<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Cortázar alineado</title>
	<atom:link href="http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado</link>
	<description>En el 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué, te pasa, me decía.Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo: Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos...</description>
	<lastBuildDate>Fri, 15 Jan 2010 18:37:50 +0000</lastBuildDate>
	<generator>http://wordpress.org/?v=2.8.3</generator>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
			<item>
		<title>cortazar 3ra vuelta</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/05/cortazar-3ra-vuelta/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/05/cortazar-3ra-vuelta/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 05 Jul 2009 20:40:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[CORTÁZAR 3ra. VUELTA  
  
 1-1971
  
 Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><H2><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">CORTÁZAR 3ra. VUELTA</FONT></SPAN></H2> <P class="MsoNormal"><B><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></B></p>
<p> <P class="MsoNormal"><B><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></B></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">1-1971</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese que siempre hay. Pero me tuve que pasar el 24 y el 31 en Buenos Aires. Solito con hambre y sin nadie que me preste.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">La peor noche fue la del 31. Me la pasé con el pañuelo en la cara. Me puse a hacer lo que más me gusta hacer en la vida. Me entré a dar lástima de mí mismo. Me acordaba de todo lo que había sufrido de chico. De lo solo y sin papito que me había criado. De cómo se me burlaban en el colegio por cómo yo pronunciaba las r y las g. De la primera novia que me había dejado en Parque Lezama.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Empecé el 71 tirado en la cama y seco como un matambre. Escuché varios discos de jazz y me fumé dos atados. Tenía los pulmones hechos una miseria pero me daba lo mismo. Quería estropearme todavía más la vida. Lo que pasa es que yo estaba enojado con la Embajada de Francia. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">No querían habilitarme la plata para el pasaje de regreso a París. Iba todas las mañanas a la Embajada y no me daban nunca una buena respuesta. Yo les decía que tenía la doble ciudadanía y que me dejaran salir de Buenos Aires. Pero ellos me porfiaban que yo tenía que esperar a que pusieran mis papeles en orden para darme el pasaporte. Al final tuve que pasar el año nuevo en Buenos Aires, con el chiste que eso a mí me hacía.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Nunca me gustaron “el primer día del año”. Siempre me ponían nostalgioso. Para colmo ese primero de enero hacía un calor de los cien indios. Decidí no quedarme en casa. Me iba a poner más enojado si me quedaba en casa encerrado. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">A la una de la tarde salí a la calle y empecé a caminar por la Vicente López hacia el centro. No había una sola alma en la calle. Hacía un calor de más de 40. Seguro que todos estarían durmiendo la siesta de la sidra y el clericó. Como andaba cerca de la casa de Borges lo quise ir a saludar. A lo mejor la Japonesa me prestaba algo de plata para aligerar los trámites en la Embajada.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">2-BORGES</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Caminando rápido se llegaba enseguida a lo de Borges. Lo encontré sentado en una silla bajita de mimbre y con la puerta abierta. Se apantallaba la cara con un abanico japonés por el calor que hacía y se había levantado las mangas de los pantalones hasta las rodillas. Yo entonces le podía ver con todo gusto las pantorrillas. Eran unas pantorrillas debiluchas y sin nada de pelo. Ahí corroboré lo que me había contado Astor Piazzolla sobre el verdadero origen de Borges. Pero por qué será que a los indios no le crecen pelos ni en las piernas ni en los brazos ni en la cara. Qué, ahora te vas a poner a pensar en la genética de los nativos del nuevo continente. No, pero de verdad, yo quería saber. Me intrigaba. Qué cosa más rara son los indios. Un día de éstos voy a cazar un libro de antropología para conocer más sobre ellos. De paso lo comprendería mejor a Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Feliz año de la patria, maestro –le dije dando palmas-, y que vivan los unitarios.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Feliz año, Cortázar, y que vivan los federales –me dijo Borges-. Y éntre rapidito que se va a calciná ahí en la calle. El sol pega juertito a esta hora, como comisario pasao ´e copa.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Me sonreí y asentí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Entre que acá dentro da un poquito de vientito fresco y lindo. Sientesé –me convidó Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo me le senté al lado y enseguida me empecé a sentir mejor. Parecía mentira. Pero Borges me transmitía tranquilidad. Tranquilidad y paz.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Está solo, maestro? –le pregunté-. ¿La Sra. se fue?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Sí se jué –me dijo Borges-. María se jué con la mujé de Bioy a inaugurá un taller literario.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo ahí me puse a sospechar como juez al que no le tiraron coima.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿A inaugurar un taller literario en un día feriado como hoy, maestro? –le dije-. Es raro ¿no le parece? Hoy es el primer día del año. Debe estar todo cerrado.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo quería hacerlo sospechar para que el viejo dejara de ser engañado. Me daba no sé qué rabia que la Sra. Silvina y la Japonesa jugaran así de esta forma con la inocencia de Borges y que nada les pasara, que nadie fuera a ponerle los puntos sobre las íes. Más bien que yo quería que pisaran el palito, pero sin que fuese necesario que yo abriese la boca.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Maestro –le dije entonces-&#8230; ¿usted no nota nada de inusual en la relación de su mujer con la Sra. de Bioy?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Inusual di qui? –dijo Borges-. Esas dos chinitas han salío esta mañana bien temprano y aurita mesmo se deben estar asando vivas como dos lagartijas en el barro todo mugriento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Le insistí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Pero es muy habitual que salgan ellas dos solas y juntas, maestro? ¿Y que se ausenten durante tanto tiempo de la casa? Para mí el lugar de una mujer es al lado de su marido. ¿Usted no sospecha que hay algo medio raro detrás de todo esto? Porque no me vendrá a decir ahora usted que piensa que es bueno para su mujer una amistad de este calibre con la Sra. Silvina.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo quería seguir cascoteándole el rancho para que reaccionara su recelo indígena. En una de ésas se daba cuenta de todo y después me lo iba a tener que agradecer. Lo que yo quería era poner un huevo en cada canasta.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Ah! –dijo entonces Borges-. Usté ya sabe cómo son las mujere, Cortázar. Vio que les gusta siempre andar juntándose por ahí pa´ hablar a solas de sus hombres. Y si Bioy no le pone el estribo a su mujé, tonce´ yo no le voy a poner estribo a la mía. A esas dos zonzas les gusta andar puniéndose cintitas en los cabellos y caminar por las calles de Buenos Aires delgaditas de cintura.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Me callé la boca. Me di cuenta que nunca Borges podría llegar a imaginar siquiera lo que le hacían a sus espaldas la Japonesa María, la Sra. Silvina y la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Quiere que le cebe unos mates, maestro? –le pregunté-. ¿O hace calor?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Pero Borges no me contestó.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges me dijo:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Yo sé lo que usté estará pensando, Cortázar: “¿Pero cómo hace don Borges pa´ salí con una chiruza como esa María?”. Lo que pasa es que usté no la conoce bien a María. Lo suavecito y lindo qui habla esa ñata por las noches. Parece un manantial de poesía que reverberase de su boca, mire. Y yo le toco la cabecita a María y le digo: “Usté e´ guena, María, e´ guena. E´ trabajadora.”. Y ella tiene el cabellito suave, suave; y yo le paso la manito así despacio, despacio.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Entonces yo arrimé mi sillita más a la suya y le pregunté:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Y le cuenta historias por las noches, maestro?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Cómo no me va a contá historias! –dijo Borges-. Todas las noches me cuenta historias. Una vez María me contó que ayá en el norte existe un mar inmenso; y que en medio de ese mar existe una islita chiquita que le pusieron el nombre de la islita de la Bretaña. Y parece ser que en esa isla nacieron juntitos los hombres pa´ escribir las cosas que les venían de sus almas. Y dicen que en el norte de esa islita la peonada habla en una palabra; pero que más abajo la peonada habla en otra palabra; y más más abajo todavía hablan en otra palabra.<SPAN>  </SPAN>Y tonce´ yo acá me hago una pregunta y quisiera que alguien juera bueno y me viniera a respondé: ¿cómo hacen esos hombres pa´ entenderse si hablan en diferentes palabras?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No me imagino cómo harán, maestro –le dije-. De seguro deben tener un conocimiento innato, al igual como lo tienen las hormigas y los escarabajos de oro.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Y María también me dijo que en esa islita tienen una reina, qui maneja todas las estancias y los capataces son tuitos buena gente de trabajo, no como acá que son todos subversivos y ponebombas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo ahí quise desviar la conversación más hacia el lado de lo político y lo social. Tenía que aprovechar que no estaba la Japonesa para saber qué pensaba Borges al respecto.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Maestro, ¿usted cree que Perón volverá al país este año? –le pregunté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">3-BORGES Y PERÓN</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Qui va a vení ese cobarde! –dijo Borges poniéndose bien bravo-. ¡Ese no guelve más a este pago! Pa´ mí qui dibería seguí como Presidente el general Onganía; ése sí que e´ guenazo; ¡ése sí qui no le hace mal al pago!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo me estaba muriendo de sed. Y Borges tenía una botellita de agua que tomaba con una pajita. Le daba pequeños sorbitos pero yo no me animaba a pedirle. No me animaba por nada del mundo. ¿Por qué me sentiría yo siempre tan insignificante al lado de ese hombre, que para todo tenía una respuesta, que para todo tenía una explicación siempre a la mano?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Y a qué va a volvé ese Perón al país, digamé? –continuó Borges-. ¿Qui quiere hacé ese mestizo con este país? Nosotros en la Argentina somos tuitos la mayoría descendiente de uropeos y no de indios patasucias como él. Nosotros somos como un paisito de Uropa acá tirado donde el diablo perdió el poncho&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Eso es lo que dice siempre la Sra. Victoria –yo dije-. Dice que nosotros los argentinos somos europeos en un continente de latinoamericanos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Y en eso la cuñada de Bioy tiene tuita la razón –dijo Borges-. No señó, no somos argentino, somos uropeo. Por eso lo echamos a Rozas y por eso también lo echamos a Perón de la tapera en el 55. En el 45 Perón quería que este país juera pa´ los indios salvajes, pero entre los militares y el Jockey Club le cortaron las orejas como a los perros a ese mestizo!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges parecía entonarse de lo lindo cuando se le hacían preguntas sobre el peronismo. Se prendía enseguida y saltaba como leche hervida y le gustaba más que el dulce de leche. Y aunque yo nunca entendí nada de política y nunca me interesó la política argentina, le tiré una para que se distraiga un poco.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Y dígame, maestro –le dije-, ¿qué opinaba usted en los 50 sobre la figura de Eva Perón?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges se encendió como polvorita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Ay esa Perona! –resopló con furia-. ¡Esa Perona era más populachera!&#8230; Ay la rabia qui mi daba cuando la uía por la radio. ¡Hablaba pior de la oligarquía argentina qui de la seca, mire! Y despué se hacía la más dulce que el camote con los cabecitanegra. Pero esa Perona era toda una bandida. No nos quiría nadita a nosotros, porque nosotros somos más blanquitos que la leche y que la cal; y ella era bien negrita del Junín y no tenía abuelitos ilustre ni naides que le venga a estirar el cuento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges se puso a rascarse las pantorrillas con las uñas. Tanto que se las puso coloradas. Se rascaba como si tuviera piojos. Sin duda que el estar hablando de tanto peronismo y tanto cabecitanegra le había hecho acordarse de aquella pensión donde lo mandó el padre a prestarle la plata a Macedonio. Todo lo que me había contado entonces la Japonesa era cierto; y era cierto entonces también que Borges había entrado a esa pensión y que había visto a toda esa gente del interior amontonada ahí adentro y que se había horrorizado, porque había reconocido en los rasgos de aquellos provincianos los mismos rasgos de sus padres reales, según me había contado Astor Piazzolla.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges prosiguió su arenga antiperonista.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Y una invidia nos tenía esa Perona! Porque saía qui la Argentina e´ pa´ tuitos nosotros y no pa´ ellos. Nus echaba en cara qui nosotos éramos de la Sociedá Rural y del Jockey Club, pero nosotros dijimos: “Acá es ellos o nosotros. Y los ingleses con los que quisieron negociá jué con nosotros y no con ellos. Así qui si me apuran que no me quieran sacar gueno porque no respondo de mí si mi impiezo a poner chinchudo”. Yo a esa Perona nunca le creí nada. Por eso le cortamos al marido las orejas como a los perros, pa´ que se escapara en el 55 en barcaza por el Paraguay!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Ahí sonó el teléfono.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">4-BORGES Y UN TELÉFONO</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Borges fue a atenderlo caminando de a tranquitos. El teléfono estaba en una piecita lejana y por eso estuvo sonando tanto tiempo hasta que atendió. Yo vi que Borges había cerrado la puerta de la piecita para atender el teléfono, como si tuviera cuidado que yo no escuchara nada de lo que anduviera hablando. Esto me picó la curiosidad. Yo siempre fui curioso como un gato. Me entraron a dar ganas de saber con quién estaría hablando Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Me fui en puntitas de pie hasta la piecita y pegué la oreja a la puerta. Al principio no escuchaba nada, pero después sentí que Borges dijo:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Sí, mijita, ya le dije yo que está acá. Se lo tengo acá hablando conmigo. Usté quédese tranquila.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">A mí se me pusieron los pelos de punta. Borges estaba hablando de mí con alguien pero yo no sabía con quién. Me empecé a hacer mala sangre y a ponerme nervioso. No me gustaba un pito que hablaran de mí por teléfono. Pero me puse todavía más nervioso cuando escuché lo que viene:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Tá bien, mijita. Yo se lo voy a entretener acá por un par de horas así usté trabaja tranquila. Usté trabaje tranquila allá y no me afloje. Se lo voy a entretené hasta las 5 ´e la tarde.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">El mundo se me vino encima. ¿Por qué Borges tenía que entretenerme hasta las 5? ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué cosas planeaban en mi contra? ¿Por qué me odiaban?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Después sentí que Borges dijo, alzando bastante más la voz:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Usté me está faltando el respeto, mijita! Ya me llamó dos vece viejo puto y no se lo voy a permití una tercera. Todavía qui li hago a usté un favor, usté se me pone a insultá. Yo a este señó se lo entretengo hasta las 5 y despué arréglese usté solita. Ansí que haiga ahí todo lo qui tiene qui hacé todo enseguidita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">No precisé seguir escuchando más. No quería seguir escuchando más. Me negaba a ver que el mundo se me cayera de a pedazos. Que en todo aquello en lo que había durante tantos años creído se desplomase de repente encima mío. Simplemente escapé de la casa de Borges como una especie de autoabroquelamiento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Salí a la calle y me tomé un taxi. Quería llegar urgente a mi casa. Sospechaba algo feo. Sospechaba quién podía ser la persona con la que Borges había estado hablando, pero me daba chuchos de miedo querer darme cuenta. Que me bajaran así del aire de un escopetazo. Todavía no quería pensar nada ni conjeturar nada. Quería nada más llegar a mi casa y afrontar lo que tenía que afrontar. Entré a transpirar muchísimo de los nervios.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Como no había nadie en la calle el tachero nunca sacó la cuarta y llegamos enseguida por Coronel Quijana. Le pagué y no le esperé el vuelto, me bajé del taxi con el pulso latiéndome como a 95 o 100. Ahí nomás cuando vi la puerta me di cuenta que me habían tomado la casa. Habían forzado la puerta a martillazos y a patada limpia al parecer. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Mi casa era de ésas como hacían antes los italianos, en forma de chorizo. De manera que para entrar había que cruzar un pasillito. Después estaba el patio, la cocina y la pieza.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo entré con un miedo terrible.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Pero más miedo me agarró cuando perfilé por el patio. Escuché la voz de la Rusita viniendo desde la cocina. No me cabía la menor duda. Era su voz, entre infantilada y arrabalera. Le estaba hablando bajito a alguien pero ese alguien no le respondía ni parecía llevarle el apunte. Yo me arrimé a la puerta de la cocina que estaba a medio cerrar y ahí la vi: a la Rusita sentada arriba de mi mesa de la cocina con las patitas colgándole como péndulos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> estaba vestida bien de verano, con un pantaloncito corto Adidas, unas zapatillas tipo botitas y una remerita blanca con las letras YPF en rojo sobre el pecho. Se había cortado el pelo al rapé con un flequillo chiquito con el que se hacía un jopo. Estaba comiendo unas manzanas verdes y no dejaba nunca un segundo de mover las patitas colgadas como si fueran hamacas bailando.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Así que vos no seas mongoaurelio –le decía la Rusita a alguien-. Vos hacé todo lo que yo te diga que va a salir todo bien. Yo sé manejarlo bien a este tipo. Cuando yo te diga “Hacé esto”, vos hacelo. Así de simple, no esquivés el bulto. Al final va a salir todo bien, quedate tranquilo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Después se calló. Yo quería que siguiera hablando para saber con quién hablaba y entonces miré por la cerradura para espiar. Pero no vi a nadie.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Me entró a dar corajina. El miedo se me varió por odio hacia la Rusita. “Yo a ésta se las voy a hacer pagar todas juntas”, me dije, “se quiere dar aires de compadrita con todo el mundo pero yo la voy a bajar de un escopetazo”.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Entré a la cocina abriendo la puerta de un golpe.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Cuando la Rusita me vio no se chistó ni un poco. Es más, me preguntó lo más campante qué estaba haciendo yo ahí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Yo vivo acá, Rusita –le dije-, ésta es mi casa ¿no? ¿Vos qué hacés acá? ¿Fuiste vos la que me rompiste la puerta? ¿Vos entraste de prepo acá, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Te traje un regalo, Van Gogh –me dijo queriéndome cambiar el tema-. Por el año nuevo que estamos empezando. Es una plantita de pino. Tené ojo, Van Gogh, que me dijeron en la florería que este tipo de plantitas crece hasta cien o doscientos metros.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo vi que me estaba mostrando una plantita pero que no era para nada una de pino. Era otro tipo de planta; ésta era una de mala muerte.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Vos no me compraste nada a mí? –me preguntó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Dejate de jorobar, Rusita –le dije-, y decime cómo entraste. ¿Con quién estabas hablando vos recién? Acá hay alguien más. Te escuché que le estabas hablando a alguien.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No estaba hablando con nadie, Van Gogh –me dijo-. Estaba cantando. Además estoy sola, no hay nadie acá. ¿Vos el 31 con quién lo pasaste?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> me miró cerrando por un instante un poquito los ojos, como siempre que me estaba mintiendo. Siempre que mentía hacía lo mismo. Yo le conocía todas las mañas a la Rusita. No le tenía ninguna confianza. Sabía muy bien que no le podía tener ninguna confianza a alguien así.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Vos me estás jorobando, Rusita –le dije-, acá hay alguien más –y me fui a la pieza y encontré todo dado vuelta, todo patas arriba; los cajones por el piso, los libros con todas las hojas arrancadas, hasta el colchón lo habían roto tajeándolo con un cuchillo. Busqué y busqué pero no encontré a nadie.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Volví a la cocina y le pregunté:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Vos me tajeaste el colchón con un cuchillo, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me dijo-. Ya estaba todo así cuando yo vine. Parece que vino alguien antes que yo y que no te debe querer mucho. ¿Vos no te estarás haciendo el vivo con alguna casada, no? Mirá si el marido te llegaba a agarrar con ese cuchillo. Ahí sí que la sangre iba a llegar al río. Cuidate, Van Gogh. Mirá que yo no quiero ir a tu velatorio.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Yo no me estoy viendo con nadie –le dije-. Estoy haciendo bien todos los deberes. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Decime, Van Gogh ¿no te quedó algo de sidra mientras como las manzanas? Me gusta acompañarlas con algo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No te hagás la zonza, Rusita. Decime la verdad. Vos lo llamaste por teléfono a Borges recién ¿no?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me desmintió otra vez-. Si yo el teléfono de Borges no lo conozco. Ni siquiera sabía que tenía teléfono. Recién ahora me vengo a enterar. Mirá cómo son las cosas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo dudé.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Para ponerla bien a prueba la ataqué por su punto más bajo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Le dije:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Sabés, Rusita? Me parece que te están pasando por arriba. Hoy la Japonesa María se fue a inaugurar un taller literario con la Sra. Silvina. Perdoná que sea yo el que te lo tenga que decir&#8230; Parece que la Sra. Silvina está jugando ahora ella a dos puntas con vos y la otra.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> hizo como que se iba a poner a llorar, pero después se empezó a reír. Fingió.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No me interesa lo que hagan la Japonesa y Minina –me dijo encogiéndose de hombros-. Además hoy no vine a hablar de polleras.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Ah no? –le dije-. ¿Y a qué viniste, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Hoy vine a hablar de negocios. Negocios nuestros&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Otra vez empecé a sentir chuchos de miedo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me hablás, Rusita? ¿Qué negocios puedo tener yo con vos?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Pensá, Van Gogh. Acordate.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo entré a recular. Tragaba saliva y sentía miedo. La voz me sonó suplicante.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué tengo yo que ver con vos, Rusita? Decime, ¿yo a vos qué te hice? Si yo a vos nunca te hice nada&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Acordate, Van Gogh. Mirá para atrás un poco en tu vida, para ver lo que hiciste.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me tengo que acordar, si yo a vos nunca te hice nada?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Pensá. Ponete a pensar un poco en las macanas que hiciste en tu vida.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Yo nunca le hice ninguna macana a nadie, Rusita, vos lo sabés bien! ¡Vos me querés asustar para que diga cualquier cosa!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Cada uno sabe las macanas que se manda&#8230; por más que se quiera hacer el monaguillo para los demás.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Vos me apurás así para asustarme nomás, ¿si yo cuándo me mandé una macana?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Ahí la Rusita le hizo un gesto a alguien que estaba detrás mío. Le hizo un gesto de asentimiento. Entonces sentí olor a jaula de mono y cuando me di vuelta lo vi al Turquito que me agarraba como un brusco por los hombros y me tumbaba boca abajo contra el piso.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">5-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo llevo dicho más arriba que al Turquito nunca más en la vida me lo había vuelto a cruzar. Pero la verdad es que la cosa fue muy diferente. Ahí en la cocina de mi casa el Turquito me sorprendió por la espalda y me tumbó contra el piso. Mucho trabajo no le costó, porque aunque yo soy bien alto, el Turquito también tenía lo suyo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Se había dejado crecer la melena desde la última vez que lo vi, pero se había sacado la barba y el bigote. Así entonces resaltaban más sus facciones de atorrante y facineroso. La verdad que tenía una cara que te daba miedo si la veías por la calle de noche. Tenía una cara fea, como de salvajón. Y además como era grandote te podías llegar a infartar si te lo llegabas a cruzar a la madrugada por una calle donde no pasara ni un alma. Pero al menos el espíritu lo tenía civilizado. Cuando me tumbó al piso me dijo de inmediato:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Perdonemé, Sr. Cortázar. Yo lamento mucho esta situación.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No te disculpés, Turquito –le dijo la Rusita-. ¿Por qué te le disculpás? Vos acá sos el damnificado. No tenés que pedir disculpas. Este tipo te chamuyó mucha plata y ahora que la devuelva.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no soy una persona violenta, Alejandra –le dijo el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Yo tampoco –dijo la Rusita-. Pero ahora que éste reviente si se piensa que se la va a llevar de arriba. ¿Vos te la pensás llevar de arriba, Van Gogh? Danos la plata que le mejicaneaste al Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata? ¡Yo no tengo nada de plata! –dije tumbado en el piso-. Si hace tres meses que no puedo pagar el alquiler&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Y la plata que yo le di, Sr. Cortázar? –me dijo el Turquito-. ¿Qué hizo con la plata que yo le di? ¿Se acuerda?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo le hablé con voz llorosa, para que me tuviera un poco de misericordia, ya que de la Rusita sabía que no se podía esperar nada bueno.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata me diste vos, Turquito? Si me diste dos pesos&#8230; Hace ya un tranco largo que me los gasté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡No eran dos pesos, Van Gogh! –gritó la Rusita-. ¿Vos te creés que si fueran dos pesos hoy estaríamos acá? Hoy estaríamos en el Tigre tomando sol ¿o no, Turquito?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Alejandra ¿qué querés que haga? –le preguntó el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Buscale la plata en los libros que faltan y después en las macetas. Para mí que éste tiene la plata escondida en las macetas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Yo me puse a llorar de la impotencia.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Ya les dije, hijos de putas, que no tengo más la plata, que me la gasté!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¡Eh, Van Gogh! La boquita. Más respeto –amonestó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no quería que las cosas fueran así –dijo el Turquito-. Vos me habías dicho que el Sr. Cortázar no iba a estar en la casa, Alejandra. Me lo prometiste. Me dijiste que íbamos a poder trabajar tranquilos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Y yo qué culpa tengo si este tipo llegó antes de horario? –se defendió la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Pero a vos no te habían dicho por teléfono que teníamos tiempo hasta las 5? –le preguntó el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> le dio un mordiscón a la manzana con rabia.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué no te callás la boca, Turquito? –le dijo-. Después si hay quilombo lo vas a tener vos con el viejo. No yo. Ya me tienen cansada ustedes. Todo mal hacen.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Después la Rusita le ordenó que me atara las manos con una soga por la espalda. El Turquito la obedeció enseguida y me hizo un nudo de Boy Scout. Después se fue a la pieza a buscar la plata entre los libros. Parece que era la Rusita la que manejaba todo el asunto entonces. A todo esto no se había ni movido de la mesa y pataleaba como una nena de cinco años.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Cuando el Turquito se fue a la pieza le dije:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Dejame ir al baño, Rusita. Tengo sed.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Dejá de jorobar, Van Gogh. Hace cinco minutos que estás tumbado en el piso y ya te querés hacer la víctima como se hacía Aramburu.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Me van a matar? –le pregunté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> abrió bien grande la boca y después hizo una sonrisa chiquita. Estaba peligrosa, me la sabía de memoria. Pero no me respondió. Siguió comiendo las manzanas como si nada. Yo me puse a llorar otra vez. La barba se me humedecía con las lágrimas. Quería desatarme las manos pero no podía. El Turquito me había hecho un nudo bien bueno.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Dejame escapar, Rusita. No los voy a denunciar a la Policía&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué estás yendo todos los días a la Embajada Francesa, Van Gogh? Cada dos por tres vas a esa embajada.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">Me habían seguido los pasos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Quiero que me den el pasaporte para volverme a París –le conté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> entonces brincó de la mesa y puso rodilla en tierra para hablarme al oído. Me susurró apenas para que el Turquito no la oyera desde la pieza.</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Si me decís a mí dónde tenés la plata del Turquito, mañana yo vengo y te devuelvo la mitad. Te doy mi palabra. Así vos te volvés a París con algo de guita y yo me compro lo que me tengo que comprar.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Así? –le dije-. ¿Y qué vas a hacer con el Turquito? ¿Lo vas a matar igual que a mí?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><FONT face="Times New Roman"><SPAN lang="ES">La Rusita</SPAN><SPAN lang="ES"> cabeceó y volvió a sentarse en la mesa. Encendió un pucho y dijo:</SPAN></FONT></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-¿Encontraste algo, Turquito? ¿Qué estás haciendo?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">El Turquito apareció otra vez con unos discos de jazz.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No encontré nada en los libros, Alejandra –le dijo-. A lo mejor el Sr. Cortázar nos está diciendo la verdad y ya se gastó la plata que le di.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-No me hagás reír, Turquito. Qué se va a gastar la plata éste –dijo la Rusita-, si éste es más agarrado con la plata que un judío. Vos no lo conocés.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">-Le encontré estos discos de jazz, Alejandra –le dijo el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN lang="ES"><FONT face="Times New Roman">El Turquito había agarrado mi colección de Clifford Brown. &lt;st1:PersonName w:st=&quot;on&quot; ProductID=&quot;l</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/05/cortazar-3ra-vuelta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/04/cortazar-alineado-3/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/04/cortazar-alineado-3/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 04 Jul 2009 00:20:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[ CORTÁZAR 7ma. VUELTA
 　
 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES
 Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN lang="ES-MODERN"> CORTÁZAR 7ma. VUELTA</p>
<p> 　</p>
<p> 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES</p>
<p> Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella yo todavía estaba en Buenos Aires y no me había podido ir a París un año atrás como lo tenía proyectado. Ni los del grupo de Boedo ni los de Florida me querían dar plata prestada. Así que por eso yo andaba solo por la calle, caminando de un lugar a otro y cruzando las calles sin mirar si venían autos. El odio que sentía por la Rusita y el resentimiento por todo lo que me había hecho me habían convertido en un hombre malo.</p>
<p> Yo antes no era así. Era una persona sensible que se ponía a llorar cuando iba al cine y se interesaba mucho por todas las ramas que tienen que ver con el arte y la literatura. Ahora ninguna cosa me conmovía nada. Estaba hecho una persona vacía y amargada; y me sentía viejo y feo. El haberme juntado tanto con la Rusita me había empujado hasta este rincón. </p>
<p> Aunque la verdad es que hacía varios meses que no la veía.</p>
<p> Por esos días me enteré por la calle que al Turquito lo habían largado y que iba siempre a un bar de la calle Corrientes a tomar café y comer medialunas. Yo me daba una idea más o menos de en cuál bar lo podía encontrar y me fui hasta ahí. Lo encontré en una mesa en medio del bar que estaba lejos de los baños.</p>
<p> Apenas el Turquito me vio entrar se puso de pie y me miró con una mezcla de miedo y tristeza. Para que viera que no me tenía que tener ningún miedo le tendí la mano y él me la estrechó con suavidad para no hacerme doler.</p>
<p> Me le senté en la mesa y el Turquito me convidó con cigarrillos y medialunas. Pero yo llevaba ya varios días sin comer nada y ni tampoco tenía ganas de comer. Parece que el estómago se me había cerrado. Le acepté lo de los cigarrillos porque era con la única cosa que me podía sacar de encima toda la mala sangre que tenía.</p>
<p> -¿Así que te largaron, Turquito? –le dije-. No sabés la alegría que me dio cuando me enteré.</p>
<p> El Turquito se sonrió un poco, como si yo se lo estuviese diciendo de verdad. El Turquito a mí me creía todo y se hacía a la idea de que nosotros dos éramos de alguna manera colegas.</p>
<p> -¿Sabe, Sr. Cortázar? –me dijo-. Cuando estaba adentro soñaba siempre con usted. Pero no me interprete mal, no eran sueños sucios. Eran sueños más bien de relación intelectual.</p>
<p> -¿Por qué me aclarás eso, Turquito? –le dije-. ¿Por qué me aclarás que no eran sueños sucios? ¿Vos te creés que yo soy un malpensado?</p>
<p> El Turquito se puso medio morado y sorbió un poco de café.</p>
<p> -Por ahí&#8230; A lo mejor a usted&#8230; –farfulló el Turquito-. Yo ya me imagino las cosas que Alejandra le debe haber contado a usted de mí. Pero no piense que a mí no me gustan las mujeres. Todas las cosas que yo hice adentro las tuve que hacer por necesidad. Pero cuando estoy afuera soy una persona distinta&#8230; Una persona como todas&#8230;</p>
<p> Yo me reí un poco y parece que le habré contagiado un poco la risa al Turquito, porque ahí mismo él se puso a reír con esa risa de atorrante que tenía siempre.</p>
<p> El Turquito estaba igual a como yo lo había conocido dos años atrás, con mucha melena y barba, y de aspecto gredoso y furtivo.</p>
<p> -¿Cuánto tiempo estuviste encerrado en el fortín? –le pregunté.</p>
<p> -Casi quince meses, Sr. Cortázar. Pero esta vez me pasaron más lentos que las otras veces. Leía mucha filosofía y mucho de astrología, pero igual el tiempo no se me pasaba. Nunca más voy a estar adentro. Ya me lo dije. Antes me pego un tiro en la cabeza.</p>
<p> -¿A vos te atraparon entre Castelar y Merlo, no, Turquito?</p>
<p> -¿Y usted cómo lo sabe, Sr. Cortázar? –me dijo como si estuviera sorprendido.</p>
<p> -¿Y vos cómo pensás que yo lo podría saber? ¿No se te ocurre de dónde me lo pueden haber contado? Me lo contó la Rusita, Turquito. Fue ella la que te delató a vos. ¿O vos no lo sabías?</p>
<p> El Turquito bajó la mirada y unos segundos después dijo:</p>
<p> -Claro que lo sabía, Sr. Cortázar. ¿Cómo no lo iba a saber? Si ella era la única que me podía delatar&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no la delataste también a ella, si sabías&#8230;?</p>
<p> -¿Para qué? –dijo el Turquito con tristeza-. ¿Para qué íbamos a estar los dos adentro? Si con uno que cayera ya bastaba&#8230;</p>
<p> -¿Sabés cuál es tu problema, Turquito? Que vos le guardás mucha fidelidad a la Rusita, y por eso te va como te va.</p>
<p> -¿Sabe qué pasa, Sr. Cortázar? Yo a Alejandra no le puedo hacer nada malo. Cuando salí, salí con la idea de que la iba a matar. Y a los pocos días fui hasta la casa y la vi justo cuando salía. Me parecía mentira, llevaba de una correa a media docena de perros con una sola mano; y con la otra mano fumaba un cigarrillo. Parece que ahora es paseadora de perros. Le deben pagar bien, porque si no Alejandra no lo haría. ¿Se la imagina usted, Sr. Cortázar, paseando media docena de perros? No, si es lo que yo digo&#8230; Alejandra tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> El Turquito se puso a reír; y también a toser mientras se reía. A mí me envenenó la sangre ver que todavía la festejaba a la Rusita. Así que para cortarle de un golpe el chorro de la risa le dije:</p>
<p> -Yo sé todo de la vida de vos, Turquito. No te creás que no me enteré. Sé de los cuchillazos que hubo en tu familia y que vos tenías siete años y que lo viste todo.</p>
<p> El Turquito me clavó una mirada de corajina, pero como estábamos rodeados de mucha gente yo seguí:</p>
<p> -Y sé también que no fue nadie preso en la familia. Que se vinieron todos de Tucumán con el negocio de la trata de blancas y que tu hermanastro Aristegui nunca hizo nada para defenderte, porque no quería andar en cruces con el padre. Y si querés te sigo contando, Turquito, porque la lista es larga; y ya te imaginarás vos quién me lo contó; y vos todavía tenés el descaro de defender a la Rusita y decís que tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> Ahora el Turquito estaba serio. Más serio que triste.</p>
<p> -Yo no digo que Alejandra no sea lengua suelta&#8230; pero todo lo que dice lo dice sin maldad.</p>
<p> -Yo no te dije que me lo contó con maldad; lo que te dije es que me lo contó todo riendosé y haciendo bromas. ¿A vos te parece que todo lo que pasó en tu familia es un tema para contarlo riendosé y haciendo bromas? Y vos todavía guardándole fidelidad&#8230;</p>
<p> 　</p>
<p> 2-EL TURQUITO</p>
<p> Parecía que le había tocado una fibra íntima del corazón, porque permaneció callado durante un buen rato y con la vista gacha.</p>
<p> -¿Vos te sentís bien, Turquito? –le pregunté</p>
<p> -¿A qué vino hoy usted, Sr. Cortázar? –me dijo secamente-. ¿Usted me buscaba para algo?</p>
<p> Yo vi que otra vez me estaba pasando revista con corajina.</p>
<p> Entonces le dije:</p>
<p> -Turquito, vos no te creás que sos la única víctima de la Rusita. Todos los favores que te hizo a vos me los hizo también a mí y se los habrá hecho también a varios. Pero vos me preguntaste yo a qué hoy y yo te voy a contestar: Yo hoy vine para abrirte los ojos, Turquito, y para que le paremos el carro para siempre a la Rusita.</p>
<p> El Turquito parecía no comprenderme todavía bien.</p>
<p> -No vamos a estar solos vos y yo, Turquito –le dije-. Estas cosas hay que hacerlas con mucho cuidado y entre varios. Por eso vamos a invitar a más gente para que venga. Vos sabés que yo tengo contactos con el negocio de la literatura, y les pensaba decir a la Sra. Ocampo y a Borges. Y vos por tu lado le podrías decir a Aristegui para que también nos dé una ayuda. Mientras más personas seamos va a ser mejor para todos.</p>
<p> El Turquito se puso regionalista.</p>
<p> -¿Y a mí de qué me sirve si Alejandra termina muerta? –me dijo.</p>
<p> -Vos no me entendés, Turquito. Vos mirás el negocio pero al revés. Por supuesto que a vos no te sirve de nada si la Rusita termina muerta. En lo que vos tenés que hacer foco es en los socios que vas a tener para este negocio y que yo ya te los nombré. ¿Vos no dijiste siempre que querías entrar al negocio de la literatura? ¿O ya se te pasó el metejón de escribir novelas?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar –me dijo un poco más entusiasmado-. Siempre estoy escribiendo novelas. Tengo escritas más de treinta novelas. Y ninguna baja de las 600 páginas&#8230; Es como que no puedo escribir una novela breve; no puedo desarrollar una historia si no tengo escritas 300 páginas. Y recién ahí empiezo a perfilar un poco el argumento de la novela y de lo que se va a tratar; y de a poco empiezan a aparecer los personajes y la historia arranca. Pero a usted le debe pasar lo mismo, Sr. Cortázar, con las novelas que escribe. Con lo que yo le digo usted no se está enterando de nada. No le estoy inventando nada.</p>
<p> Yo lo quise regresar más para la discusión, porque me parecía que el Turquito empezaba a divagar.</p>
<p> -¿Entonces qué me respondés, Turquito: te prendés o no?</p>
<p> -La verdad que para mí sería bueno si va a ir la gente que usted dice&#8230; Es gente viajada y conocida&#8230; Me convendría a mí&#8230; Arrimarme a esa gente&#8230; ¿Usted cuándo pensaba ir a la casa de Alejandra?</p>
<p> -Hoy mismo a la noche, Turquito. Para qué esperar. Estas cosas se hacen en caliente.</p>
<p> El Turquito se puso dubitativo.</p>
<p> -Si vos no querés hacerlo, Turquito, no lo hagás –le dije-. Tampoco te voy a estar suplicando para hacerte un favor. Buenos Aires está lleno de muertos de hambre que escriben novelas y que van a aceptar encantados de la vida si yo les digo. Vos hacé descanso mejor. A lo mejor los quince meses que estuviste de preso te turbaron un poco la cabeza.</p>
<p> Hice ademán de levantarme de la mesa, pero el Turquito amainó enseguida:</p>
<p> -Pero si yo no le estaba diciendo que no, Sr. Cortázar. Yo le preguntaba solamente cuándo tenían pensado ir ustedes a visitar a Alejandra.</p>
<p> -Ya te dije, Turquito. Lo vamos a hacer esta misma noche. Ya la apalabré a mucha gente influyente y me dieron el visto bueno que iban a venir.</p>
<p> -Yo quisiera estar, Sr. Cortázar. Quisiera sumarme. Si es verdad lo que usted dice&#8230; que va a ir esa gente influyente&#8230; Yo quisiera arrimarmelés. Querría participar.</p>
<p> -Si querés participar lo tenés que traer también a Aristegui. Esta gente es influyente y le gusta tener protección policial. No van a querer estar mal parados si la cosa se complica.</p>
<p> -Pero yo no sé si Aristegui querrá ir&#8230;</p>
<p> -Vos preguntale y vas a ver cómo viene. La Rusita le faltó el respeto muchas veces a Aristegui. Te digo más, me parece que fue con el que se portó peor de todos. ¿No te contaron lo que le hizo en Ezeiza?</p>
<p> El Turquito coincidió conmigo y finalmente aceptó.</p>
<p> Quedamos en que nos íbamos a encontrar a la noche en la esquina de la casa de la Rusita.</p>
<p> 　</p>
<p> 3-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Salí del bar apurado como agente de Bolsa. Caminaba rápido y miraba a cada rato la hora. Estaba nervioso pero no estaba arrepentido por lo que quería hacer. Me zumbaban los oídos y quería que se hiciera de noche rápido para terminar con lo que había. Trataba de no pensar, pero cada pibe que veía por la calle me traía a la memoria los pibes que andaban con la Rusita, y después se me aparecía la Rusita caminando rápido al lado mío y me ponía peor. Más enojado.</p>
<p> Por suerte cuando llegué a la casa de la Sra. Victoria ella estaba. Hasta me abrió la puerta ella misma. Yo me sorprendí. Porque pensé que tendría una cabecita negra de sirvienta que le iba siempre a abrir la puerta. Me hizo entrar a la casa de un modo raro, sin preguntarme a qué iba ni por qué estaba todavía en Buenos Aires.</p>
<p> Me llevó hasta el salón del comedor y hasta se me puso a agradecer que hacía un año que a la hermana la habían dejado tranquila. La Sra. Victoria me daba a mí el premio que la Rusita la hubiese dejado tranquila a la Sra. Silvina por tanto tiempo.</p>
<p> -¿Y no llegan más cartas amenazantes de la Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -A veces llega alguna que otra –dijo la Sra. Victoria-, pero yo siempre hago que las quemen.</p>
<p> -Parece que el daño que le hicieron a la Sra. Silvina ya se le debe haber ido –le dije.</p>
<p> Y ella me contestó:</p>
<p> -Y también parece que vos me hiciste los deberes, turrito. Quedate tranquilo que no me voy a olvidar.</p>
<p> Estábamos sentados uno al lado del otro en el sillón; y la Sra. Victoria me daba palmaditas en la rodilla y el ambiente era cordial cuando dije:</p>
<p> -Sra. Victoria, sepa que yo lo lamento mucho lo del robo de su joya. ¿Quedó alguien detenido?</p>
<p> -¿Cuál robo, turrito? –me dijo-. ¿De qué me estás hablando?</p>
<p> -De la joya, Sra. Victoria. De la joya que a usted le robaron el setiembre pasado.</p>
<p> -¿Y vos cómo sabés que a mí me robaron una joya?</p>
<p> -Porque uno anda en la calle, Sra. Victoria, y se entera de todo. Y por cada denuncia que se hace en la comisaría después se empieza a correr el rumor en la calle y uno aunque no quiere escuchar se entera. Uno ve a un grupo de gente parada en una esquina y conversando, y se acerca y escucha lo que dicen.</p>
<p> -¿Y a vos quién te contó, turrito, si yo no hice ninguna denuncia cuando me robaron?</p>
<p> Yo me habré puesto pálido como el papel, porque sinceramente no sabía bien qué contestar. Me sentía embarullado con lo que había dicho y no encontraba las palabras que pudieran servirme para quitarme el embatatamiento.</p>
<p> Entonces la Sra. Victoria me empezó a mirar más fijo y un miedo más terrible me empezó a dar.</p>
<p> -Contestá lo que te pregunté, turrito; ¿a vos quién te contó que me robaron una joya?&#8230; Si yo ni siquiera a mi hermana se lo dije por no desgraciarla.</p>
<p> Entonces me desmoroné por completo. Perdí todos los sentidos y los estribos y empecé a hablar sin razón.</p>
<p> -Fui yo, Sra. Victoria; fuimos yo y la Rusita los que le robamos a usted. Pero yo no quería robarle, se lo juro. La Rusita me obligó&#8230; Aquel día que usted me pidió que fuera a visitarla al Pirovano ¿se acuerda? Ese día me obligó para que le robáramos a usted. Me dijo que si yo no la ayudaba le iba a matar a usted a la Sra. Silvina&#8230;</p>
<p> La Sra. Victoria salió del salón y volvió enseguida con el cinto grande que usaba su tata arriba del caballo con la peonada y el indiaje cuando no le trabajaban duro el quebracho y la caña de azúcar. </p>
<p> Apenas la vi volver mi primer instinto fue el de tirarme debajo de la mesa para que no me golpeara. Pero esto la enfureció más a la Sra. Victoria. Porque empezó a dar cintazos a las patas de la mesa y a decirme:</p>
<p> -¡Salí de ahí abajo, mierda! ¡Y no te escondás que me ponés peor si no te pego!</p>
<p> -¡Tranquilicesé, Sra. Victoria! –yo decía; y algunos cintazos me llegaban a dar en las manos y en la cara. No sabía bien cómo defenderme ni de qué lado ponerme, porque la Sra. Victoria se ponía a girar alrededor de la mesa y nunca se quedaba quieta.</p>
<p> -¡Qué hicieron con la joya, mierdas! –gritaba furiosa-. ¿Dónde la escondieron?</p>
<p> -¡No la escondimos, Sra. Victoria! ¡La Rusita la hizo vender en Once!&#8230; Ya no la puede recuperar más, tranquilicesé&#8230; ¡A mí también me estafaron! Si yo a usted nunca le quise hacer nada malo. –Yo estaba un poco lloroso y hablaba plañideramente-. Si usted misma sabe que siempre le hice buena letra&#8230; Preguntelé si no a la Sra. Silvina todas las cosas que le conté de la Rusita en el Pirovano&#8230; ¿Por qué se cree que la Sra. Silvina dejó de amarla a la Rusita en todo este año? Por todas las cosas que yo le conté de ella en el Pirovano. ¿O no es así? ¿O usted no me pidió que se la alejara a la Rusita de su hermana, que me la llevara lejos&#8230;? ¿Entonces por qué usted ahora me maltrata, si yo a usted le cumplí todo al pie de la letra y hice todo lo que usted me pidió?</p>
<p> Yo me había desahogado y la Sra. Victoria estaba cansada de darle vueltas a la mesa y pegar cintazos. Se fue a sentarse en el sillón agotada y con voz más calma me dijo:</p>
<p> -Está bien, turrito, no llorés más. Salí de ahí abajo que no te voy a pegar. Vos me hiciste una gauchada y yo te la agradezco. Me la alejaste a la Rusita de mi hermana y eso no me lo voy a olvidar.</p>
<p> 　</p>
<p> 4-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Yo entonces salí de debajo de la mesa secándome las lágrimas y dije:</p>
<p> -No tiene que agradecer nada la Sra. Victoria. Si soy bueno para algo que usted necesite, no tiene más que decirlo y yo lo hago.</p>
<p> -Ya lo sé, turrito, ya lo sé. Si yo sé que vos siempre nos hiciste buena letra.</p>
<p> Me senté otra vez al lado de ella y vi que me miraba con una sonrisa entre agria y dulce.</p>
<p> -¿Sabe qué, Sra. Victoria? Ahora lo que tenemos que hacer nosotros es no tener más noticias de la Rusita. ¿Me comprende? Porque por ahora su hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana quién sabe. Mire que la Rusita es insistidora; y por ahí un día la convence otra vez a la Sra. Silvina para que vuelva con ella. Quién dice. No nos podemos quedar tan confiados.</p>
<p> -¿Qué me estás proponiendo, turrito? –me dijo la Sra. Victoria, ahora sí con una sonrisa como que me aprobaba la salida-. ¿Vos de qué me querés hablar?</p>
<p> -De lo que ya le dije, Sra. Victoria. De que por una buena vez por todas no tengamos más noticias de la Rusita. ¿O qué? ¿Vamos a tener que vivir toda la vida con el corazón en la boca por culpa de ella?</p>
<p> La Sra. Victoria lo reflexionó unos segundos y después me preguntó:</p>
<p> -¿Cuándo lo querés hacer?</p>
<p> -Hoy mismo –le dije-. Esta misma noche. Yo voy a llevar a dos personas a las que la Rusita también les faltó el respeto; y yo le pediría a usted que llevara a su hermana.</p>
<p> -Eso no –dijo la Sra. Victoria tajante-. Ver eso le haría muy mal a mi hermana. Además ella es de deprimirse mucho y después cuesta sacarla del pozo.</p>
<p> -Es que si no va la Sra. Silvina, no vamos a poder entrar a la casa de la Rusita. La Rusita no le abre la puerta a nadie de noche. Para eso la necesitamos a la Sra. Silvina. A ella seguro que le va a abrir la puerta sea la hora que sea.</p>
<p> Lo meditó un poco y después aceptó.</p>
<p> -Pero tiene que ser todo rápido –dijo.</p>
<p> -Quedesé tranquila, Sra. Victoria, no va a durar mucho. Lo que yo también quisiera que usted haga es llevarlo al Sr. Borges y a la Sra. María.</p>
<p> -¿Para qué? –me preguntó.</p>
<p> -Porque cuantas más personas estemos involucradas menos investigación van a hacer después.</p>
<p> La Sra. Victoria me pasó la mano por la barba y me dijo:</p>
<p> -Mirá que sos un bicho raro vos. Qué bicho más raro que resultaste ser. Pero quedate tranquilo, turrito. Si vos querés que te los lleve a Georgie y a la Japonesa yo te los llevo.</p>
<p> -Es para que seamos más, Sra. Victoria –le dije-. Así estamos todos involucrados y después nadie va a querer hablar siquiera del asunto. ¿Qué le parece?</p>
<p> -A mí la idea me gusta. Y además es también así como vos decís: Por ahora mi hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana no se sabe con lo que aquélla se puede salir. Es verdad eso que la Rusita es bien insistidora, tenés razón. Pero decime, turrito, esos dos cabecitas negras que vos pensás llevar ¿cómo son? ¿Son de confianza? ¿Gente de fiar es?</p>
<p> -Son buena gente. Mire si serán buena gente que se quieren vengar de la Rusita por las faltas de respeto.</p>
<p> -¡Judía hija de puta! –dijo la Sra. Victoria-. ¿No sabés en lo que anda ahora?</p>
<p> -Trabaja paseando perros –le dije-. La otra vez la vi en Parque Lezama paseando a doce pastores ingleses. Los lleva bien de la correa, no se le escapan&#8230;</p>
<p> -Pero si la Rusita es chiquita ¿cómo no se le escapan?</p>
<p> -Es chiquita pero parece que los perros la quieren y le hacen caso.</p>
<p> La Sra. Victoria prendió un cigarrillo rubio y dijo:</p>
<p> -Así que fuiste vos con la Rusita los que me rompieron la puerta&#8230;</p>
<p> -Eso ya pasó, Sra. Victoria. Ahora tenemos que pensar en cómo hacemos para que la Rusita no ande más suelta por Buenos Aires. ¿Usted piensa que el Sr. Borges y la Sra. María van a poder asistir?</p>
<p> -Van a poder, turrito, por ésos no te preocupés. Esos dos me deben muchos favores a mí y no me van a poder decir que no.</p>
<p> -¿Y de la Sra. Silvina? ¿Usted qué dice? ¿Irá? Porque si no, no vamos a poder entrar en la casa. Yo no le miento, la Rusita no le abre la puerta a nadie de noche.</p>
<p> -Mi hermana también va a ir –dijo exhalando el mucho humo la Sra. Victoria-. La Rusita le arruinó la vida a mi hermana ¿sabés? Antes mi hermana no era así. Mi hermana era una persona feliz, contenta; contenta hasta que la conoció a la Rusita. Fue ella la que la degeneró. Ella fue la que le perturbó la mente a mi hermana.</p>
<p> -No se angustie más, Sra. Victoria –le dije y la abracé-. Nunca más vamos a tener que pasar por las cosas que pasamos.</p>
<p> Y apenas lo dije me sentí una persona distinta. Otra vez alineado.</p>
<p> 　</p>
<p> 5-ALEJANDRA</p>
<p> Cuando tenés en la cabeza cosas para hacer el día se te hace más rápido. Por eso a mí aquel día se me pasó volando y el sol se fue enseguida de Buenos Aires y se vino la noche. Me tomé un taxi y cuando llegué vi que el Turquito ya estaba en la esquina de la casa de la Rusita. Pero estaba solo, sin Aristegui. Por eso me bajé del taxi mirandoló al Turquito fríamente a la cara.</p>
<p> El Turquito me saludó con respeto, pero yo le tendí la mano así nomás, como si fuera un ninguno.</p>
<p> -¿Y Aristegui? –le dije-. ¿Todavía no vino?</p>
<p> El Turquito hizo una mueca blanda, vaciladora; una mueca que no me gustaba nada.</p>
<p> -¿Qué pasa, Turquito, que tenés esa cara? –le dije-. ¿Tenés miedo? ¿Te da lástima por la Rusita? No le tengás lástima a la Rusita, no se lo merece&#8230; Si vos supieras las cuantas veces que habló mucho de vos discriminandoté&#8230; Lo mismo que de Aristegui&#8230; Indios de acá, indios de allá&#8230; A esta piba ya se le acabó. Ahora vos fijate qué contradictorio ¿no?, porque si vos a ella le decís judía, ella rápido te dice: &#8220;¿Vos te pensás que porque soy judía me podés decir cualquier cosa?&#8221;. ¿Ves la diferencia? ¿Me seguís? Ella a ustedes sí los puede discriminar y decirles hindúes, pero cualquier cosa que ustedes le digan a ella, la Rusita salta enseguida y la toma como una discriminación. ¿A qué hora le dijiste a Aristegui que venga?</p>
<p> El Turquito se puso otra vez medio blando.</p>
<p> -No le fui a decir nada a Aristegui, Sr. Cortázar&#8230; –balbuceó.</p>
<p> -Turquito, ¿no habíamos convenido en que necesitábamos protección policial y que vos lo ibas a traer a Aristegui?</p>
<p> -Yo a Aristegui no le tengo tanta confianza para pedirle algo así&#8230; No lo conozco mucho&#8230; O lo conozco, sí, ¿pero cuántas veces lo habré visto en mi vida? Cuatro, cinco&#8230; En alguna que otra redada a lo mejor&#8230;</p>
<p> -¿Pero si vos no eras el hermanastro de Aristegui, Turquito, y todos ustedes no se vinieron del Tucumán?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar&#8230; Si en mi vida yo salí del conurbano&#8230; No entiendo de dónde usted saca eso&#8230; Y hoy tampoco le entendí bien cuando me salió con todos esos asuntos&#8230; Pensé que&#8230;</p>
<p> -¿Qué pensaste, Turquito?</p>
<p> -Pensé que era una conversación habitual entre dos escritores&#8230; Y como yo no estoy todavía muy empapado con este tipo de charlas me confundió&#8230; ¿Por qué me vuelve a decir otra vez que soy hermanastro de Aristegui?</p>
<p> Me di cuenta que todo había sido fábula de la Rusita. Pero no me quise embatatar con chiquilinadas y le dije:</p>
<p> -No importa, Turquito. Concentremonós en lo que vamos a hacer y no nos distraigamos más.</p>
<p> -Yo no voy a estar –dijo el Turquito-. Perdonemé, Sr. Cortázar. No es que quiera dar marcha atrás, pero si le quieren hacer algo a Alejandra, haganseló ustedes. Después se van a arrepentir cuando ella los empiece a perseguir para la revancha.</p>
<p> -Vos no me entendiste hoy, Turquito. ¿No te dije que hoy a la Rusita se le termina el calendario? ¿Tanto miedo le tenés?</p>
<p> -No es miedo, Sr. Cortázar. Es respeto. Vaya y pregunte en el conurbano cómo terminaron los que se metieron con ella. Hay que pensar bien las consecuencias antes de meterse con Alejandra. Yo le diría a usted que se fuera a su casa, Sr. Cortázar. No le va a ir bien&#8230; Alejandra es más peligrosa y más fuerte de lo que ustedes se imaginan&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no te vas vos a tu casa, Turquito? –le dije con rencor-. ¿Para qué viniste si no pensabas participar? Si nos vamos a estar traicionando entre nosotros&#8230;</p>
<p> Y me callé. No sabía qué más decir. Todo el entusiasmo que tenía hasta hace un rato con el proyecto se me había ido por los pies.</p>
<p> -Entonces andate, Turquito –le largué-. Si tanto miedo tenés y no querés participar andate.</p>
<p> -¿No me puedo quedar esperando hasta que lleguen la Sra. Ocampo y el Sr. Borges?</p>
<p> -¿No me oíste, Turquito? –le dije con desprecio-. Que te vayás te dije.</p>
<p> Le mostré mi perfil más cruel; y entonces el Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido; vaciló un poco y después me dijo: &#8220;Adiós, Sr. Cortázar&#8221;, y se fue caminando lentamente. Encendí un cigarrillo mientras lo veía alejarse y el Turquito a veces se daba vuelta hasta que no lo vi más.</p>
<p> Ya era bastante de noche cuando llegaron en un Chevy verde la Sra. Victoria, la hermana y la Sra. María. Cuando bajaron las tres del auto pregunté por Borges; y la Japonesa me contestó:</p>
<p> -Borges no participa de estas cosas. De estas cosas ahora me ocupo yo.</p>
<p> -¿Dónde están los cabecitas negras que ibas a traer? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Es mejor así que seamos pocos –le dije-. Tampoco es bueno traer a tanta gente.</p>
<p> La Sra. Silvina no hablaba; se la veía melancólica y poco firme. Igual fuimos hasta la casa de la Rusita; y yo me puse a tocar timbre como me había puesto a tocar la primera vez que había ido, dos años y pico atrás.</p>
<p> -Basta, turrito –me dijo la Sra. Victoria-. No debe estar en casa.</p>
<p> -¿Y en dónde la podríamos encontrar? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> Pero ahí justo escuchamos la voz de la Rusita del otro lado de la puerta.</p>
<p> -¿Quién es? –dijo la Rusita.</p>
<p> Y como la Sra. Silvina estaba poco firme se quedó muda y petrificada.</p>
<p> -¿Quién es? –volvió a preguntar la Rusita más alto.</p>
<p> -Soy yo, Alejandra –dijo la Sra. Silvina como en murmullo.</p>
<p> -¿Yo quién? ¿Minina? ¿Sos vos, Silvín? –preguntó la Rusita; y ya la voz le empezaba a sonar más cantante, más alegre-. ¿Estás sola o viniste con alguien?</p>
<p> -No vine con nadie, Alejandra. ¿Vos no me querrías abrir la puerta?</p>
<p> -Ahora voy corriendo a buscar las llaves y te abro, Minina. No te vayás.</p>
<p> Escuchamos que la Rusita corría a los tropezones por el pasillo; y la Sra. Victoria dijo:</p>
<p> -¿Vieron la voz que tiene? Parece un chico de 12 años.</p>
<p> -¿Cómo lo vamos a hacer? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> -El turrito sabe –dijo la Sra. Victoria.</p>
<p> Pero yo no sabía. No tenía en realidad muy en claro cómo lo teníamos que hacer. Yo nada más esperaba que el resentimiento hacia la Rusita saliera a la superficie; así todo sería más natural y más simple.</p>
<p> La Rusita tardó un buen rato para abrirnos la puerta. Y cuando nos abrió a la primera que vio fue a la Sra. Victoria que se le entraba; y después nos vio a todos uno a uno entrándole a la casa; y como vio que se le venía la noche no quiso hacer resistencia. Nos dejó pasar lo más campante y sin decirnos nada. Estaba rara, parecía como que se sostenía del picaporte para no caerse al piso. Parecía que estaba por irse a dormir, porque andaba descalza y tenía puesto el pantalón azul Adidas que le arrastraba por el piso y la remera de pijamas.</p>
<p> -¿Qué estabas haciendo, Rusita? –le pregunté mientras venía con nosotros por el pasillo.</p>
<p> -Estaba llenando la hoja de horarios para los perros que tengo que pasear mañana.</p>
<p> Había hablado balbuceante, como si la lengua se le trabara. Después trastabilló y se abrazó de mí para no caerse. Yo pensé que se estaba haciendo la payasa, porque tenía los ojos entrecerrados y también hacía tics. Fue entonces ahí cuando se cayó al piso, mirando el cielo boca arriba.</p>
<p> -Lo hizo otra vez –dijo la Sra. Silvina-. Tomó pastillas otra vez.</p>
<p> La Japonesa se le acercó y le prendió un encendedor cerca de la mano; pero la Rusita tardó en reaccionar.</p>
<p> -¡Agua! –exclamó la Rusita.</p>
<p> -Llevelá hasta la cama, Julio –me dijo la Sra. Silvina-. Yo la vez anterior que la encontré también estaba así.</p>
<p> Yo la cargué en los brazos a la Rusita y me metí en la pieza y la tiré en la cama. Y lo hice con tanta brusquedad que hice que la Rusita volviera a despertarse.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –balbuceó la Rusita-, siento que todo el cuerpo me está subiendo a la cabeza.</p>
<p> -No nos pidas ayuda, Rusita –le dijo la Sra. Victoria-. A nosotras no nos pidas ayuda. Estás pagando por todas las que nos hiciste. Ahora te toca sufrir a vos. Ahora vas a saber cómo se siente uno cuando lo traicionan.</p>
<p> -Llamen una ambulancia, hijas de putas –dijo la Rusita.</p>
<p> Y en ese momento todos nos quedamos quietos y callados alrededor de la cama por un buen rato; porque que te insulte alguien que se está por morir es muy distinto a que te insulte alguien que uno sabe que va a seguir viviendo.</p>
<p> La Rusita quiso incorporarse, pero volvió a caer tumbada sobre la almohada con los ojos entrecerrados.</p>
<p> -Morite, judía –dijo la Sra. Victoria-, morite de una vez. ¿Cuándo se muere esta judía? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –dijo otra vez la Rusita-, antes de preguntar cuándo me muero.</p>
<p> -¿Llamo a una ambulancia, Sra. Victoria? –le pregunté.</p>
<p> -¿Vos tenés mareos en la cabeza, turrito? –me dijo-. ¿Para qué vas a llamar a una ambulancia? ¿Primero calentás la pava y ahora no querés tomar el mate?</p>
<p> -Yo me quiero ir –dijo la Japonesa-. Lo que vinimos a hacer ya se lo hizo ella misma. No pesará sobre nuestras conciencias.</p>
<p> -¿Cómo te sentís, Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -&#8230; ansiosa por irme a ningún lugar, Van Gogh –me respondió.</p>
<p> -Miren cómo quiere seguir haciéndose la artista –criticó crispada la Sra. Victoria-, hasta el último momento la judía.</p>
<p> La Rusita extendió los brazos hacia la Sra. Silvina y le dijo:</p>
<p> -Besame, Minina; besame un beso de despedida&#8230; No partirán mis labios de lo contrario&#8230;</p>
<p> Pero la Sra. Victoria le cambió los naipes y le dijo:</p>
<p> -Bajá esos brazos, Rusita. Vos a mi hermana no la volvés a tocar nunca más.</p>
<p> La Sra. Silvina rompió en llanto.</p>
<p> -No llores, Silvín –le dijo la Rusita-. Yo también sé lo que es mirar hacia atrás y desear otra cosa&#8230;</p>
<p> -Vos no sabés nada, Rusita, y dejá de estar haciéndole la novela a mi hermana.</p>
<p> La Japonesa empezó a juntar del piso las varias tiras de comprimidos que la Rusita se había tomado. Y me las dio todas a mí.</p>
<p> -Mire, Sra. Victoria –le dije, mostrándole en las manos todas esas tiras vacías-, ¿le parece que no es para llamar a una ambulancia?</p>
<p> -Vos debés tener un problema de olla, turrito –me contestó irritada-, porque parece que no razonás bien lo que decís. Empezá a comer un poco más seguido, porque un día decís una cosa y al otro día decís otra.</p>
<p> Yo hice caras de sentirme triste y me senté en la cama.</p>
<p> -¡Pero mirá cómo te ponés! –me reprochó la Sra. Victoria-. Tampoco es para tanto&#8230; Parecés una mina lo flojo que te ponés.</p>
<p> -Es que usted tiene razón, Sra. Victoria –le dije-. De un tiempo a esta parte no sé bien lo que vengo diciendo. No sé si será una enfermedad o qué, pero no puedo concentrarme mucho en las cosas que digo.</p>
<p> -¿Hace cuánto que te viene pasando eso?</p>
<p> -Hará cosa de dos años o tres&#8230;</p>
<p> Entonces la Japonesa se puso a tomarle el pulso a la Rusita. Y vio que tenía poco. Y le puso una almohada encima de la cara y empezó a forcejear. Y la Rusita se quería defender con las pocas fuerzas que tenía pero no podía mucho. Y los talones le resbalaban por el colchón y la Sra. Victoria le decía: &#8220;Morite, judía, morite&#8221;; y la Sra. Silvina cómo lloraba, me acuerdo; y yo decía: &#8220;Dejelá, Sra. María, dejelá&#8221;; y a la Japonesa le salpicaba espuma de la boca por el esfuerzo que hacía; y la Rusita cada vez tenía menos fuerzas y cada vez pataleaba menos en el colchón; y yo me acuerdo que yo lloraba porque me daba lástima por la Rusita. Esta Rusita&#8230; siempre nos hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita? Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita. Dejelá, Sra. María, dejelá. No sabés cómo estaba yo. Lo mal que la pasé. Porque era la primera vez que veía cómo mataban a alguien. No sabés lo feo que es. Ojalá nunca te pase. Tardás varios días en olvidarte de todo, pero al rato enseguida seguís haciendo una vida normal.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p></SPAN></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/04/cortazar-alineado-3/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-2-2/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-2-2/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2009 23:24:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[ CORTÁZAR 7ma. VUELTA
 　
 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES
 Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN lang="ES-MODERN"> CORTÁZAR 7ma. VUELTA</p>
<p> 　</p>
<p> 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES</p>
<p> Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella yo todavía estaba en Buenos Aires y no me había podido ir a París un año atrás como lo tenía proyectado. Ni los del grupo de Boedo ni los de Florida me querían dar plata prestada. Así que por eso yo andaba solo por la calle, caminando de un lugar a otro y cruzando las calles sin mirar si venían autos. El odio que sentía por la Rusita y el resentimiento por todo lo que me había hecho me habían convertido en un hombre malo.</p>
<p> Yo antes no era así. Era una persona sensible que se ponía a llorar cuando iba al cine y se interesaba mucho por todas las ramas que tienen que ver con el arte y la literatura. Ahora ninguna cosa me conmovía nada. Estaba hecho una persona vacía y amargada; y me sentía viejo y feo. El haberme juntado tanto con la Rusita me había empujado hasta este rincón. </p>
<p> Aunque la verdad es que hacía varios meses que no la veía.</p>
<p> Por esos días me enteré por la calle que al Turquito lo habían largado y que iba siempre a un bar de la calle Corrientes a tomar café y comer medialunas. Yo me daba una idea más o menos de en cuál bar lo podía encontrar y me fui hasta ahí. Lo encontré en una mesa en medio del bar que estaba lejos de los baños.</p>
<p> Apenas el Turquito me vio entrar se puso de pie y me miró con una mezcla de miedo y tristeza. Para que viera que no me tenía que tener ningún miedo le tendí la mano y él me la estrechó con suavidad para no hacerme doler.</p>
<p> Me le senté en la mesa y el Turquito me convidó con cigarrillos y medialunas. Pero yo llevaba ya varios días sin comer nada y ni tampoco tenía ganas de comer. Parece que el estómago se me había cerrado. Le acepté lo de los cigarrillos porque era con la única cosa que me podía sacar de encima toda la mala sangre que tenía.</p>
<p> -¿Así que te largaron, Turquito? –le dije-. No sabés la alegría que me dio cuando me enteré.</p>
<p> El Turquito se sonrió un poco, como si yo se lo estuviese diciendo de verdad. El Turquito a mí me creía todo y se hacía a la idea de que nosotros dos éramos de alguna manera colegas.</p>
<p> -¿Sabe, Sr. Cortázar? –me dijo-. Cuando estaba adentro soñaba siempre con usted. Pero no me interprete mal, no eran sueños sucios. Eran sueños más bien de relación intelectual.</p>
<p> -¿Por qué me aclarás eso, Turquito? –le dije-. ¿Por qué me aclarás que no eran sueños sucios? ¿Vos te creés que yo soy un malpensado?</p>
<p> El Turquito se puso medio morado y sorbió un poco de café.</p>
<p> -Por ahí&#8230; A lo mejor a usted&#8230; –farfulló el Turquito-. Yo ya me imagino las cosas que Alejandra le debe haber contado a usted de mí. Pero no piense que a mí no me gustan las mujeres. Todas las cosas que yo hice adentro las tuve que hacer por necesidad. Pero cuando estoy afuera soy una persona distinta&#8230; Una persona como todas&#8230;</p>
<p> Yo me reí un poco y parece que le habré contagiado un poco la risa al Turquito, porque ahí mismo él se puso a reír con esa risa de atorrante que tenía siempre.</p>
<p> El Turquito estaba igual a como yo lo había conocido dos años atrás, con mucha melena y barba, y de aspecto gredoso y furtivo.</p>
<p> -¿Cuánto tiempo estuviste encerrado en el fortín? –le pregunté.</p>
<p> -Casi quince meses, Sr. Cortázar. Pero esta vez me pasaron más lentos que las otras veces. Leía mucha filosofía y mucho de astrología, pero igual el tiempo no se me pasaba. Nunca más voy a estar adentro. Ya me lo dije. Antes me pego un tiro en la cabeza.</p>
<p> -¿A vos te atraparon entre Castelar y Merlo, no, Turquito?</p>
<p> -¿Y usted cómo lo sabe, Sr. Cortázar? –me dijo como si estuviera sorprendido.</p>
<p> -¿Y vos cómo pensás que yo lo podría saber? ¿No se te ocurre de dónde me lo pueden haber contado? Me lo contó la Rusita, Turquito. Fue ella la que te delató a vos. ¿O vos no lo sabías?</p>
<p> El Turquito bajó la mirada y unos segundos después dijo:</p>
<p> -Claro que lo sabía, Sr. Cortázar. ¿Cómo no lo iba a saber? Si ella era la única que me podía delatar&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no la delataste también a ella, si sabías&#8230;?</p>
<p> -¿Para qué? –dijo el Turquito con tristeza-. ¿Para qué íbamos a estar los dos adentro? Si con uno que cayera ya bastaba&#8230;</p>
<p> -¿Sabés cuál es tu problema, Turquito? Que vos le guardás mucha fidelidad a la Rusita, y por eso te va como te va.</p>
<p> -¿Sabe qué pasa, Sr. Cortázar? Yo a Alejandra no le puedo hacer nada malo. Cuando salí, salí con la idea de que la iba a matar. Y a los pocos días fui hasta la casa y la vi justo cuando salía. Me parecía mentira, llevaba de una correa a media docena de perros con una sola mano; y con la otra mano fumaba un cigarrillo. Parece que ahora es paseadora de perros. Le deben pagar bien, porque si no Alejandra no lo haría. ¿Se la imagina usted, Sr. Cortázar, paseando media docena de perros? No, si es lo que yo digo&#8230; Alejandra tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> El Turquito se puso a reír; y también a toser mientras se reía. A mí me envenenó la sangre ver que todavía la festejaba a la Rusita. Así que para cortarle de un golpe el chorro de la risa le dije:</p>
<p> -Yo sé todo de la vida de vos, Turquito. No te creás que no me enteré. Sé de los cuchillazos que hubo en tu familia y que vos tenías siete años y que lo viste todo.</p>
<p> El Turquito me clavó una mirada de corajina, pero como estábamos rodeados de mucha gente yo seguí:</p>
<p> -Y sé también que no fue nadie preso en la familia. Que se vinieron todos de Tucumán con el negocio de la trata de blancas y que tu hermanastro Aristegui nunca hizo nada para defenderte, porque no quería andar en cruces con el padre. Y si querés te sigo contando, Turquito, porque la lista es larga; y ya te imaginarás vos quién me lo contó; y vos todavía tenés el descaro de defender a la Rusita y decís que tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> Ahora el Turquito estaba serio. Más serio que triste.</p>
<p> -Yo no digo que Alejandra no sea lengua suelta&#8230; pero todo lo que dice lo dice sin maldad.</p>
<p> -Yo no te dije que me lo contó con maldad; lo que te dije es que me lo contó todo riendosé y haciendo bromas. ¿A vos te parece que todo lo que pasó en tu familia es un tema para contarlo riendosé y haciendo bromas? Y vos todavía guardándole fidelidad&#8230;</p>
<p> 　</p>
<p> 2-EL TURQUITO</p>
<p> Parecía que le había tocado una fibra íntima del corazón, porque permaneció callado durante un buen rato y con la vista gacha.</p>
<p> -¿Vos te sentís bien, Turquito? –le pregunté</p>
<p> -¿A qué vino hoy usted, Sr. Cortázar? –me dijo secamente-. ¿Usted me buscaba para algo?</p>
<p> Yo vi que otra vez me estaba pasando revista con corajina.</p>
<p> Entonces le dije:</p>
<p> -Turquito, vos no te creás que sos la única víctima de la Rusita. Todos los favores que te hizo a vos me los hizo también a mí y se los habrá hecho también a varios. Pero vos me preguntaste yo a qué hoy y yo te voy a contestar: Yo hoy vine para abrirte los ojos, Turquito, y para que le paremos el carro para siempre a la Rusita.</p>
<p> El Turquito parecía no comprenderme todavía bien.</p>
<p> -No vamos a estar solos vos y yo, Turquito –le dije-. Estas cosas hay que hacerlas con mucho cuidado y entre varios. Por eso vamos a invitar a más gente para que venga. Vos sabés que yo tengo contactos con el negocio de la literatura, y les pensaba decir a la Sra. Ocampo y a Borges. Y vos por tu lado le podrías decir a Aristegui para que también nos dé una ayuda. Mientras más personas seamos va a ser mejor para todos.</p>
<p> El Turquito se puso regionalista.</p>
<p> -¿Y a mí de qué me sirve si Alejandra termina muerta? –me dijo.</p>
<p> -Vos no me entendés, Turquito. Vos mirás el negocio pero al revés. Por supuesto que a vos no te sirve de nada si la Rusita termina muerta. En lo que vos tenés que hacer foco es en los socios que vas a tener para este negocio y que yo ya te los nombré. ¿Vos no dijiste siempre que querías entrar al negocio de la literatura? ¿O ya se te pasó el metejón de escribir novelas?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar –me dijo un poco más entusiasmado-. Siempre estoy escribiendo novelas. Tengo escritas más de treinta novelas. Y ninguna baja de las 600 páginas&#8230; Es como que no puedo escribir una novela breve; no puedo desarrollar una historia si no tengo escritas 300 páginas. Y recién ahí empiezo a perfilar un poco el argumento de la novela y de lo que se va a tratar; y de a poco empiezan a aparecer los personajes y la historia arranca. Pero a usted le debe pasar lo mismo, Sr. Cortázar, con las novelas que escribe. Con lo que yo le digo usted no se está enterando de nada. No le estoy inventando nada.</p>
<p> Yo lo quise regresar más para la discusión, porque me parecía que el Turquito empezaba a divagar.</p>
<p> -¿Entonces qué me respondés, Turquito: te prendés o no?</p>
<p> -La verdad que para mí sería bueno si va a ir la gente que usted dice&#8230; Es gente viajada y conocida&#8230; Me convendría a mí&#8230; Arrimarme a esa gente&#8230; ¿Usted cuándo pensaba ir a la casa de Alejandra?</p>
<p> -Hoy mismo a la noche, Turquito. Para qué esperar. Estas cosas se hacen en caliente.</p>
<p> El Turquito se puso dubitativo.</p>
<p> -Si vos no querés hacerlo, Turquito, no lo hagás –le dije-. Tampoco te voy a estar suplicando para hacerte un favor. Buenos Aires está lleno de muertos de hambre que escriben novelas y que van a aceptar encantados de la vida si yo les digo. Vos hacé descanso mejor. A lo mejor los quince meses que estuviste de preso te turbaron un poco la cabeza.</p>
<p> Hice ademán de levantarme de la mesa, pero el Turquito amainó enseguida:</p>
<p> -Pero si yo no le estaba diciendo que no, Sr. Cortázar. Yo le preguntaba solamente cuándo tenían pensado ir ustedes a visitar a Alejandra.</p>
<p> -Ya te dije, Turquito. Lo vamos a hacer esta misma noche. Ya la apalabré a mucha gente influyente y me dieron el visto bueno que iban a venir.</p>
<p> -Yo quisiera estar, Sr. Cortázar. Quisiera sumarme. Si es verdad lo que usted dice&#8230; que va a ir esa gente influyente&#8230; Yo quisiera arrimarmelés. Querría participar.</p>
<p> -Si querés participar lo tenés que traer también a Aristegui. Esta gente es influyente y le gusta tener protección policial. No van a querer estar mal parados si la cosa se complica.</p>
<p> -Pero yo no sé si Aristegui querrá ir&#8230;</p>
<p> -Vos preguntale y vas a ver cómo viene. La Rusita le faltó el respeto muchas veces a Aristegui. Te digo más, me parece que fue con el que se portó peor de todos. ¿No te contaron lo que le hizo en Ezeiza?</p>
<p> El Turquito coincidió conmigo y finalmente aceptó.</p>
<p> Quedamos en que nos íbamos a encontrar a la noche en la esquina de la casa de la Rusita.</p>
<p> 　</p>
<p> 3-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Salí del bar apurado como agente de Bolsa. Caminaba rápido y miraba a cada rato la hora. Estaba nervioso pero no estaba arrepentido por lo que quería hacer. Me zumbaban los oídos y quería que se hiciera de noche rápido para terminar con lo que había. Trataba de no pensar, pero cada pibe que veía por la calle me traía a la memoria los pibes que andaban con la Rusita, y después se me aparecía la Rusita caminando rápido al lado mío y me ponía peor. Más enojado.</p>
<p> Por suerte cuando llegué a la casa de la Sra. Victoria ella estaba. Hasta me abrió la puerta ella misma. Yo me sorprendí. Porque pensé que tendría una cabecita negra de sirvienta que le iba siempre a abrir la puerta. Me hizo entrar a la casa de un modo raro, sin preguntarme a qué iba ni por qué estaba todavía en Buenos Aires.</p>
<p> Me llevó hasta el salón del comedor y hasta se me puso a agradecer que hacía un año que a la hermana la habían dejado tranquila. La Sra. Victoria me daba a mí el premio que la Rusita la hubiese dejado tranquila a la Sra. Silvina por tanto tiempo.</p>
<p> -¿Y no llegan más cartas amenazantes de la Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -A veces llega alguna que otra –dijo la Sra. Victoria-, pero yo siempre hago que las quemen.</p>
<p> -Parece que el daño que le hicieron a la Sra. Silvina ya se le debe haber ido –le dije.</p>
<p> Y ella me contestó:</p>
<p> -Y también parece que vos me hiciste los deberes, turrito. Quedate tranquilo que no me voy a olvidar.</p>
<p> Estábamos sentados uno al lado del otro en el sillón; y la Sra. Victoria me daba palmaditas en la rodilla y el ambiente era cordial cuando dije:</p>
<p> -Sra. Victoria, sepa que yo lo lamento mucho lo del robo de su joya. ¿Quedó alguien detenido?</p>
<p> -¿Cuál robo, turrito? –me dijo-. ¿De qué me estás hablando?</p>
<p> -De la joya, Sra. Victoria. De la joya que a usted le robaron el setiembre pasado.</p>
<p> -¿Y vos cómo sabés que a mí me robaron una joya?</p>
<p> -Porque uno anda en la calle, Sra. Victoria, y se entera de todo. Y por cada denuncia que se hace en la comisaría después se empieza a correr el rumor en la calle y uno aunque no quiere escuchar se entera. Uno ve a un grupo de gente parada en una esquina y conversando, y se acerca y escucha lo que dicen.</p>
<p> -¿Y a vos quién te contó, turrito, si yo no hice ninguna denuncia cuando me robaron?</p>
<p> Yo me habré puesto pálido como el papel, porque sinceramente no sabía bien qué contestar. Me sentía embarullado con lo que había dicho y no encontraba las palabras que pudieran servirme para quitarme el embatatamiento.</p>
<p> Entonces la Sra. Victoria me empezó a mirar más fijo y un miedo más terrible me empezó a dar.</p>
<p> -Contestá lo que te pregunté, turrito; ¿a vos quién te contó que me robaron una joya?&#8230; Si yo ni siquiera a mi hermana se lo dije por no desgraciarla.</p>
<p> Entonces me desmoroné por completo. Perdí todos los sentidos y los estribos y empecé a hablar sin razón.</p>
<p> -Fui yo, Sra. Victoria; fuimos yo y la Rusita los que le robamos a usted. Pero yo no quería robarle, se lo juro. La Rusita me obligó&#8230; Aquel día que usted me pidió que fuera a visitarla al Pirovano ¿se acuerda? Ese día me obligó para que le robáramos a usted. Me dijo que si yo no la ayudaba le iba a matar a usted a la Sra. Silvina&#8230;</p>
<p> La Sra. Victoria salió del salón y volvió enseguida con el cinto grande que usaba su tata arriba del caballo con la peonada y el indiaje cuando no le trabajaban duro el quebracho y la caña de azúcar. </p>
<p> Apenas la vi volver mi primer instinto fue el de tirarme debajo de la mesa para que no me golpeara. Pero esto la enfureció más a la Sra. Victoria. Porque empezó a dar cintazos a las patas de la mesa y a decirme:</p>
<p> -¡Salí de ahí abajo, mierda! ¡Y no te escondás que me ponés peor si no te pego!</p>
<p> -¡Tranquilicesé, Sra. Victoria! –yo decía; y algunos cintazos me llegaban a dar en las manos y en la cara. No sabía bien cómo defenderme ni de qué lado ponerme, porque la Sra. Victoria se ponía a girar alrededor de la mesa y nunca se quedaba quieta.</p>
<p> -¡Qué hicieron con la joya, mierdas! –gritaba furiosa-. ¿Dónde la escondieron?</p>
<p> -¡No la escondimos, Sra. Victoria! ¡La Rusita la hizo vender en Once!&#8230; Ya no la puede recuperar más, tranquilicesé&#8230; ¡A mí también me estafaron! Si yo a usted nunca le quise hacer nada malo. –Yo estaba un poco lloroso y hablaba plañideramente-. Si usted misma sabe que siempre le hice buena letra&#8230; Preguntelé si no a la Sra. Silvina todas las cosas que le conté de la Rusita en el Pirovano&#8230; ¿Por qué se cree que la Sra. Silvina dejó de amarla a la Rusita en todo este año? Por todas las cosas que yo le conté de ella en el Pirovano. ¿O no es así? ¿O usted no me pidió que se la alejara a la Rusita de su hermana, que me la llevara lejos&#8230;? ¿Entonces por qué usted ahora me maltrata, si yo a usted le cumplí todo al pie de la letra y hice todo lo que usted me pidió?</p>
<p> Yo me había desahogado y la Sra. Victoria estaba cansada de darle vueltas a la mesa y pegar cintazos. Se fue a sentarse en el sillón agotada y con voz más calma me dijo:</p>
<p> -Está bien, turrito, no llorés más. Salí de ahí abajo que no te voy a pegar. Vos me hiciste una gauchada y yo te la agradezco. Me la alejaste a la Rusita de mi hermana y eso no me lo voy a olvidar.</p>
<p> 　</p>
<p> 4-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Yo entonces salí de debajo de la mesa secándome las lágrimas y dije:</p>
<p> -No tiene que agradecer nada la Sra. Victoria. Si soy bueno para algo que usted necesite, no tiene más que decirlo y yo lo hago.</p>
<p> -Ya lo sé, turrito, ya lo sé. Si yo sé que vos siempre nos hiciste buena letra.</p>
<p> Me senté otra vez al lado de ella y vi que me miraba con una sonrisa entre agria y dulce.</p>
<p> -¿Sabe qué, Sra. Victoria? Ahora lo que tenemos que hacer nosotros es no tener más noticias de la Rusita. ¿Me comprende? Porque por ahora su hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana quién sabe. Mire que la Rusita es insistidora; y por ahí un día la convence otra vez a la Sra. Silvina para que vuelva con ella. Quién dice. No nos podemos quedar tan confiados.</p>
<p> -¿Qué me estás proponiendo, turrito? –me dijo la Sra. Victoria, ahora sí con una sonrisa como que me aprobaba la salida-. ¿Vos de qué me querés hablar?</p>
<p> -De lo que ya le dije, Sra. Victoria. De que por una buena vez por todas no tengamos más noticias de la Rusita. ¿O qué? ¿Vamos a tener que vivir toda la vida con el corazón en la boca por culpa de ella?</p>
<p> La Sra. Victoria lo reflexionó unos segundos y después me preguntó:</p>
<p> -¿Cuándo lo querés hacer?</p>
<p> -Hoy mismo –le dije-. Esta misma noche. Yo voy a llevar a dos personas a las que la Rusita también les faltó el respeto; y yo le pediría a usted que llevara a su hermana.</p>
<p> -Eso no –dijo la Sra. Victoria tajante-. Ver eso le haría muy mal a mi hermana. Además ella es de deprimirse mucho y después cuesta sacarla del pozo.</p>
<p> -Es que si no va la Sra. Silvina, no vamos a poder entrar a la casa de la Rusita. La Rusita no le abre la puerta a nadie de noche. Para eso la necesitamos a la Sra. Silvina. A ella seguro que le va a abrir la puerta sea la hora que sea.</p>
<p> Lo meditó un poco y después aceptó.</p>
<p> -Pero tiene que ser todo rápido –dijo.</p>
<p> -Quedesé tranquila, Sra. Victoria, no va a durar mucho. Lo que yo también quisiera que usted haga es llevarlo al Sr. Borges y a la Sra. María.</p>
<p> -¿Para qué? –me preguntó.</p>
<p> -Porque cuantas más personas estemos involucradas menos investigación van a hacer después.</p>
<p> La Sra. Victoria me pasó la mano por la barba y me dijo:</p>
<p> -Mirá que sos un bicho raro vos. Qué bicho más raro que resultaste ser. Pero quedate tranquilo, turrito. Si vos querés que te los lleve a Georgie y a la Japonesa yo te los llevo.</p>
<p> -Es para que seamos más, Sra. Victoria –le dije-. Así estamos todos involucrados y después nadie va a querer hablar siquiera del asunto. ¿Qué le parece?</p>
<p> -A mí la idea me gusta. Y además es también así como vos decís: Por ahora mi hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana no se sabe con lo que aquélla se puede salir. Es verdad eso que la Rusita es bien insistidora, tenés razón. Pero decime, turrito, esos dos cabecitas negras que vos pensás llevar ¿cómo son? ¿Son de confianza? ¿Gente de fiar es?</p>
<p> -Son buena gente. Mire si serán buena gente que se quieren vengar de la Rusita por las faltas de respeto.</p>
<p> -¡Judía hija de puta! –dijo la Sra. Victoria-. ¿No sabés en lo que anda ahora?</p>
<p> -Trabaja paseando perros –le dije-. La otra vez la vi en Parque Lezama paseando a doce pastores ingleses. Los lleva bien de la correa, no se le escapan&#8230;</p>
<p> -Pero si la Rusita es chiquita ¿cómo no se le escapan?</p>
<p> -Es chiquita pero parece que los perros la quieren y le hacen caso.</p>
<p> La Sra. Victoria prendió un cigarrillo rubio y dijo:</p>
<p> -Así que fuiste vos con la Rusita los que me rompieron la puerta&#8230;</p>
<p> -Eso ya pasó, Sra. Victoria. Ahora tenemos que pensar en cómo hacemos para que la Rusita no ande más suelta por Buenos Aires. ¿Usted piensa que el Sr. Borges y la Sra. María van a poder asistir?</p>
<p> -Van a poder, turrito, por ésos no te preocupés. Esos dos me deben muchos favores a mí y no me van a poder decir que no.</p>
<p> -¿Y de la Sra. Silvina? ¿Usted qué dice? ¿Irá? Porque si no, no vamos a poder entrar en la casa. Yo no le miento, la Rusita no le abre la puerta a nadie de noche.</p>
<p> -Mi hermana también va a ir –dijo exhalando el mucho humo la Sra. Victoria-. La Rusita le arruinó la vida a mi hermana ¿sabés? Antes mi hermana no era así. Mi hermana era una persona feliz, contenta; contenta hasta que la conoció a la Rusita. Fue ella la que la degeneró. Ella fue la que le perturbó la mente a mi hermana.</p>
<p> -No se angustie más, Sra. Victoria –le dije y la abracé-. Nunca más vamos a tener que pasar por las cosas que pasamos.</p>
<p> Y apenas lo dije me sentí una persona distinta. Otra vez alineado.</p>
<p> 　</p>
<p> 5-ALEJANDRA</p>
<p> Cuando tenés en la cabeza cosas para hacer el día se te hace más rápido. Por eso a mí aquel día se me pasó volando y el sol se fue enseguida de Buenos Aires y se vino la noche. Me tomé un taxi y cuando llegué vi que el Turquito ya estaba en la esquina de la casa de la Rusita. Pero estaba solo, sin Aristegui. Por eso me bajé del taxi mirandoló al Turquito fríamente a la cara.</p>
<p> El Turquito me saludó con respeto, pero yo le tendí la mano así nomás, como si fuera un ninguno.</p>
<p> -¿Y Aristegui? –le dije-. ¿Todavía no vino?</p>
<p> El Turquito hizo una mueca blanda, vaciladora; una mueca que no me gustaba nada.</p>
<p> -¿Qué pasa, Turquito, que tenés esa cara? –le dije-. ¿Tenés miedo? ¿Te da lástima por la Rusita? No le tengás lástima a la Rusita, no se lo merece&#8230; Si vos supieras las cuantas veces que habló mucho de vos discriminandoté&#8230; Lo mismo que de Aristegui&#8230; Indios de acá, indios de allá&#8230; A esta piba ya se le acabó. Ahora vos fijate qué contradictorio ¿no?, porque si vos a ella le decís judía, ella rápido te dice: &#8220;¿Vos te pensás que porque soy judía me podés decir cualquier cosa?&#8221;. ¿Ves la diferencia? ¿Me seguís? Ella a ustedes sí los puede discriminar y decirles hindúes, pero cualquier cosa que ustedes le digan a ella, la Rusita salta enseguida y la toma como una discriminación. ¿A qué hora le dijiste a Aristegui que venga?</p>
<p> El Turquito se puso otra vez medio blando.</p>
<p> -No le fui a decir nada a Aristegui, Sr. Cortázar&#8230; –balbuceó.</p>
<p> -Turquito, ¿no habíamos convenido en que necesitábamos protección policial y que vos lo ibas a traer a Aristegui?</p>
<p> -Yo a Aristegui no le tengo tanta confianza para pedirle algo así&#8230; No lo conozco mucho&#8230; O lo conozco, sí, ¿pero cuántas veces lo habré visto en mi vida? Cuatro, cinco&#8230; En alguna que otra redada a lo mejor&#8230;</p>
<p> -¿Pero si vos no eras el hermanastro de Aristegui, Turquito, y todos ustedes no se vinieron del Tucumán?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar&#8230; Si en mi vida yo salí del conurbano&#8230; No entiendo de dónde usted saca eso&#8230; Y hoy tampoco le entendí bien cuando me salió con todos esos asuntos&#8230; Pensé que&#8230;</p>
<p> -¿Qué pensaste, Turquito?</p>
<p> -Pensé que era una conversación habitual entre dos escritores&#8230; Y como yo no estoy todavía muy empapado con este tipo de charlas me confundió&#8230; ¿Por qué me vuelve a decir otra vez que soy hermanastro de Aristegui?</p>
<p> Me di cuenta que todo había sido fábula de la Rusita. Pero no me quise embatatar con chiquilinadas y le dije:</p>
<p> -No importa, Turquito. Concentremonós en lo que vamos a hacer y no nos distraigamos más.</p>
<p> -Yo no voy a estar –dijo el Turquito-. Perdonemé, Sr. Cortázar. No es que quiera dar marcha atrás, pero si le quieren hacer algo a Alejandra, haganseló ustedes. Después se van a arrepentir cuando ella los empiece a perseguir para la revancha.</p>
<p> -Vos no me entendiste hoy, Turquito. ¿No te dije que hoy a la Rusita se le termina el calendario? ¿Tanto miedo le tenés?</p>
<p> -No es miedo, Sr. Cortázar. Es respeto. Vaya y pregunte en el conurbano cómo terminaron los que se metieron con ella. Hay que pensar bien las consecuencias antes de meterse con Alejandra. Yo le diría a usted que se fuera a su casa, Sr. Cortázar. No le va a ir bien&#8230; Alejandra es más peligrosa y más fuerte de lo que ustedes se imaginan&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no te vas vos a tu casa, Turquito? –le dije con rencor-. ¿Para qué viniste si no pensabas participar? Si nos vamos a estar traicionando entre nosotros&#8230;</p>
<p> Y me callé. No sabía qué más decir. Todo el entusiasmo que tenía hasta hace un rato con el proyecto se me había ido por los pies.</p>
<p> -Entonces andate, Turquito –le largué-. Si tanto miedo tenés y no querés participar andate.</p>
<p> -¿No me puedo quedar esperando hasta que lleguen la Sra. Ocampo y el Sr. Borges?</p>
<p> -¿No me oíste, Turquito? –le dije con desprecio-. Que te vayás te dije.</p>
<p> Le mostré mi perfil más cruel; y entonces el Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido; vaciló un poco y después me dijo: &#8220;Adiós, Sr. Cortázar&#8221;, y se fue caminando lentamente. Encendí un cigarrillo mientras lo veía alejarse y el Turquito a veces se daba vuelta hasta que no lo vi más.</p>
<p> Ya era bastante de noche cuando llegaron en un Chevy verde la Sra. Victoria, la hermana y la Sra. María. Cuando bajaron las tres del auto pregunté por Borges; y la Japonesa me contestó:</p>
<p> -Borges no participa de estas cosas. De estas cosas ahora me ocupo yo.</p>
<p> -¿Dónde están los cabecitas negras que ibas a traer? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Es mejor así que seamos pocos –le dije-. Tampoco es bueno traer a tanta gente.</p>
<p> La Sra. Silvina no hablaba; se la veía melancólica y poco firme. Igual fuimos hasta la casa de la Rusita; y yo me puse a tocar timbre como me había puesto a tocar la primera vez que había ido, dos años y pico atrás.</p>
<p> -Basta, turrito –me dijo la Sra. Victoria-. No debe estar en casa.</p>
<p> -¿Y en dónde la podríamos encontrar? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> Pero ahí justo escuchamos la voz de la Rusita del otro lado de la puerta.</p>
<p> -¿Quién es? –dijo la Rusita.</p>
<p> Y como la Sra. Silvina estaba poco firme se quedó muda y petrificada.</p>
<p> -¿Quién es? –volvió a preguntar la Rusita más alto.</p>
<p> -Soy yo, Alejandra –dijo la Sra. Silvina como en murmullo.</p>
<p> -¿Yo quién? ¿Minina? ¿Sos vos, Silvín? –preguntó la Rusita; y ya la voz le empezaba a sonar más cantante, más alegre-. ¿Estás sola o viniste con alguien?</p>
<p> -No vine con nadie, Alejandra. ¿Vos no me querrías abrir la puerta?</p>
<p> -Ahora voy corriendo a buscar las llaves y te abro, Minina. No te vayás.</p>
<p> Escuchamos que la Rusita corría a los tropezones por el pasillo; y la Sra. Victoria dijo:</p>
<p> -¿Vieron la voz que tiene? Parece un chico de 12 años.</p>
<p> -¿Cómo lo vamos a hacer? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> -El turrito sabe –dijo la Sra. Victoria.</p>
<p> Pero yo no sabía. No tenía en realidad muy en claro cómo lo teníamos que hacer. Yo nada más esperaba que el resentimiento hacia la Rusita saliera a la superficie; así todo sería más natural y más simple.</p>
<p> La Rusita tardó un buen rato para abrirnos la puerta. Y cuando nos abrió a la primera que vio fue a la Sra. Victoria que se le entraba; y después nos vio a todos uno a uno entrándole a la casa; y como vio que se le venía la noche no quiso hacer resistencia. Nos dejó pasar lo más campante y sin decirnos nada. Estaba rara, parecía como que se sostenía del picaporte para no caerse al piso. Parecía que estaba por irse a dormir, porque andaba descalza y tenía puesto el pantalón azul Adidas que le arrastraba por el piso y la remera de pijamas.</p>
<p> -¿Qué estabas haciendo, Rusita? –le pregunté mientras venía con nosotros por el pasillo.</p>
<p> -Estaba llenando la hoja de horarios para los perros que tengo que pasear mañana.</p>
<p> Había hablado balbuceante, como si la lengua se le trabara. Después trastabilló y se abrazó de mí para no caerse. Yo pensé que se estaba haciendo la payasa, porque tenía los ojos entrecerrados y también hacía tics. Fue entonces ahí cuando se cayó al piso, mirando el cielo boca arriba.</p>
<p> -Lo hizo otra vez –dijo la Sra. Silvina-. Tomó pastillas otra vez.</p>
<p> La Japonesa se le acercó y le prendió un encendedor cerca de la mano; pero la Rusita tardó en reaccionar.</p>
<p> -¡Agua! –exclamó la Rusita.</p>
<p> -Llevelá hasta la cama, Julio –me dijo la Sra. Silvina-. Yo la vez anterior que la encontré también estaba así.</p>
<p> Yo la cargué en los brazos a la Rusita y me metí en la pieza y la tiré en la cama. Y lo hice con tanta brusquedad que hice que la Rusita volviera a despertarse.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –balbuceó la Rusita-, siento que todo el cuerpo me está subiendo a la cabeza.</p>
<p> -No nos pidas ayuda, Rusita –le dijo la Sra. Victoria-. A nosotras no nos pidas ayuda. Estás pagando por todas las que nos hiciste. Ahora te toca sufrir a vos. Ahora vas a saber cómo se siente uno cuando lo traicionan.</p>
<p> -Llamen una ambulancia, hijas de putas –dijo la Rusita.</p>
<p> Y en ese momento todos nos quedamos quietos y callados alrededor de la cama por un buen rato; porque que te insulte alguien que se está por morir es muy distinto a que te insulte alguien que uno sabe que va a seguir viviendo.</p>
<p> La Rusita quiso incorporarse, pero volvió a caer tumbada sobre la almohada con los ojos entrecerrados.</p>
<p> -Morite, judía –dijo la Sra. Victoria-, morite de una vez. ¿Cuándo se muere esta judía? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –dijo otra vez la Rusita-, antes de preguntar cuándo me muero.</p>
<p> -¿Llamo a una ambulancia, Sra. Victoria? –le pregunté.</p>
<p> -¿Vos tenés mareos en la cabeza, turrito? –me dijo-. ¿Para qué vas a llamar a una ambulancia? ¿Primero calentás la pava y ahora no querés tomar el mate?</p>
<p> -Yo me quiero ir –dijo la Japonesa-. Lo que vinimos a hacer ya se lo hizo ella misma. No pesará sobre nuestras conciencias.</p>
<p> -¿Cómo te sentís, Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -&#8230; ansiosa por irme a ningún lugar, Van Gogh –me respondió.</p>
<p> -Miren cómo quiere seguir haciéndose la artista –criticó crispada la Sra. Victoria-, hasta el último momento la judía.</p>
<p> La Rusita extendió los brazos hacia la Sra. Silvina y le dijo:</p>
<p> -Besame, Minina; besame un beso de despedida&#8230; No partirán mis labios de lo contrario&#8230;</p>
<p> Pero la Sra. Victoria le cambió los naipes y le dijo:</p>
<p> -Bajá esos brazos, Rusita. Vos a mi hermana no la volvés a tocar nunca más.</p>
<p> La Sra. Silvina rompió en llanto.</p>
<p> -No llores, Silvín –le dijo la Rusita-. Yo también sé lo que es mirar hacia atrás y desear otra cosa&#8230;</p>
<p> -Vos no sabés nada, Rusita, y dejá de estar haciéndole la novela a mi hermana.</p>
<p> La Japonesa empezó a juntar del piso las varias tiras de comprimidos que la Rusita se había tomado. Y me las dio todas a mí.</p>
<p> -Mire, Sra. Victoria –le dije, mostrándole en las manos todas esas tiras vacías-, ¿le parece que no es para llamar a una ambulancia?</p>
<p> -Vos debés tener un problema de olla, turrito –me contestó irritada-, porque parece que no razonás bien lo que decís. Empezá a comer un poco más seguido, porque un día decís una cosa y al otro día decís otra.</p>
<p> Yo hice caras de sentirme triste y me senté en la cama.</p>
<p> -¡Pero mirá cómo te ponés! –me reprochó la Sra. Victoria-. Tampoco es para tanto&#8230; Parecés una mina lo flojo que te ponés.</p>
<p> -Es que usted tiene razón, Sra. Victoria –le dije-. De un tiempo a esta parte no sé bien lo que vengo diciendo. No sé si será una enfermedad o qué, pero no puedo concentrarme mucho en las cosas que digo.</p>
<p> -¿Hace cuánto que te viene pasando eso?</p>
<p> -Hará cosa de dos años o tres&#8230;</p>
<p> Entonces la Japonesa se puso a tomarle el pulso a la Rusita. Y vio que tenía poco. Y le puso una almohada encima de la cara y empezó a forcejear. Y la Rusita se quería defender con las pocas fuerzas que tenía pero no podía mucho. Y los talones le resbalaban por el colchón y la Sra. Victoria le decía: &#8220;Morite, judía, morite&#8221;; y la Sra. Silvina cómo lloraba, me acuerdo; y yo decía: &#8220;Dejelá, Sra. María, dejelá&#8221;; y a la Japonesa le salpicaba espuma de la boca por el esfuerzo que hacía; y la Rusita cada vez tenía menos fuerzas y cada vez pataleaba menos en el colchón; y yo me acuerdo que yo lloraba porque me daba lástima por la Rusita. Esta Rusita&#8230; siempre nos hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita? Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita. Dejelá, Sra. María, dejelá. No sabés cómo estaba yo. Lo mal que la pasé. Porque era la primera vez que veía cómo mataban a alguien. No sabés lo feo que es. Ojalá nunca te pase. Tardás varios días en olvidarte de todo, pero al rato enseguida seguís haciendo una vida normal.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> &amp;a</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-2-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-4/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-4/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2009 23:23:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[ CORTÁZAR 7ma. VUELTA
 　
 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES
 Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN lang="ES-MODERN"> CORTÁZAR 7ma. VUELTA</p>
<p> 　</p>
<p> 1-24 DE SETIEMBRE DE 1972 TRES PUNTOS BUENOS AIRES</p>
<p> Hacía varios días que yo me estaba despertando con ganas de sacar del medio a alguien. Y recién ese día yo me di cuenta que a la única que quería sacar del medio era a la Rusita. Por culpa de ella yo todavía estaba en Buenos Aires y no me había podido ir a París un año atrás como lo tenía proyectado. Ni los del grupo de Boedo ni los de Florida me querían dar plata prestada. Así que por eso yo andaba solo por la calle, caminando de un lugar a otro y cruzando las calles sin mirar si venían autos. El odio que sentía por la Rusita y el resentimiento por todo lo que me había hecho me habían convertido en un hombre malo.</p>
<p> Yo antes no era así. Era una persona sensible que se ponía a llorar cuando iba al cine y se interesaba mucho por todas las ramas que tienen que ver con el arte y la literatura. Ahora ninguna cosa me conmovía nada. Estaba hecho una persona vacía y amargada; y me sentía viejo y feo. El haberme juntado tanto con la Rusita me había empujado hasta este rincón. </p>
<p> Aunque la verdad es que hacía varios meses que no la veía.</p>
<p> Por esos días me enteré por la calle que al Turquito lo habían largado y que iba siempre a un bar de la calle Corrientes a tomar café y comer medialunas. Yo me daba una idea más o menos de en cuál bar lo podía encontrar y me fui hasta ahí. Lo encontré en una mesa en medio del bar que estaba lejos de los baños.</p>
<p> Apenas el Turquito me vio entrar se puso de pie y me miró con una mezcla de miedo y tristeza. Para que viera que no me tenía que tener ningún miedo le tendí la mano y él me la estrechó con suavidad para no hacerme doler.</p>
<p> Me le senté en la mesa y el Turquito me convidó con cigarrillos y medialunas. Pero yo llevaba ya varios días sin comer nada y ni tampoco tenía ganas de comer. Parece que el estómago se me había cerrado. Le acepté lo de los cigarrillos porque era con la única cosa que me podía sacar de encima toda la mala sangre que tenía.</p>
<p> -¿Así que te largaron, Turquito? –le dije-. No sabés la alegría que me dio cuando me enteré.</p>
<p> El Turquito se sonrió un poco, como si yo se lo estuviese diciendo de verdad. El Turquito a mí me creía todo y se hacía a la idea de que nosotros dos éramos de alguna manera colegas.</p>
<p> -¿Sabe, Sr. Cortázar? –me dijo-. Cuando estaba adentro soñaba siempre con usted. Pero no me interprete mal, no eran sueños sucios. Eran sueños más bien de relación intelectual.</p>
<p> -¿Por qué me aclarás eso, Turquito? –le dije-. ¿Por qué me aclarás que no eran sueños sucios? ¿Vos te creés que yo soy un malpensado?</p>
<p> El Turquito se puso medio morado y sorbió un poco de café.</p>
<p> -Por ahí&#8230; A lo mejor a usted&#8230; –farfulló el Turquito-. Yo ya me imagino las cosas que Alejandra le debe haber contado a usted de mí. Pero no piense que a mí no me gustan las mujeres. Todas las cosas que yo hice adentro las tuve que hacer por necesidad. Pero cuando estoy afuera soy una persona distinta&#8230; Una persona como todas&#8230;</p>
<p> Yo me reí un poco y parece que le habré contagiado un poco la risa al Turquito, porque ahí mismo él se puso a reír con esa risa de atorrante que tenía siempre.</p>
<p> El Turquito estaba igual a como yo lo había conocido dos años atrás, con mucha melena y barba, y de aspecto gredoso y furtivo.</p>
<p> -¿Cuánto tiempo estuviste encerrado en el fortín? –le pregunté.</p>
<p> -Casi quince meses, Sr. Cortázar. Pero esta vez me pasaron más lentos que las otras veces. Leía mucha filosofía y mucho de astrología, pero igual el tiempo no se me pasaba. Nunca más voy a estar adentro. Ya me lo dije. Antes me pego un tiro en la cabeza.</p>
<p> -¿A vos te atraparon entre Castelar y Merlo, no, Turquito?</p>
<p> -¿Y usted cómo lo sabe, Sr. Cortázar? –me dijo como si estuviera sorprendido.</p>
<p> -¿Y vos cómo pensás que yo lo podría saber? ¿No se te ocurre de dónde me lo pueden haber contado? Me lo contó la Rusita, Turquito. Fue ella la que te delató a vos. ¿O vos no lo sabías?</p>
<p> El Turquito bajó la mirada y unos segundos después dijo:</p>
<p> -Claro que lo sabía, Sr. Cortázar. ¿Cómo no lo iba a saber? Si ella era la única que me podía delatar&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no la delataste también a ella, si sabías&#8230;?</p>
<p> -¿Para qué? –dijo el Turquito con tristeza-. ¿Para qué íbamos a estar los dos adentro? Si con uno que cayera ya bastaba&#8230;</p>
<p> -¿Sabés cuál es tu problema, Turquito? Que vos le guardás mucha fidelidad a la Rusita, y por eso te va como te va.</p>
<p> -¿Sabe qué pasa, Sr. Cortázar? Yo a Alejandra no le puedo hacer nada malo. Cuando salí, salí con la idea de que la iba a matar. Y a los pocos días fui hasta la casa y la vi justo cuando salía. Me parecía mentira, llevaba de una correa a media docena de perros con una sola mano; y con la otra mano fumaba un cigarrillo. Parece que ahora es paseadora de perros. Le deben pagar bien, porque si no Alejandra no lo haría. ¿Se la imagina usted, Sr. Cortázar, paseando media docena de perros? No, si es lo que yo digo&#8230; Alejandra tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> El Turquito se puso a reír; y también a toser mientras se reía. A mí me envenenó la sangre ver que todavía la festejaba a la Rusita. Así que para cortarle de un golpe el chorro de la risa le dije:</p>
<p> -Yo sé todo de la vida de vos, Turquito. No te creás que no me enteré. Sé de los cuchillazos que hubo en tu familia y que vos tenías siete años y que lo viste todo.</p>
<p> El Turquito me clavó una mirada de corajina, pero como estábamos rodeados de mucha gente yo seguí:</p>
<p> -Y sé también que no fue nadie preso en la familia. Que se vinieron todos de Tucumán con el negocio de la trata de blancas y que tu hermanastro Aristegui nunca hizo nada para defenderte, porque no quería andar en cruces con el padre. Y si querés te sigo contando, Turquito, porque la lista es larga; y ya te imaginarás vos quién me lo contó; y vos todavía tenés el descaro de defender a la Rusita y decís que tiene una energía vital que asombra.</p>
<p> Ahora el Turquito estaba serio. Más serio que triste.</p>
<p> -Yo no digo que Alejandra no sea lengua suelta&#8230; pero todo lo que dice lo dice sin maldad.</p>
<p> -Yo no te dije que me lo contó con maldad; lo que te dije es que me lo contó todo riendosé y haciendo bromas. ¿A vos te parece que todo lo que pasó en tu familia es un tema para contarlo riendosé y haciendo bromas? Y vos todavía guardándole fidelidad&#8230;</p>
<p> 　</p>
<p> 2-EL TURQUITO</p>
<p> Parecía que le había tocado una fibra íntima del corazón, porque permaneció callado durante un buen rato y con la vista gacha.</p>
<p> -¿Vos te sentís bien, Turquito? –le pregunté</p>
<p> -¿A qué vino hoy usted, Sr. Cortázar? –me dijo secamente-. ¿Usted me buscaba para algo?</p>
<p> Yo vi que otra vez me estaba pasando revista con corajina.</p>
<p> Entonces le dije:</p>
<p> -Turquito, vos no te creás que sos la única víctima de la Rusita. Todos los favores que te hizo a vos me los hizo también a mí y se los habrá hecho también a varios. Pero vos me preguntaste yo a qué hoy y yo te voy a contestar: Yo hoy vine para abrirte los ojos, Turquito, y para que le paremos el carro para siempre a la Rusita.</p>
<p> El Turquito parecía no comprenderme todavía bien.</p>
<p> -No vamos a estar solos vos y yo, Turquito –le dije-. Estas cosas hay que hacerlas con mucho cuidado y entre varios. Por eso vamos a invitar a más gente para que venga. Vos sabés que yo tengo contactos con el negocio de la literatura, y les pensaba decir a la Sra. Ocampo y a Borges. Y vos por tu lado le podrías decir a Aristegui para que también nos dé una ayuda. Mientras más personas seamos va a ser mejor para todos.</p>
<p> El Turquito se puso regionalista.</p>
<p> -¿Y a mí de qué me sirve si Alejandra termina muerta? –me dijo.</p>
<p> -Vos no me entendés, Turquito. Vos mirás el negocio pero al revés. Por supuesto que a vos no te sirve de nada si la Rusita termina muerta. En lo que vos tenés que hacer foco es en los socios que vas a tener para este negocio y que yo ya te los nombré. ¿Vos no dijiste siempre que querías entrar al negocio de la literatura? ¿O ya se te pasó el metejón de escribir novelas?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar –me dijo un poco más entusiasmado-. Siempre estoy escribiendo novelas. Tengo escritas más de treinta novelas. Y ninguna baja de las 600 páginas&#8230; Es como que no puedo escribir una novela breve; no puedo desarrollar una historia si no tengo escritas 300 páginas. Y recién ahí empiezo a perfilar un poco el argumento de la novela y de lo que se va a tratar; y de a poco empiezan a aparecer los personajes y la historia arranca. Pero a usted le debe pasar lo mismo, Sr. Cortázar, con las novelas que escribe. Con lo que yo le digo usted no se está enterando de nada. No le estoy inventando nada.</p>
<p> Yo lo quise regresar más para la discusión, porque me parecía que el Turquito empezaba a divagar.</p>
<p> -¿Entonces qué me respondés, Turquito: te prendés o no?</p>
<p> -La verdad que para mí sería bueno si va a ir la gente que usted dice&#8230; Es gente viajada y conocida&#8230; Me convendría a mí&#8230; Arrimarme a esa gente&#8230; ¿Usted cuándo pensaba ir a la casa de Alejandra?</p>
<p> -Hoy mismo a la noche, Turquito. Para qué esperar. Estas cosas se hacen en caliente.</p>
<p> El Turquito se puso dubitativo.</p>
<p> -Si vos no querés hacerlo, Turquito, no lo hagás –le dije-. Tampoco te voy a estar suplicando para hacerte un favor. Buenos Aires está lleno de muertos de hambre que escriben novelas y que van a aceptar encantados de la vida si yo les digo. Vos hacé descanso mejor. A lo mejor los quince meses que estuviste de preso te turbaron un poco la cabeza.</p>
<p> Hice ademán de levantarme de la mesa, pero el Turquito amainó enseguida:</p>
<p> -Pero si yo no le estaba diciendo que no, Sr. Cortázar. Yo le preguntaba solamente cuándo tenían pensado ir ustedes a visitar a Alejandra.</p>
<p> -Ya te dije, Turquito. Lo vamos a hacer esta misma noche. Ya la apalabré a mucha gente influyente y me dieron el visto bueno que iban a venir.</p>
<p> -Yo quisiera estar, Sr. Cortázar. Quisiera sumarme. Si es verdad lo que usted dice&#8230; que va a ir esa gente influyente&#8230; Yo quisiera arrimarmelés. Querría participar.</p>
<p> -Si querés participar lo tenés que traer también a Aristegui. Esta gente es influyente y le gusta tener protección policial. No van a querer estar mal parados si la cosa se complica.</p>
<p> -Pero yo no sé si Aristegui querrá ir&#8230;</p>
<p> -Vos preguntale y vas a ver cómo viene. La Rusita le faltó el respeto muchas veces a Aristegui. Te digo más, me parece que fue con el que se portó peor de todos. ¿No te contaron lo que le hizo en Ezeiza?</p>
<p> El Turquito coincidió conmigo y finalmente aceptó.</p>
<p> Quedamos en que nos íbamos a encontrar a la noche en la esquina de la casa de la Rusita.</p>
<p> 　</p>
<p> 3-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Salí del bar apurado como agente de Bolsa. Caminaba rápido y miraba a cada rato la hora. Estaba nervioso pero no estaba arrepentido por lo que quería hacer. Me zumbaban los oídos y quería que se hiciera de noche rápido para terminar con lo que había. Trataba de no pensar, pero cada pibe que veía por la calle me traía a la memoria los pibes que andaban con la Rusita, y después se me aparecía la Rusita caminando rápido al lado mío y me ponía peor. Más enojado.</p>
<p> Por suerte cuando llegué a la casa de la Sra. Victoria ella estaba. Hasta me abrió la puerta ella misma. Yo me sorprendí. Porque pensé que tendría una cabecita negra de sirvienta que le iba siempre a abrir la puerta. Me hizo entrar a la casa de un modo raro, sin preguntarme a qué iba ni por qué estaba todavía en Buenos Aires.</p>
<p> Me llevó hasta el salón del comedor y hasta se me puso a agradecer que hacía un año que a la hermana la habían dejado tranquila. La Sra. Victoria me daba a mí el premio que la Rusita la hubiese dejado tranquila a la Sra. Silvina por tanto tiempo.</p>
<p> -¿Y no llegan más cartas amenazantes de la Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -A veces llega alguna que otra –dijo la Sra. Victoria-, pero yo siempre hago que las quemen.</p>
<p> -Parece que el daño que le hicieron a la Sra. Silvina ya se le debe haber ido –le dije.</p>
<p> Y ella me contestó:</p>
<p> -Y también parece que vos me hiciste los deberes, turrito. Quedate tranquilo que no me voy a olvidar.</p>
<p> Estábamos sentados uno al lado del otro en el sillón; y la Sra. Victoria me daba palmaditas en la rodilla y el ambiente era cordial cuando dije:</p>
<p> -Sra. Victoria, sepa que yo lo lamento mucho lo del robo de su joya. ¿Quedó alguien detenido?</p>
<p> -¿Cuál robo, turrito? –me dijo-. ¿De qué me estás hablando?</p>
<p> -De la joya, Sra. Victoria. De la joya que a usted le robaron el setiembre pasado.</p>
<p> -¿Y vos cómo sabés que a mí me robaron una joya?</p>
<p> -Porque uno anda en la calle, Sra. Victoria, y se entera de todo. Y por cada denuncia que se hace en la comisaría después se empieza a correr el rumor en la calle y uno aunque no quiere escuchar se entera. Uno ve a un grupo de gente parada en una esquina y conversando, y se acerca y escucha lo que dicen.</p>
<p> -¿Y a vos quién te contó, turrito, si yo no hice ninguna denuncia cuando me robaron?</p>
<p> Yo me habré puesto pálido como el papel, porque sinceramente no sabía bien qué contestar. Me sentía embarullado con lo que había dicho y no encontraba las palabras que pudieran servirme para quitarme el embatatamiento.</p>
<p> Entonces la Sra. Victoria me empezó a mirar más fijo y un miedo más terrible me empezó a dar.</p>
<p> -Contestá lo que te pregunté, turrito; ¿a vos quién te contó que me robaron una joya?&#8230; Si yo ni siquiera a mi hermana se lo dije por no desgraciarla.</p>
<p> Entonces me desmoroné por completo. Perdí todos los sentidos y los estribos y empecé a hablar sin razón.</p>
<p> -Fui yo, Sra. Victoria; fuimos yo y la Rusita los que le robamos a usted. Pero yo no quería robarle, se lo juro. La Rusita me obligó&#8230; Aquel día que usted me pidió que fuera a visitarla al Pirovano ¿se acuerda? Ese día me obligó para que le robáramos a usted. Me dijo que si yo no la ayudaba le iba a matar a usted a la Sra. Silvina&#8230;</p>
<p> La Sra. Victoria salió del salón y volvió enseguida con el cinto grande que usaba su tata arriba del caballo con la peonada y el indiaje cuando no le trabajaban duro el quebracho y la caña de azúcar. </p>
<p> Apenas la vi volver mi primer instinto fue el de tirarme debajo de la mesa para que no me golpeara. Pero esto la enfureció más a la Sra. Victoria. Porque empezó a dar cintazos a las patas de la mesa y a decirme:</p>
<p> -¡Salí de ahí abajo, mierda! ¡Y no te escondás que me ponés peor si no te pego!</p>
<p> -¡Tranquilicesé, Sra. Victoria! –yo decía; y algunos cintazos me llegaban a dar en las manos y en la cara. No sabía bien cómo defenderme ni de qué lado ponerme, porque la Sra. Victoria se ponía a girar alrededor de la mesa y nunca se quedaba quieta.</p>
<p> -¡Qué hicieron con la joya, mierdas! –gritaba furiosa-. ¿Dónde la escondieron?</p>
<p> -¡No la escondimos, Sra. Victoria! ¡La Rusita la hizo vender en Once!&#8230; Ya no la puede recuperar más, tranquilicesé&#8230; ¡A mí también me estafaron! Si yo a usted nunca le quise hacer nada malo. –Yo estaba un poco lloroso y hablaba plañideramente-. Si usted misma sabe que siempre le hice buena letra&#8230; Preguntelé si no a la Sra. Silvina todas las cosas que le conté de la Rusita en el Pirovano&#8230; ¿Por qué se cree que la Sra. Silvina dejó de amarla a la Rusita en todo este año? Por todas las cosas que yo le conté de ella en el Pirovano. ¿O no es así? ¿O usted no me pidió que se la alejara a la Rusita de su hermana, que me la llevara lejos&#8230;? ¿Entonces por qué usted ahora me maltrata, si yo a usted le cumplí todo al pie de la letra y hice todo lo que usted me pidió?</p>
<p> Yo me había desahogado y la Sra. Victoria estaba cansada de darle vueltas a la mesa y pegar cintazos. Se fue a sentarse en el sillón agotada y con voz más calma me dijo:</p>
<p> -Está bien, turrito, no llorés más. Salí de ahí abajo que no te voy a pegar. Vos me hiciste una gauchada y yo te la agradezco. Me la alejaste a la Rusita de mi hermana y eso no me lo voy a olvidar.</p>
<p> 　</p>
<p> 4-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Yo entonces salí de debajo de la mesa secándome las lágrimas y dije:</p>
<p> -No tiene que agradecer nada la Sra. Victoria. Si soy bueno para algo que usted necesite, no tiene más que decirlo y yo lo hago.</p>
<p> -Ya lo sé, turrito, ya lo sé. Si yo sé que vos siempre nos hiciste buena letra.</p>
<p> Me senté otra vez al lado de ella y vi que me miraba con una sonrisa entre agria y dulce.</p>
<p> -¿Sabe qué, Sra. Victoria? Ahora lo que tenemos que hacer nosotros es no tener más noticias de la Rusita. ¿Me comprende? Porque por ahora su hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana quién sabe. Mire que la Rusita es insistidora; y por ahí un día la convence otra vez a la Sra. Silvina para que vuelva con ella. Quién dice. No nos podemos quedar tan confiados.</p>
<p> -¿Qué me estás proponiendo, turrito? –me dijo la Sra. Victoria, ahora sí con una sonrisa como que me aprobaba la salida-. ¿Vos de qué me querés hablar?</p>
<p> -De lo que ya le dije, Sra. Victoria. De que por una buena vez por todas no tengamos más noticias de la Rusita. ¿O qué? ¿Vamos a tener que vivir toda la vida con el corazón en la boca por culpa de ella?</p>
<p> La Sra. Victoria lo reflexionó unos segundos y después me preguntó:</p>
<p> -¿Cuándo lo querés hacer?</p>
<p> -Hoy mismo –le dije-. Esta misma noche. Yo voy a llevar a dos personas a las que la Rusita también les faltó el respeto; y yo le pediría a usted que llevara a su hermana.</p>
<p> -Eso no –dijo la Sra. Victoria tajante-. Ver eso le haría muy mal a mi hermana. Además ella es de deprimirse mucho y después cuesta sacarla del pozo.</p>
<p> -Es que si no va la Sra. Silvina, no vamos a poder entrar a la casa de la Rusita. La Rusita no le abre la puerta a nadie de noche. Para eso la necesitamos a la Sra. Silvina. A ella seguro que le va a abrir la puerta sea la hora que sea.</p>
<p> Lo meditó un poco y después aceptó.</p>
<p> -Pero tiene que ser todo rápido –dijo.</p>
<p> -Quedesé tranquila, Sra. Victoria, no va a durar mucho. Lo que yo también quisiera que usted haga es llevarlo al Sr. Borges y a la Sra. María.</p>
<p> -¿Para qué? –me preguntó.</p>
<p> -Porque cuantas más personas estemos involucradas menos investigación van a hacer después.</p>
<p> La Sra. Victoria me pasó la mano por la barba y me dijo:</p>
<p> -Mirá que sos un bicho raro vos. Qué bicho más raro que resultaste ser. Pero quedate tranquilo, turrito. Si vos querés que te los lleve a Georgie y a la Japonesa yo te los llevo.</p>
<p> -Es para que seamos más, Sra. Victoria –le dije-. Así estamos todos involucrados y después nadie va a querer hablar siquiera del asunto. ¿Qué le parece?</p>
<p> -A mí la idea me gusta. Y además es también así como vos decís: Por ahora mi hermana está a salvo de la Rusita, pero mañana no se sabe con lo que aquélla se puede salir. Es verdad eso que la Rusita es bien insistidora, tenés razón. Pero decime, turrito, esos dos cabecitas negras que vos pensás llevar ¿cómo son? ¿Son de confianza? ¿Gente de fiar es?</p>
<p> -Son buena gente. Mire si serán buena gente que se quieren vengar de la Rusita por las faltas de respeto.</p>
<p> -¡Judía hija de puta! –dijo la Sra. Victoria-. ¿No sabés en lo que anda ahora?</p>
<p> -Trabaja paseando perros –le dije-. La otra vez la vi en Parque Lezama paseando a doce pastores ingleses. Los lleva bien de la correa, no se le escapan&#8230;</p>
<p> -Pero si la Rusita es chiquita ¿cómo no se le escapan?</p>
<p> -Es chiquita pero parece que los perros la quieren y le hacen caso.</p>
<p> La Sra. Victoria prendió un cigarrillo rubio y dijo:</p>
<p> -Así que fuiste vos con la Rusita los que me rompieron la puerta&#8230;</p>
<p> -Eso ya pasó, Sra. Victoria. Ahora tenemos que pensar en cómo hacemos para que la Rusita no ande más suelta por Buenos Aires. ¿Usted piensa que el Sr. Borges y la Sra. María van a poder asistir?</p>
<p> -Van a poder, turrito, por ésos no te preocupés. Esos dos me deben muchos favores a mí y no me van a poder decir que no.</p>
<p> -¿Y de la Sra. Silvina? ¿Usted qué dice? ¿Irá? Porque si no, no vamos a poder entrar en la casa. Yo no le miento, la Rusita no le abre la puerta a nadie de noche.</p>
<p> -Mi hermana también va a ir –dijo exhalando el mucho humo la Sra. Victoria-. La Rusita le arruinó la vida a mi hermana ¿sabés? Antes mi hermana no era así. Mi hermana era una persona feliz, contenta; contenta hasta que la conoció a la Rusita. Fue ella la que la degeneró. Ella fue la que le perturbó la mente a mi hermana.</p>
<p> -No se angustie más, Sra. Victoria –le dije y la abracé-. Nunca más vamos a tener que pasar por las cosas que pasamos.</p>
<p> Y apenas lo dije me sentí una persona distinta. Otra vez alineado.</p>
<p> 　</p>
<p> 5-ALEJANDRA</p>
<p> Cuando tenés en la cabeza cosas para hacer el día se te hace más rápido. Por eso a mí aquel día se me pasó volando y el sol se fue enseguida de Buenos Aires y se vino la noche. Me tomé un taxi y cuando llegué vi que el Turquito ya estaba en la esquina de la casa de la Rusita. Pero estaba solo, sin Aristegui. Por eso me bajé del taxi mirandoló al Turquito fríamente a la cara.</p>
<p> El Turquito me saludó con respeto, pero yo le tendí la mano así nomás, como si fuera un ninguno.</p>
<p> -¿Y Aristegui? –le dije-. ¿Todavía no vino?</p>
<p> El Turquito hizo una mueca blanda, vaciladora; una mueca que no me gustaba nada.</p>
<p> -¿Qué pasa, Turquito, que tenés esa cara? –le dije-. ¿Tenés miedo? ¿Te da lástima por la Rusita? No le tengás lástima a la Rusita, no se lo merece&#8230; Si vos supieras las cuantas veces que habló mucho de vos discriminandoté&#8230; Lo mismo que de Aristegui&#8230; Indios de acá, indios de allá&#8230; A esta piba ya se le acabó. Ahora vos fijate qué contradictorio ¿no?, porque si vos a ella le decís judía, ella rápido te dice: &#8220;¿Vos te pensás que porque soy judía me podés decir cualquier cosa?&#8221;. ¿Ves la diferencia? ¿Me seguís? Ella a ustedes sí los puede discriminar y decirles hindúes, pero cualquier cosa que ustedes le digan a ella, la Rusita salta enseguida y la toma como una discriminación. ¿A qué hora le dijiste a Aristegui que venga?</p>
<p> El Turquito se puso otra vez medio blando.</p>
<p> -No le fui a decir nada a Aristegui, Sr. Cortázar&#8230; –balbuceó.</p>
<p> -Turquito, ¿no habíamos convenido en que necesitábamos protección policial y que vos lo ibas a traer a Aristegui?</p>
<p> -Yo a Aristegui no le tengo tanta confianza para pedirle algo así&#8230; No lo conozco mucho&#8230; O lo conozco, sí, ¿pero cuántas veces lo habré visto en mi vida? Cuatro, cinco&#8230; En alguna que otra redada a lo mejor&#8230;</p>
<p> -¿Pero si vos no eras el hermanastro de Aristegui, Turquito, y todos ustedes no se vinieron del Tucumán?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar&#8230; Si en mi vida yo salí del conurbano&#8230; No entiendo de dónde usted saca eso&#8230; Y hoy tampoco le entendí bien cuando me salió con todos esos asuntos&#8230; Pensé que&#8230;</p>
<p> -¿Qué pensaste, Turquito?</p>
<p> -Pensé que era una conversación habitual entre dos escritores&#8230; Y como yo no estoy todavía muy empapado con este tipo de charlas me confundió&#8230; ¿Por qué me vuelve a decir otra vez que soy hermanastro de Aristegui?</p>
<p> Me di cuenta que todo había sido fábula de la Rusita. Pero no me quise embatatar con chiquilinadas y le dije:</p>
<p> -No importa, Turquito. Concentremonós en lo que vamos a hacer y no nos distraigamos más.</p>
<p> -Yo no voy a estar –dijo el Turquito-. Perdonemé, Sr. Cortázar. No es que quiera dar marcha atrás, pero si le quieren hacer algo a Alejandra, haganseló ustedes. Después se van a arrepentir cuando ella los empiece a perseguir para la revancha.</p>
<p> -Vos no me entendiste hoy, Turquito. ¿No te dije que hoy a la Rusita se le termina el calendario? ¿Tanto miedo le tenés?</p>
<p> -No es miedo, Sr. Cortázar. Es respeto. Vaya y pregunte en el conurbano cómo terminaron los que se metieron con ella. Hay que pensar bien las consecuencias antes de meterse con Alejandra. Yo le diría a usted que se fuera a su casa, Sr. Cortázar. No le va a ir bien&#8230; Alejandra es más peligrosa y más fuerte de lo que ustedes se imaginan&#8230;</p>
<p> -¿Y por qué no te vas vos a tu casa, Turquito? –le dije con rencor-. ¿Para qué viniste si no pensabas participar? Si nos vamos a estar traicionando entre nosotros&#8230;</p>
<p> Y me callé. No sabía qué más decir. Todo el entusiasmo que tenía hasta hace un rato con el proyecto se me había ido por los pies.</p>
<p> -Entonces andate, Turquito –le largué-. Si tanto miedo tenés y no querés participar andate.</p>
<p> -¿No me puedo quedar esperando hasta que lleguen la Sra. Ocampo y el Sr. Borges?</p>
<p> -¿No me oíste, Turquito? –le dije con desprecio-. Que te vayás te dije.</p>
<p> Le mostré mi perfil más cruel; y entonces el Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido; vaciló un poco y después me dijo: &#8220;Adiós, Sr. Cortázar&#8221;, y se fue caminando lentamente. Encendí un cigarrillo mientras lo veía alejarse y el Turquito a veces se daba vuelta hasta que no lo vi más.</p>
<p> Ya era bastante de noche cuando llegaron en un Chevy verde la Sra. Victoria, la hermana y la Sra. María. Cuando bajaron las tres del auto pregunté por Borges; y la Japonesa me contestó:</p>
<p> -Borges no participa de estas cosas. De estas cosas ahora me ocupo yo.</p>
<p> -¿Dónde están los cabecitas negras que ibas a traer? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Es mejor así que seamos pocos –le dije-. Tampoco es bueno traer a tanta gente.</p>
<p> La Sra. Silvina no hablaba; se la veía melancólica y poco firme. Igual fuimos hasta la casa de la Rusita; y yo me puse a tocar timbre como me había puesto a tocar la primera vez que había ido, dos años y pico atrás.</p>
<p> -Basta, turrito –me dijo la Sra. Victoria-. No debe estar en casa.</p>
<p> -¿Y en dónde la podríamos encontrar? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> Pero ahí justo escuchamos la voz de la Rusita del otro lado de la puerta.</p>
<p> -¿Quién es? –dijo la Rusita.</p>
<p> Y como la Sra. Silvina estaba poco firme se quedó muda y petrificada.</p>
<p> -¿Quién es? –volvió a preguntar la Rusita más alto.</p>
<p> -Soy yo, Alejandra –dijo la Sra. Silvina como en murmullo.</p>
<p> -¿Yo quién? ¿Minina? ¿Sos vos, Silvín? –preguntó la Rusita; y ya la voz le empezaba a sonar más cantante, más alegre-. ¿Estás sola o viniste con alguien?</p>
<p> -No vine con nadie, Alejandra. ¿Vos no me querrías abrir la puerta?</p>
<p> -Ahora voy corriendo a buscar las llaves y te abro, Minina. No te vayás.</p>
<p> Escuchamos que la Rusita corría a los tropezones por el pasillo; y la Sra. Victoria dijo:</p>
<p> -¿Vieron la voz que tiene? Parece un chico de 12 años.</p>
<p> -¿Cómo lo vamos a hacer? –preguntó la Japonesa.</p>
<p> -El turrito sabe –dijo la Sra. Victoria.</p>
<p> Pero yo no sabía. No tenía en realidad muy en claro cómo lo teníamos que hacer. Yo nada más esperaba que el resentimiento hacia la Rusita saliera a la superficie; así todo sería más natural y más simple.</p>
<p> La Rusita tardó un buen rato para abrirnos la puerta. Y cuando nos abrió a la primera que vio fue a la Sra. Victoria que se le entraba; y después nos vio a todos uno a uno entrándole a la casa; y como vio que se le venía la noche no quiso hacer resistencia. Nos dejó pasar lo más campante y sin decirnos nada. Estaba rara, parecía como que se sostenía del picaporte para no caerse al piso. Parecía que estaba por irse a dormir, porque andaba descalza y tenía puesto el pantalón azul Adidas que le arrastraba por el piso y la remera de pijamas.</p>
<p> -¿Qué estabas haciendo, Rusita? –le pregunté mientras venía con nosotros por el pasillo.</p>
<p> -Estaba llenando la hoja de horarios para los perros que tengo que pasear mañana.</p>
<p> Había hablado balbuceante, como si la lengua se le trabara. Después trastabilló y se abrazó de mí para no caerse. Yo pensé que se estaba haciendo la payasa, porque tenía los ojos entrecerrados y también hacía tics. Fue entonces ahí cuando se cayó al piso, mirando el cielo boca arriba.</p>
<p> -Lo hizo otra vez –dijo la Sra. Silvina-. Tomó pastillas otra vez.</p>
<p> La Japonesa se le acercó y le prendió un encendedor cerca de la mano; pero la Rusita tardó en reaccionar.</p>
<p> -¡Agua! –exclamó la Rusita.</p>
<p> -Llevelá hasta la cama, Julio –me dijo la Sra. Silvina-. Yo la vez anterior que la encontré también estaba así.</p>
<p> Yo la cargué en los brazos a la Rusita y me metí en la pieza y la tiré en la cama. Y lo hice con tanta brusquedad que hice que la Rusita volviera a despertarse.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –balbuceó la Rusita-, siento que todo el cuerpo me está subiendo a la cabeza.</p>
<p> -No nos pidas ayuda, Rusita –le dijo la Sra. Victoria-. A nosotras no nos pidas ayuda. Estás pagando por todas las que nos hiciste. Ahora te toca sufrir a vos. Ahora vas a saber cómo se siente uno cuando lo traicionan.</p>
<p> -Llamen una ambulancia, hijas de putas –dijo la Rusita.</p>
<p> Y en ese momento todos nos quedamos quietos y callados alrededor de la cama por un buen rato; porque que te insulte alguien que se está por morir es muy distinto a que te insulte alguien que uno sabe que va a seguir viviendo.</p>
<p> La Rusita quiso incorporarse, pero volvió a caer tumbada sobre la almohada con los ojos entrecerrados.</p>
<p> -Morite, judía –dijo la Sra. Victoria-, morite de una vez. ¿Cuándo se muere esta judía? –me preguntó la Sra. Victoria.</p>
<p> -Llamen una ambulancia –dijo otra vez la Rusita-, antes de preguntar cuándo me muero.</p>
<p> -¿Llamo a una ambulancia, Sra. Victoria? –le pregunté.</p>
<p> -¿Vos tenés mareos en la cabeza, turrito? –me dijo-. ¿Para qué vas a llamar a una ambulancia? ¿Primero calentás la pava y ahora no querés tomar el mate?</p>
<p> -Yo me quiero ir –dijo la Japonesa-. Lo que vinimos a hacer ya se lo hizo ella misma. No pesará sobre nuestras conciencias.</p>
<p> -¿Cómo te sentís, Rusita? –le pregunté.</p>
<p> -&#8230; ansiosa por irme a ningún lugar, Van Gogh –me respondió.</p>
<p> -Miren cómo quiere seguir haciéndose la artista –criticó crispada la Sra. Victoria-, hasta el último momento la judía.</p>
<p> La Rusita extendió los brazos hacia la Sra. Silvina y le dijo:</p>
<p> -Besame, Minina; besame un beso de despedida&#8230; No partirán mis labios de lo contrario&#8230;</p>
<p> Pero la Sra. Victoria le cambió los naipes y le dijo:</p>
<p> -Bajá esos brazos, Rusita. Vos a mi hermana no la volvés a tocar nunca más.</p>
<p> La Sra. Silvina rompió en llanto.</p>
<p> -No llores, Silvín –le dijo la Rusita-. Yo también sé lo que es mirar hacia atrás y desear otra cosa&#8230;</p>
<p> -Vos no sabés nada, Rusita, y dejá de estar haciéndole la novela a mi hermana.</p>
<p> La Japonesa empezó a juntar del piso las varias tiras de comprimidos que la Rusita se había tomado. Y me las dio todas a mí.</p>
<p> -Mire, Sra. Victoria –le dije, mostrándole en las manos todas esas tiras vacías-, ¿le parece que no es para llamar a una ambulancia?</p>
<p> -Vos debés tener un problema de olla, turrito –me contestó irritada-, porque parece que no razonás bien lo que decís. Empezá a comer un poco más seguido, porque un día decís una cosa y al otro día decís otra.</p>
<p> Yo hice caras de sentirme triste y me senté en la cama.</p>
<p> -¡Pero mirá cómo te ponés! –me reprochó la Sra. Victoria-. Tampoco es para tanto&#8230; Parecés una mina lo flojo que te ponés.</p>
<p> -Es que usted tiene razón, Sra. Victoria –le dije-. De un tiempo a esta parte no sé bien lo que vengo diciendo. No sé si será una enfermedad o qué, pero no puedo concentrarme mucho en las cosas que digo.</p>
<p> -¿Hace cuánto que te viene pasando eso?</p>
<p> -Hará cosa de dos años o tres&#8230;</p>
<p> Entonces la Japonesa se puso a tomarle el pulso a la Rusita. Y vio que tenía poco. Y le puso una almohada encima de la cara y empezó a forcejear. Y la Rusita se quería defender con las pocas fuerzas que tenía pero no podía mucho. Y los talones le resbalaban por el colchón y la Sra. Victoria le decía: &#8220;Morite, judía, morite&#8221;; y la Sra. Silvina cómo lloraba, me acuerdo; y yo decía: &#8220;Dejelá, Sra. María, dejelá&#8221;; y a la Japonesa le salpicaba espuma de la boca por el esfuerzo que hacía; y la Rusita cada vez tenía menos fuerzas y cada vez pataleaba menos en el colchón; y yo me acuerdo que yo lloraba porque me daba lástima por la Rusita. Esta Rusita&#8230; siempre nos hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita? Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita. Dejelá, Sra. María, dejelá. No sabés cómo estaba yo. Lo mal que la pasé. Porque era la primera vez que veía cómo mataban a alguien. No sabés lo feo que es. Ojalá nunca te pase. Tardás varios días en olvidarte de todo, pero al rato enseguida seguís haciendo una vida normal.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> &amp;a</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/07/02/cortazar-alineado-4/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado-2-3/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado-2-3/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Jun 2009 14:12:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[   
 CORTÁZAR 3ra. VUELTA  
  
 1-1971
  
 Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN><FONT face="Times New Roman"> <DIV></DIV> <P class="MsoNormal"> </FONT></SPAN></p>
<p> <H2><SPAN><FONT face="Times New Roman">CORTÁZAR 3ra. VUELTA</FONT></SPAN></H2> <P class="MsoNormal"><B><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></B></p>
<p> <P class="MsoNormal"><B><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></B></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">1-1971</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese que siempre hay. Pero me tuve que pasar el 24 y el 31 en Buenos Aires. Solito con hambre y sin nadie que me preste.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La peor noche fue la del 31. Me la pasé con el pañuelo en la cara. Me puse a hacer lo que más me gusta hacer en la vida. Me entré a dar lástima de mí mismo. Me acordaba de todo lo que había sufrido de chico. De lo solo y sin papito que me había criado. De cómo se me burlaban en el colegio por cómo yo pronunciaba las r y las g. De la primera novia que me había dejado en Parque Lezama.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Empecé el 71 tirado en la cama y seco como un matambre. Escuché varios discos de jazz y me fumé dos atados. Tenía los pulmones hechos una miseria pero me daba lo mismo. Quería estropearme todavía más la vida. Lo que pasa es que yo estaba enojado con la Embajada de Francia. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">No querían habilitarme la plata para el pasaje de regreso a París. Iba todas las mañanas a la Embajada y no me daban nunca una buena respuesta. Yo les decía que tenía la doble ciudadanía y que me dejaran salir de Buenos Aires. Pero ellos me porfiaban que yo tenía que esperar a que pusieran mis papeles en orden para darme el pasaporte. Al final tuve que pasar el año nuevo en Buenos Aires, con el chiste que eso a mí me hacía.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Nunca me gustaron “el primer día del año”. Siempre me ponían nostalgioso. Para colmo ese primero de enero hacía un calor de los cien indios. Decidí no quedarme en casa. Me iba a poner más enojado si me quedaba en casa encerrado. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">A la una de la tarde salí a la calle y empecé a caminar por la Vicente López hacia el centro. No había una sola alma en la calle. Hacía un calor de más de 40. Seguro que todos estarían durmiendo la siesta de la sidra y el clericó. Como andaba cerca de la casa de Borges lo quise ir a saludar. A lo mejor la Japonesa me prestaba algo de plata para aligerar los trámites en la Embajada.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">2-BORGES</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Caminando rápido se llegaba enseguida a lo de Borges. Lo encontré sentado en una silla bajita de mimbre y con la puerta abierta. Se apantallaba la cara con un abanico japonés por el calor que hacía y se había levantado las mangas de los pantalones hasta las rodillas. Yo entonces le podía ver con todo gusto las pantorrillas. Eran unas pantorrillas debiluchas y sin nada de pelo. Ahí corroboré lo que me había contado Astor Piazzolla sobre el verdadero origen de Borges. Pero por qué será que a los indios no le crecen pelos ni en las piernas ni en los brazos ni en la cara. Qué, ahora te vas a poner a pensar en la genética de los nativos del nuevo continente. No, pero de verdad, yo quería saber. Me intrigaba. Qué cosa más rara son los indios. Un día de éstos voy a cazar un libro de antropología para conocer más sobre ellos. De paso lo comprendería mejor a Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Feliz año de la patria, maestro –le dije dando palmas-, y que vivan los unitarios.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Feliz año, Cortázar, y que vivan los federales –me dijo Borges-. Y éntre rapidito que se va a calciná ahí en la calle. El sol pega juertito a esta hora, como comisario pasao ´e copa.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Me sonreí y asentí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Entre que acá dentro da un poquito de vientito fresco y lindo. Sientesé –me convidó Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo me le senté al lado y enseguida me empecé a sentir mejor. Parecía mentira. Pero Borges me transmitía tranquilidad. Tranquilidad y paz.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Está solo, maestro? –le pregunté-. ¿La Sra. se fue?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Sí se jué –me dijo Borges-. María se jué con la mujé de Bioy a inaugurá un taller literario.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo ahí me puse a sospechar como juez al que no le tiraron coima.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿A inaugurar un taller literario en un día feriado como hoy, maestro? –le dije-. Es raro ¿no le parece? Hoy es el primer día del año. Debe estar todo cerrado.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo quería hacerlo sospechar para que el viejo dejara de ser engañado. Me daba no sé qué rabia que la Sra. Silvina y la Japonesa jugaran así de esta forma con la inocencia de Borges y que nada les pasara, que nadie fuera a ponerle los puntos sobre las íes. Más bien que yo quería que pisaran el palito, pero sin que fuese necesario que yo abriese la boca.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Maestro –le dije entonces-&#8230; ¿usted no nota nada de inusual en la relación de su mujer con la Sra. de Bioy?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Inusual di qui? –dijo Borges-. Esas dos chinitas han salío esta mañana bien temprano y aurita mesmo se deben estar asando vivas como dos lagartijas en el barro todo mugriento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Le insistí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Pero es muy habitual que salgan ellas dos solas y juntas, maestro? ¿Y que se ausenten durante tanto tiempo de la casa? Para mí el lugar de una mujer es al lado de su marido. ¿Usted no sospecha que hay algo medio raro detrás de todo esto? Porque no me vendrá a decir ahora usted que piensa que es bueno para su mujer una amistad de este calibre con la Sra. Silvina.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo quería seguir cascoteándole el rancho para que reaccionara su recelo indígena. En una de ésas se daba cuenta de todo y después me lo iba a tener que agradecer. Lo que yo quería era poner un huevo en cada canasta.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Ah! –dijo entonces Borges-. Usté ya sabe cómo son las mujere, Cortázar. Vio que les gusta siempre andar juntándose por ahí pa´ hablar a solas de sus hombres. Y si Bioy no le pone el estribo a su mujé, tonce´ yo no le voy a poner estribo a la mía. A esas dos zonzas les gusta andar puniéndose cintitas en los cabellos y caminar por las calles de Buenos Aires delgaditas de cintura.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Me callé la boca. Me di cuenta que nunca Borges podría llegar a imaginar siquiera lo que le hacían a sus espaldas la Japonesa María, la Sra. Silvina y la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Quiere que le cebe unos mates, maestro? –le pregunté-. ¿O hace calor?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Pero Borges no me contestó.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges me dijo:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Yo sé lo que usté estará pensando, Cortázar: “¿Pero cómo hace don Borges pa´ salí con una chiruza como esa María?”. Lo que pasa es que usté no la conoce bien a María. Lo suavecito y lindo qui habla esa ñata por las noches. Parece un manantial de poesía que reverberase de su boca, mire. Y yo le toco la cabecita a María y le digo: “Usté e´ guena, María, e´ guena. E´ trabajadora.”. Y ella tiene el cabellito suave, suave; y yo le paso la manito así despacio, despacio.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Entonces yo arrimé mi sillita más a la suya y le pregunté:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Y le cuenta historias por las noches, maestro?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Cómo no me va a contá historias! –dijo Borges-. Todas las noches me cuenta historias. Una vez María me contó que ayá en el norte existe un mar inmenso; y que en medio de ese mar existe una islita chiquita que le pusieron el nombre de la islita de la Bretaña. Y parece ser que en esa isla nacieron juntitos los hombres pa´ escribir las cosas que les venían de sus almas. Y dicen que en el norte de esa islita la peonada habla en una palabra; pero que más abajo la peonada habla en otra palabra; y más más abajo todavía hablan en otra palabra.<SPAN>  </SPAN>Y tonce´ yo acá me hago una pregunta y quisiera que alguien juera bueno y me viniera a respondé: ¿cómo hacen esos hombres pa´ entenderse si hablan en diferentes palabras?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No me imagino cómo harán, maestro –le dije-. De seguro deben tener un conocimiento innato, al igual como lo tienen las hormigas y los escarabajos de oro.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Y María también me dijo que en esa islita tienen una reina, qui maneja todas las estancias y los capataces son tuitos buena gente de trabajo, no como acá que son todos subversivos y ponebombas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo ahí quise desviar la conversación más hacia el lado de lo político y lo social. Tenía que aprovechar que no estaba la Japonesa para saber qué pensaba Borges al respecto.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Maestro, ¿usted cree que Perón volverá al país este año? –le pregunté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">3-BORGES Y PERÓN</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Qui va a vení ese cobarde! –dijo Borges poniéndose bien bravo-. ¡Ese no guelve más a este pago! Pa´ mí qui dibería seguí como Presidente el general Onganía; ése sí que e´ guenazo; ¡ése sí qui no le hace mal al pago!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo me estaba muriendo de sed. Y Borges tenía una botellita de agua que tomaba con una pajita. Le daba pequeños sorbitos pero yo no me animaba a pedirle. No me animaba por nada del mundo. ¿Por qué me sentiría yo siempre tan insignificante al lado de ese hombre, que para todo tenía una respuesta, que para todo tenía una explicación siempre a la mano?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Y a qué va a volvé ese Perón al país, digamé? –continuó Borges-. ¿Qui quiere hacé ese mestizo con este país? Nosotros en la Argentina somos tuitos la mayoría descendiente de uropeos y no de indios patasucias como él. Nosotros somos como un paisito de Uropa acá tirado donde el diablo perdió el poncho&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Eso es lo que dice siempre la Sra. Victoria –yo dije-. Dice que nosotros los argentinos somos europeos en un continente de latinoamericanos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Y en eso la cuñada de Bioy tiene tuita la razón –dijo Borges-. No señó, no somos argentino, somos uropeo. Por eso lo echamos a Rozas y por eso también lo echamos a Perón de la tapera en el 55. En el 45 Perón quería que este país juera pa´ los indios salvajes, pero entre los militares y el Jockey Club le cortaron las orejas como a los perros a ese mestizo!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges parecía entonarse de lo lindo cuando se le hacían preguntas sobre el peronismo. Se prendía enseguida y saltaba como leche hervida y le gustaba más que el dulce de leche. Y aunque yo nunca entendí nada de política y nunca me interesó la política argentina, le tiré una para que se distraiga un poco.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Y dígame, maestro –le dije-, ¿qué opinaba usted en los 50 sobre la figura de Eva Perón?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges se encendió como polvorita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Ay esa Perona! –resopló con furia-. ¡Esa Perona era más populachera!&#8230; Ay la rabia qui mi daba cuando la uía por la radio. ¡Hablaba pior de la oligarquía argentina qui de la seca, mire! Y despué se hacía la más dulce que el camote con los cabecitanegra. Pero esa Perona era toda una bandida. No nos quiría nadita a nosotros, porque nosotros somos más blanquitos que la leche y que la cal; y ella era bien negrita del Junín y no tenía abuelitos ilustre ni naides que le venga a estirar el cuento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges se puso a rascarse las pantorrillas con las uñas. Tanto que se las puso coloradas. Se rascaba como si tuviera piojos. Sin duda que el estar hablando de tanto peronismo y tanto cabecitanegra le había hecho acordarse de aquella pensión donde lo mandó el padre a prestarle la plata a Macedonio. Todo lo que me había contado entonces la Japonesa era cierto; y era cierto entonces también que Borges había entrado a esa pensión y que había visto a toda esa gente del interior amontonada ahí adentro y que se había horrorizado, porque había reconocido en los rasgos de aquellos provincianos los mismos rasgos de sus padres reales, según me había contado Astor Piazzolla.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges prosiguió su arenga antiperonista.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Y una invidia nos tenía esa Perona! Porque saía qui la Argentina e´ pa´ tuitos nosotros y no pa´ ellos. Nus echaba en cara qui nosotos éramos de la Sociedá Rural y del Jockey Club, pero nosotros dijimos: “Acá es ellos o nosotros. Y los ingleses con los que quisieron negociá jué con nosotros y no con ellos. Así qui si me apuran que no me quieran sacar gueno porque no respondo de mí si mi impiezo a poner chinchudo”. Yo a esa Perona nunca le creí nada. Por eso le cortamos al marido las orejas como a los perros, pa´ que se escapara en el 55 en barcaza por el Paraguay!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Ahí sonó el teléfono.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">4-BORGES Y UN TELÉFONO</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Borges fue a atenderlo caminando de a tranquitos. El teléfono estaba en una piecita lejana y por eso estuvo sonando tanto tiempo hasta que atendió. Yo vi que Borges había cerrado la puerta de la piecita para atender el teléfono, como si tuviera cuidado que yo no escuchara nada de lo que anduviera hablando. Esto me picó la curiosidad. Yo siempre fui curioso como un gato. Me entraron a dar ganas de saber con quién estaría hablando Borges.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Me fui en puntitas de pie hasta la piecita y pegué la oreja a la puerta. Al principio no escuchaba nada, pero después sentí que Borges dijo:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Sí, mijita, ya le dije yo que está acá. Se lo tengo acá hablando conmigo. Usté quédese tranquila.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">A mí se me pusieron los pelos de punta. Borges estaba hablando de mí con alguien pero yo no sabía con quién. Me empecé a hacer mala sangre y a ponerme nervioso. No me gustaba un pito que hablaran de mí por teléfono. Pero me puse todavía más nervioso cuando escuché lo que viene:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Tá bien, mijita. Yo se lo voy a entretener acá por un par de horas así usté trabaja tranquila. Usté trabaje tranquila allá y no me afloje. Se lo voy a entretené hasta las 5 ´e la tarde.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">El mundo se me vino encima. ¿Por qué Borges tenía que entretenerme hasta las 5? ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué cosas planeaban en mi contra? ¿Por qué me odiaban?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Después sentí que Borges dijo, alzando bastante más la voz:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Usté me está faltando el respeto, mijita! Ya me llamó dos vece viejo puto y no se lo voy a permití una tercera. Todavía qui li hago a usté un favor, usté se me pone a insultá. Yo a este señó se lo entretengo hasta las 5 y despué arréglese usté solita. Ansí que haiga ahí todo lo qui tiene qui hacé todo enseguidita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">No precisé seguir escuchando más. No quería seguir escuchando más. Me negaba a ver que el mundo se me cayera de a pedazos. Que en todo aquello en lo que había durante tantos años creído se desplomase de repente encima mío. Simplemente escapé de la casa de Borges como una especie de autoabroquelamiento.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Salí a la calle y me tomé un taxi. Quería llegar urgente a mi casa. Sospechaba algo feo. Sospechaba quién podía ser la persona con la que Borges había estado hablando, pero me daba chuchos de miedo querer darme cuenta. Que me bajaran así del aire de un escopetazo. Todavía no quería pensar nada ni conjeturar nada. Quería nada más llegar a mi casa y afrontar lo que tenía que afrontar. Entré a transpirar muchísimo de los nervios.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Como no había nadie en la calle el tachero nunca sacó la cuarta y llegamos enseguida por Coronel Quijana. Le pagué y no le esperé el vuelto, me bajé del taxi con el pulso latiéndome como a 95 o 100. Ahí nomás cuando vi la puerta me di cuenta que me habían tomado la casa. Habían forzado la puerta a martillazos y a patada limpia al parecer. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Mi casa era de ésas como hacían antes los italianos, en forma de chorizo. De manera que para entrar había que cruzar un pasillito. Después estaba el patio, la cocina y la pieza.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo entré con un miedo terrible.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Pero más miedo me agarró cuando perfilé por el patio. Escuché la voz de la Rusita viniendo desde la cocina. No me cabía la menor duda. Era su voz, entre infantilada y arrabalera. Le estaba hablando bajito a alguien pero ese alguien no le respondía ni parecía llevarle el apunte. Yo me arrimé a la puerta de la cocina que estaba a medio cerrar y ahí la vi: a la Rusita sentada arriba de mi mesa de la cocina con las patitas colgándole como péndulos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita estaba vestida bien de verano, con un pantaloncito corto Adidas, unas zapatillas tipo botitas y una remerita blanca con las letras YPF en rojo sobre el pecho. Se había cortado el pelo al rapé con un flequillo chiquito con el que se hacía un jopo. Estaba comiendo unas manzanas verdes y no dejaba nunca un segundo de mover las patitas colgadas como si fueran hamacas bailando.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Así que vos no seas mongoaurelio –le decía la Rusita a alguien-. Vos hacé todo lo que yo te diga que va a salir todo bien. Yo sé manejarlo bien a este tipo. Cuando yo te diga “Hacé esto”, vos hacelo. Así de simple, no esquivés el bulto. Al final va a salir todo bien, quedate tranquilo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Después se calló. Yo quería que siguiera hablando para saber con quién hablaba y entonces miré por la cerradura para espiar. Pero no vi a nadie.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Me entró a dar corajina. El miedo se me varió por odio hacia la Rusita. “Yo a ésta se las voy a hacer pagar todas juntas”, me dije, “se quiere dar aires de compadrita con todo el mundo pero yo la voy a bajar de un escopetazo”.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Entré a la cocina abriendo la puerta de un golpe.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Cuando la Rusita me vio no se chistó ni un poco. Es más, me preguntó lo más campante qué estaba haciendo yo ahí.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Yo vivo acá, Rusita –le dije-, ésta es mi casa ¿no? ¿Vos qué hacés acá? ¿Fuiste vos la que me rompiste la puerta? ¿Vos entraste de prepo acá, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Te traje un regalo, Van Gogh –me dijo queriéndome cambiar el tema-. Por el año nuevo que estamos empezando. Es una plantita de pino. Tené ojo, Van Gogh, que me dijeron en la florería que este tipo de plantitas crece hasta cien o doscientos metros.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo vi que me estaba mostrando una plantita pero que no era para nada una de pino. Era otro tipo de planta; ésta era una de mala muerte.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Vos no me compraste nada a mí? –me preguntó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Dejate de jorobar, Rusita –le dije-, y decime cómo entraste. ¿Con quién estabas hablando vos recién? Acá hay alguien más. Te escuché que le estabas hablando a alguien.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No estaba hablando con nadie, Van Gogh –me dijo-. Estaba cantando. Además estoy sola, no hay nadie acá. ¿Vos el 31 con quién lo pasaste?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita me miró cerrando por un instante un poquito los ojos, como siempre que me estaba mintiendo. Siempre que mentía hacía lo mismo. Yo le conocía todas las mañas a la Rusita. No le tenía ninguna confianza. Sabía muy bien que no le podía tener ninguna confianza a alguien así.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Vos me estás jorobando, Rusita –le dije-, acá hay alguien más –y me fui a la pieza y encontré todo dado vuelta, todo patas arriba; los cajones por el piso, los libros con todas las hojas arrancadas, hasta el colchón lo habían roto tajeándolo con un cuchillo. Busqué y busqué pero no encontré a nadie.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Volví a la cocina y le pregunté:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Vos me tajeaste el colchón con un cuchillo, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me dijo-. Ya estaba todo así cuando yo vine. Parece que vino alguien antes que yo y que no te debe querer mucho. ¿Vos no te estarás haciendo el vivo con alguna casada, no? Mirá si el marido te llegaba a agarrar con ese cuchillo. Ahí sí que la sangre iba a llegar al río. Cuidate, Van Gogh. Mirá que yo no quiero ir a tu velatorio.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Yo no me estoy viendo con nadie –le dije-. Estoy haciendo bien todos los deberes. </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Decime, Van Gogh ¿no te quedó algo de sidra mientras como las manzanas? Me gusta acompañarlas con algo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No te hagás la zonza, Rusita. Decime la verdad. Vos lo llamaste por teléfono a Borges recién ¿no?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me desmintió otra vez-. Si yo el teléfono de Borges no lo conozco. Ni siquiera sabía que tenía teléfono. Recién ahora me vengo a enterar. Mirá cómo son las cosas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo dudé.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Para ponerla bien a prueba la ataqué por su punto más bajo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Le dije:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Sabés, Rusita? Me parece que te están pasando por arriba. Hoy la Japonesa María se fue a inaugurar un taller literario con la Sra. Silvina. Perdoná que sea yo el que te lo tenga que decir&#8230; Parece que la Sra. Silvina está jugando ahora ella a dos puntas con vos y la otra.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita hizo como que se iba a poner a llorar, pero después se empezó a reír. Fingió.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No me interesa lo que hagan la Japonesa y Minina –me dijo encogiéndose de hombros-. Además hoy no vine a hablar de polleras.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Ah no? –le dije-. ¿Y a qué viniste, Rusita?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Hoy vine a hablar de negocios. Negocios nuestros&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Otra vez empecé a sentir chuchos de miedo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me hablás, Rusita? ¿Qué negocios puedo tener yo con vos?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Pensá, Van Gogh. Acordate.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo entré a recular. Tragaba saliva y sentía miedo. La voz me sonó suplicante.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Qué tengo yo que ver con vos, Rusita? Decime, ¿yo a vos qué te hice? Si yo a vos nunca te hice nada&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Acordate, Van Gogh. Mirá para atrás un poco en tu vida, para ver lo que hiciste.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me tengo que acordar, si yo a vos nunca te hice nada?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Pensá. Ponete a pensar un poco en las macanas que hiciste en tu vida.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Yo nunca le hice ninguna macana a nadie, Rusita, vos lo sabés bien! ¡Vos me querés asustar para que diga cualquier cosa!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Cada uno sabe las macanas que se manda&#8230; por más que se quiera hacer el monaguillo para los demás.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Vos me apurás así para asustarme nomás, ¿si yo cuándo me mandé una macana?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Ahí la Rusita le hizo un gesto a alguien que estaba detrás mío. Le hizo un gesto de asentimiento. Entonces sentí olor a jaula de mono y cuando me di vuelta lo vi al Turquito que me agarraba como un brusco por los hombros y me tumbaba boca abajo contra el piso.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">5-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo llevo dicho más arriba que al Turquito nunca más en la vida me lo había vuelto a cruzar. Pero la verdad es que la cosa fue muy diferente. Ahí en la cocina de mi casa el Turquito me sorprendió por la espalda y me tumbó contra el piso. Mucho trabajo no le costó, porque aunque yo soy bien alto, el Turquito también tenía lo suyo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Se había dejado crecer la melena desde la última vez que lo vi, pero se había sacado la barba y el bigote. Así entonces resaltaban más sus facciones de atorrante y facineroso. La verdad que tenía una cara que te daba miedo si la veías por la calle de noche. Tenía una cara fea, como de salvajón. Y además como era grandote te podías llegar a infartar si te lo llegabas a cruzar a la madrugada por una calle donde no pasara ni un alma. Pero al menos el espíritu lo tenía civilizado. Cuando me tumbó al piso me dijo de inmediato:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Perdonemé, Sr. Cortázar. Yo lamento mucho esta situación.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No te disculpés, Turquito –le dijo la Rusita-. ¿Por qué te le disculpás? Vos acá sos el damnificado. No tenés que pedir disculpas. Este tipo te chamuyó mucha plata y ahora que la devuelva.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no soy una persona violenta, Alejandra –le dijo el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Yo tampoco –dijo la Rusita-. Pero ahora que éste reviente si se piensa que se la va a llevar de arriba. ¿Vos te la pensás llevar de arriba, Van Gogh? Danos la plata que le mejicaneaste al Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata? ¡Yo no tengo nada de plata! –dije tumbado en el piso-. Si hace tres meses que no puedo pagar el alquiler&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Y la plata que yo le di, Sr. Cortázar? –me dijo el Turquito-. ¿Qué hizo con la plata que yo le di? ¿Se acuerda?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo le hablé con voz llorosa, para que me tuviera un poco de misericordia, ya que de la Rusita sabía que no se podía esperar nada bueno.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata me diste vos, Turquito? Si me diste dos pesos&#8230; Hace ya un tranco largo que me los gasté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡No eran dos pesos, Van Gogh! –gritó la Rusita-. ¿Vos te creés que si fueran dos pesos hoy estaríamos acá? Hoy estaríamos en el Tigre tomando sol ¿o no, Turquito?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Alejandra ¿qué querés que haga? –le preguntó el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Buscale la plata en los libros que faltan y después en las macetas. Para mí que éste tiene la plata escondida en las macetas.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo me puse a llorar de la impotencia.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Ya les dije, hijos de putas, que no tengo más la plata, que me la gasté!</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Eh, Van Gogh! La boquita. Más respeto –amonestó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no quería que las cosas fueran así –dijo el Turquito-. Vos me habías dicho que el Sr. Cortázar no iba a estar en la casa, Alejandra. Me lo prometiste. Me dijiste que íbamos a poder trabajar tranquilos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Y yo qué culpa tengo si este tipo llegó antes de horario? –se defendió la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Pero a vos no te habían dicho por teléfono que teníamos tiempo hasta las 5? –le preguntó el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita le dio un mordiscón a la manzana con rabia.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué no te callás la boca, Turquito? –le dijo-. Después si hay quilombo lo vas a tener vos con el viejo. No yo. Ya me tienen cansada ustedes. Todo mal hacen.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Después la Rusita le ordenó que me atara las manos con una soga por la espalda. El Turquito la obedeció enseguida y me hizo un nudo de Boy Scout. Después se fue a la pieza a buscar la plata entre los libros. Parece que era la Rusita la que manejaba todo el asunto entonces. A todo esto no se había ni movido de la mesa y pataleaba como una nena de cinco años.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Cuando el Turquito se fue a la pieza le dije:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Dejame ir al baño, Rusita. Tengo sed.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Dejá de jorobar, Van Gogh. Hace cinco minutos que estás tumbado en el piso y ya te querés hacer la víctima como se hacía Aramburu.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Me van a matar? –le pregunté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita abrió bien grande la boca y después hizo una sonrisa chiquita. Estaba peligrosa, me la sabía de memoria. Pero no me respondió. Siguió comiendo las manzanas como si nada. Yo me puse a llorar otra vez. La barba se me humedecía con las lágrimas. Quería desatarme las manos pero no podía. El Turquito me había hecho un nudo bien bueno.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Dejame escapar, Rusita. No los voy a denunciar a la Policía&#8230;</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué estás yendo todos los días a la Embajada Francesa, Van Gogh? Cada dos por tres vas a esa embajada.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Me habían seguido los pasos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Quiero que me den el pasaporte para volverme a París –le conté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita entonces brincó de la mesa y puso rodilla en tierra para hablarme al oído. Me susurró apenas para que el Turquito no la oyera desde la pieza.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Si me decís a mí dónde tenés la plata del Turquito, mañana yo vengo y te devuelvo la mitad. Te doy mi palabra. Así vos te volvés a París con algo de guita y yo me compro lo que me tengo que comprar.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Así? –le dije-. ¿Y qué vas a hacer con el Turquito? ¿Lo vas a matar igual que a mí?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita cabeceó y volvió a sentarse en la mesa. Encendió un pucho y dijo:</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Encontraste algo, Turquito? ¿Qué estás haciendo?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">El Turquito apareció otra vez con unos discos de jazz.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No encontré nada en los libros, Alejandra –le dijo-. A lo mejor el Sr. Cortázar nos está diciendo la verdad y ya se gastó la plata que le di.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No me hagás reír, Turquito. Qué se va a gastar la plata éste –dijo la Rusita-, si éste es más agarrado con la plata que un judío. Vos no lo conocés.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Le encontré estos discos de jazz, Alejandra –le dijo el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">El Turquito había agarrado mi colección de Clifford Brown. La Rusita sacó un disco y se puso a leer con detenimiento el título de las canciones.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Quién es Clifford Brown? –me preguntó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo le conté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Es un saxofonista que te hace saltar las lágrimas cuando se pone a tocar el saxo, Rusita. Es un músico que te reconcilia con la vida.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No lo conozco –dijo la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Es uno de los mejores negros que interpreta el jazz –le dije.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Un negro como los negros de Africa? –dijo la Rusita-. No sabía que esos tipos supieran tocar instrumentos musicales. Es un milagro. Si yo lo escuché a Darwin que decía que los negros no son seres humanos. ¿Vos estás seguro, Van Gogh, que es un negro el que toca en el disco?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Sí, Rusita; si querés te regalo el disco.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">La Rusita agarró el disco y lo partió en dos pedazos.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Nosotros lo que queremos es la plata, Van Gogh, no un disco de un negro –dijo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Alejandra –le dijo el Turquito-, ¿querés que vaya a ver si el Sr. Cortázar escondió la plata en las macetas?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Andá, Turquito; yo lo vigilo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Yo me volví a quejar.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Turquito, por favor, ¿podés desatarme las manos? Se me están acalambrando.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Qué hago, Alejandra? –le consultó-. ¿Le desato las manos?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-No, Turquito, dejalo así. Se nos puede escapar.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Te lo pido por favor, Turquito –le dije-. Desatame las manos vos que sos bueno.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">El Turquito no sabía qué hacer.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Y si le desato solamente una mano, Alejandra? –dijo el Turquito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¡Turquito! –exclamó la Rusita-. Si le desatás una mano, le estás desatando las dos manos. Este tipo no es un pulpo.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">Después el Turquito se fue a revisar si yo había escondido la plata en las macetas. Me quedé solo en la cocina con la Rusita. Me vigilaba fumando el pucho y tirando el humo para arriba.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">6-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman"> </FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Con quién pasaste el 31, Van Gogh? –me preguntó la Rusita.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Con Astor Piazzolla y Leopoldo Federico –le conté.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Lo pasaron lindo?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Y sí, Rusita –le dije-. Viste cómo es esa gente. Te contagian la alegría que tienen. ¿Vos con quién lo pasaste?</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Con mis tías abuelas –dijo la Rusita-. Ellas tomaron muchísima sidra pero yo no quise tomar nada. No me gusta tomar alcohol. Me fui a dormir tempranito.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-¿Son señoras grandes tus tías? –quise saber.</FONT></SPAN></p>
<p> <P class="MsoNormal"><SPAN><FONT face="Times New Roman">-Sí, son muy viejitas –dijo la Rusita-. Pero las quiero mucho.</FONT></SPAN></p>
<p> &lt;P class=MsoNormal style=&quot;MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-st</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado-2-3/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 29 Jun 2009 14:12:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[   
 CORTÁZAR 3ra. VUELTA  
  
 1-1971
  
 Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /><o:p><FONT face="Times New Roman"> <DIV style="TEXT-ALIGN: left"></DIV> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <H2 style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-INDENT: 0cm; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">CORTÁZAR 3ra. VUELTA<o:p></o:p></FONT></SPAN></H2> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><B style="mso-bidi-font-weight: normal"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></B></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><B style="mso-bidi-font-weight: normal"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></B></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">1-1971<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese que siempre hay. Pero me tuve que pasar el 24 y el 31 en Buenos Aires. Solito con hambre y sin nadie que me preste.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La peor noche fue la del 31. Me la pasé con el pañuelo en la cara. Me puse a hacer lo que más me gusta hacer en la vida. Me entré a dar lástima de mí mismo. Me acordaba de todo lo que había sufrido de chico. De lo solo y sin papito que me había criado. De cómo se me burlaban en el colegio por cómo yo pronunciaba las r y las g. De la primera novia que me había dejado en Parque Lezama.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Empecé el 71 tirado en la cama y seco como un matambre. Escuché varios discos de jazz y me fumé dos atados. Tenía los pulmones hechos una miseria pero me daba lo mismo. Quería estropearme todavía más la vida. Lo que pasa es que yo estaba enojado con la Embajada de Francia. <o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">No querían habilitarme la plata para el pasaje de regreso a París. Iba todas las mañanas a la Embajada y no me daban nunca una buena respuesta. Yo les decía que tenía la doble ciudadanía y que me dejaran salir de Buenos Aires. Pero ellos me porfiaban que yo tenía que esperar a que pusieran mis papeles en orden para darme el pasaporte. Al final tuve que pasar el año nuevo en Buenos Aires, con el chiste que eso a mí me hacía.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Nunca me gustaron “el primer día del año”. Siempre me ponían nostalgioso. Para colmo ese primero de enero hacía un calor de los cien indios. Decidí no quedarme en casa. Me iba a poner más enojado si me quedaba en casa encerrado. <o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">A la una de la tarde salí a la calle y empecé a caminar por la Vicente López hacia el centro. No había una sola alma en la calle. Hacía un calor de más de 40. Seguro que todos estarían durmiendo la siesta de la sidra y el clericó. Como andaba cerca de la casa de Borges lo quise ir a saludar. A lo mejor la Japonesa me prestaba algo de plata para aligerar los trámites en la Embajada.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">2-BORGES<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Caminando rápido se llegaba enseguida a lo de Borges. Lo encontré sentado en una silla bajita de mimbre y con la puerta abierta. Se apantallaba la cara con un abanico japonés por el calor que hacía y se había levantado las mangas de los pantalones hasta las rodillas. Yo entonces le podía ver con todo gusto las pantorrillas. Eran unas pantorrillas debiluchas y sin nada de pelo. Ahí corroboré lo que me había contado Astor Piazzolla sobre el verdadero origen de Borges. Pero por qué será que a los indios no le crecen pelos ni en las piernas ni en los brazos ni en la cara. Qué, ahora te vas a poner a pensar en la genética de los nativos del nuevo continente. No, pero de verdad, yo quería saber. Me intrigaba. Qué cosa más rara son los indios. Un día de éstos voy a cazar un libro de antropología para conocer más sobre ellos. De paso lo comprendería mejor a Borges.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Feliz año de la patria, maestro –le dije dando palmas-, y que vivan los unitarios.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Feliz año, Cortázar, y que vivan los federales –me dijo Borges-. Y éntre rapidito que se va a calciná ahí en la calle. El sol pega juertito a esta hora, como comisario pasao ´e copa.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Me sonreí y asentí.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Entre que acá dentro da un poquito de vientito fresco y lindo. Sientesé –me convidó Borges.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo me le senté al lado y enseguida me empecé a sentir mejor. Parecía mentira. Pero Borges me transmitía tranquilidad. Tranquilidad y paz.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Está solo, maestro? –le pregunté-. ¿La Sra. se fue?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Sí se jué –me dijo Borges-. María se jué con la mujé de Bioy a inaugurá un taller literario.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo ahí me puse a sospechar como juez al que no le tiraron coima.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿A inaugurar un taller literario en un día feriado como hoy, maestro? –le dije-. Es raro ¿no le parece? Hoy es el primer día del año. Debe estar todo cerrado.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo quería hacerlo sospechar para que el viejo dejara de ser engañado. Me daba no sé qué rabia que la Sra. Silvina y la Japonesa jugaran así de esta forma con la inocencia de Borges y que nada les pasara, que nadie fuera a ponerle los puntos sobre las íes. Más bien que yo quería que pisaran el palito, pero sin que fuese necesario que yo abriese la boca.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Maestro –le dije entonces-&#8230; ¿usted no nota nada de inusual en la relación de su mujer con la Sra. de Bioy?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Inusual di qui? –dijo Borges-. Esas dos chinitas han salío esta mañana bien temprano y aurita mesmo se deben estar asando vivas como dos lagartijas en el barro todo mugriento.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Le insistí.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Pero es muy habitual que salgan ellas dos solas y juntas, maestro? ¿Y que se ausenten durante tanto tiempo de la casa? Para mí el lugar de una mujer es al lado de su marido. ¿Usted no sospecha que hay algo medio raro detrás de todo esto? Porque no me vendrá a decir ahora usted que piensa que es bueno para su mujer una amistad de este calibre con la Sra. Silvina.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo quería seguir cascoteándole el rancho para que reaccionara su recelo indígena. En una de ésas se daba cuenta de todo y después me lo iba a tener que agradecer. Lo que yo quería era poner un huevo en cada canasta.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Ah! –dijo entonces Borges-. Usté ya sabe cómo son las mujere, Cortázar. Vio que les gusta siempre andar juntándose por ahí pa´ hablar a solas de sus hombres. Y si Bioy no le pone el estribo a su mujé, tonce´ yo no le voy a poner estribo a la mía. A esas dos zonzas les gusta andar puniéndose cintitas en los cabellos y caminar por las calles de Buenos Aires delgaditas de cintura.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Me callé la boca. Me di cuenta que nunca Borges podría llegar a imaginar siquiera lo que le hacían a sus espaldas la Japonesa María, la Sra. Silvina y la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Quiere que le cebe unos mates, maestro? –le pregunté-. ¿O hace calor?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Pero Borges no me contestó.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges me dijo:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Yo sé lo que usté estará pensando, Cortázar: “¿Pero cómo hace don Borges pa´ salí con una chiruza como esa María?”. Lo que pasa es que usté no la conoce bien a María. Lo suavecito y lindo qui habla esa ñata por las noches. Parece un manantial de poesía que reverberase de su boca, mire. Y yo le toco la cabecita a María y le digo: “Usté e´ guena, María, e´ guena. E´ trabajadora.”. Y ella tiene el cabellito suave, suave; y yo le paso la manito así despacio, despacio.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Entonces yo arrimé mi sillita más a la suya y le pregunté:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Y le cuenta historias por las noches, maestro?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Cómo no me va a contá historias! –dijo Borges-. Todas las noches me cuenta historias. Una vez María me contó que ayá en el norte existe un mar inmenso; y que en medio de ese mar existe una islita chiquita que le pusieron el nombre de la islita de la Bretaña. Y parece ser que en esa isla nacieron juntitos los hombres pa´ escribir las cosas que les venían de sus almas. Y dicen que en el norte de esa islita la peonada habla en una palabra; pero que más abajo la peonada habla en otra palabra; y más más abajo todavía hablan en otra palabra.<SPAN style="mso-spacerun: yes">  </SPAN>Y tonce´ yo acá me hago una pregunta y quisiera que alguien juera bueno y me viniera a respondé: ¿cómo hacen esos hombres pa´ entenderse si hablan en diferentes palabras?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No me imagino cómo harán, maestro –le dije-. De seguro deben tener un conocimiento innato, al igual como lo tienen las hormigas y los escarabajos de oro.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Y María también me dijo que en esa islita tienen una reina, qui maneja todas las estancias y los capataces son tuitos buena gente de trabajo, no como acá que son todos subversivos y ponebombas.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo ahí quise desviar la conversación más hacia el lado de lo político y lo social. Tenía que aprovechar que no estaba la Japonesa para saber qué pensaba Borges al respecto.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Maestro, ¿usted cree que Perón volverá al país este año? –le pregunté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">3-BORGES Y PERÓN<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Qui va a vení ese cobarde! –dijo Borges poniéndose bien bravo-. ¡Ese no guelve más a este pago! Pa´ mí qui dibería seguí como Presidente el general Onganía; ése sí que e´ guenazo; ¡ése sí qui no le hace mal al pago!<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo me estaba muriendo de sed. Y Borges tenía una botellita de agua que tomaba con una pajita. Le daba pequeños sorbitos pero yo no me animaba a pedirle. No me animaba por nada del mundo. ¿Por qué me sentiría yo siempre tan insignificante al lado de ese hombre, que para todo tenía una respuesta, que para todo tenía una explicación siempre a la mano?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Y a qué va a volvé ese Perón al país, digamé? –continuó Borges-. ¿Qui quiere hacé ese mestizo con este país? Nosotros en la Argentina somos tuitos la mayoría descendiente de uropeos y no de indios patasucias como él. Nosotros somos como un paisito de Uropa acá tirado donde el diablo perdió el poncho&#8230;<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Eso es lo que dice siempre la Sra. Victoria –yo dije-. Dice que nosotros los argentinos somos europeos en un continente de latinoamericanos.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Y en eso la cuñada de Bioy tiene tuita la razón –dijo Borges-. No señó, no somos argentino, somos uropeo. Por eso lo echamos a Rozas y por eso también lo echamos a Perón de la tapera en el 55. En el 45 Perón quería que este país juera pa´ los indios salvajes, pero entre los militares y el Jockey Club le cortaron las orejas como a los perros a ese mestizo!<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges parecía entonarse de lo lindo cuando se le hacían preguntas sobre el peronismo. Se prendía enseguida y saltaba como leche hervida y le gustaba más que el dulce de leche. Y aunque yo nunca entendí nada de política y nunca me interesó la política argentina, le tiré una para que se distraiga un poco.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Y dígame, maestro –le dije-, ¿qué opinaba usted en los 50 sobre la figura de Eva Perón?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges se encendió como polvorita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Ay esa Perona! –resopló con furia-. ¡Esa Perona era más populachera!&#8230; Ay la rabia qui mi daba cuando la uía por la radio. ¡Hablaba pior de la oligarquía argentina qui de la seca, mire! Y despué se hacía la más dulce que el camote con los cabecitanegra. Pero esa Perona era toda una bandida. No nos quiría nadita a nosotros, porque nosotros somos más blanquitos que la leche y que la cal; y ella era bien negrita del Junín y no tenía abuelitos ilustre ni naides que le venga a estirar el cuento.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges se puso a rascarse las pantorrillas con las uñas. Tanto que se las puso coloradas. Se rascaba como si tuviera piojos. Sin duda que el estar hablando de tanto peronismo y tanto cabecitanegra le había hecho acordarse de aquella pensión donde lo mandó el padre a prestarle la plata a Macedonio. Todo lo que me había contado entonces la Japonesa era cierto; y era cierto entonces también que Borges había entrado a esa pensión y que había visto a toda esa gente del interior amontonada ahí adentro y que se había horrorizado, porque había reconocido en los rasgos de aquellos provincianos los mismos rasgos de sus padres reales, según me había contado Astor Piazzolla.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges prosiguió su arenga antiperonista.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Y una invidia nos tenía esa Perona! Porque saía qui la Argentina e´ pa´ tuitos nosotros y no pa´ ellos. Nus echaba en cara qui nosotos éramos de la Sociedá Rural y del Jockey Club, pero nosotros dijimos: “Acá es ellos o nosotros. Y los ingleses con los que quisieron negociá jué con nosotros y no con ellos. Así qui si me apuran que no me quieran sacar gueno porque no respondo de mí si mi impiezo a poner chinchudo”. Yo a esa Perona nunca le creí nada. Por eso le cortamos al marido las orejas como a los perros, pa´ que se escapara en el 55 en barcaza por el Paraguay!<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Ahí sonó el teléfono.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">4-BORGES Y UN TELÉFONO<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Borges fue a atenderlo caminando de a tranquitos. El teléfono estaba en una piecita lejana y por eso estuvo sonando tanto tiempo hasta que atendió. Yo vi que Borges había cerrado la puerta de la piecita para atender el teléfono, como si tuviera cuidado que yo no escuchara nada de lo que anduviera hablando. Esto me picó la curiosidad. Yo siempre fui curioso como un gato. Me entraron a dar ganas de saber con quién estaría hablando Borges.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Me fui en puntitas de pie hasta la piecita y pegué la oreja a la puerta. Al principio no escuchaba nada, pero después sentí que Borges dijo:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Sí, mijita, ya le dije yo que está acá. Se lo tengo acá hablando conmigo. Usté quédese tranquila.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">A mí se me pusieron los pelos de punta. Borges estaba hablando de mí con alguien pero yo no sabía con quién. Me empecé a hacer mala sangre y a ponerme nervioso. No me gustaba un pito que hablaran de mí por teléfono. Pero me puse todavía más nervioso cuando escuché lo que viene:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Tá bien, mijita. Yo se lo voy a entretener acá por un par de horas así usté trabaja tranquila. Usté trabaje tranquila allá y no me afloje. Se lo voy a entretené hasta las 5 ´e la tarde.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">El mundo se me vino encima. ¿Por qué Borges tenía que entretenerme hasta las 5? ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué cosas planeaban en mi contra? ¿Por qué me odiaban?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Después sentí que Borges dijo, alzando bastante más la voz:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Usté me está faltando el respeto, mijita! Ya me llamó dos vece viejo puto y no se lo voy a permití una tercera. Todavía qui li hago a usté un favor, usté se me pone a insultá. Yo a este señó se lo entretengo hasta las 5 y despué arréglese usté solita. Ansí que haiga ahí todo lo qui tiene qui hacé todo enseguidita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">No precisé seguir escuchando más. No quería seguir escuchando más. Me negaba a ver que el mundo se me cayera de a pedazos. Que en todo aquello en lo que había durante tantos años creído se desplomase de repente encima mío. Simplemente escapé de la casa de Borges como una especie de autoabroquelamiento.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Salí a la calle y me tomé un taxi. Quería llegar urgente a mi casa. Sospechaba algo feo. Sospechaba quién podía ser la persona con la que Borges había estado hablando, pero me daba chuchos de miedo querer darme cuenta. Que me bajaran así del aire de un escopetazo. Todavía no quería pensar nada ni conjeturar nada. Quería nada más llegar a mi casa y afrontar lo que tenía que afrontar. Entré a transpirar muchísimo de los nervios.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Como no había nadie en la calle el tachero nunca sacó la cuarta y llegamos enseguida por Coronel Quijana. Le pagué y no le esperé el vuelto, me bajé del taxi con el pulso latiéndome como a 95 o 100. Ahí nomás cuando vi la puerta me di cuenta que me habían tomado la casa. Habían forzado la puerta a martillazos y a patada limpia al parecer. <o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Mi casa era de ésas como hacían antes los italianos, en forma de chorizo. De manera que para entrar había que cruzar un pasillito. Después estaba el patio, la cocina y la pieza.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo entré con un miedo terrible.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Pero más miedo me agarró cuando perfilé por el patio. Escuché la voz de la Rusita viniendo desde la cocina. No me cabía la menor duda. Era su voz, entre infantilada y arrabalera. Le estaba hablando bajito a alguien pero ese alguien no le respondía ni parecía llevarle el apunte. Yo me arrimé a la puerta de la cocina que estaba a medio cerrar y ahí la vi: a la Rusita sentada arriba de mi mesa de la cocina con las patitas colgándole como péndulos.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita estaba vestida bien de verano, con un pantaloncito corto Adidas, unas zapatillas tipo botitas y una remerita blanca con las letras YPF en rojo sobre el pecho. Se había cortado el pelo al rapé con un flequillo chiquito con el que se hacía un jopo. Estaba comiendo unas manzanas verdes y no dejaba nunca un segundo de mover las patitas colgadas como si fueran hamacas bailando.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Así que vos no seas mongoaurelio –le decía la Rusita a alguien-. Vos hacé todo lo que yo te diga que va a salir todo bien. Yo sé manejarlo bien a este tipo. Cuando yo te diga “Hacé esto”, vos hacelo. Así de simple, no esquivés el bulto. Al final va a salir todo bien, quedate tranquilo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Después se calló. Yo quería que siguiera hablando para saber con quién hablaba y entonces miré por la cerradura para espiar. Pero no vi a nadie.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Me entró a dar corajina. El miedo se me varió por odio hacia la Rusita. “Yo a ésta se las voy a hacer pagar todas juntas”, me dije, “se quiere dar aires de compadrita con todo el mundo pero yo la voy a bajar de un escopetazo”.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Entré a la cocina abriendo la puerta de un golpe.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Cuando la Rusita me vio no se chistó ni un poco. Es más, me preguntó lo más campante qué estaba haciendo yo ahí.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Yo vivo acá, Rusita –le dije-, ésta es mi casa ¿no? ¿Vos qué hacés acá? ¿Fuiste vos la que me rompiste la puerta? ¿Vos entraste de prepo acá, Rusita?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Te traje un regalo, Van Gogh –me dijo queriéndome cambiar el tema-. Por el año nuevo que estamos empezando. Es una plantita de pino. Tené ojo, Van Gogh, que me dijeron en la florería que este tipo de plantitas crece hasta cien o doscientos metros.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo vi que me estaba mostrando una plantita pero que no era para nada una de pino. Era otro tipo de planta; ésta era una de mala muerte.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Vos no me compraste nada a mí? –me preguntó la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Dejate de jorobar, Rusita –le dije-, y decime cómo entraste. ¿Con quién estabas hablando vos recién? Acá hay alguien más. Te escuché que le estabas hablando a alguien.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No estaba hablando con nadie, Van Gogh –me dijo-. Estaba cantando. Además estoy sola, no hay nadie acá. ¿Vos el 31 con quién lo pasaste?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita me miró cerrando por un instante un poquito los ojos, como siempre que me estaba mintiendo. Siempre que mentía hacía lo mismo. Yo le conocía todas las mañas a la Rusita. No le tenía ninguna confianza. Sabía muy bien que no le podía tener ninguna confianza a alguien así.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Vos me estás jorobando, Rusita –le dije-, acá hay alguien más –y me fui a la pieza y encontré todo dado vuelta, todo patas arriba; los cajones por el piso, los libros con todas las hojas arrancadas, hasta el colchón lo habían roto tajeándolo con un cuchillo. Busqué y busqué pero no encontré a nadie.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Volví a la cocina y le pregunté:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Vos me tajeaste el colchón con un cuchillo, Rusita?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me dijo-. Ya estaba todo así cuando yo vine. Parece que vino alguien antes que yo y que no te debe querer mucho. ¿Vos no te estarás haciendo el vivo con alguna casada, no? Mirá si el marido te llegaba a agarrar con ese cuchillo. Ahí sí que la sangre iba a llegar al río. Cuidate, Van Gogh. Mirá que yo no quiero ir a tu velatorio.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Yo no me estoy viendo con nadie –le dije-. Estoy haciendo bien todos los deberes. <o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Decime, Van Gogh ¿no te quedó algo de sidra mientras como las manzanas? Me gusta acompañarlas con algo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No te hagás la zonza, Rusita. Decime la verdad. Vos lo llamaste por teléfono a Borges recién ¿no?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No, Van Gogh –me desmintió otra vez-. Si yo el teléfono de Borges no lo conozco. Ni siquiera sabía que tenía teléfono. Recién ahora me vengo a enterar. Mirá cómo son las cosas.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo dudé.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Para ponerla bien a prueba la ataqué por su punto más bajo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Le dije:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Sabés, Rusita? Me parece que te están pasando por arriba. Hoy la Japonesa María se fue a inaugurar un taller literario con la Sra. Silvina. Perdoná que sea yo el que te lo tenga que decir&#8230; Parece que la Sra. Silvina está jugando ahora ella a dos puntas con vos y la otra.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita hizo como que se iba a poner a llorar, pero después se empezó a reír. Fingió.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No me interesa lo que hagan la Japonesa y Minina –me dijo encogiéndose de hombros-. Además hoy no vine a hablar de polleras.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Ah no? –le dije-. ¿Y a qué viniste, Rusita?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Hoy vine a hablar de negocios. Negocios nuestros&#8230;<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Otra vez empecé a sentir chuchos de miedo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me hablás, Rusita? ¿Qué negocios puedo tener yo con vos?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Pensá, Van Gogh. Acordate.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo entré a recular. Tragaba saliva y sentía miedo. La voz me sonó suplicante.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué tengo yo que ver con vos, Rusita? Decime, ¿yo a vos qué te hice? Si yo a vos nunca te hice nada&#8230;<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Acordate, Van Gogh. Mirá para atrás un poco en tu vida, para ver lo que hiciste.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿De qué me tengo que acordar, si yo a vos nunca te hice nada?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Pensá. Ponete a pensar un poco en las macanas que hiciste en tu vida.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Yo nunca le hice ninguna macana a nadie, Rusita, vos lo sabés bien! ¡Vos me querés asustar para que diga cualquier cosa!<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Cada uno sabe las macanas que se manda&#8230; por más que se quiera hacer el monaguillo para los demás.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Vos me apurás así para asustarme nomás, ¿si yo cuándo me mandé una macana?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Ahí la Rusita le hizo un gesto a alguien que estaba detrás mío. Le hizo un gesto de asentimiento. Entonces sentí olor a jaula de mono y cuando me di vuelta lo vi al Turquito que me agarraba como un brusco por los hombros y me tumbaba boca abajo contra el piso.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">5-ALEJANDRA Y EL TURQUITO<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo llevo dicho más arriba que al Turquito nunca más en la vida me lo había vuelto a cruzar. Pero la verdad es que la cosa fue muy diferente. Ahí en la cocina de mi casa el Turquito me sorprendió por la espalda y me tumbó contra el piso. Mucho trabajo no le costó, porque aunque yo soy bien alto, el Turquito también tenía lo suyo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Se había dejado crecer la melena desde la última vez que lo vi, pero se había sacado la barba y el bigote. Así entonces resaltaban más sus facciones de atorrante y facineroso. La verdad que tenía una cara que te daba miedo si la veías por la calle de noche. Tenía una cara fea, como de salvajón. Y además como era grandote te podías llegar a infartar si te lo llegabas a cruzar a la madrugada por una calle donde no pasara ni un alma. Pero al menos el espíritu lo tenía civilizado. Cuando me tumbó al piso me dijo de inmediato:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Perdonemé, Sr. Cortázar. Yo lamento mucho esta situación.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No te disculpés, Turquito –le dijo la Rusita-. ¿Por qué te le disculpás? Vos acá sos el damnificado. No tenés que pedir disculpas. Este tipo te chamuyó mucha plata y ahora que la devuelva.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no soy una persona violenta, Alejandra –le dijo el Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Yo tampoco –dijo la Rusita-. Pero ahora que éste reviente si se piensa que se la va a llevar de arriba. ¿Vos te la pensás llevar de arriba, Van Gogh? Danos la plata que le mejicaneaste al Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata? ¡Yo no tengo nada de plata! –dije tumbado en el piso-. Si hace tres meses que no puedo pagar el alquiler&#8230;<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Y la plata que yo le di, Sr. Cortázar? –me dijo el Turquito-. ¿Qué hizo con la plata que yo le di? ¿Se acuerda?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo le hablé con voz llorosa, para que me tuviera un poco de misericordia, ya que de la Rusita sabía que no se podía esperar nada bueno.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué plata me diste vos, Turquito? Si me diste dos pesos&#8230; Hace ya un tranco largo que me los gasté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡No eran dos pesos, Van Gogh! –gritó la Rusita-. ¿Vos te creés que si fueran dos pesos hoy estaríamos acá? Hoy estaríamos en el Tigre tomando sol ¿o no, Turquito?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Alejandra ¿qué querés que haga? –le preguntó el Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Buscale la plata en los libros que faltan y después en las macetas. Para mí que éste tiene la plata escondida en las macetas.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo me puse a llorar de la impotencia.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Ya les dije, hijos de putas, que no tengo más la plata, que me la gasté!<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Eh, Van Gogh! La boquita. Más respeto –amonestó la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Pero yo no quería que las cosas fueran así –dijo el Turquito-. Vos me habías dicho que el Sr. Cortázar no iba a estar en la casa, Alejandra. Me lo prometiste. Me dijiste que íbamos a poder trabajar tranquilos.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Y yo qué culpa tengo si este tipo llegó antes de horario? –se defendió la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Pero a vos no te habían dicho por teléfono que teníamos tiempo hasta las 5? –le preguntó el Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita le dio un mordiscón a la manzana con rabia.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué no te callás la boca, Turquito? –le dijo-. Después si hay quilombo lo vas a tener vos con el viejo. No yo. Ya me tienen cansada ustedes. Todo mal hacen.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Después la Rusita le ordenó que me atara las manos con una soga por la espalda. El Turquito la obedeció enseguida y me hizo un nudo de Boy Scout. Después se fue a la pieza a buscar la plata entre los libros. Parece que era la Rusita la que manejaba todo el asunto entonces. A todo esto no se había ni movido de la mesa y pataleaba como una nena de cinco años.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Cuando el Turquito se fue a la pieza le dije:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Dejame ir al baño, Rusita. Tengo sed.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Dejá de jorobar, Van Gogh. Hace cinco minutos que estás tumbado en el piso y ya te querés hacer la víctima como se hacía Aramburu.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Me van a matar? –le pregunté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita abrió bien grande la boca y después hizo una sonrisa chiquita. Estaba peligrosa, me la sabía de memoria. Pero no me respondió. Siguió comiendo las manzanas como si nada. Yo me puse a llorar otra vez. La barba se me humedecía con las lágrimas. Quería desatarme las manos pero no podía. El Turquito me había hecho un nudo bien bueno.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Dejame escapar, Rusita. No los voy a denunciar a la Policía&#8230;<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Por qué estás yendo todos los días a la Embajada Francesa, Van Gogh? Cada dos por tres vas a esa embajada.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Me habían seguido los pasos.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Quiero que me den el pasaporte para volverme a París –le conté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita entonces brincó de la mesa y puso rodilla en tierra para hablarme al oído. Me susurró apenas para que el Turquito no la oyera desde la pieza.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Si me decís a mí dónde tenés la plata del Turquito, mañana yo vengo y te devuelvo la mitad. Te doy mi palabra. Así vos te volvés a París con algo de guita y yo me compro lo que me tengo que comprar.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Así? –le dije-. ¿Y qué vas a hacer con el Turquito? ¿Lo vas a matar igual que a mí?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita cabeceó y volvió a sentarse en la mesa. Encendió un pucho y dijo:<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Encontraste algo, Turquito? ¿Qué estás haciendo?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">El Turquito apareció otra vez con unos discos de jazz.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No encontré nada en los libros, Alejandra –le dijo-. A lo mejor el Sr. Cortázar nos está diciendo la verdad y ya se gastó la plata que le di.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No me hagás reír, Turquito. Qué se va a gastar la plata éste –dijo la Rusita-, si éste es más agarrado con la plata que un judío. Vos no lo conocés.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Le encontré estos discos de jazz, Alejandra –le dijo el Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">El Turquito había agarrado mi colección de Clifford Brown. La Rusita sacó un disco y se puso a leer con detenimiento el título de las canciones.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Quién es Clifford Brown? –me preguntó la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo le conté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Es un saxofonista que te hace saltar las lágrimas cuando se pone a tocar el saxo, Rusita. Es un músico que te reconcilia con la vida.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No lo conozco –dijo la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Es uno de los mejores negros que interpreta el jazz –le dije.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Un negro como los negros de Africa? –dijo la Rusita-. No sabía que esos tipos supieran tocar instrumentos musicales. Es un milagro. Si yo lo escuché a Darwin que decía que los negros no son seres humanos. ¿Vos estás seguro, Van Gogh, que es un negro el que toca en el disco?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Sí, Rusita; si querés te regalo el disco.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">La Rusita agarró el disco y lo partió en dos pedazos.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Nosotros lo que queremos es la plata, Van Gogh, no un disco de un negro –dijo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Alejandra –le dijo el Turquito-, ¿querés que vaya a ver si el Sr. Cortázar escondió la plata en las macetas?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Andá, Turquito; yo lo vigilo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Yo me volví a quejar.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Turquito, por favor, ¿podés desatarme las manos? Se me están acalambrando.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Qué hago, Alejandra? –le consultó-. ¿Le desato las manos?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-No, Turquito, dejalo así. Se nos puede escapar.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Te lo pido por favor, Turquito –le dije-. Desatame las manos vos que sos bueno.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">El Turquito no sabía qué hacer.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Y si le desato solamente una mano, Alejandra? –dijo el Turquito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¡Turquito! –exclamó la Rusita-. Si le desatás una mano, le estás desatando las dos manos. Este tipo no es un pulpo.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">Después el Turquito se fue a revisar si yo había escondido la plata en las macetas. Me quedé solo en la cocina con la Rusita. Me vigilaba fumando el pucho y tirando el humo para arriba.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">6-ALEJANDRA Y EL TURQUITO<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><o:p><FONT face="Times New Roman"> </FONT></o:p></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Con quién pasaste el 31, Van Gogh? –me preguntó la Rusita.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Con Astor Piazzolla y Leopoldo Federico –le conté.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Lo pasaron lindo?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Y sí, Rusita –le dije-. Viste cómo es esa gente. Te contagian la alegría que tienen. ¿Vos con quién lo pasaste?<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Con mis tías abuelas –dijo la Rusita-. Ellas tomaron muchísima sidra pero yo no quise tomar nada. No me gusta tomar alcohol. Me fui a dormir tempranito.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-¿Son señoras grandes tus tías? –quise saber.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style="MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-stops: 396.0pt"><SPAN style="FONT-SIZE: 14pt"><FONT face="Times New Roman">-Sí, son muy viejitas –dijo la Rusita-. Pero las quiero mucho.<o:p></o:p></FONT></SPAN></p>
<p> <P class=MsoNormal style=&#8221;MARGIN: 0cm -13.35pt 0pt 72pt; TEXT-ALIGN: justify; tab-st</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/29/cortazar-alineado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado-2/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado-2/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 16:35:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[ 1-ASTOR Y BORGES
 En el año 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué te pasa, me decía. Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo. Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos. Qué le pasa al turrito que no vuelve, me preguntó el otro día Leopoldo Federico. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><SPAN lang=ES-MODERN> 1-ASTOR Y BORGES</p>
<p> En el año 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué te pasa, me decía. Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo. Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos. Qué le pasa al turrito que no vuelve, me preguntó el otro día Leopoldo Federico. Yo qué sé, le dije. Debe andar en algo. Leopoldo cerró el pico y no preguntó más. Mirá vos cómo son las cosas. Ahora yo tengo que salir a defenderte. Mirá que sos raro vos. Por qué no volvés. Cuántos años hace ya que te fuiste a París. Si a Perón lo sacaron en el 55. Dale, Julio, por qué no te volvés.</p>
<p> Astor tenía razón. Tenía que regresar a Buenos Aires. La extrañaba. Necesitaba ver sus calles aunque sea una sola vez más.</p>
<p> Yo me había rajado de Buenos Aires por antiperonista. Por supuesto que yo no era para nada antiperonista. Pero en los años 50 ser antiperonista era lo mejor que tenía un escritor. Le venía como anillo al dedo. Así podías arrimarte al círculo de los del Sur. Borges, Victoria Ocampo, Bioy, Anchorena, yo qué sé. Además yo nunca entendí nada de política. Nunca me interesó y no veo por qué me iba a tener que interesar ahora.</p>
<p> Borges decía que había que hacerse antiperonista y todos nos hacíamos los anti-perón. Si hasta el propio tanito Onetti se hizo. Y eso que ése no tenía nunca un mango partido al medio. Yo me voy a hacer antiperonista, me dije un día, y por ahí Borges me ayuda a entrar en el negocio de la literatura. Y así fue. Parecía cantado, vos sabés. Enseguida que me hice gorila me publicaron Bestiario y después me dieron una beca para estudiar en Francia.</p>
<p> Pero Astor tenía razón. Qué tenía yo que estar haciendo en París. Tenía que volver a Buenos Aires. Tenía que verlo a Borges y agradecerle lo mucho que había hecho por mí ese guachito.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 2-BUENOS AIRES</p>
<p> Yo de plata andaba bien y tenía la guita suficiente para el pasaje. Pero pensé: Para qué voy a gastar de lo mío. Mejor le pido a algún dormido. Pero a quién. En París ya le debía plata a medio mundo y nadie me quería ver. De repente me agarró una pachorra bárbara y me tiré a la cama. No voy nada a Buenos Aires, pensé. Yo qué sé qué me pasaba. Me daba fiaca gastar plata así nomás en un pasaje de avión. Me puse boca arriba y encendí un pucho.</p>
<p> Las volutas de humo llegaban hasta el techo, estremeciéndome.</p>
<p> ¿A quién le pido, a quién le pido? Dale, Julio, pensá. ¿A quién le pido? Callate, no te hagás el chiquilín. Ya le debés plata a medio mundo. Buef, jodida es la vida a veces. Uno tiene ganas siempre de cometer una locura. Pero la culpa la tiene ese oligarca del bandoneón. Me hizo metejonear con la idea de Buenos Aires y ahora no puedo volver porque no tengo la plata. Serás hijo de puta, Astor. Para qué me escribiste. Si yo antes de tu carta andaba lo más tranquilo.</p>
<p> Ahora estaba nervioso. Tenía toda la barba sudada y de los nervios, claro. &#8220;¿Por qué no te volvés a Buenos Aires, por qué no te volvés, Julio?&#8221;. Claro, para vos es todo fácil, tanguero comunista, ¿y la plata de dónde la saco? ¿Qué te pensás? ¿Qué tengo la guita de Victoria Ocampo yo? ¿Qué te pensás? Yo soy un negrito cualquiera. Por eso me hice antiperonista en los 50. A ver si Borges o Victoria Ocampo me tiraban una mano. Yo qué sé, Astor. No puedo volver. No puedo. Buenos Aires todavía me duele. A Buenos Aires todavía la extraño. No quiero verla todavía. Imaginate si me da un calambre en el corazón. Yo qué hago. ¿Caerme en medio de la calle como un pavote? Mejor no, Julio, mejor quedate en París. No volvás a Buenos Aires. Se va a poner más triste si te ve con esta cara. Y además así, tan flacucho como andás.</p>
<p> Buenos Aires. Borges. Buenos Aires.</p>
<p> La pucha qué mal me siento. Qué triste que estoy. Yo de verdad quería volver. Lo juro, lo juro. Esto me pasa por sentimental. Siempre ando llorando por ahí. Por cualquier cosa. Hasta en los cines me pongo a llorar. Yo qué sé. No doy pie con bola. Cualquier escenita de despedida y yo me pongo a moquear como un salame. No tengo que ir más a los cines. No puedo volver más a Buenos Aires.</p>
<p> De repente me senté en la cama y apagué el pucho aplastándolo en el piso con un zapato en la mano. Se me había despejado el balero y ya sabía a quiénes les iba a pedir plata para volver a Buenos Aires.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 3-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p> Me fui corriendo enseguida a la casa del gordo Guantesnegros y su mujer Simone. Vivían en una casita de dos pisos cerca de la mía. La 224 de la rue Jean Jaurès. Nunca salían a la calle prácticamente. Sabía que iba a encontrarlos.</p>
<p> Guantesnegros se la pasaba leyendo filosofía todo el día y Simone era feminista.</p>
<p> Toqué timbre y me abrió Simone.</p>
<p> -Me pegó, me pegó –me dijo Simone en cuanto la vi, con una cadencia en la voz como lánguida, afligida-. Jean P. me pegó.</p>
<p> La pobrecita tenía un ojo morado y temblaba de miedo. Seguro que tenía miedo que Guantesnegros apareciera de golpe y la castigara por haberse quejado conmigo.</p>
<p> -Entre, Julio, entre. Jean P. está arriba. No haga ruido. Yo estoy limpiando acá abajo.</p>
<p> -¿Por qué le pegó, Simone? ¿Usted qué le hizo?</p>
<p> -Nada, nada. Yo nunca hago nada. Yo estoy todo el día encerrada en esta casa y nunca hablo con nadie.</p>
<p> Simone tenía las mejillas encendidas. Daba de verdad lástima la pobre.</p>
<p> -Yo soy una pobre mujer, Julio, qué puedo hacer. ¿Qué voy a hacer? ¿Pelearme con él? No puedo. El es más grande que yo. Tengo que resignarme, ya ve.</p>
<p> -¿Pero es frecuente esto de los golpes?</p>
<p> -Casi día por medio. A veces menos. A veces me pega por cualquier cosa. Por cualquier cosa, Julio.</p>
<p> -¡Pero Simone! ¿Por qué no lo deja y se va?</p>
<p> -¿Y adónde quiere que yo vaya? Yo no sé hacer nada. Dependo de él absolutamente.</p>
<p> Entonces escuchamos la voz de Guantesnegros que venía de arriba.</p>
<p> -¿Con quién hablás, Simone?</p>
<p> -Con el argentinito. Vino recién.</p>
<p> Simone me tomó del brazo y me hizo subir con ella las escaleras.</p>
<p> -Venga, Julio, venga. Suba. Que lo vea. Si no Jean P. va a pensar que estoy hablando sola y que estoy loca. Y no le diga lo que le conté.</p>
<p> -Pero esto es… ¡No puedo callarlo, Simone!</p>
<p> -¡No va a hacer más que empeorar las cosas, Julio! Se lo suplico. Hágame el favor. Jean P. se va a poner como un loco si se entera que yo le conté.</p>
<p> Hablaba bien chiquito. Para que Guantesnegros no la oyera.</p>
<p> Llegamos a una habitación asquerosa rodeada por varios ventanales mugrientos. La habitación más asquerosa que yo había visto en mi vida. Y eso que yo había andado en cada tugurio desde pibe. Guantesnegros estaba metido hasta el cuello en una bañera de ésas que se arrastran y llevan de un lado para otro. El agua estaba toda negra y yo no podía verle el cuerpo. La verdad que me hubiese gustado, porque para mí el cuerpo de Guantesnegros era como un misterio.</p>
<p> Guantesnegros era bien gordo, a diferencia de Simone que era bien flaquita. Simone se sacaba la comida de la boca para dársela a Guantesnegros. Pero guarda, que Simone con esto se ponía contenta. Vivía feliz con eso de someterse a un hombre y cuanto más entonces mucho mejor. Por eso yo me dije: &#8220;guarda, que no te engrupa&#8221;, &#8220;no le tengas lástima a Simone&#8221;, &#8220;ella está acá porque quiere&#8221;, &#8220;y si Guantesnegros le pega es porque ella se lo deja&#8221;. La pucha que a veces las mujeres son más raras.</p>
<p> Pero igual me dio no sé qué cosa no querer ayudarla a Simone. Yo qué sé. La tipa estaba desesperada. Se le notaba en la cara que tenía un hambre tremendo. Que no sabía bien dónde estaba parada. Creo que esperaba el Knock-Out en cualquier momento. Además yo había ido a la casa de ellos a pedir plata y no para andar haciéndome el lindo precisamente, saliendo a defenderla a Simone como un Jim Dean.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 4-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p> Me acerqué a Guantesnegros con toda la sumisión que pongo siempre cuando voy a pedirle un favor a una persona que está por encima de mí en la jerarquía social. Guantesnegros sacó una mano del agua negra y yo se la besé.</p>
<p> -Buenas tardes, Sr. –le dije-. Pero veo que lo molesto…</p>
<p> -Pero no, argentinito, qué vas a molestar. Al contrario. Simone y yo estábamos tan aburridos que le dije que me bañara. Y eso que vos mismo ves que no hacía tanta tanta falta. Vení, Simone, terminá de enjuagarme la cabeza que recién me entró un poco de jabón en un ojo.</p>
<p> Simone se le enchufó enseguida atrás y empezó a enjuagarle la cabeza y las orejas.</p>
<p> -Más despacio, Simone. Me lastimás con las uñas.</p>
<p> -Pero vos quedate quieto, Jean P. –le dijo sonriendo.</p>
<p> Me conmoví por ambos.</p>
<p> -Simone ¿le ofreciste una taza de café al argentinito?</p>
<p> -No, Jean P. Se me olvidó de ofrecerle y no hablamos de nada. ¿Quiere una taza de café, Julio?</p>
<p> -No, Sra., le agradezco muchísimo pero me tengo que ir ya mismo. En realidad vine a despedirme. Dejo París mañana.</p>
<p> -¿Y adónde te vas, argentinito? –me preguntó Guantesnegros.</p>
<p> -A Buenos Aires, Sr.</p>
<p> -¿Así que te volvés a tu país? ¿Pero si siempre dijiste que Argentina estaba llena de cabecitas negras peronistas? ¿Para qué vas a ir allá?</p>
<p> -Tengo que volver, Sr. Es preciso –le dije con un tono suplicante que hasta yo me lo creía.</p>
<p> -Pero mirá que sos raro vos, argentinito. Primero te escapás de la madriguera y ahora querés volver. Qué bicho más raro que resultaste ser.</p>
<p> -No le digas así, Jean P. Tal vez Julio tenga sus motivos personales para regresar a su país. Después de todo…</p>
<p> Guantesnegros enardeció rápidamente. Le dio la cólera, como casi siempre que su mujer hablaba.</p>
<p> -¡Usted se calla, Sra.! –gritó- ¿A usted quién le dio vela en este entierro?</p>
<p> Simone empezó a temblar otra vez.</p>
<p> -No es para tanto, Jean P. Yo sólo di una opinión al respecto.</p>
<p> -¿Usted, Sra., usted no sabe que cuando dos hombres hablan la mujer debe agachar la cabeza? ¿Usted no leyó acaso a Rousseau, cuando dice: &#8220;Las mujeres no aman ningún arte, no son inteligentes en ninguno y no tienen ningún genio&#8221;?</p>
<p> Guantesnegros nos salpicaba a Simone y a mí con el agua negra de la bañera mientras gritaba. Estaba fuera de sí, lo admito. Los ojos desorbitados por completo. Las mandíbulas chillándole de tanto como el gordo las movía. Simone estaba pálida. Pálida.</p>
<p> Guantesnegros continuó con los gritos.</p>
<p> -¿Y sabe lo que se le da por hacer ahora a esta mujer, Julio? ¡Se golpea ella sola en la cocina y después anda diciendo que yo la golpeo!</p>
<p> -Yo nunca dije eso, Jean P. –gimió Simone.</p>
<p> -¡Lo decís, hija de puta! Hasta se lo dijo a mi suegra. Le dijo que yo le había dejado un ojo negro de un trompazo; y entonces al otro día la vieja vino y me dijo: &#8220;¿Por qué le pegas a mi hija, en vez de darle más de comer? ¿No ves lo flaca que está? ¡Parece una tabla!&#8221;</p>
<p> Yo empecé a recular. Me daba cuenta que no era un buen momento para andar pidiéndole plata a Guantesnegros. Miré para el lado de la puerta con ganas de mandarme a mudar.</p>
<p> Viendo entonces Guantesnegros que yo me estaba por rajar, me dijo:</p>
<p> -Y sepa usted una cosa más, Julio: si fuera cierto que yo la golpeo a Simone, Simone lo negaría, porque la mujer golpeada nunca admite que su hombre le pega. No quiere abandonar la última cuota de orgullo que le queda.</p>
<p> Después Guantesnegros se puso de pie en la bañera y de todo su cuerpo gordo y desnudo chorreaban miles de gotas que caían sobre la negra agua como en una catarata salvaje.</p>
<p> -Pero a ver, diga algo, argentinito –me dijo-. Usted dice que es escritor ¿no? ¿Por qué no me da su opinión sobre Simone y yo? ¿Por qué se calla? ¿Tiene algo que objetar? ¿O está en contra de que yo le pegue a Simone? ¡Hable! ¡Diga!</p>
<p> La cara de Simone estaba bañada en lágrimas y yo tenía la lengua como paralizada ante lo que veía. Tenía miedo que Guantesnegros me violara.</p>
<p> -¿Yo, Sr.? ¿Qué quiere que yo diga?</p>
<p> Quería mostrarme lo más sumiso posible para tranquilizarlo un poco a Guantesnegros. Pero éste ya no se tranquilizaba con nada.</p>
<p> -Cualquier cosa, argentinito; decí cualquier cosa. Si vos sos mandado a hacer para decir cualquier cosa. ¡Toda la vida fuiste un tilingo! ¡Igual que tu país de milicos…!</p>
<p> Simone me tomó otra vez del brazo pero esta vez para sacarme de la vista de Guantesnegros.</p>
<p> -Vamos, Julio, salga; usted lo está haciendo enojar cada vez más.</p>
<p> -Sí, Simone. Llevateló. Sacalo ya mismo de esta casa. Y ojalá nunca vuelvas a París, fascista asesino. ¡Trapo de piso de la oligarquía! ¡Escribiente de clase media acomodada! ¡Pedófilo! ¡Prostibulero!</p>
<p> Yo igual le extendí la mano para despedirme pero Guantesnegros me la negó. Se agachó y volvió a meterse en la bañera. Maldiciendo entredientes contra mí y también contra mi patria. Yo salí de allí haciéndole reverencias. Con Simone arrastrándome por el brazo.</p>
<p> Bajamos por las escaleras a los tropezones.</p>
<p> 　</p>
<p> 5-SIMONE</p>
<p> Cuando llegamos a la puerta me sentía realmente triste. Nunca me había sentido así en París. Sentía un tremendo nudo en la garganta. La miré a Simone y le oprimí con ternura el brazo. Deseaba que comprendiera que yo estaba de su parte. Simone se me echó al cuello y empezó a llorar. Yo la atraje más hacia mí y también se me piantaron algunas lágrimas. Después Simone apartó un poco la cara y yo aproveché para besarla en los labios. Ella me devolvió el favor besándome locamente toda la barba y mordiéndome mucho los labios.</p>
<p> Aunque era bajita y yo soy muy alto, se desenvolvía bastante bien.</p>
<p> Después Simone se apartó de mí y yo le dije:</p>
<p> -Simone ¿usted me podría hacer un favor?</p>
<p> -¿Qué es, Julio? –dijo ella componiéndose el deshabillé.</p>
<p> -¿Usted no me podría prestar el dinero para viajar mañana a Buenos Aires?</p>
<p> Simone me miró desconcertada. Negaba un poco con la cabeza; también temblaba, pobrecita.</p>
<p> -No, no puedo. No puedo –dijo Simone.</p>
<p> -Si no fuera urgente que yo viaje mañana mismo a Buenos Aires no se lo pediría, Simone. Créame. Además pienso devolvérselo en tres días.</p>
<p> -¿Y dónde está esa urgencia de viajar a Buenos Aires tan pronto, vamos a ver?</p>
<p> -Mi padre murió ayer, Simone. Tengo que volar a Buenos Aires para asistir a sus exequias… Quiero estar.</p>
<p> Simone se sonó la nariz.</p>
<p> -Hubiese arrancado por ahí, hombre –me dijo Simone oprimiéndome la mano.</p>
<p> Se fue hasta un bayú del rincón y por encima del hombro vi que sacaba plata de un cofrecito.</p>
<p> -Tome –me dijo-. Es todo lo que tengo. Son todos mis ahorros.</p>
<p> Conté 300 F.</p>
<p> -Se lo agradezco en el alma, Simone.</p>
<p> -¿Cómo me los piensa devolver, Julio? Mire que son todos mis ahorros.</p>
<p> Titubeé un poco. Estaba mareado con tanto lloriqueo barato y tanta queja y tanto reproche de conventillo.</p>
<p> -Por intermedio de un amigo mío –le dije.</p>
<p> -¿Y es de fiar ese amigo suyo? –me preguntó.</p>
<p> -Es Astor Piazzolla, Simone.</p>
<p> -No tengo la más pálida idea de quién es.</p>
<p> -Es un talento musical que está cambiando el tango en Buenos Aires. Fue Astor Piazzolla quien me avisó del deceso de mi padre. Quédese tranquila, Simone. Astor tiene que viajar a París en dos días; yo apenas llego a Buenos Aires le doy la plata para que se la devuelva. Confíe en mí.</p>
<p> Me metí los 300 F. en el bolsillo y Simone frunció enseguida el entrecejo. La francesita entró a sospechar.</p>
<p> -¿Y usted cómo piensa conseguir los 300 F. en Buenos Aires?</p>
<p> -Vea, Simone, a mí me deben una plata importante la gente de Editorial Planeta, por los derechos de autor de Rayuela. Apenas llego a Buenos Aires me contacto con esta gente, cobro los derechos de autor, busco a Astor en el barrio de Pompeya y le doy la plata y su dirección. Estése tranquila.</p>
<p> Y ahí me callé. Ya empezaba a pensar que la francesita me iba a pedir intereses.</p>
<p> -…Astor Piazzolla… -dijo como recordando-. Sí, me parece que lo conozco. Es un viejito de pelo blanco que toca el bandoneón y se chorrea todo de transpiración. Lo vimos con Jean P. en el televisor la otra noche.</p>
<p> -Seguramente, Simone.</p>
<p> -¿Pero es de confianza ese hombre, Julio? A mí no me lo parece. Parece más bien un gitano.</p>
<p> Entonces me arrojé sobre Simone y empecé a besarla como un desaforado. La desnudé de cinturas arriba y le mordí los pechos. La francesita jadeaba y se retorcía como una serpiente contra mis largas piernas. Era raro, tenía olor a mujer de no haber sido tocada por hombre en años. Tenía aliento a tabaco y los labios ásperos, ríspidos, la lengua ajada, seca, toda la piel de su cuerpo flaquito también era seca.</p>
<p> De pronto se deshizo de mí como pudo.</p>
<p> -Ya basta, Julio, ya basta. Jean P. nos puede oír. Váyase; váyase antes que Jean P. baje y vea que usted está todavía aquí.</p>
<p> Me arreglé un poco la corbata, me di vuelta y me fui.</p>
<p> No quería volverla a ver.</p>
<p> Cuando estuve en la calle respiré profundo mis últimos aires de París, caminé dando largas zancadas. Pero después me detuve. Volví la vista y miré hacia los ventanales de la casa de Simone. Me acuerdo que ahí lo vi. A Guantesnegros apuntándome con el dedo índice de la mano, diciéndome que yo tenía que tener ojo con él.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 6-BUENOS AIRES</p>
<p> Al día siguiente estaba volando para Buenos Aires. Como tenía una modorra tremenda dormí durante todo el viaje como un oso. Recién cuando bajé del avión me di cuenta que había sido una estupidez eso de volverme a Buenos Aires. Tan así, de un día para otro. Pero cuándo no, Julio, vos siempre tan atolondrado para todo. Parecés un chico, mirá.</p>
<p> Pero después me agarró un montón de nostalgia y la verdad que me felicité de haber vuelto. Siempre yo era así de tarambana.</p>
<p> Además yo había vuelto, primero que nada, para verlo a Borges.</p>
<p> Pero también me agarraron ganas de andar un poco por San Telmo, Caballito, Parque Patricios, la Calle Corrientes, el Parque Lezama, yo qué sé. Estaba hecho todo un pelotudo como veinte años atrás, cuando visitaba y me paraba a mirar cualquier guevada que Buenos Aires me pudiera ofrecer. Dale, Julio, ya tenés 56. No te hagás el porteño melancólico que no se la vas a vender a nadie. ¿Y vos qué sabés? Por ahí encuentro a algún dormido que todavía no se amaneció y le vendo todos los números juntos. En este país todavía hay varios que no se cayeron del catre.</p>
<p> Salí de Ezeiza y me tomé un taxi. Apenas subí al taxi empecé a sentir un olor a jaula de mono impresionante. Seré yo, pensé. Me pasé las manos por las axilas y la barba, pero yo no era. Ya me estaba por bajar del taxi pero me dije: Julio, vos te metiste solo en este martes 13 y ahora bancatelá. Acá no hay tu tía. Le dije al tachero que me llevara hasta Callao y Las Heras. Si quería encontrarlo a Borges tenía que empezar a buscarlo por ahí.</p>
<p> Miré por la ventanilla y las calles de Buenos Aires empezaron a rodar por mi memoria. Pucha, qué metejón que yo tenía con la nostalgia. Parecía que andaba bien caliente. Lo único que te pido, Julio, es que no empecés a moquear ahora, por favor. Lo único que te pido. Quedate tranquilo, zonzo. No me voy a poner a llorar. Más te conviene. Mirá que esto es Buenos Aires y ya no estás más en París. Si en Buenos Aires te ven lagrimeando te pueden llegar a comer vivo.</p>
<p> En eso no va que el tachero me dice:</p>
<p> -Vio que lo encontraron a Aramburu.</p>
<p> -¿A quién? –yo dije.</p>
<p> No entendía nada.</p>
<p> El tachero siguió hablando lo más campante.</p>
<p> -Sí, parece que hacía un mes que lo habían matado. Se está poniendo bravo este país. Y son los Montoneros los que lo están poniendo bravo. Ahora yo me pregunto: ¿Qué carajo quieren hacer los Montoneros con este país? Yo no entiendo nada.</p>
<p> Dejé caer la cabeza hacia atrás, con cuota de cansancio.</p>
<p> -Yo tampoco entiendo nada, pibe. ¿Qué querés que te diga?</p>
<p> Vi que el tachero se me puso a mirar por el espejito. Una, diez, cien veces. Parecía que me quería sacar una foto. Dale, pibe, escupí lo que tengás que decir. Animate, preguntame si soy Cortázar.</p>
<p> -¿Usted no es de acá, no? –me dijo por fin.</p>
<p> -Sí, soy de acá, pero hace años que no volvía.</p>
<p> -¡Yo ya me di cuenta de quién es usted! ¡Yo ya me di cuenta! ¡Usted es Cortázar!</p>
<p> -Sí, pibe, soy Cortázar. Pero no levantés tanta pólvora.</p>
<p> El tachero era bien morochito, con mucha melena y barba, como yo. No me sacaba los ojitos de encima. Me sonreía y no paraba más de hablar de cualquier cosa. Yo le decía a todo que sí, que sí. Ya ni me acuerdo de las cien pavadas que me dijo. Al fin llegamos a Callao y Las Heras.</p>
<p> -¿Cuánto te debo, pibe?</p>
<p> -No, don Julio, a usted nadie puede cobrarle nada.</p>
<p> Acepté lo del viaje gratis. Y como el olor a jaula de mono era cada vez más impresionante dentro del taxi me rajé de ahí como rata escapando por tirante.</p>
<p> -Hasta la vista, Sr. Cortázar –escuché que me decía el tachero, cuando cerré la puerta del taxi con tanta fuerza que casi no la hago tripas. Me sentía nerviosísimo. Pero qué olor a jaula de mono impresionante que había dentro de ese taxi.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p> 7-VICTORIA OCAMPO Y SILVINA</p>
<p> Encendí un pucho para sacarme la bronca y empecé a caminar por la Callao. Qué embroncado que estaba yo. Caminaba rápido, dando largas zancadas. La gente empezaba a mirarme. A mí la verdad que no me extrañaba. Yo y mi estatura tan alta les resultaría algo notorio a los porteños, que por lo general son bajitos y morochos. Seguro que se daban cuenta que yo era Cortázar, como se había dado cuenta el tachero. Entonces empecé a apurar cada vez más el paso. Quería encontrarlo a Borges cuanto antes. Parecía un loco del Borda, mirá. En eso no va que escucho que me dicen:</p>
<p> -¿Adónde vas, turrito, tan apurado? ¿Hay que correrte a vos para alcanzarte?</p>
<p> Me di vuelta y sí, eran Victoria Ocampo y su hermana Silvina.</p>
<p> -Muy buenas tardes, señoras hermosas –les dije haciéndoles una reverencia y besándoles a cada una la mano.</p>
<p> Las dos hermanas se entraron a reír de mí.</p>
<p> -Pero éste no cambia más –dijo la Sra. Victoria-. Sigue siendo el mismo turrito de siempre.</p>
<p> -Dejalo que nos baile un poco si quiere –dijo la Sra. Silvina-, si no ves que es un negrito cualquiera. Está igual que en los 50. Siempre el mismo alcahuete.</p>
<p> Yo me puse todo rojo. Me mordí los labios. Pero si me pensaban humillar, entonces me iba a dejar humillar bien hasta el fondo. Como en los 50.</p>
<p> -Por favor, señoras –les dije-. Tengan conmiseración con este pobre miserable que hoy regresó a su patria después de tantos años.</p>
<p> La Sra. Victoria sacó un cigarrillo rubio y le dio otro a su hermana. A mí no me convidó.</p>
<p> -¿A qué volviste, turrito? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Por qué te volviste de París? ¿Ya te cansaste de andar de putas allá?</p>
<p> -A lo mejor se pescó una gripe con alguna francesita –dijo la Sra. Silvina-, y volvió a Buenos Aires para contagiarnos a todos. ¡Como si ya no tuviésemos bastante sífilis en todo Buenos Aires!</p>
<p> Otra vez las hermanas se pusieron a reír a costa de mí. Cuando se enganchaban no podían parar más.</p>
<p> -Volví para verlo a Borges –dije suavemente-. ¿Ustedes no me podrían dar información sobre su paradero?</p>
<p> La Sra. Victoria hizo una enorme pitada y me miró con desconfianza.</p>
<p> -¿Así que lo estás buscando a Georgie? ¿Para que lo estás buscando vos?</p>
<p> -Necesito hablar con él, Sra. Victoria –dije juntando las manos como un buen monaguillo.</p>
<p> -Pero mirá que es un bicho raro éste –le dijo la Sra. Silvina a su hermana-. ¿Para qué lo querrá ver a Georgie?</p>
<p> -Por favor, Sra. Silvina: necesito hablar urgentemente con él. Necesito encontrarlo.</p>
<p> -¿Y con esa ropa sucia y esa barba melenuda te pensás que lo vas a encontrar a Georgie? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Decime cuánto hace que no te comprás ropa nueva? Parecés un Montonero vos.</p>
<p> Agaché la cabeza y las lágrimas empezaron a rodar por mi cara. Me sentía un sapo. Una mosca que alguien debía venir a matar.</p>
<p> -Bueno, no llorés, turrito –me dijo la Sra. Silvina-. Que todo esto no es para estar haciendo tanto barullo. Al final parecés una mina de flojo que te ponés. ¿Por qué mejor no te sacás ese sobretodo, si no ves el calor que hace hoy?</p>
<p> Vi que la gente que pasaba por la calle nos miraba. Pero no las miraban a ellas. A las Ocampo. Me miraban solamente a mí. Me dio más vergüenza todavía.</p>
<p> -No, por favor –dije con un hilo de voz-. Ayúdenme a encontarlo a Borges.</p>
<p> Las dos hermanas parecieron compadecerse un poco de mí.</p>
<p> La Sra. Victoria me dijo:</p>
<p> -Está bien, che; no seas tan mariquita. ¡No llorés! Yo creí que vos eras un poco más vivo. Si nos hablás un poco en francés te decimos dónde lo podés encontrar a Georgie.</p>
<p> -Dale, eso –dijo la Sra. Silvina-. Hablanos un poco en francés que a nosotras dos nos gusta. Porque habrás aprendido un poco de francés, me imagino, después de tantos años que estuviste vagueando allá por París. Hablá en francés y después te decimos dónde está Georgie.</p>
<p> Yo empecé a recitar todo de corrido, con el corazón que se me salía por la boca.</p>
<p> -Le conseil estime, que la question proposée soufre de grandes difficultés. Les théologiens posent d´ un coté pour principe, que le bapteme, qui est une naissance spirituelle&#8230;</p>
<p> Y nuevamente las dos hermanas se pusieron a reír de mí. Ahí mismo, sobre la Callao, se abrazaron muertas de risa y empezaron a burlarse otra vez de mí.</p>
<p> -Ves, Silvina, que éste sigue siendo el mismo negrito peronista de siempre –soltaba la Sra. Victoria.</p>
<p> -Es un cabecita negra. Yo siempre te lo dije, Victoria; éste se da vuelta como un panqueque. Como hizo en los 50 para arrimarse a nosotros –reflexionaba la Sra. Silvina.</p>
<p> Yo no dije nada. Esperé en silencio a que las hermanas se cansaran de reírse de mí. Pero me quité el sobretodo porque ya no soportaba más el calor.</p>
<p> 　</p>
<p> 8-VICTORIA OCAMPO</p>
<p> Después la Sra. Silvina:</p>
<p> -Bueno, yo ya me voy, Victoria –dijo-. Me tengo que ir a la presentación de un libro de Martha Lynch.</p>
<p> -¿Y me vas a dejar sola con éste? –le reprochó la Sra. Victoria.</p>
<p> -No tengas miedo, Victoria; estás en la Avenida Callao, rodeada de mucha gente. No creo que te vaya a hacer nada.</p>
<p> Entonces intervine:</p>
<p> -Pero discúlpenme, señoras, ¿acaso no me iban a decir ustedes dónde lo podía encontrar a Borges si yo les hablaba algo en francés?</p>
<p> -Pero dejate de joder, che –dijo la Sra. Victoria-. ¿Y a nosotras nos preguntás? ¿Qué sabemos nosotras dónde lo podés encontrar a Georgie?</p>
<p> -Mi hermana te cantó la posta –aseguró la Sra. Silvina-. Es verdad. Nosotras no sabemos nada. La Japonesa María lo tiene siempre bien guardado. A veces lo lleva a Georgie a alguna parte, pero nada más. Lo lleva a Suiza, a Estados Unidos. Lo lleva y después lo trae. Pero ella sola sabe cuándo y cómo. Solamente la Japonesa.</p>
<p> Después la Sra. Silvina sacó de su cartera algo de plata para que me comprara zapatos nuevos. Me dio un par de billetes y me dijo que si me volvía a ver no quería verme con esos zapatos viejos y sucios.</p>
<p> Le agradecí como corresponde y le prometí que en la primera de cambio que tuviera me compraría zapatos nuevos como muestra de mi eterna lealtad hacia ellas y hacia toda la familia Ocampo.</p>
<p> La Sra. Silvina se despidió de su hermana con un fuerte apretón de manos y se hizo agua yéndose en un taxi. De manera que la Sra. Victoria y yo nos quedamos solos, uno frente al otro, sin saber qué decir.</p>
<p> La diferencia de edad nos alejaba muchísimo. Si bien yo empecé a sacar la cuenta de qué buen partido sería para mí si me casaba con la Sra. Victoria. ¡Cuántas puertas que se me abrirían! Basta, Julio, no empecés otra vez. Mirá que sos mandado a hacer para darte manija. Mirá si una vieja de los Ocampo le va a dar bolilla justo a alguien como vos.</p>
<p> Yo qué sé. A lo mejor si la empezaba a apurar un poco la vieja se me prendía como alfiler. La Sra. Victoria me observaba en callado. No te hagás el chiquilín, te mira porque no le decís nada. ¿Qué querés que haga? Además vos te creés que si la vieja anda con ganas se va a fijar en un bicho como vos.</p>
<p> Esta vieja se maneja en otros círculos, frecuentea otros ambientes, otras esferas, y con la billetera que tiene se puede dar el lujo de tener a cualquier pibe de veinte años del interior que venga a Buenos Aires para progresar un poco. Si me acuerdo que decían que se había barrido a toda la facultad de Filosofía y Letras. Hasta al propio indio Tagore se lo fusiló. ¿Para qué te pensás que lo hizo vivir en la casa y gratis? ¿Y esos canapés que levantaba en la casa todas las tardes? ¿Para qué te pensás que eran? ¿Para tomar té inglés y probar galleta criolla? ¿Para decir quién lo había matado a Kennedy o para andar hablando del conflicto de Vietnam? Dejate de jorobar querés. Aterrizá de una buena vez en tu vida, dejá de andar volando que el día menos pensado te van a bajar de un escopetazo. Vos te das manija y después quién te aguanta.</p>
<p> Eso, dejala que se vaya, que se haga la distraída y se vaya sin saludar. Sí, andate, vieja puta. ¿Ahora que tu hermana se fue ya no te hacés más la cocorito divertido? Ahora que estás sola bien que te quedás callada; cuando no estás con tu hermana no te animás ni a levantar una moneda del piso. ¿Por qué no te reís de mí ahora como te reíste hace un rato? Porque sabés que a la primera cosa que digas te dejo tumbada en el piso de un gancho de izquierda. ¿Por qué no me pedís ahora que te hable en francés, vieja oligarca de porquería?</p>
<p> La Sra. Victoria volvió sobre sus pasos.</p>
<p> Se me acercó y me dijo:</p>
<p> -¿Sabés, turrito, quién te puede ayudar a encontrarlo a Georgie? La Rusita Alejandra. Ella y la Japonesa María son muy íntimas amigas. A lo mejor te dice dónde la Japonesa lo tiene a Georgie metido.</p>
<p> Yo ladeé un poco la cabeza.</p>
<p> -El problema, Sra. Victoria, es que yo no tengo la dirección de la Rusita.</p>
<p> -Yo te la doy, no te hagás problema. No vas a empezar a llorar otra vez&#8230;</p>
<p> -Se lo agradezco tanto, Sra. Victoria, tanto&#8230;</p>
<p> Le quise besar la mejilla pero ella no me dejó.</p>
<p> -No es para tanto, che; no te hagás el confianzudo. Tomá, acá tenés la dirección de la Rusita, pero no le digás que yo te la di. Aquélla es medio loca y si se llega a enterar que te di la dirección es capaz de correrme con un cuchillo.</p>
<p> 　</p>
<p> 9-EL TURQUITO</p>
<p> Empecé a caminar otra vez solo por la Callao. Me metí las manos en los bolsillos del sobretodo y respiré profundo. Me dirigía a la casa de la Rusita. Estaba como a más de cuarenta cuadras pero preferí ir caminando. Caminaba con un solo pensamiento. Tengo que encontrarlo a Borges. Y lo voy a encontrar. Lo voy a encontrar.</p>
<p> Al final había tenido suerte de encontrarme con las Ocampo. Una me había dado plata para que me comprara zapatos nuevos y la otra me había dado la dirección de la Rusita Alejandra. A lo mejor ésta me podía ayudar. Era amiga de la Japonesa&#8230;</p>
<p> Hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de la vida de la Rusita. Sabía que andaba escribiendo poesías y todo eso, pero nada más. Cuando me vea se va a caer de espaldas. No me va a poder creer que estoy en Buenos Aires. Esta Rusita&#8230; Siempre me hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita?, le decíamos todos. Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita.</p>
<p> Habría caminado unas diez o quince cuadras cuando empecé a sentir otra vez olor a jaula de mono. Tenía toda la frente chorreada de sudor y pensé: Soy yo, otra no queda. Entonces alguien me tocó por el hombro y me di vuelta enseguida. No tardé nada de tiempo para reconocerlo. Era el tachero. Ahora todo me empezaba a cerrar mejor.</p>
<p> -¿Se acuerda de mí, Sr. Cortázar? –me dijo.</p>
<p> Asentí con la cabeza, malhumorado.</p>
<p> -A mí me dicen el Turquito Asís. Y quiero ser escritor, como usted.</p>
<p> Vi que tenía en las manos unas carpetas, unos papeles.</p>
<p> -¿Qué querés, pibe? ¿Vos me estuviste siguiendo? Tené ojo conmigo porque te voy a bajar de un derechazo a la mandíbula, ¿me oíste?, si me entero que me estás siguiendo.</p>
<p> -No, Sr. Cortázar. Yo quería que usted me ayudara. Acá le traigo todas mis obras completas para que las lea.</p>
<p> El Turquito me dio risa; y a mí cuando alguien me da risa me pongo a reír.</p>
<p> -¿Así que vos te pensás que sos escritor? –le dije-. ¿Pero desde cuándo un cabecita negra como vos puede ser escritor? –le dije-. ¿A que no va que sos peronista también?</p>
<p> -No, Sr. Cortázar; yo soy comunista.</p>
<p> -¿Comunista? ¡Pero mandate a mudar! Vos ni debés saber lo que es el comunismo.</p>
<p> El Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido. Seguro que no se esperaba una respuesta así. Yo a veces me la daba de cruel.</p>
<p> -¿Entonces no me va a ayudar? –me preguntó.</p>
<p> -Pero pibe, ¿vos no sabés que en la Argentina para ser escritor hay solamente dos caminos: o tener plata o tener un buen apellido? Y vos, Turquito, disculpame, pero un buen apellido no tenés. A-sís. A-sís. ¿Qué clase de apellido es ése? Dejá de macanearte a vos mismo.</p>
<p> -Pero yo tengo plata, Sr. Cortázar.</p>
<p> Y ahí nomás el Turquito sacó un fajo de billetes azules, colorados y marrones. ¡Ah la flauta! Nunca había visto tantos billetes de distintos colores. Enseguida se los agarré y me los metí en el bolsillo.</p>
<p> -Parece que vos y yo nos vamos a llevar bien, pibe –le dije.</p>
<p> El Turquito enseguida me besó la mano.</p>
<p> -Largá, che –le dije-. Mirá que la gente está relojeando.</p>
<p> -No me importa que me vean, Sr. Cortázar –me dijo, y me volvió a besar la mano otra vez.</p>
<p> -Mirá que sos cabeza dura vos –le dije riéndome un poco-. Pero no importa. Pero no importa. Yo te voy a ayudar lo mismo.</p>
<p> Le dije no sé cuántas más macanas. Que se lo iba a presentar a Sábato, que lo iba a hacer ganar en un concurso de novelas en el que yo estaba como jurado&#8230; No me acuerdo cuántas más macanas.</p>
<p> El Turquito decía a todo que sí con la cabeza. Pensaba que conmigo se había sacado la grande. Viste, Julio, viste que en este país hay varios que todavía no se cayeron del catre. Pobre Turquito, tenía la cara toda contenta. Las esperanzas que se estaría haciendo el pibe&#8230; Me insistió para que le agarrara las obras completas pero yo no quise. Después las iba a tener que tirar a la basura y me daba un poco de lástima por el Turquito.</p>
<p> Le dije que tenía muchas cosas que hacer y me mandé a mudar. Casi casi lo dejé hablando solo. Caminé varias casas y cuando me di vuelta el Turquito estaba todavía allá parado, mirándome con esa sonrisa de atorrante que tenía. Nunca más lo volví a ver. Qué sé yo qué le habrá pasado. Habrá terminado de gerente de algún cabaret; seguro. Yo me fui silbando contento; con la plata que le había chamuyado al Turquito más la plata que le había chamuyado a Simone ya tenía como para tirar por dos meses en Buenos Aires.</p>
<p> 　</p>
<p> 10-AJEJANDRA Y MININA</p>
<p> Cuando llegué a lo de la Rusita me puse a tocar el timbre. Como nadie me abría seguí tocando. Si no hay nadie en casa no estoy molestando a nadie, pero si hay alguien me van a tener que abrir. La cosa es que yo no sacaba el dedo del timbre. Por ahí veo que abren la puerta y que se asoma la cara desconcertada de la Rusita.</p>
<p> -¿Qué querés, Van Gogh? –me dijo-. ¿Qué te pasa? ¿Tenés brea en el dedo?</p>
<p> -Dejame pasar, Rusita; tenemos que hablar.</p>
<p> Ya la Rusita me estaba por cerrar la puerta en la cara pero yo me le amanecí; puse el pie y tuve que entrar a la fuerza. Caminamos por un pasillo largo y bien angostito. La Rusita me seguía de atrás, puteándome a cada rato y diciendo que iba a llamar a la cana si no me rajaba ya mismo.</p>
<p> -Siempre la misma rufiana vos, Rusita –le dije.</p>
<p> Crucé el patio y entré a la cocina para abrir la heladera. Parecía que tenía una orquesta adentro del estómago del hambre que traía. Y ahora que me acuerdo hacía como dos días que yo no comía nada. Pero la heladera de la Rusita estaba toda vacía.</p>
<p> -¿Por qué no empezás a trabajar y te comprás algo de comida, Rusita? Mirá lo que es este cementerio. Ni siquiera hay una cebolla.</p>
<p> -Callate, Van Gogh, y andate antes que te raje a patadas.</p>
<p> La Rusita me decía siempre Van Gogh porque sabía que yo había vivido en París. Y como Van Gogh había sido amigo de Gauguin se pensaba entonces que Van Gogh también había sido francés. Yo no la quería sacar de su ignorancia a la piba y la dejaba nomás que me dijera Van Gogh todo lo que quisiera. Pronunciaba Van Gogh como si fuera un apellido bien francés, acentuando muchísimo la O. Además si le hubiese dicho la verdad, a lo mejor a la Rusita le hubiese entrado una vergüenza bárbara, porque aunque era una piba ordinaria también es verdad que era muy orgullosa. Había leído casi veinte libros enteros y se daba aires de no ser una ignorante. Quizás sacó de alguno de esos mismos libros eso de que Van Gogh y Gauguin habían sido amigos. Ella también vivió en París algunos años.</p>
<p> Miré para todos lados y le dije:</p>
<p> -¿Por qué no limpiás un poco acá? Esto es todo una mugre. No te vas a herniar si agarrás un día una escoba y un balde.</p>
<p> -¿Sabés qué pasa, fantoche? –me respondió con un dejo de ironía-. La menestrala hace días que no viene y yo ando muy ocupada con mis cachivaches.</p>
<p> Nos reímos un poco. Siempre me hacía reír la Rusita.</p>
<p> Después la Rusita se puso seria y mirándome a la cara me dijo:</p>
<p> -No, en serio, pimpollo; te vas a tener que ir. No estoy sola.</p>
<p> Encendí un pucho y le contesté.</p>
<p> -Sí, ya sé que no estás sola. Apenas entré acá adentro me di cuenta que tenés a alguien metido en la pieza. Por mí podés decirle que salga, que ya sé quién es.</p>
<p> La Rusita sintió que yo le estaba cascoteando el rancho.</p>
<p> -A ver, gandul –me dijo-, ya que sos tan inteligente y te las sabés todas, decime, a ver, ¿a quién tengo adentro de la pieza?</p>
<p> Agarré una cartera que estaba tirada en un rincón del piso y le tapé la boca.</p>
<p> -A Silvina Ocampo –le dije-. Esta cartera es de ella. ¿O me equivoco, Rusita? ¿Decime a ver si me equivoco?</p>
<p> La Rusita soltó una carcajada enorme.</p>
<p> -¡Pero mirá que habías sido vidente vos! –me dijo-. ¿Cómo hacés para sabértelas todas? ¡Parece que comiste mucha polenta allá en París!</p>
<p> La Rusita se rascó un poco la cabeza y después levantó un poco más la voz.</p>
<p> -Salí, Minina, que acá ya te engranparon. Van Gogh ya sabe que estás acá.</p>
<p> Entonces vi cómo la Sra. Silvina aparecía con la vista baja. Al parecer no podía mirarme a los ojos.</p>
<p> -Por favor, Sr. Cortázar –murmuró-; no vaya a decirle nada a mi marido que me encontró aquí. Se lo suplico. Bioy se moriría si se llegara a enterar de esto.</p>
<p> Yo no sé si fue el hecho de que me llamara Sr. Cortázar o me dijera se lo suplico, pero lo cierto es que enseguida sentí que me subía como fuego a la cabeza, que estaba que echaba chispas de la rabia que tenía y que pensaba descargarla toda contra la Sra. Silvina. Ella sola pagaría todos los tragos amargos que me habían hecho tragar por la tarde ella y la puta de su hermana. Vamos a ver ahora quién hace de león y quién hace de conejo. Vamos a ver ahora quién es más cabecita negra. Quién es el mismo negrito peronista de siempre. Quién se da vuelta siempre como un panqueque. Vamos a ver.</p>
<p> 　</p>
<p> 11-ALEJANDRA Y MININA</p>
<p> Me acerqué a la Sra. Silvina boqueando humo y pavoneándome como un rey.</p>
<p> -No se preocupe, Sra. Silvina –le dije chiquito-. Yo no pienso abrir la boca.</p>
<p> Y ahí nomás le pegué un trompazo tan fuerte en la cara que la hice caer al piso.</p>
<p> -¡Minina! –gritó la Rusita. Y se fue corriendo a abrazarla y consolarla.</p>
<p> La Sra. Silvina lloraba. La Rusita la besaba entre los cabellos.</p>
<p> -Pero mirá que resultaste misógino vos, Van Gogh –me dijo la Rusita-. ¿Por qué le pegaste?</p>
<p> -Por favor, Alejandra –le dijo la Sra. Silvina-. Decile que no me golpee más.</p>
<p> Yo dije:</p>
<p> -Mejor decile a la perdularia esta que no llore tanto que le pegué con la mano abierta.</p>
<p> Yo caminaba de un rincón a otro golpeándome los puños, como si fuera un boxeador que espera que el otro se levante para darle el golpe de gracia. Le quería hacer besar la lona. Acá había que saldar cuentas y yo las pensaba saldar todas y bien saldadas.</p>
<p> -Decile que se pare, Rusita –dije-, que tengo que hablar con ella.</p>
<p> -No, no –dijo la Sra. Silvina sollozando-. No me voy a parar. Usted parece el niño Miles por lo malvado.</p>
<p> -Quedate tranquila, Minina –dijo la Rusita-. Yo te voy a defender. Vos quedate acá quietita conmigo que no te va a pasar nada. A ver si éste se piensa que yo voy a dejar que le peguen a una mina mía.</p>
<p> La Rusita la oprimió más contra su pecho. Le secó las lágrimas.</p>
<p> -Pero decime una cosa, Van Gogh –me dijo después- ¿se puede saber a vos quién te dijo adónde vivía yo?</p>
<p> -La Sra. Victoria, la hermana de ésta –le largué.</p>
<p> -Esa vieja malaleche –rezongó la Rusita-. Ves, Minina, tu hermana no quiere que vos y yo andemos juntas. Nos mandó al tararira este para que nos arruine la siembra.</p>
<p> Yo seguía caminando de un lado para otro, pitando siempre el mismo pucho. Andaba hecho un Bonavena.</p>
<p> -¡Sí! –dije-. ¿Y por qué no le preguntás, Rusita, por qué no le preguntás cómo me trataron hoy la hermana y ésta? Me dijeron turrito, alcahuete, negrito cualquiera, sifiloso, ropa sucia&#8230; Hasta ésta me dijo que me comprara zapatos nuevos&#8230; Me hicieron sentir como sapo de otro pozo.</p>
<p> -Yo le tengo que pedir a usted miles de disculpas, Sr. Cortázar –dijo la Sra. Silvina-. Yo sé que mi hermana y yo nos comportamos muy mal hoy con usted.</p>
<p> -¿Pero quién le dio permiso a ésta para que me hable? –dije yo.</p>
<p> Ahí nomás me entró a subir otra vez fuego en la cabeza. Me agaché y le di una trompada. Le deje un ojo todo morado. No sé por qué al punto me acordé del gordo Guantesnegros. La Sra. Silvina empezó a llorar otra vez, pero esta vez daba más lástima.</p>
<p> Entonces la Rusita, que era petisa y yo soy muy alto, se me plantó enfrente como si fuera Platero.</p>
<p> -La volvés a tocar otra vez y te mato, Van Gogh. Te mato. –Me amenazó-. Esta vez va en serio. Mirá que conmigo no se jode.</p>
<p> -Buef –dije. Y reculé un poco. Con la Rusita no me podía estar exponiendo. Amainé un poco para que se me calmara. Bajé los humos.</p>
<p> -Y vos, Minina, no seas zonza y dejá ya de llorar, que éste no te va a pegar más.</p>
<p> -Alejandra, decile que no le cuente nada a mi marido.</p>
<p> -Vos le llegás a contar algo a Bioy de esto y yo te acogoto. ¿Me escuchaste? Te juro que te acogoto.</p>
<p> -Ta´ bien, ta´ bien –dije-. Pero si no quiere que le cuente nada al marido que me diga entonces dónde lo puedo encontrar a Borges. Porque yo no le creo nada a ésta que no sabe dónde está Borges.</p>
<p> La Rusita estalló por completo.</p>
<p> -¡Cómo rompés las pelotas con ese viejo de mierda! ¡Hace de hoy que lo estás buscando! ¡Para que lo estás buscando decime!</p>
<p> Me encogí de hombros.</p>
<p> -Yo tengo mis motivos personales, Rusita. ¿Qué querés que te diga?</p>
<p> Y seguía caminando de un lado para otro. Mirá que andaba embalado. Me había caminado más de cuarenta cuadras, no había comido nada ese día y seguía haciéndome el guapo con la Rusita. Para mí que yo tenía algo roto adentro de la cabeza para que todo esto estuviera sucediendo.</p>
<p> -Es tarde –dijo la Sra. Silvina-. Yo me tengo que ir, Alejandra. Bioy va a llegar a casa y yo no voy a estar. Va a entrar a sospechar. Me tengo que ir.</p>
<p> La Sra. Silvina se puso de pie.</p>
<p> -Hasta que no me diga dónde está Borges, ésta no se va de acá. No se va a ningún lado hasta que no me diga dónde está Borges.</p>
<p> Y me puse en el medio de la puerta para interrumpir cualquier tipo de huida.</p>
<p> -Pero sí, Minina, dale la dirección de ese viejo así éste se deja de joder. Porque parece que va a estar todo el año jodiendo con esto.</p>
<p> La Sra. Silvina agarró su cartera y extrajo de allí una tarjeta azul con la dirección de Borges. Por fin.</p>
<p> -¿Ahora estás contento, Van Gogh? –me dijo la Rusita.</p>
<p> Yo me dejé caer triunfal en una silla con la tarjeta en la boca.</p>
<p> No le respondí nada.</p>
<p> -Me voy, Alejandra –dijo la Sra. Silvina.</p>
<p> -Bueno, ¿pero ahora cuándo vas a venir, Minina?</p>
<p> Las dos salieron al patio. La Rusita la acompañó hasta la puerta. Habrán tardado unos quince dieciséis minutos en despedirse. Después la Rusita volvió a la cocina con una cara un poquito más alegre. Me miró con aire cómplice y desfachatado, como hacía algunas veces cuando estábamos solos.</p>
<p> 　</p>
<p> 12-ALEJANDRA</p>
<p> -Dame un pucho, Van Gogh –dijo la Rusita.</p>
<p> Yo se lo di y hasta se lo encendí.</p>
<p> -Le hiciste agarrar un julepe bárbaro a Minina –dijo la Rusita-. Recién en la puerta me dijo que tenía miedo de que la molieras a palos. Mmm&#8230; Y yo también. Cuando te vi cómo la encaraste pensé: Este la va a moler a palos. Pobre Minina&#8230; Se asustó.</p>
<p> La Rusita se entró a reír con fuerza.</p>
<p> -¿Viste cómo me decía, Van Gogh? &#8220;Defendeme, Alejandra, defendeme. Que no me pegue más. Defendeme, defendeme&#8221;</p>
<p> La Rusita le imitaba la voz y se tentaba más todavía y se reía.</p>
<p> Pero yo estaba serio.</p>
<p> -Yo pensé que vos estabas del lado de ella –le dije.</p>
<p> -¡Avisá, Van Gogh! ¿Si no viste que te guiñé un ojo en medio del quilombo?</p>
<p> -¿Cuándo me guiñaste un ojo vos?</p>
<p> -¡Recién! ¿No te diste cuenta? Cuando te dije que te iba a acogotar ahí te guiñé un ojo.</p>
<p> -Yo no vi nada, Rusita –respondí todavía serio.</p>
<p> Nos quedamos callados un rato.</p>
<p> Después la Rusita se puso a reír otra vez.</p>
<p> -&#8221;Defendeme, defendeme. Decile que no me pegue más&#8221;. Y vos que andabas embalado como un tren. Te piantabas de un rincón a otro y decías siempre: &#8220;Que se pare, decile que se pare&#8221;. Mirá que estabas hecho un Bonavena.</p>
<p> Entonces los dos nos entramos a reír a las carcajadas.</p>
<p> -¡Y claro! –exclamó la Rusita-. ¿Vos cuánto medís, Van Gogh? ¿Dos metros? ¡Claro! La otra te habrá visto tan alto que pensó que la ibas a matar.</p>
<p> Yo me puse otra vez serio.</p>
<p> -¿Cuánto hace que salís con esa tipa, Rusita?</p>
<p> -Yo qué sé. Ni me acuerdo. ¿Por?</p>
<p> -No sé. Me da asco lo que hacés. Dos mujeres juntas&#8230;</p>
<p> -¡Dale, no seas carátula, Van Gogh! ¿Y vos qué hablás? ¿Vos no te la pasás yendo a ver peleas de box?</p>
<p> -¿Y eso qué tiene?</p>
<p> -Que los que van a ver box son todos unos putos, Van Gogh. ¿Si no viste cómo gritan todos? &#8220;¡Pegale, negro, pegale. Matalo!&#8221;. Sí, los que van a ver box son todos putos. Hay que matarlos a todos.</p>
<p> La Rusita apagó el pucho y me pidió otro.</p>
<p> -No pero en serio, Van Gogh. No le vayas a contar al marido de la Minina nada de esto. Y tampoco le contés nada a Borges. Mirá que Bioy y Borges son como carne y uña. Vos chitón por las dudas.</p>
<p> -Ya sé, ya sé; no voy a decir nada.</p>
<p> La Rusita se me puso a mirar con detenimiento.</p>
<p> -¿Y vos para qué volviste a Buenos Aires? Mirá que este país se está poniendo cada vez más bravo.</p>
<p> -Preciso verlo a Borges –dije bajando los ojos.</p>
<p> -Sí, ya Minina me contó. Me dijo que las estuviste jodiendo dos horas preguntándoles por Borges. ¿Para qué lo querés ver a ese viejo andrógino? Ya ése tiene la cabeza en otro mundo. Ni sabe lo que dice. ¡A ése tendrían que matar los Montoneros! ¡A ése!</p>
<p> -Me dijeron que la Japonesa María lo tiene siempre bien guardado&#8230;</p>
<p> -¿Quién te dijo eso?</p>
<p> -La Sra. Victoria.</p>
<p> -¡Pero y ésa qué sabe!&#8230; ¿Qué más te dijo la vieja?</p>
<p> -Que vos y la Japonesa María eran amigas muy íntimas; pero que yo no te dijera a vos que ella me lo había dicho; porque si no vos la ibas a correr a ella con un cuchillo.</p>
<p> La Rusita se puso a reír otra vez.</p>
<p> -Sí, y tiene razón. Le voy a dar un guadañazo en la cabeza cuando la vea.</p>
<p> -¿Y es cierto eso, Rusita?</p>
<p> -No, mirá si le voy a dar un guadañazo&#8230;</p>
<p> -No, yo te decía si es cierto que vos y la Japonesa María son amigas íntimas.</p>
<p> -Mirá, Van Gogh; una se la rebusca de dónde puede. Hoy la tengo a esta tipa Minina, pero el día de mañana quién sabe.</p>
<p> Yo bajé otra vez la mirada. No me gustaba nada lo que hacía la Rusita. Era verdad. Me daba asco.</p>
<p> La Rusita se empezó a comer las uñas. Era señal que me tenía que ir. Metí las manos en los bolsillos del sobretodo y me paré para irme.</p>
<p> -¿No tenés algo de plata para prestarme, Van Gogh? –me dijo rapidito.</p>
<p> -No, disculpame, Rusita; ando como un matambre. No tengo nada.</p>
<p> -¿Y la guita que te dio Minina para que te comprases zapatos?</p>
<p> -Si apenas me dio dos pesos&#8230; Además necesito plata para ir a lo de Borges. No me voy a ir caminando hasta allá y con las manos vacías.</p>
<p> Se quedó haciendo pucheros la Rusita.</p>
<p> 　</p>
<p> 13-BORGES Y LA JAPONESA MARIA</p>
<p> Eran como las tres de la madrugada. Saqué del bolsillo la tarjeta azul que me había dado la Sra. Silvina con la dirección de Borges y me quedé mirándola un buen rato. Después empecé a caminar por la calle, buscando alguna avenida donde pasaran más taxis. No había un alma en la calle. Pesqué justo un taxi y fui directo a la casa de Borges. No quiero dar la dirección ahora por las cosas que la Japonesa me dijo después, por si acaso. No vaya a ser cosa que me madrugue algún día con una barbaridad. Pues bien. Mientras iba en camino me venía al recuerdo la sabia sonrisa de Borges y para entretenerme un poco me puse a hacer anagramas con su apellido. Gobres. Orsegb. Esrobg. Bregos. Sbeorg. En fin. Llegué a la casa.</p>
<p> Contrariamente a lo que me esperaba me abrió la puerta el propio Borges. Allí estaba de pie ante mí. Sentí un nudo en la garganta. No sabía qué hacer. No sabía si salir corriendo o qué. Me puse muy vergonzoso.</p>
<p> -Beso su mano, maestro –le dije por fin.</p>
<p> -Pase, Cortázar, pase –me dijo-. Lo estaba esperando. Sé que anduvo todo el día preguntando por mí.</p>
<p> -Necesitaba verlo urgente, maestro, urgente.</p>
<p> -Ya me va a contar a su debido tiempo lo que me vino a contar –dijo Borges pausadamente-. Ahora vamos donde María, que estamos cebando mates. ¿Uste´ toma mate, Cortázar?</p>
<p> -Dulces y ricos, maestro –le respondí-. Como usted me enseñó.</p>
<p> Borges sonrió un poco.</p>
<p> -¿Hace un poco de frío ajuera, no? –me preguntó después-. Se me hace que va a caer escarcha. Eso no e´ gueno pa´ la cosecha.</p>
<p> Me tomó del brazo y me guió. Yo sentí sus dedos en mi carne como si fueran alfileres helados. Me llevó donde María.</p>
<p> A la luz de unas velas la Japonesa se estaba cebando un mate. Apenas me vio se levantó y me estrechó la mano con firmeza.</p>
<p> -Es un placer verla, Sra. –le dije, y le besé la mano.</p>
<p> -Cómo le va, Julio –dijo la Japonesa-. Lo estábamos esperando y pensamos que ya no venía.</p>
<p> La Japonesa era totalmente distinta de las mujeres que yo había conocido en mi vida. Ella era educada, solemne y callada.</p>
<p> Borges parecía contento con mi llegada. Se hamacaba sonriente sobre la planta de sus pies.</p>
<p> Después dijo:</p>
<p> -Si yo justamente le andaba diciendo a María hace un rato: Se me hace que Cortázar ya no viene, María. Para mí que no viene. Se debe haber quedado malparao´ en alguna parte y se ve que no quiere asomar ni la cara por acá. Pero yo decía: Y bueno, si el hombre no quiere venir que no venga ¿no? Cada hombre en esta vida tiene que ser dueño de su camino y decidir adónde lo van a lleva´ sus paso´. ¿O no es así, Cortázar?</p>
<p> -Es así, maestro, es siempre así como usted dice.</p>
<p> Borges giró sobre sus talones y se puso a cebar mates. Yo me alegré porque por lo menos con unos mates me iba a engañar un poco al estómago.</p>
<p> Los tres nos sentamos al amor de las velas y el primer mate Borges lo cebó para la Japonesa.</p>
<p> -Tómese un mate, María –le dijo-. Ta´ calientito, tenga cuidao´, María. Y dígame, Cortázar, ¿qué anda haciendo uste´ por Buenos Aires? ¿O me va a decir que lo engatusó la nostalgia allá en la tierra de los gringo´?</p>
<p> -Necesitaba hablar con usted, maestro –le dije-. De manera urgente.</p>
<p> -Importante cosa habrá de se´ si de tan lejos vino para habla´ -dijo Borges-. Un hombre no deja su rancho y su hacienda así porque sí. A ve´ vamos a ver qué necesita hablar uste´ conmigo tan aurita mesmo.</p>
<p> Ahí yo me quedé mudo. No sabía qué decir ni para dónde arrancar. Ensayé mentalmente un par de preguntas posibles y al final me decidí por una.</p>
<p> -Maestro –le dije-. ¿Qué opina usted del asesinato de Aramburu?</p>
<p> Ahí intervino enseguida la Japonesa.</p>
<p> -Eso se trata de un plan macabro, Julio –dijo la Japonesa-. Un plan macabro ideado por Montoneros, que consiste en una serie de asesinatos por orden alfabético. Ya lo ve usted mismo, Julio. Empezaron por la A. Ahora viene la B. El siguiente asesinado será entonces Borges. Y después usted, Julio. La C. Es una conspiración macabra que se está tejiendo en los sótanos de esta ciudad. Esos conspiradores&#8230;</p>
<p> Me llevé la mano a la boca movido por el espanto.</p>
<p> -María tiene razón –dijo Borges.</p>
<p> -Pero maestro –yo dije-, ¿por qué quieren matarlo a usted?</p>
<p> -Por su antiperonismo en los 50 –dijo la Japonesa-. Borges siempre fue antiperonista en los 50 y ahora se lo quieren hacer pagar. Pero esta gente ignorante no sabe por qué Borges se hizo antiperonista en los 50. ¿Usted acaso lo sabe, Julio?</p>
<p> -No, Sra. –respondí.</p>
<p> -Mire –contó la Japonesa-, yo le voy a contar a usted una historia, Julio. Cuando Borges era joven, su padre, el padre de Borges, lo mandó a una pensión de la Boca para que le diera una plata a un amigo. Que andaba en desgracia. ¿Me recuerda el nombre del amigo de su padre, Borges?</p>
<p> -Macedonio –dijo Borges.</p>
<p> -Macedonio –repitió la Japonesa-. Pues bien. Resulta ser que este Macedonio vivía en una pensión pobrísima y poblada de piojos. Y cuando Borges llegó a esta pensión para darle la plata a este Macedonio, Macedonio apenas lo vio le agarró la plata enseguida, y encima lo hizo entrar a la pensión.</p>
<p> Borges asintió con la cabeza.</p>
<p> -Y ahí usted no sabe, Julio –dijo la Japonesa-, la cantidad de gente del norte que vivía: de Formosa, de Tucumán, de Jujuy, Salta, Chaco, Misiones, los catamarqueños y los puntanos, los mendocinos y los entrerrianos, los correntinos y los pampeanos. Muchísima gente del interior toda amontonada. Y no sabe usted la cantidad de gente que había allí. Nunca había visto Borges tantas cabecitas negras en un solo lugar. Y además en un lugar tan sucio, tan lleno de suciedad; había olor por todas partes; un olor terrible, inexplicable; un olor a &#8230;</p>
<p> &#8211; &#8230;a jaula de mono –yo dije.</p>
<p> -Exacto, Julio –dijo la Japonesa-. Entonces después de haber visto eso en su juventud, ¿cómo el pobre no se iba a hacer antiperonista? Ya en el 45 Borges se hizo antiperonista, cuando apareció ese nazifascista saludando en el balcón y todos esos descamisados que se lavaban las patas en la Fuente. ¿Entonces cómo Borges no se iba a hacer antiperonista? Dígame.</p>
<p> 　</p>
<p> 14-BORGES Y LA JAPONESA MARIA</p>
<p> Borges me cebó un mate.</p>
<p> -Tiene que ponerle un poco más de yerba, Borges –le dijo la Japonesa-. Está muy aguachento.</p>
<p> La Japonesa me arrebató el mate y chupó la bombilla.</p>
<p> -Está muy aguachento –dijo haciendo un gesto de asco-. Póngale más yerba.</p>
<p> Borges se dedicó a ello con ambas manos.</p>
<p> -Maestro –yo dije-, ¿y saben los otros intelectuales del país que a usted lo quieren matar?</p>
<p> -Lo saben perfectamente –dijo la Japonesa-. Pero se hacen los distraídos, los que no saben nada. ¡Claro! En los 50 ser antiperonista y estar cerca de Borges era lo más conveniente. Pero ahora la tortilla se dio vuelta y los que antes se arrastraban para estar al lado de Borges ahora es como que se hacen bien los sordos. Pero bien que en los años 50 bien que se arrastraron. Y no lo digo por usted, Julio, no me malinterprete.</p>
<p> -No, Sra., ya lo sé. Yo siempre voy a ser leal a mi maestro.</p>
<p> -Eso Borges lo sabe y yo también lo sé y se lo agradecemos. Pero usted no sabe qué ingrata que es la gente. Y en este negocio de la literatura todavía mucho más. Si hasta incluso hay varios escritores que ya se pronunciaron como antiborgeanos, aunque usted no me quiera creer.</p>
<p> Borges estaba con la cabeza gacha. No decía nada. Pero a mí Astor Piazzolla me había dicho años atrás la verdad sobre el origen de Borges. La cosa era que Borges era adoptado, que sus padres habían sido un gaucho de Entre Ríos y una india misionera, y que lo habían dejado en la puerta de la familia Borges cuando el niño tenía ocho o nueve años. Por esto era que el padre de Borges lo había encerrado en su biblioteca y lo había hecho leer tanto de chico, para que se le sacara un poco de su origen salvaje al pibe. Y por esto mismo era también que Borges odiaba tanto a los cabecitas negras de pelo duro, porque le recordaban mucho a sus verdaderos padres que lo habían abandonado. Me lo contó Astor Piazzolla y yo no tengo por qué no creerle.</p>
<p> Borges me cebó otro mate y yo ahí le pregunté:</p>
<p> -Maestro, ¿le puedo hacer una pregunta un poco difícil?</p>
<p> -Pregúntele lo que usted quiera, Julio –dijo la Japonesa.</p>
<p> -Maestro, yo me pregunto&#8230; ¿por qué usted siguió siendo antiperonista después de los bombardeos de junio del 55? Allí en la Plaza murió mucha gente inocente, gente que no era peronista.</p>
<p> &#8220;Jaque&#8221;, pensé.</p>
<p> -¿Adónde quiere llegar con esa pregunta? –dijo la Japonesa.</p>
<p> -A ninguna parte, Sra. Pero lo cierto es que murieron más de doscientas personas y que no todas eran peronistas.</p>
<p> &#8220;Doble jaque&#8221;, pensé.</p>
<p> -Eso no es cierto, Julio –dijo la Japonesa-. ¿De dónde sacó eso que los muertos no eran todos peronistas?</p>
<p> -Yo solo repito lo que me dijeron, Sra.</p>
<p> A la Japonesa le cambió el rictus. Se puso azul de la rabia.</p>
<p> -Entonces usted está repitiendo mal, Julio –me dijo la Japonesa con una voz tan ácida que a mí me entró a dar miedo-. El que le dijo eso lo engañó. Los muertos de la Plaza fueron todos peronistas y se acabó. ¿Me escuchó?</p>
<p> Me empezaron a temblar las rodillas.</p>
<p> -No es lo que a mí me dijeron, Sra. –dije con apenas un hilo de voz; y hasta el día de hoy no puedo entender de dónde saqué la fuerza para decirlo.</p>
<p> -¿Usted me está desafiando, Julio? –dijo la Japonesa-. ¿Usted me está diciendo que yo le miento?</p>
<p> -No, Sra., no&#8230; –balbucí.</p>
<p> Tenía lágrimas en los ojos y al cerrarlos empezaron a rodar por mis mejillas.</p>
<p> -Los muertos de la Plaza fueron todos peronistas y se acabó –repitió la Japonesa-. ¿Me escuchó, Julio?</p>
<p> -Sí, Sra., perdonemé&#8230; Yo lo único que hice fue repetir lo que alguien me dijo. Si usted sabe que a mí nunca me interesó la política y que siempre estuve en contra de Perón.</p>
<p> -¡Perón fue un cobarde! –dijo la Japonesa-. Y se escapó del país como un cobarde. Vio que la Libertadora le bombardeó la Plaza y no hizo nada. ¿Pero por qué usted le viene a preguntar ahora a Borges por los bombardeos del 55? ¿Acaso Borges se subió arriba de los tres aviones y empezó a soltar bombas sobre la Plaza?</p>
<p> Yo negué con la cabeza.</p>
<p> Al ver la Japonesa que yo estaba completamente indefenso amainó un poco. Endulzó la voz y sentándose cerca de mí me tomó las manos y me dijo:</p>
<p> -Usted es un hombre ingenuo, Julio. No tendría que creer todo lo que escucha por ahí. Hay gente en este país que cuenta la historia solamente como a ellos les conviene. Así se aprovechan de incautos como usted, Julio. Hágame caso. Váyase de este país y no ande hablando más con cualquiera. Hágame caso. Y discúlpeme si lo hice llorar, pero usted me obligó a que le gritara. ¡Mire también lo que viene usted a preguntar! ¿Y quién le dijo eso que murieron doscientos peronistas en la Plaza? Mire, no llegaron a matar ni siquiera a cincuenta; ni siquiera a veinte, mire lo que le digo. Por eso, Julio, hágame caso. No crea todo lo que le digan por ahí y no ande hablando más con cualquiera. Se lo digo por su bien, Julio, porque usted me interesa.</p>
<p> La Japonesa me dio un pañuelo para que me sonara la nariz.</p>
<p> -Gracias, Sra. –le dije secándome las lágrimas con el puño del sobretodo-, pero yo no me voy a perdonar en mi vida por haberle refutado a usted la palabra&#8230; después de todo lo que ustedes hicieron por mí&#8230;</p>
<p> Miré en dirección a Borges y vi que estaba dormido. Se había dormido cebando mates. La Japonesa entonces se escupió las yemas de los dedos y apagó algunas velas. Después se fue a la cocina a calentar más agua para el mate. Yo no me quería ir todavía. Quería esperar a que Borges se despertara para que siguiera contestando a mis preguntas.</p>
<p> 　</p>
<p> 　</p>
<p></SPAN></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado-2/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2009 16:23:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[         Aplicaciones     Aplicaciones   Arrastra para reorganizar.        Editar aplicaciones  Buscar más aplicaciones      Fotos   Vídeo   Grupos   Eventos   Notas   Enlaces  [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>  <DIV id=sound_player_holder> <OBJECT style="BORDER-BOTTOM: 0px; BORDER-LEFT: 0px; MARGIN: 0px; BACKGROUND: none transparent scroll repeat 0% 0%; BORDER-TOP: 0px; BORDER-RIGHT: 0px" id=so_sound_player classid=clsid:D27CDB6E-AE6D-11cf-96B8-444553540000 width=1 height=1><PARAM NAME="_cx" VALUE="26"><PARAM NAME="_cy" VALUE="26"><PARAM NAME="FlashVars" VALUE=""><PARAM NAME="Movie" VALUE="/swf/SoundPlayer.swf"><PARAM NAME="Src" VALUE="/swf/SoundPlayer.swf"><PARAM NAME="WMode" VALUE="Transparent"><PARAM NAME="Play" VALUE="0"><PARAM NAME="Loop" VALUE="-1"><PARAM NAME="Quality" VALUE="High"><PARAM NAME="SAlign" VALUE=""><PARAM NAME="Menu" VALUE="-1"><PARAM NAME="Base" VALUE=""><PARAM NAME="AllowScriptAccess" VALUE="always"><PARAM NAME="Scale" VALUE="ShowAll"><PARAM NAME="DeviceFont" VALUE="0"><PARAM NAME="EmbedMovie" VALUE="0"><PARAM NAME="BGColor" VALUE="FFFFFF"><PARAM NAME="SWRemote" VALUE=""><PARAM NAME="MovieData" VALUE=""><PARAM NAME="SeamlessTabbing" VALUE="1"><PARAM NAME="Profile" VALUE="0"><PARAM NAME="ProfileAddress" VALUE=""><PARAM NAME="ProfilePort" VALUE="0"><PARAM NAME="AllowNetworking" VALUE="all"><PARAM NAME="AllowFullScreen" VALUE="false"></OBJECT></DIV> <DIV id=presence> <DIV id=presence_ui class=clearfix> <DIV id=presence_bar> <DIV id=presence_bar_left> <DIV id=presence_applications_tab class="presence_bar_button presence_section" onmouseover=presence.tabHandleMouseOver(this) onmouseout=presence.tabHandleMouseOut(this) onclick="applicationDock.toggleTab();return false;"> <DIV class=inner_button><IMG class="favi_apps spritemap_icons sx_icons_favicon" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">Aplicaciones</DIV></DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=presence_applications class="presence_menu_opts_wrapper presence_menu_opts_wrapper_left"> <DIV class=presence_menu_opts> <DIV class=presence_menu_opts_header> <DIV class=corner></DIV></DIV> <H2 class=clearfix onclick=presence.closeTab()><SPAN>Aplicaciones</SPAN>  <DIV class=presence_minimize></DIV></H2> <DIV class="application_menu_header clearfix"><SPAN class=left>Arrastra para reorganizar.</SPAN></DIV> <DIV class=presence_menu_content_wrapper> <DIV id=presence_applications_content></DIV></DIV> <DIV class=extra_menus> <DIV class=application_menu_divider></DIV> <DIV class=application_menu_logoless_item> <UL> <LI><A href="http://www.facebook.com/editapps.php"> <DIV class=item><IMG class="spritemap_icons sx_icons_edit_applications" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"></DIV>Editar aplicaciones</A></LI> <LI><A href="http://www.facebook.com/applications/"> <DIV class=item><IMG class="spritemap_icons sx_icons_magnifying_glass" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"></DIV>Buscar más aplicaciones</A></LI></UL></DIV></DIV></DIV></DIV> <DIV id=icon_garden> <DIV id=presence_applications_icon_garden> <DIV id=application_icon_garden_root class=icon_garden_root> <DIV id=application_icon_garden_2305272732 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2305272732 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2305272732");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2305272732");' href="http://www.facebook.com/photos/?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_photo" alt=photos src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Fotos</DIV></A></DIV> <DIV id=application_icon_garden_2392950137 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2392950137 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2392950137");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2392950137");' href="http://www.facebook.com/video/?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_motion" alt=video src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Vídeo</DIV></A></DIV> <DIV id=application_icon_garden_2361831622 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2361831622 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2361831622");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2361831622");' href="http://www.facebook.com/groups.php?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_group" alt=groups src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Grupos</DIV></A></DIV> <DIV id=application_icon_garden_2344061033 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2344061033 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2344061033");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2344061033");' href="http://www.facebook.com/events.php?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_event" alt=events src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Eventos</DIV></A></DIV> <DIV id=application_icon_garden_2347471856 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2347471856 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2347471856");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2347471856");' href="http://www.facebook.com/notes.php?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_note" alt=notes src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Notas</DIV></A></DIV> <DIV id=application_icon_garden_2309869772 class=icon_garden_elem><A id=application_icon_garden_link_2309869772 onmouseover='applicationDock.mouseOverIconGarden("2309869772");' onmouseout='applicationDock.mouseOutIconGarden("2309869772");' href="http://www.facebook.com/posted.php?ref=sb" target=""><IMG class="spritemap_icons sx_icons_post" alt=posted src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Enlaces</DIV></A></DIV></DIV></DIV></DIV> <DIV id=bookmarkable_app class="presence_section hidden_elem"> <DIV id=presence_applications_bookmark_app class=presence_bar_button></DIV></DIV></DIV> <DIV id=presence_bar_right> <DIV id=presence_popout_section class="presence_section show_popped_out"> <DIV class="presence_bar_button presence_popout_button" onmouseover="CSS.addClass(this, 'hover')" onmouseout="CSS.removeClass(this, 'hover')" onclick=presence.popout()><IMG class="pop_icon spritemap_icons sx_icons_popout_window" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"><IMG class="im_icon spritemap_icons sx_icons_im" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=titletip>Integrar ventana del chat</DIV></DIV></DIV> <DIV class="accessibility_tip show_popped_in"><A href="http://www.facebook.com/presence/popout.php" target=_blank><FONT color=#3b5998>Abrir chat en otra ventana</FONT></A></DIV> <DIV id=presence_notifications_tab class="presence_section presence_bar_button presence_notifications" onmouseover=presence.tabHandleMouseOver(this) onmouseout=presence.tabHandleMouseOut(this) onclick="presence.toggleTab('presence_notifications', 'presence_notifications_tab', 'presence_notifications_content');presenceNotifications.markRead();return true;"> <DIV class=inner_button><FONT color=#3b5998><IMG class="spritemap_icons sx_icons_notifications" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"></FONT></DIV><SPAN id=presence_notifications_count></SPAN> <DIV class=titletip>Notificaciones</DIV></DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=presence_notifications class=presence_menu_opts_wrapper onmouseover=presence.tabContentMouseOver(this) onmouseout=presence.tabContentMouseOut(this)> <DIV class=presence_menu_opts> <DIV class=presence_menu_opts_header> <DIV class=corner></DIV></DIV> <H2 class=clearfix onclick=presence.closeTab()><SPAN>Notificaciones</SPAN>  <DIV class=presence_minimize></DIV></H2> <DIV class=presence_menu_content_wrapper><A class=presence_notifications_see_all href="http://www.facebook.com/notifications.php">Ver todas </A> <DIV id=presence_notifications_content> <DIV id=presence_no_notifications class=no_notifications>No hay notificaciones nuevas.</DIV></DIV></DIV></DIV></DIV> <DIV id=presence_error_section class="presence_section presence_bar_button show_on_presence_error" onmouseover="CSS.addClass(this, 'hover');" onmouseout="CSS.removeClass(this, 'hover');"> <DIV class=inner_button><IMG class="spritemap_icons sx_icons_alert" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"></DIV> <DIV class=titletip><STRONG id=presence_error_reason></STRONG></DIV></DIV> <DIV id=buddy_list_tab class="presence_section show_popped_in buddy_tab hide_on_presence_error presence_bar_button buddy_list" onmouseover=presence.tabHandleMouseOver(this) onmouseout=presence.tabHandleMouseOut(this) onclick="buddyList.toggleTab();return false;"> <DIV class=inner_button><IMG class="buddy_icon spritemap_icons sx_icons_buddy_list" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"><SPAN id=buddy_count>Chat <SPAN class=buddy_count_num><FONT color=#777777>(</FONT><STRONG>0</STRONG><FONT color=#777777>)</FONT></SPAN></SPAN></DIV></DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=buddy_list class="presence_menu_opts_wrapper show_popped_in hide_on_presence_error buddy_list buddy_list_full" onmouseover=presence.tabContentMouseOver(this) onmouseout=presence.tabContentMouseOut(this)> <DIV class=presence_menu_opts> <DIV class=presence_menu_opts_header> <DIV class=corner><FONT color=#777777></FONT></DIV></DIV> <H2 onclick=buddyList.closeTab()><SPAN>Chat</SPAN>  <DIV class=presence_minimize></DIV></H2> <DIV id=buddy_list_panel class=clearfix> <DIV id=buddy_list_panel_lists_control class=lists><A class=panel_item href="#"><SPAN id=lists_item> <DIV class=panel_icon></DIV>Listas de amigos</SPAN></A>  <DIV id=buddy_list_panel_lists_flyout class="flyout hidden_elem"> </DIV></DIV> <DIV id=buddy_list_panel_settings_control class=settings><A class=panel_item href="#"><SPAN id=options_item> <DIV class=panel_icon></DIV>Opciones</SPAN></A>  <DIV id=buddy_list_panel_settings_flyout class="flyout hidden_elem"> </DIV></DIV></DIV> <DIV class=presence_menu_content_wrapper> <DIV id=buddy_list_content class=buddy_list_content></DIV></DIV> <DIV id=buddy_list_error class="buddy_error buddy_list_error"></DIV> <DIV id=buddy_list_typeahead class=buddy_list_typeahead><INPUT id=buddy_list_typeahead_input class=inputtext name=buddy_list_typeahead_input autocomplete="off"></DIV></DIV></DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=chat_previous_tab class="presence_bar_button presence_section show_popped_in disabled" onmouseover="CSS.addClass(this, 'hover')" onmouseout="CSS.removeClass(this, 'hover')" onclick=chatTabSlider.prev();><SPAN> </SPAN>  <DIV id=prev_count class=count_missed>0</DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=prev_num_missed class=slider_num_missed>0</DIV></DIV> <DIV id=chat class=show_popped_in> <DIV id=chat_tab_bar></DIV></DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=chat_next_tab class="presence_bar_button presence_section show_popped_in disabled" onmouseover="CSS.addClass(this, 'hover')" onmouseout="CSS.removeClass(this, 'hover')" onclick=chatTabSlider.next();><SPAN> </SPAN>  <DIV id=next_count class=count_missed>0</DIV> <DIV style="DISPLAY: none" id=next_num_missed class=slider_num_missed>0</DIV></DIV> <DIV id=BeeperBox class=UIBeeper> <DIV class=UIBeeper_Full><IMG class="UIBeeperCap UIBeeper_Top" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"><IMG class="UIBeeperCap UIBeeper_Top_Selected display_none" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11">  <DIV class=Beeps></DIV><IMG class="UIBeeperCap UIBeeper_Bottom" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"><IMG class="UIBeeperCap UIBeeper_Bottom_Selected display_none" alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/spacer.gif?8:11"></DIV></DIV></DIV></DIV></DIV></DIV><INPUT id=post_form_id value=47786468ecfc9b0c9d45b2aca4638d3b type=hidden name=post_form_id>  <DIV id=dropmenu_container></DIV> <DIV style="POSITION: absolute; WIDTH: 0px; HEIGHT: 0px; TOP: -10000px; LEFT: -10000px" id=FB_HiddenContainer></DIV> <DIV id=nonfooter> <DIV id=page_height class=clearfix> <DIV id=menubar_container> <DIV id=fb_menubar class=clearfix> <DIV id=fb_menubar_core> <UL class=fb_menu_list> <LI id=fb_menubar_logo class=fb_menu><A title="Ir a la página de inicio de Facebook" href="http://www.facebook.com/home.php?ref=logo"><SPAN></SPAN></A></LI> <LI id=fb_menu_home class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A accessKey=1 href="http://www.facebook.com/home.php?ref=home">Inicio</A></DIV></LI> <LI id=fb_menu_profile class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A accessKey=2 href="http://www.facebook.com/profile.php?id=1697683200&amp;ref=profile">Perfil</A></DIV></LI> <LI id=fb_menu_friends class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A accessKey=3 href="http://www.facebook.com/friends/?ref=tn">Amigos</A></DIV> <DIV id=fb_menu_friends_dropdown class="fb_menu_dropdown hidden_elem"> <DIV class=fb_menu_item><A href="http://www.facebook.com/friends/?added&amp;ref=tn">Agregados recientemente</A></DIV> <DIV class=fb_menu_item><A href="http://www.facebook.com/friends/?filter=afp&amp;ref=tn">Todos mis amigos</A></DIV> <DIV class=fb_menu_separator></DIV> <DIV class=fb_menu_item><A href="http://www.facebook.com/invite.php?ref=tn">Invitar a amigos</A></DIV> <DIV class=fb_menu_item><A href="http://www.facebook.com/find-friends/?ref=friends">Buscar amigos</A></DIV></DIV></LI> <LI id=fb_menu_inbox class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A accessKey=4 id=nav_inbox href="http://www.facebook.com/inbox/?ref=mb">Bandeja de entrada<SPAN style="DISPLAY: none" id=fb_menu_inbox_unread_count_holder class=fb_menu_count_holder><SPAN class=tl><SPAN class=tr><SPAN class=br><SPAN id=fb_menu_inbox_unread_count class=bl>0</SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></SPAN></A></DIV> <DIV id=fb_menu_inbox_dropdown class="fb_menu_dropdown hidden_elem"> <DIV class=fb_menu_item><A id=menu_item_goto_inbox href="http://www.facebook.com/inbox/?drop&amp;ref=mb">Ver bandeja de entrada de mensajes <SPAN style="DISPLAY: none" id=menu_item_goto_inbox_count_wrapper>(<SPAN id=menu_item_goto_inbox_count>0</SPAN>)</SPAN></A></DIV> <DIV class=fb_menu_item><A href="http://www.facebook.com/inbox/?compose&amp;ref=mb">Escribir mensaje nuevo</A></DIV></DIV></LI></UL></DIV> <DIV id=fb_menubar_aux> <UL class=fb_menu_list> <LI class="fb_menu fbm_last"> <DIV id=universal_search class=clearfix> <FORM id=universal_search_form method=get name=universal_search_form action=http://www.facebook.com/s.php?ref=search> <DIV id=universal_search_input><INPUT id=q class="inputtext typeahead_placeholder DOMControl_placeholder" onfocus='var typeahead_source_instance1 = new search_friend_source("1697683200-1245432226-3&amp;u=1697683200");typeahead_source_instance1.text_nomatch;typeahead_source_instance1.udata={"u":1697683200,"src":"search_friend_source","abt":"A"};typeahead_source_instance1.search_limit=5;typeahead_source_instance1.history=new UserHistory("1697683200");new search_typeaheadpro(this, typeahead_source_instance1,{onselect:search_typeahead_onselect,onsubmit:search_typeahead_onsubmit,udata:{"u":1697683200,"src":"search_friend_source","abt":"A"},max_results:5});this.onfocus();' title=Búsquedas tabIndex=1 value=Búsquedas maxLength=100 size=25 name=q autocomplete="off" results="0" placeholder="Búsquedas"></DIV> <DIV id=universal_search_submit><A class=qsearch_button title="Buscar en Facebook"><SPAN class=search_mag_glass></SPAN></A> </DIV><INPUT id=init value=q type=hidden name=init><INPUT id=sid value=0 type=hidden name=sid></FORM></DIV></LI> <LI id=fb_menu_logout class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A href="http://www.facebook.com/logout.php?h=4f60a4f248df3f90f56ac820dab15a90&amp;r=id_4a3e843e27a611427597548&amp;ref=mb">Cerrar sesión</A></DIV></LI> <LI id=fb_menu_settings class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A href="http://www.facebook.com/editaccount.php?ref=mb">Configuración</A></DIV> <DIV id=fb_menu_settings_dropdown class="fb_menu_dropdown hidden_elem"> <DIV class="fb_menu_item account"><A href="http://www.facebook.com/editaccount.php?ref=mb&amp;drop"><SMALL> </SMALL>Configuración de la cuenta</A></DIV> <DIV class="fb_menu_item privacy"><A href="http://www.facebook.com/privacy/?ref=mb"><SMALL> </SMALL>Configuración de privacidad</A></DIV> <DIV class="fb_menu_item apps"><A href="http://www.facebook.com/editapps.php?ref=mb"><SMALL> </SMALL>Configuración de aplicaciones</A></DIV> <DIV id=fb_menu_application_settings> <DIV class=fb_menu_separator></DIV> <DIV class=fb_menu_item><A><SMALL style="BACKGROUND-IMAGE: url(http://static.ak.fbcdn.net/images/app_icons/note.gif?8:39263)"> </SMALL>Configuración de Notas</A></DIV></DIV></DIV></LI> <LI id=fb_menu_account class=fb_menu> <DIV class=fb_menu_title><A href="http://www.facebook.com/profile.php?id=1697683200&amp;ref=name">Gustavo Carignano</A></DIV></LI></UL></DIV></DIV></DIV> <DIV id=content class=fb_content> <DIV class=UIWashFrame_Container> <DIV class=UIWashFrame_Header> <DIV class="UIMediaHeader_Container UIMediaHeader_BottomMargin"> <DIV class=UIMediaHeader_TitleWash> <H2 class=UIMediaHeader_Title>Tus notas</H2></DIV> <DIV class="UIMediaHeader_SubHeader clearfix"> <DIV class=UIMediaHeader_Photo><A href="http://www.facebook.com/profile.php?id=1697683200"><SPAN class="UIRoundedImage UIRoundedImage_MEDIA UIRoundedImage_LARGE"><IMG class=UIRoundedImage_Image alt="" src="http://profile.ak.facebook.com/profile6/219/91/q1697683200_1581.jpg"><SPAN class=UIRoundedImage_Corners><IMG class=UIRoundedImage_CornersSprite alt="" src="http://static.ak.fbcdn.net/images/ui/UIRoundedImage.png?8:156558"></SPAN></SPAN></A></DIV> <DIV class=UIMediaHeader_Nav><A href="http://www.facebook.com/notes.php?id=1697683200"><FONT color=#3b5998>Mis notas</FONT></A><SPAN class=pipe><FONT color=#808080>|</FONT></SPAN><A href="http://www.facebook.com/notes.php?subj=1697683200"><FONT color=#3b5998>Notas sobre mí</FONT></A><SPAN class=pipe><FONT color=#808080>|</FONT></SPAN><A href="http://www.facebook.com/profile.php?id=1697683200">Perfil de Gustavo</A></DIV></DIV></DIV></DIV> <DIV class=UIWashFrame_MainContent> <DIV class=UIWashFrame_Content> <DIV class="UITwoColumnLayout_Container clearfix"> <DIV style="WIDTH: 540px" class=UITwoColumnLayout_Content> <DIV class="notes_main_column UIOneOff_Container">  <DIV id=note_92871268492 class="note clearfix wide_note"> <DIV class=note_body> <DIV class=note_header> <DIV class="note_title_share clearfix"> <DIV class=note_title><A href="http://www.facebook.com/home.php#"></A> </DIV></DIV></DIV> <DIV class="note_content text_align_ltr direction_ltr clearfix"> <DIV></p>
<p>CORTÁZAR ALINEADO</p>
<p>1-ASTOR Y BORGES</p>
<p>En el año 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué te pasa, me decía. Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo. Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos. Qué le pasa al turrito que no vuelve, me preguntó el otro día Leopoldo Federico. Yo qué sé, le dije. Debe andar en algo. Leopoldo cerró el pico y no preguntó más. Mirá vos cómo son las cosas. Ahora yo tengo que salir a defenderte. Mirá que sos raro vos. Por qué no volvés. Cuántos años hace ya que te fuiste a París. Si a Perón lo sacaron en el 55. Dale, Julio, por qué no te volvés.<br />
Astor tenía razón. Tenía que regresar a Buenos Aires. La extrañaba. Necesitaba ver sus calles aunque sea una sola vez más.<br />
Yo me había rajado de Buenos Aires por antiperonista. Por supuesto que yo no era para nada antiperonista. Pero en los años 50 ser antiperonista era lo mejor que tenía un escritor. Le venía como anillo al dedo. Así podías arrimarte al círculo de los del Sur. Borges, Victoria Ocampo, Bioy, Anchorena, yo qué sé. Además yo nunca entendí nada de política. Nunca me interesó y no veo por qué me iba a tener que interesar ahora.<br />
Borges decía que había que hacerse antiperonista y todos nos hacíamos los anti-perón. Si hasta el propio tanito Onetti se hizo. Y eso que ése no tenía nunca un mango partido al medio. Yo me voy a hacer antiperonista, me dije un día, y por ahí Borges me ayuda a entrar en el negocio de la literatura. Y así fue. Parecía cantado, vos sabés. Enseguida que me hice gorila me publicaron Bestiario y después me dieron una beca para estudiar en Francia.<br />
Pero Astor tenía razón. Qué tenía yo que estar haciendo en París. Tenía que volver a Buenos Aires. Tenía que verlo a Borges y agradecerle lo mucho que había hecho por mí ese guachito.</p>
<p>2-BUENOS AIRES</p>
<p>Yo de plata andaba bien y tenía la guita suficiente para el pasaje. Pero pensé: Para qué voy a gastar de lo mío. Mejor le pido a algún dormido. Pero a quién. En París ya le debía plata a medio mundo y nadie me quería ver. De repente me agarró una pachorra bárbara y me tiré a la cama. No voy nada a Buenos Aires, pensé. Yo qué sé qué me pasaba. Me daba fiaca gastar plata así nomás en un pasaje de avión. Me puse boca arriba y encendí un pucho.<br />
Las volutas de humo llegaban hasta el techo, estremeciéndome.<br />
¿A quién le pido, a quién le pido? Dale, Julio, pensá. ¿A quién le pido? Callate, no te hagás el chiquilín. Ya le debés plata a medio mundo. Buef, jodida es la vida a veces. Uno tiene ganas siempre de cometer una locura. Pero la culpa la tiene ese oligarca del bandoneón. Me hizo metejonear con la idea de Buenos Aires y ahora no puedo volver porque no tengo la plata. Serás hijo de puta, Astor. Para qué me escribiste. Si yo antes de tu carta andaba lo más tranquilo.<br />
Ahora estaba nervioso. Tenía toda la barba sudada y de los nervios, claro. “¿Por qué no te volvés a Buenos Aires, por qué no te volvés, Julio?”. Claro, para vos es todo fácil, tanguero comunista, ¿y la plata de dónde la saco? ¿Qué te pensás? ¿Qué tengo la guita de Victoria Ocampo yo? ¿Qué te pensás? Yo soy un negrito cualquiera. Por eso me hice antiperonista en los 50. A ver si Borges o Victoria Ocampo me tiraban una mano. Yo qué sé, Astor. No puedo volver. No puedo. Buenos Aires todavía me duele. A Buenos Aires todavía la extraño. No quiero verla todavía. Imaginate si me da un calambre en el corazón. Yo qué hago. ¿Caerme en medio de la calle como un pavote? Mejor no, Julio, mejor quedate en París. No volvás a Buenos Aires. Se va a poner más triste si te ve con esta cara. Y además así, tan flacucho como andás.<br />
Buenos Aires. Borges. Buenos Aires.<br />
La pucha qué mal me siento. Qué triste que estoy. Yo de verdad quería volver. Lo juro, lo juro. Esto me pasa por sentimental. Siempre ando llorando por ahí. Por cualquier cosa. Hasta en los cines me pongo a llorar. Yo qué sé. No doy pie con bola. Cualquier escenita de despedida y yo me pongo a moquear como un salame. No tengo que ir más a los cines. No puedo volver más a Buenos Aires.<br />
De repente me senté en la cama y apagué el pucho aplastándolo en el piso con un zapato en la mano. Se me había despejado el balero y ya sabía a quiénes les iba a pedir plata para volver a Buenos Aires.</p>
<p>3-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p>Me fui corriendo enseguida a la casa del gordo Guantesnegros y su mujer Simone. Vivían en una casita de dos pisos cerca de la mía. La 224 de la rue Jean Jaurès. Nunca salían a la calle prácticamente. Sabía que iba a encontrarlos.<br />
Guantesnegros se la pasaba leyendo filosofía todo el día y Simone era feminista.<br />
Toqué timbre y me abrió Simone.<br />
-Me pegó, me pegó –me dijo Simone en cuanto la vi, con una cadencia en la voz como lánguida, afligida-. Jean P. me pegó.<br />
La pobrecita tenía un ojo morado y temblaba de miedo. Seguro que tenía miedo que Guantesnegros apareciera de golpe y la castigara por haberse quejado conmigo.<br />
-Entre, Julio, entre. Jean P. está arriba. No haga ruido. Yo estoy limpiando acá abajo.<br />
-¿Por qué le pegó, Simone? ¿Usted qué le hizo?<br />
-Nada, nada. Yo nunca hago nada. Yo estoy todo el día encerrada en esta casa y nunca hablo con nadie.<br />
Simone tenía las mejillas encendidas. Daba de verdad lástima la pobre.<br />
-Yo soy una pobre mujer, Julio, qué puedo hacer. ¿Qué voy a hacer? ¿Pelearme con él? No puedo. El es más grande que yo. Tengo que resignarme, ya ve.<br />
-¿Pero es frecuente esto de los golpes?<br />
-Casi día por medio. A veces menos. A veces me pega por cualquier cosa. Por cualquier cosa, Julio.<br />
-¡Pero Simone! ¿Por qué no lo deja y se va?<br />
-¿Y adónde quiere que yo vaya? Yo no sé hacer nada. Dependo de él absolutamente.<br />
Entonces escuchamos la voz de Guantesnegros que venía de arriba.<br />
-¿Con quién hablás, Simone?<br />
-Con el argentinito. Vino recién.<br />
Simone me tomó del brazo y me hizo subir con ella las escaleras.<br />
-Venga, Julio, venga. Suba. Que lo vea. Si no Jean P. va a pensar que estoy hablando sola y que estoy loca. Y no le diga lo que le conté.<br />
-Pero esto es… ¡No puedo callarlo, Simone!<br />
-¡No va a hacer más que empeorar las cosas, Julio! Se lo suplico. Hágame el favor. Jean P. se va a poner como un loco si se entera que yo le conté.<br />
Hablaba bien chiquito. Para que Guantesnegros no la oyera.<br />
Llegamos a una habitación asquerosa rodeada por varios ventanales mugrientos. La habitación más asquerosa que yo había visto en mi vida. Y eso que yo había andado en cada tugurio desde pibe. Guantesnegros estaba metido hasta el cuello en una bañera de ésas que se arrastran y llevan de un lado para otro. El agua estaba toda negra y yo no podía verle el cuerpo. La verdad que me hubiese gustado, porque para mí el cuerpo de Guantesnegros era como un misterio.<br />
Guantesnegros era bien gordo, a diferencia de Simone que era bien flaquita. Simone se sacaba la comida de la boca para dársela a Guantesnegros. Pero guarda, que Simone con esto se ponía contenta. Vivía feliz con eso de someterse a un hombre y cuanto más entonces mucho mejor. Por eso yo me dije: “guarda, que no te engrupa”, “no le tengas lástima a Simone”, “ella está acá porque quiere”, “y si Guantesnegros le pega es porque ella se lo deja”. La pucha que a veces las mujeres son más raras.<br />
Pero igual me dio no sé qué cosa no querer ayudarla a Simone. Yo qué sé. La tipa estaba desesperada. Se le notaba en la cara que tenía un hambre tremendo. Que no sabía bien dónde estaba parada. Creo que esperaba el Knock-Out en cualquier momento. Además yo había ido a la casa de ellos a pedir plata y no para andar haciéndome el lindo precisamente, saliendo a defenderla a Simone como un Jim Dean.</p>
<p>4-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p>Me acerqué a Guantesnegros con toda la sumisión que pongo siempre cuando voy a pedirle un favor a una persona que está por encima de mí en la jerarquía social. Guantesnegros sacó una mano del agua negra y yo se la besé.<br />
-Buenas tardes, Sr. –le dije-. Pero veo que lo molesto…<br />
-Pero no, argentinito, qué vas a molestar. Al contrario. Simone y yo estábamos tan aburridos que le dije que me bañara. Y eso que vos mismo ves que no hacía tanta tanta falta. Vení, Simone, terminá de enjuagarme la cabeza que recién me entró un poco de jabón en un ojo.<br />
Simone se le enchufó enseguida atrás y empezó a enjuagarle la cabeza y las orejas.<br />
-Más despacio, Simone. Me lastimás con las uñas.<br />
-Pero vos quedate quieto, Jean P. –le dijo sonriendo.<br />
Me conmoví por ambos.<br />
-Simone ¿le ofreciste una taza de café al argentinito?<br />
-No, Jean P. Se me olvidó de ofrecerle y no hablamos de nada. ¿Quiere una taza de café, Julio?<br />
-No, Sra., le agradezco muchísimo pero me tengo que ir ya mismo. En realidad vine a despedirme. Dejo París mañana.<br />
-¿Y adónde te vas, argentinito? –me preguntó Guantesnegros.<br />
-A Buenos Aires, Sr.<br />
-¿Así que te volvés a tu país? ¿Pero si siempre dijiste que Argentina estaba llena de cabecitas negras peronistas? ¿Para qué vas a ir allá?<br />
-Tengo que volver, Sr. Es preciso –le dije con un tono suplicante que hasta yo me lo creía.<br />
-Pero mirá que sos raro vos, argentinito. Primero te escapás de la madriguera y ahora querés volver. Qué bicho más raro que resultaste ser.<br />
-No le digas así, Jean P. Tal vez Julio tenga sus motivos personales para regresar a su país. Después de todo…<br />
Guantesnegros enardeció rápidamente. Le dio la cólera, como casi siempre que su mujer hablaba.<br />
-¡Usted se calla, Sra.! –gritó- ¿A usted quién le dio vela en este entierro?<br />
Simone empezó a temblar otra vez.<br />
-No es para tanto, Jean P. Yo sólo di una opinión al respecto.<br />
-¿Usted, Sra., usted no sabe que cuando dos hombres hablan la mujer debe agachar la cabeza? ¿Usted no leyó acaso a Rousseau, cuando dice: “Las mujeres no aman ningún arte, no son inteligentes en ninguno y no tienen ningún genio”?<br />
Guantesnegros nos salpicaba a Simone y a mí con el agua negra de la bañera mientras gritaba. Estaba fuera de sí, lo admito. Los ojos desorbitados por completo. Las mandíbulas chillándole de tanto como el gordo las movía. Simone estaba pálida. Pálida.<br />
Guantesnegros continuó con los gritos.<br />
-¿Y sabe lo que se le da por hacer ahora a esta mujer, Julio? ¡Se golpea ella sola en la cocina y después anda diciendo que yo la golpeo!<br />
-Yo nunca dije eso, Jean P. –gimió Simone.<br />
-¡Lo decís, hija de puta! Hasta se lo dijo a mi suegra. Le dijo que yo le había dejado un ojo negro de un trompazo; y entonces al otro día la vieja vino y me dijo: “¿Por qué le pegas a mi hija, en vez de darle más de comer? ¿No ves lo flaca que está? ¡Parece una tabla!”<br />
Yo empecé a recular. Me daba cuenta que no era un buen momento para andar pidiéndole plata a Guantesnegros. Miré para el lado de la puerta con ganas de mandarme a mudar.<br />
Viendo entonces Guantesnegros que yo me estaba por rajar, me dijo:<br />
-Y sepa usted una cosa más, Julio: si fuera cierto que yo la golpeo a Simone, Simone lo negaría, porque la mujer golpeada nunca admite que su hombre le pega. No quiere abandonar la última cuota de orgullo que le queda.<br />
Después Guantesnegros se puso de pie en la bañera y de todo su cuerpo gordo y desnudo chorreaban miles de gotas que caían sobre la negra agua como en una catarata salvaje.<br />
-Pero a ver, diga algo, argentinito –me dijo-. Usted dice que es escritor ¿no? ¿Por qué no me da su opinión sobre Simone y yo? ¿Por qué se calla? ¿Tiene algo que objetar? ¿O está en contra de que yo le pegue a Simone? ¡Hable! ¡Diga!<br />
La cara de Simone estaba bañada en lágrimas y yo tenía la lengua como paralizada ante lo que veía. Tenía miedo que Guantesnegros me violara.<br />
-¿Yo, Sr.? ¿Qué quiere que yo diga?<br />
Quería mostrarme lo más sumiso posible para tranquilizarlo un poco a Guantesnegros. Pero éste ya no se tranquilizaba con nada.<br />
-Cualquier cosa, argentinito; decí cualquier cosa. Si vos sos mandado a hacer para decir cualquier cosa. ¡Toda la vida fuiste un tilingo! ¡Igual que tu país de milicos…!<br />
Simone me tomó otra vez del brazo pero esta vez para sacarme de la vista de Guantesnegros.<br />
-Vamos, Julio, salga; usted lo está haciendo enojar cada vez más.<br />
-Sí, Simone. Llevateló. Sacalo ya mismo de esta casa. Y ojalá nunca vuelvas a París, fascista asesino. ¡Trapo de piso de la oligarquía! ¡Escribiente de clase media acomodada! ¡Pedófilo! ¡Prostibulero!<br />
Yo igual le extendí la mano para despedirme pero Guantesnegros me la negó. Se agachó y volvió a meterse en la bañera. Maldiciendo entredientes contra mí y también contra mi patria. Yo salí de allí haciéndole reverencias. Con Simone arrastrándome por el brazo.<br />
Bajamos por las escaleras a los tropezones.</p>
<p>5-SIMONE</p>
<p>Cuando llegamos a la puerta me sentía realmente triste. Nunca me había sentido así en París. Sentía un tremendo nudo en la garganta. La miré a Simone y le oprimí con ternura el brazo. Deseaba que comprendiera que yo estaba de su parte. Simone se me echó al cuello y empezó a llorar. Yo la atraje más hacia mí y también se me piantaron algunas lágrimas. Después Simone apartó un poco la cara y yo aproveché para besarla en los labios. Ella me devolvió el favor besándome locamente toda la barba y mordiéndome mucho los labios.<br />
Aunque era bajita y yo soy muy alto, se desenvolvía bastante bien.<br />
Después Simone se apartó de mí y yo le dije:<br />
-Simone ¿usted me podría hacer un favor?<br />
-¿Qué es, Julio? –dijo ella componiéndose el deshabillé.<br />
-¿Usted no me podría prestar el dinero para viajar mañana a Buenos Aires?<br />
Simone me miró desconcertada. Negaba un poco con la cabeza; también temblaba, pobrecita.<br />
-No, no puedo. No puedo –dijo Simone.<br />
-Si no fuera urgente que yo viaje mañana mismo a Buenos Aires no se lo pediría, Simone. Créame. Además pienso devolvérselo en tres días.<br />
-¿Y dónde está esa urgencia de viajar a Buenos Aires tan pronto, vamos a ver?<br />
-Mi padre murió ayer, Simone. Tengo que volar a Buenos Aires para asistir a sus exequias… Quiero estar.<br />
Simone se sonó la nariz.<br />
-Hubiese arrancado por ahí, hombre –me dijo Simone oprimiéndome la mano.<br />
Se fue hasta un bayú del rincón y por encima del hombro vi que sacaba plata de un cofrecito.<br />
-Tome –me dijo-. Es todo lo que tengo. Son todos mis ahorros.<br />
Conté 300 F.<br />
-Se lo agradezco en el alma, Simone.<br />
-¿Cómo me los piensa devolver, Julio? Mire que son todos mis ahorros.<br />
Titubeé un poco. Estaba mareado con tanto lloriqueo barato y tanta queja y tanto reproche de conventillo.<br />
-Por intermedio de un amigo mío –le dije.<br />
-¿Y es de fiar ese amigo suyo? –me preguntó.<br />
-Es Astor Piazzolla, Simone.<br />
-No tengo la más pálida idea de quién es.<br />
-Es un talento musical que está cambiando el tango en Buenos Aires. Fue Astor Piazzolla quien me avisó del deceso de mi padre. Quédese tranquila, Simone. Astor tiene que viajar a París en dos días; yo apenas llego a Buenos Aires le doy la plata para que se la devuelva. Confíe en mí.<br />
Me metí los 300 F. en el bolsillo y Simone frunció enseguida el entrecejo. La francesita entró a sospechar.<br />
-¿Y usted cómo piensa conseguir los 300 F. en Buenos Aires?<br />
-Vea, Simone, a mí me deben una plata importante la gente de Editorial Planeta, por los derechos de autor de Rayuela. Apenas llego a Buenos Aires me contacto con esta gente, cobro los derechos de autor, busco a Astor en el barrio de Pompeya y le doy la plata y su dirección. Estése tranquila.<br />
Y ahí me callé. Ya empezaba a pensar que la francesita me iba a pedir intereses.<br />
-…Astor Piazzolla… -dijo como recordando-. Sí, me parece que lo conozco. Es un viejito de pelo blanco que toca el bandoneón y se chorrea todo de transpiración. Lo vimos con Jean P. en el televisor la otra noche.<br />
-Seguramente, Simone.<br />
-¿Pero es de confianza ese hombre, Julio? A mí no me lo parece. Parece más bien un gitano.<br />
Entonces me arrojé sobre Simone y empecé a besarla como un desaforado. La desnudé de cinturas arriba y le mordí los pechos. La francesita jadeaba y se retorcía como una serpiente contra mis largas piernas. Era raro, tenía olor a mujer de no haber sido tocada por hombre en años. Tenía aliento a tabaco y los labios ásperos, ríspidos, la lengua ajada, seca, toda la piel de su cuerpo flaquito también era seca.<br />
De pronto se deshizo de mí como pudo.<br />
-Ya basta, Julio, ya basta. Jean P. nos puede oír. Váyase; váyase antes que Jean P. baje y vea que usted está todavía aquí.<br />
Me arreglé un poco la corbata, me di vuelta y me fui.<br />
No quería volverla a ver.<br />
Cuando estuve en la calle respiré profundo mis últimos aires de París, caminé dando largas zancadas. Pero después me detuve. Volví la vista y miré hacia los ventanales de la casa de Simone. Me acuerdo que ahí lo vi. A Guantesnegros apuntándome con el dedo índice de la mano, diciéndome que yo tenía que tener ojo con él.</p>
<p>6-BUENOS AIRES</p>
<p>Al día siguiente estaba volando para Buenos Aires. Como tenía una modorra tremenda dormí durante todo el viaje como un oso. Recién cuando bajé del avión me di cuenta que había sido una estupidez eso de volverme a Buenos Aires. Tan así, de un día para otro. Pero cuándo no, Julio, vos siempre tan atolondrado para todo. Parecés un chico, mirá.<br />
Pero después me agarró un montón de nostalgia y la verdad que me felicité de haber vuelto. Siempre yo era así de tarambana.<br />
Además yo había vuelto, primero que nada, para verlo a Borges.<br />
Pero también me agarraron ganas de andar un poco por San Telmo, Caballito, Parque Patricios, la Calle Corrientes, el Parque Lezama, yo qué sé. Estaba hecho todo un pelotudo como veinte años atrás, cuando visitaba y me paraba a mirar cualquier guevada que Buenos Aires me pudiera ofrecer. Dale, Julio, ya tenés 56. No te hagás el porteño melancólico que no se la vas a vender a nadie. ¿Y vos qué sabés? Por ahí encuentro a algún dormido que todavía no se amaneció y le vendo todos los números juntos. En este país todavía hay varios que no se cayeron del catre.<br />
Salí de Ezeiza y me tomé un taxi. Apenas subí al taxi empecé a sentir un olor a jaula de mono impresionante. Seré yo, pensé. Me pasé las manos por las axilas y la barba, pero yo no era. Ya me estaba por bajar del taxi pero me dije: Julio, vos te metiste solo en este martes 13 y ahora bancatelá. Acá no hay tu tía. Le dije al tachero que me llevara hasta Callao y Las Heras. Si quería encontrarlo a Borges tenía que empezar a buscarlo por ahí.<br />
Miré por la ventanilla y las calles de Buenos Aires empezaron a rodar por mi memoria. Pucha, qué metejón que yo tenía con la nostalgia. Parecía que andaba bien caliente. Lo único que te pido, Julio, es que no empecés a moquear ahora, por favor. Lo único que te pido. Quedate tranquilo, zonzo. No me voy a poner a llorar. Más te conviene. Mirá que esto es Buenos Aires y ya no estás más en París. Si en Buenos Aires te ven lagrimeando te pueden llegar a comer vivo.<br />
En eso no va que el tachero me dice:<br />
-Vio que lo encontraron a Aramburu.<br />
-¿A quién? –yo dije.<br />
No entendía nada.<br />
El tachero siguió hablando lo más campante.<br />
-Sí, parece que hacía un mes que lo habían matado. Se está poniendo bravo este país. Y son los Montoneros los que lo están poniendo bravo. Ahora yo me pregunto: ¿Qué carajo quieren hacer los Montoneros con este país? Yo no entiendo nada.<br />
Dejé caer la cabeza hacia atrás, con cuota de cansancio.<br />
-Yo tampoco entiendo nada, pibe. ¿Qué querés que te diga?<br />
Vi que el tachero se me puso a mirar por el espejito. Una, diez, cien veces. Parecía que me quería sacar una foto. Dale, pibe, escupí lo que tengás que decir. Animate, preguntame si soy Cortázar.<br />
-¿Usted no es de acá, no? –me dijo por fin.<br />
-Sí, soy de acá, pero hace años que no volvía.<br />
-¡Yo ya me di cuenta de quién es usted! ¡Yo ya me di cuenta! ¡Usted es Cortázar!<br />
-Sí, pibe, soy Cortázar. Pero no levantés tanta pólvora.<br />
El tachero era bien morochito, con mucha melena y barba, como yo. No me sacaba los ojitos de encima. Me sonreía y no paraba más de hablar de cualquier cosa. Yo le decía a todo que sí, que sí. Ya ni me acuerdo de las cien pavadas que me dijo. Al fin llegamos a Callao y Las Heras.<br />
-¿Cuánto te debo, pibe?<br />
-No, don Julio, a usted nadie puede cobrarle nada.<br />
Acepté lo del viaje gratis. Y como el olor a jaula de mono era cada vez más impresionante dentro del taxi me rajé de ahí como rata escapando por tirante.<br />
-Hasta la vista, Sr. Cortázar –escuché que me decía el tachero, cuando cerré la puerta del taxi con tanta fuerza que casi no la hago tripas. Me sentía nerviosísimo. Pero qué olor a jaula de mono impresionante que había dentro de ese taxi.</p>
<p>7-VICTORIA OCAMPO Y SILVINA</p>
<p>Encendí un pucho para sacarme la bronca y empecé a caminar por la Callao. Qué embroncado que estaba yo. Caminaba rápido, dando largas zancadas. La gente empezaba a mirarme. A mí la verdad que no me extrañaba. Yo y mi estatura tan alta les resultaría algo notorio a los porteños, que por lo general son bajitos y morochos. Seguro que se daban cuenta que yo era Cortázar, como se había dado cuenta el tachero. Entonces empecé a apurar cada vez más el paso. Quería encontrarlo a Borges cuanto antes. Parecía un loco del Borda, mirá. En eso no va que escucho que me dicen:<br />
-¿Adónde vas, turrito, tan apurado? ¿Hay que correrte a vos para alcanzarte?<br />
Me di vuelta y sí, eran Victoria Ocampo y su hermana Silvina.<br />
-Muy buenas tardes, señoras hermosas –les dije haciéndoles una reverencia y besándoles a cada una la mano.<br />
Las dos hermanas se entraron a reír de mí.<br />
-Pero éste no cambia más –dijo la Sra. Victoria-. Sigue siendo el mismo turrito de siempre.<br />
-Dejalo que nos baile un poco si quiere –dijo la Sra. Silvina-, si no ves que es un negrito cualquiera. Está igual que en los 50. Siempre el mismo alcahuete.<br />
Yo me puse todo rojo. Me mordí los labios. Pero si me pensaban humillar, entonces me iba a dejar humillar bien hasta el fondo. Como en los 50.<br />
-Por favor, señoras –les dije-. Tengan conmiseración con este pobre miserable que hoy regresó a su patria después de tantos años.<br />
La Sra. Victoria sacó un cigarrillo rubio y le dio otro a su hermana. A mí no me convidó.<br />
-¿A qué volviste, turrito? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Por qué te volviste de París? ¿Ya te cansaste de andar de putas allá?<br />
-A lo mejor se pescó una gripe con alguna francesita –dijo la Sra. Silvina-, y volvió a Buenos Aires para contagiarnos a todos. ¡Como si ya no tuviésemos bastante sífilis en todo Buenos Aires!<br />
Otra vez las hermanas se pusieron a reír a costa de mí. Cuando se enganchaban no podían parar más.<br />
-Volví para verlo a Borges –dije suavemente-. ¿Ustedes no me podrían dar información sobre su paradero?<br />
La Sra. Victoria hizo una enorme pitada y me miró con desconfianza.<br />
-¿Así que lo estás buscando a Georgie? ¿Para que lo estás buscando vos?<br />
-Necesito hablar con él, Sra. Victoria –dije juntando las manos como un buen monaguillo.<br />
-Pero mirá que es un bicho raro éste –le dijo la Sra. Silvina a su hermana-. ¿Para qué lo querrá ver a Georgie?<br />
-Por favor, Sra. Silvina: necesito hablar urgentemente con él. Necesito encontrarlo.<br />
-¿Y con esa ropa sucia y esa barba melenuda te pensás que lo vas a encontrar a Georgie? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Decime cuánto hace que no te comprás ropa nueva? Parecés un Montonero vos.<br />
Agaché la cabeza y las lágrimas empezaron a rodar por mi cara. Me sentía un sapo. Una mosca que alguien debía venir a matar.<br />
-Bueno, no llorés, turrito –me dijo la Sra. Silvina-. Que todo esto no es para estar haciendo tanto barullo. Al final parecés una mina de flojo que te ponés. ¿Por qué mejor no te sacás ese sobretodo, si no ves el calor que hace hoy?<br />
Vi que la gente que pasaba por la calle nos miraba. Pero no las miraban a ellas. A las Ocampo. Me miraban solamente a mí. Me dio más vergüenza todavía.<br />
-No, por favor –dije con un hilo de voz-. Ayúdenme a encontarlo a Borges.<br />
Las dos hermanas parecieron compadecerse un poco de mí.<br />
La Sra. Victoria me dijo:<br />
-Está bien, che; no seas tan mariquita. ¡No llorés! Yo creí que vos eras un poco más vivo. Si nos hablás un poco en francés te decimos dónde lo podés encontrar a Georgie.<br />
-Dale, eso –dijo la Sra. Silvina-. Hablanos un poco en francés que a nosotras dos nos gusta. Porque habrás aprendido un poco de francés, me imagino, después de tantos años que estuviste vagueando allá por París. Hablá en francés y después te decimos dónde está Georgie.<br />
Yo empecé a recitar todo de corrido, con el corazón que se me salía por la boca.<br />
-Le conseil estime, que la question proposée soufre de grandes difficultés. Les théologiens posent d´ un coté pour principe, que le bapteme, qui est une naissance spirituelle&#8230;<br />
Y nuevamente las dos hermanas se pusieron a reír de mí. Ahí mismo, sobre la Callao, se abrazaron muertas de risa y empezaron a burlarse otra vez de mí.<br />
-Ves, Silvina, que éste sigue siendo el mismo negrito peronista de siempre –soltaba la Sra. Victoria.<br />
-Es un cabecita negra. Yo siempre te lo dije, Victoria; éste se da vuelta como un panqueque. Como hizo en los 50 para arrimarse a nosotros –reflexionaba la Sra. Silvina.<br />
Yo no dije nada. Esperé en silencio a que las hermanas se cansaran de reírse de mí. Pero me quité el sobretodo porque ya no soportaba más el calor.</p>
<p>8-VICTORIA OCAMPO</p>
<p>Después la Sra. Silvina:<br />
-Bueno, yo ya me voy, Victoria –dijo-. Me tengo que ir a la presentación de un libro de Martha Lynch.<br />
-¿Y me vas a dejar sola con éste? –le reprochó la Sra. Victoria.<br />
-No tengas miedo, Victoria; estás en la Avenida Callao, rodeada de mucha gente. No creo que te vaya a hacer nada.<br />
Entonces intervine:<br />
-Pero discúlpenme, señoras, ¿acaso no me iban a decir ustedes dónde lo podía encontrar a Borges si yo les hablaba algo en francés?<br />
-Pero dejate de joder, che –dijo la Sra. Victoria-. ¿Y a nosotras nos preguntás? ¿Qué sabemos nosotras dónde lo podés encontrar a Georgie?<br />
-Mi hermana te cantó la posta –aseguró la Sra. Silvina-. Es verdad. Nosotras no sabemos nada. La Japonesa María lo tiene siempre bien guardado. A veces lo lleva a Georgie a alguna parte, pero nada más. Lo lleva a Suiza, a Estados Unidos. Lo lleva y después lo trae. Pero ella sola sabe cuándo y cómo. Solamente la Japonesa.<br />
Después la Sra. Silvina sacó de su cartera algo de plata para que me comprara zapatos nuevos. Me dio un par de billetes y me dijo que si me volvía a ver no quería verme con esos zapatos viejos y sucios.<br />
Le agradecí como corresponde y le prometí que en la primera de cambio que tuviera me compraría zapatos nuevos como muestra de mi eterna lealtad hacia ellas y hacia toda la familia Ocampo.<br />
La Sra. Silvina se despidió de su hermana con un fuerte apretón de manos y se hizo agua yéndose en un taxi. De manera que la Sra. Victoria y yo nos quedamos solos, uno frente al otro, sin saber qué decir.<br />
La diferencia de edad nos alejaba muchísimo. Si bien yo empecé a sacar la cuenta de qué buen partido sería para mí si me casaba con la Sra. Victoria. ¡Cuántas puertas que se me abrirían! Basta, Julio, no empecés otra vez. Mirá que sos mandado a hacer para darte manija. Mirá si una vieja de los Ocampo le va a dar bolilla justo a alguien como vos.<br />
Yo qué sé. A lo mejor si la empezaba a apurar un poco la vieja se me prendía como alfiler. La Sra. Victoria me observaba en callado. No te hagás el chiquilín, te mira porque no le decís nada. ¿Qué querés que haga? Además vos te creés que si la vieja anda con ganas se va a fijar en un bicho como vos.<br />
Esta vieja se maneja en otros círculos, frecuentea otros ambientes, otras esferas, y con la billetera que tiene se puede dar el lujo de tener a cualquier pibe de veinte años del interior que venga a Buenos Aires para progresar un poco. Si me acuerdo que decían que se había barrido a toda la facultad de Filosofía y Letras. Hasta al propio indio Tagore se lo fusiló. ¿Para qué te pensás que lo hizo vivir en la casa y gratis? ¿Y esos canapés que levantaba en la casa todas las tardes? ¿Para qué te pensás que eran? ¿Para tomar té inglés y probar galleta criolla? ¿Para decir quién lo había matado a Kennedy o para andar hablando del conflicto de Vietnam? Dejate de jorobar querés. Aterrizá de una buena vez en tu vida, dejá de andar volando que el día menos pensado te van a bajar de un escopetazo. Vos te das manija y después quién te aguanta.<br />
Eso, dejala que se vaya, que se haga la distraída y se vaya sin saludar. Sí, andate, vieja puta. ¿Ahora que tu hermana se fue ya no te hacés más la cocorito divertido? Ahora que estás sola bien que te quedás callada; cuando no estás con tu hermana no te animás ni a levantar una moneda del piso. ¿Por qué no te reís de mí ahora como te reíste hace un rato? Porque sabés que a la primera cosa que digas te dejo tumbada en el piso de un gancho de izquierda. ¿Por qué no me pedís ahora que te hable en francés, vieja oligarca de porquería?<br />
La Sra. Victoria volvió sobre sus pasos.<br />
Se me acercó y me dijo:<br />
-¿Sabés, turrito, quién te puede ayudar a encontrarlo a Georgie? La Rusita Alejandra. Ella y la Japonesa María son muy íntimas amigas. A lo mejor te dice dónde la Japonesa lo tiene a Georgie metido.<br />
Yo ladeé un poco la cabeza.<br />
-El problema, Sra. Victoria, es que yo no tengo la dirección de la Rusita.<br />
-Yo te la doy, no te hagás problema. No vas a empezar a llorar otra vez&#8230;<br />
-Se lo agradezco tanto, Sra. Victoria, tanto&#8230;<br />
Le quise besar la mejilla pero ella no me dejó.<br />
-No es para tanto, che; no te hagás el confianzudo. Tomá, acá tenés la dirección de la Rusita, pero no le digás que yo te la di. Aquélla es medio loca y si se llega a enterar que te di la dirección es capaz de correrme con un cuchillo.</p>
<p>9-EL TURQUITO</p>
<p>Empecé a caminar otra vez solo por la Callao. Me metí las manos en los bolsillos del sobretodo y respiré profundo. Me dirigía a la casa de la Rusita. Estaba como a más de cuarenta cuadras pero preferí ir caminando. Caminaba con un solo pensamiento. Tengo que encontrarlo a Borges. Y lo voy a encontrar. Lo voy a encontrar.<br />
Al final había tenido suerte de encontrarme con las Ocampo. Una me había dado plata para que me comprara zapatos nuevos y la otra me había dado la dirección de la Rusita Alejandra. A lo mejor ésta me podía ayudar. Era amiga de la Japonesa&#8230;<br />
Hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de la vida de la Rusita. Sabía que andaba escribiendo poesías y todo eso, pero nada más. Cuando me vea se va a caer de espaldas. No me va a poder creer que estoy en Buenos Aires. Esta Rusita&#8230; Siempre me hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita?, le decíamos todos. Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita.<br />
Habría caminado unas diez o quince cuadras cuando empecé a sentir otra vez olor a jaula de mono. Tenía toda la frente chorreada de sudor y pensé: Soy yo, otra no queda. Entonces alguien me tocó por el hombro y me di vuelta enseguida. No tardé nada de tiempo para reconocerlo. Era el tachero. Ahora todo me empezaba a cerrar mejor.<br />
-¿Se acuerda de mí, Sr. Cortázar? –me dijo.<br />
Asentí con la cabeza, malhumorado.<br />
-A mí me dicen el Turquito Asís. Y quiero ser escritor, como usted.<br />
Vi que tenía en las manos unas carpetas, unos papeles.<br />
-¿Qué querés, pibe? ¿Vos me estuviste siguiendo? Tené ojo conmigo porque te voy a bajar de un derechazo a la mandíbula, ¿me oíste?, si me entero que me estás siguiendo.<br />
-No, Sr. Cortázar. Yo quería que usted me ayudara. Acá le traigo todas mis obras completas para que las lea.<br />
El Turquito me dio risa; y a mí cuando alguien me da risa me pongo a reír.<br />
-¿Así que vos te pensás que sos escritor? –le dije-. ¿Pero desde cuándo un cabecita negra como vos puede ser escritor? –le dije-. ¿A que no va que sos peronista también?<br />
-No, Sr. Cortázar; yo soy comunista.<br />
-¿Comunista? ¡Pero mandate a mudar! Vos ni debés saber lo que es el comunismo.<br />
El Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido. Seguro que no se esperaba una respuesta así. Yo a veces me la daba de cruel.<br />
-¿Entonces no me va a ayudar? –me preguntó.<br />
-Pero pibe, ¿vos no sabés que en la Argentina para ser escritor hay solamente dos caminos: o tener plata o tener un buen apellido? Y vos, Turquito, disculpame, pero un buen apellido no tenés. A-sís. A-sís. ¿Qué clase de apellido es ése? Dejá de macanearte a vos mismo.<br />
-Pero yo tengo plata, Sr. Cortázar.<br />
Y ahí nomás el Turquito sacó un fajo de billetes azules, colorados y marrones. ¡Ah la flauta! Nunca había visto tantos billetes de distintos colores. Enseguida se los agarré y me los metí en el bolsillo.<br />
-Parece que vos y yo nos vamos a llevar bien, pibe –le dije.<br />
El Turquito enseguida me besó la mano.<br />
-Largá, che –le dije-. Mirá que la gente está relojeando.<br />
-No me importa que me vean, Sr. Cortázar –me dijo, y me volvió a besar la mano otra vez.<br />
-Mirá que sos cabeza dura vos –le dije riéndome un poco-. Pero no importa. Pero no importa. Yo te voy a ayudar lo mismo.<br />
Le dije no sé cuántas más macanas. Que se lo iba a presentar a Sábato, que lo iba a hacer ganar en un concurso de novelas en el que yo estaba como jurado&#8230; No me acuerdo cuántas más macanas.<br />
El Turquito decía a todo que sí con la cabeza. Pensaba que conmigo se había sacado la grande. Viste, Julio, viste que en este país hay varios que todavía no se cayeron del catre. Pobre Turquito, tenía la cara toda contenta. Las esperanzas que se estaría haciendo el pibe&#8230; Me insistió para que le agarrara las obras completas pero yo no quise. Después las iba a tener que tirar a la basura y me daba un poco de lástima por el Turquito.<br />
Le dije que tenía muchas cosas que hacer y me mandé a mudar. Casi casi lo dejé hablando solo. Caminé varias casas y cuando me di vuelta el Turquito estaba todavía allá parado, mirándome con esa sonrisa de atorrante que tenía. Nunca más lo volví a ver. Qué sé yo qué le habrá pasado. Habrá terminado de gerente de algún cabaret; seguro. Yo me fui silbando contento; con la plata que le había chamuyado al Turquito más la plata que le había chamuyado a Simone ya tenía como para tirar por dos meses en Buenos Aires.</p>
<p>10-AJEJANDRA Y MININA</p>
<p>Cuando llegué a lo de la Rusita me puse a tocar el timbre. Como nadie me abría seguí tocando. Si no hay nadie en casa no estoy molestando a nadie, pero si hay alguien me van a tener que abrir. La cosa es que yo no sacaba el dedo del timbre. Por ahí veo que abren la puerta y que se asoma la cara desconcertada de la Rusita.<br />
-¿Qué querés, Van Gogh? –me dijo-. ¿Qué te pasa? ¿Tenés brea en el dedo?<br />
-Dejame pasar, Rusita; tenemos que hablar.<br />
Ya la Rusita me estaba por cerrar la puerta en la cara pero yo me le amanecí; puse el pie y tuve que entrar a la fuerza. Caminamos por un pasillo largo y bien angostito. La Rusita me seguía de atrás, puteándome a cada rato y diciendo que iba a llamar a la cana si no me rajaba ya mismo.<br />
-Siempre la misma rufiana vos, Rusita –le dije.<br />
Crucé el patio y entré a la cocina para abrir la heladera. Parecía que tenía una orquesta adentro del estómago del hambre que traía. Y ahora que me acuerdo hacía como dos días que yo no comía nada. Pero la heladera de la Rusita estaba toda vacía.<br />
-¿Por qué no empezás a trabajar y te comprás algo de comida, Rusita? Mirá lo que es este cementerio. Ni siquiera hay una cebolla.<br />
-Callate, Van Gogh, y andate antes que te raje a patadas.<br />
La Rusita me decía siempre Van Gogh porque sabía que yo había vivido en París. Y como Van Gogh había sido amigo de Gauguin se pensaba entonces que Van Gogh también había sido francés. Yo no la quería sacar de su ignorancia a la piba y la dejaba nomás que me dijera Van Gogh todo lo que quisiera. Pronunciaba Van Gogh como si fuera un apellido bien francés, acentuando muchísimo la O. Además si le hubiese dicho la verdad, a lo mejor a la Rusita le hubiese entrado una vergüenza bárbara, porque aunque era una piba ordinaria también es verdad que era muy orgullosa. Había leído casi veinte libros enteros y se daba aires de no ser una ignorante. Quizás sacó de alguno de esos mismos libros eso de que Van Gogh y Gauguin habían sido amigos. Ella también vivió en París algunos años.<br />
Miré para todos lados y le dije:<br />
-¿Por qué no limpiás un poco acá? Esto es todo una mugre. No te vas a herniar si agarrás un día una escoba y un balde.<br />
-¿Sabés qué pasa, fantoche? –me respondió con un dejo de ironía-. La menestrala hace días que no viene y yo ando muy ocupada con mis cachibaches.<br />
Nos reímos un poco. Siempre me hacía reír la Rusita.<br />
Después la Rusita se puso seria y mirándome a la cara me dijo:<br />
-No, en serio, pimpollo; te vas a tener que ir. No estoy sola.<br />
Encendí un pucho y le contesté.<br />
-Sí, ya sé que no estás sola. Apenas entré acá adentro me di cuenta que tenés a alguien metido en la pieza. Por mí podés decirle que salga, que ya sé quién es.<br />
La Rusita sintió que yo le estaba cascoteando el rancho.<br />
-A ver, gandul –me dijo-, ya que sos tan inteligente y te las sabés todas, decime, a ver, ¿a quién tengo adentro de la pieza?<br />
Agarré una cartera que estaba tirada en un rincón del piso y le tapé la boca.<br />
-A Silvina Ocampo –le dije-. Esta cartera es de ella. ¿O me equivoco, Rusita? ¿Decime a ver si me equivoco?<br />
La Rusita soltó una carcajada enorme.<br />
-¡Pero mirá que habías sido vidente vos! –me dijo-. ¿Cómo hacés para sabértelas todas? ¡Parece que comiste mucha polenta allá en París!<br />
La Rusita se rascó un poco la cabeza y después levantó un poco más la voz.<br />
-Salí, Minina, que acá ya te engranparon. Van Gogh ya sabe que estás acá.<br />
Entonces vi cómo la Sra. Silvina aparecía con la vista baja. Al parecer no podía mirarme a los ojos.<br />
-Por favor, Sr. Cortázar –murmuró-; no vaya a decirle nada a mi marido que me encontró aquí. Se lo suplico. Bioy se moriría si se llegara a enterar de esto.<br />
Yo no sé si fue el hecho de que me llamara Sr. Cortázar o me dijera se lo suplico, pero lo cierto es que enseguida sentí que me subía como fuego a la cabeza, que estaba que echaba chispas de la rabia que tenía y que pensaba descargarla toda contra la Sra. Silvina. Ella sola pagaría todos los tragos amargos que me habían hecho tragar por la tarde ella y la puta de su hermana. Vamos a ver ahora quién hace de león y quién hace de conejo. Vamos a ver ahora quién es más cabecita negra. Quién es el mismo negrito peronista de siempre. Quién se da vuelta siempre como un panqueque. Vamos a ver.</p>
<p>11-ALEJANDRA Y MININA</p>
<p>Me acerqué a la Sra. Silvina boqueando humo y pavoneándome como un rey.<br />
-No se preocupe, Sra. Silvina –le dije chiquito-. Yo no pienso abrir la boca.<br />
Y ahí nomás le pegué un trompazo tan fuerte en la cara que la hice caer al piso.<br />
-¡Minina! –gritó la Rusita. Y se fue corriendo a abrazarla y consolarla.<br />
La Sra. Silvina lloraba. La Rusita la besaba entre los cabellos.<br />
-Pero mirá que resultaste misógino vos, Van Gogh –me dijo la Rusita-. ¿Por qué le pegaste?<br />
-Por favor, Alejandra –le dijo la Sra. Silvina-. Decile que no me golpee más.<br />
Yo dije:<br />
-Mejor decile a la perdularia esta que no llore tanto que le pegué con la mano abierta.<br />
Yo caminaba de un rincón a otro golpeándome los puños, como si fuera un boxeador que espera que el otro se levante para darle el golpe de gracia. Le quería hacer besar la lona. Acá había que saldar cuentas y yo las pensaba saldar todas y bien saldadas.<br />
-Decile que se pare, Rusita –dije-, que tengo que hablar con ella.<br />
-No, no –dijo la Sra. Silvina sollozando-. No me voy a parar. Usted parece el niño Miles por lo malvado.<br />
-Quedate tranquila, Minina –dijo la Rusita-. Yo te voy a defender. Vos quedate acá quietita conmigo que no te va a pasar nada. A ver si éste se piensa que yo voy a dejar que le peguen a una mina mía.<br />
La Rusita la oprimió más contra su pecho. Le secó las lágrimas.<br />
-Pero decime una cosa, Van Gogh –me dijo después- ¿se puede saber a vos quién te dijo adónde vivía yo?<br />
-La Sra. Victoria, la hermana de ésta –le largué.<br />
-Esa vieja malaleche –rezongó la Rusita-. Ves, Minina, tu hermana no quiere que vos y yo andemos juntas. Nos mandó al tararira este para que nos arruine la siembra.<br />
Yo seguía caminando de un lado para otro, pitando siempre el mismo pucho. Andaba hecho un Bonavena.<br />
-¡Sí! –dije-. ¿Y por qué no le preguntás, Rusita, por qué no le preguntás cómo me trataron hoy la hermana y ésta? Me dijeron turrito, alcahuete, negrito cualquiera, sifiloso, ropa sucia&#8230; Hasta ésta me dijo que me comprara zapatos nuevos&#8230; Me hicieron sentir como sapo de otro pozo.<br />
-Yo le tengo que pedir a usted miles de disculpas, Sr. Cortázar –dijo la Sra. Silvina-. Yo sé que mi hermana y yo nos comportamos muy mal hoy con usted.<br />
-¿Pero quién le dio permiso a ésta para que me hable? –dije yo.<br />
Ahí nomás me entró a subir otra vez fuego en la cabeza. Me agaché y le di una trompada. Le deje un ojo todo morado. No sé por qué al punto me acordé del gordo Guantesnegros. La Sra. Silvina empezó a llorar otra vez, pero esta vez daba más lástima.<br />
Entonces la Rusita, que era petisa y yo soy muy alto, se me plantó enfrente como si fuera Platero.<br />
-La volvés a tocar otra vez y te mato, Van Gogh. Te mato. –Me amenazó-. Esta vez va en serio. Mirá que conmigo no se jode.<br />
-Buef –dije. Y reculé un poco. Con la Rusita no me podía estar exponiendo. Amainé un poco para que se me calmara. Bajé los humos.<br />
-Y vos, Minina, no seas zonza y dejá ya de llorar, que éste no te va a pegar más.<br />
-Alejandra, decile que no le cuente nada a mi marido.<br />
-Vos le llegás a contar algo a Bioy de esto y yo te acogoto. ¿Me escuchaste? Te juro que te acogoto.<br />
-Ta´ bien, ta´ bien –dije-. Pero si no quiere que le cuente nada al marido que me diga entonces dónde lo puedo encontrar a Borges. Porque yo no le creo nada a ésta que no sabe dónde está Borges.<br />
La Rusita estalló por completo.<br />
-¡Cómo rompés las pelotas con ese viejo de mierda! ¡Hace de hoy que lo estás buscando! ¡Para que lo estás buscando decime!<br />
Me encogí de hombros.<br />
-Yo tengo mis motivos personales, Rusita. ¿Qué querés que te diga?<br />
Y seguía caminando de un lado para otro. Mirá que andaba embalado. Me había caminado más de cuarenta cuadras, no había comido nada ese día y seguía haciéndome el guapo con la Rusita. Para mí que yo tenía algo roto adentro de la cabeza para que todo esto estuviera sucediendo.<br />
-Es tarde –dijo la Sra. Silvina-. Yo me tengo que ir, Alejandra. Bioy va a llegar a casa y yo no voy a estar. Va a entrar a sospechar. Me tengo que ir.<br />
La Sra. Silvina se puso de pie.<br />
-Hasta que no me diga dónde está Borges, ésta no se va de acá. No se va a ningún lado hasta que no me diga dónde está Borges.<br />
Y me puse en el medio de la puerta para interrumpir cualquier tipo de huida.<br />
-Pero sí, Minina, dale la dirección de ese viejo así éste se deja de joder. Porque parece que va a estar todo el año jodiendo con esto.<br />
La Sra. Silvina agarró su cartera y extrajo de allí una tarjeta azul con la dirección de Borges. Por fin.<br />
-¿Ahora estás contento, Van Gogh? –me dijo la Rusita.<br />
Yo me dejé caer triunfal en una silla con la tarjeta en la boca.<br />
No le respondí nada.<br />
-Me voy, Alejandra –dijo la Sra. Silvina.<br />
-Bueno, ¿pero ahora cuándo vas a venir, Minina?<br />
Las dos salieron al patio. La Rusita la acompañó hasta la puerta. Habrán tardado unos quince dieciséis minutos en despedirse. Después la Rusita volvió a la cocina con una cara un poquito más alegre. Me miró con aire cómplice y desfachatado, como hacía algunas veces cuando estábamos solos.</p>
<p>12-ALEJANDRA</p>
<p>-Dame un pucho, Van Gogh –dijo la Rusita.<br />
Yo se lo di y hasta se lo encendí.<br />
-Le hiciste agarrar un julepe bárbaro a Minina –dijo la Rusita-. Recién en la puerta me dijo que tenía miedo de que la molieras a palos. Mmm&#8230; Y yo también. Cuando te vi cómo la encaraste pensé: Este la va a moler a palos. Pobre Minina&#8230; Se asustó.<br />
La Rusita se entró a reír con fuerza.<br />
-¿Viste cómo me decía, Van Gogh? “Defendeme, Alejandra, defendeme. Que no me pegue más. Defendeme, defendeme”<br />
La Rusita le imitaba la voz y se tentaba más todavía y se reía.<br />
Pero yo estaba serio.<br />
-Yo pensé que vos estabas del lado de ella –le dije.<br />
-¡Avisá, Van Gogh! ¿Si no viste que te guiñé un ojo en medio del quilombo?<br />
-¿Cuándo me guiñaste un ojo vos?<br />
-¡Recién! ¿No te diste cuenta? Cuando te dije que te iba a acogotar ahí te guiñé un ojo.<br />
-Yo no vi nada, Rusita –respondí todavía serio.<br />
Nos quedamos callados un rato.<br />
Después la Rusita se puso a reír otra vez.<br />
-“Defendeme, defendeme. Decile que no me pegue más”. Y vos que andabas embalado como un tren. Te piantabas de un rincón a otro y decías siempre: “Que se pare, decile que se pare”. Mirá que estabas hecho un Bonavena.<br />
Entonces los dos nos entramos a reír a las carcajadas.<br />
-¡Y claro! –exclamó la Rusita-. ¿Vos cuánto medís, Van Gogh? ¿Dos metros? ¡Claro! La otra te habrá visto tan alto que pensó que la ibas a matar.<br />
Yo me puse otra vez serio.<br />
-¿Cuánto hace que salís con esa tipa, Rusita?<br />
-Yo qué sé. Ni me acuerdo. ¿Por?<br />
-No sé. Me da asco lo que hacés. Dos mujeres juntas&#8230;<br />
-¡Dale, no seas carátula, Van Gogh! ¿Y vos qué hablás? ¿Vos no te la pasás yendo a ver peleas de box?<br />
-¿Y eso qué tiene?<br />
-Que los que van a ver box son todos unos putos, Van Gogh. ¿Si no viste cómo gritan todos? “¡Pegale, negro, pegale. Matalo!”. Sí, los que van a ver box son todos putos. Hay que matarlos a todos.<br />
La Rusita apagó el pucho y me pidió otro.<br />
-No pero en serio, Van Gogh. No le vayas a contar al marido de la Minina nada de esto. Y tampoco le contés nada a Borges. Mirá que Bioy y Borges son como carne y uña. Vos chitón por las dudas.<br />
-Ya sé, ya sé; no voy a decir nada.<br />
La Rusita se me puso a mirar con detenimiento.<br />
-¿Y vos para qué volviste a Buenos Aires? Mirá que este país se está poniendo cada vez más bravo.<br />
-Preciso verlo a Borges –dije bajando los ojos.<br />
-Sí, ya Minina me contó. Me dijo que las estuviste jodiendo dos horas preguntándoles por Borges. ¿Para qué lo querés ver a ese viejo andrógino? Ya ése tiene la cabeza en otro mundo. Ni sabe lo que dice. ¡A ése tendrían que matar los </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/06/21/cortazar-alineado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/01/25/cortazar-alineado/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/01/25/cortazar-alineado/#comments</comments>
		<pubDate>Sun, 25 Jan 2009 16:07:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[CORTÁZAR ALINEADO
1-ASTOR Y BORGES
En el año 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué te pasa, me decía. Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo. Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos. Qué le pasa al turrito que no vuelve, me preguntó el otro día Leopoldo Federico. Yo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CORTÁZAR ALINEADO</p>
<p>1-ASTOR Y BORGES</p>
<p>En el año 70 me escribió Astor Piazzolla. Qué te pasa, me decía. Por qué no te volvés a Buenos Aires. Acá está todo tranquilo. Qué hacés solo allá en París. Acá todos preguntan por vos. Qué le pasa al turrito que no vuelve, me preguntó el otro día Leopoldo Federico. Yo qué sé, le dije. Debe andar en algo. Leopoldo cerró el pico y no preguntó más. Mirá vos cómo son las cosas. Ahora yo tengo que salir a defenderte. Mirá que sos raro vos. Por qué no volvés. Cuántos años hace ya que te fuiste a París. Si a Perón lo sacaron en el 55. Dale, Julio, por qué no te volvés.<br />
Astor tenía razón. Tenía que regresar a Buenos Aires. La extrañaba. Necesitaba ver sus calles aunque sea una sola vez más.<br />
Yo me había rajado de Buenos Aires por antiperonista. Por supuesto que yo no era para nada antiperonista. Pero en los años 50 ser antiperonista era lo mejor que tenía un escritor. Le venía como anillo al dedo. Así podías arrimarte al círculo de los del Sur. Borges, Victoria Ocampo, Bioy, Anchorena, yo qué sé. Además yo nunca entendí nada de política. Nunca me interesó y no veo por qué me iba a tener que interesar ahora.<br />
Borges decía que había que hacerse antiperonista y todos nos hacíamos los anti-perón. Si hasta el propio tanito Onetti se hizo. Y eso que ése no tenía nunca un mango partido al medio. Yo me voy a hacer antiperonista, me dije un día, y por ahí Borges me ayuda a entrar en el negocio de la literatura. Y así fue. Parecía cantado, vos sabés. Enseguida que me hice gorila me publicaron Bestiario y después me dieron una beca para estudiar en Francia.<br />
Pero Astor tenía razón. Qué tenía yo que estar haciendo en París. Tenía que volver a Buenos Aires. Tenía que verlo a Borges y agradecerle lo mucho que había hecho por mí ese guachito.</p>
<p>2-BUENOS AIRES</p>
<p>Yo de plata andaba bien y tenía la guita suficiente para el pasaje. Pero pensé: Para qué voy a gastar de lo mío. Mejor le pido a algún dormido. Pero a quién. En París ya le debía plata a medio mundo y nadie me quería ver. De repente me agarró una pachorra bárbara y me tiré a la cama. No voy nada a Buenos Aires, pensé. Yo qué sé qué me pasaba. Me daba fiaca gastar plata así nomás en un pasaje de avión. Me puse boca arriba y encendí un pucho.<br />
Las volutas de humo llegaban hasta el techo, estremeciéndome.<br />
¿A quién le pido, a quién le pido? Dale, Julio, pensá. ¿A quién le pido? Callate, no te hagás el chiquilín. Ya le debés plata a medio mundo. Buef, jodida es la vida a veces. Uno tiene ganas siempre de cometer una locura. Pero la culpa la tiene ese oligarca del bandoneón. Me hizo metejonear con la idea de Buenos Aires y ahora no puedo volver porque no tengo la plata. Serás hijo de puta, Astor. Para qué me escribiste. Si yo antes de tu carta andaba lo más tranquilo.<br />
Ahora estaba nervioso. Tenía toda la barba sudada y de los nervios, claro. “¿Por qué no te volvés a Buenos Aires, por qué no te volvés, Julio?”. Claro, para vos es todo fácil, tanguero comunista, ¿y la plata de dónde la saco? ¿Qué te pensás? ¿Qué tengo la guita de Victoria Ocampo yo? ¿Qué te pensás? Yo soy un negrito cualquiera. Por eso me hice antiperonista en los 50. A ver si Borges o Victoria Ocampo me tiraban una mano. Yo qué sé, Astor. No puedo volver. No puedo. Buenos Aires todavía me duele. A Buenos Aires todavía la extraño. No quiero verla todavía. Imaginate si me da un calambre en el corazón. Yo qué hago. ¿Caerme en medio de la calle como un pavote? Mejor no, Julio, mejor quedate en París. No volvás a Buenos Aires. Se va a poner más triste si te ve con esta cara. Y además así, tan flacucho como andás.<br />
Buenos Aires. Borges. Buenos Aires.<br />
La pucha qué mal me siento. Qué triste que estoy. Yo de verdad quería volver. Lo juro, lo juro. Esto me pasa por sentimental. Siempre ando llorando por ahí. Por cualquier cosa. Hasta en los cines me pongo a llorar. Yo qué sé. No doy pie con bola. Cualquier escenita de despedida y yo me pongo a moquear como un salame. No tengo que ir más a los cines. No puedo volver más a Buenos Aires.<br />
De repente me senté en la cama y apagué el pucho aplastándolo en el piso con un zapato en la mano. Se me había despejado el balero y ya sabía a quiénes les iba a pedir plata para volver a Buenos Aires.</p>
<p>3-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p>Me fui corriendo enseguida a la casa del gordo Guantesnegros y su mujer Simone. Vivían en una casita de dos pisos cerca de la mía. La 224 de la rue Jean Jaurès. Nunca salían a la calle prácticamente. Sabía que iba a encontrarlos.<br />
Guantesnegros se la pasaba leyendo filosofía todo el día y Simone era feminista.<br />
Toqué timbre y me abrió Simone.<br />
-Me pegó, me pegó –me dijo Simone en cuanto la vi, con una cadencia en la voz como lánguida, afligida-. Jean P. me pegó.<br />
La pobrecita tenía un ojo morado y temblaba de miedo. Seguro que tenía miedo que Guantesnegros apareciera de golpe y la castigara por haberse quejado conmigo.<br />
-Entre, Julio, entre. Jean P. está arriba. No haga ruido. Yo estoy limpiando acá abajo.<br />
-¿Por qué le pegó, Simone? ¿Usted qué le hizo?<br />
-Nada, nada. Yo nunca hago nada. Yo estoy todo el día encerrada en esta casa y nunca hablo con nadie.<br />
Simone tenía las mejillas encendidas. Daba de verdad lástima la pobre.<br />
-Yo soy una pobre mujer, Julio, qué puedo hacer. ¿Qué voy a hacer? ¿Pelearme con él? No puedo. El es más grande que yo. Tengo que resignarme, ya ve.<br />
-¿Pero es frecuente esto de los golpes?<br />
-Casi día por medio. A veces menos. A veces me pega por cualquier cosa. Por cualquier cosa, Julio.<br />
-¡Pero Simone! ¿Por qué no lo deja y se va?<br />
-¿Y adónde quiere que yo vaya? Yo no sé hacer nada. Dependo de él absolutamente.<br />
Entonces escuchamos la voz de Guantesnegros que venía de arriba.<br />
-¿Con quién hablás, Simone?<br />
-Con el argentinito. Vino recién.<br />
Simone me tomó del brazo y me hizo subir con ella las escaleras.<br />
-Venga, Julio, venga. Suba. Que lo vea. Si no Jean P. va a pensar que estoy hablando sola y que estoy loca. Y no le diga lo que le conté.<br />
-Pero esto es… ¡No puedo callarlo, Simone!<br />
-¡No va a hacer más que empeorar las cosas, Julio! Se lo suplico. Hágame el favor. Jean P. se va a poner como un loco si se entera que yo le conté.<br />
Hablaba bien chiquito. Para que Guantesnegros no la oyera.<br />
Llegamos a una habitación asquerosa rodeada por varios ventanales mugrientos. La habitación más asquerosa que yo había visto en mi vida. Y eso que yo había andado en cada tugurio desde pibe. Guantesnegros estaba metido hasta el cuello en una bañera de ésas que se arrastran y llevan de un lado para otro. El agua estaba toda negra y yo no podía verle el cuerpo. La verdad que me hubiese gustado, porque para mí el cuerpo de Guantesnegros era como un misterio.<br />
Guantesnegros era bien gordo, a diferencia de Simone que era bien flaquita. Simone se sacaba la comida de la boca para dársela a Guantesnegros. Pero guarda, que Simone con esto se ponía contenta. Vivía feliz con eso de someterse a un hombre y cuanto más entonces mucho mejor. Por eso yo me dije: “guarda, que no te engrupa”, “no le tengas lástima a Simone”, “ella está acá porque quiere”, “y si Guantesnegros le pega es porque ella se lo deja”. La pucha que a veces las mujeres son más raras.<br />
Pero igual me dio no sé qué cosa no querer ayudarla a Simone. Yo qué sé. La tipa estaba desesperada. Se le notaba en la cara que tenía un hambre tremendo. Que no sabía bien dónde estaba parada. Creo que esperaba el Knock-Out  en cualquier momento. Además yo había ido a la casa de ellos a pedir plata y no para andar haciéndome el lindo precisamente, saliendo a defenderla a Simone como un Jim Dean.</p>
<p>4-GUANTESNEGROS Y SIMONE</p>
<p>Me acerqué a Guantesnegros con toda la sumisión que pongo siempre cuando voy a pedirle un favor a una persona que está por encima de mí en la jerarquía social. Guantesnegros sacó una mano del agua negra y yo se la besé.<br />
-Buenas tardes, Sr. –le dije-. Pero veo que lo molesto…<br />
-Pero no, argentinito, qué vas a molestar. Al contrario. Simone y yo estábamos tan aburridos que le dije que me bañara. Y eso que vos mismo ves que no hacía tanta tanta falta. Vení, Simone, terminá de enjuagarme la cabeza que recién me entró un poco de jabón en un ojo.<br />
Simone se le enchufó enseguida atrás y empezó a enjuagarle la cabeza y las orejas.<br />
-Más despacio, Simone. Me lastimás con las uñas.<br />
-Pero vos quedate quieto, Jean P. –le dijo sonriendo.<br />
Me conmoví por ambos.<br />
-Simone ¿le ofreciste una taza de café al argentinito?<br />
-No, Jean P. Se me olvidó de ofrecerle y no hablamos de nada. ¿Quiere una taza de café, Julio?<br />
-No, Sra., le agradezco muchísimo pero me tengo que ir ya mismo. En realidad vine a despedirme. Dejo París mañana.<br />
-¿Y adónde te vas, argentinito? –me preguntó Guantesnegros.<br />
-A Buenos Aires, Sr.<br />
-¿Así que te volvés a tu país? ¿Pero si siempre dijiste que Argentina estaba llena de cabecitas negras peronistas? ¿Para qué vas a ir allá?<br />
-Tengo que volver, Sr. Es preciso –le dije con un tono suplicante que hasta yo me lo creía.<br />
-Pero mirá que sos raro vos, argentinito. Primero te escapás de la madriguera y ahora querés volver. Qué bicho más raro que resultaste ser.<br />
-No le digas así, Jean P. Tal vez Julio tenga sus motivos personales para regresar a su país. Después de todo…<br />
Guantesnegros enardeció rápidamente. Le dio la cólera, como casi siempre que su mujer hablaba.<br />
-¡Usted se calla, Sra.! –gritó- ¿A usted quién le dio vela en este entierro?<br />
Simone empezó a temblar otra vez.<br />
-No es para tanto, Jean P. Yo sólo di una opinión al respecto.<br />
-¿Usted, Sra., usted no sabe que cuando dos hombres hablan la mujer debe agachar la cabeza? ¿Usted no leyó acaso a Rousseau, cuando dice: “Las mujeres no aman ningún arte, no son inteligentes en ninguno y no tienen ningún genio”?<br />
Guantesnegros nos salpicaba a Simone y a mí con el agua negra de la bañera mientras gritaba. Estaba fuera de sí, lo admito. Los ojos desorbitados por completo. Las mandíbulas chillándole de tanto como el gordo las movía. Simone estaba pálida. Pálida.<br />
Guantesnegros continuó con los gritos.<br />
-¿Y sabe lo que se le da por hacer ahora a esta mujer, Julio? ¡Se golpea ella sola en la cocina y después anda diciendo que yo la golpeo!<br />
-Yo nunca dije eso, Jean P. –gimió Simone.<br />
-¡Lo decís, hija de puta! Hasta se lo dijo a mi suegra. Le dijo que yo le había dejado un ojo negro de un trompazo; y entonces al otro día la vieja vino y me dijo: “¿Por qué le pegas a mi hija, en vez de darle más de comer? ¿No ves lo flaca que está? ¡Parece una tabla!”<br />
Yo empecé a recular. Me daba cuenta que no era un buen momento para andar pidiéndole plata a Guantesnegros. Miré para el lado de la puerta con ganas de mandarme a mudar.<br />
Viendo entonces Guantesnegros que yo me estaba por rajar, me dijo:<br />
-Y sepa usted una cosa más, Julio: si fuera cierto que yo la golpeo a Simone, Simone lo negaría, porque la mujer golpeada nunca admite que su hombre le pega. No quiere abandonar la última cuota de orgullo que le queda.<br />
Después Guantesnegros se puso de pie en la bañera y de todo su cuerpo gordo y desnudo chorreaban miles de gotas que caían sobre la negra agua como en una catarata salvaje.<br />
-Pero a ver, diga algo, argentinito –me dijo-. Usted dice que es escritor ¿no? ¿Por qué no me da su opinión sobre Simone y yo? ¿Por qué se calla? ¿Tiene algo que objetar? ¿O está en contra de que yo le pegue a Simone? ¡Hable! ¡Diga!<br />
La cara de Simone estaba bañada en lágrimas y yo tenía la lengua como paralizada ante lo que veía. Tenía miedo que Guantesnegros me violara.<br />
-¿Yo, Sr.? ¿Qué quiere que yo diga?<br />
Quería mostrarme lo más sumiso posible para tranquilizarlo un poco a Guantesnegros. Pero éste ya no se tranquilizaba con nada.<br />
-Cualquier cosa, argentinito; decí cualquier cosa. Si vos sos mandado a hacer para decir cualquier cosa. ¡Toda la vida fuiste un tilingo! ¡Igual que tu país de milicos…!<br />
Simone me tomó otra vez del brazo pero esta vez para sacarme de la vista de Guantesnegros.<br />
-Vamos, Julio, salga; usted lo está haciendo enojar cada vez más.<br />
-Sí, Simone. Llevateló. Sacalo ya mismo de esta casa. Y ojalá nunca vuelvas a París, fascista asesino. ¡Trapo de piso de la oligarquía! ¡Escribiente de clase media acomodada! ¡Pedófilo! ¡Prostibulero!<br />
Yo igual le extendí la mano para despedirme pero Guantesnegros me la negó. Se agachó y volvió a meterse en la bañera. Maldiciendo entredientes contra mí y también contra mi patria. Yo salí de allí haciéndole reverencias. Con Simone arrastrándome por el brazo.<br />
Bajamos por las escaleras a los tropezones.</p>
<p>5-SIMONE</p>
<p>Cuando llegamos a la puerta me sentía realmente triste. Nunca me había sentido así en París. Sentía un tremendo nudo en la garganta. La miré a Simone y le oprimí con ternura el brazo. Deseaba que comprendiera que yo estaba de su parte. Simone se me echó al cuello y empezó a llorar. Yo la atraje más hacia mí y también se me piantaron algunas lágrimas. Después Simone apartó un poco la cara y yo aproveché para besarla en los labios. Ella me devolvió el favor besándome locamente toda la barba y mordiéndome mucho los labios.<br />
Aunque era bajita y yo soy muy alto, se desenvolvía bastante bien.<br />
Después Simone se apartó de mí y yo le dije:<br />
-Simone ¿usted me podría hacer un favor?<br />
-¿Qué es, Julio? –dijo ella componiéndose el deshabillé.<br />
-¿Usted no me podría prestar el dinero para viajar mañana a Buenos Aires?<br />
Simone me miró desconcertada. Negaba un poco con la cabeza; también temblaba, pobrecita.<br />
-No, no puedo. No puedo –dijo Simone.<br />
-Si no fuera urgente que yo viaje mañana mismo a Buenos Aires no se lo pediría, Simone. Créame. Además pienso devolvérselo en tres días.<br />
-¿Y dónde está esa urgencia de viajar a Buenos Aires tan pronto, vamos a ver?<br />
-Mi padre murió ayer, Simone. Tengo que volar a Buenos Aires para asistir a sus exequias… Quiero estar.<br />
Simone se sonó la nariz.<br />
-Hubiese arrancado por ahí, hombre –me dijo Simone oprimiéndome la mano.<br />
Se fue hasta un bayú del rincón y por encima del hombro vi que sacaba plata de un cofrecito.<br />
-Tome –me dijo-. Es todo lo que tengo. Son todos mis ahorros.<br />
Conté 300 F.<br />
-Se lo agradezco en el alma, Simone.<br />
-¿Cómo me los piensa devolver, Julio? Mire que son todos mis ahorros.<br />
Titubeé un poco. Estaba mareado con tanto lloriqueo barato y tanta queja y tanto reproche de conventillo.<br />
-Por intermedio de un amigo mío –le dije.<br />
-¿Y es de fiar ese amigo suyo? –me preguntó.<br />
-Es Astor Piazzolla, Simone.<br />
-No tengo la más pálida idea de quién es.<br />
-Es un talento musical que está cambiando el tango en Buenos Aires. Fue Astor Piazzolla quien me avisó del deceso de mi padre. Quédese tranquila, Simone. Astor tiene que viajar a París en dos días; yo apenas llego a Buenos Aires le doy la plata para que se la devuelva. Confíe en mí.<br />
Me metí los 300 F. en el bolsillo y Simone frunció enseguida el entrecejo. La francesita entró a sospechar.<br />
-¿Y usted cómo piensa conseguir los 300 F. en Buenos Aires?<br />
-Vea, Simone, a mí me deben una plata importante la gente de Editorial Planeta, por los derechos de autor de Rayuela. Apenas llego a Buenos Aires me contacto con esta gente, cobro los derechos de autor, busco a Astor en el barrio de Pompeya y le doy la plata y su dirección. Estése tranquila.<br />
Y ahí me callé. Ya empezaba a pensar que la francesita me iba a pedir intereses.<br />
-…Astor Piazzolla… -dijo como recordando-. Sí, me parece que lo conozco. Es un viejito de pelo blanco que toca el bandoneón y se chorrea todo de transpiración. Lo vimos con Jean P. en el televisor la otra noche.<br />
-Seguramente, Simone.<br />
-¿Pero es de confianza ese hombre, Julio? A mí no me lo parece. Parece más bien un gitano.<br />
Entonces me arrojé sobre Simone y empecé a besarla como un desaforado. La desnudé de cinturas arriba y le mordí los pechos. La francesita jadeaba y se retorcía como una serpiente contra mis largas piernas. Era raro, tenía olor a mujer de no haber sido tocada por hombre en años. Tenía aliento a tabaco y los labios ásperos, ríspidos, la lengua ajada, seca, toda la piel de su cuerpo flaquito también era seca.<br />
De pronto se deshizo de mí como pudo.<br />
-Ya basta, Julio, ya basta. Jean P. nos puede oír. Váyase; váyase antes que Jean P. baje y vea que usted está todavía aquí.<br />
Me arreglé un poco la corbata, me di vuelta y me fui.<br />
No quería volverla a ver.<br />
Cuando estuve en la calle respiré profundo mis últimos aires de París, caminé dando largas zancadas. Pero después me detuve. Volví la vista y miré hacia los ventanales de la casa de Simone. Me acuerdo que ahí lo vi. A Guantesnegros apuntándome con el dedo índice de la mano, diciéndome que yo tenía que tener ojo con él.</p>
<p>6-BUENOS AIRES</p>
<p>Al día siguiente estaba volando para Buenos Aires. Como tenía una modorra tremenda dormí durante todo el viaje como un oso. Recién cuando bajé del avión me di cuenta que había sido una estupidez eso de volverme a Buenos Aires. Tan así, de un día para otro. Pero cuándo no, Julio, vos siempre tan atolondrado para todo. Parecés un chico, mirá.<br />
Pero después me agarró un montón de nostalgia y la verdad que me felicité de haber vuelto. Siempre yo era así de tarambana.<br />
Además yo había vuelto, primero que nada, para verlo a Borges.<br />
Pero también me agarraron ganas de andar un poco por San Telmo, Caballito, Parque Patricios, la Calle Corrientes, el Parque Lezama, yo qué sé. Estaba hecho todo un pelotudo como veinte años atrás, cuando visitaba y me paraba a mirar cualquier guevada que Buenos Aires me pudiera ofrecer. Dale, Julio, ya tenés 56. No te hagás el porteño melancólico que no se la vas a vender a nadie. ¿Y vos qué sabés? Por ahí encuentro a algún dormido que todavía no se amaneció y le vendo todos los números juntos. En este país todavía hay varios que no se cayeron del catre.<br />
Salí de Ezeiza y me tomé un taxi. Apenas subí al taxi empecé a sentir un olor a jaula de mono impresionante. Seré yo, pensé. Me pasé las manos por las axilas y la barba, pero yo no era. Ya me estaba por bajar del taxi pero me dije: Julio, vos te metiste solo en este martes 13 y ahora bancatelá. Acá no hay tu tía. Le dije al tachero que me llevara hasta Callao y Las Heras. Si quería encontrarlo a Borges tenía que empezar a buscarlo por ahí.<br />
Miré por la ventanilla y las calles de Buenos Aires empezaron a rodar por mi memoria. Pucha, qué metejón que yo tenía con la nostalgia. Parecía que andaba bien caliente. Lo único que te pido, Julio, es que no empecés a moquear ahora, por favor. Lo único que te pido. Quedate tranquilo, zonzo. No me voy a poner a llorar. Más te conviene. Mirá que esto es Buenos Aires y ya no estás más en París. Si en Buenos Aires te ven lagrimeando te pueden llegar a comer vivo.<br />
En eso no va que el tachero me dice:<br />
-Vio que lo encontraron a Aramburu.<br />
-¿A quién? –yo dije.<br />
No entendía nada.<br />
El tachero siguió hablando lo más campante.<br />
-Sí, parece que hacía un mes que lo habían matado. Se está poniendo bravo este país. Y son los Montoneros los que lo están poniendo bravo. Ahora yo me pregunto: ¿Qué carajo quieren hacer los Montoneros con este país? Yo no entiendo nada.<br />
Dejé caer la cabeza hacia atrás, con cuota de cansancio.<br />
-Yo tampoco entiendo nada, pibe. ¿Qué querés que te diga?<br />
Vi que el tachero se me puso a mirar por el espejito. Una, diez, cien veces. Parecía que me quería sacar una foto. Dale, pibe, escupí lo que tengás que decir. Animate, preguntame si soy Cortázar.<br />
-¿Usted no es de acá, no? –me dijo por fin.<br />
-Sí, soy de acá, pero hace años que no volvía.<br />
-¡Yo ya me di cuenta de quién es usted! ¡Yo ya me di cuenta! ¡Usted es Cortázar!<br />
-Sí, pibe, soy Cortázar. Pero no levantés tanta pólvora.<br />
El tachero era bien morochito, con mucha melena y barba, como yo. No me sacaba los ojitos de encima. Me sonreía y no paraba más de hablar de cualquier cosa. Yo le decía a todo que sí, que sí. Ya ni me acuerdo de las cien pavadas que me dijo. Al fin llegamos a Callao y Las Heras.<br />
-¿Cuánto te debo, pibe?<br />
-No, don Julio, a usted nadie puede cobrarle nada.<br />
Acepté lo del viaje gratis. Y como el olor a jaula de mono era cada vez más impresionante dentro del taxi me rajé de ahí como rata escapando por tirante.<br />
-Hasta la vista, Sr. Cortázar –escuché que me decía el tachero, cuando cerré la puerta del taxi con tanta fuerza que casi no la hago tripas. Me sentía nerviosísimo. Pero qué olor a jaula de mono impresionante que había dentro de ese taxi.</p>
<p>7-VICTORIA OCAMPO Y SILVINA</p>
<p>Encendí un pucho para sacarme la bronca y empecé a caminar por la Callao. Qué embroncado que estaba yo. Caminaba rápido, dando largas zancadas. La gente empezaba a mirarme. A mí la verdad que no me extrañaba. Yo y mi estatura tan alta les resultaría algo notorio a los porteños, que por lo general son bajitos y morochos. Seguro que se daban cuenta que yo era Cortázar, como se había dado cuenta el tachero. Entonces empecé a apurar cada vez más el paso. Quería encontrarlo a Borges cuanto antes. Parecía un loco del Borda, mirá. En eso no va que escucho que me dicen:<br />
-¿Adónde vas, turrito, tan apurado? ¿Hay que correrte a vos para alcanzarte?<br />
Me di vuelta y sí, eran Victoria Ocampo y su hermana Silvina.<br />
-Muy buenas tardes, señoras hermosas –les dije haciéndoles una reverencia y besándoles a cada una la mano.<br />
Las dos hermanas se entraron a reír de mí.<br />
-Pero éste no cambia más –dijo la Sra. Victoria-. Sigue siendo el mismo turrito de siempre.<br />
-Dejalo que nos baile un poco si quiere –dijo la Sra. Silvina-, si no ves que es un negrito cualquiera. Está igual que en los 50. Siempre el mismo alcahuete.<br />
Yo me puse todo rojo. Me mordí los labios. Pero si me pensaban humillar, entonces me iba a dejar humillar bien hasta el fondo. Como en los 50.<br />
-Por favor, señoras –les dije-. Tengan conmiseración con este pobre miserable que hoy regresó a su patria después de tantos años.<br />
La Sra. Victoria sacó un cigarrillo rubio y le dio otro a su hermana. A mí no me convidó.<br />
-¿A qué volviste, turrito? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Por qué te volviste de París? ¿Ya te cansaste de andar de putas allá?<br />
-A lo mejor se pescó una gripe con alguna francesita –dijo la Sra. Silvina-, y volvió a Buenos Aires para contagiarnos a todos. ¡Como si ya no tuviésemos bastante sífilis en todo Buenos Aires!<br />
Otra vez las hermanas se pusieron a reír a costa de mí. Cuando se enganchaban no podían parar más.<br />
-Volví para verlo a Borges –dije suavemente-. ¿Ustedes no me podrían dar información sobre su paradero?<br />
La Sra. Victoria hizo una enorme pitada y me miró con desconfianza.<br />
-¿Así que lo estás buscando a Georgie? ¿Para que lo estás buscando vos?<br />
-Necesito hablar con él, Sra. Victoria –dije juntando las manos como un buen monaguillo.<br />
-Pero mirá que es un bicho raro éste –le dijo la Sra. Silvina a su hermana-. ¿Para qué lo querrá ver a Georgie?<br />
-Por favor, Sra. Silvina: necesito hablar urgentemente con él. Necesito encontrarlo.<br />
-¿Y con esa ropa sucia y esa barba melenuda te pensás que lo vas a encontrar a Georgie? –dijo la Sra. Victoria-. ¿Decime cuánto hace que no te comprás ropa nueva? Parecés un Montonero vos.<br />
Agaché la cabeza y las lágrimas empezaron a rodar por mi cara. Me sentía un sapo. Una mosca que alguien debía venir a matar.<br />
-Bueno, no llorés, turrito –me dijo la Sra. Silvina-. Que todo esto no es para estar haciendo tanto barullo. Al final parecés una mina de flojo que te ponés. ¿Por qué mejor no te sacás ese sobretodo, si no ves el calor que hace hoy?<br />
Vi que la gente que pasaba por la calle nos miraba. Pero no las miraban a ellas. A las Ocampo. Me miraban solamente a mí. Me dio más vergüenza todavía.<br />
-No, por favor –dije con un hilo de voz-. Ayúdenme a encontarlo a Borges.<br />
Las dos hermanas parecieron compadecerse un poco de mí.<br />
La Sra. Victoria me dijo:<br />
-Está bien, che; no seas tan mariquita. ¡No llorés! Yo creí que vos eras un poco más vivo. Si nos hablás un poco en francés te decimos dónde lo podés encontrar a Georgie.<br />
-Dale, eso –dijo la Sra. Silvina-. Hablanos un poco en francés que a nosotras dos nos gusta. Porque habrás aprendido un poco de francés, me imagino, después de tantos años que estuviste vagueando allá por París. Hablá en francés y después te decimos dónde está Georgie.<br />
Yo empecé a recitar todo de corrido, con el corazón que se me salía por la boca.<br />
-Le conseil estime, que la question proposée soufre de grandes difficultés. Les théologiens posent d´ un coté pour principe, que le bapteme, qui est une naissance spirituelle&#8230;<br />
Y nuevamente las dos hermanas se pusieron a reír de mí. Ahí mismo, sobre la Callao, se abrazaron muertas de risa y empezaron a burlarse otra vez de mí.<br />
-Ves, Silvina, que éste sigue siendo el mismo negrito peronista de siempre –soltaba la Sra. Victoria.<br />
-Es un cabecita negra. Yo siempre te lo dije, Victoria; éste se da vuelta como un panqueque. Como hizo en los 50 para arrimarse a nosotros –reflexionaba la Sra. Silvina.<br />
Yo no dije nada. Esperé en silencio a que las hermanas se cansaran de reírse de mí. Pero me quité el sobretodo porque ya no soportaba más el calor.</p>
<p>8-VICTORIA OCAMPO</p>
<p>Después la Sra. Silvina:<br />
-Bueno, yo ya me voy, Victoria –dijo-. Me tengo que ir a la presentación de un libro de Martha Lynch.<br />
-¿Y me vas a dejar sola con éste? –le reprochó la Sra. Victoria.<br />
-No tengas miedo, Victoria; estás en la Avenida Callao, rodeada de mucha gente. No creo que te vaya a hacer nada.<br />
Entonces intervine:<br />
-Pero discúlpenme, señoras, ¿acaso no me iban a decir ustedes dónde lo podía encontrar a Borges si yo les hablaba algo en francés?<br />
-Pero dejate de joder, che –dijo la Sra. Victoria-. ¿Y a nosotras nos preguntás? ¿Qué sabemos nosotras dónde lo podés encontrar a Georgie?<br />
-Mi hermana te cantó la posta –aseguró la Sra. Silvina-. Es verdad. Nosotras no sabemos nada. La Japonesa María lo tiene siempre bien guardado. A veces lo lleva a Georgie a alguna parte, pero nada más. Lo lleva a Suiza, a Estados Unidos. Lo lleva y después lo trae. Pero ella sola sabe cuándo y cómo. Solamente la Japonesa.<br />
Después la Sra. Silvina sacó de su cartera algo de plata para que me comprara zapatos nuevos. Me dio un par de billetes y me dijo que si me volvía a ver no quería verme con esos zapatos viejos y sucios.<br />
Le agradecí como corresponde y le prometí que en la primera de cambio que tuviera me compraría zapatos nuevos como muestra de mi eterna lealtad hacia ellas y hacia toda la familia Ocampo.<br />
La Sra. Silvina se despidió de su hermana con un fuerte apretón de manos y se hizo agua yéndose en un taxi. De manera que la Sra. Victoria y yo nos quedamos solos, uno frente al otro, sin saber qué decir.<br />
La diferencia de edad nos alejaba muchísimo. Si bien yo empecé a sacar la cuenta de qué buen partido sería para mí si me casaba con la Sra. Victoria. ¡Cuántas puertas que se me abrirían! Basta, Julio, no empecés otra vez. Mirá que sos mandado a hacer para darte manija. Mirá si una vieja de los Ocampo le va a dar bolilla justo a alguien como vos.<br />
Yo qué sé. A lo mejor si la empezaba a apurar un poco la vieja se me prendía como alfiler. La Sra. Victoria me observaba en callado. No te hagás el chiquilín, te mira porque no le decís nada. ¿Qué querés que haga? Además vos te creés que si la vieja anda con ganas se va a fijar en un bicho como vos.<br />
Esta vieja se maneja en otros círculos, frecuentea otros ambientes, otras esferas, y con la billetera que tiene se puede dar el lujo de tener a cualquier pibe de veinte años del interior que venga a Buenos Aires para progresar un poco. Si me acuerdo que decían que se había barrido a toda la facultad de Filosofía y Letras. Hasta al propio indio Tagore se lo fusiló. ¿Para qué te pensás que lo hizo vivir en la casa y gratis? ¿Y esos canapés que levantaba en la casa todas las tardes? ¿Para qué te pensás que eran? ¿Para tomar té inglés y probar galleta criolla? ¿Para decir quién lo había matado a Kennedy o para andar hablando del conflicto de Vietnam? Dejate de jorobar querés. Aterrizá de una buena vez en tu vida, dejá de andar volando que el día menos pensado te van a bajar de un escopetazo. Vos te das manija y después quién te aguanta.<br />
Eso, dejala que se vaya, que se haga la distraída y se vaya sin saludar. Sí, andate, vieja puta. ¿Ahora que tu hermana se fue ya no te hacés más la cocorito divertido? Ahora que estás sola bien que te quedás callada; cuando no estás con tu hermana no te animás ni a levantar una moneda del piso. ¿Por qué no te reís de mí ahora como te reíste hace un rato? Porque sabés que a la primera cosa que digas te dejo tumbada en el piso de un gancho de izquierda. ¿Por qué no me pedís ahora que te hable en francés, vieja oligarca de porquería?<br />
La Sra. Victoria volvió sobre sus pasos.<br />
Se me acercó y me dijo:<br />
-¿Sabés, turrito, quién te puede ayudar a encontrarlo a Georgie? La Rusita Alejandra. Ella y la Japonesa María son muy íntimas amigas. A lo mejor te dice dónde la Japonesa lo tiene a Georgie metido.<br />
Yo ladeé un poco la cabeza.<br />
-El problema, Sra. Victoria, es que yo no tengo la dirección de la Rusita.<br />
-Yo te la doy, no te hagás problema. No vas a empezar a llorar otra vez&#8230;<br />
-Se lo agradezco tanto, Sra. Victoria, tanto&#8230;<br />
Le quise besar la mejilla pero ella no me dejó.<br />
-No es para tanto, che; no te hagás el confianzudo. Tomá, acá tenés la dirección de la Rusita, pero no le digás que yo te la di. Aquélla es medio loca y si se llega a enterar que te di la dirección es capaz de correrme con un cuchillo.</p>
<p>9-EL TURQUITO</p>
<p>Empecé a caminar otra vez solo por la Callao. Me metí las manos en los bolsillos del sobretodo y respiré profundo. Me dirigía a la casa de la Rusita. Estaba como a más de cuarenta cuadras pero preferí ir caminando. Caminaba con un solo pensamiento. Tengo que encontrarlo a Borges. Y lo voy a encontrar. Lo voy a encontrar.<br />
Al final había tenido suerte de encontrarme con las Ocampo. Una me había dado plata para que me comprara zapatos nuevos y la otra me había dado la dirección de la Rusita Alejandra. A lo mejor ésta me podía ayudar. Era amiga de la Japonesa&#8230;<br />
Hacía muchísimo tiempo que no sabía nada de la vida de la Rusita. Sabía que andaba escribiendo poesías y todo eso, pero nada más. Cuando me vea se va a caer de espaldas. No me va a poder creer que estoy en Buenos Aires. Esta Rusita&#8230; Siempre me hacía reír. Me acuerdo cuando se disfrazaba de payaso y se subía a una mesa y empezaba a imitar a los lobos marinos. ¿A ver cómo hacen los lobos marinos, Rusita?, le decíamos todos. Y ella enseguida los imitaba. Una piba bárbara era la Rusita.<br />
Habría caminado unas diez o quince cuadras cuando empecé a sentir otra vez olor a jaula de mono. Tenía toda la frente chorreada de sudor y pensé: Soy yo, otra no queda. Entonces alguien me tocó por el hombro y me di vuelta enseguida. No tardé nada de tiempo para reconocerlo. Era el tachero. Ahora todo me empezaba a cerrar mejor.<br />
-¿Se acuerda de mí, Sr. Cortázar? –me dijo.<br />
Asentí con la cabeza, malhumorado.<br />
-A mí me dicen el Turquito Asís. Y quiero ser escritor, como usted.<br />
Vi que tenía en las manos unas carpetas, unos papeles.<br />
-¿Qué querés, pibe? ¿Vos me estuviste siguiendo? Tené ojo conmigo porque te voy a bajar de un derechazo a la mandíbula, ¿me oíste?, si me entero que me estás siguiendo.<br />
-No, Sr. Cortázar. Yo quería que usted me ayudara. Acá le traigo todas mis obras completas para que las lea.<br />
El Turquito me dio risa; y a mí cuando alguien me da risa me pongo a reír.<br />
-¿Así que vos te pensás que sos escritor? –le dije-. ¿Pero desde cuándo un cabecita negra como vos puede ser escritor? –le dije-. ¿A que no va que sos peronista también?<br />
-No, Sr. Cortázar; yo soy comunista.<br />
-¿Comunista? ¡Pero mandate a mudar! Vos ni debés saber lo que es el comunismo.<br />
El Turquito bajó un poco la cabeza, entristecido. Seguro que no se esperaba una respuesta así. Yo a veces me la daba de cruel.<br />
-¿Entonces no me va a ayudar? –me preguntó.<br />
-Pero pibe, ¿vos no sabés que en la Argentina para ser escritor hay solamente dos caminos: o tener plata o tener un buen apellido? Y vos, Turquito, disculpame, pero un buen apellido no tenés. A-sís. A-sís. ¿Qué clase de apellido es ése? Dejá de macanearte a vos mismo.<br />
-Pero yo tengo plata, Sr. Cortázar.<br />
Y ahí nomás el Turquito sacó un fajo de billetes azules, colorados y marrones. ¡Ah la flauta! Nunca había visto tantos billetes de distintos colores. Enseguida se los agarré y me los metí en el bolsillo.<br />
-Parece que vos y yo nos vamos a llevar bien, pibe –le dije.<br />
El Turquito enseguida me besó la mano.<br />
-Largá, che –le dije-. Mirá que la gente está relojeando.<br />
-No me importa que me vean, Sr. Cortázar –me dijo, y me volvió a besar la mano otra vez.<br />
-Mirá que sos cabeza dura vos –le dije riéndome un poco-. Pero no importa. Pero no importa. Yo te voy a ayudar lo mismo.<br />
Le dije no sé cuántas más macanas. Que se lo iba a presentar a Sábato, que lo iba a hacer ganar en un concurso de novelas en el que yo estaba como jurado&#8230; No me acuerdo cuántas más macanas.<br />
El Turquito decía a todo que sí con la cabeza. Pensaba que conmigo se había sacado la grande. Viste, Julio, viste que en este país hay varios que todavía no se cayeron del catre. Pobre Turquito, tenía la cara toda contenta. Las esperanzas que se estaría haciendo el pibe&#8230; Me insistió para que le agarrara las obras completas pero yo no quise. Después las iba a tener que tirar a la basura y me daba un poco de lástima por el Turquito.<br />
Le dije que tenía muchas cosas que hacer y me mandé a mudar. Casi casi lo dejé hablando solo. Caminé varias casas y cuando me di vuelta el Turquito estaba todavía allá parado, mirándome con esa sonrisa de atorrante que tenía. Nunca más lo volví a ver. Qué sé yo qué le habrá pasado. Habrá terminado de gerente de algún cabaret; seguro. Yo me fui silbando contento; con la plata que le había chamuyado al Turquito más la plata que le había chamuyado a Simone ya tenía como para tirar por dos meses en Buenos Aires.</p>
<p>10-AJEJANDRA Y MININA</p>
<p>Cuando llegué a lo de la Rusita me puse a tocar el timbre. Como nadie me abría seguí tocando. Si no hay nadie en casa no estoy molestando a nadie, pero si hay alguien me van a tener que abrir. La cosa es que yo no sacaba el dedo del timbre. Por ahí veo que abren la puerta y que se asoma la cara desconcertada de la Rusita.<br />
-¿Qué querés, Van Gogh? –me dijo-. ¿Qué te pasa? ¿Tenés brea en el dedo?<br />
-Dejame pasar, Rusita; tenemos que hablar.<br />
Ya la Rusita me estaba por cerrar la puerta en la cara pero yo me le amanecí; puse el pie y tuve que entrar a la fuerza. Caminamos por un pasillo largo y bien angostito. La Rusita me seguía de atrás, puteándome a cada rato y diciendo que iba a llamar a la cana si no me rajaba ya mismo.<br />
-Siempre la misma rufiana vos, Rusita –le dije.<br />
Crucé el patio y entré a la cocina para abrir la heladera. Parecía que tenía una orquesta adentro del estómago del hambre que traía. Y ahora que me acuerdo hacía como dos días que yo no comía nada. Pero la heladera de la Rusita estaba toda vacía.<br />
-¿Por qué no empezás a trabajar y te comprás algo de comida, Rusita? Mirá lo que es este cementerio. Ni siquiera hay una cebolla.<br />
-Callate, Van Gogh, y andate antes que te raje a patadas.<br />
La Rusita me decía siempre Van Gogh porque sabía que yo había vivido en París. Y como Van Gogh había sido amigo de Gauguin se pensaba entonces que Van Gogh también había sido francés. Yo no la quería sacar de su ignorancia a la piba y la dejaba nomás que me dijera Van Gogh todo lo que quisiera. Pronunciaba Van Gogh como si fuera un apellido bien francés, acentuando muchísimo la O. Además si le hubiese dicho la verdad, a lo mejor a la Rusita le hubiese entrado una vergüenza bárbara, porque aunque era una piba ordinaria también es verdad que era muy orgullosa. Había leído casi veinte libros enteros  y se daba aires de no ser una ignorante. Quizás sacó de alguno de esos mismos libros eso de que Van Gogh y Gauguin habían sido amigos. Ella también vivió en París algunos años.<br />
Miré para todos lados y le dije:<br />
-¿Por qué no limpiás un poco acá? Esto es todo una mugre. No te vas a herniar si agarrás un día una escoba y un balde.<br />
-¿Sabés qué pasa, fantoche? –me respondió con un dejo de ironía-. La menestrala hace días que no viene y yo ando muy ocupada con mis cachibaches.<br />
Nos reímos un poco. Siempre me hacía reír la Rusita.<br />
Después la Rusita se puso seria y mirándome a la cara me dijo:<br />
-No, en serio, pimpollo; te vas a tener que ir. No estoy sola.<br />
Encendí un pucho y le contesté.<br />
-Sí, ya sé que no estás sola. Apenas entré acá adentro me di cuenta que tenés a alguien metido en la pieza. Por mí podés decirle que salga, que ya sé quién es.<br />
La Rusita sintió que yo le estaba cascoteando el rancho.<br />
-A ver, gandul –me dijo-, ya que sos tan inteligente y te las sabés todas, decime, a ver, ¿a quién tengo adentro de la pieza?<br />
Agarré una cartera que estaba tirada en un rincón del piso y le tapé la boca.<br />
-A Silvina Ocampo –le dije-. Esta cartera es de ella. ¿O me equivoco, Rusita? ¿Decime a ver si me equivoco?<br />
La Rusita soltó una carcajada enorme.<br />
-¡Pero mirá que habías sido vidente vos! –me dijo-. ¿Cómo hacés para sabértelas todas? ¡Parece que comiste mucha polenta allá en París!<br />
La Rusita se rascó un poco la cabeza y después levantó un poco más la voz.<br />
-Salí, Minina, que acá ya te engranparon. Van Gogh ya sabe que estás acá.<br />
Entonces vi cómo la Sra. Silvina aparecía con la vista baja. Al parecer no podía mirarme a los ojos.<br />
-Por favor, Sr. Cortázar –murmuró-; no vaya a decirle nada a mi marido que me encontró aquí. Se lo suplico. Bioy se moriría si se llegara a enterar de esto.<br />
Yo no sé si fue el hecho de que me llamara Sr. Cortázar o me dijera se lo suplico, pero lo cierto es que enseguida sentí que me subía como fuego a la cabeza, que estaba que echaba chispas de la rabia que tenía y que pensaba descargarla toda contra la Sra. Silvina. Ella sola pagaría todos los tragos amargos que me habían hecho tragar por la tarde ella y la puta de su hermana. Vamos a ver ahora quién hace de león y quién hace de conejo. Vamos a ver ahora quién es más cabecita negra. Quién es el mismo negrito peronista de siempre. Quién se da vuelta siempre como un panqueque. Vamos a ver.</p>
<p>11-ALEJANDRA Y MININA</p>
<p>Me acerqué a la Sra. Silvina boqueando humo y pavoneándome como un rey.<br />
-No se preocupe, Sra. Silvina –le dije chiquito-. Yo no pienso abrir la boca.<br />
Y ahí nomás le pegué un trompazo tan fuerte en la cara que la hice caer al piso.<br />
-¡Minina! –gritó la Rusita. Y se fue corriendo a abrazarla y consolarla.<br />
La Sra. Silvina lloraba. La Rusita la besaba entre los cabellos.<br />
-Pero mirá que resultaste misógino vos, Van Gogh –me dijo la Rusita-. ¿Por qué le pegaste?<br />
-Por favor, Alejandra –le dijo la Sra. Silvina-. Decile que no me golpee más.<br />
Yo dije:<br />
-Mejor decile a la perdularia esta que no llore tanto que le pegué con la mano abierta.<br />
Yo caminaba de un rincón a otro golpeándome los puños, como si fuera un boxeador que espera que el otro se levante para darle el golpe de gracia. Le quería hacer besar la lona. Acá había que saldar cuentas y yo las pensaba saldar todas y bien saldadas.<br />
-Decile que se pare, Rusita –dije-, que tengo que hablar con ella.<br />
-No, no –dijo la Sra. Silvina sollozando-. No me voy a parar. Usted parece el niño Miles por lo malvado.<br />
-Quedate tranquila, Minina –dijo la Rusita-. Yo te voy a defender. Vos quedate acá quietita conmigo que no te va a pasar nada. A ver si éste se piensa que yo voy a dejar que le peguen a una mina mía.<br />
La Rusita la oprimió más contra su pecho. Le secó las lágrimas.<br />
-Pero decime una cosa, Van Gogh –me dijo después- ¿se puede saber a vos quién te dijo adónde vivía yo?<br />
-La Sra. Victoria, la hermana de ésta –le largué.<br />
-Esa vieja malaleche –rezongó la Rusita-. Ves, Minina, tu hermana no quiere que vos y yo andemos juntas. Nos mandó al tararira este para que nos arruine la siembra.<br />
Yo seguía caminando de un lado para otro, pitando siempre el mismo pucho. Andaba hecho un Bonavena.<br />
-¡Sí! –dije-. ¿Y por qué no le preguntás, Rusita, por qué no le preguntás cómo me trataron hoy la hermana y ésta? Me dijeron turrito, alcahuete, negrito cualquiera, sifiloso, ropa sucia&#8230; Hasta ésta me dijo que me comprara zapatos nuevos&#8230; Me hicieron sentir como sapo de otro pozo.<br />
-Yo le tengo que pedir a usted miles de disculpas, Sr. Cortázar –dijo la Sra. Silvina-. Yo sé que mi hermana y yo nos comportamos muy mal hoy con usted.<br />
-¿Pero quién le dio permiso a ésta para que me hable? –dije yo.<br />
Ahí nomás me entró a subir otra vez fuego en la cabeza. Me agaché y le di una trompada. Le deje un ojo todo morado. No sé por qué al punto me acordé del gordo Guantesnegros. La Sra. Silvina empezó a llorar otra vez, pero esta vez daba más lástima.<br />
Entonces la Rusita, que era petisa y yo soy muy alto, se me plantó enfrente como si fuera Platero.<br />
-La volvés a tocar otra vez y te mato, Van Gogh. Te mato. –Me amenazó-. Esta vez va en serio. Mirá que conmigo no se jode.<br />
-Buef –dije. Y reculé un poco. Con la Rusita no me podía estar exponiendo. Amainé un poco para que se me calmara. Bajé los humos.<br />
-Y vos, Minina, no seas zonza y dejá ya de llorar, que éste no te va a pegar más.<br />
-Alejandra, decile que no le cuente nada a mi marido.<br />
-Vos le llegás a contar algo a Bioy de esto y yo te acogoto. ¿Me escuchaste? Te juro que te acogoto.<br />
-Ta´ bien, ta´ bien –dije-. Pero si no quiere que le cuente nada al marido que me diga entonces dónde lo puedo encontrar a Borges. Porque yo no le creo nada a ésta que no sabe dónde está Borges.<br />
La Rusita estalló por completo.<br />
-¡Cómo rompés las pelotas con ese viejo de mierda! ¡Hace de hoy que lo estás buscando! ¡Para que lo estás buscando decime!<br />
Me encogí de hombros.<br />
-Yo tengo mis motivos personales, Rusita. ¿Qué querés que te diga?<br />
Y seguía caminando de un lado para otro. Mirá que andaba embalado. Me había caminado más de cuarenta cuadras, no había comido nada ese día y seguía haciéndome el guapo con la Rusita. Para mí que yo tenía algo roto adentro de la cabeza para que todo esto estuviera sucediendo.<br />
-Es tarde –dijo la Sra. Silvina-. Yo me tengo que ir, Alejandra. Bioy va a llegar a casa y yo no voy a estar. Va a entrar a sospechar. Me tengo que ir.<br />
La Sra. Silvina se puso de pie.<br />
-Hasta que no me diga dónde está Borges, ésta no se va de acá. No se va a ningún lado hasta que no me diga dónde está Borges.<br />
Y me puse en el medio de la puerta para interrumpir cualquier tipo de huida.<br />
-Pero sí, Minina, dale la dirección de ese viejo así éste se deja de joder. Porque parece que va a estar todo el año jodiendo con esto.<br />
La Sra. Silvina agarró su cartera y extrajo de allí una tarjeta azul con la dirección de Borges. Por fin.<br />
-¿Ahora estás contento, Van Gogh? –me dijo la Rusita.<br />
Yo me dejé caer triunfal en una silla con la tarjeta en la boca.<br />
No le respondí nada.<br />
-Me voy, Alejandra –dijo la Sra. Silvina.<br />
-Bueno, ¿pero ahora cuándo vas a venir, Minina?<br />
Las dos salieron al patio. La Rusita la acompañó hasta la puerta. Habrán tardado unos quince dieciséis minutos en despedirse. Después la Rusita volvió a la cocina con una cara un poquito más alegre. Me miró con aire cómplice y desfachatado, como hacía algunas veces cuando estábamos solos.</p>
<p>12-ALEJANDRA</p>
<p>-Dame un pucho, Van Gogh –dijo la Rusita.<br />
Yo se lo di y hasta se lo encendí.<br />
-Le hiciste agarrar un julepe bárbaro a Minina –dijo la Rusita-. Recién en la puerta me dijo que tenía miedo de que la molieras a palos. Mmm&#8230; Y yo también. Cuando te vi cómo la encaraste pensé: Este la va a moler a palos. Pobre Minina&#8230; Se asustó.<br />
La Rusita se entró a reír con fuerza.<br />
-¿Viste cómo me decía, Van Gogh? “Defendeme, Alejandra, defendeme. Que no me pegue más. Defendeme, defendeme”<br />
La Rusita le imitaba la voz y se tentaba más todavía y se reía.<br />
Pero yo estaba serio.<br />
-Yo pensé que vos estabas del lado de ella –le dije.<br />
-¡Avisá, Van Gogh! ¿Si no viste que te guiñé un ojo en medio del quilombo?<br />
-¿Cuándo me guiñaste un ojo vos?<br />
-¡Recién! ¿No te diste cuenta? Cuando te dije que te iba a acogotar ahí te guiñé un ojo.<br />
-Yo no vi nada, Rusita –respondí todavía serio.<br />
Nos quedamos callados un rato.<br />
Después la Rusita se puso a reír otra vez.<br />
-“Defendeme, defendeme. Decile que no me pegue más”. Y vos que andabas embalado como un tren. Te piantabas de un rincón a otro y decías siempre: “Que se pare, decile que se pare”. Mirá que estabas hecho un Bonavena.<br />
Entonces los dos nos entramos a reír a las carcajadas.<br />
-¡Y claro! –exclamó la Rusita-. ¿Vos cuánto medís, Van Gogh? ¿Dos metros? ¡Claro! La otra te habrá visto tan alto que pensó que la ibas a matar.<br />
Yo me puse otra vez serio.<br />
-¿Cuánto hace que salís con esa tipa, Rusita?<br />
-Yo qué sé. Ni me acuerdo. ¿Por?<br />
-No sé. Me da asco lo que hacés. Dos mujeres juntas&#8230;<br />
-¡Dale, no seas carátula, Van Gogh! ¿Y vos qué hablás? ¿Vos no te la pasás yendo a ver peleas de box?<br />
-¿Y eso qué tiene?<br />
-Que los que van a ver box son todos unos putos, Van Gogh. ¿Si no viste cómo gritan todos? “¡Pegale, negro, pegale. Matalo!”. Sí, los que van a ver box son todos putos. Hay que matarlos a todos.<br />
La Rusita apagó el pucho y me pidió otro.<br />
-No pero en serio, Van Gogh. No le vayas a contar al marido de la Minina nada de esto. Y tampoco le contés nada a Borges. Mirá que Bioy y Borges son como carne y uña. Vos chitón por las dudas.<br />
-Ya sé, ya sé; no voy a decir nada.<br />
La Rusita se me puso a mirar con detenimiento.<br />
-¿Y vos para qué volviste a Buenos Aires? Mirá que este país se está poniendo cada vez más bravo.<br />
-Preciso verlo a Borges –dije bajando los ojos.<br />
-Sí, ya Minina me contó. Me dijo que las estuviste jodiendo dos horas preguntándoles por Borges. ¿Para qué lo querés ver a ese viejo andrógino? Ya ése tiene la cabeza en otro mundo. Ni sabe lo que dice. ¡A ése tendrían que matar los Montoneros! ¡A ése!<br />
-Me dijeron que la Japonesa María lo tiene siempre bien guardado&#8230;<br />
-¿Quién te dijo eso?<br />
-La Sra. Victoria.<br />
-¡Pero y ésa qué sabe!&#8230; ¿Qué más te dijo la vieja?<br />
-Que vos y la Japonesa María eran amigas muy íntimas; pero que yo no te dijera a vos que ella me lo había dicho; porque si no vos la ibas a correr a ella con un cuchillo.<br />
La Rusita se puso a reír otra vez.<br />
-Sí, y tiene razón. Le voy a dar un guadañazo en la cabeza cuando la vea.<br />
-¿Y es cierto eso, Rusita?<br />
-No, mirá si le voy a dar un guadañazo&#8230;<br />
-No, yo te decía si es cierto que vos y la Japonesa María son amigas íntimas.<br />
-Mirá, Van Gogh; una se la rebusca de dónde puede. Hoy la tengo a esta tipa Minina, pero el día de mañana quién sabe.<br />
Yo bajé otra vez la mirada. No me gustaba nada lo que hacía la Rusita. Era verdad. Me daba asco.<br />
La Rusita se empezó a comer las uñas. Era señal que me tenía que ir. Metí las manos en los bolsillos del sobretodo y me paré para irme.<br />
-¿No tenés algo de plata para prestarme, Van Gogh? –me dijo rapidito.<br />
-No, disculpame, Rusita; ando como un matambre. No tengo nada.<br />
-¿Y la guita que te dio Minina para que te comprases zapatos?<br />
-Si apenas me dio dos pesos&#8230; Además necesito plata para ir a lo de Borges. No me voy a ir caminando hasta allá y con las manos vacías.<br />
Se quedó haciendo pucheros la Rusita.</p>
<p>13-BORGES Y LA JAPONESA MARIA</p>
<p>Eran como las tres de la madrugada. Saqué del bolsillo la tarjeta azul que me había dado la Sra. Silvina con la dirección de Borges y me quedé mirándola un buen rato. Después empecé a caminar por la calle, buscando alguna avenida donde pasaran más taxis. No había un alma en la calle. Pesqué justo un taxi y fui directo a la casa de Borges. No quiero dar la dirección ahora por las cosas que la Japonesa me dijo después, por si acaso. No vaya a ser cosa que me madrugue algún día con una barbaridad. Pues bien. Mientras iba en camino me venía al recuerdo la sabia sonrisa de Borges y para entretenerme un poco me puse a hacer anagramas con su apellido. Gobres. Orsegb. Esrobg. Bregos. Sbeorg. En fin. Llegué a la casa.<br />
Contrariamente a lo que me esperaba me abrió la puerta el propio Borges. Allí estaba de pie ante mí. Sentí un nudo en la garganta. No sabía qué hacer. No sabía si salir corriendo o qué. Me puse muy vergonzoso.<br />
-Beso su mano, maestro –le dije por fin.<br />
-Pase, Cortázar, pase –me dijo-. Lo estaba esperando. Sé que anduvo todo el día preguntando por mí.<br />
-Necesitaba verlo urgente, maestro, urgente.<br />
-Ya me va a contar a su debido tiempo lo que me vino a contar –dijo Borges pausadamente-. Ahora vamos donde María, que estamos cebando mates. ¿Uste´ toma mate, Cortázar?<br />
-Dulces y ricos, maestro –le respondí-. Como usted me enseñó.<br />
Borges sonrió un poco.<br />
-¿Hace un poco de frío ajuera, no? –me preguntó después-. Se me hace que va a caer escarcha. Eso no e´ gueno pa´ la cosecha.<br />
Me tomó del brazo y me guió. Yo sentí sus dedos en mi carne como si fueran alfileres helados. Me llevó donde María.<br />
A la luz de unas velas la Japonesa se estaba cebando un mate. Apenas me vio se levantó y me estrechó la mano con firmeza.<br />
-Es un placer verla, Sra. –le dije, y le besé la mano.<br />
-Cómo le va, Julio –dijo la Japonesa-. Lo estábamos esperando y pensamos que ya no venía.<br />
La Japonesa era totalmente distinta de las mujeres que yo había conocido en mi vida. Ella era educada, solemne y callada.<br />
Borges parecía contento con mi llegada. Se hamacaba sonriente sobre la planta de sus pies.<br />
Después dijo:<br />
-Si yo justamente le andaba diciendo a María hace un rato: Se me hace que Cortázar ya no viene, María. Para mí que no viene. Se debe haber quedado malparao´ en alguna parte y se ve que no quiere asomar ni la cara por acá. Pero yo decía: Y bueno, si el hombre no quiere venir que no venga ¿no? Cada hombre en esta vida tiene que ser dueño de su camino y decidir adónde lo van a lleva´ sus paso´. ¿O no es así, Cortázar?<br />
-Es así, maestro, es siempre así como usted dice.<br />
Borges giró sobre sus talones y se puso a cebar mates. Yo me alegré porque por lo menos con unos mates me iba a engañar un poco al estómago.<br />
Los tres nos sentamos al amor de las velas y el primer mate Borges lo cebó para la Japonesa.<br />
-Tómese un mate, María –le dijo-. Ta´ calientito, tenga cuidao´, María. Y dígame, Cortázar, ¿qué anda haciendo uste´ por Buenos Aires? ¿O me va a decir que lo engatusó la nostalgia allá en la tierra de los gringo´?<br />
-Necesitaba hablar con usted, maestro –le dije-. De manera urgente.<br />
-Importante cosa habrá de se´ si de tan lejos vino para habla´ -dijo Borges-. Un hombre no deja su rancho y su hacienda así porque sí. A ve´ vamos a ver qué necesita hablar uste´ conmigo tan aurita mesmo.<br />
Ahí yo me quedé mudo. No sabía qué decir ni para dónde arrancar. Ensayé mentalmente un par de preguntas posibles y al final me decidí por una.<br />
-Maestro –le dije-. ¿Qué opina usted del asesinato de Aramburu?<br />
Ahí intervino enseguida la Japonesa.<br />
-Eso se trata de un plan macabro, Julio –dijo la Japonesa-. Un plan macabro ideado por Montoneros, que consiste en una serie de asesinatos por orden alfabético. Ya lo ve usted mismo, Julio. Empezaron por la A. Ahora viene la B. El siguiente asesinado será entonces Borges. Y después usted, Julio. La C. Es una conspiración macabra que se está tejiendo en los sótanos de esta ciudad. Esos conspiradores&#8230;<br />
Me llevé la mano a la boca movido por el espanto.<br />
-María tiene razón –dijo Borges.<br />
-Pero maestro –yo dije-, ¿por qué quieren matarlo a usted?<br />
-Por su antiperonismo en los 50 –dijo la Japonesa-. Borges siempre fue antiperonista en los 50 y ahora se lo quieren hacer pagar. Pero esta gente ignorante no sabe por qué Borges se hizo antiperonista en los 50. ¿Usted acaso lo sabe, Julio?<br />
-No, Sra. –respondí.<br />
-Mire –contó la Japonesa-, yo le voy a contar a usted una historia, Julio. Cuando Borges era joven, su padre, el padre de Borges, lo mandó a una pensión de la Boca para que le diera una plata a un amigo. Que andaba en desgracia. ¿Me recuerda el nombre del amigo de su padre, Borges?<br />
-Macedonio –dijo Borges.<br />
-Macedonio –repitió la Japonesa-. Pues bien. Resulta ser que este Macedonio vivía en una pensión pobrísima y poblada de piojos. Y cuando Borges llegó a esta pensión para darle la plata a este Macedonio, Macedonio apenas lo vio le agarró la plata enseguida, y encima lo hizo entrar a la pensión.<br />
Borges asintió con la cabeza.<br />
-Y ahí usted no sabe, Julio –dijo la Japonesa-, la cantidad de gente del norte que vivía: de Formosa, de Tucumán, de Jujuy, Salta, Chaco, Misiones, los catamarqueños y los puntanos, los mendocinos y los entrerrianos, los correntinos y los pampeanos. Muchísima gente del interior toda amontonada. Y no sabe usted la cantidad de gente que había allí. Nunca había visto Borges tantas cabecitas negras en un solo lugar. Y además en un lugar tan sucio, tan lleno de suciedad; había olor por todas partes; un olor terrible, inexplicable; un olor a &#8230;<br />
- &#8230;a jaula de mono –yo dije.<br />
-Exacto, Julio –dijo la Japonesa-. Entonces después de haber visto eso en su juventud, ¿cómo el pobre no se iba a hacer antiperonista? Ya en el 45 Borges se hizo antiperonista, cuando apareció ese nazifascista saludando en el balcón y todos esos descamisados que se lavaban las patas en la Fuente. ¿Entonces cómo Borges no se iba a hacer antiperonista? Dígame.</p>
<p>14-BORGES Y LA JAPONESA MARIA</p>
<p>Borges me cebó un mate.<br />
-Tiene que ponerle un poco más de yerba, Borges –le dijo la Japonesa-. Está muy aguachento.<br />
La Japonesa me arrebató el mate y chupó la bombilla.<br />
-Está muy aguachento –dijo haciendo un gesto de asco-. Póngale más yerba.<br />
Borges se dedicó a ello con ambas manos.<br />
-Maestro –yo dije-, ¿y saben los otros intelectuales del país que a usted lo quieren matar?<br />
-Lo saben perfectamente –dijo la Japonesa-. Pero se hacen los distraídos, los que no saben nada. ¡Claro! En los 50 ser antiperonista y estar cerca de Borges era lo más conveniente. Pero ahora la tortilla se dio vuelta y los que antes se arrastraban para estar al lado de Borges ahora es como que se hacen bien los sordos. Pero bien que en los años 50 bien que se arrastraron. Y no lo digo por usted, Julio, no me malinterprete.<br />
-No, Sra., ya lo sé. Yo siempre voy a ser leal a mi maestro.<br />
-Eso Borges lo sabe y yo también lo sé y se lo agradecemos. Pero usted no sabe qué ingrata que es la gente. Y en este negocio de la literatura todavía mucho más. Si hasta incluso hay varios escritores que ya se pronunciaron como antiborgeanos, aunque usted no me quiera creer.<br />
Borges estaba con la cabeza gacha. No decía nada. Pero a mí Astor Piazzolla me había dicho años atrás la verdad sobre el origen de Borges. La cosa era que Borges era adoptado, que sus padres habían sido un gaucho de Entre Ríos y una india misionera, y que lo habían dejado en la puerta de la familia Borges cuando el niño tenía ocho o nueve años. Por esto era que el padre de Borges lo había encerrado en su biblioteca y lo había hecho leer tanto de chico, para que se le sacara un poco de su origen salvaje al pibe. Y por esto mismo era también que Borges odiaba tanto a los cabecitas negras de pelo duro, porque le recordaban mucho a sus verdaderos padres que lo habían abandonado. Me lo contó Astor Piazzolla y yo no tengo por qué no creerle.<br />
Borges me cebó otro mate y yo ahí le pregunté:<br />
-Maestro, ¿le puedo hacer una pregunta un poco difícil?<br />
-Pregúntele lo que usted quiera, Julio –dijo la Japonesa.<br />
-Maestro, yo me pregunto&#8230; ¿por qué usted siguió siendo antiperonista después de los bombardeos de junio del 55? Allí en la Plaza murió mucha gente inocente, gente que no era peronista.<br />
“Jaque”, pensé.<br />
-¿Adónde quiere llegar con esa pregunta? –dijo la Japonesa.<br />
-A ninguna parte, Sra. Pero lo cierto es que murieron más de doscientas personas y que no todas eran peronistas.<br />
“Doble jaque”, pensé.<br />
-Eso no es cierto, Julio –dijo la Japonesa-. ¿De dónde sacó eso que los muertos no eran todos peronistas?<br />
-Yo solo repito lo que me dijeron, Sra.<br />
A la Japonesa le cambió el rictus. Se puso azul de la rabia.<br />
-Entonces usted está repitiendo mal, Julio –me dijo la Japonesa con una voz tan ácida que a mí me entró a dar miedo-. El que le dijo eso lo engañó. Los muertos de la Plaza fueron todos peronistas y se acabó. ¿Me escuchó?<br />
Me empezaron a temblar las rodillas.<br />
-No es lo que a mí me dijeron, Sra. –dije con apenas un hilo de voz; y hasta el día de hoy no puedo entender de dónde saqué la fuerza para decirlo.<br />
-¿Usted me está desafiando, Julio? –dijo la Japonesa-. ¿Usted me está diciendo que yo le miento?<br />
-No, Sra., no&#8230; –balbucí.<br />
Tenía lágrimas en los ojos y al cerrarlos empezaron a rodar por mis mejillas.<br />
-Los muertos de la Plaza fueron todos peronistas y se acabó –repitió la Japonesa-. ¿Me escuchó, Julio?<br />
-Sí, Sra., perdonemé&#8230; Yo lo único que hice fue repetir lo que alguien me dijo. Si usted sabe que a mí nunca me interesó la política y que siempre estuve en contra de Perón.<br />
-¡Perón fue un cobarde! –dijo la Japonesa-. Y se escapó del país como un cobarde. Vio que la Libertadora le bombardeó la Plaza y no hizo nada. ¿Pero por qué usted le viene a preguntar ahora a Borges por los bombardeos del 55? ¿Acaso Borges se subió arriba de los tres aviones y empezó a soltar bombas sobre la Plaza?<br />
Yo negué con la cabeza.<br />
Al ver la Japonesa que yo estaba completamente indefenso amainó un poco. Endulzó la voz y sentándose cerca de mí me tomó las manos y me dijo:<br />
-Usted es un hombre ingenuo, Julio. No tendría que creer todo lo que escucha por ahí. Hay gente en este país que cuenta la historia solamente como a ellos les conviene. Así se aprovechan de incautos como usted, Julio. Hágame caso. Váyase de este país y no ande hablando más con cualquiera. Hágame caso. Y discúlpeme si lo hice llorar, pero usted me obligó a que le gritara. ¡Mire también lo que viene usted a preguntar! ¿Y quién le dijo eso que murieron doscientos peronistas en la Plaza? Mire, no llegaron a matar ni siquiera a cincuenta; ni siquiera a veinte, mire lo que le digo. Por eso, Julio, hágame caso. No crea todo lo que le digan por ahí y no ande hablando más con cualquiera. Se lo digo por su bien, Julio, porque usted me interesa.<br />
La Japonesa me dio un pañuelo para que me sonara la nariz.<br />
-Gracias, Sra. –le dije secándome las lágrimas con el puño del sobretodo-, pero yo no me voy a perdonar en mi vida por haberle refutado a usted la palabra&#8230; después de todo lo que ustedes hicieron por mí&#8230;<br />
Miré en dirección a Borges y vi que estaba dormido. Se había dormido cebando mates. La Japonesa entonces se escupió las yemas de los dedos y apagó algunas velas. Después se fue a la cocina a calentar más agua para el mate. Yo no me quería ir todavía. Quería esperar a que Borges se despertara para que siguiera contestando a mis preguntas.</p>
<p>CORTÁZAR  2da. VUELTA</p>
<p>1-BUENOS AIRES DE AMORES PERDIDOS</p>
<p>Yo me había despertado a las siete de la mañana porque tenía que encontrarme con la Rusita a las once y media. En la esquina de Canicóbal Corral y Coronel Quijana. No desayuné nada porque hacía mucho calor y a mí el calor me da agobios. Además me da acidez tomar algo en ayunas. El día que me esperaba. Eran las siete de la mañana y el calor ya era de 36. Me puse los zapatos, la corbata y salí disparado para no llegarle tarde a la Rusita.<br />
Más bien que tenía tiempo hasta las once y media, pero yo me quería ir caminando. Ya veo que la Rusita me había citado para decirme cualquier pavada. Ya me la veía venir. Quería que la acompañara hasta la casa de la Sra. Silvina. Y yo para hacerme el vivo me le prendí y le dije que sí. Qué tenía que estar haciendo yo en medio de esas dos.<br />
La Sra. Silvina la había dejado en banda hacía seis meses y no le quería recibir ni las cartas. Pero la Rusita le insistía, por qué, qué pasó, yo qué te hice. Siempre le estaba insistiendo. Hasta le escribía poemas en la revista. Una vez hasta la amenazó con un cuchillo. Armó un escándalo en Pompeya. Le dijo que la mataba si no volvía con ella. O que se iba a matar ella si no.<br />
La Rusita le dejó un tiempo para que lo razonara bien tranquila. Para que se atuviera a las consecuencias. La amenazó también que lo iba a matar a Bioy si la dejaba.<br />
Para mí que la Sra. Silvina le había puesto algo en el café con leche a la Rusita. Algo le habría puesto para que la Rusita le siguiera arrastrando el ala después de seis meses. Si no se empachaba nunca de escribirle cartas y poemas en la revista. Ahora que lo pienso, me parece que la Rusita estaba más enconchada de lo que yo pensaba con la Sra. Silvina.</p>
<p>2-ALEJANDRA Y DOS PIBES</p>
<p>Llegué a Canicóbal Corral y Coronel Quijana una hora antes de las once y media. Pero igual la encontré a la Rusita. La encontré hablando con dos pibes de diez años y fumando un cigarrillo. Apenas me vio que llegaba los despachó enseguida y los dos pibes se fueron caminando ligerito por Coronel Quijana.<br />
-Llegaste antes de tiempo, Van Gogh –me dijo la Rusita-. Mejor. Así vamos más rápido a la casa de la Minina.<br />
El sobretodo y los zapatos me estaban haciendo chorrear todo de transpiración y yo no andaba con ganas que una tipa como la Rusita me quisiera pasar por arriba.<br />
-No te pasés de viva, Rusita –le dije-. ¿Quiénes eran esos pibes?<br />
-¿Qué pibes? Nadie –me dijo con una risa chiquita.<br />
-¿Así que nadie? ¿Y por qué los despachaste entonces apenas me viste? ¿Te creés que no me di cuenta? ¿Quiénes eran esos pibes, Rusita? ¿En qué andás?<br />
-En nada, Van Gogh; ¿en qué querés que ande? Son dos pibes de diez años. Se fueron porque se tenían que ir a comprar unas bicicletas.<br />
Sentí que la Rusita me estaba engrupiendo. Encendí un pucho porque me embroncaba mucho que me quisiera engatusar.<br />
-Vos andás en algo raro –le dije-. ¿O qué te pensás, que nací ayer? Decime la verdad, ¿quiénes eran esos pibes?<br />
La Rusita me miró levantando las cejas y abriendo la boca.<br />
-¡Bueno che! Ya tres veces me preguntaste lo mismo. ¡Yo qué sé quiénes eran esos pibes! Estaban en la esquina y me empezaron a hablar. Y después se fueron a comprar unas bicicletas. ¿Qué te pensás, que trabajo de monedero falso?<br />
-Vos hacé con tu vida lo que quieras –le dije-, pero a mí no me vayás a meter en ningún estropajo tuyo. Mirá que no tengo ganas de estar en cruce con la Policía.<br />
La Rusita se entró a reír.<br />
-Quedate tranquilo, Van Gogh. Si vos no decís nada no te va a pasar nada. Vos hacé de cuenta que no viste nada.<br />
-Yo voy a hacer de cuenta que no vi nada –le dije-. Pero después no quiero a la Policía golpeándome un día la puerta de la casa. ¿Me escuchaste, Rusita? ¿Se entendió bien? ¿O hay que seguir echando más leña al fuego para aclarar mejor el asunto?<br />
-No, Van Gogh, se entendió. No va a pasar nada. Vos hacé de cuenta que no viste nada.</p>
<p>3-ALEJANDRA Y CANICÓBAL CORRAL</p>
<p>Yo seguía transpirando la gota gorda. Así que me desajusté la corbata un poco.<br />
-¿No tenés calor con el sobretodo? Mirá que hoy hace calor. Te vas a deshidratar así. Estás todo colorado como un gringo borracho. Parecés uno del campo. Para mí eso es lo que te pasó a vos. Te habrás insolado y ahora estás empezando a decir pavadas. ¿No ves que ves gato encerrado en cualquier cosa?<br />
Me empecé a poner chinchudo. Ya el aire sobrador y arrabalero de la Rusita me estaba cansando.<br />
-¿Para qué me hiciste venir hasta acá, Rusita? ¿Vos te pensás que yo no tengo nada que hacer? –le dije para pararle un poco el carro. Estaba listo si la Rusita se iba a empezar a poner cargosa. Le quería poner el freno de mano ahí nomás.<br />
-Quiero que me acompañés hasta la casa de la Minina –me dijo-. Es acá cerca, entre Chiclana y Leopoldo Lugones.<br />
-¿Y por qué no te vas sola?<br />
-Porque no me gusta caminar sola por la calle. Me entra a dar vergüenza.<br />
-Yo te acompaño –le dije-, pero guarda de andar haciendo otra vez alguna barbaridad. No te </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2009/01/25/cortazar-alineado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Cortázar alineado</title>
		<link>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2008/11/17/cortazar-alineado/</link>
		<comments>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2008/11/17/cortazar-alineado/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 17 Nov 2008 21:50:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>tristam</dc:creator>
		
		<guid isPermaLink="false"></guid>
		<description><![CDATA[CORTÁZAR 3ra. VUELTA
1-1971
Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese que siempre hay. Pero me tuve que pasar [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CORTÁZAR 3ra. VUELTA</p>
<p>1-1971</p>
<p>Vos sabés bien qué me pasaba. Yo andaba medio tristón porque el año 71 me había madrugado en Buenos Aires. Y yo hacía ya seis vueltas de calesita que me quería volver a París. Extrañaba esas callecitas humedecitas que tiene y todo el revuelo ese que siempre hay. Pero me tuve que pasar el 24 y el 31 en Buenos Aires. Solito con hambre y sin nadie que me preste.<br />
La peor noche fue la del 31. Me la pasé con el pañuelo en la cara. Me puse a hacer lo que más me gusta hacer en la vida. Me entré a dar lástima de mí mismo. Me acordaba de todo lo que había sufrido de chico. De lo solo y sin papito que me había criado. De cómo se me burlaban en el colegio por cómo yo pronunciaba las r y las g. De la primera novia que me había dejado en Parque Lezama.<br />
Empecé el 71 tirado en la cama y seco como un matambre. Escuché varios discos de jazz y me fumé dos atados. Tenía los pulmones hechos una miseria pero me daba lo mismo. Quería estropearme todavía más la vida. Lo que pasa es que yo estaba enojado con la Embajada de Francia.<br />
No querían habilitarme la plata para el pasaje de regreso a París. Iba todas las mañanas a la Embajada y no me daban nunca una buena respuesta. Yo les decía que tenía la doble ciudadanía y que me dejaran salir de Buenos Aires. Pero ellos me porfiaban que yo tenía que esperar a que pusieran mis papeles en orden para darme el pasaporte. Al final tuve que pasar el año nuevo en Buenos Aires, con el chiste que eso a mí me hacía.<br />
Nunca me gustaron “el primer día del año”. Siempre me ponían nostalgioso. Para colmo ese primero de enero hacía un calor de los cien indios. Decidí no quedarme en casa. Me iba a poner más enojado si me quedaba en casa encerrado.<br />
A la una de la tarde salí a la calle y empecé a caminar por la Vicente López hacia el centro. No había una sola alma en la calle. Hacía un calor de más de 40. Seguro que todos estarían durmiendo la siesta de la sidra y el clericó. Como andaba cerca de la casa de Borges lo quise ir a saludar. A lo mejor la Japonesa me prestaba algo de plata para aligerar los trámites en la Embajada.</p>
<p>2-BORGES</p>
<p>Caminando rápido se llegaba enseguida a lo de Borges. Lo encontré sentado en una silla bajita de mimbre y con la puerta abierta. Se apantallaba la cara con un abanico japonés por el calor que hacía y se había levantado las mangas de los pantalones hasta las rodillas. Yo entonces le podía ver con todo gusto las pantorrillas. Eran unas pantorrillas debiluchas y sin nada de pelo. Ahí corroboré lo que me había contado Astor Piazzolla sobre el verdadero origen de Borges. Pero por qué será que a los indios no le crecen pelos ni en las piernas ni en los brazos ni en la cara. Qué, ahora te vas a poner a pensar en la genética de los nativos del nuevo continente. No, pero de verdad, yo quería saber. Me intrigaba. Qué cosa más rara son los indios. Un día de éstos voy a cazar un libro de antropología para conocer más sobre ellos. De paso lo comprendería mejor a Borges.<br />
-Feliz año de la patria, maestro –le dije dando palmas-, y que vivan los unitarios.<br />
-Feliz año, Cortázar, y que vivan los federales –me dijo Borges-. Y éntre rapidito que se va a calciná ahí en la calle. El sol pega juertito a esta hora, como comisario pasao ´e copa.<br />
Me sonreí y asentí.<br />
-Entre que acá dentro da un poquito de vientito fresco y lindo. Sientesé –me convidó Borges.<br />
Yo me le senté al lado y enseguida me empecé a sentir mejor. Parecía mentira. Pero Borges me transmitía tranquilidad. Tranquilidad y paz.<br />
-¿Está solo, maestro? –le pregunté-. ¿La Sra. se fue?<br />
-Sí se jué –me dijo Borges-. María se jué con la mujé de Bioy a inaugurá un taller literario.<br />
Yo ahí me puse a sospechar como juez al que no le tiraron coima.<br />
-¿A inaugurar un taller literario en un día feriado como hoy, maestro? –le dije-. Es raro ¿no le parece? Hoy es el primer día del año. Debe estar todo cerrado.<br />
Yo quería hacerlo sospechar para que el viejo dejara de ser engañado. Me daba no sé qué rabia que la Sra. Silvina y la Japonesa jugaran así de esta forma con la inocencia de Borges y que nada les pasara, que nadie fuera a ponerle los puntos sobre las íes. Más bien que yo quería que pisaran el palito, pero sin que fuese necesario que yo abriese la boca.<br />
-Maestro –le dije entonces-&#8230; ¿usted no nota nada de inusual en la relación de su mujer con la Sra. de Bioy?<br />
-¿Inusual di qui? –dijo Borges-. Esas dos chinitas han salío esta mañana bien temprano y aurita mesmo se deben estar asando vivas como dos lagartijas en el barro todo mugriento.<br />
Le insistí.<br />
-¿Pero es muy habitual que salgan ellas dos solas y juntas, maestro? ¿Y que se ausenten durante tanto tiempo de la casa? Para mí el lugar de una mujer es al lado de su marido. ¿Usted no sospecha que hay algo medio raro detrás de todo esto? Porque no me vendrá a decir ahora usted que piensa que es bueno para su mujer una amistad de este calibre con la Sra. Silvina.<br />
Yo quería seguir cascoteándole el rancho para que reaccionara su recelo indígena. En una de ésas se daba cuenta de todo y después me lo iba a tener que agradecer. Lo que yo quería era poner un huevo en cada canasta.<br />
-¡Ah! –dijo entonces Borges-. Usté ya sabe cómo son las mujere, Cortázar. Vio que les gusta siempre andar juntándose por ahí pa´ hablar a solas de sus hombres. Y si Bioy no le pone el estribo a su mujé, tonce´ yo no le voy a poner estribo a la mía. A esas dos zonzas les gusta andar puniéndose cintitas en los cabellos y caminar por las calles de Buenos Aires delgaditas de cintura.<br />
Me callé la boca. Me di cuenta que nunca Borges podría llegar a imaginar siquiera lo que le hacían a sus espaldas la Japonesa María, la Sra. Silvina y la Rusita.<br />
-¿Quiere que le cebe unos mates, maestro? –le pregunté-. ¿O hace calor?<br />
Pero Borges no me contestó.<br />
Borges me dijo:<br />
-Yo sé lo que usté estará pensando, Cortázar: “¿Pero cómo hace don Borges pa´ salí con una chiruza como esa María?”. Lo que pasa es que usté no la conoce bien a María. Lo suavecito y lindo qui habla esa ñata por las noches. Parece un manantial de poesía que reberberase de su boca, mire. Y yo le toco la cabecita a María y le digo: “Usté e´ guena, María, e´ guena. E´ trabajadora.”. Y ella tiene el cabellito suave, suave; y yo le paso la manito así despacio, despacio.<br />
Entonces yo arrimé mi sillita más a la suya y le pregunté:<br />
-¿Y le cuenta historias por las noches, maestro?<br />
-¡Cómo no me va a contá historias! –dijo Borges-. Todas las noches me cuenta historias. Una vez María me contó que ayá en el norte existe un mar inmenso; y que en medio de ese mar existe una islita chiquita que le pusieron el nombre de la islita de la Bretaña. Y parece ser que en esa isla nacieron juntitos los hombres pa´ escribir las cosas que les venían de sus almas. Y dicen que en el norte de esa islita la peonada habla en una palabra; pero que más abajo la peonada habla en otra palabra; y más más abajo todavía hablan en otra palabra.  Y tonce´ yo acá me hago una pregunta y quisiera que alguien juera bueno y me viniera a respondé: ¿cómo hacen esos hombres pa´ entenderse si hablan en diferentes palabras?<br />
-No me imagino cómo harán, maestro –le dije-. De seguro deben tener un conocimiento innato, al igual como lo tienen las hormigas y los escarabajos de oro.<br />
-Y María también me dijo que en esa islita tienen una reina, qui maneja todas las estancias y los capataces son tuitos buena gente de trabajo, no como acá que son todos subversivos y ponebombas.<br />
Yo ahí quise desviar la conversación más hacia el lado de lo político y lo social. Tenía que aprovechar que no estaba la Japonesa para saber qué pensaba Borges al respecto.<br />
-Maestro, ¿usted cree que Perón volverá al país este año? –le pregunté.</p>
<p>3-BORGES Y PERÓN</p>
<p>-¡Qui va a vení ese cobarde! –dijo Borges poniéndose bien bravo-. ¡Ese no guelve más a este pago! Pa´ mí qui dibería seguí como Presidente el general Onganía; ése sí que e´ guenazo; ¡ése sí qui no le hace mal al pago!<br />
Yo me estaba muriendo de sed. Y Borges tenía una botellita de agua que tomaba con una pajita. Le daba pequeños sorbitos pero yo no me animaba a pedirle. No me animaba por nada del mundo. ¿Por qué me sentiría yo siempre tan insignificante al lado de ese hombre, que para todo tenía una respuesta, que para todo tenía una explicación siempre a la mano?<br />
-¿Y a qué va a volvé ese Perón al país, digamé? –continuó Borges-. ¿Qui quiere hacé ese mestizo con este país? Nosotros en la Argentina somos tuitos la mayoría descendiente de uropeos y no de indios patasucias como él. Nosotros somos como un paisito de Uropa acá tirado donde el diablo perdió el poncho&#8230;<br />
-Eso es lo que dice siempre la Sra. Victoria –yo dije-. Dice que nosotros los argentinos somos europeos en un continente de latinoamericanos.<br />
-Y en eso la cuñada de Bioy tiene tuita la razón –dijo Borges-. No señó, no somos argentino, somos uropeo. Por eso lo echamos a Rozas y por eso también lo echamos a Perón de la tapera en el 55. En el 45 Perón quería que este país juera pa´ los indios salvajes, pero entre los militares y el Jockey Club le cortaron las orejas como a los perros a ese mestizo!<br />
Borges parecía entonarse de lo lindo cuando se le hacían preguntas sobre el peronismo. Se prendía enseguida y saltaba como leche hervida y le gustaba más que el dulce de leche. Y aunque yo nunca entendí nada de política y nunca me interesó la política argentina, le tiré una para que se distraiga un poco.<br />
-Y dígame, maestro –le dije-, ¿qué opinaba usted en los 50 sobre la figura de Eva Perón?<br />
Borges se encendió como polvorita.<br />
-¡Ay esa Perona! –resopló con furia-. ¡Esa Perona era más populachera!&#8230; Ay la rabia qui mi daba cuando la uía por la radio. ¡Hablaba pior de la oligarquía argentina qui de la seca, mire! Y despué se hacía la más dulce que el camote con los cabecitanegra. Pero esa Perona era toda una bandida. No nos quiría nadita a nosotros, porque nosotros somos más blanquitos que la leche y que la cal; y ella era bien negrita del Junín y no tenía abuelitos ilustre ni naides que le venga a estirar el cuento.<br />
Borges se puso a rascarse las pantorrillas con las uñas. Tanto que se las puso coloradas. Se rascaba como si tuviera piojos. Sin duda que el estar hablando de tanto peronismo y tanto cabecitanegra le había hecho acordarse de aquella pensión donde lo mandó el padre a prestarle la plata a Macedonio. Todo lo que me había contado entonces la Japonesa era cierto; y era cierto entonces también que Borges había entrado a esa pensión y que había visto a toda esa gente del interior amontonada ahí adentro y que se había horrorizado, porque había reconocido en los rasgos de aquellos provincianos los mismos rasgos de sus padres reales, según me había contado Astor Piazzolla.<br />
Borges prosiguió su arenga antiperonista.<br />
-¡Y una invidia nos tenía esa Perona! Porque saía qui la Argentina e´ pa´ tuitos nosotros y no pa´ ellos. Nus echaba en cara qui nosotos éramos de la Sociedá Rural y del Jockey Club, pero nosotros dijimos: “Acá es ellos o nosotros. Y los ingleses con los que quisieron negociá jué con nosotros y no con ellos. Así qui si me apuran que no me quieran sacar gueno porque no respondo de mí si mi impiezo a poner chinchudo”. Yo a esa Perona nunca le creí nada. Por eso le cortamos al marido las orejas como a los perros, pa´ que se escapara en el 55 en barcaza por el Paraguay!<br />
Ahí sonó el teléfono.</p>
<p>4-BORGES Y UN TELÉFONO</p>
<p>Borges fue a atenderlo caminando de a tranquitos. El teléfono estaba en una piecita lejana y por eso estuvo sonando tanto tiempo hasta que atendió. Yo vi que Borges había cerrado la puerta de la piecita para atender el teléfono, como si tuviera cuidado que yo no escuchara nada de lo que anduviera hablando. Esto me picó la curiosidad. Yo siempre fui curioso como un gato. Me entraron a dar ganas de saber con quién estaría hablando Borges.<br />
Me fui en puntitas de pie hasta la piecita y pegué la oreja a la puerta. Al principio no escuchaba nada, pero después sentí que Borges dijo:<br />
-Sí, mijita, ya le dije yo que está acá. Se lo tengo acá hablando conmigo. Usté quédese tranquila.<br />
A mí se me pusieron los pelos de punta. Borges estaba hablando de mí con alguien pero yo no sabía con quién. Me empecé a hacer mala sangre y a ponerme nervioso. No me gustaba un pito que hablaran de mí por teléfono. Pero me puse todavía más nervioso cuando escuché lo que viene:<br />
-Tá bien, mijita. Yo se lo voy a entretener acá por un par de horas así usté trabaja tranquila. Usté trabaje tranquila allá y no me afloje. Se lo voy a entretené hasta las 5 ´e la tarde.<br />
El mundo se me vino encima. ¿Por qué Borges tenía que entretenerme hasta las 5? ¿Con quién hablaba? ¿Qué estaba sucediendo? ¿Qué cosas planeaban en mi contra? ¿Por qué me odiaban?<br />
Después sentí que Borges dijo, alzando bastante más la voz:<br />
-¡Usté me está faltando el respeto, mijita! Ya me llamó dos vece viejo puto y no se lo voy a permití una tercera. Todavía qui li hago a usté un favor, usté se me pone a insultá. Yo a este señó se lo entretengo hasta las 5 y despué arréglese usté solita. Ansí que haiga ahí todo lo qui tiene qui hacé todo enseguidita.<br />
No precisé seguir escuchando más. No quería seguir escuchando más. Me negaba a ver que el mundo se me cayera de a pedazos. Que en todo aquello en lo que había durante tantos años creído se desplomase de repente encima mío. Simplemente escapé de la casa de Borges como una especie de autoabroquelamiento.<br />
Salí a la calle y me tomé un taxi. Quería llegar urgente a mi casa. Sospechaba algo feo. Sospechaba quién podía ser la persona con la que Borges había estado hablando, pero me daba chuchos de miedo querer darme cuenta. Que me bajaran así del aire de un escopetazo. Todavía no quería pensar nada ni conjeturar nada. Quería nada más llegar a mi casa y afrontar lo que tenía que afrontar. Entré a transpirar muchísimo de los nervios.<br />
Como no había nadie en la calle el tachero nunca sacó la cuarta y llegamos enseguida por Coronel Quijana. Le pagué y no le esperé el vuelto, me bajé del taxi con el pulso latiéndome como a 95 o 100. Ahí nomás cuando vi la puerta me di cuenta que me habían tomado la casa. Habían forzado la puerta a martillazos y a patada limpia al parecer.<br />
Mi casa era de ésas como hacían antes los italianos, en forma de chorizo. De manera que para entrar había que cruzar un pasillito. Después estaba el patio, la cocina y la pieza.<br />
Yo entré con un miedo terrible.<br />
Pero más miedo me agarró cuando perfilé por el patio. Escuché la voz de la Rusita viniendo desde la cocina. No me cabía la menor duda. Era su voz, entre infantilada y arrabalera. Le estaba hablando bajito a alguien pero ese alguien no le respondía ni parecía llevarle el apunte. Yo me arrimé a la puerta de la cocina que estaba a medio cerrar y ahí la vi: a la Rusita sentada arriba de mi mesa de la cocina con las patitas colgándole como péndulos.<br />
La Rusita estaba vestida bien de verano, con un pantaloncito corto Adidas, unas zapatillas tipo botitas y una remerita blanca con las letras YPF en rojo sobre el pecho. Se había cortado el pelo al rapé con un flequillo chiquito con el que se hacía un jopo. Estaba comiendo unas manzanas verdes y no dejaba nunca un segundo de mover las patitas colgadas como si fueran hamacas bailando.<br />
-Así que vos no seas mongoaurelio –le decía la Rusita a alguien-. Vos hacé todo lo que yo te diga que va a salir todo bien. Yo sé manejarlo bien a este tipo. Cuando yo te diga “Hacé esto”, vos hacelo. Así de simple, no esquivés el bulto. Al final va a salir todo bien, quedate tranquilo.<br />
Después se calló. Yo quería que siguiera hablando para saber con quién hablaba y entonces miré por la cerradura para espiar. Pero no vi a nadie.<br />
Me entró a dar corajina. El miedo se me varió por odio hacia la Rusita. “Yo a ésta se las voy a hacer pagar todas juntas”, me dije, “se quiere dar aires de compadrita con todo el mundo pero yo la voy a bajar de un escopetazo”.<br />
Entré a la cocina abriendo la puerta de un golpe.<br />
Cuando la Rusita me vio no se chistó ni un poco. Es más, me preguntó lo más campante qué estaba haciendo yo ahí.<br />
-Yo vivo acá, Rusita –le dije-, ésta es mi casa ¿no? ¿Vos qué hacés acá? ¿Fuiste vos la que me rompiste la puerta? ¿Vos entraste de prepo acá, Rusita?<br />
-Te traje un regalo, Van Gogh –me dijo queriéndome cambiar el tema-. Por el año nuevo que estamos empezando. Es una plantita de pino. Tené ojo, Van Gogh, que me dijeron en la florería que este tipo de plantitas crece hasta cien o doscientos metros.<br />
Yo vi que me estaba mostrando una plantita pero que no era para nada una de pino. Era otro tipo de planta; ésta era una de mala muerte.<br />
-¿Vos no me compraste nada a mí? –me preguntó la Rusita.<br />
-Dejate de jorobar, Rusita –le dije-, y decime cómo entraste. ¿Con quién estabas hablando vos recién? Acá hay alguien más. Te escuché que le estabas hablando a alguien.<br />
-No estaba hablando con nadie, Van Gogh –me dijo-. Estaba cantando. Además estoy sola, no hay nadie acá. ¿Vos el 31 con quién lo pasaste?<br />
La Rusita me miró cerrando por un instante un poquito los ojos, como siempre que me estaba mintiendo. Siempre que mentía hacía lo mismo. Yo le conocía todas las mañas a la Rusita. No le tenía ninguna confianza. Sabía muy bien que no le podía tener ninguna confianza a alguien así.<br />
-Vos me estás jorobando, Rusita –le dije-, acá hay alguien más –y me fui a la pieza y encontré todo dado vuelta, todo patas arriba; los cajones por el piso, los libros con todas las hojas arrancadas, hasta el colchón lo habían roto tajeándolo con un cuchillo. Busqué y busqué pero no encontré a nadie.<br />
Volví a la cocina y le pregunté:<br />
-¿Vos me tajeaste el colchón con un cuchillo, Rusita?<br />
-No, Van Gogh –me dijo-. Ya estaba todo así cuando yo vine. Parece que vino alguien antes que yo y que no te debe querer mucho. ¿Vos no te estarás haciendo el vivo con alguna casada, no? Mirá si el marido te llegaba a agarrar con ese cuchillo. Ahí sí que la sangre iba a llegar al río. Cuidate, Van Gogh. Mirá que yo no quiero ir a tu velatorio.<br />
-Yo no me estoy viendo con nadie –le dije-. Estoy haciendo bien todos los deberes.<br />
-Decime, Van Gogh ¿no te quedó algo de sidra mientras como las manzanas? Me gusta acompañarlas con algo.<br />
-No te hagás la zonza, Rusita. Decime la verdad. Vos lo llamaste por teléfono a Borges recién ¿no?<br />
-No, Van Gogh –me desmintió otra vez-. Si yo el teléfono de Borges no lo conozco. Ni siquiera sabía que tenía teléfono. Recién ahora me vengo a enterar. Mirá cómo son las cosas.<br />
Yo dudé.<br />
Para ponerla bien a prueba la ataqué por su punto más bajo.<br />
Le dije:<br />
-¿Sabés, Rusita? Me parece que te están pasando por arriba. Hoy la Japonesa María se fue a inaugurar un taller literario con la Sra. Silvina. Perdoná que sea yo el que te lo tenga que decir&#8230; Parece que la Sra. Silvina está jugando ahora ella a dos puntas con vos y la otra.<br />
La Rusita hizo como que se iba a poner a llorar, pero después se empezó a reír. Fingió.<br />
-No me interesa lo que hagan la Japonesa y Minina –me dijo encogiéndose de hombros-. Además hoy no vine a hablar de polleras.<br />
-¿Ah no? –le dije-. ¿Y a qué viniste, Rusita?<br />
-Hoy vine a hablar de negocios. Negocios nuestros&#8230;<br />
Otra vez empecé a sentir chuchos de miedo.<br />
-¿De qué me hablás, Rusita? ¿Qué negocios puedo tener yo con vos?<br />
-Pensá, Van Gogh. Acordate.<br />
Yo entré a recular. Tragaba saliva y sentía miedo. La voz me sonó suplicante.<br />
-¿Qué tengo yo que ver con vos, Rusita? Decime, ¿yo a vos qué te hice? Si yo a vos nunca te hice nada&#8230;<br />
-Acordate, Van Gogh. Mirá para atrás un poco en tu vida, para ver lo que hiciste.<br />
-¿De qué me tengo que acordar, si yo a vos nunca te hice nada?<br />
-Pensá. Ponete a pensar un poco en las macanas que hiciste en tu vida.<br />
-¡Yo nunca le hice ninguna macana a nadie, Rusita, vos lo sabés bien! ¡Vos me querés asustar para que diga cualquier cosa!<br />
-Cada uno sabe las macanas que se manda&#8230; por más que se quiera hacer el monaguillo para los demás.<br />
-Vos me apurás así para asustarme nomás, ¿si yo cuándo me mandé una macana?<br />
Ahí la Rusita le hizo un gesto a alguien que estaba detrás mío. Le hizo un gesto de asentimiento. Entonces sentí olor a jaula de mono y cuando me di vuelta lo vi al Turquito que me agarraba como un brusco por los hombros y me tumbaba boca abajo contra el piso.</p>
<p>5-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</p>
<p>Yo llevo dicho más arriba que al Turquito nunca más en la vida me lo había vuelto a cruzar. Pero la verdad es que la cosa fue muy diferente. Ahí en la cocina de mi casa el Turquito me sorprendió por la espalda y me tumbó contra el piso. Mucho trabajo no le costó, porque aunque yo soy bien alto, el Turquito también tenía lo suyo.<br />
Se había dejado crecer la melena desde la última vez que lo vi, pero se había sacado la barba y el bigote. Así entonces resaltaban más sus facciones de atorrante y facineroso. La verdad que tenía una cara que te daba miedo si la veías por la calle de noche. Tenía una cara fea, como de salvajón. Y además como era grandote te podías llegar a infartar si te lo llegabas a cruzar a la madrugada por una calle donde no pasara ni un alma. Pero al menos el espíritu lo tenía civilizado. Cuando me tumbó al piso me dijo de inmediato:<br />
-Perdonemé, Sr. Cortázar. Yo lamento mucho esta situación.<br />
-No te disculpés, Turquito –le dijo la Rusita-. ¿Por qué te le disculpás? Vos acá sos el damnificado. No tenés que pedir disculpas. Este tipo te chamuyó mucha plata y ahora que la devuelva.<br />
-Pero yo no soy una persona violenta, Alejandra –le dijo el Turquito.<br />
-Yo tampoco –dijo la Rusita-. Pero ahora que éste reviente si se piensa que se la va a llevar de arriba. ¿Vos te la pensás llevar de arriba, Van Gogh? Danos la plata que le mejicaneaste al Turquito.<br />
-¿Qué plata? ¡Yo no tengo nada de plata! –dije tumbado en el piso-. Si hace tres meses que no puedo pagar el alquiler&#8230;<br />
-¿Y la plata que yo le di, Sr. Cortázar? –me dijo el Turquito-. ¿Qué hizo con la plata que yo le di? ¿Se acuerda?<br />
Yo le hablé con voz llorosa, para que me tuviera un poco de misericordia, ya que de la Rusita sabía que no se podía esperar nada bueno.<br />
-¿Qué plata me diste vos, Turquito? Si me diste dos pesos&#8230; Hace ya un tranco largo que me los gasté.<br />
-¡No eran dos pesos, Van Gogh! –gritó la Rusita-. ¿Vos te creés que si fueran dos pesos hoy estaríamos acá? Hoy estaríamos en el Tigre tomando sol ¿o no, Turquito?<br />
-Alejandra ¿qué querés que haga? –le preguntó el Turquito.<br />
-Buscale la plata en los libros que faltan y después en las macetas. Para mí que éste tiene la plata escondida en las macetas.<br />
Yo me puse a llorar de la impotencia.<br />
-¡Ya les dije, hijos de putas, que no tengo más la plata, que me la gasté!<br />
-¡Eh, Van Gogh! La boquita. Más respeto –amonestó la Rusita.<br />
-Pero yo no quería que las cosas fueran así –dijo el Turquito-. Vos me habías dicho que el Sr. Cortázar no iba a estar en la casa, Alejandra. Me lo prometiste. Me dijiste que íbamos a poder trabajar tranquilos.<br />
-¿Y yo qué culpa tengo si este tipo llegó antes de horario? –se defendió la Rusita.<br />
-¿Pero a vos no te habían dicho por teléfono que teníamos tiempo hasta las 5? –le preguntó el Turquito.<br />
La Rusita le dio un mordiscón a la manzana con rabia.<br />
-¿Por qué no te callás la boca, Turquito? –le dijo-. Después si hay quilombo lo vas a tener vos con el viejo. No yo. Ya me tienen cansada ustedes. Todo mal hacen.<br />
Después la Rusita le ordenó que me atara las manos con una soga por la espalda. El Turquito la obedeció enseguida y me hizo un nudo de Boy Scout. Después se fue a la pieza a buscar la plata entre los libros. Parece que era la Rusita la que manejaba todo el asunto entonces. A todo esto no se había ni movido de la mesa y pataleaba como una nena de cinco años.<br />
Cuando el Turquito se fue a la pieza le dije:<br />
-Dejame ir al baño, Rusita. Tengo sed.<br />
-Dejá de jorobar, Van Gogh. Hace cinco minutos que estás tumbado en el piso y ya te querés hacer la víctima como se hacía Aramburu.<br />
-¿Me van a matar? –le pregunté.<br />
La Rusita abrió bien grande la boca y después hizo una sonrisa chiquita. Estaba peligrosa, me la sabía de memoria. Pero no me respondió. Siguió comiendo las manzanas como si nada. Yo me puse a llorar otra vez. La barba se me humedecía con las lágrimas. Quería desatarme las manos pero no podía. El Turquito me había hecho un nudo bien bueno.<br />
-Dejame escapar, Rusita. No los voy a denunciar a la Policía&#8230;<br />
-¿Por qué estás yendo todos los días a la Embajada Francesa, Van Gogh? Cada dos por tres vas a esa embajada.<br />
Me habían seguido los pasos.<br />
-Quiero que me den el pasaporte para volverme a París –le conté.<br />
La Rusita entonces brincó de la mesa y puso rodilla en tierra para hablarme al oído. Me susurró apenas para que el Turquito no la oyera desde la pieza.<br />
-Si me decís a mí dónde tenés la plata del Turquito, mañana yo vengo y te devuelvo la mitad. Te doy mi palabra. Así vos te volvés a París con algo de guita y yo me compro lo que me tengo que comprar.<br />
-¿Así? –le dije-. ¿Y qué vas a hacer con el Turquito? ¿Lo vas a matar igual que a mí?<br />
La Rusita cabeceó y volvió a sentarse en la mesa. Encendió un pucho y dijo:<br />
-¿Encontraste algo, Turquito? ¿Qué estás haciendo?<br />
El Turquito apareció otra vez con unos discos de jazz.<br />
-No encontré nada en los libros, Alejandra –le dijo-. A lo mejor el Sr. Cortázar nos está diciendo la verdad y ya se gastó la plata que le di.<br />
-No me hagás reír, Turquito. Qué se va a gastar la plata éste –dijo la Rusita-, si éste es más agarrado con la plata que un judío. Vos no lo conocés.<br />
-Le encontré estos discos de jazz, Alejandra –le dijo el Turquito.<br />
El Turquito había agarrado mi colección de Clifford Brown. La Rusita sacó un disco y se puso a leer con detenimiento el título de las canciones.<br />
-¿Quién es Clifford Brown? –me preguntó la Rusita.<br />
Yo le conté.<br />
-Es un saxofonista que te hace saltar las lágrimas cuando se pone a tocar el saxo, Rusita. Es un músico que te reconcilia con la vida.<br />
-No lo conozco –dijo la Rusita.<br />
-Es uno de los mejores negros que interpreta el jazz –le dije.<br />
-¿Un negro como los negros de Africa? –dijo la Rusita-. No sabía que esos tipos supieran tocar instrumentos musicales. Es un milagro. Si yo lo escuché a Darwin que decía que los negros no son seres humanos. ¿Vos estás seguro, Van Gogh, que es un negro el que toca en el disco?<br />
-Sí, Rusita; si querés te regalo el disco.<br />
La Rusita agarró el disco y lo partió en dos pedazos.<br />
-Nosotros lo que queremos es la plata, Van Gogh, no un disco de un negro –dijo.<br />
-Alejandra –le dijo el Turquito-, ¿querés que vaya a ver si el Sr. Cortázar escondió la plata en las macetas?<br />
-Andá, Turquito; yo lo vigilo.<br />
Yo me volví a quejar.<br />
-Turquito, por favor, ¿podés desatarme las manos? Se me están acalambrando.<br />
-¿Qué hago, Alejandra? –le consultó-. ¿Le desato las manos?<br />
-No, Turquito, dejalo así. Se nos puede escapar.<br />
-Te lo pido por favor, Turquito –le dije-. Desatame las manos vos que sos bueno.<br />
El Turquito no sabía qué hacer.<br />
-¿Y si le desato solamente una mano, Alejandra? –dijo el Turquito.<br />
-¡Turquito! –exclamó la Rusita-. Si le desatás una mano, le estás desatando las dos manos. Este tipo no es un pulpo.<br />
Después el Turquito se fue a revisar si yo había escondido la plata en las macetas. Me quedé solo en la cocina con la Rusita. Me vigilaba fumando el pucho y tirando el humo para arriba.</p>
<p>6-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</p>
<p>-¿Con quién pasaste el 31, Van Gogh? –me preguntó la Rusita.<br />
-Con Astor Piazzolla y Leopoldo Federico –le conté.<br />
-¿Lo pasaron lindo?<br />
-Y sí, Rusita –le dije-. Viste cómo es esa gente. Te contagian la alegría que tienen. ¿Vos con quién lo pasaste?<br />
-Con mis tías abuelas –dijo la Rusita-. Ellas tomaron muchísima sidra pero yo no quise tomar nada. No me gusta tomar alcohol. Me fui a dormir tempranito.<br />
-¿Son señoras grandes tus tías? –quise saber.<br />
-Sí, son muy viejitas –dijo la Rusita-. Pero las quiero mucho.<br />
-¿Se divirtieron?<br />
-Ellas sí –dijo con cara de triste-. Bailaron mucho del Scortijzeim y la Schailaleim. Pero nosotros no festejamos el 1971. Nosotras estamos en el año 8957.<br />
-Claro –dije yo-. Es natural.<br />
Ahí empecé a pensar una estratagema para que la Rusita me desatara las manos y yo me pudiera escapar. Me iba a poner a halagarla para tenerla bien confiada. A lo mejor le hacía pisar el palito.<br />
-Te queda bien ese corte de cabello que te hiciste, Rusita. Te hace más linda.<br />
La Rusita enseguida se puso colorada. Levantó las cejas y se sonrió un poco. Empezó a mirar para todos lados. Le daba vergüenza que alguien le dijera linda.<br />
-Se agradece, Van Gogh –me dijo-. Muy dulce de tu parte.<br />
-No, de en serio –yo le insistí-. Te queda bien ese corte. Parecés una piba de 19 años.<br />
La Rusita se puso más colorada. Meneaba la cabeza y se sonreía alzando de vez en cuando los hombros. Se veía que no estaba acostumbrada a recibir halagos.<br />
-Se agradece, Van Gogh –me repitió-. ¿Por qué no me hiciste ningún regalo para el año nuevo?<br />
-Yo te pensaba comprar unas chinelas –le dije-, pero ahora veo que tenés unas zapatillas bien lindas. Cuando me dejen libre te voy a comprar unas zapatillas todavía más lindas que ésas.<br />
La Rusita alzó las patitas en línea recta y se puso a mirarse las zapatillas.<br />
-Comprame unas que no sean en botitas –me dijo-; éstas dan mucho calor en el verano. Comprame unas azules.<br />
-Sí, sí –yo le dije.<br />
-¿Te gustó el pino que te regalé?<br />
-Es muy lindo –le dije-. Lo voy a regar con agua mineral así no se me achancha.<br />
Ahora la Rusita parecía más relajada. Yo pensaba que le había hecho morder el anzuelo. Yo la miraba con la cabeza acostada en el piso. “Si me llega a desatar la muelo a trompadas por compadrita y después al Turquito lo mato”. Pero yo quería ir despacio porque sabía que la Rusita era bien ladina. Al momento de descubrir una trampa era bien bicha.<br />
-¿Quién fue el que me rompió la puerta a martillazos? –le pregunté.<br />
-El Turquito –me dijo enseguida-. Ese tipo es un ignorante. Yo quería abrir la puerta con una llave maestra, pero ese tipo es un bruto. ¿Viste cómo te dejó la puerta?<br />
-Hecha un desastre –le dije.<br />
-Yo no creo que un cerrajero te la pueda llegar a arreglar ahora. Me parece que vas a tener que comprar una puerta nueva; lo lamento, Van Gogh.<br />
-No te hagás problema, Rusita; si la culpa fue de ese bruto, no tuya.<br />
-Mirá que yo le dije, Van Gogh: “Con cuidado, Turquito, con más cuidado. Vas a romper toda la puerta”. ¿Pero vos te pensás que ese tipo me escuchó? Empezó a los martillazo limpio y hasta que no rompió todo no paró.<br />
-Mirá si los llegaban a ver los vecinos de la cuadra, Rusita, y llamaban a la Policía. Tenés que tener más cuidado con quién te juntás. Mirá si por culpa de ese tipo terminabas en la comisaría.<br />
-Tenés razón, Van Gogh. El Turquito es un bruto. Pero así es como está la Argentina. Con gente así este país no va a salir nunca adelante. Y es una picardía, con los recursos naturales que tiene la Argentina, con los 3000 kilómetros de salida al mar que tiene. ¿A vos te parece que todavía seamos un país en desarrollo?<br />
-Tenés razón, Rusita –le dije-. Hablaste bien. Pero es como vos dijiste: El Turquito es un bruto.<br />
-Sí, es un bruto –dijo la Rusita- ¿Viste la cara fulera que tiene? Se te cae el alma a los pies cuando le mirás la cara.<br />
Después la Rusita se paró encima de la mesa para pispear por la ventana lo que hacía el Turquito en el patio.<br />
Yo pensé que ya estaba bien embarullada.<br />
Entonces le dije:<br />
-Dale, Rusita; dejame escapar a la calle mientras el Turquito busca en las macetas. Me escapo por los techos.<br />
-Te podés llegar a caer, Van Gogh. Mirá si te resbalás y te rompés el cuello. Mejor no. Después quién me va quitar a mí el remordimiento.<br />
-Vos no te hagás problemas que no me voy a caer, Rusita. Yo después mañana voy al banco y saco toda la plata que tengo ahorrada y te doy la mitad. Vos decime el lugar y la hora donde querés que nos encontremos y yo estoy ahí con tu plata sin falta. Si querés te la llevo a tu casa.<br />
La Rusita había seguido con atención mis palabras.<br />
-¿Vos pusiste entonces la plata del Turquito en el banco? –me preguntó.<br />
-Sí, Rusita –le dije-. El mismo día que me la dio. No iba a andar con semejante plata de un lado para otro con la inseguridad que hay hoy en la calle. Y tampoco la quería poner debajo del colchón con los intereses que están dando.<br />
-¿Qué tasa de interés están dando?<br />
-56 % -le dije.<br />
-¿Anual?<br />
-Sí –le dije.<br />
-Muchísimo –dijo la Rusita.<br />
-Y vos ya sabés cómo es esto, Rusita; en este país de especuladores la única manera de hacer plata es a través de la timba financiera. Otra no queda.<br />
-Es verdad –dijo la Rusita-. Por eso es que la deuda externa está creciendo tanto. Por la bicicleta financiera que están haciendo los bancos.<br />
-Seguro, Rusita; así que dale, porque no me dejás escapar y así mañana te doy la mitad de la plata que me dio el Turquito más los intereses. Te la llevo a tu casa si querés.<br />
-¿Vos te acordás bien dónde vivo yo?<br />
-Sí, sí –le dije-. Tengo la dirección y todo. ¿Te acordás que me la dio la Sra. Victoria? Dale, desatame las manos. Sé buena. Total el Turquito no se va a enterar de nada.<br />
-Que el Turquito no se entere nunca nada de esto, Van Gogh, porque me puede llegar a matar.<br />
-Vos quedate tranquila que yo nunca le voy a contar nada. Si sabés que nunca fui soplón.<br />
-Lo que pasa es que es muy arriesgado, Van Gogh. Mirá si el Turquito se llega a enterar de alguna otra forma. ¿Yo de qué me disfrazo? Me mata si se llega a enterar que lo quiero pasar por arriba. Y además acordate que el clavo que siempre recibe el primer golpe es el clavo que sobresale. No me conviene estar haciéndome la viva.<br />
La Rusita se quedó un rato pensando con la mano en el mentón.<br />
-No te des manija, Rusita, no te preocupés más. Dale, desatame las manos y dejame escapar. Mañana arreglamos todo el asunto.<br />
Fue ahí cuando la Rusita me miró con cara de amanecida. Me di cuenta que no me había creído nada de todo el barullo del banco. Desde allá arriba, parada en la mesa, se me rió en la cara.<br />
-A vos cómo te gustan los cuentos, Van Gogh –me dijo-. ¡Cómo te gustan los cuentos! Pero yo te voy a sacar a patadas ese gusto que tenés por cuentero –me dijo.<br />
Y enseguida brincó de la mesa y entró a darme patadas como si fuera un perro. Yo gemía y me retorcía. La Rusita me daba patada tras patada. Yo cerraba los ojos del dolor. Y cuando los abría veía la cara de la Rusita con los ojos y la boca bien abiertos, disfrutaba como una reina cómo lloraba yo por las patadas.</p>
<p>7-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</p>
<p>Cuando el Turquito oyó tanto barullo vino a ver qué pasaba.<br />
-¿Qué te dijo el Sr. Cortázar, Alejandra? ¿Por qué le pegás así? –preguntó.<br />
-Vos seguí con lo tuyo –le dijo en seco-. ¿Encontraste la plata?<br />
-Todavía no –dijo el Turquito.<br />
Los dos se fueron hasta la puerta de la cocina.<br />
-¿Me revisaste en estas macetas? –le preguntó la Rusita.<br />
-Todavía no, Alejandra.  Voy a revisar en aquéllas que están en la escalera y después reviso ésas.<br />
-No, primero revisá éstas de acá y después fijate en las macetas de la escalera.<br />
La Rusita daba directivas como si se quisiera hacer la Che Guevara. Tenía las manitos en la cintura y no movía un dedo, dejaba que el otro trabaje solo. Veía que el Turquito me estaba estropeando todas las plantas y no hacía nada. A mí me había hecho hablar al divino botón. Seguro que me vio venir desde el principio. Seguro que nunca me creyó nada.<br />
Al principio se hizo la vergonzosa y después se la quiso dar de compinche mío. Y encima me preguntó por las tasas de intereses. Flor de paliza que me terminó dando. Me llenó el cuerpo de moretones. Pero si era tan incrédula por qué me siguió tirando del piolín y no me frenó en seco. Dejó que le contara todo el cuento hasta el final la boba. Habrá aprovechado para reírse de mí.<br />
Ahora estaba parada ahí, bajo el dintel de la puerta. Pero el calor a esa hora era ya tan fuerte que haría 45 a la sombra. De vez en cuando me echaba una ojeada para vigilarme que no estuviera haciendo nada raro y después le daba indicaciones al Turquito por dónde tenía que seguir escarbando. Lo manejaba de aquí y de allá.<br />
Después se puso a tararear Aurora. Pero no cantaba bien, desafinaba mucho la nota. Además se le notaba mucho en los ademanes que hacía que imitaba mucho a Sarita Montiel. En las partes tristes de la canción actuaba como que se clavaba un cuchillo en el corazón, o se llevaba la mano hasta la frente y cerraba los ojos con expresión adolorida. O también se persignaba, o si no extendía los brazos y se ponía a mirarse las yemas de los dedos mientras los movía uno después del otro.<br />
A veces también hacía movimientos breves y pausaditos, girando la cabeza para un lado y para el otro. Se hacía la artista que sufre mucho.<br />
-Muy bien, Rusita –le dije-. Si no tuviera las manos atadas te aplaudía.<br />
Pero la Rusita hizo como que no me escuchó. Quería hacerse como la que estaba concentrada en lo que hacía. Empezó a cantar un poquito más fuerte: /Alta en el cielo/Un águila guerrera/Azul se eleva/En vuelo cordial/Azul un ala/Más azul que el cielo/Cruje la calma/Del empinado mar/Y así el trueno/El indio loco mira/Punta de flecha/La cueva cimarrón/Punta del hacha/A su purpurado cuello/El alma es blanca/El alma es bandera/Es la bandera/De la patria mía/ Hecha de trizas/Que me ha dado Dios/Ay Alejandra/¿Qué buscás? En serio/Quedate quieta/Quietita con Dios/Ay Alejandra/¿Qué buscás? En serio/Quedate quieta/Quietita con Dios&#8230;<br />
Y dejó de cantar con la mano descansando en la cabeza y los ojos entrecerrados. Así se quedó estática por varios segundos más, con ademán inconsolable. Mirala, Julio, la Sarita Montiel de Barracas.<br />
-Cantás muy lindo, Alejandra –le dijo el Turquito-. Tenés muy linda la voz.<br />
La Rusita no lo escuchó. Ya tenía la cabeza en otro planeta.<br />
-Escuchame, Turquito –dijo-; vos vigilá a Van Gogh y dame tu martillo. Yo voy a levantar las baldosas del patio a martillazos. Yo sé que muchos de estos gringos guardan la plata debajo de las baldosas del patio. Me lo dijeron mis tías abuelas. Vos vigilalo, Turquito, y no le escuchés nada de lo que te dice, que éste te trabaja siempre la conciencia.<br />
-¿Lo desato? –le preguntó el Turquito.<br />
-No, no. ¿Por qué lo vas a desatar? ¿Yo puedo confiar un minuto en vos, Turquito? ¿Me puedo quedar tranquila?<br />
-Perdoname, Alejandra. No te enojés. Quedate tranquila.<br />
La Rusita se puso a levantarme las baldosas del patio a martillazos y el Turquito entró a la cocina y se secó la transpiración de la cara con un repasador. Se sentó en el piso apoyando la espalda en la pared y me miró.</p>
<p>8-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</p>
<p>Tenía la camisa empapada de transpiración por cómo la Rusita lo había hecho trajinar. Parecía medio mareado con tanto calor.<br />
-¿Vos dónde te habías metido, Turquito? –le dije-. Cuando revisé por la casa no vi a nadie. ¿Dónde estabas escondido?<br />
-Me metí arriba del ropero –dijo el Turquito-. ¿En serio que no me vio, Sr. Cortázar?<br />
-La verdad que no te vi ni las pulgas –le dije-. Te habrás reído de lo lindo mirando cómo yo te buscaba ¿no?<br />
El Turquito se rió un poco conmigo.<br />
Ahí yo aproveché para sacarle ventaja.<br />
-Dale, desatame las manos, Turquito –le dije-. Se me están acalambrando.<br />
-No puedo, Sr. Cortázar –me dijo-. Alejandra no quiere que yo le escuche nada a usted.<br />
-Dame agüita al menos –le dije-. Me estoy desmayando de la sed. ¿No ves el calor que hace?<br />
-No, no puedo –dijo otra vez-. Alejandra no quiere que yo lo escuche.<br />
-Pero yo no quiero que vos me escuches; yo te estoy pidiendo agua nada más.<br />
-Eso no lo puedo hacer, Sr. Cortázar. Perdonemé.<br />
-¿Me van a matar?<br />
El Turquito miró para abajo.<br />
Yo empecé a llorar.<br />
El Turquito empezó a farfullar.<br />
-Alejandra me dijo que&#8230; si no llegábamos a encontrar la plata&#8230; que nos deshiciéramos de usted como pudiésemos&#8230;<br />
-¿Me puedo sentar en el piso, Turquito? –le pedí-. Tanto estar tumbado me está haciendo acalambrarme las piernas.<br />
El Turquito dudó un poco.<br />
-Si puede solo, Sr. Cortázar&#8230; –me hizo el favor.<br />
Yo me arreglé para sentarme. La verdad que sentí un poco de alivio, porque ya me dolía el cuello de estar tanto alzando la cabeza para charlar. Me senté frente al Turquito y apoyé la espalda contra la otra pared. La Rusita estaba haciendo un ruido infernal rompiendo las baldosas con el martillo. Yo apenas si me podía oír la voz.<br />
-Turquito –le dije-, ¿por qué me rompiste la puerta a martillazos, Turquito?<br />
-Yo no fui, Sr. Cortázar. Fue Alejandra. Ella le rompió a usted la puerta a martillazo limpio. Yo lo quería esperar a usted en la calle&#8230; hasta que usted viniera. Así podíamos hablar como dos caballeros sobre el dinero que yo le presté en aquella vuelta. Pero ella me engañó. Me hizo venir hasta acá engañado. Y cuando empezó a patearle la puerta y a romperla a martillazos&#8230; me dijo que yo me quedara tranquilo&#8230; que usted iba a saber entender, Sr. Cortázar.<br />
-¡Pero hasta cuándo vamos a soportar todo esto! –yo dije.<br />
-¿Qué cosa, Sr. Cortázar?<br />
-Turquito, nosotros somos dos muchachones grandotes. ¿Cuántas más le vamos a soportar a la Rusita? ¿O me vas a decir que nosotros dos juntos no le podemos hacer frente a una piba que mide 1.50?<br />
-No se crea, Sr. Cortázar. Alejandra es bien peligrosa. Allá afuera&#8230; la gente le tiene miedo&#8230;<br />
-¿Qué gente, Turquito? ¿Qué allá afuera? Hablá más claro.<br />
-Toda la gente, Sr. Cortázar. Todos le tienen un miedo bárbaro a Alejandra&#8230; En el conurbano&#8230; sobre todo en Pompeya y en Lanús&#8230; ¡Se cuentan cada una de Alejandra! Yo algunas historias no las quiero creer&#8230; porque me hace mucho mal creerlas&#8230;<br />
-Es porque sos muy sensible –le dije-. Pero la cosa no será para tanto.<br />
-No se crea, Sr. Cortázar. Si yo le digo que Alejandra es bien peligrosa&#8230; no le miento. Si yo a usted le contara&#8230;<br />
Pero yo no quería que me contara. Ya tenía los berlines llenos de la Rusita.<br />
-¿Todavía sos tachero, Turquito? –le pregunté.<br />
-Sí, Sr. Cortázar. Pero yo quiero ser escritor. Y más de viejo quiero hablar de política y del país.<br />
-Veo que querés progresar, Turquito. Querés ser politólogo. Hacés bien. Eso está bárbaro. No te quedás tirado en la cama con las limitaciones que tenés. Salís a la calle a pelearla todos los días. Eso es bueno.<br />
-Yo pienso que el hombre se forja su propio destino, Sr. Cortázar.<br />
-Hacés bien –le dije-. ¿Así que vos querés ser escritor entonces? ¿Sabías que la Editorial Planeta está organizando un concurso de novelas?<br />
-No sabía nada –dijo el Turquito-. Nadie me avisó.<br />
-Sí, y el primer premio es bien jugoso. Pusieron buena plata esta vez. ¿Y sabés quiénes van a estar en el jurado? Manucho, la Sra. Victoria Ocampo y el que te habla.<br />
Al Turquito le empezó a interesar. Afuera en el patio los ruidos de martillo eran cada vez más increíbles.<br />
-Turquito, si vos querés presentarte, presentate nomás. Decime cómo se llama tu novela y yo te la hago ganar. Mirá que hay buena plata de por medio. Diez veces más de lo que vos me diste a mí, por lo menos. Hacé la cuenta.<br />
El Turquito se empezó a entusiasmar más.<br />
Yo aproveché para tirarle más de la cuerda.<br />
-Dale, presentate, Turquito. Vos decime cómo se llama tu novela y el seudónimo, que yo te la hago ganar. ¡No vas a trabajar toda la vida de tachero! Vos tenés cara de escritor inteligente; además sabés hablar bien.<br />
Me di cuenta que al Turquito la tramoya le gustaba.<br />
-¿Y con Alejandra qué hacemos? –me preguntó-. Usted vio la energía vital que tiene&#8230; Ella no se va a quedar tranquila hasta no encontrar la plata. Usted la conoce, Sr. Cortázar.<br />
-A ésa dejámela a mí –le dije-. Yo me ocupo de la Rusita. ¿Vos tenés alguna novela a mano para presentarte en el concurso?<br />
-Tengo como veinte novelas, Sr. Cortázar. Una más linda que la otra.<br />
-Hacés bien –le dije-. Uno de estos días me la traés y yo te hago ganar el primer premio. Ahora desatame las manos así me encargo de la Rusita.<br />
-¿Y si después se quiere vengar conmigo?<br />
-Turquito, yo te digo que de ahora en adelante a la Rusita no le vas a poder dar nunca más la espalda. ¿Sabés qué me propuso cuando vos estabas escarbando en las macetas? Que le diera la mitad de tu plata y que yo me quedara con la otra mitad; que yo me volviera a París y que ella después se iba a ocupar de vos. ¿Y a una persona así vos le querés tener confianza? Dale, Turquito, no seas zonzo. Desatame antes que venga la Rusita.<br />
-¿Entonces usted ya no tiene más mi plata, Sr. Cortázar? ¿Entonces es verdad que se la gastó toda?<br />
-Te digo que sí, Turquito; ya me la gasté toda. ¿Si no sabés que hace tres meses que no pago el alquiler? Preguntale a la dueña. Dale, no seas zonzo; desatame las manos antes que venga la Rusita.<br />
Yo quería apurar los trámites porque sentía que los golpes de martillo se iban haciendo cada vez más débiles y por ahí a la Rusita le estaba agarrando el cansancio y podía venir en cualquier momento.<br />
-Dale, Turquito, desatame las manos. Si yo te voy a hacer ganar a vos con el concurso de la novela diez veces más plata de la que vos me diste a mí. Si querés te agarrás la plata del primer premio vos solo y me ocupo yo del vuelto de Manucho y de la Sra. Victoria. Dale, Turquito, ¿qué esperás?<br />
El Turquito no se decidía y yo me ponía cada vez más nervioso.<br />
-Turquito, ¿vos te pensás que yo tengo todavía tu plata, no? ¿Pero te pensás que si yo tuviera tu plata no se las habría dado ya? Mirá si voy a estar exponiendo mi vida por dos mangos. Dale, desatame las manos así agarro un cuchillo por si viene la Rusita.<br />
-¿Y si Alejandra después quiere vengarse conmigo?<br />
-¿Qué querés, pibe? ¿Querés que te tire las cartas?<br />
-Yo nada más decía –dijo el Turquito-. Parece fácil pero es difícil decidirse.<br />
Yo me daba cuenta que el tiempo se me estaba terminando. El ruido de los martillazos se estaba haciendo cada vez más débil y la Rusita podía aparecerse de un momento a otro.<br />
-No lo pensés más, Turquito –lo apuré-. Agarramos y la atamos a la Rusita a una silla y después la estrangulamos con una soga. ¿Qué te parece?<br />
-Va a empezar a patalear&#8230; –dijo el Turquito.<br />
-Le atamos los pies entonces. Total ella es chiquita. Ahora dejate de vueltas y desatame las manos. Sé bueno, Turquito.<br />
El Turquito no sabía qué hacer.<br />
-La verdad que a mí me convendría –dijo-. Si es como usted dice, Sr. Cortázar&#8230; que en el premio de la novela hay diez veces más plata&#8230;<br />
-¡Diez veces o quince veces! –le dije-. ¿Qué? ¿Te vas a perder la oportunidad de tu vida por una piba como la Rusita?<br />
-Además así yo podría empezar a hacer una carrera de escritor&#8230; –pensó el Turquito en voz alta-. Eso no me vendría mal&#8230;<br />
-Más bien –le dije-. Como a todo el mundo. No le tengás lástima a la Rusita. ¿Si yo no te dije recién que te quería pasar por arriba? Me dijo que arregláramos entre ella y yo; y que a vos te dejáramos afuera.<br />
El Turquito hizo una sonrisa estúpida.<br />
-Yo tengo una novela que es bien linda –me dijo-. A lo mejor le doy ésa para el concurso.<br />
-Sí –le dije-, traeme ésa.<br />
-Tiene 576 páginas –me dijo-. A lo mejor no aceptan una novela tan larga.<br />
-La van a aceptar, Turquito; ahora desatame las manos.<br />
-¿Cuál es el máximo de páginas que aceptan, Sr. Cortázar?<br />
-Yo qué sé, Turquito; 650 páginas. 850. No me acuerdo. Apurate que va a venir la Rusita en cualquier momento.<br />
Yo tenía toda la frente chorreada de transpiración, y de los nervios, claro. El Turquito no se me decidía, era como que quería pero no podía, y yo no lo podía convencer. Ahí los martillazos cesaron para siempre y al rato nomás apareció la Rusita en la puerta de la cocina.</p>
<p>9-ALEJANDRA Y EL TURQUITO</p>
<p>Se nos quedó mirando un rato ahí bajo el dintel de la puerta, con aire sobrador y una sonrisa traviesa que se le insinuaba en la comisura de los labios. Apenas el Turquito la vio entró a tener chuchos de miedo. La Rusita entró a la cocina pavoneándose a lo compadrito. Estaba toda sucia de tierra desde la cabeza hasta los pies y se fue hasta la pileta y se puso a tomar agua de la canilla para refrescarse. Cerró la canilla y la dejó goteando. Después se sentó otra vez en la mesa y empezó a columpiar las patitas como antes. Seguro que algo intuía en el ambiente.<br />
-¿De qué estuvieron chusmeando las viejitas? –nos preguntó.<br />
-No sé, Rusita –yo le dije-. Fuiste vos la que pasó el 31 con tus tías abuelas.<br />
La Rusita se pasó las manos por la cara para sacarse un poco de tierra.<br />
-Yo preguntaba qué estuvieron hablando vos con el Turquito –me dijo.<br />
-De nada, Alejandra –dijo el Turquito con voz temblorosa-. No hablamos de nadie con el Sr. Cortázar.<br />
La Rusita le hizo una sonrisa chiquita y después miró para el techo.<br />
Yo le hacía señas con los ojos al Turquito para que se le animase. Todavía </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://blogsdelagente.com/cortazar-alineado/2008/11/17/cortazar-alineado/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

