Archivo para la categoría ‘Identidad y Emigracion’
09 Ago 2011 | Por angelika | Claves: amor, El porque de las cosas, Fiordos, Paises Nórdicos, romanticismo, sueños | # Enlace permanente
Tengo calambres en las piernas, se me arquea el pie, estoy intentando mil posturas que me calmen e intento enderezar los dedos con las dos manos pero estos se retuercen a su gusto, luego tal vez pienso,
Calmando mi cabeza logre algo, intento con el control mental, `porque no tengo ganas de levantarme y pisar el piso frio para relajar la planta del pie, ya que este era el sistema que usé siempre y que solía darme resultado, pero no hoy.
Pero digo como concluyendo, si estos son tres autores Nórdicos…me asombro y me doy vuelta en la cama medio dormida, y vuelvo a pensar en los autores Nórdicos.
Tal vez bailando en la oscuridad, o esperando en los fiordos con mi nena que me buscara,
Un pirata pelirrojo, corpulento y de armas a tomar en un barco antiguo años esperado por mí.
Hola vikinga decía mi vecino, cuando pasaba por la estación de servicio que estaba al frente de mi casa, e invariablemente, yo me sonreía porque me parecía que le estaba errando en el origen cultural.
Los croatas no somos vikingos, pero él sin faltar ningún día a su ritual, me veía aparecer, camino del colegio, y cuando yo pasaba por su vereda escuchaba ¡hola vikinga!!
Me hubiera gustado serlo. En esa época yo pensaba que ellos, los vecinos de los países del Norte, tenían una vida más resuelta, que eran menos contraídos, menos estructurados…que hacían de su vida, exactamente lo que a ellos les parecía bien.
Yo suponía que no eran tan moralistas, ni tan vuelteros, como los que íbamos a un colegio de monjas como yo.
Me parece recordar que mi papá admiraba mucho a las suecas que habían venido manejando autos… para correr carreras en la Argentina, y él nos enseñaba a mi hermana y a mí, con mucho esmero, la importancia de saber manejar y dominar todo lo relativo a los autos,
Porque opinaba que no solo había que saber manejarlo sino que había que atenderlo,
Es decir, fijarse, en el ruido del motor, si tenía aceite, nafta, agua etc
Eran otras épocas, en las que no había lucecitas y timbrecitos que suenan cuando al
Auto se le rompe o le falta algo. Tal vez que mi padre admirara a estas chicas, hizo que yo quizás quisiera estar en el lugar de ellas y que me admirara igual, ahí estaba la relación.
Estaba en mis sueños, al borde de los fiordos, con un traje de gamuza raido, los pelos lacios rubios y de la mano una nena igual a mí, pero en miniatura, chiquita de un año tal vez, también con un vestidito raido, esperando junto conmigo al lado de una cabañita de madera, de la que humeaba la chimenea recién prendida.
Esta semana, estuve bajando películas Nórdicas, como buscando algo mejor…DF me dijo,
-no, esto no es para tu amiga, no creo que le guste, mejor búscale otra cosa…porque yo quería
Llevarle películas nórdicas para que ella las disfrutara igual que yo…cuando en realidad ni siquiera conozco sus gustos. Me recordó DF que ella había dicho anoche, “me gustan las películas por ej La luna de Avellaneda”, y yo pensé casi inconscientemente que macana y yo buscándole películas de autor o premiadas… del otro lado del mundo, y sus gustos estaban aquí nomás. Por suerte DF me puso sobre aviso y rumbeé con mi búsqueda hacia otros lados.
“No debes reírte ni mostrarte”, “nombres locos se encuentran en todas partes”.
Aseveraba mi madre, tajantemente, como diciendo, se mas humilde, por ahí te ganas un pedacito de cielo, mi madre cosía paracaídas para los aviones y debió irse a Finlandia, pero al final, no lo hizo?
La nena en la puerta tocaba el portero. No era yo, ni mi hijita de las imágenes parada en los fiordos… Yo fui a responder inocentemente y la respuesta
Al quién es? Fue, soy Valentina…
Yo me quede desorientada, y pregunté qué Valentina? A lo que de nuevo ese sonido suave del
otro extremo del contestador…soy yo, abuela, tu nieta Valentina.
Le dije susurrando que ya iba a abrirle el portón de entrada y me separándome de las imágenes Nórdicas y abrí la puerta “y me alegre de verla” a mi pequeña Valentinita.
10 Ene 2010 | Por angelika | Claves: amor, croacia, emigrantes, pescadores, Puerto Deseado, Ribari | # Enlace permanente
Historia de Emigrantes de Croacia a Puerto Deseado
Estamos sentadas frente a frente Julia Žižić y yo esperando las doce, para brindar por una Navidad más.
No puedo dejar de mirar sus ojos azules, es la dureza del acero y la profundidad del mar enmarcada por una mata blanca de cabello suave y plateado, nuestras miradas en silencio se dicen cosas que solo en alguna suerte de encantamiento se pueden trasmitir.
El rostro y la mirada erguidos con orgullo, está sentada firme con la postura practicada por años para no desfallecer, no flaquear…
Luchando para domarse la una a la otra, la naturaleza llena de vientos furiosos y de fríos cortantes como mil agujas sobre la piel, y por otro lado la
Firme e indoblegable convicción de seguir y seguir, donde no había seguramente lugar para las lágrimas.
Escucho con atención su historia…que repite con voz baja pero muy clara, “éramos cinco hermanas y un hermano, que mi madre adoraba
porque era el varón de la familia, mi padre no sabía hablar el castellano porque era Croata, había venido a estas tierras para trabajar como
Picapedrero”…
Asiento con la cabeza sonriendo, recordando este oficio muy conocido por mí en la infancia, porque algunos croatas que habían venido a la Argentina y eran amigos de mis padres, trabajaban en eso…revestían de piedra laja los frentes de las casas y ponían un sello inconfundible en ellas.
“Fue muy duro, sigue Julia, vivir aquí, había que trabajar en lo que fuera, el clima no era como es ahora, había mucha nieve y mucho viento…”no había tantas comodidades como en esta época, sigue la anciana, mi padre vino en 1909 y trabajó en el Ferrocarril, hasta 1914 que es cuando se dedicó a pescar…fue el primer
pescador artesanal de Puerto Deseado, dice Julia con orgullo, pescaba Robalo y Pejerrey.”
Mientras escucho a la anciana dama , me imagino a Esteban Žižić, lidiando con energía, con botes y redes y mientras las gaviotas revolotean y planean en derredor, esperando su comida…según el pacto tácito entre ellas y el pescador…
“Lo pescado luego era vendido a los hoteles y restaurantes de la zona”…-dice Julia y continúa
“Mi padre, era muy trabajador y muy gracioso, el hablaba su idioma y mucha gente no lo entendía, pero a él no parecía importarle, se reía todo el tiempo…”
Mientras la pionera sigue con su historia, que yo interrumpo a cada rato para que me dé más detalles, sus ojos se vuelven a perder en el pasado y continúa…
“Por esas épocas conoció a una española Luz Divina Llanos, que luego fuera mi madre, y se casó con ella, y en 1924 se fueron a Croacia por seis años y al cabo de ese tiempo volvieron…”
Con la mayor tristeza del mundo… se encontraron con que la hermana de Luz, Estefania, que había quedado en Puerto Deseado había desaparecido… es como si se la hubiera tragado la tierra, nadie supo decirles hasta mucho años después adonde había ido…cuando los bisnietos develaron el misterio…
Al lado de Julia, sentado muy solicito, está su hijo Roberto Cis, padre de Silvana, Alejandra y Jorge Cis…Joven luchador para y por Puerto Deseado…
Cuyas palabras en un momento fueron “ No me imagino fuera de Puerto Deseado …no me imagino haciendo mi vida fuera de Puerto Deseado…
Es mucho el amor y la energía por la tierra que nos vio nacer…afirma con orgullo Jorge, bisnieto de aquel Croata, Esteban Žižić pescador y picapedrero que vino de su Mar Adriático natal a pelear la vida en el sur, en el Mar de Puerto Deseado…(continúa)
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Foto ” Ribari” sacada por Dirk F Verberck en “Brela, Croacia”.
06 Dic 2009 | Por angelika | Claves: costumbres, croacia, emigrantes, raices, recuerdos, viajes | # Enlace permanente
El camino en las altas montañas, sinuoso y regado por una fina llovizna parecía no tener fin,
las montañas de Biokovo, imponentes guardianas del mar azul,
me llevaban al pueblito donde iría a visitar a mi padre.
Mi prima Marija, amorosa, era la que me guiaba en lo que se acostumbra y lo que no en estos casos…
Me dijo-es la primera vez que vienes, no?
Sí digo, estoy a trece mil km no puedo venir a cada rato, me disculpo…
-Bueno, no intento retarte, solo que la primera vez, se acostumbra un ramo grande…
dice Marija y su voz suena entre vergonzosa y mandona.
-Oh, digo, bueno y poso mi mirada sobre un hermoso ramo de bandoleras multicolores
rojas , blancas y azules, mmm pienso, igual que nuestra bandera.
-Y también un velón…escucho a mis espaldas…
Bueno digo y elijo uno azul.
Cuando deposito las flores, me viene a la memoria la voz de mi padre, que me dijo años atrás…
“Pensé que no ibas a venir” a lo que yo contesté…”como no voy a venir, si te dije que lo haría…”
Solo que ahora, a su voz solo la escucho en mis recuerdos.
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19 Nov 2009 | Por angelika | Claves: costumbres, croacia, emigrantes e identidad, posusje, psicologia, zagreb | # Enlace permanente
Viaje hacia mis raices
Cuando baje del avión, con mis valijas a cuestas miraba a todas partes esperando ver a alguien con rasgos parecidos a los míos y con la esperanza de no tener que desenvolverme sola en una ocasión tan especial a esta. Me tope con la policía y miraba a mi derredor pero todos eran desconocidos para mí, miraban para otro lado y yo me sentía desamparada, di mis documentos y me indicaron una puerta por la cual salir; mi sorpresa fue muy grande cuando detrás de ella mis primos que reconocí en el acto por las fotos que mi hermano me había mostrado, me abrace a ellos con toda la alegría del mundo, y a mis espaldas una sombra unos ojos, yo sentía que me escrutaban, cuando me di vuelta era Francés, el amor de mi adolescencia, lo abrace y retrocedí en el túnel del tiempo me sentí como si nunca nos hubiéramos separado y un bienestar que me inundo el cuerpo y el alma, en adelante todas las veces sentí lo mismo en su presencia y con su contacto, mucha paz y protección.
En segundos mi primo se las arregló para despedirlo y ocuparse de mí como si yo fuera su responsabilidad; no podía creer que otra vez algo externo a nuestra voluntad nos estaba separando, solo alcance a decirle que le iba a hablar por teléfono, me contesto que entendía perfectamente que la familia era primera, yo me prometí que no iba a ser pasiva esta vez.
Todo lo que yo vivo importante tiene la forma de voraginoso, deje esa mirada verde brillante a mis espaldas, algo se me rompía adentro del pecho pero no retrocedí, seguí adelante, mis primos ajenos a lo que me estaba ocurriendo, me hablaban muy entusiasmados, y yo supongo me sumergí en la conversación de la misma forma. Eran mil preguntas, había tanto que compartir para lograr saber quienes éramos, solo teníamos en claro que eran parientes, primos hermanos, ya seres adultos arriba de los cuarenta que se veían por primera vez. Demasiado fuerte para cualquiera, un encuentro tantas décadas fantaseado, y en ese momento que era real estaba sucediendo…opina que la realidad es muchas veces más increíble que la fantasía.
No me alcanzaban los ojos para mirar por la ventana del auto cuando mi primo me iba contando, y mostrando los edificios importantes de Zagreb, a vuelo de pájaro de camino al restaurante, tenia la sensación que por un error de la naturaleza me había metido en un libro de historia, y formaba parte de esas paginas. Como describir la loca sensación de haber estado siempre allí en casa, …
-Que vas a tomar prima,? me dice Marinko todo solicito.
-Mira, nosotros en la Argentina no acostumbramos a tomar a la mañana… tengo miedo de emborracharme…
-No, no te vas a emborrachar, esto que te voy a invitar se llama pelinkovac, es típico de acá, se toma en vasos chiquitos la ocasión lo merece, vamos a brindar, porque por fin nos hemos conocido…la parte joven de la familia se digno a averiguar quien es quien en la familia…
No digo nada porque tiene razón pero pienso para mis adentros, estoy en un lugar maravilloso, la mesa esta puesta debajo de los arboles, al costado de una casa antigua restaurada, y un hilo de agua arreglado como una especie de arroyito corre al costado de la mesa, me parece todo tan diferente a lo que estoy acostumbrada, pero a la vez me siento tan plena y tan gratificada, tan feliz de estar con dos primos, con mi sangre y que me acepten por el simple hecho, de ser familia….
-Que te gustaría comer? Me dice Marinko y Ljubica asiente con una sonrisa.
-Me gustaría algo así como pita burek… (un arrollado de carne molida que me encanta)
-No, eso no es típico de Zagreb sino de Sarajevo… dice Marinko pensativo.
-Bueno, digo, elegí vos, también un vino blanco de acá,
Ljubica interviene- a que no sabes que hizo tu primo? Y sigue -a cuanta mujer con pantalón negro aparecía por la puerta le quería dar un beso… tu hermano habló y le dijo a Marinko como venias vestida …
Pienso en Vladito, mi hermano más chico, con cariño realmente no se olvidó de ningún detalle, y que es una suerte que es como es, prolijo y contenedor.
Mientras doy cuenta de la comida y pregunto mil veces como se llama, el nombre es difícil, Marinko me dice que Zelko, su sobrino me va a llevar a Posusje a la casa de mi abuelo y que después me lo va a presentar cuando me lleve a conocer su casa, porque él se quería volver a su casa del mar, ya que la extrañaba a su esposa y que sin ella no podía estar.
Me asombra lo que escucho y le digo- Me encanta lo que siente un hombre enamorado y que lo diga, me enternece, Ljubica interrumpe y busca en su cartera y saca doscientas kunas y me dice que en el camino pague yo el café que no lo deje al pobre chico que gaste me doy cuenta que me pierdo en los códigos, me asombro pero no digo nada, … pasan las horas y estamos instalados en la casa de mi primo, es hermosa, muy bien decorada, me presentan a Zelko, que no es ningún niño como yo había imaginado, de treinta y siete años, buen mozo, morocho, agradable ,él a su vez me presentó a un abogado que nos acompañaría, y partimos, luego que mi primer primo ofrece jamón crudo y bebidas a todo el que llega a su casa, comienzo a sospechar que la comida es muy importante para ellos, me despido con la promesa de Marinko de que nos iba a pasar a buscar a mi papá y a mí para llevarnos al mar, y pasar unos días en Zagreb antes de volver a la Argentina
También comienzé a entrever de que la palabra empeñada tal cual me enseñaron mis padres se sobreentiende que se cumple, no se promete para quedar bien o salir del paso…
En algún momento después de sacarme fotos, al mejor estilo alguien en vacaciones, me encontré en la cochera subiendo al auto de Zelko, bajamos por una calle que nos conectó con una avenida llena de arboles, a mis espaldas quedan las montañas, que rodeaban la casa, como si fuera un muro de contención natural, todo habitado de arboles cuyas copas asemejan la paleta de un pintor, y sobre su borde superior las vías de un pequeño tranvía que pasa raudo hacia el centro. Me parece un paisaje encantador, casi mágico, es verano y esta todo verde en matices diferentes, muchas enredaderas silvestres, con campanitas colgando displicentes, en colores azules, blancas, al costado de la avenida casas antiguas, con ese color grisáceo que solo los años son capaces de dar y los techos de tejas a dos aguas que en esa zona son de un color indefinido fiel reflejo de los muchos siglos cuya historia acompañan. Debajo de ellos, asomando balcones coquetos cuyas ventanas con cortinas de voile asoman caprichosas con volados; y en el alfeizar de la mayoría, macetas rebosantes de flores.
Fijé mi vista por unos segundos en una de las casas, no se porque me pareció especial, y me pregunté cuantas historias de vida se habrían desarrollado en ella inclusive cuantas generaciones habrán disfrutado de su belleza…dejo ir esas imágenes de mi mente porque hay otras ahora que llaman mi atención, ya que estamos en camino por una ruta llena de bosques y flores silvestres, hacia la casa de mis raíces…
En algún momento nos encontramos en una ruta muy cuidada rodeada de mucha vegetación, todos los arboles que yo pude imaginar alguna vez, arbustos y flores , yo estaba encantada y no dejé de preguntar en ningún momento como se llamaba esta planta o aquella, Zelko y Antonio me contestaron con mucha paciencia pero me di cuenta que los puse en un apuro, ya que no quisieron ser descorteces pero a veces no tenían la respuesta.
-Estoy muy asombrada, digo a mis compañeros de viaje, pensé que todo esto era más árido por aquí, nunca imaginé tanta vegetación y tan variada.
-Si, acá hay bastante, me dice Antonio como al pasar, tendrías que ver la belleza de Sarajevo, esto no es nada si comparas, esta todo rodeado de bosques.
La caravana de autos me da la impresión que cada vez se hace más lenta…
-Esta ruta siempre es así? Pregunto muy interesada.
-No, dice Zelko, algo debe haber ocurrido. Podríamos parar a un costado para que aproveches a fumar un cigarrillo.
-Me parece una excelente idea, contesto entusiasmada ya que en el auto no me dejaron fumar porque como ellos no lo hacen, dicen que les contaminaría el aire, tema que me parece justo aunque no me convenga.
-Volvé acá, no sigas, escucho unos gritos desesperados… hay minas sembradas que todavía quedaron de la guerra, y sigue, los soldados limpiaron pero, ves el pasto alto?, allí no entraron…
-La guerra, contesto, es un tema que no tengo en cuenta, que terrible seria hacer tantos kilómetros, después de tantos años , con tanta ilusión y volar por los aires , por un descuido. A partir de ese momento fue un tema que nos acompañó con anécdotas todo el camino… (continua)
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13 Nov 2009 | Por angelika | Claves: croacia, emigracion e identidad, online, psicologia, psicoterapia, vivencias | # Enlace permanente
Capítulo 1
No es fácil mirar atrás sin sentir dolor en algún momento, más en mi caso que intento escribir sobre las dificultades que tuve en el transcurso de mi vida; La eterna lucha por incorporar las pautas culturales del país en el que nací pero esto solo ocurría de lunes a viernes en el colegio al que asistía. En el mundo interno de mi casa y de la colectividad de croatas, había un mundo educativo paralelo, con Idioma y costumbres diferentes como si un pedazo de la vieja Europa hubiera sido transplantada a estas tierras y se negara a participar de otros modos de vida que en ese momento resultaban extraños.
Me di cuenta que nosotros, éramos diferentes. Cuando cumplí seis años y me encontré en un edificio muy grande, que mamá me explicó que era el colegio al que iría en adelante, una monja, vestida de negro, se dirigía a mi mama y otras veces a mí, diciendo cosas que yo no le entendía. porque por esas épocas no sabía hablar ni una palabra en castellano y solo sentía algo muy desagradable cuando la mujer me tocaba la ropa mientras hacía muecas con su cara, eran muy ambiguas , para ver si mi uniforme tenía la calidad y la tela que pretendían; ahora se que la camisa tenía que ser de pique y el jumper de lana azul, eso me explicó mi mamá después, me sentía sorprendida , asustada y curiosa porque no sabía de que se trataba todo eso, junto a la terrible sensación de pequeñez , sensación de estar perdida, en un edificio tan enorme y tan extraño para mi, me parece hoy que sentía que en cualquier momento iba a desaparecer, no quería estar allí me daba muchísimo miedo, pero me estaba prohibido llorar tenía fama de escandalosa en mi familia porque por ejemplo cuando me tenían que vacunar en las campañas masivas , que generalmente eran en la seccional de policía de mi barrio, lugar que le agregaba más miedo al miedo que ya tenía, yo lloraba de tal forma que contagiaba a los demás chicos, entonces era a mi desgarrador griterío se sumaba el de los otros chicos que hasta ese momento habían esperado juiciosos parados junto a su madre que el médico les pusiera la vacuna, a esta altura sentía en mi piel, a través de la mano de mi madre que se avergonzaba de la hija cobarde que tenia.
Así comencé mi primer día de clase, en silencio expectante, mientras unas cuantas compañeritas mías lloraban a más no poder, una se hizo pis, yo no entendía nada, no comprendía que pasaba, solo me eran conocidas las imágenes que había en el pizarrón, o los dibujos de cuentos hechos con cartulina por la maestra-monja que me apasionaban y los disfrutaba; en casa no se contaban esos cuentos, solo anécdotas de la guerra, o historias que mi mamá vivió de niña en la nieve con sus hermanos.
Así fueron transcurriendo mis días, comencé a sentirme feliz de ir todos los días a clase y aprender tantas cosas nuevas, pero más feliz me sentía cuando regresaba a casa y me conectaba con la naturaleza. Teníamos una casa antigua enclavada en un terreno de casi una manzana, era solitaria porque por esas épocas no abundaban los vecinos, había mucho campo alrededor y se veían a lo lejos, unas pocas casas.
Aún hoy extraño esa forma de vida tipo fortaleza ya que actualmente habito una casa rodeada de vecinos que me hace sentir hacinada. Me gustaría como antes ir a los árboles frutales, y recoger naturalmente los frutos en los durazneros, manzanos, ciruelos, nogales enormes, higueras…
Recuerdo que en el medio del terreno había un camino que iba hasta el gallinero, era una parra de la que colgaban racimos gigantes uvas, y a un costado un horno de pan al que nos trepábamos con mi hermana Ceca, y del que alcanzábamos ciruelas y las comíamos con fruición o las cortábamos en pedazos para jugar a hacer comiditas .En otros momentos la ayudábamos a mi mamá a desmalezar sus sembradíos , pimientos, frutillas, flores, o ayudábamos a dar de comer a los patos recién nacidos o a las gallinas.
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13 Nov 2009 | Por angelika | Claves: c, emigrantes e identidad, identidad, psicologia, psicoterapia, vivencias | # Enlace permanente
(Continuación de Capitulo Uno)
Por esos tiempos todo lo que usábamos para nuestra subsistencia, era mejor según mis padres si era hecho en casa. Mi papá intentó hacer un alambique e hizo una grapa del que solo él estaba orgulloso. Pero más adelante hizo salchichas y carne ahumada que le salieron muy bien. En esa oportunidad con mi hermana lloramos a más no poder,porque fue un día negro para las dos, porque nos habíamos encariñado con la chanchita que habíamos criado y que pensábamos iba a quedar para siempre al lado del gallinero.
Mi mamá tenía sus pollos, patos, y verduras varias amén de los dulces y panes caseros.
La excepción en cuanto a que no tenía que ver con nuestra subsistencia, estaba al frente de la casa era una especie de fuente con una construcción en el medio como una cueva de cemento, y nadando en el agua, peces de colores, todavía recuerdo hoy, que metíamos la mano en el agua y los peces huían y se escondían en su pequeña casa…no querian aparentemente nuestras caricias…
Me impresioné mucho, cuando buceando con mi marido en el mar transparente de Croacia, hace un mes atrás, él me señaló con la mano, unos pececitos algunos de colores y otros rayados que nadaban tranquilamente junto con nosotros y yo intenté tocarlos de la misma manera que lo había hecho en mi infancia tantísimas décadas atrás… en ese momento me pareció vivir una superposición de viviencias fuertes en el tiempo y en el espacio, una sensación maravillosa de que el tiempo fluye en un continuum entre pasado, presente y futuro.
Los Domingos en mi infancia, en Villa Belgrano, eran días de visitas, de mucha gente que pasaba el día en casa. Mi papá solía hacer cabritos al espiedo o pollos o patos a la parrilla. Otro día a la semana iba un profesor de música, y mis padres con su grupo de amigos habían formado un coro; entonces el profesor tocaba un silbato para darles la nota de comienzo, ensayaban horas enteras medio conciertos, yo me fascinaba. Otras veces practicaban en clubes de Suizos y polacos, que amablemente les prestaban sus instalaciones y allí mismo solían ser las presentaciones. Porque por esas épocas todavía los croatas no tenían una sede social propia.
La música tuvo siempre un poder mágico sobre mí, y las distintas voces que componían el coro estaban tan bien amalgamadas, que sonaban como si fuera una sola con diferentes matices, yo me sentía transportada, no se porque a nosotros los chicos en esa época nadie nos invitó a formar algo similar, sino por nuestra cuenta cantábamos con mi hermana a dos voces, y por supuesto peleábamos para dirimir quien hacía la primera voz y quien la segunda….y hacíamos tanto batifondo, porque se nos ocurría cantar a la hora de la siesta, que todas las veces terminaba mal, mi mamá se levantaba enfurecida y se acababa la diversión.
Los domingos mientras mi hermana y yo íbamos a misa, mi mamá practicaba música en su guitarra llamada bicernica, y mi papá se ubicaba en el espejo de la cómoda de su pieza y tocaba canciones muy alegres en el acordeón…
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12 Nov 2009 | Por angelika | Claves: croacia, cultura, emigracion, identidad, psicologia, vivencias | # Enlace permanente
Capítulo 1
No es fácil mirar atrás sin sentir dolor en algún momento, más en mi caso que intento escribir sobre las dificultades que tuve en el transcurso de mi vida; La eterna lucha por incorporar las pautas culturales del país en el que nací pero esto solo ocurría de lunes a viernes en el colegio al que asistía.
En el mundo interno de mi casa y de la colectividad de croatas, había un mundo educativo paralelo, con Idioma y costumbres diferentes como si un pedazo de la vieja Europa hubiera sido transplantada a estas tierras y se negara a participar de otros modos de vida que en ese momento resultaban extraños.
Me di cuenta que nosotros, éramos diferentes. Cuando cumplí seis años y me encontré en un edificio muy grande, que mamá me explicó que era el colegio al que iría en adelante, una monja, vestida de negro, se dirigía a mi mamá y otras veces a mí, diciendo cosas que yo no entendía. porque por esas épocas no sabía hablar ni una palabra en castellano y solo sentía algo muy desagradable cuando la mujer me tocaba la ropa mientras hacía muecas con su cara, que eran muy ambiguas, no se bien si le gustaba o no mi atuendo, pero tenia que corroborar que mi uniforme tuviera la calidad y la tela que pretendía el colegio en ese momento; ahora se que la camisa tenía que ser de pique y el jumper de lana azul, eso me explicó mi mamá después,pero en ese momento me sentía sorprendida , asustada y curiosa porque no sabía de que se trataba todo eso, junto a la terrible sensación de pequeñez , sensación de estar perdida, en un edificio tan enorme y tan extraño para mi, me parece hoy que sentía que en cualquier momento iba a desaparecer.
No quería estar allí me daba muchísimo miedo, pero me estaba prohibido llorar tenía fama de escandalosa en mi familia, porque por ejemplo cuando me tenían que vacunar en las campañas masivas, que generalmente eran en la seccional de policía de mi barrio, lugar que le agregaba más miedo al miedo que ya tenía, yo lloraba de tal forma que contagiaba a los demás chicos, entonces a mi desgarrador griterío se sumaba el de los otros chicos que hasta ese momento habían esperado juiciosos parados junto a su madre que el médico les pusiera la vacuna, a esta altura sentía en mi piel, a través de la mano de mi madre un apretón de disgusto como haciendome saber de alguna manera que se avergonzaba de la hija cobarde que tenia.
Así comencé mi primer día de clase, en silencio expectante, mientras unas cuantas compañeritas mías lloraban a más no poder, una se hizo pis, yo no entendía nada, no comprendía que pasaba, solo me eran conocidas las imágenes que había en el pizarrón, o los dibujos de cuentos hechos con cartulina por la maestra-monja que me apasionaban y los disfrutaba; en casa no se contaban esos cuentos, solo anécdotas de la guerra, o historias que mi mamá vivió de niña en la nieve con sus hermanos.
Así fueron transcurriendo mis días, comencé a sentirme feliz de ir todos los días a clase y aprender tantas cosas nuevas, pero más feliz me sentía cuando regresaba a casa y me conectaba con la naturaleza. Teníamos una casa antigua enclavada en un terreno de casi una manzana, era solitaria porque por esas épocas no abundaban los vecinos, había mucho campo alrededor y se veían a lo lejos, unas pocas casas.
Aún hoy extraño esa forma de vida tipo fortaleza ya que actualmente habito una casa rodeada de vecinos que me hace sentir hacinada. Me gustaría como antes ir a los árboles frutales, y recoger naturalmente los frutos en los durazneros, manzanos, ciruelos, nogales enormes, higueras…
Recuerdo que en el medio del terreno había un camino que iba hasta el gallinero, era una parra de la que colgaban racimos gigantes uvas, y a un costado un horno de pan al que nos trepábamos con mi hermana Ceca, y del que alcanzábamos ciruelas y las comíamos con fruición o las cortábamos en pedazos para jugar a hacer comiditas .En otros momentos la ayudábamos a mi mamá a desmalezar sus sembradíos , pimientos, frutillas, flores, o ayudábamos a dar de comer a los patos recién nacidos o a las gallinas.
(continúa)
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