Belleza Americana II: posibles respuestas

MODELOS

Salvo raras excepciones ya mencionadas en la entrega anterior, los medios de comunicación en América Latina siguen exhibiendo como modelos para sus publicidades(1) a personas con rasgos físicos caucásicos variando esta realidad conforme a las particularidades de cada región aunque no así la tendencia, que parecería ser siempre la misma.
Cabe aclarar que la mayoría de las personas con otro origen étnico que logran aparecer como cara visible de alguna publicidad poseen, en definitiva, rasgos caucásicos o se acercan llamativamente a ese modelo.
En realidad, pertenezcan a una u otra etnia, los modelos de “belleza”, hoy por hoy, siguen siendo en su mayoría los que presentan los rasgos mencionados, incluso, mas allá del color de piel: Nariz estrecha (y, en lo posible, recta), boca pulposa pero no demasiado grande, corte de cara tipo europeo y, lo más destacable, un conjunto (más allá de los rasgos puntuales ya mencionados) que termina siendo muy parecido al caucásico. Por sólo mencionar un ejemplo, las / los modelos negras / os y latinas / os mas famosas / os cumplen con ese casi lombrosiano “requisito” (el caso de las / los modelos brasileras / os o argentinas / os constituye un ejemplo más que elocuente).


APROPIACION

¿Qué nos sugiere esta realidad?

¿Por qué sucede esto si la belleza, como se explicó en la entrega anterior, no es algo unívoco, algo “dado”, o algo “naturalmente” intrínseco a una determinada etnia?

La explicación más satisfactoria, en el caso del grueso del continente americano (en realidad este marco puede extenderse a cualquier parte del globo), es la que nos habla de la apropiación que sufrieron los pueblos originarios en manos de los conquistadores europeos.
Recordemos que la apropiación, además de aplicar dentro de la estructura sobre de los medios de producción, tiene su correlato superestructural, tanto sobre los medios coercitivos como (y, especialmente en referencia al tema que nos convoca), sobre los medios para producir significaciones, imprescindible dispositivo para la naturalización de realidades construidas(2), (sean estas injustas o no) y la reproducción del sistema.
En líneas generales, el apropiador europeo de la “conquista”, con el fin de justificar sus horrores (despojo, genocidio, esclavización, encomienda, etc.) se sirvió de una definición deshumanizadora del originario a medida que iba actuando en consecuencia.
Recordemos que no es frecuente que las personas que se reconozcan en faltas graves como el despojo y el genocidio; Hasta el mismísimo Adolf Hitler, mal que nos pese, fue un ser humano que tuvo que recurrir a una construcción discursiva determinada del “otro” (deshumanizadora) para poder llevar a cabo sus horrores, no solo sin miramiento alguno, sino también haciendo un auto alarde de liderazgo “heroico” y “salvador” de Alemania, despojando desde el discurso al judío (definido por la propaganda nazi como un ser extremadamente inteligente “para la maldad”, ergo, “inferior” en cuanto a todas las características que conforman “lo humano”) de los atributos humanizadores.

En otras palabras; Estamos hablando, pues, de una construcción discursiva operativa (se despoja –antes o después-, se define desde el poder negativamente a la víctima, se logran consensos, y se actúa en consecuencia) que se fue reproduciendo (y perfeccionando conforme a la aparición y optimización de los dispositivos técnicos de comunicación) en la medida en que los pueblos originarios y sus descendientes mas o menos directos fueron conminados violentamente a ocupar generación tras generación los lugares mas bajos de la pirámide social.
Por supuesto que hoy no se los extermina en masa, directamente (aunque las balas y el hambre pongan en tela de juicio esta afirmación) y tampoco se los esclaviza (explícitamente)
Se los excluye y, para peor, se los convence de que eso es lo “dado”, lo “natural”.

Recordemos, por poner un solo ejemplo, que los inmigrantes de origen europeo, en nuestro país, si bien no fueron apropiadores directos, tuvieron muchísimas más oportunidades de progreso por el solo hecho de pertenecer a la etnia “ganadora”. El mismo Domingo Faustino Sarmiento junto con los positivistas de la época, siempre con la mirada puesta en Europa y ostentando ese desprecio por lo autóctono tan característico de la clase dominante argentina, propicio la inmigración europea y blanca.

Ese desprecio fue traspasando a todas las generaciones y a toda la sociedad (subalternos y hegemónicos) trasladándose a todas las esferas de la praxis humana, incluidos lo medios de comunicación masivos (resorte clave del poder hegemónico actual), a pesar de cierta (y aparente) revalorización de “lo autóctono” operada “ad hoc” por algunos intelectuales nacionalistas del llamado “Centenario” , voceros de las élites aterrorizadas ante la realidad de una importación de ideologías “exóticas” que acarrearon los inmigrantes consigo a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX (2), “revalorización” cuya fragilidad e impostura quedó evidenciada a partir del advenimiento de Juan Domingo Perón, período en el cuál el desprecio de las clases dominantes hacia “cabecita negra” (heredero étnico del originario cualquiera sea su grado de “mestización”) volvió a manifestarse en las clases dominantes con renovado fervor para terminar de instalarse definitivamente en nuestro país.

Con respecto al negro, sucede lo mismo; En los países americanos dónde esta etnia tiene fuerte presencia, queda relegada (salvo las excepciones ya mencionadas) a ocupar los lugares más bajos de la pirámide social. En países como el nuestro cuya presencia no es notoria, en cambio, el negro suele tomarse como algo exótico y no sufre el mismo nivel de discriminación que padece el “cabecita negra” de origen americano ya que (por el momento: veremos que pasa en unos años con los actuales inmigrantes pobres de origen africano que están arribando a nuestras tierras) no se lo asocia con la miseria y la exclusión.

Cada vez que hablo de este tema me resulta imposible no evocar una imagen que tuviera a Bob Marley como protagonista quien, con espíritu conciliatorio y pacifista, logró que los dos candidatos políticos rivales (enemigos, en realidad) más importantes de Jamaica se dieran la mano arriba del escenario en medio de un recital.

¿Y qué corno tiene que ver Bob Marley con el tema que nos convoca?, preguntarán, no sin razón, ustedes…

Nada; Simplemente que los dos candidatos a detentar el poder eran blancos, dato para nada menor, teniendo en cuenta que el 91% de la población de Jamaica es negra (y no mestiza, que sólo suma el 6% de la población. Negra)…

RESULTADO

Por una parte, tenemos que los operadores publicitarios (y sus clientes) necesitan, evidentemente, que el consumidor se identifique con el modelo que proponen sus publicidades para que devenga en comprador efectivo del producto que su clientela pretende vender o colocar en el mercado.
Por otra parte, constituye una realidad empíricamente constatable que los Originarios y sus descendientes mas o menos directos ocupan hoy, en su mayoría, los lugares mas bajos de la pirámide social mientras que, como contrapartida, los lugares mas cercanos a la cúspide quedan por lo general reservados a las personas con rasgos físicos similares a los de los otrora expropiadores europeos (basta con visitar un barrio humilde y un “Country” y hacer la comparación pertinente).

Esta es una realidad innegable, pese a que muchos declamadores de (entre otros recitados) “deseos de paz entre los argentinos” pretenden que no existe o le dan mínima importancia.

La pregunta se cae de madura…

¿Acaso a algún operador publicitario (cualesquiera sea el lugar jerárquico que ocupe dentro de la empresa) se le ocurriría pensar en utilizar como modelo a personas identificadas mayormente con la miseria, la pobreza y la exclusión?

En caso afirmativo

¿En que situaciones podría darse tan excepcional elección?

¿Cuál sería el rol de dicho modelo dentro de la narrativa de la publicidad?

Hurgando por Internet, encontré una “excepción bastante elocuente…

Espero vuestras consideraciones.

En la próxima entrega, algunos ejemplos.

(1) Cabe destacar que no solo sucede en el ámbito de la publicidad. Nótese esta “selección” cuasi menguelística en programas televisivos ficcionales, especialmente los que están dirigidos a un público adolescente y pre-adolescente.

(2): A raíz de un comentario muy lúcido posteado en la entrega anterior, es mi deseo aclarar que en ningún momento concebí a las culturas como algo “autónomo”.
En rigor a la verdad, debo decir que tampoco las forjé como algo “no autónomo”
En realidad no hablé de “autonomía”, hablé de una cultura como algo identificable en un momento determinado, dando por sentado que la “cultura” es fruto de otros encuentros o “choques” culturales anteriores y que las sociedades protagonistas de estas “colisiones”, a su vez, también fueron producto de otras oposiciones culturales previas (y así, sucesivamente).

Sin embargo, esta acertada observación me llevó a reflexionar sobre tan interesante cuestión.

Si nos remitimos a los trobbiandeses (antes del contacto con el europeo) estudiados por Malinowski, o a ciertas tribus que hasta el siglo XX jamás tuvieron contacto (en apariencia) con el “afuera” (algunas pequeñas tribus del Amazonas, por ejemplo) debo decir que antes del contacto con los europeos dichas sociedades podrían considerarse como “autónomas” aunque siempre es discutible, especialmente, por las consideraciones mencionadas más arriba y por otras que explayaré a continuación.

Ahora bien, si nos consignamos a los sucesivos desplazamientos de poblaciones (desplazamientos “internos” respecto del “afuera”) previos al período de colonización, no. En ese caso no se podría hablar de “autonomía cultural” y mucho menos, si consideramos el período posterior a la “colonización”. Por supuesto que en pleno siglo XXI ya es casi imposible hablar de esta “autonomía”.
Es harto difícil, además, definir los límites de una cultura determinada y en qué medida están o no prefijados por otras culturas por más que al observador externo se le aparezca ésta como un sistema cerrado, coherente, y autónomo.
Una sociedad que para un observador externo puede pensarse como artífice de “una cultura” tal vez (lo más probable, según ya me pronuncié) sea el resultado de confrontaciones culturales “internas” y anteriores.
De todos modos, es claro que en el caso de las culturas precolombinas, éstas fueron absorbidas y suprimidas por el despojador europeo y jamás se podría hablar en este caso de “autonomía”. Al menos, no luego de dicha “pugna”.

Por eso no está de más aclarar que cuando digo:

“Si tenemos que la belleza y las cuestiones estéticas son algo relativo a cada cultura:”

y luego formulo una serie de preguntas que cuestionan cualquier tipo de “autonomía” (como bien señaló en un paréntesis quien me hizo la acertada observación,) estoy dando por sentado que esa cultura incluye la posibilidad de ya estar configurada anteriormente por oposición a otras.

La palabra “relatividad” lejos de sugerir “autonomía” fue incorporada para proponer la idea de que la belleza no es algo “dado”, patrimonio de origen
“natural” o “divino” de una sociedad con una cultura determinada, sino que es una construcción, una “verdad” del poder, retomando la idea de Focault respecto de la relación entre “Saber” y “Poder”. Una construcción del poder de cada sociedad, entendiendo a esa “cultura” como el resultado de otros contactos precedentes entre otras culturas.

Más allá de la aclaración, de esta reflexión florece una interesante pregunta.

¿No se podría, tal vez, (y en especial para facilitar el análisis), hablar de una suerte de “autonomía relativa”?

Especulemos un poco.

Muchos pueblos precolombinos sufrieron confrontaciones culturales internas. Es claro que en este caso, como ya lo mencioné, no se puede hablar de “autonomía”.
Sin embargo, frente al invasor europeo, si se podría hablar de un bloque, de una “cultura precolombina” o anterior a ese momento, vale preguntarse

¿Hasta que punto constituiría una torpeza hablar de “autonomía” para designar un conjunto de sociedades con rasgos comunes en oposición a otro conjunto de sociedades (las europeas) con otros rasgos comunes?

¿No podría hablarse en estos casos de cierta “autonomía relativa” (“relativa” o “en oposición” a esa “otra cultura” también con rasgos comunes propios”)?

Desde el mismo momento que estamos hablando del despojo estamos hablando, en este caso, de un “choque de culturas” ergo de, en principio, “dos culturas” identificables antes de esa “colisión”; En este nivel de análisis no sería ocioso, se me antoja, hablar de cierta autonomía.
Si, además, nos remitimos a los nefastos resultados podemos identificar a dos grupos (son más en realidad: los africanos arrancados de sus tierras y esclavizados no escapan a esta realidad) bien definidos, más allá de sus configuraciones previas; los pueblos precolombinos, por el lado de las víctimas, y los expropiadores, por el lado de los victimarios.
Es más; De no poder recortar un “momento” cultural con cierto grado de autonomía sería muy difícil trazar la oposición con otra cultura: Todo quedaría relegado a una sucesión de colisiones culturales, todas ellas de idéntico valor, con origen en tiempos inmemoriales, haciendo imposible un análisis tan importante como el que da cuenta del despojo padecido por las culturas precolombinas, despojo cuyos resultados (volviendo al tema que nos convoca) podemos observar en nuestros días.

Lamentablemente no dispongo de mucho tiempo para socavar esta interesante especulación (bienvenidas más consideraciones, por supuesto)

De todas maneras, me parece un punto asaz interesante para profundizar y, se me ocurre, dicha profundización podría venir de la mano de las llamadas “lenguas aisladas” (las que se estima, no tienen ningún parentesco con otras) y, por supuesto, de una operación por parte del analista de un viaje a un pasado bastante remoto.

Agradezco sinceramente la atinada observación (y espero muchas más consideraciones de esta índole) ya que me permitió aclarar cosas que, al presuponer atolondradamente que estaban comprendidas en mi discurso, no aclaré en su momento de manera más precisa, además de dejarme reflexionando acerca de necesidad de establecer un recorte espacio temporal a la hora del análisis, para otorgar a una “cultura” el grado de “autonomía relativa”, condición de posibilidad imprescindible para dar cuenta de las características y resultados de la “colisión cultural” que se estudia en particular.

(3) Con respecto a este tema, cabe realizar dos consideraciones de vital importancia ya que explican las razones por las cuales esta “revalorización” no tuvo mayores impactos en lo que a la operatividad del discurso hegemónico respecto del originario y los resultados que aún hoy pueden observarse concierne:

1) Dicha “revalorización” del gaucho y lo autóctono en oposición al “gringo” o “inmigrante” en pluma y voz de estos intelectuales (Rojas, Galvez, Lugones, entre otros) pocas veces puso el acento en la rebeldía, característica insoslayable del gaucho montaraz y el indio bravío, pero ciertamente execrable para las clases dominantes que intentaron combatirla encarnada, en ese momento, ya no en el criollo o el aborígen sino en el inmigrante rebelde (anarquistas, socialistas, comunistas)

Como bien señalan Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano*

“…Un nuevo sentido, sin embargo, irá cristalizando poco a poco en torno a esta palabra (“gaucho”) un sentido que evocará valores y virtudes positivas y cuyo término contrapuesto será el de “gringo” o “inmigrante” (…) generosidad, desinterés e, incluso, disposición para la vida heroica (gaucho) se contraponían a la imagen de una laboriosidad sin elevación, afán de lucro, y mezquindad (“gringo”)…”

2) Como ya se señaló, esta revalorización de “lo autóctono” y “lo tradicional” ensayada por estos intelectuales del llamado “nacionalismo cultural” resulta en oposición y reacción a los (según esta óptica) “males propios de la inmigración” y nada tiene que ver con un afán reparador de injusticias ni con una reivindicación de la rebeldía de las montoneras; la estructura de dominación mudo momentáneamente de “enemigo” como respuesta a las exigencias de una coyuntura determinada, pero jamás se apuntó a una modificación de sus basamentos fundamentales

De hecho, dentro de la bolsa de la construcción de ese mito, en el marco de un pastiche ideológico muy interesante desde el punto de vista del análisis, se llegó a reverenciar por igual y a elevar a un mismo pedestal a José Hernández (“El payador” Lugones) y a Sarmiento, algo impensable algunas décadas atrás.

Según Malinowski ** el “mito”, lejos de tener un valor científico, es una resurrección de una “realidad primordial” que aparece en función de satisfacer distintos tipos de necesidades; Religiosas, morales, sumisiones sociales, etc.
Tomando la idea de Malinowski, Sarlo y Altamirano sugieren, muy atinadamente, que a partir de estas necesidades urgentes ante los peligros de las “ideologías extrañas” y otros “peligros disolventes” foráneos es que se recupera esa “realidad primordial” para construir el mito de la estirpe, de la raza, de la tradición (despreciada décadas atrás como “barbarie”)

Por supuesto que el tema de la configuración del llamado “nacionalismo cultural” argentino de principios de siglo XX excede con creces estas humildes páginas, pero no sobra destacar que es un tema más que interesante para quienes deseen profundizarlo.

* Sarlo – Altamirano, “La Argentina del centenario: Campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos”

**Bronislaw Malinovski, “El mito en la psicología primitiva”

Nota: Posteado por primera vez el 19 Nov 2008 acá Versión ampliada y rectificada previa resignificación producto de los debates que se dieron oportunamente.

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, , popol-vuh dijo

Agradezco la gentil devolución y paso a dejar constancia de todas las ideas y objeciones que me han ido surgiendo a medida que leía la parte en la que he sido interpelada.

C: “En realidad no hablé de “autonomía”, hablé de una cultura como algo identificable en un momento determinado, dando por sentado que la “cultura” es fruto de otros encuentros o “choques” culturales anteriores y que las sociedades protagonistas de estas “colisiones”, a su vez, también fueron producto de otras oposiciones culturales previas (y así, sucesivamente).”

P: Bien, malinterpreté entonces el concepto de “relativo” porque leí el texto por arriba (las excusas no se imprimen) De todos modos no estoy de acuerdo con esta definición de cultura que vos hacés ¿Encuentro, Choque? Mmm, otras palabras elegiría yo: invasión, subordinación, interpentración, conflicto,conquista, dominio, represión, contención, resistencia etc. Si la memoria no me falla como diría Thompson, la cultura es un campo de cambio y de contienda, una palestra en la que intereses contrarios hacen raclamaciones opuestas (casi textual). O en su defecto, sin dudas mi favorito, Stuart Hall quien define a la cultura como un campo de lucha.
De manera que no es lo mismo hablar de cultura en plural que en singular y ahí nos tendriamos que poner de acuerdo que se define por cada cosa.
Cultura, en el sentido de cada cultura en particular considerada como un sistema de creencias, practicas y costumbres remite más a la palabra tradición, que connota cierto aspecto de fijación y de elementos ya arcaicos. Definición que también podría ser discutida pero desde mi perspectiva, cultura sugiere cambio, movimiento, y si si quiere, lucha cotidiana.

C: “Si nos remitimos a los trobbiandeses (antes del contacto con el europeo) estudiados por Malinowski, o a ciertas tribus que hasta el siglo XX jamás tuvieron contacto (en apariencia) con el “afuera” (algunas pequeñas tribus del Amazonas, por ejemplo) debo decir que antes del contacto con los europeos dichas sociedades podrían considerarse como “autónomas” aunque siempre es discutible, especialmente, por las consideraciones mencionadas más arriba y por otras que explayaré a continuación.”

P: Quiero aclararte antes de avanzar en tu escrito. ¿Cómo podés remitirte a los trobbiandeses antes del contacto con Malinowski? Acá hay para mí una cuestión clave. Cultura es cultura porque alguien la nombra como tal, es un acto de nominación a través del cual se ejerce ya una violencia simbólica. Y entonces me pueden decir, violencia que hay que ejercer necesariamente para conocer, y yo digo “es posible”. Viene Malinowski con su cuaderno y nos dice “acá tengo la cultura de los trobbiandeses”. Y dice tienen sus propias costumbres! sus propios valores! , rituales,practicas etc, y seguido de esto: los trobbiandeses son una cultura “atrasada” (digo esto a modo de ejemplo)*. Atrasada desde la perspectiva dominante que es la que los define.
La cultura dominada NO EXISTE si no es por oposición a aquella que la define, que al mismo tiempo es frente a la cual consigue su propia afirmación.
*La cultura es definida finalmente por la carencia desde una postura miserabilista que solo ve lo que falta. Hay un muy recomendable texto donde Grignon y Passeron dialogan sobre esto criticando la postura legitimista de Bourdieu. Los autores proponen analizar la cultura dominada con los capitales de la cultura dominante, aun a riesgo de ser tachados de dominomorfistas, con tal de salir del dominocentrismo.Lo que en definitiva ellos quieren, es darle “status” de cultura a la cultura popular , mejor dicho establecer la continuidad del espacio social y cultural. No puedo explayarme en esto porque sería un comentario para el record guiness por lo extenso.

C/P:De lo que sigue, vos decis “en pleno siglo XXI”/ yo digo desde siempre.

C: “Es harto difícil, además, definir los límites de una cultura determinada y en qué medida están o no prefijados por otras culturas por más que al observador externo se le aparezca ésta como un sistema cerrado, coherente, y autónomo.
Una sociedad que para un observador externo puede pensarse como artífice de “una cultura” tal vez (lo más probable, según ya me pronuncié) sea el resultado de confrontaciones culturales “internas” y anteriores.
De todos modos, es claro que en el caso de las culturas precolombinas, éstas fueron absorbidas y suprimidas por el despojador europeo y jamás se podría hablar en este caso de “autonomía”. Al menos, no luego de dicha “pugna”.

P: Si hablamos de límites sociales y culturales, no es tan difícil en la tarea de un analista cultural. Sin ir más lejos, ya que lo nombré, Thompson analiza la cultura plebeya de inglaterra en el siglo XVIII dando cuenta de las relaciones que se establecen entre los plebeyos y las clases dominantes; la penetración del incipiente capitalismo en sus vidas cotidianas; los rasgos de esta cultura que aparece como tradicional y rebelde a la vez, ya que se rebela al sistema economico impuesto pero para hacerlo recurre a rasgos de una sociedad más paternalista, a la costumbre. Otra vez me extiendo por demás…
Coincidimos, como ya lo dije antes, con la falsedad de un sistema cerrado, coherente etc.
No me gusta la palabra confrontación (que conste que cuando digo no me gusta no es un capricho estúpido, es que prefiero utilizar otros términos que ya dije antes). “Al menos” NO, insisto con mi postura, ni antes ni después de dicha pugna.

C: “estoy dando por sentado que esa cultura incluye la posibilidad de ya estar configurada anteriormente por oposición a otras.”

P: Quito esa posibilidad, “ya estar configurada”, si ya lo estuviera la lucha y el cambio no tendrían sentido.

C: “La palabra “relatividad” lejos de sugerir “autonomía” fue incorporada para proponer la idea de que la belleza no es algo “dado”, patrimonio de origen
“natural” o “divino” de una sociedad con una cultura determinada, sino que es una construcción, una “verdad” del poder, retomando la idea de Focault respecto de la relación entre “Saber” y “Poder”. Una construcción del poder de cada sociedad, entendiendo a esa “cultura” como el resultado de otros contactos precedentes entre otras culturas.”

P: ¿Me querés decir que no es un valor absoluto. Que cada cultura define sus patrones de belleza? Si me decís que sí, tengo una respuesta similar a la dada en el comentario anterior, producida aquella en base al concepto de hegemonía gramsciano como habrás notado. Si vos me decis relatividad en el sentido que x definición es relativa a cada cultura, que define con sus propios parámetros, lo que es belleza y lo que no al interior de su comunidad, puede ser aceptable. Pero estamos hablando de un concepto hegemónico de belleza en el primer escrito. De ahí mi observación, que bien puede ser discutida, y aplastada sin miramientos. Tengo cierta resistencia a cambiar de opinion, lo que se llama terquedad, pero puedo convencerme finalmente.

C/P: Pero por fin, coincidmos: No se puede hablar de autonomía! Tené en cuenta que voy parte por parte leyendo, porque de lo contrario perdería todas las ideas que me quedan en el camino y me complace comentar.

C: “Hasta que punto constituiría una torpeza hablar de “autonomía” para designar un conjunto de sociedades con rasgos comunes en oposición a otro conjunto de sociedades (las europeas) con otros rasgos comunes?…”

P: Con todo lo que sigue en tu escrito, tengo problemas también. Principalmente con la metáfora del choque, por todo lo que expresé anteriormente. Una cosa es hablar de “autonomía relativa”(cosa que me niego) con la cual se cae en el riesgo de aceptar cierto relativismo, o supongamos que estudias la cultura popular, en el mero populismo. Y se deja afuera el conflicto. Ninguna de las dos culturas, vamos a decirle así, es autónoma. Están en relación, no en choque. Puede tener, vamos a aceptarlo para no renegar más, cierta autonomía relativa frente a determinadas prácticas o visiones, pero no está por fuera de relaciones de poder y de conflicto desde el momento que se define por oposición a un bloque de poder que la nombra, sea para suprimirla, sea para, una vez suprimida, transformarla en una reliquia. En suma, el relativismo cultural, en rigor de verdad, en los análisis culturales borra o desdibuja los conflictos que se establecen entre las diferentes culturas. Te acepto sin ganas y como para ir terminando hablar de “autonomía relativa” sin perder de vista la dominación.
En el momento que vos decidis hacer el recorte como analista, ahí mismo queda claro que la cultura dominada nunca puede hablar por sí misma. Vas a poder producir un saber conjetural, y nada mas que conjetural, teniendo en cuenta las influencias recíprocas entre esas culturas que se oponen. Y en este momento recuerdo estudios realizados sobre culturas dominadas en la Edad Media (por el recorte temporal te lo menciono) hechos desde la Modernidad.
A ver, no hay posibilidad de dos culturas autónomas porque entre ellas siempre hay circularidad, y prestamos. Circularidad que deja ver las asimetrías, es decir las relaciones de poder que se establecen. No estoy diciendo que una cultura subordinada no sea “cultura”, pero sí que no puede leerse por fuera de la dominación.
Por lo tanto, no estoy de acuerdo como verás con este tema de la autonomía, a menos que discutamos sobre el concepto “autónomo”, que podría llegar a clarificar el debate.
Aunque se me puede decir, qué es entonces la cultura dominante? Lo dejamos para otro capítulo, tampoco es autónoma, pero tengo el presentimiento de que me fui no ya por las ramas sino por las raíces.
Sintetizar es algo que no practico a menudo. Mis más sinceras disculpas, por eso y por si hice una lectura demasiado desviada de lo que querías decir o en lo que estabas pensando. A esta altura no reviso, por temor a tener que corregir demasiado.
Con respecto a la extensión, también pido disculpas, ocurre que es un tema que me interesa bastante.

, , cosmocosme dijo

Popol: Afortunadamente, todavía queda espacio para el intercambio de ideas serio y responsable. Es por ello que, pese a abstenerme de comentar en los últimos tiempos, te responderé por esta vía.
Vale la pena, y de sobra.

P: “¿Encuentro, Choque? Mmm, otras palabras elegiría yo: invasión, subordinación, interpentración, conflicto,conquista, dominio, represión, contención, resistencia etc.”

C: Completamente de acuerdo salvo en una cuestión: “conflicto”,”conquista”, “dominio”, “represión”, “contención”, “resistencia” por un lado, y “choque”, “colisión”, “pugna”,etc, por el otro; no son términos excluyentes.
De hecho; en el post “Belleza Americana II: posibles respuestas” propiamente dicho, las “respuestas” son justamente la dominación y despojo.

Fijate:
Popol dice: “desde mi perspectiva, cultura sugiere cambio, movimiento, y si si quiere, lucha cotidiana.”
Cosmo dice: “La explicación más satisfactoria, en el caso del grueso del continente americano (en realidad este marco puede extenderse a cualquier parte del globo), es la que nos habla de la apropiación que sufrieron los pueblos originarios en manos de los conquistadores europeos”

Yo veo mucha coincidencia entre una idea y la otra.

P: “La cultura dominada NO EXISTE si no es por oposición a aquella que la define, que al mismo tiempo es frente a la cual consigue su propia afirmación.”

Completamente de acuerdo.
Sólo diré que ningún analista está exento de la observación que hiciste sobre Malinowski.
Ninguno.

P: “Quito esa posibilidad, “ya estar configurada”, si ya lo estuviera la lucha y el cambio no tendrían sentido.”

C: En esta si que no coincido. El “ya estar configurada” implica luchas y cambios anteriores. El sentido se revela (y construye) cuando el analista recorta un punto / momento determinado de esa “cultura” en oposición a otra. Al menos es lo que quise decir.

P: “. Si vos me decis relatividad en el sentido que x definición es relativa a cada cultura, que define con sus propios parámetros, lo que es belleza y lo que no al interior de su comunidad, puede ser aceptable.”

C: Me refiero exactamente a eso mismo Popol. Fijate que las preguntas posteriores que formulo tiran por la borda toda idea de “definición por propios parámetros” ajena a la cultura “opuesta”

P: “Te acepto sin ganas y como para ir terminando hablar de “autonomía relativa” sin perder de vista la dominación.”

C: No creo en la autonomía. Si me gusta especular (aún dando por sentadas, momentáneamente, cosas con las que no coincido, por muchos motivos que van desde someter a crítica mi propio marco interpretativo hasta pasatiempos retóricos.) y, entre mi especulación y tu último aporte entiendo que ha aparecido una síntesis interesante:

“hablar de “autonomía relativa” sin perder de vista la dominación.”

P: “No estoy diciendo que una cultura subordinada no sea “cultura”, pero sí que no puede leerse por fuera de la dominación.”

Coincido y, a la vez, no coincido…
“desigualdad” y “diversidad” (desde el punto de vista de la construcción de la “otredad”) y según mi justiprecio, no se excluyen: Se complementan (limando algunas asperezas, seguramente)
Y sé que me estoy metiendo en un berenjenal…
Yo creo que desde una aproximación completamente formal (Levi Strauss) puede darse cuenta de la diversidad cultural. Eso no quita que no se pueda dar cuenta, a su vez, de la desigualdad (producto del despojo y la dominación intra e inter cultural)
Para mí, las culturas son diversas (abstractamente) y diferentes (desiguales) por apropiación (empíricamente).
Me explayaría más pero hoy no tengo más tiempo.

Me gustaría, Popol, si tenés tiempo, tu opinión acerca del post propiamente dicho, más allá de los pie de páginas.

Te mando saludos y agradezco tu inteligente intervención (algo cada vez más escaso por estos lares).

, , popol-vuh dijo

Que tal cosme, gracias entonces por la respuesta.
Sobre las notas al pie no voy a extenderme más, porque creo que en general coincidimos. Se podría seguir discutiendo ya que la discusión de fondo sería desde donde cada uno toma esos conceptos y que objeciones o críticas han recibido esos mismos conceptos de las distintas perspectivas teoricas. Como vos decis, nos meteríamos en un berenjenal que costaría mucho tiempo atravesar. Tiempo que corre más rápido de lo que uno quisiera a veces.
Sobre el post en particular, estoy totalmente de acuerdo con todo lo que decís, no obstante creo que si te interesa ampliarlo puedo agregar algo. Se trata de que en este tema en definitiva estamos hablando del cuerpo y de las relaciones de poder que lo atraviesan: Foucault. A quien veo que mencionaste y tal vez te importe. En este sentido conceptos como Biopolítica o Biopoder servirían para ver muchas otras cosas aparte de la cuestión de clase propiamente dicha. Fijate que además de lo que mencionás, aparte de bellos esos cuerpos siempre son Saludables.
Análisis que si yo tuviera tiempo lo haría con gusto pero no puedo por el momento. Te lo dejo como apunte por si te surge interés, y seguire con las lecturas, en la medida que las propongas, y con mis humildes aportes.
saludos, y gracias.

Pd: por si te interesa, si no clickeo en tu avatar no me aparece tu post y tus comentarios
en el costado derecho donde aparecen las publicaciones de los “amigos”. De hecho, a la hora de tu comentario yo estaba en linea y no lo vi. No sé si me expliqué. No importa, es lo de menos, saludos.


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