Ser docente (público/a) en la Argentina de hoy
Cambian los gobiernos, cambian los ministros, las políticas educativas, nos invaden las nuevas tecnologías, se cae el Muro de Berlín y las Torres Gemelas, pero lo que no va a cambiar es la vocación de los docentes. A pesar de todos los avatares de la historia argentina, ahí están (estamos) y estarán (estaremos)
Lo que ocurre es que la vocación también está dentro de uno, el amor al saber, las ganas de siempre aprender más y transmitir, las fantasías de omnipotencia y de querer que esos chicos y chicas aprendan más de lo que podemos transmitirles. Esta semana empezaron las clases, y también se vieron las evidencias de la precariedad del sistema educativo. Los ciclos lectivos se inauguran con bombos y platillos, los funcionarios bien trajeados con sus hermosos discursos, las directoras, maestras y chicos de punta en blanco, pero lo que hay detrás se cae a pedazos. El estado de algunos edificios escolares es deplorable, no hay libros, ni mapas ni, en muchos casos, escuela. ¿Por qué no se pueden terminar las remodelaciones o ampliaciones antes de que empiecen las clases? ¿Es un deseo para pedir al genio de la lámpara, de tan descabellado?
Pero claro, no pidamos tanto, porque si hay edificio nuevo, no hay bancos ni sillas suficientes para todos los alumnos ni tampoco (¡oh, desmedida pretensión!) un escritorio para el docente. Para que se siente, escriba en el temario, y haga todas las cosas que suelen hacer los docentes en un escritorio.
Y cuando a los docentes, esa gente que, según una arraigada fantasía popular “tiene tres meses de vacaciones”, tiene el atrevimiento de hacer PARO (qué indecencia, señora, con lo que les pagan) no solamente están reclamando por su salario, un derecho que tienen todos los trabajadores, por otra parte. No; la gente olvida, o no quiere saber, que se reclama también por un aumento del presupuesto educativo, para que los chicos coman decentemente en un buen comedor escolar, para que haya un mapa actualizado y puedan aprender cómo es el mundo donde viven, en un aula con luz y calefacción. Esa misma gente ni siquiera se entera, tampoco, de los periódicos “bochazos” de los alumnos que intentan entrar a la universidad, lo que demuestra el fracaso de una Ley Federal de Educación que nació con taras, que se sabía que iba a ser un fracaso pero que se impuso igual (gracias Duhalde) y que dejó en un estado de total desamparo a miles de docentes que perdieron horas y debieron ponerse a trabajar en condiciones paupérrimas. Los chicos que egresan del re-bautizado secundario (ex Polimodal) no son capaces de entender ni mucho menos de producir un texto coherente. Es un grave déficit, que no tiene el eco que merecería. Son analfabetos funcionales, prácticamente.
A pesar de los pesares, aquí estamos, luchando contra la mediocridad, contra la corrupción y el oportunismo de los políticos de turno. Pero ojo, que tampoco somos héroes. Lo que nos mueve es la vocación, simplemente, porque no todos pueden ejercer esta profesión, tan vapuleada. Los tres meses de vacaciones se terminaron hace años, para conocimiento de los desinformados que nos defenestran. En la actualidad debemos estar en las escuelas a partir de la segunda semana de febrero. Son, exactamente, cuarenta días de vacaciones.
Un dato personal: tengo dos títulos de profesorado, y este año voy a encarar la aventura de otro nuevo, esta vez de Geografía. Esto es debido a que el área “Ciencias Sociales” de ESB (Educación Secundaria Básica) se desdobla en Historia y Geografía, y mi título es de Historia. Bueno, en realidad ésa es la excusa. Lo cierto es que, lo confieso, me encanta estudiar. Añoro mi época de estudiante, cuando podía pasarme la tarde en la biblioteca.
Sin embargo, en los peores momentos, cuando nos gana el desaliento, cuando ni siquiera hay tizas, la imagen de Sarmiento sigue ahí, iluminándonos el camino, como una luz en la noche más oscura. Padre del aula, Sarmiento inmortal. No te mueras nunca!
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Myriam: te admiro. Admiro a todos los maestros y profesores que le ponen el cuerpo y el alma a su profesión, tan desvalorizada en los últimos tiempos. Que con pocos recursos pero con tanta creatividad y pasión se las ingenian para llevar adelante su tarea. Quizá no todos sean así, pero hay muchos que conservan la vocación a lo largo de los años. Por suerte.
Yo tuve la oportunidad de trabajar en una escuela primaria y pude ver de cerca la magia que se despliega allí. La energía que circula y lo gratificante que resulta aportar aunque sea un granito a la educación de los chicos. Siempre recordamos a algún maestro que nos marcó, ya sea por que nos contuvo, nos supo transmitir el amor por el conocimiento o tuvo la palabra justa en el momento exacto.
Avanti!. Nunca te rindas!. Me encantó leerte.
Abrazo,
Betu