, exhibe la cara más visible y más horrorosa de las peregrinaciones a esa ciudad: La utilización mezquina de la fe. De la mano de Christine, una mujer discapacitada, se introduce en el universo de los enfermos que viajan a Lourdes en busca de una cura, y muestra el efecto que produce en un grupo de peregrinos las supuestas manifestaciones milagrosas.

Christine viaja con ellos pero no parece simpatizar con el sentimiento de la mayoría. Se dedica a observarlos, y habla apenas lo justo y necesario. Pero el rostro de Sylvie Testud, quien interpreta fantásticamente ese papel, especialmente en la esforzada composición de la discapacidad física del personaje, lo dice todo. Christine es una peregrina más, pero no va allí a formar parte, como la mayoría, de una puesta en escena del sufrimiento humano. Christine sonríe todo el tiempo, aunque no parece demasiado ingenua y le toca observar de qué manera eso que todos conciben como un milagro, se apodera de ella, revelando la nefasta miseria del resto del grupo, incapaces de disfrutar de la felicidad ajena y desahuciados ante la pregunta, inevitable pero carente de respuesta, “¿Por qué ella y no yo?”

Christine, quien ante el milagro se encuentra atrapada en esa felicidad espuria que genera su aparente cura milagrosa, comienza a vislumbrar la vida que no pudo tener hasta ese momento. Empieza a encontrarle un sentido real al enamoramiento (su interés por Kuno, el voluntario de la Orden de Malta, la lleva a vincularse con él) y sueña con un futuro que hasta ese momento le había sido esquivo. Pero para poder hacer realidad las aspiraciones truncadas por su enfermedad, debe despegarse del grupo de peregrinos, algo que no le es posible, porque su condición de peregrina la coloca a la par de aquellos que, suponiéndose enraizados en una fe sincera, corren desesperados hacia el centro de la fe sólo en busca de una cura, de una salvación, que jamás llega, o se manifiesta de manera efímera.

Para narrar esta historia de sentimientos tan complejos, Hausner apela a un relato cargado de una sutil ironía y a una puesta en escena extraña, que se detiene en las rutinas del grupo como si fueran piezas de una mecánica siniestra, un sistema clerical que invita a la fe a través de la promesa de salvación física. Lo espiritual puede verse expuesto en pequeños modismos cotidianos, mientras que no se llega a tener una real dimensión de las implicancias espirituales de esta peregrinación. Hausner describe esta hipocresía generalizada a través de zooms que permanentemente van de lo particular (Christine) a lo general (el grupo de peregrinos), revelando la imposibilidad de la protagonista de pensar su aparente cura fuera de los límites del grupo. El mayor mérito de la directora es el de construir un complejo relato en el que se fusionan momentos de hondo dramatismo, como la revelación del cáncer que padece una de las monjas que coordina el grupo, con momentos absurdamente graciosos, como las explicaciones de manual que suele aportar el sacerdote, y personajes que con un mero detalle definen la ácida caricatura de aquellas personas que se envuelven en un manto de fe para enmascarar sus miserias. Todo ello siempre atravesado por una pátina de humor sobrio y sugerente, al que no le hace falta sumergirse en lo explícito para elaborar una crítica inteligente, respetuosa y a la vez feroz de esa forma de entender la religión.

Dejando la caricatura de lado, no así la voluntad crítica, Hausner nos entrega una escena final inolvidable y demoledora, en la que aprovecha en tono irónico la canción italiana popularizada por Al Bano y Romina Power, “Felicitá”, para sintetizar el horror en el que se encuentra inmerso Christine, y la hipocresía que lleva a los peregrinos a buscar la salvación a costa de todo.



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Crítica EL BAILE DE LA VICTORIA

Dirección: Fernando Trueba.
País: España.
Año: 2009.
Duración: 127 min.
Género: Drama.
Elenco: Ricardo Darín (Vergara Grey), Abel Ayala (Ángel Santiago), Miranda Bodenhöfer (Victoria Ponce), Ariadna Gil (Teresa Capriatti), Luis Dubó (Marín), Mario Guerra (Wilson), Mariana Loyola (Lili), Gregory Cohen (Sergio), Ernesto Malibrán (Dr. Ortega).
Guión: Fernando Trueba, Jonás Trueba y Antonio Skármeta; basado en la novela “El baile de la victoria” de Antonio Skármeta.
Producción: Jessica Huppert Berman.
Fotografía: Julián Ledesma.
Montaje: Carmen Frías.
Dirección artística: Verónica Astudillo.
Vestuario: Lala Huete.
Estreno en España: 27 Noviembre 2009
Lanzamiento en DVD (España): 24 Marzo 2010
Estreno en Argentina: 30 Septiembre 2009

Sinopsis

Con la llegada de la democracia, el presidente de Chile decreta una amnistía general para todos los presos sin delitos de sangre. Entre ellos se encuentran el joven Ángel Santiago y el veterano Vergara Grey, un famoso ladrón de cajas fuertes. Sus planes no pueden ser más opuestos. Mientras Vergara Grey sólo quiere recuperar a su familia y cambiar de vida, Ángel sueña con vengarse del alcaide y dar un gran golpe. Pero en su camino se cruza la joven Victoria; las vidas de los tres sufren un cambio total que les llevará a enfrentarse con un nuevo destino.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Más allá del indudable talento de Fernando Trueba, probado en más de una oportunidad y con un Oscar cosechado en su larga trayectoria, al ver El baile de la victoria uno podría afirmar que la combinación de un cineasta español como Trueba y un argumento anclado en el Chile post-Pinochet no ha sido de lo más feliz. Al romanticismo de la historia de la novela de Antonio Skármeta, que confronta con los antecedentes históricos y políticos que describe, se le complementa la puesta en escena de Trueba, enfocada en maximizar todo el lirismo de la trama.

Si no se jugara la carta del drama con visos políticos, tal vez ese lirismo que le aporta Trueba sería uno de los aspectos más valiosos del film. Lo que sucede es que a la hora de combinar lo poético con un drama que surge de las heridas abiertas por los desaparecidos en Chile, el film apela a una suma de elementos que nunca llegan a integrarse, y que terminan desequilibrando el relato. Algo parecido ocurría con el film inglés sobre los desaparecidos con Antonio Banderas y Emma Thompson, Imagining Argentina, sólo que aquel le sumaba el componente fantástico, con lo que terminaba generando un collage espantoso y forzado, principalmente por la extranjerización del fenómeno de las torturas y desapariciones.

En El baile de la victoria el resultado es mucho más digno, tanto Darín como Abel Ayala (referencia para los argentinos, es el protagonista de El polaquito) se muestran convincentes en la historia, aunque Darín parece estar en piloto automático, su rol nunca llega a tener el peso dramático que aparenta, y el vínculo errático con su mujer y su hijo no se acerca a la fuerza protagónica del vínculo entre Ángel Santiago (Ayala) y Victoria. En tanto, a Abel Ayala le ayuda el hecho de tener mucha más presencia en el relato, y por momentos le aporta el dramatismo adecuado, aunque suele acercarse demasiado a la sobreactuación. Dentro de los roles principales, resta Ariadna Gil, con un personaje que no llega a justificar su presencia, mientras que la revelación de la película es, sin duda, Miranda Bodenhöfer, la Victoria con la que juega el título.

Sin embargo, lo que hace a esta película quedarse a mitad de camino entre las intenciones y los resultados, es la mezcla de tonos y registros, desde el lirismo buscado por Trueba, con varias escenas “embellecidas” y realzadas por una música que fuerza esa búsqueda poética, hasta el policial que se asoma por momentos pero que no se desarrolla como debería (si esto no fuese así, no nos chocaría el cambio brusco de las charlas de café de Vergara Grey/Darín y Ángel Santiago, a la escena del robo protagonizado por ambos) y escenas que, en su pretensión dramática, desembocan en el patetismo, como la de los miembros del jurado que reprueban a Victoria mientras Ángel les narra su traumático pasado.

Se nota que las intenciones de Fernando Trueba y del elenco han sido las mejores, y el lirismo que le aporta Trueba al relato podría ser la base de alguna otra gran película. Aquí, sin embargo, estas pretensiones poéticas deben lidiar con un todo que hace trastabillar a la película, quedando en el medio de un prisma con demasiadas aristas, el intento de narrar las “venas abiertas” de la dictadura pinochetista.

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Crítica AN EDUCATION

Título en España: UNA EDUCACIÓN
Título en Argentina: ENSEÑANZA DE VIDA
Dirección: Lone Scherfig.
País: Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 102 min.
Género: Drama, romance.
Elenco: Peter Sarsgaard (David), Carey Mulligan (Jenny), Alfred Molina (Jack), Rosamund Pike (Helen), Dominic Cooper (Danny), Olivia Williams (Srta. Stubbs), Emma Thompson (directora), Cara Seymour (Marjorie), Matthew Beard (Graham), Sally Hawkins (Sarah).
Guión: Nick Hornby; basado en las memorias de Lynn Barber.
Producción: Finola Dwyer y Amanda Posey.
Música: Paul Englishby.
Fotografía: John de Borman.
Montaje: Barney Pilling.
Diseño de producción: Andrew McAlpine.
Vestuario: Odile Dicks-Mireaux.
Estreno en Reino Unido: 30 Octubre 2009.
Estreno en España: 26 Febrero 2010

Sinopsis

Basándose en los textos de Lynn Barber, “An education” gira en torno a una joven de 17 años que reside en los tranquilos suburbios de Londres. Coincidiendo con el surgimiento de la cultura de los 60, su vida da un vuelco cuando conoce a un hombre de 35 años que la corteja con elegantes cenas, clubs y viajes, poniendo en peligro su futuro en la Universidad de Oxford.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

An education es una suerte de prototipo de cierto cine europeo (británico en particular), que apunta a brindarnos, con cierta discreción formal, historias de enseñanzas de vida, habitualmente enmarcadas en épocas de profundos cambios sociales. La década del sesenta, por el cambio de mentalidad que supuso en los jóvenes, es una época recurrente en este tipo de películas.

Este film narra el vínculo que establecen una joven estudiante de 17 años y un elegante bon vivant que la dobla en edad, a comienzos de los sesenta. La vida de Jenny parece reducirse al tiempo que le queda hasta poder ingresar a la Universidad de Oxford, hasta que se cruza con David, un hombre que la lleva a conocer la “educación de la vida” (el lector sabrá disculpar, pero no hay forma de eludir aquí esta trillada expresión). Como estamos ante un film británico, esta educación no se reduce a la iniciación sexual (que, afortunadamente, tarda en llegar), sino a la posibilidad de probar el sabor de la vida adulta, de acceder a los lugares prohibidos, de viajar sin preocupaciones. Jenny sabe que ya llegará el momento de encerrarse en la vida universitaria, y antes de acceder a ella, aprovecha para asomarse al mundo, un mundo que se aproxima a una revolución sociocultural que definirá una nueva dimensión de libertad para los jóvenes.

Para este relato autobiográfico de Lynn Barber, la directora Lone Scherfig presenta una puesta prolija y delicada, y consigue que la película se sostenga, en buena medida, gracias a la dupla conformada por Peter Sarsgaard y Carey Mulligan, y especialmente gracias a la candidez de esta última. El guión del reconocido autor Nick Hornby (Alta fidelidad, About a boy), cumple pero no llega a brillar, y lo mismo sucede con el resto del elenco, muchas veces víctima del esquematismo de algunas situaciones.

La ingenuidad que recorre el film por momentos es su carácterística más preciada, y por momentos, la causa de un relato carente de riesgos, que sólo demuestra cierta complejidad cuando pone en paralelo las dos formas de educación y de vida, en ese preciso momento previo al inicio del quiebre generacional. Es precisamente eso lo que se aprecia en el cambio de comportamiento de Jenny. Al final, importa mucho menos la forma en que evoluciona el vínculo amoroso entre ella y David, que las experiencias que ha acumulado Jenny antes de volver a la rigidez de la educación formal.

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Valoración:


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