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Crítica FANTASTIC MR. FOX

Título en España: FANTÁSTICO SR. FOX
Título en Argentina: EL FANTÁSTICO SR. ZORRO
Dirección: Wes Anderson.
Países: USA y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 87 min.
Género: Animación, comedia.
Doblaje original: George Clooney (Sr. Fox), Meryl Streep (Sra. Fox), Jason Schwartzman (Ash), Bill Murray (Badger), Wally Wolodarsky (Kylie), Eric Anderson (Kristofferson), Michael Gambon (Franklin Bean), Willem Dafoe (Rat), Owen Wilson (Skip), Jarvis Cocker (Petey).
Guión: Wes Anderson y Noah Baumbach; basado en el libro de Roald Dahl.
Producción: Allison Abbate, Scott Rudin, Wes Anderson y Jeremy Dawson.
Música: Alexandre Desplat.
Fotografía: Tristan Oliver.
Montaje: Andrew Weisblum.
Diseño de producción: Nelson Lowry.
Estreno en USA: 13 Noviembre 2009
Estreno en España: 23 Abril 2010
Estreno en Argentina: 10 Marzo 2010 (Directo a DVD)

Sinopsis


El Sr. y la Sra. Fox llevan una vida familiar idílica junto a su hijo Ash y un joven sobrino que han acogido, Kristofferson. Pero tras doce años de apacible placidez, es demasiada vida bucólica para el salvaje instinto animal del Sr. Fox. Pronto vuelve a su viejo y furtivo hábito de robar gallinas, y, al hacerlo, pone en peligro no sólo a su amada familia, sino a toda la comunidad de animales. Atrapados bajo tierra y sin suficiente comida, los animales forman una banda para luchar contra los malvados granjeros —Boggis, Bunce y Bean—, que están determinados a capturar al audaz y fantástico Sr. Fox a cualquier precio.

Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

En la crítica de Where the wild things are afirmábamos que no es casualidad que dos de los directores más renovadores del Hollywood actual como Spike Jonze y Wes Anderson se hayan volcado al cine infantil, ya que allí se encuentra hoy la cura para una industria que se agota en el retroalimento permanente, la falta de ideas y la ausencia de recursos revitalizantes. Jonze y Anderson se acercan al cine infantil con algo de animación digital pero, fundamentalmente, con mucha referencia a la construcción de la fantasía que los deslumbró en las décadas del setenta y del ochenta. En el caso de la película de Jonze, con criaturas realizadas a la manera de algunos personajes de películas como La historia sin fin, mientras que en Fantastic Mr. Fox, Anderson apela al stop-motion, con una estética más naïf que realizadores como Tim Burton o Henry Selick, pero con la misma madurez narrativa y el mismo humor que caracterizaron a sus últimas realizaciones.

Tampoco es casualidad que para redescubrir el universo infantil Jonze y Anderson hayan elegido adaptar a dos grandes autores como Maurice Sendak o el clásico Roald Dahl, respectivamente. Lejos del atrevimiento, nada mejor que dos obras tan cercanas al público infantil como al mundo adulto, para que ambos realizadores se refugien en el único género capaz de ser el vehículo ideal para su permanente vuelo estético y argumental.

Centrándonos en el nuevo film de Wes Anderson, al contrario del último de Jonze, es imposible de no identificar cada fotograma con su estilo. Cuando más se notaba la necesidad de un giro en su original aunque mecánica puesta en escena, Anderson se despacha con un film en stop-motion que respeta a rajatabla los principios visuales que caracterizan su obra. Y no sólo visuales, ya que esta historia familiar con un zorro que se empecina en robarle a tres granjeros malvados, encuentra su eje central en los vínculos familiares, especialmente en la conflictiva relación padre-hijo, una constante en su cine.

Wes Anderson construye una película tan coherente con la matriz estética, narrativa y humorística de su obra, como sumamente innovadora. Fantastic Mr. Fox no es un simple acercamiento al cine infantil (con ciertas concesiones industriales de este cine, como las voces estelares, aquí adaptadas al rígido trabajo de dirección de Anderson, que impide desmesuras ajenas a la propuesta), es una bellísima apelación a la propia infancia del director y al universo de fábulas con contenido adulto y más incorrección que moralina. Una propuesta inteligente, principalmente para disfrute de los grandes, aunque sin el vacuo recurso del compendio de guiños referenciales, tan en boga en el cine de animación actual. Una película que, como Where the wild things are, es todo un redescubrimiento de una de las luces más inquietas del cine americano, y un film que merece ser visto y disfrutado muchas veces.

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Valoración:

Crítica THE PRINCESS AND THE FROG

Título en España: TIANA Y EL SAPO

Título en Latinoamérica: LA PRINCESA Y EL SAPO

Dirección: Ron Clements y John Musker.

País: USA.

Año: 2009.

Duración: 97 min.

Género: Animación, comedia, familiar, fantasía, musical.

Doblaje original: Terrence Howard (James), Anika Noni Rose (Tiana), Bruno campos (príncipe Naveen), Jim Cummings (Ray), Keith David (Dr. Facilier), John Goodman (Big Daddy), Oprah Winfrey (Eudora), Jenifer Lewis (Mama Odie), Michael-Leon Wooley (Louis), Jennifer Cody (Charlotte).

Guión: Ron Clements, Rob Edwards, John Musker, Greg Erb y Jason Oremland.

Producción: Peter Del Vecho.

Música: Randy Newman.

Montaje: Jeff Draheim.

Diseño de producción: James Aaron Finch.

Estreno en USA: 25 Noviembre 2009

Estreno en España: 5 Febrero 2010

Estreno en Argentina: 7 Enero 2010

Sinopsis
Los creadores de “La sirenita” y “Aladdin” nos traen un cuento cásico con un giro moderno: una joven llamada Tiana, un príncipe convertido en sapo que quiere recuperar su forma humana y un beso que les lleva a una aventura a través de los paisajes de Luisiana.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

The princess and the frog es, como todos saben, el regreso de Disney a la animación tradicional. Este regreso no reniega de los años en que Disney se asoció con Pixar. Naturalmente, la adquisición de Pixar por parte de Disney hace unos años, confirma su deseo de seguir expandiéndose en el campo de la animación por ordenador. Sí reniega de los últimos traspiés cometidos por la empresa en el campo del dibujo, películas que carecían del encanto de films como La bella y la bestia, La sirenita, Aladdín o El rey león.

Este regreso implicó volver a contar con la dupla conformada por Ron Clements y John Musker, directores de La Sirenita, Aladdín y Hércules, cuya última colaboración con la empresa había sido en 2002, con El planeta del tesoro, un buen film animado que poco tenía que ver con las formulas de sus principales éxitos en este campo. La idea de Disney ha sido rescatar la esencia de los últimos grandes bastiones de la compañía en materia de animación 2D, y esto puede verse en un sinnúmero de elementos de este film que recuerdan a las fórmulas de aquéllos, a lo que se suma el toque de cuento de hadas, tradicional en la historia de Disney.

The princess and the frog surge con una pequeña controversia. La idea de que la protagonista sea negra, algo que alimenta el aspecto musical del film, suena oportunista en el país presidido por Barack Obama. Lo cierto es que el ascenso al poder de Obama no resulta algo muy extraño, dada la apertura sociocultural que existe hoy en Estados Unidos (no es casual que una mujer negra, Oprah Winfrey, sea la presentadora más popular de la televisión americana, mientras se dedica a la producción de films de reivindicación social como Precious y que, sin ir más lejos, aporta su voz en este film). De la misma manera, no debería resultarnos extraño que una compañía tradicionalmente conservadora y republicana como Disney haya lanzado un film animado protagonizado una joven negra.

Ahora bien, la ilusión de apertura, que puede sostenerse en los primeros minutos del film, cuando se sirve de un par de secuencias para exhibir las diferencias sociales históricas entre blancos y negros, termina en decepción una vez que observamos que la joven protagonista aparece con su fisonomía humana, y negra, al principio y al final del film, y que el resto de la película transcurre con ella convertida en sapo. En ese sentido, lo único que puede sonarnos mínimamente revolucionario, aunque muy inverosímil, es que el príncipe sea negro.
Dejando de lado este aspecto, The princess and the frog apela al recuerdo de los clásicos films de Disney, repitiendo todas las fórmulas habituales de la compañía (secuencias musicales, elipsis ingeniosas, secundarios graciosos), pero es esta misma repetición de fórmulas la que hace que este film carezca de identidad propia y se sostenga únicamente por el espíritu retro al que apela, convirtiéndose únicamente en un atractivo para la generación de adultos que fueron chicos a principios de los noventa. Lamentablemente, el enorme talento creativo de Clements y Musker no consigue dotar de autonomía y encanto propio a este film, aunque uno espera que este resultado no de lugar a pensar que ya no es época para esta clase de películas. La vigencia televisiva de los últimos grandes films animados de Disney demuestra que, por muy ingenuos que sean, el encanto de aquellos los mantiene y los mantendrá con vida, por lo que ansiamos que Clements y Musker puedan volver a encontrar la belleza y la magia que hace ya dos décadas supieron entregarnos a millones de chicos.
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Valoración:

Crítica 9

Título en español: NÚMERO 9.

Dirección: Shane Acker.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 80 min.
Género: Animación, aventuras, ciencia-ficción, fantástico.
Doblaje original: Elijah Wood (Número 9), John C. Reilly (Número 5), Jennifer Connelly (Número 7), Crispin Glover (Número 6), Martin Landau (Número 2), Christopher Plummer (Número 1), Fred Tatasciore (Número 8/Locutor de radio), Alan Oppenheimer (científico), Tom Kane (dictador).
Guión: Pamela Pettler; basado en un argumento de Shane Acker.
Producción: Tim Burton, Timur Bekmambetov, Jim Lemley y Dana Ginsburg.
Música: Deborah Lurie.
Montaje: Nick Kenway.
Diseño de producción: Robert St. Pierre y Fred Warter.
Estreno en USA: 9 Septiembre 2009
Estreno en España: 1 Enero 2010
Estreno en Argentina: 18 Marzo 2010

Sinopsis

Shane Acker ha desarrollado este largometraje a partir de un corto suyo de idéntico título que recibió una nominación al Oscar en 2006. Se trata de una aventura post-apocalíptica protagonizada por nueve muñecos de trapo que deberán enfrentarse a unas máquinas gigantes si quieren preservar el futuro de la civilización.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Shane Acker expande su premiado corto animado 9 con este largometraje homónimo, luego de que el proyecto consiga el padrinazgo de Tim Burton y del cineasta ruso Timur Bekmambetov. Lo cierto es que, si esta es la oportunidad perfecta de Acker para pasar a las grandes ligas en el terreno de la animación, y para el público de conocer a las particulares criaturas originadas en el cortometraje de 2005, la película no deja de exponer los defectos de un relato que evidencia su estiramiento para la ocasión.

Cuando uno ve el corto de Acker (se puede encontrar fácilmente en Youtube), encuentra un universo visual particular, en el que queda claro que este relato postapocalíptico no está dirigido en absoluto al público infantil. El corto se beneficia por su mutismo y su falta de necesidad de explicar el desolado mundo que allí se describe. En 9, la película, se profundiza en el mundo pesadillesco en el que viven los muñecos de trapo sobrevivientes, y lo que más se destaca es el cuidado diseño visual, y la violencia de algunas escenas, que hacen que 9 deje definitivamente afuera de su círculo de espectadores al público infantil. Por otro lado, si bien la película hace bien en profundizar algunos aspectos de la historia, como el modo y el propósito por el que fueron creados estos muñecos, gran parte de la acción del relato se ve afectado por la necesidad de que la película llegue a la duración de un largometraje, muchas de las situaciones pierden fuerza en la traslación de una duración a la otra, y no parece que el respetar gran parte de la estructura narrativa original haya sido la mejor elección. Si al ver el corto podemos concluir que “daba para más”, este largometraje, sin ser una mala remake del corto (está muy lejos de eso), no termina de ser todo lo que se podía esperar con sólo ver el corto.

Para colmo, el mutismo, que tan bien le hacía al cortometraje porque colaboraba en la descripción de su universo, desaparece ante la necesidad mercantilista de ponerles a los personajes voces de famosos, elemento tradicional de las últimas producciones animadas, que aquí ayuda demasiado poco. Pensemos en la hermosa primera parte de Wall-E, que prescinde por completo de voces, y logra construir de manera puramente audiovisual un mundo algo parecido a este. Sí, definitivamente a 9 le hubiese hecho falta sostener la propuesta radical del cortometraje, y narrar evitando describir con palabras los hechos y situaciones que se suceden, un elemento que hubiese potenciado la fuerza de esta propuesta, siempre y cuando no se hubiese convertido en una limitación obstaculizante, como lo fue el trasladar la narración de diez minutos a poco más de una hora.

El resultado, una película de animación que tiene sus aciertos en la esmerada construcción visual y cierta originalidad en su premisa, pero pese a tener el sello Tim Burton en su producción, carece de la magia de los productos animados de Burton y de Henry Selick (9, con todas sus virtudes, no se acerca al nivel de la reciente y maravillosa Coraline), y hasta se extrañan los elementos más repetitivos del toque Burton, en una propuesta que, al inflar el cortometraje homónimo, termina entregando algunas pocas escenas originales (especialmente las más violentas y “espantaniños”), pero no logra estar a la altura del corto, extendiendo los códigos de aquel sin poder salir de la orbita dictaminada por el material original. Suele decirse que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Evidentemente Shane Acker, que tiene mucho futuro por delante en la industria, desconoce por completo esta frase.

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Valoración:

Crítica CLOUDY WITH A CHANCE OF MEATBALLS

Título en España: LLUVIA DE ALBÓNDIGAS

Título en Latinoamérica: LLUVIA DE HAMBURGUESAS

Dirección: Phil Lord y Christopher Miller.

País: USA.

Año: 2009.

Duración: 90 min.

Género: Animación, comedia.

Doblaje original/español: Anna Faris/Isabel Valls (Sam), Bill Hader/Flipy (Flint), Bruce Campbell (alcalde), Andy Samberg (Brent), James Caan (Tim), Mr. T (Earl Devereaux), Bobb’e J. Thompson (Cal), Benjamin Bratt (Manny), Neil Patrick Harris (Steve).

Guión: Phil Lord y Christopher Miller; basado en el libro escrito por Judi Barrett e ilustrado por Ron Barrett.

Producción: Pam Marsden.

Música: Mark Mothersbaugh.

Diseño de producción: Justin Thompson.

Estreno en USA: 18 Septiembre 2009

Estreno en España: 4 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 1 Octubre 2009

Sinopsis
Flint es un inventor cuyo mayor sueño es poder crear algún aparato que mejore la vida de los demás. Finalmente, tras muchos intentos fallidos, Flint lleva a cabo un invento que puede revolucionar el mundo: una máquina que hace que caiga comida del cielo.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Del género que más nos entusiasma ultimamente (la animación, claro está), llega Cloudy with a chance of meatballs. Esta película producida por Sony podría tomarse como una de las tantas películas animadas que son incapaces de robarle protagonismo a los tanques de Disney/Pixar, en primer lugar, o Dreamworks. Y sin embargo, esta lluvia consigue aterrizar dejando una huella considerable entre los exponentes actuales del género.
La razón es básica. Más allá de que esta película juega con el género de catástrofe parodiando furiosamente a ese tipo de películas, no hay otro signo que lo conecte directamente con el mundo adulto. Su receta para ser disfrutada por niños y adultos por igual no tiene que ver con una serie de referencias, sino con una forma concreta de narrar la aventura. En esencia, podríamos decir que Cloudy with a chance of meatballs es la película más cercana al estilo “Looney Tunes” que haya visto el cine de animación reciente (y si nos ponemos exigentes, hasta se acerca más a este estilo que las últimas películas de Bugs Bunny y compañía, como Space Jam o Looney Tunes back in action), y esta comparación se da a partir de dos aspectos que llaman la atención de esta película, su extrema velocidad y su delirio incesante y progresivo.
Si ya es algo sumamente absurdo que un invento de un muchachín bastante perdedor consiga que pueda llover comida, lo mejor es que, de ahí en adelante, la película no sigue ningún trayecto lógico que la lleve por los caminos previsibles de la aventura más chata y del mensaje moral para niños. Sencillamente se embarca en un trayecto de enorme colorido, de suma felicidad, y de auténtica locura, en un gesto que es de agradecer para quienes aún gustamos de ver películas para niños.
Tal vez, a primera vista, nos podría causar cierto rechazo la simplicidad de sus dibujos (que se asemejan más a la europea Planet 51 que a las últimas de Pixar, con su cuidado extremo por el detalle de formas y texturas), pero enseguida comprendemos que esta película no intenta innovar por ese lado, y que detrás de esa simplicidad se esconde una propuesta sumamente auténtica, que busca rescatar lo más osado y desvergonzado de la producción animada, para adosarle una buena dosis de locura a esta historia.
Si hablamos de los Looney Tunes, fácil es recordar que, desde su génesis y, especialmente, en su época más brillante, ha sabido jugar sus cartas a favor del público adulto, apelando a una catarata de guiños a la cultura popular y parodiando al extremo la pureza e ingenuidad de la animación de Disney. Al hacer una comparación entre esta película y lo que podríamos considerar como su antecesor predilecto, notamos que el delirio animado de los Looney Tunes no busca aquí potenciar una lectura paródica o adulta, sino más bien lo contrario, subirse a caballo de un imparable producto infantil, narrado a una velocidad tal que es capaz de terminar estallando en un desfile de colores vivos, aunque en ningún momento le quita a la historia el lugar que se merece.
Sabemos que los niños la disfrutarán de principio a fin, pero me permito dar un pequeño consejo para adultos. Sr. Adulto: Si usted acaba de ver 2012, permítase desempacharse de semejante sucesión de efectos fastuosos y nulidad argumental. Hágame caso. Intérnese en medio del público infantil, lleve a su hijo o al hijo de un vecino o amigo a ver Cloudy with a chance of meatballs, y verá la respuesta más enloquecida a 2012, y a todo tipo de películas por el estilo, que arroja a la basura todo lo enorme, solemne y pretencioso de este cine. Permítase marearse con la película animada más rápida, delirante y colorida de los últimos tiempos, y no se arrepentirá. Créame, la disfrutará como un niño, y sin que la película se esfuerce en darle señales inútiles de que usted también tiene derecho a disfrutarla.
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Valoración:

Crítica PLANET 51

Dirección: Jorge Blanco.

Codirección: Javier Abad y Marcos Martínez.
Países: España y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 91 min.
Género: Animación, comedia, aventuras.
Doblaje USA: Dwayne Johnson (Chuck), Jessica Biel (Neera), Justin Long (Lem), Seann William Scott (Skiff), Gary Oldman (Grawl), John Cleese (Kipple).
Guión: Joe Stillman.
Producción: Ignacio Pérez Dolset y Guy Collins.
Música: James Seymour Brett.
Montaje: Alex Rodríguez.
Diseño de producción: Julián Romero.
Estreno en España: 27 Noviembre 2009
Estreno en Argentina: 26 Noviembre 2009

Sinopsis

“Planet 51″ es una comedia alienígena de aventuras a nivel galáctico que gira en torno al capitán Charles “Chuck” Baker, astronauta americano que aterriza en Planet 51 pensando que es la primera persona en pisar el planeta. Para su sorpresa, descubre que está habitado por pequeñas criaturas verdes que viven felizmente en un mundo plagado de cercas blancas, reminiscencia de la alegre inocencia de la América de los años 50, y cuyo único temor es el de ser invadidos por alienígenas… ¡como Chuck! Ayudado por su compañero robot Rover y su nuevo amigo Lem, Chuck tendrá que abrirse camino a través del desconcertante paisaje de Planet 51 para no convertirse en pieza permanente del Museo Espacial de Invasores Alienígenas.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

La empresa de videojuegos madrileña Pyro Studios, desarrolladora de la exitosa saga Commandos (que algunos hemos jugado durante años), se lanzan al cine de animación con Planet 51. Esta película mantiene la idea corporativa de no caer en localismos (más allá de algún guiño menor). Si bien algunos hemos jugado Commandos con su doblaje original, Planet 51 se estrenó mundialmente con el doblaje en inglés, con las voces de estrellas como Dwayne Johnson y Gary Oldman, pero más allá de este aspecto, tanto aquel videojuego de estrategia bélica, como esta película de animación infantil se muestran afines a los códigos narrativos americanos.

Planet 51, a diferencia de muchos intentos de animación de distintos países, se caracteriza por unos dibujos que sostienen un nivel de calidad técnica a la altura de la animación americana. Aunque la principal virtud de esta propuesta es la idea de revertir los códigos del cine de extraterrestres, planteando un mundo habitado por extraterrestres que se vuelven paranoicos cuando un astronauta americano aterriza en su planeta, y ellos lo toman como la cabeza de una invasión alienígena. Algunos momentos muy graciosos se suscitan a partir de esa confusión, y en escenas previas a esta, como cuando los extraterrestres ven películas de ciencia ficción producidas por ellos (aunque esto hubiese tenido mucha más gracia si el enemigo mostrado en esas películas hubiese tenido forma humana y no de criaturas más pronunciadamente alienígenas que ellos).

Naturalmente, más allá de ese pequeño ingenio argumental, la trama de Planet 51 expone los aspectos más convencionales del cine infantil, achatando su ingenio a medida que evoluciona la historia, inclinándose de lleno por la aventura, y el nivel de detalle en la animación no logra ir más allá de las primeras películas de Pixar. Pero su lanzamiento mundial da cuenta de la auspiciosa oportunidad de que otras empresas logren, mediante la coproducción con países anglosajones, competir cara a cara con los mayores gestores de tanques animados en el mundo, cuando se cuenta con una buena cuota de talento creativo y con la tecnología adecuada para ello, y principalmente, cuando no se toma por idiota al público infantil.

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Valoración:

Crítica TONARI NO TOTORO

Título en español: MI VECINO TOTORO

Dirección y guión: Hayao Miyazaki.

País: Japón.

Año: 1988.

Duración: 86 min.

Género: Animación, aventuras, fantasía, infantil

Producción: Tohru Hara.

Música: Joe Hisaishi.

Montaje: Takeshi Seyama.

Dirección artística: Kazuo Oga.

Vestuario: Anna Van Brée.

Estreno en Japón: 16 Abril 1988.

Estreno en España: 30 Octubre 2009

Sinopsis

Mi vecino Totoro cuenta la historia de dos niñas, Satsuki y Mei, que se han trasladado al campo a vivir con su padre, mientras su madre se recupera de una grave enfermedad en el hospital de la comarca. En el bosque cercano, Satsuki y Mei descubren la existencia de seres extraordinarios, los espíritus del bosque, que sólo pueden ser vistos por personas de corazón puro. Cuando Mei, intentando llegar al hospital para ver a su madre, se extravía, Satsuki recurre a Totoro, el rey del bosque, para que le ayude a encontrar a su hermana pequeña.


Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky
Hay películas que nos permiten pensar “Qué lindo sería volver a la niñez, para poder disfrutarlas desde ese estado”. Porque las mejores películas infantiles no son más que una apelación a la imaginación de los niños, a aquello que es esencial en su forma de ser y de actuar, y lo primero que el ser humano desea no perder cuando crece.
El reciente estreno de Ponyo… ha sido la excusa ideal para volver a presentar una película que es apenas una muestra más en la extensísima carrera de uno de los más grandes genios en la animación nipona. Si bien Hayao Miyazaki comenzó a ser reconocido mundialmente a partir del estreno de El viaje de Chihiro, lo cierto es que Miyazaki viene creando genialidades desde hace más de treinta años, con su productora Estudio Ghibli, un sello con grandes títulos y toda una impronta en su haber. Si la comparamos con su último estreno, Mi vecino Totoro, este film de Miyazaki de 1988, posee no pocas similitudes. Las marcas en Miyazaki suelen ser siempre las mismas: protagonistas niños o niñas (en Ponyo un niño, en esta dos hermanitas), un “amigo/a” sobrenatural, que parece producto de la imaginación de los niños, y un conflicto familiar que tarde o temprano entrará en relación con el vínculo entre el niño y su amigo, impulsando un desarrollo y un desenlace netamente ingenuos y felices. A estas similitudes se le suman las marcas estéticas de Miyazaki, tanto en los dibujos y en la construcción visual de la aventura y de lo fantástico, como en recursos particulares como la canción de la película en los créditos finales.
En Mi vecino Totoro, dos niñas viven y juegan en el campo mientras esperan que su madre salga del hospital, donde se encuentra internada. La falta de atención de su padre, ocupado permanentemente en su trabajo, hace que ambas se internen a jugar en el bosque y que la menor de ellas descubra a unos seres muy particulares, entre los que se encuentra el más grande, a quien llama Totoro, una criatura enorme, similar a un animal de felpa, capaz de hacer florecer el bosque y capaz también de iluminar el solitario corazón de las niñas. La diferencia principal entre esta y Ponyo… radica en el hecho de que en Mi vecino… no hay una historia de amor infantil con un conflicto radical que rápidamente se resuelve, sino un drama mucho más hondo, aunque no menos veloz en su resolución. Lejos de los memorables golpes bajos de Disney (las viejas generaciones no olvidan a Bambi en este aspecto, y las nuevas a El rey león), los momentos en los que las niñas se enfrentan a la incertidumbre acerca del estado de salud de su madre, sumado al posterior extravío de la menor, son profundamente conmovedores, aún sabiendo que Miyazaki jamás aspira a los picos de dramatismo de Disney, y que el drama terminará muy pronto. Lo que Miyazaki privilegia antes que nada es la convivencia entre el universo real de los niños y sus mundos imaginarios, y es esa apuesta a la imaginación la que evita que el drama llegue a innecesarias cuotas de dolor.

Mi vecino Totoro es otra cosecha de felicidad de Hayao Miyazaki. Otra excusa ideal para descubrir a un maestro de la animación, que con su particular construcción de un universo naïf, la marca más relevante de su cine (en esta película vemos algunas semejanzas en este aspecto con Heidi, popularísima creación en la que estuvo involucrado), ha llevado al cine infantil a otra dimensión, convirtiéndose en uno de los realizadores más influyentes del mundo de la animación para niños, y sin duda en el animador que mejor logra captar el universo fantástico de los más pequeños.

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Valoración:

Crítica G-FORCE

Título en España: G-Force: Licencia para espiar
Título en Latinoamérica: Fuerza-G
Dirección: Hoyt Yeatman.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Comedia, aventuras.
Elenco: Bill Nighy, Will Arnett, Zach Galifianakis, Nicolas Cage (voz), Sam Rockwell (voz), Jon Favreau (voz), Penélope Cruz (voz), Steve Buscemi (voz), Tracy Morgan (voz).
Guión: The Wibberleys, Ted Elliott, Terry Rossio y Tim Firth; basado en un argumento de Hoyt Yeatman.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: Trevor Rabin.
Fotografía: Bojan Bazelli.
Diseño de producción: Deborah Evans.
Estreno en USA: 24 Julio 2009
Estreno en España: 9 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 30 Julio 2009

Sinopsis

“G-Force” narra la historia de un grupo de cobayas que poseen una gran inteligencia y que trabajan como espías para el gobierno estadounidense. Darwin (el líder), Blaster (el especialista en armamento y transportes), Juarez (toda una experta en las artes marciales) y Speckles (muy habilidoso a la hora de trabajar con ordenadores) son los integrantes de este peculiar equipo, uniéndose a ellos Mooch, una mosca que les ayuda en tareas de vigilancia.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

¿El hecho de que una película sea simpática, la convierte en una buena película? Esta pregunta, que puede disparar un generoso debate, surge luego de ver G-Force. Yo opino que no, que sea simpática la vuelve en todo caso más digerible, le puede sumar puntos, pero no necesariamente es por ello una buena película. Hace falta mucho más para eso.

Bueno, en esta ocasión, Disney se olvidó de ese “mucho más”, y entregó una película apenas simpática. Es decir, cumplió con lo mínimo indispensable, o mejor dicho, con lo único que hoy se puede esperar de cualquier producción animada de Disney que carece de la mano de Pixar. Volviendo a lo “simpático”, podemos ver que cualquier película con protagónico compartido entre humanos y animales debe ser, al menos, simpática. Muchas veces la simpatía es lo único que tienen para ofrecer estas producciones infantiles, ya que la unión entre personas y animales siempre resulta atractiva para los niños, pero con eso solo no alcanza para que estemos ante una buena producción infantil.

Esta producción parte de una premisa bastante boba, con cobayos animados jugando a ser agentes secretos, y se desarrolla de manera coherente con esa bobería inicial, en una producción donde, naturalmente, lo único que se destaca es la animación de los cobayos. Pero claro, para eso ya habíamos visto Stuart Little, con un ratón animado interactuando con personas. Las voces no ayudan demasiado, estereotipando al máximo a cada uno de los cobayos, principalmente al que interpreta Tracy Morgan, cuya voz suele inclinarse hacia el estereotipo afroamericano. Un buen actor debería saber darle matices a su voz, no jugar desde el estereotipo trillado, que sólo hace confirmar la idea de que, hoy en día, en muchas producciones, aún se sigue segregando a los actores y a los personajes de piel negra (¿Alguien creyó que con Obama en la presidencia Hollywood iba a cambiar?). La voz de Nicolas Cage mejor ni mencionarla, basta con decir que si Cage no está en su mejor racha interpretativa, su voz menos. Y da lástima ver a Zach Galifianakis tan desaprovechado (no nos tomemos el inútil trabajo de comparar esta actuación con su participación en The hangover), así como es vergonzoso ver a un actor formidable como Bill Nighy caer en las redes de una tan espantosamente sobreactuada macchietta.

El sabor de G-Force es agridulce, nos puede caer bien por su simpatía, pero uno tiende a rechazar propuestas infantilizantes como esta, que prejuzgan la capacidad de divertimento y astucia de los niños, al punto de ser más infantiles que los propios infantes. El Disney de hoy sigue olvidándose que, si se busca mantener el honor de tan tradicional firma, debe volver a las fuentes para recuperar el candor perdido de aquellos clásicos inolvidables de la animación infantil, y saberlos combinar de la mejor manera con inteligencia y enorme pericia cinematográfica, dos valores que, en matera de animación, hoy solo se le pueden adjudicar a Pixar. Con productos como G-Force están muy lejos de esto, por más que estos cobayos animados sean muy simpáticos.

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Crítica SUKAI KURORA (THE SKY CRAWLERS)

Dirección: Mamoru Oshii.
País: Japón.
Año: 2008.
Duración: 122 min.
Género: Animación, aventuras.
Guión: Chihiro Itô; basado en la serie de novelas de Mori Hiroshi.
Producción: Seiji Okuda y Mitsuhisa Ishikawa.
Música: Kenji Kawai.
Diseño de producción: Kazuo Nagai.
Estreno en Japón: 2 Agosto 2008.
Estreno en España: 25 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
Diseñados genéticamente para perdurar en un estado de eterna adolescencia hasta el día en que son abatidos en el aire, los Kildren se han convertido en protagonistas involuntarios del espectáculo televisado de duelos aéreos que satisface la demanda del público en un mundo que ha erradicado las guerras. Yûichi Kannami es trasladado a su nueva base con tan sólo vagos recuerdos de su pasado y la certeza de que ha nacido para pilotar aviones de combate. Pronto llama la atención de la comandante de la base, Suito Kusanagi, que se comporta como si llevara mucho tiempo esperándole. Al tiempo que la relación entre ambos se estrecha, Yûichi descubrirá el sabor agridulce de la vida y el amor, mientras su inevitable destino le aguarda en la inmensidad de los cielos.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

El animé suele tener la cualidad de sorprendernos frecuentemente. The sky crawlers, de Mamoru Oshii, realizador de films multipremiados como Ghost in the shell o Avalon, no es la excepción. Si la animación nipona ya nos demostró varias veces que es el terreno ideal para trabajar, desde las infinitas posibilidades que da la animación, temáticas de corte netamente adulto, The sky crawlers es directamente la exposición de un discurso de corte existencialista dentro de un envase de ciencia ficción. La excusa es perfecta para un discurso filosófico de este tenor. Un mundo en el que la guerra es un elemento del pasado reutilizado en el presente como un escenario dramático, donde determinados seres, los Kildren, imposibilitados de crecer más allá de la adolescencia, están condenados a matarse en combates aéreos para regocijo del público. Ese contexto lo llevará a uno de ellos a preguntarse sobre el sentido de la vida, cuando no podrá crecer ni vivir más allá de los espectáculos aéreos.

Las imágenes de The sky crawlers impactan por su enorme belleza, particularmente, las escenas de batallas aéreas. Oshii demuestra su maestría en el campo de la animación imprimiéndole un tono demoledoramente trágico a estas imágenes. Por otro lado, la condición existencialista que se desprende de esta película está dada especialmente por las reflexiones de Yûichi, el protagonista. Las frases que dispara el personaje contrastan con el verosímil que propone Oshii y con el ritmo sumamente lánguido de la película. Si la base narrativa de este universo que se muestra en el film da pie a una construcción filosófica al respecto, el hecho de que esta lectura repose excesivamente en algunas frases demasiado llamativas, tiende a anular el desarrollo de esta visión de la historia. De esa manera, la película sólo parece avanzar en los combates aéreos, mientras que el vínculo entre Yûichi y Suito, la comandante, se pierde en la pausada evolución de la trama. Curiosamente, la belleza de esta película no termina de colaborar en la construcción del contenido filosófico, ya que lo hipnótico de las imágenes reposa específicamente en las escenas más llanas y menos ambiguas.

Sin embargo, estamos frente a una pieza más que interesante para analizar la enorme complejidad de las películas de animación japonesas. The sky crawlers es el ejemplo claro de que las películas animadas pueden soportar los planteos más originales, y a la vez, los más adultos. Definitivamente, desde la forma en que el componente fantástico se cruza con la lectura filosófica, en el germen mismo de esta historia, nos queda claro que esta película dista enormemente del pensamiento tradicional que une cine animado con público infantil. No estamos ante otra película animada que puede ser disfrutada tanto por niños como por adultos. The sky crawlers es directamente indigerible para el público infantil, sólo los mayores podrán entender la enorme complejidad que esta bella pieza de Mamoru Oshii no se preocupa por ocultar.

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Crítica ALIENS IN THE ATTIC

Título en España y Latinoamérica: Pequeños invasores
Dirección: John Schultz.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 86 min.
Género: Aventuras, comedia, familiar.
Elenco: Ashley Tisdale (Bethany), Robert Hoffman (Ricky), Andy Richter (tío Nate), Kevin Nealon (Stuart), Ashley Boettcher (Hannah), Doris Roberts (Rose), Austin Robert Butler (Jake), Carter Jenkins (Tom), Malese Jow (Julie), Gillian Vigman (Nina).
Guión: Mark Burton y Adam F. Goldberg; basado en un argumento de Mark Burton.
Producción: Barry Josephson.
Música: John Debney.
Fotografía: Don Burgess.
Montaje: John Pace.
Diseño de producción: Barry Chusid.
Estreno en USA: 31 Julio 2009
Estreno en España: 14 Agosto 2009
Estreno en Argentina: 20 Agosto 2009

Sinopsis

“Pequeños invasores” cuenta la historia de unos niños que, estando de vacaciones con su familia, tienen que rechazar el ataque de unos extraterrestres que apenas les llegan a las rodillas pero que ambicionan la destrucción del mundo, mientras que los padres de los jóvenes no tienen ni la más remota idea de la batalla que se libra.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

No hay mucho para decir de esta película. Como producto destinado al público infantil, es imposible que pueda hacerle pelea a Pixar. Y no nos referimos a la animación en sí, ya que este aspecto no hace demasiado ruido en la propuesta general. Nos referimos, claro está, a la debilidad argumental, al mediocre desarrollo de la aventura, a los gags físicos un tanto insoportables (aún siendo lo más divertido de la película, el chiste repetido del novio de la nena siendo controlado por los niños o por los aliens gracias a una especie de “joystick” extraterrestre), y a la incapacidad, o total falta de intención, de hacer un producto medianamente interesante, no ya para el público adulto acompañante (esta película los excluye completamente), sino para el cada vez más demandante público infantil. Ni siquiera la presencia de la popstar Ashley Tisdale genera un mínimo de atractivo para este público (si mal no recuerdo, la ex High School Musical, afortunadamente, no canta en ningún momento de la película, por lo que el atractivo de su presencia se reduce considerablemente).

La película podría haber brindado alguna que otra escena interesante si se hubiese detenido en los conflictos internos entre algunos de los chicos que comparten la casa de vacaciones. Pero la aparición repentina de los extraterrestres anula completamente estos conflictos, que sólo consiguen aparecer mínimamente al comienzo de la película. De ahí en más, se da una suerte de mezcla entre E.T. (uno de los extraterrestres es bueno y se encariña con los chicos) y Gremlins, pero sin talento alguno, ni narrativo, ni estético.

Hay películas a las que le suma enormemente su capacidad de constituirse como productos entretenidos. Dado que la única virtud de Pequeños invasores es ser medianamente entretenida, esta cualidad apenas merece ser mencionada. Mensaje para los realizadores de este subproducto: No se puede salir a la palestra si lo único que hay para competirle al habitual talento narrativo de los grandes creativos del cine de animación americano, es una estrella pop adolescente, unos extraterrestres animados sin gracia, y una suma de chistes remanidos. Los chicos la pasarán bien con esta película, pero saben perfectamente que el cine animado les está entregando actualmente productos infinitamente más interesantes.

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Crítica UP

Dirección: Pete Docter.
País:
USA.
Año: 2009.
Género: Animación, comedia, aventuras.
Doblaje original: Ed Asner (Carl Fredricksen), Christopher Plummer, John Ratzenberger, Delroy Lindo, Jordan Nagai (Russell).
Guión: Bob Peterson.
Producción: Jonas Rivera.
Música: Michael Giacchino.
Estreno en USA:
29 Mayo 2009
Estreno en Argentina: 11 Junio 2009
Estreno en España: 31 Julio 2009

Sinopsis

De Disney y Pixar nos llega “Up”, una comedia sobre un vendedor de globos de 78 años, Carl Fredricksen, quien finalmente consigue llevar a cabo el sueño de su vida al enganchar miles de globos a su casa y salir volando rumbo a América del Sur. Pero descubre demasiado tarde que la mayor de sus pesadillas se ha embarcado también en el viaje: un explorador llamado Russell, que tiene 8 años y un optimismo a prueba de bomba.

Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

La sinopsis que aquí se adjunta se olvida de mencionar un elemento que el eje mismo de la travesía del viejo Carl y su pequeño compañero, elemento que a su vez vuelve especial a esta hermosa producción de Pixar. El elemento en cuestión es la historia de amor de Carl y su mujer, y la necesidad de Carl de emprender esa aventura como un modo de despedirse de su compañera de toda la vida.

Los primeros minutos de Up resumen absolutamente todo. Lo primero que vemos es a un niño Carl admirando en el noticiero cinematográfico la figura del aventurero Muntz. Luego se encuentra casualmente con Ellie, una niña que también fantasea con una vida de constante aventura, y en cinco minutos, la enorme pericia narrativa y visual de Pixar nos revela la vida de amor que unió a Carl y Ellie, desde el casamiento, el trabajo y la cotidianeidad que obligaron a ambos a postergar sus sueños, la felicidad que los unió pese a no poder concretar sus anhelos más grandes, incluyendo el de tener hijos, y la pacífica vejez que compartieron hasta la partida de Ellie. Estos pocos minutos no sólo logran afirmar la base sobre la cual se apoyará la aventura, sino que consiguen demostrar que el elíptico (para el espectador) amor de Carl y Ellie, que luego se reafirma lógicamente como un “amor en ausencia”, es mucho más fuerte, más sobrecogedor que el supuesto romance que construyen casi todas las comedias románticas americanas de idénticas fórmulas y mediocres resultados. Antes que nada, Up es una conmovedora historia de amor, de un amor que define una vida, un espíritu de aventura dormido, una casa en las nubes (en cada mueble, cada objeto que allí habita puede distinguirse el amor de los dos), o mejor dicho, es una conmovedora historia de amor y de cómo guardarlo en la memoria de la mejor manera posible, con la desgarradora pasión que ello conlleva, despidiéndose de los objetos, y grabando en el corazón el recuerdo de la persona amada.

Up está mucho más cerca de la luminosidad de Bolt que de la poesía post-apocalíptica de Wall-E. Sin embargo, al igual que esta última, Up es un texto que apunta especialmente al universo adulto. A diferencia de Wall-E, donde la relación entre los dos robots lograba que la potencia de la animación no requiera de diálogos, definiéndose mucho más como un film para adultos que para público infantil, en Up la aventura no tarda en aparecer, con villano despiadado, animales que hablan (aunque sea mediante un dispositivo creado por el villano de turno), y niño compinche, y por más que la aventura sea mínima comparada con la conmovedora historia de amor que subyace, se nota la necesidad de que este film no prescinda de la típica aventura con el sello Disney.

Podría decirse que los minutos dedicados a describir la historia que une a Carl y Ellie, son comparables a las escenas que plasman el vínculo de los dos robots en Wall-E. Up podría prescindir del resto, principalmente de la aventura, por más que se sustente en la historia de amor. Aclaro, no es cuestión que prescinda en sí de la aventura, sino de lo que ella conlleva, de la acción, el villano, los animales buenos y malos, etc. Naturalmente, se entiende que Up necesita de esos elementos pedestres y pueriles para poder funcionar en la taquilla, pero detrás del manto Disney, se nota, como siempre, la fina y aguda mirada que sustenta el espíritu Pixar, mirada que en el caso de Carl, se asemeja en su cadencia a la del viejito con su juego de ajedrez en Geri’s game, bellísimo corto de Pixar realizado hace doce años y ganador del Oscar. Carl, al igual que aquel anciano, se apropia del ritmo de su película de manera completamente inusual para una película animada infantil, en este caso con Russell, el niño explorador que lo acompaña, como un equilibrio perfecto para la narración.

Up quiere decir arriba, pero no refiere especialmente a la aventura aérea con la casa sostenida por globos y atravesando las nubes, una de las imágenes más afines a la “magia Disney” que el grueso de las imágenes producidas bajo esa factoría. Up remite particularmente al estado anímico que le inspira a Carl la aventura y la compañía del bastante idiota pero siempre positivo niño, dos elementos incapaces de llenar en Carl el vacío que dejó la ausencia de Ellie, pero capaces de conseguir que ese amor tenga el mejor y más inspirado de los finales, en una película que parece perderse en la aventura infantil, pero jamás desdeña la fuerza de la reflexión acerca de la vida y el amor, encarnados en la pequeña figura del viejo Carl, un héroe completamente inesperado para el público infantil, pero mucho más luminoso que la gran mayoría.


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