¿Qué es la elurofilia?
No, no es ninguna enfermedad extraña. A los que busquen algo así, les pediré que no sigan leyendo.
La elurofilia es, ni más ni menos, el amor por los morrongos. Los gatos domésticos, los felis doméstica, los misos, los mishos, los michifuces, los morrongos. En una palabra, la pequeña fiera que tenemos en casa. La palabrita proviene del griego: “ailurós“, gato y philia: afición, amor.
No sé por qué tardé tanto tiempo en dedicarles un post. Los amo incondicionalmente, y a medida que va pasando el tiempo me doy cuenta de que voy camino a ser una “vieja de los gatos”: esas ancianas un tanto patéticas y algo locas que dan de comer a los gatos desamparados que viven en edificios públicos, baldíos y hospitales.
Me di cuenta de esto último cuando, en la navidad pasada, que pasé en un hospital de la ciudad de Buenos Aires, “robé” un poco de comida sobrante de la cena, en complicidad con una radióloga que estaba de guardia, para ir a alimentar a unos cuantos morrongarios (éste es un neologismo referido a las poblaciones de morrongos que habitan cualquier lugar) No sé cuántos gatos había, pero a la mayoría los habían castrado y la mujer sabía los nombres de cada uno.
El veterinario que atiende a los míos (a estas alturas ya lo considero mi veterinario) una vez me dijo una frase lapidaria: “A los gatos se los ama o se los odia. No hay un término medio”. No pude más que rendirme ante la evidencia.
Debo aclarar que “los míos” se refiere a mi propio morrongario, de cuyo número no estoy muy segura, ya que hay dos gatas (hermanas, para más datos) que me han abandonado, optando por la libertad. Ocurre que hay un “vecino” que me los mata, de modo que opté por no dejar salir a la mayoría, que ha aceptado de buen grado la situación, lo que no es la norma, como se ve. Hay una frase que dice que los gatos no tienen amos, sólo amigos. Por cierto, a una de esas gatas le llevo comida, porque está viviendo a la vuelta de casa… Es decir que estoy cursando la primera materia para recibirme de Viejita de los gatos… Es “Comida I”… cuatrimestral, y se promociona fácilmente, sin examen final.
A pesar de todo, debemos admitirlo, el espíritu del morrongo es salvaje. Los grandes felinos, esto es, leones, panteras, leopardos, tigres y otros, tienen los mismos hábitos que nuestras fieras de bolsillo: cazan, duermen la mayor parte del tiempo, no se preocupan por nada más que por el hambre aunque los gatos, de vez en cuando, condescienden a darnos cariño a los humanos. Son, como sus parientes, grandes cazadores, y ante nuestra consternación nos dejan en la puerta, como si de trofeos se tratase (para ellos lo son) los restos mutilados de pajaritos y lauchitas.
Esto entra en la supuesta contradicción de que son animales domésticos.
Hay que decirlo: nunca serán mascotas. No son de peluche. Pueden provocar ternura, pero debemos aceptarlos como lo que son, un animal que no ha perdido del todo su condición de salvaje. Esto no pasa con los perros, que son absolutamente dependientes de sus amos. Pero la aparente indiferencia de los gatos es eso: apariencia. No hay mayor placer que acariciar a un gato y sentir que ronronea estentóreamente como agradecimiento, un atributo que no tienen los grandes felinos, que en cambio pueden rugir. Nada es perfecto…
Históricamente, en las primeras civilizaciones agrarias, fueron la mejor protección contra las ratas, y no por nada los egipcios los adoraban como dioses. “Una deidad desdeñosa”, como escribirera Borges en su gran cuento El Sur. Borges era un gran elurófilo, bueno es recordarlo. En realidad, casi todos los escritores lo son y lo fueron. No debe ser casualidad. El silencio, la tranquilidad y la molicie del morrongo son condiciones sine qua non para la creación, ya sea ésta literaria, musical o pictórica.
Espero encontrar a algún elurófilo/a que comparta esta pasión.
Y ya lo saben: los espero dentro de algunos años en alguna plaza u hospital donde se congreguen más de dos morrongos. Les paso el dato, para quienes deseen adoptar alguno, que en el Botánico y en el Parque Lezama existen vastos morrongarios, cuidados por adorables personas que se ocupan de castrarlos gratuitamente, para quien quiera llevarlos a casa.


guau, guau!!!…grrrrrr!!!