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Crítica WATCHMEN

Dirección: Zack Snyder.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 163 min.
Género: Acción, fantástico, ciencia-ficción.
Elenco: Malin Akerman (Laurie Jupiter/Espectro de Seda II), Billy Crudup (Jon Osterman/Dr. Manhattan), Matthew Goode (Adrian Veidt/Ozymandias), Carla Gugino (Sally Jupiter/Espectro de Seda), Jackie Earle Haley (Walter Kovacs/Rorschach), Jeffrey Dean Morgan (Edward Blake/El Comediante), Patrick Wilson (Dan Dreiberg/Búho Nocturno II).
Guión: David Hayter y Alex Tse; basado en la novela gráfica co-creada e ilustrada por Dave Gibbons.
Producción: Lawrence Gordon, Lloyd Levin y Deborah Snyder.
Música: Tyler Bates.
Fotografía: Larry Fong.
Montaje: William Hoy.
Diseño de producción: Alex McDowell.
Vestuario: Michael Wilkinson.
Estreno en USA: 6 Marzo 2009
Estreno en España: 6 Marzo 2009
Estreno en Argentina: 5 Marzo 2009
Sinopsis
“Watchmen” está ambientada en 1985, en unos Estados Unidos alternativos en los que los superhéroes disfrazados son parte del tejido de la sociedad cotidiana, y el “Reloj del Fin del Mundo” (que mide la tensión entre USA y la Unión Soviética) marca permanentemente las doce menos cinco de la noche. Cuando uno de sus antiguos colegas es asesinado, el vigilante enmascarado llamado Rorschach descubre un complot para matar y desacreditar a todos los superhéroes, actuales y del pasado. A medida que va contactando de nuevo con sus antiguos compañeros de la legión anti-delitos (un abigarrado grupo de superhéroes retirados, de los cuales sólo uno tiene auténticos superpoderes), Rorschach va descubriendo una preocupante conspiración de largo alcance que vincula su pasado común con unas catastróficas consecuencias para el futuro. Su misión es velar por la humanidad, pero… ¿quién vigila a los vigilantes?
Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Un gravísimo problema afecta a esta megaproducción, la clara demostración de que detrás de esta adaptación cinematográfica hay un cómic complejísimo, cuya complejidad esta adaptación es incapaz de trasladar a la gran pantalla. Zack Snyder demuestra una vez más su corrección a la hora de trasladar la propuesta visual de determinados cómics. Eso ya lo podíamos ver en 300, la adaptación de la novela gráfica de Frank Miller. Allí Snyder apostaba a la excesiva estetización, y el marcado subrayado de la violencia. Entre tanta sangre y vísceras, la sustancia cinematográfica se licuaba en la necesidad de Snyder de transponer literalmente, necesidad que carecía por completo de toda fibra cinematográfica. No es lo mismo un excelente cómic transpuesto al cine, que un cómic excelentemente transpuesto, de la misma forma en que no es lo mismo para la literatura o el teatro. Una cosa es contar con una buena materia prima, y otra muy distinta es contar con el talento necesario para distinguir dos medios distintos, y adaptar de la mejor manera posible una materia de un medio a otro, sin ir en desmedro de ninguno de los dos medios. La literalidad en la adaptación puede colocarse como bandera de defensa de una transposición, puede convertirse en una militancia para algunos realizadores. Pongamos como ejemplo Sin City, la versión cinematográfica de Robert Rodriguez del cómic de culto de Miller. Sin City funciona majestuosamente en su adaptación, porque independientemente de su literalidad (de trasladar planos concretos del cómic a la gran pantalla) y de su estetización, es claramente una película, con un ritmo concreto, con un montaje preciso, y con una narración compleja y sólida a la vez. Sin City puede calcar el cómic de origen, pero a su vez es una película con todas las letras, ajustada a los cánones y los tempos propios de la gran pantalla. Metámonos con Watchmen. Watchmen es una novela gráfica dividida en doce números, una de las tantas genialidades de Alan Moore, un relato complejo, que construye una realidad paralela (una USA sumergida en una tercera presidencia de Nixon y con una guerra fría extendida con la Unión Soviética hasta las últimas consecuencias) sobre la cual se encuentra un grupo de superhéroes, la mayoría de ellos más humanos que “superhombres”, que terminan confrontando por sus dispares visiones respecto a lo que necesita la sociedad para encontrar la paz. Para comenzar, se hace difícil trasladar un cómic de Alan Moore (la mayoría de las adaptaciones de obras de Moore al cine han resultado pura basura), pero no parece una misión imposible. Sí se complica más si uno apuesta a comprimir doce números en una sola película. Los volúmenes de Watchmen conforman una perfecta unidad que, se entiende, se hacía complicado de separar en una serie de entregas cinematográficas. Ambas opciones contenían sus propios riesgos, pero en este caso, comprimir los doce números provoca un efecto muy sencillo, que si uno no está al tanto de la realidad que propone Watchmen, se pierde irremediablemente en la trama de la película. Si esto no sucedía en Sin City (y tampoco en 300), pese a cierta compresión del cómic original, era básicamente porque aquel cómic de Frank Miller proponía una realidad netamente ficcional, carente del origen ucrónico de Watchmen. Entrar en un verosímil que propone una realidad paralela, con sus correspondientes lecturas políticas y con héroes más cercanos a debates morales que a la acción, extrañamente lindantes con la figura de sociópatas antes que con la de protectores de la humanidad, requiere que la película tenga las agallas necesarias para hacer que todo aquel que ingresa por primera vez a este universo, no salga completamente confundido. Apegarse a la lógica narrativa del cómic original no parece ser la mejor opción, simplemente porque en un cómic, más aún una obra ejemplar de Moore, difícilmente haya una sola viñeta de más, por lo que apretar en dos horas y media (o tres, como el corte de director editado en dvd), lo que en el cómic se extiende por doce volúmenes, hace que finalmente queden al margen fragmentos necesarios para la comprensión de este universo y sus personajes. Tampoco es sólo una cuestión de extensión de cómic y película. En la historia del cine hemos visto enorme cantidad de adaptaciones literarias de todos los colores, algunas grandes películas basadas en novelas olvidables, formidables películas de grandes novelas, y pésimas adaptaciones de obras maestras. Todo se debe a la manera en que el realizador de turno entienda el cine. Con las adaptaciones de cómics ocurre algo más complicado, primero porque este furor por el cómic en la gran pantalla es relativamente reciente, y no cuenta con la historia de otro tipo de adaptaciones, y segundo, porque uno siempre tiende a entender el cómic como un relato de superhéroes, por lo que la aparición de un film como Watchmen causa una inevitable sorpresa, sorpresa que se extiende si tenemos en cuenta la forma en que esta película fue promocionada, apelando a la acción como principal fuerte. O ha sido un desacierto de la Warner, que venía acostumbrada a relatos de superhéroes más concretos y menos reflexivos (la última Batman es por demás reflexiva, tal vez mucho más reflexiva que esta adaptación del cómic de Moore, pero en la cual la acción no es para nada subsidiaria, como sí parece serlo en esta) y no podía comprender la naturaleza radicalmente distinta de este film, o ha sido un defecto del propio Snyder, que no supo congeniar con la Warner cuál era la mejor manera de vender este film, debido a su compleja naturaleza. La acción en Watchmen representa el diez por ciento de esta superproducción, y Snyder tiende a resolver las escenas apelando al recurso de moda en las películas de acción (recurso que ya empleaba en 300), jugando a una combinación de ralentí y aceleración en todas las secuencias. Algo parecido a este recurso se extiende por toda la película, la combinación entre diálogos y acción termina volviéndose en desmedro de la apuesta de Snyder, ya que afecta al propio ritmo de la película, al peso de plomo de las más de dos horas de escenas dialogadas (lentas, muy lentas), no le genera un verdadero contrapeso los minutos de acción, o si lo genera, este contrapeso no representa un elemento para una combinación ideal, sino un elemento que navega por otros mares, los diálogos y la acción terminan siendo dos componentes disímiles, que parecen corresponder a dos películas distintas. Tampoco ayudan otros elementos propios de la propuesta de Snyder. En la lógica de esta película, a una escena híper violenta le puede seguir una de sexo. Esto puede tener cierto cauce en la lógica del cómic de Moore, pero aquí solo parecen dos viñetas continuas y contrapuestas, que en suma no provocan absolutamente nada. Para el recuerdo seguramente quedará la formidable secuencia de títulos inicial, que resume la intervención de los héroes en distintos acontecimientos históricos relevantes del siglo veinte. Esta secuencia, con “The times they are a-changin’” de Bob Dylan de fondo, ya demuestra desde el inicio que difícilmente podamos entender este film desde la óptica de las tradicionales películas de superhéroes. Lamentablemente, el resto de la película carece de la identidad peculiar y concreta que posee la secuencia de títulos, carece de su extraña unidad estética. Watchmen es, en el mejor de los casos, una película ambiciosa y fallida, que pierde por la voluntad de adaptación textual del director, y por no poder construir absolutamente nada desde el plano cinematográfico. Para establecer una parábola política como esta, Snyder debería haber abrevado en los cuantiosos ejemplos cinematográficos que hay al respecto, no ceñirse a la lógica de Watchmen como si se tratara de una película más de superhéroes. También en el mejor de los casos es una película que puede despertar cierto interés en aquellos espectadores que se acercan por primera vez a este universo, espectadores que podrán admirar a través de este film la complejidad narrativa del original, aunque al terminar de ver la película probablemente no hayan entendido absolutamente nada.

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Crítica X-MEN ORIGINS: WOLVERINE

Dirección: Gavin Hood.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 107 min.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Elenco: Hugh Jackman (Logan/Wolverine), Liev Schreiber (Víctor Creed/Dientes de Sable), Danny Huston (William Stryker), Dominic Monaghan (Chris Bradley), Ryan Reynolds (Wade Wilson/Masacre), Taylor Kitsch (Remy LeBeau/Gambito), will.i.am (Wraith), Lynn Collins (Kayla), Daniel Henney (David North/Agente Zero), Kevin Durand (Frederick J. Dukes/La Mole).
Guión: David Benioff y Skip Woods.
Producción: Lauren Shuler Donner, Ralph Winter, Hugh Jackman y John Palermo.
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Donal McAlpine.
Montaje: Megan Gill y Nicolas de Toth.
Diseño de producción: Barry Robison.
Estreno en USA: 1 Mayo 2009.
Estreno en España: 30 Abril 2009
Estreno en Argentina: 29 Abril 2009

Sinopsis

Hugh Jackman repite el papel que le encumbró como estrella: la feroz máquina de luchar que posee increíbles poderes curativos, garras retráctiles y una furia sobrenatural. “X-Men orígenes: Wolverine” cuenta la historia del pasado de Wolverine, su compleja relación con Víctor Creed (Liev Schreiber) y con el programa Arma X. Por el camino, Wolverine se encontrará con numerosos mutantes, conocidos y nuevos, incluyendo varias leyendas muy esperadas del universo X-Men.

Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

La franquicia de X-Men nos ha regalado productos más que genuinos y dignos para un contexto no tan auspicioso como el presente hollywoodense. Para aquellos que gustamos del buen cómic y no conocíamos demasiado el peso dramático y los complejos personajes que conforman esta serie, la saga cinematográfica nos ha permitido descubrir un mundo tan extraño como fascinante. Como suele suceder en el cine americano, cuando se inaugura un nuevo producto cinematográfico con potencial de franquicia, los productores ya planean las secuelas que la sucederán, dependiendo del éxito. Como también suele suceder, las secuelas comienzan a surgir hasta el límite de lo intolerable, hasta que los productores saben que han agotado el potencial del producto. Con X-Men no es fácil ver esta situación, fundamentalmente por el enorme sustento que posee la trama y que atraviesa cada uno de los personajes, que permite que la saga continúe extendiéndose sin agotar sus recursos. Naturalmente, no todas las secuelas de la saga gozan de la calidad del original. En este caso, X-Men 3 no se acercaba ni por asomo a la profundidad narrativa de la primera y la segunda película de la serie. Por otro lado, cuando la franquicia se dirige hacia el costado opuesto de las secuelas, las precuelas u orígenes de los personajes, siempre encuentran un sustento dramático que justifica la extensión mucho más que las secuelas. Pensemos en la última trilogía de Star Wars que, pese a por momentos caer en lo soporífero, mucho más si se la compara con la trilogía original, conseguía su justificación central en el desarrollo de la personalidad de Anakin Skywalker y su corrimiento hacia las fuerzas malignas. Esta precuela, que indaga en los orígenes de Wolverine, carece de los aspectos psicológicos de su equivalente en Star Wars. A diferencia del estupendo cómic en el que se basa, no indaga demasiado en los padecimientos de Logan cuando niño, y busca centrarse en el inicio del Wolverine que conocemos de la serie central de X-Men. Así la película, en su necesidad de apretar en una película lo que en el cómic en cuestión se extiende por seis números, nos asegura más acción y menos psicologismos, pero de acuerdo a las agradables convenciones de la construcción “originaria” de toda franquicia, hay mucha menos acción que en la trama central, y se agradece. Gavin Hood, quien comenzó su carrera en Hollywood con el thriller Rendition, sabe resolver con plena eficiencia las escenas de acción, pero dándole a ellas solo el peso necesario para que esta precuela tenga su razón de ser comercial y como producto de entretenimiento. El fuerte de este film es la indagación en el personaje de Logan, su contradictoria rivalidad con su hermano Victor Creed, la forma en que conoce el mal en la piel de Stryker, cuando este comenzaba a experimentar con los mutantes, y sus inicios en la aventura que lo llevará luego a unirse al incipiente grupo de reclutas de Xavier. Así nos encontramos con un Hugh Jackman súper probado como héroe al servicio de esta franquicia y con dos actores excelentes que llenan la pantalla de talento, llegando a eclipsar al propio Jackman con su presencia, Liev Schreiber y Ryan Reynolds. Si a esto le sumamos una sencilla pero no molesta historia de amor que da pie a la construcción vengativa del personaje de Wolverine, y la aparición, por primera vez reconocible y reservada para los más acérrimos fanáticos del cómic, de Gambito, en este caso como un rival que pronto se convierte en colaborador de Wolverine, tenemos un producto que trabaja de la mejor manera los elementos con los que cuenta, con valorable pericia visual, que entretiene sin pausas y cuyas virtudes permiten que no quede relegado al lugar de mero subproducto o desprendimiento de la saga central. Quizás hubiera sido mejor un poco más de acercamiento a la infancia de Logan, tal vez por momentos la película padece de un ligero (no excesivo, lo cual es loable si se lo compara con otros productos de este tipo) abuso en el empleo de digital. Pero lo cierto es que esperaba encontrarme con un producto menor de la saga, que desconociera los méritos de las primeras dos películas de la serie, y me topé con lo opuesto, un producto que encara esta travesía por los orígenes del personaje más carismático de los X-Men de la mejor manera posible. Este resultado renueva el entusiasmo por la saga, y permite que esperemos con ansias la ya anunciada película dedicada a los orígenes de Magneto, un personaje muchísimo más complejo y más rico que Wolverine.

Más información en Cine.com

Crítica THE SPIRIT

Dirección y guión: Frank Miller.
País:
USA.
Año: 2008.
Duración: 103 min.
Género: Acción, thriller.
Elenco: Gabriel Macht (Spirit/Denny Colt), Samuel L. Jackson (Octopus), Sarah Paulson (Ellen), Eva Mendes (Sand Saref), Dan Lauria (Dolan), Paz Vega (Plaster de París), Jaime King (Lorelei), Scarlett Johansson (Silken Floss), Louis Lombardi (Phobos), Stana Katic (Morgenstern), Eric Balfour (Mahmoud), Richard Portnow (Donenfeld), Johnny Simmons (Spirit joven).
Guión: Frank Miller; basado en la serie de cómics de Will Eisner.
Producción: Deborah Del Prete, Gigi Pritzker y Michael Uslan.
Música: David Newman.
Fotografía:
Bill Pope.
Montaje: Gregory Nussbaum.
Dirección artística: Rosario Provenza.
Vestuario: Michael Dennison.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2008.
Estreno en España: 25 Diciembre 2008
Estreno en Argentina:
22 Enero 2009

Sinopsis

“The Spirit” es la historia de Denny Colt (Gabriel Macht), un policía que fue asesinado y que misteriosamente vuelve a la vida como el enmascarado luchador contra el crimen llamado Spirit. Determinado a mantener a su amada Central City a salvo, Spirit persigue a los villanos de Central City desde las sombras y busca terminar con el peor de todos ellos: el psicótico megalómano conocido como Octopus (Samuel L. Jackson). A pesar de lo ocupado que lo mantiene esta misión, el deslumbrante guerrero siempre se las arregla para tener tiempo para las bellas mujeres, aunque nunca está seguro de si ellas quieren seducirlo, amarlo o matarlo. Pero hay una dama que nunca lo traicionará y a la que siempre será fiel: Central City, la vieja y orgullosa metrópoli donde nació… dos veces.

Crítica

Siempre es grato ver algún nuevo trabajo de Fran Miller, todo un prócer en el mundo del cómic. Miller recién está dando sus primeros pasos como director (esta es su segunda película, su primera en solitario, y su primera adaptación de otro autor), y en este caso lo vemos adaptar la obra maestra del genial Will Eisner, “The Spirit”. Cuando uno observa el acercamiento de Miller hacia obras ajenas a la suya dentro del mundo del cómic, se puede apreciar cómo Miller relee algunos de los personajes que le ha tocado adaptar. Su visión le imprime a los personajes clásicos del cómic un tono crepuscular, lejos del brillo pop y cerca de lo pesadillesco (en este sentido, su obra más aclamada es “El regreso del caballero nocturno”, donde mostró a un Batman alejado de su energía y vitalidad tradicional. Si así fuese el caso de The Spirit, probablemente estaríamos ante otra de sus magistrales adaptaciones. El problema surge que aún parece tener que rendir cuentas de su paso por el cine, y al estar la marca de Frank Miller tan asociada a Sin City, Miller no consigue construir un universo “milleriano” para el personaje de Eisner, y por el contrario, convierte a Central City (la ciudad donde se desarrollan las aventuras de The Spirit) en otra Sin City, sumerge a los personajes en el universo estético de su obra principal. Su adaptación de “The Spirit” está dotada de un enorme despliegue visual, pero este no hace más que borrar lo luminoso del cómic original, e insertarlo dentro de un mundo ya construido previamente por Miller para su cómic más prestigioso. No hay nada nuevo, especialmente para aquellos que hayan transitado por los caminos que propone el cómic “Sin City”, o hayan visto su adaptación cinematográfica. Su versión de “The spirit” puede tener momentos de lucidez en los aspectos más paródicos de la historia, y algunos personajes, como el de Octopus a cargo de Samuel L. Jackson, están fabulosamente virados hacia la caricatura plena, acercándolos a la construcción grotesca que proponía la vieja adaptación cinematográfica de otro clásico de los cuarenta, “Dick Tracy”. Pero más allá de ser una película muy disfrutable, su adaptación de “The Spirit” como si fuese una más de las historias que propone Sin City, y no una construcción nueva dentro de los cánones estéticos de Miller, suena más a traición estética que a otra cosa. Algo que difícilmente podía esperarse de un genio del cómic, adaptando la obra de otro genio mayor. En el caso de un artista original como Miller, esperábamos que con el material original construyera algo acorde a su mirada oscura y compleja del cómic, pero definitivamente algo nuevo, y no un episodio más de Sin City. Lo que resulta es una versión que tal vez guste a los adoradores de Miller, pero seguramente no convencerá a los amantes de la obra del maestro Will Eisner.


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