Carta de Franz Liszt a la condesa D’agoult – by EBE CANE/DEMETER

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Carta de Franz Liszt a la condesa D’agoult

Marie! Marie!


Sobre cartas de amor, por Mario Benedetti

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Una carta de amor
no es un naipe de amor

una carta de amor tampoco es una carta
pastoral o crédito / de pago o fletamento

en cambio se asemeja a una carta de amparo
ya que si la alegría o la tristeza
se animan a escribir una carta de amor
es porque en las entrañas de la noche
se abren la euforia o la congoja
las cenizas se olvidan de su hoguera
o la culpa se asila en su pasado
una carta de amor
es por lo general un pobre afluente
de un río caudaloso
y nunca está a la altura del paisaje
ni de los ojos que miraron verdes
ni de los labios dulces
que besaron temblando o no besaron
ni del cielo que a veces se desploma
en trombas en escarnio o en granizo

una carta de amor puede enviarse
desde un altozano o desde una mazmorra
desde la exaltación o desde el duelo
pero no hay caso / siempre
será tan sólo un calco
una copia frugal del sentimiento

una carta de amor no es el amor
sino un informe de la ausencia

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.Un humilde recuerdo al Señor Mario Benedetti.

Gracias Sr. Mario

Carta de Amor de Frida Kahlo a Diego Rivera, publicada por Ebe Cané / Deméter

Carta de Claude Debussy a su esposa Emma

Carta de Claude Debussy a su esposa Emma

Roma, sábado 21 de febrero de 1914

Al fin! Tengo tu primer telegrama, esta mañana a las nueve y media… ¡No reemplaza una carta, y además ha pasado por tantas manos (telegrama a ocho manos) que ya nada tuyo contiene, salvo unos rápidos «cariños» a través del espacio!
Perdóname la carta desconsolada que recibirás al mismo tiempo que esta. ¡Fui demasiado infeliz! Y esta noche, incapaz de dormir, con la doble inquietud de no tener noticias tuyas y saberte envuelta en preocupaciones…
Durante esta noche, en que tuve la sincera impresión de que me iba a morir, pensé que sería imposible aceptar en el futuro invitaciones para dirigir conciertos a través de Europa. Solo con pena me atrevo a escribirlo, pero tengo que confesar mi espantoso miedo de perder tu amor. Cada viaje me quita un poco de él; al final terminaré por ser para ti nada más que un extranjero que pasa y al cual no se necesita atarse ya… En mí, produce el efecto contrario: tus más mínimos gestos, los malos como los tiernos, adquieren un valor que duplica mi angustia. No hay que esperar cambiar los actos del destino; sobre todo, no hay que invitarlo a hacer trampa…

Tu pobre Claude tan solo, que necesita de ti, pequeña mía.

Claude Debussy (1862-1918) fue un compositor francés cuyas innovaciones armónicas abrieron el camino de los radicales cambios musicales del siglo XX. Fue el fundador de la denominada escuela impresionista de la música. Se casó en 1899 con Rosalie Texier, pero la dejó cinco años después por el amor de Emma Bardac, cantante y ex esposa de un banquero, con la cual finalmente se casó en 1908.

Publicado por Olga en 18:00
Etiquetas: Carta de Claude Debussy a su esposa Emma

” Carta del Horror” De Correspondencia del Tiempo, By Ebe Cané / Deméter

Testimonio de un sobreviviente de Hiroshima

Todos conocemos el terror que desató la bomba atómica en

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Hiroshima en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial

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Aquí tenemos el testimonio de uno de los sobrevivientes:

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“De pronto, un deslumbrante fulgor rosa pálido apareció en el cielo, acompañado de un temblor sobrenatural, que fue inmediatamente seguido por una ola de sofocante calor y por un viento que barría todo a su paso. En pocos segundos, las personas que circulaban por las calles y jardines del centro urbano fueron abrasadas. Muchos murieron instantáneamente a causa del espantoso calor; otros se retorcían por el suelo, aullando de dolor por las quemaduras mortales.


Todo cuanto se hallaba en pie dentro del área quedó aniquilado y sus restos se proyectaron en como torbellino hacia el cielo. Los tranvías fueron arrancados de la vías y lanzados lejos, como si carecieran de peso; los trenes, levantados de sus rieles cual juguetes. Los caballos, los perros y el ganado sufrieron la misma suerte que los seres humanos.

Todo cuanto vivía en esa área quedó aniquilado o en actitud de indescriptible sufrimiento. La vegetación no se libró de la catástrofe: los árboles desaparecieron entre llamaradas, los sembríos y arrozales perdieron su verdor y quedó la hierba quemada en el suelo como paja seca. Más allá de la zona de la absoluta muerte, las casas se hundieron en un caos de vigas y muros. Hasta un radio de cinco kilómetros del centro de la explosión, las casas construidas de materiales ligeros se derrumbaron como si fueran castillos de naipes, los que hallaban en su interior resultaron muertos o heridos; y los que consiguieron librarse milagrosamente y salieron al exterior, se encontraron cercados por cortinas de llamas.

Por la tarde, el nivel del incendio general disminuyó, hasta que se extinguió porque ya no había nada más que incendiar”.

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Fuente:Taringa, Internet
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Hoy decidí poner el horror, y no el amor, con la mera intención de

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recordarnos a todos que las armas atómicas están guardadas y

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listas…

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Alguna vez nos detuvimos a pensar que nuestras vidas dependen de

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un botón y del mental que lo apriete?

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En el interim la amnesia colectiva del Planeta, infunde coraje de

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cuerda floja; impregnada de ilusiones. Sin frenar el aluvión de

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destrucción, tan anhelado por distintos poderes en la actualidad!

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Ebe Cané/ Deméter

New York, 04/28/2009

CARTA DEL GRAL. SAN MARTIN. CORRESPODENCIAS DEL TIEMPO

Carta de San Martín a Simón Bolivar”. /29 de Agosto de 11822 (*)

No sólo lo haré con la franqueza de mi carácter, sino con la que exigen los grandes intereses de la América.

He hablado a usted, general, con franquezas, pero los sentimientos que exprime esta carta quedarán sepultados en el más profundo silencio.; si llegasen a traslucirse, los enemigos de nuestra libertad podrían prevalecerse para perjudicarla, y los intrigantes y ambiciosos para soplar la discordia…

Los resultados de nuestra entrevista no han sido los que me prometía para la pronta terminación de la guerra. Desgraciadamente, yo estoy íntimamente convencido, o que no ha creído sincero mi ofrecimiento de servir bajo sus órdenes con las fuerzas de mi mando, o que mi persona le es embarazosa. Las razones que usted me expuso, de que su delicadeza no le permitiría jamás mandarme, y que, aun en el caso que esta dificultad pudiese ser vencida, estaba seguro que el congreso de Colombia no consentiría su separación de la República, permítame general le diga, no me han parecido plausibles. La primera se refuta por sí misma. En cuanto a la segunda, estoy muy persuadido que la menor manifestación suya al Congreso sería acogida con unánime aprobación cuando se trata de finalizar la lucha en que estamos empeñados, con la cooperación de usted y la del ejército de su mando.

En fin, general, mi partido está irrevocablemente tomado. Para el 20 del mes entrante he convocado el primer Congreso del Perú. Y al día siguiente de su instalación me embarcaré para Chile, convencido de que mi presencia es el solo obstáculo que le impide a usted venir al Perú con el ejército de su mando. Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la Independencia bajo las órdenes de un general a quien la América debe su libertad. El destino lo dispone de otro modo, y es preciso conformarse. No dudando que, después de mi salida del Perú, el gobierno que se establezca reclamará la activa cooperación de Colombia, y que usted no podrá negarse a tan justa exigencia…

Nada diré a usted sobre la reunión de Guayaquil a la República de Colombia. Permítame, general, que le diga, que creí que no era a nosotros a quienes correspondía decidir este importante asunto. Concluida la guerra, los gobiernos respectivos lo hubieran transado., sin los inconvenientes que en el día pueden resultar a los intereses de los nuevos estados de Sudamérica.

Desearle únicamente sea usted quien tenga la gloria de terminar la guerra de la Independencia de la América del Sur.

(*) (Carta de San Martín al general Simón Bolívar, 29 de agosto de 1822, después de la entrevista de Guayaquil)

Referencia bibliográfica: BARTOLOMÉ MITRE, Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana, en Obras Completas, v. 5, Buenos Aires, 1940, Apéndice, n° 31, página 618. En “El pensamiento político de Simón Bolívar en tiempos difíciles. Ideología y realidad.”, de HORACIO JUAN CUCORESSE,. Imprenta de la Universidad. Buenos Aires, 1982.

Por Facundo Arrechea
De la redacción de Agencia NOVA

George Sand, amar, amar… POSTED BY EBE CANÉ/DEMETER


George Sand pasó a la historia por su relación tormentosa con Frederick Chopin, mientras que su relación con Alfred de Musset quedó en segundo término. Sin embargo, le dedicamos acá igual espacio a ambos amores de Aurore Dupin( tal su verdadero nombre).
Chopin había crecido en una familia pacífica, unida, en uno de esos hogares simples en los cuales todos los detalles de la vida diaria llegan a ser menos prosaicos gracias a la distinción natural provista por el sentimiento y los hábitos religiosos.
Lo habían recibido cuando joven en los círculos más aristocráticos, y la mayoría de las bellezas más festejadas le habían sonreído por su juventud. La vida social, y la influencia femenina habían ayudado a hacerlo ultra refinado.
George Sand y Chopin no se atrajeron en una primera instancia, Chopin tenái la impresión de que ella era un marimacho, y la Sand lo encontraba afeminado.
Quizá eso mismo los lleva a una atracción aceptando una pervertida inversión de roles.
Ella hizo los primeros avances. Es fácil ver qué le encantó en él. En parte existía el contraste absoluto de sus naturalezas opuestas. Ella era toda la fuerza, de una naturaleza expansiva, exuberante. Él era muy discreto, reservado y misterioso. En el comienzo la visión negativa se revierte y surge la atracción. Escribe George Sand en una carta: “No nos veremos todos los días, no poseeremos todos los días el fuego sagrado, pero habrá días hermosos y llamas sagradas. He conocido diversas clases de amor: amor de artista, amor de mujer, amor de hermana, amor de religiosa, amor de poeta. ¿Qué podría añadir?. No soy inconstante…”
Chopin dice en su diario: “La he vuelto a ver tres veces. Me miraba fijamente a los ojos mientras yo tocaba; era música un poco triste, leyendas del Danubio, y mi corazón bailaba con ella, y esos ojos en mis ojos, ojos sombríos, ojos singulares, ¿qué decían? Se apoyaba en el piano y sus miradas hechas besos me inundaban Había flores alrededor. Mi corazón estaba preso. La he vuelto a ver después dos veces. Ella me ama…”
Claro que esta relación de nueve años termina en el rompimiento. Como dijo Liszt de manera enérgica. “el precisa todo el que había intolerablemente incompatible, diametralmente enfrentado y secretamente antitético entre dos naturalezas que parecían haber sido dibujadas mutuamente el uno al otro por una atracción repentina y superficial, para repelerse más adelante encendidamente con toda la fuerza del dolor inexpresable y del aburrimiento.
Pese a los temores que plantea su otro amor, Alfred de Musset en otra carta que encuentras aquí al declararle su amor, ella no se rió de él, y no le mostró la puerta. Las cosas no demoraron mucho, evidentemente, como ella escribe a su confesor, Sainte-Beuve: “me he enamorado, y muy gravemente esta vez, con Alfred de Musset.”
Declararía también que “he encontrado un candor, una lealtad y un cariño que me encantan. Es el amor de un joven y la amistad de un camarada.”
Esta relación pasó por dolorosas instancias, traiciones, separaciones, y en el final Musset desaparece en el interior del país, y escribe la versión de su propia historia de amor en Confesiones de un hijo del siglo. Ella le escribe una sucesión de cartas desesperadas, rogándole poder volver a verlo. La respuesta nunca llega…
Es sólo después de su muerte, muchos años más tarde, cuando le devuelven esas cartas, que George descubre que Alfred jamás llegó siquiera a abrirlas.

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George Sand, amar, amar

Carta de Guillaume Apollinaire – navidad – ( ATODONO )

Navidad. Mi amor, hoy recibí dos cartas tuyas -estoy contento, contento!. Hace frío de perros y un sol magnífico. Tengo salida del cuartel el primero de enero; te telegrafiaré las horas de llegada. Alístate!.
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Tesoro mío, perdona mi tristeza de las últimas cartas. No recibí nada tuyo. hoy recibí tus cartas VIII y X. Me falta la IX. yo no volví a numerar las mías porque me pierdo. Les pongo fecha y escribo todos los días. Del estómago estoy bien, me curó el cinturón de franela. Los detalles de mi permiso no podrían ser más vagos. Sé que tendré 48 horas, 24 de las cuales se irán en el viaje. Llegaré a niza de noche seguramente. Pero ya te telegrafiaré todo eso. Me pides mayor precisión, cosa que me gusta mucho, pero en la vida militar muchas cosas son imprecisas para el soldado raso. Además, el lema aqui es: “no hay que tartar de entender!. Yo te adoro, mi amor. Te deseo. Me meto dentro de ti con toda mi fuerza. Te estrecho y te acuno en mis brazos. Lanzo como un dardo toda mi fuerza vital en ti. Tomo tus labios. Amor, te deseo tanto que me haces rugir. Ahora, contesto tu carta X: dejo de estar triste, amor mío, desde el momento en que me amas. Y ya no sé a qué maldades hacías alusión. Sin duda al egóismo de Memé. Qué ha dicho ella respecto a mi compromiso?. Lo sé bien mi amor, nada podrá separarnos, pero esos días yo estaba sin noticias de ti., no sé porqué me puse celoso tontamete y supuse que te habrías ido a Marsella sin decírmelo. Sí, mi amor, nuestras palabras se han intercambiado y personas como nosotros no faltan a su palabra. Tienes razón al regañarme. Me vuelvo como una bestia cuando dudo y me enloquezco. Te confiaré todo. Pero a menudo mi nerviosismo me arrastra y mi imaginación me arrebata.
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Lou, que bien sabes decir las palabras que consuelan. Eres un instrumento de música exquisita. Tus melodías me transportan al cielo. Tú eres mi música, mi poesía, mis nueve musas, mis tres gracias. Sí, mi amor, regáñame, no tengo derecho de dudar, pues siendo libres el uno y el otro nos entregamos libremente y debemos pensar como piensas tú, para ser dignos el uno del otro. Sí, mi amor, no hablemos de nuestra felicidad. Voy a escribirle esta noche a Rouveyre que te ha visto varios veces, que he tratado de flirtear contigo pero que no ha resultado, que somos buenos amigos, eso es todo. De manera que tú puedes, si le escribes, hacerlo en ese tono. Además, no es necesario que le escribas. Yo creía que Janes Mortier se había ido. Sí, feliz navidad mi amor. Nuestra navidad es nuestro amor. Lo dices tú, poestisa archidivina.
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Hasta luego mi amor, te beso con todo mi corazón, con toda mi fuerza, te amo y te amo toda.

Guillaume.

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Carta de Guillaume Apollinaire a su amada

Simón Bolívar y Manuelita Sáenz, cartas – Posted by Ebe Cané/Demeter

El amor que se profesaban Simón Bolívar y Manuelita Sáenz ha pasado a la historia, sustentado por esos mudos testigos que gritan amor letra a letra: sus cartas. Incluímos aquí fragmentos de las mismas, así como una que le escribiera Manuelita a su esposo, James Thorne, en primer término.
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No, no y no; por el amor de Dios, basta. ¿Por qué te empeñas en que cambie de resolución? !Mil veces no! Señor mío, eres excelente, inimitable. Pero, mi amigo, no es grano de anís que te haya dejado por el general Bolívar; dejar a un marido sin sus méritos no sería nada. ¿Crees por un momento que después de haber sido amada por este hombre durante años, de tener la seguridad de que poseo su corazón, voy a preferir ser la esposa del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo, o de los tres juntos? Sé muy bien que no puedo unirme a él por las leyes del honor, como tú las llamas, pero, ¿crees que me siento menos honrada porque sea mi amante y no mi marido?
Déjame en paz, mi querido inglés. Amas sin placer. Conversas sin gracia, caminas sin prisa, te sientas con cautela y no te ríes ni de tus propias bromas. Son atributos divinos, pero yo miserable mortal que puedo reírme de mí misma, me río de ti también, con toda esa seriedad inglesa. !Cómo padeceré en el cielo! Tanto como si me fuera a vivir a Inglaterra o a Constantinopla. Eres más celoso que un portugués. Por eso no te quiero. ¿Tengo mal gusto?
Pero, basta de bromas. En serio, sin ligereza, con toda la escrupulosidad, la verdad y la pureza de una inglesa, nunca más volveré a tu lado…

Siempre tuya, Manuela.

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10 de abril de 1825

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Mi bella y buena Manuela:
Cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación, por ti; porque te debes con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro! Sí, te idolatro más que nunca, jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino (…).

Bolívar

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17 de noviembre de 1825

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Señor:
Estoy muy boba y enferma. Cuán cierto es que las grandes ausencias matan el amor; y aumentan las grandes pasiones. Vd. me tendría muy poco amor, la grande separación lo acabó; pero yo que por Vd. tuve pasión, que ésta la he conservado por conservar mi reposo y mi dicha, que ella existe y existirá mientras viva. (…)

Manuela.

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26 de noviembre de l825

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Mi amor:
¿Sabes que me ha dado mucho gusto tu hermosa carta? (…) Lo que me dices de tu marido es doloroso y hermoso a la vez. Deseo verte libre, pero inocente juntamente; porque no puedo soportar la idea de ser el robador de un corazón que fue virtuoso y que no lo es por mi culpa. No sé cómo hacer para conciliar mi dicha y la tuya con tu deber y el mío. (…)

Bolívar

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Simón Bolívar y Manuelita Sáenz, cartas

Carta de Lord Byron a Caroline Lamb – ( Atodono )

Lord Byron (1788 – 1824) fue uno de los más reconocidos donjuanes. Un poeta mundialmente famoso a los 24, él tenía un escrito pero asunto extremadamente apasionado romance con Caroline Lamb. Presionado por la madre de Caroline (quién puede haber estado interesada en Byron), él utilizó la oportunidad parade poner fin a la relación. En esta carta, él da sus razones.
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Agosto de 1812
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Mi muy querida Caroline,
Si las lágrimas, que usted vio y sabe que no soy aficionado a verter, si la agitación en la cual me separé de usted, agitación que usted debe haber percibido a través de todo este tenso, nerviosísimo proceso, no comenzaron hasta que el momento de dejarle se acercó, si todo lo que he dicho y hecho, y estoy aún preparado para decir y hacer, no han probado suficientemente cuáles son y serán mis sentimientos verdaderos siempre hacia usted, mi amor, no tengo ninguna otra prueba a ofrecer.
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Dios sabe que deseo verla feliz, y cuando renuncié a usted, o mejor dicho cuando usted por un sentido del deber a su marido y madre renunció a mí, usted deberá reconocer la verdad de lo que de nuevo prometo y hago voto, que ninguna otra en palabra o hecho ocupará el lugar en mi afecto, que es y será consagrado a usted hasta el fin de mi existencia.
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Nunca supe hasta este momento, la locura de mi queridísima y más amada amiga.
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No puedo expresarme, éste no es tiempo para palabras, pero encontraré orgullo y un placer melancólico, en el sufrimiento que usted usted misma apenas puede concebir, para usted ponga no conocerlo. Ahora debo salir con el corazón cargado, porque apareciendo esta tarde detendré cualquier historia absurda que los acontecimientos de hoy pudieran originar. Usted piensa ahora que soy frío y severo, y ingenioso -otros pensarán igual, hasta su madre- esa madre a quien debimos sacrificar mucho de hecho, más, mucho más en mi caso, de lo que ella sepa o pueda jamás imaginarse.
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“Prometer no amarla”
Ah, Caroline, está más allá de la promesa, pero atribuya todas las concesiones al motivo apropiado y nunca deje de sentir todo que usted ya ha comprobado, y más que puede ser sabido siempre por mi propio corazón, quizás el suyo.

Quiera Dios protegerle, perdonarle y bendecirle, siempre y aún más que siempre

Su tan apegado
BYRON

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Carta de Lord Byron a Caroline Lamb


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