Crítica WATCHMEN
por Leo Aquiba Senderovsky
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por Leo Aquiba Senderovsky
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Dirección: Gavin Hood.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 107 min.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Elenco: Hugh Jackman (Logan/Wolverine), Liev Schreiber (Víctor Creed/Dientes de Sable), Danny Huston (William Stryker), Dominic Monaghan (Chris Bradley), Ryan Reynolds (Wade Wilson/Masacre), Taylor Kitsch (Remy LeBeau/Gambito), will.i.am (Wraith), Lynn Collins (Kayla), Daniel Henney (David North/Agente Zero), Kevin Durand (Frederick J. Dukes/La Mole).
Guión: David Benioff y Skip Woods.
Producción: Lauren Shuler Donner, Ralph Winter, Hugh Jackman y John Palermo.
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Donal McAlpine.
Montaje: Megan Gill y Nicolas de Toth.
Diseño de producción: Barry Robison.
Estreno en USA: 1 Mayo 2009.
Estreno en España: 30 Abril 2009
Estreno en Argentina: 29 Abril 2009
Sinopsis
Hugh Jackman repite el papel que le encumbró como estrella: la feroz máquina de luchar que posee increíbles poderes curativos, garras retráctiles y una furia sobrenatural. “X-Men orígenes: Wolverine” cuenta la historia del pasado de Wolverine, su compleja relación con Víctor Creed (Liev Schreiber) y con el programa Arma X. Por el camino, Wolverine se encontrará con numerosos mutantes, conocidos y nuevos, incluyendo varias leyendas muy esperadas del universo X-Men.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
La franquicia de X-Men nos ha regalado productos más que genuinos y dignos para un contexto no tan auspicioso como el presente hollywoodense. Para aquellos que gustamos del buen cómic y no conocíamos demasiado el peso dramático y los complejos personajes que conforman esta serie, la saga cinematográfica nos ha permitido descubrir un mundo tan extraño como fascinante. Como suele suceder en el cine americano, cuando se inaugura un nuevo producto cinematográfico con potencial de franquicia, los productores ya planean las secuelas que la sucederán, dependiendo del éxito. Como también suele suceder, las secuelas comienzan a surgir hasta el límite de lo intolerable, hasta que los productores saben que han agotado el potencial del producto. Con X-Men no es fácil ver esta situación, fundamentalmente por el enorme sustento que posee la trama y que atraviesa cada uno de los personajes, que permite que la saga continúe extendiéndose sin agotar sus recursos. Naturalmente, no todas las secuelas de la saga gozan de la calidad del original. En este caso, X-Men 3 no se acercaba ni por asomo a la profundidad narrativa de la primera y la segunda película de la serie. Por otro lado, cuando la franquicia se dirige hacia el costado opuesto de las secuelas, las precuelas u orígenes de los personajes, siempre encuentran un sustento dramático que justifica la extensión mucho más que las secuelas. Pensemos en la última trilogía de Star Wars que, pese a por momentos caer en lo soporífero, mucho más si se la compara con la trilogía original, conseguía su justificación central en el desarrollo de la personalidad de Anakin Skywalker y su corrimiento hacia las fuerzas malignas. Esta precuela, que indaga en los orígenes de Wolverine, carece de los aspectos psicológicos de su equivalente en Star Wars. A diferencia del estupendo cómic en el que se basa, no indaga demasiado en los padecimientos de Logan cuando niño, y busca centrarse en el inicio del Wolverine que conocemos de la serie central de X-Men. Así la película, en su necesidad de apretar en una película lo que en el cómic en cuestión se extiende por seis números, nos asegura más acción y menos psicologismos, pero de acuerdo a las agradables convenciones de la construcción “originaria” de toda franquicia, hay mucha menos acción que en la trama central, y se agradece. Gavin Hood, quien comenzó su carrera en Hollywood con el thriller Rendition, sabe resolver con plena eficiencia las escenas de acción, pero dándole a ellas solo el peso necesario para que esta precuela tenga su razón de ser comercial y como producto de entretenimiento. El fuerte de este film es la indagación en el personaje de Logan, su contradictoria rivalidad con su hermano Victor Creed, la forma en que conoce el mal en la piel de Stryker, cuando este comenzaba a experimentar con los mutantes, y sus inicios en la aventura que lo llevará luego a unirse al incipiente grupo de reclutas de Xavier. Así nos encontramos con un Hugh Jackman súper probado como héroe al servicio de esta franquicia y con dos actores excelentes que llenan la pantalla de talento, llegando a eclipsar al propio Jackman con su presencia, Liev Schreiber y Ryan Reynolds. Si a esto le sumamos una sencilla pero no molesta historia de amor que da pie a la construcción vengativa del personaje de Wolverine, y la aparición, por primera vez reconocible y reservada para los más acérrimos fanáticos del cómic, de Gambito, en este caso como un rival que pronto se convierte en colaborador de Wolverine, tenemos un producto que trabaja de la mejor manera los elementos con los que cuenta, con valorable pericia visual, que entretiene sin pausas y cuyas virtudes permiten que no quede relegado al lugar de mero subproducto o desprendimiento de la saga central. Quizás hubiera sido mejor un poco más de acercamiento a la infancia de Logan, tal vez por momentos la película padece de un ligero (no excesivo, lo cual es loable si se lo compara con otros productos de este tipo) abuso en el empleo de digital. Pero lo cierto es que esperaba encontrarme con un producto menor de la saga, que desconociera los méritos de las primeras dos películas de la serie, y me topé con lo opuesto, un producto que encara esta travesía por los orígenes del personaje más carismático de los X-Men de la mejor manera posible. Este resultado renueva el entusiasmo por la saga, y permite que esperemos con ansias la ya anunciada película dedicada a los orígenes de Magneto, un personaje muchísimo más complejo y más rico que Wolverine.
Más información en Cine.com
Dirección y guión: Frank Miller.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 103 min.
Género: Acción, thriller.
Elenco: Gabriel Macht (Spirit/Denny Colt), Samuel L. Jackson (Octopus), Sarah Paulson (Ellen), Eva Mendes (Sand Saref), Dan Lauria (Dolan), Paz Vega (Plaster de París), Jaime King (Lorelei), Scarlett Johansson (Silken Floss), Louis Lombardi (Phobos), Stana Katic (Morgenstern), Eric Balfour (Mahmoud), Richard Portnow (Donenfeld), Johnny Simmons (Spirit joven).
Guión: Frank Miller; basado en la serie de cómics de Will Eisner.
Producción: Deborah Del Prete, Gigi Pritzker y Michael Uslan.
Música: David Newman.
Fotografía: Bill Pope.
Montaje: Gregory Nussbaum.
Dirección artística: Rosario Provenza.
Vestuario: Michael Dennison.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2008.
Estreno en España: 25 Diciembre 2008
Estreno en Argentina: 22 Enero 2009
Sinopsis
“The Spirit” es la historia de Denny Colt (Gabriel Macht), un policía que fue asesinado y que misteriosamente vuelve a la vida como el enmascarado luchador contra el crimen llamado Spirit. Determinado a mantener a su amada Central City a salvo, Spirit persigue a los villanos de Central City desde las sombras y busca terminar con el peor de todos ellos: el psicótico megalómano conocido como Octopus (Samuel L. Jackson). A pesar de lo ocupado que lo mantiene esta misión, el deslumbrante guerrero siempre se las arregla para tener tiempo para las bellas mujeres, aunque nunca está seguro de si ellas quieren seducirlo, amarlo o matarlo. Pero hay una dama que nunca lo traicionará y a la que siempre será fiel: Central City, la vieja y orgullosa metrópoli donde nació… dos veces.
Crítica
Siempre es grato ver algún nuevo trabajo de Fran Miller, todo un prócer en el mundo del cómic. Miller recién está dando sus primeros pasos como director (esta es su segunda película, su primera en solitario, y su primera adaptación de otro autor), y en este caso lo vemos adaptar la obra maestra del genial Will Eisner, “The Spirit”. Cuando uno observa el acercamiento de Miller hacia obras ajenas a la suya dentro del mundo del cómic, se puede apreciar cómo Miller relee algunos de los personajes que le ha tocado adaptar. Su visión le imprime a los personajes clásicos del cómic un tono crepuscular, lejos del brillo pop y cerca de lo pesadillesco (en este sentido, su obra más aclamada es “El regreso del caballero nocturno”, donde mostró a un Batman alejado de su energía y vitalidad tradicional. Si así fuese el caso de The Spirit, probablemente estaríamos ante otra de sus magistrales adaptaciones. El problema surge que aún parece tener que rendir cuentas de su paso por el cine, y al estar la marca de Frank Miller tan asociada a Sin City, Miller no consigue construir un universo “milleriano” para el personaje de Eisner, y por el contrario, convierte a Central City (la ciudad donde se desarrollan las aventuras de The Spirit) en otra Sin City, sumerge a los personajes en el universo estético de su obra principal. Su adaptación de “The Spirit” está dotada de un enorme despliegue visual, pero este no hace más que borrar lo luminoso del cómic original, e insertarlo dentro de un mundo ya construido previamente por Miller para su cómic más prestigioso. No hay nada nuevo, especialmente para aquellos que hayan transitado por los caminos que propone el cómic “Sin City”, o hayan visto su adaptación cinematográfica. Su versión de “The spirit” puede tener momentos de lucidez en los aspectos más paródicos de la historia, y algunos personajes, como el de Octopus a cargo de Samuel L. Jackson, están fabulosamente virados hacia la caricatura plena, acercándolos a la construcción grotesca que proponía la vieja adaptación cinematográfica de otro clásico de los cuarenta, “Dick Tracy”. Pero más allá de ser una película muy disfrutable, su adaptación de “The Spirit” como si fuese una más de las historias que propone Sin City, y no una construcción nueva dentro de los cánones estéticos de Miller, suena más a traición estética que a otra cosa. Algo que difícilmente podía esperarse de un genio del cómic, adaptando la obra de otro genio mayor. En el caso de un artista original como Miller, esperábamos que con el material original construyera algo acorde a su mirada oscura y compleja del cómic, pero definitivamente algo nuevo, y no un episodio más de Sin City. Lo que resulta es una versión que tal vez guste a los adoradores de Miller, pero seguramente no convencerá a los amantes de la obra del maestro Will Eisner.
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