Cortàzar 2ºparte
2-BUENOS AIRES
Yo de plata andaba bien y tenía la guita suficiente para el pasaje. Pero pensé: Para qué voy a gastar de lo mío. Mejor le pido a algún dormido. Pero a quién. En París ya le debía plata a medio mundo y nadie me quería ver. De repente me agarró una pachorra bárbara y me tiré a la cama. No voy nada a Buenos Aires, pensé. Yo qué sé qué me pasaba. Me daba fiaca gastar plata así nomás en un pasaje de avión. Me puse boca arriba y encendí un pucho.
Las volutas de humo llegaban hasta el techo, estremeciéndome.
¿A quién le pido, a quién le pido? Dale, Julio, pensá. ¿A quién le pido? Callate, no te hagás el chiquilín. Ya le debés plata a medio mundo. Buef, jodida es la vida a veces. Uno tiene ganas siempre de cometer una locura. Pero la culpa la tiene ese oligarca del bandoneón. Me hizo metejonear con la idea de Buenos Aires y ahora no puedo volver porque no tengo la plata. Serás hijo de puta, Astor. Para qué me escribiste. Si yo antes de tu carta andaba lo más tranquilo.
Ahora estaba nervioso. Tenía toda la barba sudada y de los nervios, claro. “¿Por qué no te volvés a Buenos Aires, por qué no te volvés, Julio?”. Claro, para vos es todo fácil, tanguero comunista, ¿y la plata de dónde la saco? ¿Qué te pensás? ¿Qué tengo la guita de Victoria Ocampo yo? ¿Qué te pensás? Yo soy un negrito cualquiera. Por eso me hice antiperonista en los 50. A ver si Borges o Victoria Ocampo me tiraban una mano. Yo qué sé, Astor. No puedo volver. No puedo. Buenos Aires todavía me duele. A Buenos Aires todavía la extraño. No quiero verla todavía. Imaginate si me da un calambre en el corazón. Yo qué hago. ¿Caerme en medio de la calle como un pavote? Mejor no, Julio, mejor quedate en París. No volvás a Buenos Aires. Se va a poner más triste si te ve con esta cara. Y además así, tan flacucho como andás.
Buenos Aires. Borges. Buenos Aires.
La pucha qué mal me siento. Qué triste que estoy. Yo de verdad quería volver. Lo juro, lo juro. Esto me pasa por sentimental. Siempre ando llorando por ahí. Por cualquier cosa. Hasta en los cines me pongo a llorar. Yo qué sé. No doy pie con bola. Cualquier escenita de despedida y yo me pongo a moquear como un salame. No tengo que ir más a los cines. No puedo volver más a Buenos Aires.
De repente me senté en la cama y apagué el pucho aplastándolo en el piso con un zapato en la mano. Se me había despejado el balero y ya sabía a quiénes les iba a pedir plata para volver a Buenos Aires.
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buenisimo
divagues de un gran artista y de un hombre comun…