Archivo para la categoría ‘General’
Abril 15, 2011 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Parece que había burbujas en el aire. Ni cuenta me dí. Como siempre, nunca.
Inmensa necesidad de ser el mar, el viento o algo que se le parezca a la libertad. No me vengan con alas porque ya las tengo. Me falta cielo, me sobra envión.
Quiero hacerme grito y bostezar en un lugar donde mi ausencia no le duela. Me. Tu.
Tan básico como ridículo. Tan mío que me duele regalárselo a las palabras. Extraordinariamente algo. Más.
No hablo de amor. Apenas hablo de lo que conozco.
Abril 7, 2011 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
No hubo una vez nada. Ni brujas, ni hadas, ni abracadabras. Absolutamente nada.
En este cuento (si es que se le puede llamar así a esto) ni corrió el rumor de fantasía.
O sí. No lo recuerdo.
Los muros de papel dijeron cosas que las personas callaron. Y así nos fue.
Hablando de callar, te vas una y otra vez.
Innecesario y antiguo sentimiento.
¿Está en tus planes existir?
Abril 4, 2011 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Fantaseo con cuadernos de hojas amarillas y con la letra de mis mejores épocas. Fantaseo con leerme y encontrarme escondida detrás de un poema que no hable de vos. Mejor que no hable más nadie porque ya no escucho lo que alguien quiere decir.
Me amenazan con ser importantes. Jamás le tuve miedo a los platónicos, para amenazas ya me tengo a mí misma. Así que gracias, pero no. Me quedo en Abril toda la vida.
Junio 17, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Deprimido de tanto escuchar a las paredes haciendo eco de aquel triste final, viendo reflejada en las ventanas la última mirada helada de su amor agonizante, el techo comienza a llorar junto con el día. Y ella, que fue de noche desde el momento en que él cerró la puerta, aún no consigue llover. Y se mojan la alfombra y la risa del destino mal educado, que visita sin llamar antes y no le da tiempo de limpiar sus angustias pasadas por agua sucia de ayer.
Su techo se deprimió, ebrio de dolor ajeno, no cesa de llorar agua que no le pertenece. Ya quisiera ella agrietarse de esa forma y llorar aunque sea en blanco y negro, y no en ese silencio azul.
Por eso su techo le presta la lluvia que le prestan, porque sabe que esa voz polvorienta está por toda la casa trabando puertas y ventanas para que su grito no se confunda con el viento helado de las penas de los vecinos que poco saben de techos solidarios.
Estas lágrimas que no son suyas, destiñen esas líneas rojas y amarillas que algunas noches simulan un cuerpo, las cuales deberían desaparecer en un fondo de escaleras, así ella sube y se mimetiza con su techo nostálgico y hace el intento de olvidarlo desde arriba. O desde donde sea, pero no desde este lugar nefasto en donde él todavía desata tormentas.
Es cuando lloran los techos que ella se da cuenta de que son las 3 de la mañana, y que éste es su horario preferido para extrañar, si es que acaso los techos tienen horarios… Los tengan o no, son siempre puntuales, porque llueven cada vez que el aire se le seca de dolor.
Abril 12, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Coincido con Isabel Allende en que no existe nada más aburrido que escuchar los sueños ajenos. Y es que claro, uno mientras los cuenta tiende a reproducirlos nuevamente en la imaginación (lo cual provoca el doble de euforia) y tiene la certeza absoluta de que le fue conferido el poder de instalar al pobre oyente en ese mundo delirante, aquel en el que se desarrolló el sueño en cuestión. Pues nos enteremos de una vez de que esto no es así. Es terriblemente aburrido escuchar los sueños de los demás.
Así y todo he decidido inaugurar la categoría “sueños” de mi blog. En el párrafo anterior quise ser honesta; probablemente lo que sigue a continuación les resulte tortuosamente aburrido, pero para eso existe el libre albedrío. Son libres de continuar leyendo mi mundo favorito (el de los sueños, claro) o de seguir con lo que sea que estaban haciendo. Saben que no me ofendo.
En esta categoría voy a relatar aquellos sueños que sean recurrentes o que me hayan dejado obsesionada. Mis sueños no son normales, de esto me di cuenta hace tiempo. Es por ello que cuando me levanto anoto en un papel las palabras clave para después escribir en un cuaderno el sueño completo así no olvido ningún detalle, ya que muchas veces me dan ideas para escribir historias.
Bien. Cada vez que decido contar uno de mis sueños cinematográficos intento posicionarme en el lugar del espectador, porque de otra forma todo esto no tiene sentido ni gracia ni nada. La pregunta que siempre me hago es ¿y qué les importa a los demás lo que yo haya soñado? Y la respuesta también es la misma cada vez: un carajo.
Sin embargo acá estoy, con una introducción innecesaria que intenta demorar mi salto en paracaídas hacia la paciencia de todos ustedes. Pasemos entonces a mi sueño de la aldea (escenario que se repite una y otra vez en mis sueños). A continuación transcribo textualmente lo que está escrito en mi cuaderno de los sueños.
En la aldea es día de feria. Una gran cantidad de personas adornan el verde paisaje con sus puestitos artesanales, ofreciendo diversas curiosidades a los aldeanos que paseamos con gestos de asombro.
El tiempo histórico debe ser aquel en el que todavía no existían las ciudades ni los jeans, ya que todos nos conocemos y además vestimos raro.
Yo estoy mirando con alucinación un reloj de pared de tela verde con dibujos de tortugas rojas expuesto en el puesto de una dama negra muy simpática, quien se encuentra felicitando a un señor que se le acaba de acercar para contarle a los gritos que ha heredado una gran suma de dinero. Este señor trae su fortuna en las manos para que la gente le crea. A los pocos minutos, se acercan al puesto dos hombres que me generan desconfianza, y comienza a desesperarme la absoluta seguridad de que van a robarle el dinero al hombrecito. Así es que resuelvo arrebatarle a éste el manojo de billetes con la intención de salvarlo de un asalto inminente, y una vez que lo hago salgo corriendo heroica. Mi comportamiento despierta más preguntas que aplausos, y yo no hago más que aclarar que no me estaba robando nada, sino que estaba evitando que el señor sea asaltado. Pero nadie parece creerme, por lo que deciden someterme a juicio allí mismo. Retiran los puestos de la feria y me ubican en el centro del campo frente a unas treinta personas sentadas en sus sillas para juzgarme; entre ellas puedo divisar el rostro serio y frío de un hombre que conozco y lo odio por estar ahí.
Finalmente me sentencian a no sé muy bien qué, pero al parecer se trata de algo muy injusto ya que yo me rehúso a cumplir mi condena alegando con todas mis fuerzas que yo sólo intenté proteger al maldito señor. Al pronunciar esas palabras, todos comienzan a mirarme sorprendidos por haber puesto en duda la sentencia del jurado e inmediatamente después abandonan sus asientos y empiezan a correr asustados hacia sus respectivas casas. Puedo verme a mí misma observando el accionar de los aldeanos sin comprender su alteración, y al mismo tiempo comienzan a sonar campanadas fúnebres. Luego de unos segundos de plena confusión, logro recordar todo. En la aldea, las campanadas significan el tiempo de vida que le queda a un acusado luego de discutir con un jurado. La edad de esta persona determina la cantidad de campanadas que sonarán en total, y el acusado debe estar fuera de la aldea para siempre antes del último campanazo, ya que de lo contrario sucede algo muy malo (no pude alcanzar a saber qué).
Al recordar ésta política, comienzo a correr desaforada y totalmente ajena a la cantidad de campanazos que me quedan. Mis piernas quedan paralizadas (sí, yo también esperaba algo más original de mi inconciente) y entonces me dejo caer rendida a una muerte segura. Al sentir que voy a morir, comienzo a mirar para los costados y escucho “la voz de la naturaleza” (sí, sí) diciéndome que me levante así me puede ayudar. Así lo hice y se desató un viento furioso, seguido por un mar violento que se formó exclusivamente para que yo nade rápido hasta el próximo pueblo. Estoy nadando, por fortuna nado muy bien, aunque me sigue faltando mucho para salir de la aldea. De repente pasa por mi lado el mismo hombre que descubrí en el juicio, quien tiene el poder de caminar sobre el agua. Histérica y asombrada le pido por favor que me ayude, pero él sólo alcanza a mirarme de reojo para decirme de mala gana: despertate.
Obediente como soy, me desperté. Permanecí nerviosa durante un par de minutos, y lo único que me llamaba fuertemente la atención era la participación de este hombrecito en mi sueño, la cual puedo resumir diciendo que sólo apareció para juzgarme al principio y para abandonarme al final. Y es que a veces mi inconciente confunde los sueños con la realidad.
Primer sueño de la categoría. ¡Perdón si quedó largo!
¿El título? Ni idea, empecé así el escrito y ahí quedó. Mis disculpas por haber pecado de Infobae.
Abril 8, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Tengo que compartir esto porque me dejó estupefacta.
Primero lo primero:
Tengo dos trabajos, a los 23 años decidí ingresar al mundo del stress. En realidad, al decir “tengo dos trabajos” puedo estar dando la impresión de que ambos son estresantes. Déjenme aclararles que no es así. Mi trabajo número uno es lo mejor del mundo y el único que disfruto de verdad. Soy fotógrafa en un estudio de diseño y es realmente divertido; es, lisa y llanamente, aquello que realmente me gusta hacer, por lo tanto no me estresa en absoluto.
En cambio, mi trabajo número dos podría ser realizado perfectamente por una jirafa (la de mi texto), ya que mi tarea es vender (ni siquiera eso, sólo despachar) comestibles típicos de Córdoba. En ese trabajo mi jornada es de 4 horas. Sí, no es mucho tiempo, pero les juro que no sé en qué universo paralelo se encuentra mi stand porque el tiempo allí no transcurre como en el universo normal.
Es precisamente en este último trabajo que dispongo de mucho “tiempo libre”, es decir, son 4 horas que utilizo para leer (uf, innumerables problemas me trajo éste hábito con mi jefa, ya que cada vez que ella llegaba de sorpresa, yo estaba leyendo), para comer (si me aburro me da hambre), y por último para escribir. No puedo evitar caer a mi trabajo con mi cuaderno y mi libro de turno, aunque últimamente las novelas fueron sustituidas por los malditos apuntes de la facultad. Todo lo que está escrito en este blog (y en mis otros espacios) fue escrito primero en mi cuaderno en el stand y después pasado a la pc, ya que jamás voy a dejar de escribir en papel.
Bien, hace unos días estaba escuchando en mi trabajo número dos un tema que me hizo pensar y escribir lo siguiente:
“Los letristas contra nosotras”
No soy para nada feminista, es más: en algunas cuestiones estoy mucho más de acuerdo con los hombres que con las de mi género. Sin embargo, hace unos minutos en un rato libre que encontré, me descubrí analizando los tópicos recurrentes de algunas canciones populares y me topé con un recurso que parece haber sido utilizado por muchos letristas a modo de éxito infalible: las mujeres y su insania mental.
En primer lugar la tenemos a la pobre de Penélope que deliraba en el andén, sentada para toda la eternidad en el banquito de la estación con su bolso apolillado de siempre y su convicción de que todos los días era domingo. Aunque también debemos reconocer que el muchachito que se fue le llenó la cabeza con lo de “esperame, ya vuelvo”. Tan loca la hicieron a Penélope que la infeliz no pudo ni reconocer al amor de su vida tras el paso del tiempo. Penélope es, a mi entender, la más loca de las canciones de locas.
Le sigue sin dudas la del muelle de San Blás, que debe haber sido muy amiga de Penélope porque de otra forma no me explico de dónde sacó la idea de plantarse en un muelle a esperar a que el otro salame vuelva. Y acá tenemos de vuelta al hombrecito mentiroso que se va en su barquito y jura volver. Al menos en esta canción vinieron los del manicomio a intentar llevarse a la loca, no así con Penélope que la dejaron postrada en ese banco del demonio. Aún así, la loca de Maná no corrió la misma suerte que la de Serrat, ya que la primera esperó por nada; sólo para ganarse el rótulo de la loca del muelle de San Blás.
Dejando un poco de lado a las desquiciadas, tenemos también el caso de las mujeres que actúan de idiotas en las canciones. Tal es el caso de la muda de Los Ladrones Sueltos. Aunque considero que el pibe también era un zopenco, ya que si la mina no hablaba nunca era porque, naturalmente, era muda. Así y todo durante toda la canción la mina nos parece una idiota total, por más que en el final se nos revele que era muda.
Pero volviendo a las locas ¿qué es esta fijación de los letristas con nuestra tendencia a la locura? Todo bien, sé que somos más proclives que los hombres a perder la cabeza por estupideces, pero qué sé yo, no recuerdo ninguna canción que relate a un hombre totalmente loco, un hombre que por ejemplo despida a su novia en la parada del colectivo y momentos después se gane el rótulo de “el loco de la parada del A6” porque la mujercita no vuelve.
Me parece que los que escriben canciones ya abusaron mucho de nuestra insania, habría que darle paso a la locura masculina… si quieren yo empiezo, conozco un par de desquiciados que serían material de grandes éxitos.
Esto fue lo que escribí en el stand. Como no estaba terminado, cuando llegué a mi casa quise encontrar más canciones que hablaran sobre mujeres locas. Me senté en la pc, abrí Google y puse “canciones de mujeres locas” y apareció lo siguiente:
“La mujer – Opinión – Las locas de las canciones
Así que bueno, estoy harta de ‘las locas de las canciones‘. Porque me parece un personaje ridiculizado hasta el infinito, y porque siempre son mujeres. …”
Sin poder creer lo que estaba leyendo, entré a la página y mi sorpresa fue aún mayor cuando leí el texto completo de esta señorita (¡me plagió con 3 años de anticipación!).
Ahí estaba lo mismo que había escrito esa tarde en el stand, pero con algunas diferencias. ¡Se darán cuenta de que hasta comenzamos el relato de la misma forma!
En fin, el de ella es muy, pero muy gracioso así que quiero dejarles un link para que lo lean porque realmente vale la pena, las expresiones que usa son muy divertidas y su escrito es mil veces más entretenido que el mío.
http://www.ciao.es/La_Mujer__Opinion_943137
Sigo sorprendida por esto. Quise dejarle un comentario contándole todo el asunto, pero tenía que ser miembro para poder comentar. Así que me hice miembro, pero cuando quise dejar mi comentario me apareció un cartelito que decía que primero debía escribir una opinión mía sobre algo. Mi paciencia llegó hasta ahí. Quizás otro día investigue mejor la página y pueda contarle a Lorena (así se llama esta chica) que sin querer plagié su idea. Cosas que una hace sin saber…
Abril 3, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Ella se aferra, como siempre, a las palabras.
Comienza a escribir cualquier cosa que se parezca a la sensación que la atormenta hace ya unos días. Si bien no espera que alguien la lea (mucho menos que alguien la entienda) pone punto y aparte en el primer párrafo, y decide extenderse en el segundo.
Ella sabe que el contenido debe ser interesante y no como en el resto de sus escritos. Tiene el material, el dolor, las ideas… pero el canal, o mejor dicho las palabras, aún se resisten.
Él, Ego, lee aburrido esperando algún detalle llamativo; se pregunta si vale la pena seguir leyendo algo que no tiene forma. Pero al verse nombrado en el texto, no duda en continuar la lectura. Ego vive tan errado que sólo le basta con sentir que esto puede llegar a tratarse de él para dedicarle su absoluta atención.
Y ella, tonta como siempre, así lo ha decidido. Aunque a su vez, viva como pocas veces, nunca revelará la identidad de Ego.
Ego, mientras se devora estas palabras, repite que lo que lee le parece cada vez más estúpido.
Ella, segura de estar diciendo lo correcto, encierra entre comas la nada que rige su vida.
Ego aprovecha para sentirse importante una vez más.
Ella aprovecha para aclararle que esa nada no tiene que ver con él.
Ego no entiende.
Ella sonríe. Sabe que el exorcismo está sirviendo. Ego ha dejado de ser importante. Le perdió el respeto para siempre.
Ego, fastidiado, comienza a morderse los labios al mismo tiempo en que murmura que ella es una estúpida.
Mientras él sigue leyendo, ella se pregunta si Ego estará entendiendo el mensaje.
Ante la duda, se le ocurre escribir: “¿Qué se siente saber que inspiraste un texto tan aburrido como éste?”
Y Ego, que nada sabe de sentimientos, jamás entenderá la pregunta. Sólo sonreirá creyendo que, al fin y al cabo, formó parte de un escrito. Quizás debería saber que dicho escrito me fue encomendado bajo la regla: “escribe un texto de no más de 25 renglones inspirándote en lo más tonto que se te ocurra”.
Así que muchas gracias “Ego”, el haberte conocido me salvó las papas.
Marzo 17, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
La ventaja de leer noticias de este tipo mientras uno desayuna, es la de obtener la gran y muy oportuna dosis de humor matutina que a todos nos hace falta para empezar el día. Cuando quieran hacerlo, los invito a que visiten el sitio de Infobae en cuyo pié de página se encuentra la eterna sección bizarra del diario, la cual me ha llevado a calificar dicho periódico como el menos serio a mi humilde entender; no sólo por su aburrida táctica de colocar titulares extravagantes para atraer un sinfín de lectores (quienes ni bien leen la noticia completa caen en la cuenta de que ésta no tiene mucho que ver con lo que decía el titular) sino porque además la redacción es desastrosa. Parece que los redactores escriben las notas creyendo que su teclado tiene una bomba de tiempo o algo así, ya que no sólo existen vergonzosos errores de ortografía sino que además los signos de puntuación parecen no tener un papel demasiado importante en el diario. Pero en fin, entiendo que no soy experta en el asunto, pero sí como lectora me gustaría poder leer una noticia sin tener que fruncir el ceño cada dos palabras mal escritas.
Dicho todo esto, llegamos a la conclusión de lo boluda que soy al seguir leyendo Infobae. Pero es como les dije al principio: para mí es como leer tiras cómicas.
Hace unos días casi me atraganto con mi desayuno a causa de la “noticia” de turno. El dato proviene de Sarpourenx, un pueblito de Francia de 260 habitantes. Sin dudas el alcalde de dicho pueblo sabe perfectamente qué hacer ante una situación de crisis; al parecer al señorito le basta con imponer una ley que le salve el pescuezo y problema resuelto, aún cuando su determinación sea tan ridícula e inverosímil que bien podría ser utilizada como material para un libro y de los buenos (quizás Saramago se la veía venir).
En el cementerio del pueblo en cuestión ya no queda lugar para más tumbas (semejante enunciado me provoca escalofríos ¿son 260 personas y ya no quedan tumbas?). La situación llegó a tal límite que el alcalde, a modo del clásico “pido gancho” en el juego del “viejito”, decidió nada más y nada menos que ilegalizar las muertes. Así es, si te morís en Sarpourenx no te das una idea del bardo judicial que les dejas a tus seres queridos.
El mismísimo alcalde se defendía de las futuras carcajadas que provocaría su determinación diciendo: “puede resultarles gracioso, pero este es un problema serio”. A ver, Sr. Alcalde, claro que el problema es muy serio… el tema es que hay que salir con resoluciones serias para que a nosotros no nos resulte gracioso, porque de otra forma deberíamos golpearlo por ignorante. No puede pretender seriedad cuando a su ley de “a no morirse” le falta el cartelito de “hasta nuevo aviso” (léase hasta que alguien con capacidad e inteligencia tome las riendas del asunto).
Qué más quisieran los 260 habitantes de Sarpourenx que se haga realidad la ficción de Saramago, que de repente todos dejen de morir y al incompetente que tienen de alcalde lo sustituya la mismísima maphia. Pero hasta entonces los franceses viven la idea de la muerte con una preocupación extra; los pobres ya no pueden ni morirse tranquilos.
Qué genial sería que al día siguiente de haber ilegalizado la muerte, al alcalde se le acerque su asistente y le diga: “Sr. Alcalde, no murió nadie”
¿No?
Marzo 7, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
Así encabeza un diario la noticia acerca del resultado de la investigación de un conjunto de “expertos”, cuya especialidad parece ser la de hacer de algo tan lindo como lo es el beso, un motivo más para que las personas no vivan la vida como se debe.
Según estos hombrecitos, cuando nuestros queridos Felipe y Ramona se besan “apasionadamente” (entre comillas, así no peco de cursi) sus cuerpos comienzan a experimentar una serie de procesos químicos, los cuales llegaron a ser ridículamente comparados con una sobredosis de anfetaminas.
Según otros expertos en el análisis racional del beso, cuando el mismo está siendo practicado, comienzan a elevarse los niveles de sustancias y hormonas de las dos personas implicadas en el asunto, así como también aumentan su frecuencia cardíaca y presión arterial. Nada relativamente novedoso en este último párrafo.
Pero la nota concluye con algo que resume a la perfección lo absurdo de la cuestión: “Un beso podría ser el causante, incluso, de un desmayo”.
Señores, ya lo saben. Todos aquellos que sean propensos a los desmayos manténganse alejados de la boca de su pareja. Usted, quinceañera que disfruta de la noche besando extraños, sepa que a su rutina de sábado se le acaba de sumar la rutina del desmayo inminente. Usted, amigo personal, a quien se le ha hecho costumbre desde los 13 años jugar al “rey manda” con sus amigas para conseguir un beso de la más histérica y de forma absolutamente legal, tenga a mano en su próxima reunión los elementos correspondientes para socorrer a la bella durmiente de turno.
Porque así están las cosas. No sólo tenemos que acostumbrarnos a los cambios que se van generando en el mundo de todos los días, sino que ahora también debemos adoptar la costumbre de besar cautelosa y desapasionadamente a nuestro compañero para evitar un desmayo. Imagine nada más la situación: usted se está casando, el sacerdote pronuncia las palabras de la víspera del beso, su novio la besa y ¡bang! Usted fue a parar al suelo y la magia al carajo.
Los científicos ya no saben qué investigar, se quedan sin tema y ahí es cuando se les ocurren cosas como el asunto del beso. Si nos descuidamos, en cualquier momento van a revelar qué consecuencias nos trae el hecho de estornudar cerca de nuestra pareja.
Y dentro de poco, como están las cosas, va a salir al mercado una pastilla que va a evitar los desmayos durante un beso. Y las mujeres la llevarán en sus carteras y los hombres en sus billeteras, por si acaso. No vaya a ser cosa que después de histeriquear toda la noche al señorito/señorita se le ocurra desmayarse.
Pero a todo esto, si no hay desmayo… ¿pasaría a ser ésa la forma en que uno deje al descubierto que el beso no fue nada del otro mundo? Bueno, mejor nos vamos preparando, porque de ése pensamiento posiblemente nazca la conducta de “fingir” el desmayo para evitar que la otra persona se sienta mal. Y entonces, cuando menos lo esperemos, el beso va a dejar de ser lo que es, para convertirse en contenido de un tubo de ensayo, en donde los “especialistas” depositen la verdadera esencia del sentimiento, para luego congelarlo en un freezer junto con sus emociones y obtener, finalmente, los resultados que seguramente afirmarán que viviendo la vida de esa forma, no nos va a quedar otra que morirnos de sobredosis de nada.
Febrero 27, 2008 | Por cotizarazaga | # Enlace permanente
- No, Felipe, el problema son las certezas.
- ¿Y cómo va a ser eso un problema? Agradecé que tenés certezas, Ramona.
- ¡Haceme el favor de explicarme cómo se te ocurre agradecer las desgracias! Carajo, que todos tienen razón cuando dicen que te faltan dos o tres hileras para la tapia.
- ¡Y dale con eso de la tapia! ¿Querés saber cuál es tu problema? Te altera los nervios la idea de que mientras vos te ahogas en un vaso de agua, yo vaya nadando en mares de simplicidad absoluta.
- No seas estúpido Felipe, sabés que me encanta el mar. Lo que me saca de quicio es lo simple de tus reveladoras soluciones a mis inquietudes complejas.
- ¿Ves lo que te digo? Hace más de diez renglones que estás dramática.
- Es que me gustaban mis preguntas, mis dudas. Hoy sé tanto…
- Yo te dije que tomaras algo para tu timidez estomacal, Ramona.
- No hay nada que tomar, Felipe. Mi alegría se disfrazó de fantasma y no consigo sacarle el disfraz.
- Es por eso mismo que las alternativas que están a mi alcance, a fuerza de mi necesidad de sostener los niveles de coherencia de esta conversación que bien parece un diálogo entre sordos, son directamente proporcionales a tus niveles de optimismo. Entonces, evidentemente dispongo de un estrecho canal de opciones en cuanto a ayudarte, Ramona.
- Hacé algo por tu vida y tomá nota de mis tristezas así después escribís un libro. Empecemos por lo fresco. Emociones encontradas: la felicidad de haber tenido un sueño tan real, y la tristeza de una realidad que poco tiene que ver con lo soñado. Otra noche mentirosa. Otra mañana de verdad.
- ¿Querés que escriba un libro o que me quede dormido oyendo tus cursilerías, Ramona?
- Ay, Felipe. No hacés más que darme la razón.
- Si mis bostezos te resultan claras señales de que tenés razón en los disparates que decís, pues tendrás razón de que tenés razón.
- Siendo así, no pienso callarme.
- Y ése es el problema.
- No, Felipe, el problema son las certezas. Y si hay algo que me indigna es tener la maldita certeza de que voy a conocerte de nuevo.
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