Junio 23, 2011 | Por patriciamg | # Enlace permanente |

Cuando regalamos un perfume, muchas veces, somos inconscientes de lo que hacemos.
Creemos elegir una esencia porque sencillamente nos agrada, nos parece apropiada o conveniente para él o la destinataria.
Pero estamos haciendo mucho más: estamos transmitiendo algo de nuestro patrimonio de sensaciones, aprendidas alguna vez, recordadas, olvidadas, recuperadas repentinamente en un jardín, relacionadas tal vez con algún afecto familiar, vueltas a olvidar, recuperadas otra vez en un shopping, y ahora elegimos una de ellas “porque nos gusta” y se la ofrecemos a nuestra amiga para su cumpleaños.
Es que este proceso espontáneo de selección, en realidad es un largo camino inconsciente que hemos recorrido desde nuestra infancia y está relacionada con nuestra memoria olfativa, sensitiva, que a su vez, está relacionada con nuestras experiencias afectivas.
Un perfume, un aroma, es la casa de nuestra abuela, es el jardín de nuestro ex novio, o el perfume de mamá.
Pero otras veces, está memoria está dormida, obstruída, olvidada o bloqueada, también por nuesta historia. Porque a veces no queremos recordar lo que sentimos, recordar a nuestros seres queridos que hemos perdido, y dejamos, entonces, de sentir nuestros recuerdos.
Es común que algunas personas nos digan que tienen “mal olfato”. Cuando en realidad lo que tienen es un bloqueo de sus emociones.
Entonces cuando regalamos esencias nobles, frutales, florales, cítricas, dulces, herbales, amaderadas, etc, estamos induciendo a alguien a que vuelva a sentir….y a recordar.
Y también a que enriquezca su campo perceptivo con esencias que, nunca tuvo oportunidad de percibir. Estas esencias, luego, relacionadas con sus nuevas experiencias, pasarán a constituir parte de su historia.
Y al regalar una esencia a un bebé, estamos también estimulando sus percepciones y con ellas, sus emociones. Un aroma, percibido a una edad tan temprana es una huella en su aparato psíquico, imborrable.
Por eso, regalá esencias buenas, graticantes. Cuando elijas un perfume, sé consciente de que este inocente regalo, si es de mala calidad, puede agredir sensitivamente o puede elevar su patrimonio cultural.
Parecía una elección inocente. No lo era. Como casi ninguna elección lo es.
Que estés bien

Patricia
Ciudad de Buenos Aires
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